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Golpes afuera

 

 

   Golpes afuera.

   Hedor.

   Diego ya había oído los golpes antes, pero no le prestó atención. Ya conocía bien esos martilleos.

   Diego estaba profundamente enamorado de Isabel. Los tiempos de los celos habían acabado. Ahora Isabel ya no protestaba por sus ataques de celos. Y adoraba tenerla todos los días con él: acariciarla, mimarla, besarla cuantas veces quisiera. Era de él, sólo de él y de nadie más.

   Más golpes.

   Diego besó una vez más a Isabel. Le encantaba mirarla a los ojos mientras acomodaba su cabello hacia los lados mientras estaba acostada. Los ojos grandes de Isabel, siempre fijos en él.

   Finalmente los hombres lograron entrar a su casa.

   Hedor. Gestos de repugnancia.

   Regresaron a Isabel al cementerio y a Diego a prisión.

   El muchacho consideró:

   –¡Ah, los hombres que no comprenden a un chico enamorado!

 

 

21 de marzo de 2005.