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LA NOVELA RESUCITADA

 

TOMÁS SALAS

 

Las alas que el viento lleva en su contra, Granada, Ediciones Parnaso, 2005

María Teresa Cobos Urbano

 

Mil veces se ha decretado la muerte de la novela. Es el género que ha estado permanentemente en crisis durante el siglo XX. De hecho, las grandes creaciones novelísticas de siglo pasado (Faulkner, Joyce, Proust) tienen algo de frutos decadentes, ese refinamiento que acaba en un bello crepúsculo y en una  pirueta complicada. Sin embargo, como un Ave Fénix, resucita una vez y otra de sus cenizas. Cuando parece que ha sido sustituida por los medios audiovisuales , sale una y otra vez a flote. Tenemos, sin salir del ámbito español, novelas que recuperan la diversión pura, la amenidad de los viejos folletones (Pérez Reverte)  o el reflejo de nuestra compleja sociedad contemporánea (Muñoz Molina, Pombo). La novela nunca muere. La contemporaneidad, la complejidad de estos tiempos nos da temas inagotables. Prueba de ello es esta narración que María Teresa Cobos saca del cajón de su despacho, donde yacía “de su dueño tal vez olvidada” como el arpa becqueriana. Esta novela lleva  un sugestivo título, que algo nos anticipa su contenido poético: Las alas que el viento lleva en su contra.

       Se ha dicho con frecuencia que la novela es un género donde todo cabe. Es cierto. Lo interno, lo externo, lo personal, lo histórico. Hay novelas, por establecer dos claras coordenadas para situarlas, más cercanas a lo histórico, al mundo exterior. Hay otras más llenas de lo personal, lo lírico. Las alas es para mí una narración que se encaja en el segundo estilo: lo interno, el personaje, la protagonista, en este caso, es el eje en torno al cual gira toda la obra. Toda ella está empapada por la visión directa de esta mujer –su protagonista- errabunda y perpleja, hija de su tiempo. Hay movimentos, viajes, cambios, personajes que aparecen  y desaparecen, pero la sensación que queda es más la de una introspección, una muestra de lo que Ortega llamaba una “psicología interesante”. Puede que en esta psicología haya algo –o mucho- de la su autora. Pero eso no nos importa. La obra pertenece ya al lector desde el momento en que sale fuera; ya no es vida privada, sino literatura de todos.

       La novela es el largo testimonio de su protagonista, una mujer que va rondando por tierras distintas, buscando no se sable qué, impulsada por una energía oculta  que ella misma ignora. Las distintas ciudades son etapas de un periplo en el que ella , como  Don Quijote, se busca a sí misma. Es la inquietud, la desazón del hombre de principios del siglo XXI, que ha perdido las viejas certezas y anda a la deriva, buscando tierra firme sobre la que asentarse y dar sentido a sus existencia.  Este cambio continuo de escenario hace que la obra sea cercana a eso que se ha llamado “la novela de aprendizaje”, en la que el protagonista va pasando por distintas etapas y situaciones y se va configurando en estas experiencias. Al final, acaba donde empieza, en la ciudad de Málaga, dando a la narración una estructura circular.

       La novela al final deja un regusto teñido de pesimismo, aunque no de desesperación. La guerra, el mal, la injusticia siguen estando presentes en el mundo. El hombre tiene que vivir con este lastre como el pájaro tiene que volar venciendo la fuerza del viento contrario. Pero el hombre –digo el pájaro- a pesar de todo sigue su vida –digo su vuelo- porque la esperanza es una obligación para él.