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Anoche me abracé a tu sueño

 

Anoche me abracé a tu sueño

me dejé dormir en él.

Mi alma ya no se estremece ni siente,

sólo escribe palabras en el miedo

sobre cielos grises y atormentados,

abrigada entre espinas secas.

 

Retumban voces en mis entrañas

que no dejan reposar tranquila mi vida,

esa lucha constante

por no dejar de sentirme viva.

 

Llueve.

 

Tengo los sentidos vagos

inciertos, cansados.

 

Queriendo, guardo un tiempo

donde pueda retener

apenas un mínimo instante

para volver a rozar tu alma

y adentrarme en ella sin cuerpo.

 

Sin querer, guardo un espacio

dentro de un recuerdo,

donde no pueda olvidar

el olor de tu piel sobre mi piel,

ni aquellas caricias

que me hicieron temblar

en esa tarde oscura de tormenta

que sólo yo soñé.

 

Anoche escribí cientos de palabras.

Cuándo duele, no sé cómo

salen a miles.

Y hoy vuelve a doler

fuerte, hondo.

Ya vuelan lejos de aquí

cerca de donde tu paso sigue al mío

hasta llegar a ese camino

donde comparten sus hojas secas,

su viento muerto, su lluvia fresca.

 

Se olvidó tu boca de mi nombre

se perdió tu calma entre mis ganas

no encontré tu olor entre mis besos.

¡Ya sólo queda un ángel en tu infierno!

María José Sierra