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Hace mucho tiempo en un lugar llamado Nerja, vivía un gran hombre sabio que amaba a los libros tanto como a su familia, maestro por dos veces, pues cuando terminó la primera vez era aún menor de edad y no podía ser funcionario, estudió el Plan Profesional que eran 5 años de magisterio con el ingreso oposición. Y casi cura, estudió en el Seminario y sabía latín y griego, amén de otras muchas cosas.

En este lugar, preciosa Nerja, participó de muchas formas en la vida cultural, como maestro, alcalde, butanero, profesor de la autoescuela, impresor, escritor y poeta, pero lo que más nos importa en este cuento: fue Bibliotecario. Rescató archivos y libros de manos privadas, los registró, fichó y restauró, incrementó considerablemente el número de volúmenes y lo más importante los leyó y los dio a leer a todos aquellos que presentaban el más mínimo interés.

Todas las tardes después de la escuela, cuando la biblioteca estaba en el ayuntamiento de calle pintada y en su posterior traslado a los arcos del paseo, pasaba unas cuantas horas en ella , sabía de memoria los libros que contenía, yo, su hija pequeña, me iba con el, me buscaba un libro y mientras escuchaba sus lecciones de literatura, soñaba...

Soñaba que me leía todos los libros y me faltaban - ¿Qué hago Padre si no tengo más libros para leer?-  Entonces los escribirás tu y yo los ficharé, les pondré la señal en el lomo, que indique el sitio y rellenaré las estanterías que faltan con los libros tuyos. Sería para mi un honor, los libros son mis mejores amigos, nunca me fallan, no hay libro malo sin algo aprovechable. Están vivos y son agradecidos, si los lees y tratas bien te enseñan como un buen maestro. Si los rompes o los maltratas, te cierran la puerta al mundo de los sabios.

Ahora se que esto es bien cierto, además tienen su orgullo, si los prestas, no vuelven.

Mi padre murió el 23 de abril de 1983, hace 25 años.

 

 

José Cobos Ruiz es mii padre.

 Mª Teresa Cobos. Álora 15 de abril de 2005.