Angustias “La reina”
Este día había convocado a los espíritus. Era un día gris, plomizo,
lluvioso, no con una lluvia encalma, llovía con aguaceros como de tormenta y el
empedrado de la calle relucía con cada relámpago. Parecía un día de
invierno, cuando aún estábamos en el mes de los difuntos.
Angustias temía que su difunto Paulino (que Dios guarde pronto en su seno),
resbalase en esa calle y se esnoclase por segunda vez. Ya lo había hecho
hace 16 años y desde entonces vagaba por las calles del pueblo. Claro que ella
lo tenía muy fácil, cada vez que sentía necesidad de consultar algo, lo
convocaba y su difunto, a veces solo y otras, acompañado de parientes, acudía
a su llamada.
Hoy tenía lo de su Carmela, y aunque el día no acompañaba era urgente la
consulta. Su Carmela se había subido a la ventana antes de tiempo, y el cura
para casarla exigía que fuese de madrugada y de color. El cura, como otros
muchos, se había autonombrado guardián de las virginidades ajenas y no permitía
que una preñada se casase de blanco.
A ella, lo de la madrugada no le parecía malo, casándose al amanecer, tenían
todo el día para ellos y les podía cundir. No pasaba por lo del vestido, nadie
tenía que pregonar la desgracia de su hija.
Parece que la estoy viendo, como si fuese ayer. Entraba en el cuarto largo junto
al patio y dejaba la puerta entreabierta para que los espíritus pasasen cómodamente.
Apoyada en la cañavera de la escoba, en una esquina, discutía con su difunto:
- A lo hecho, pecho.
- No es eso. Es que no es quien para meterse con el vestido.
- Mujer, no puedes discutir con el cura. El que manda, manda.
- Y tu hija, ¿Qué dice?
- Ella calla, lo que digamos nosotros.
Angustias, para salir a la calle, se colocaba su pañuelo negro en la cabeza y
se le subía el orgullo a la cara, entonces parecía afilarse un poco más la
nariz y la mirada se hacía más penetrante. Conocía que el poder suyo de
convocar a los espíritus era solo de algunos señalados y andaba muy
erguida, como una Reina.
(Angustias, trabajaba en casa de mis suegros y ejercía de espiritista,
consultando y transmitiendo recados a los espíritus. En el pueblo era
conocida como Angustias “La reina” y en realidad su prestancia era tan
llamativa que el apodo le venia como anillo al dedo.)