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Granada                                   19 de mayo del 2.000

                  

A Elvira

 

Querida niña Elvira,

incipiente mujer,

me gustaron tanto tus poemas

que he querido

regalarte una flor.

 

La más bella, como tú,

era la rosa,

la reina indiscutible de las flores,

elegante, olorosa,

pero altiva, con sus espinas...

¡No, no te merece!

La margarita,

más humilde,

quizás mi favorita,

¡Pero no, que va!

representa la duda,

y no quiero

que vaciles en la vida al caminar.

El tulipán, precioso,

mas tal vez lleve

en sus pétalos

adherido el frío

de su tierra natal.

El jazmín, estridente oloroso.

El clavel, muy "cantoso",

demasiada pasión

es peligrosa.

 

 

 

 

 

La violeta, olorosa,

mucho más discreta,

del color del cariño filial,

pero al mismo tiempo

representa el olvido

y la soledad.

 

¡Ya ves sobrina!,

no te encuentro

la flor adecuada

que, con sus dones,

te pudiera guiar

en el arduo camino,

apenas empezado,

de la adultez,

que no es fácil de andar.

 

¡Ya ves, mi niña!,

yo aún creo en las hadas,

mas no veo ninguna

que me pueda ayudar,

aunque ¿quién sabe?,

aún tenemos tiempo,

la primavera

acaba de llegar.......................