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El 9 de Agosto del 2006 a las 11 de la noche se marchó mi Tía Mari, se fue definitiva e irreversiblemente, se cansó de luchar contra un horrible monstruo y me dejó huérfana de nuevo, más huérfana cuanto más tiempo pasó de la última pérdida familiar, más huérfana, cuanto menos mayores me quedan que me cuenten mi historia pasada, aquella de mi infancia y más atrás aun, la de mis padres, la de mis abuelos, la de mi Nerja de mi alma y mi corazón, aquella historia perdida de Costa Rica, donde emigró mi abuelo y nació mi Madre, mi tía también, aquella Tierra que aún amándola tanto no volvió a pisar nunca, ni ella ni ninguna de sus hermanas volvieron, pero nunca la olvidaron.

 

Este fin de semana, mañana acaba, es la Feria de Nerja, siempre procuro ir, pero este año no tengo ganas, me da miedo mirar su casa y no verla tras la ventana...

 

- Soy afortunada, me dijo no hace mucho. Mi abuela tenía una ventana por la que  el pueblo se asoma, cuando  ya ella no podía salir, la ventana me informa que la vida sigue, ahí fuera, los niños chillando, los vendedores pregonando, las madres llamando a sus hijos, la vida fluyendo, allá en San José, mi abuela tenía una ventana por la que le entraba el ritmo de la vida. Mi madre también tuvo una ventana, en Málaga, para cuando las piernas no le sujetaban lo suficiente como para ir a la misa de los domingos, ni a pasear por la playa en los días soleados. Y ahora, que ya no puedo salir a tomarle el pulso a la vida, gracias a Dios, tengo esta ventana....

 

Yo no iré a la feria este año, pues temo comprobar que ya no estás tras esa querida ventana.