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El otro

 

 

   En la casa en que estoy hace tantos años, hay un extraño espejo. Me paro cada mañana y la imagen se para ante mí. Muevo mi mano izquierda, y la imagen caprichosamente mueve la mano derecha, en esa manía que tienen los espejos de duplicar al revés todo. Me peino hacia un costado y la imagen repite la escena. Miro a los ojos a la imagen, que me mira a los ojos. Sonríe con sorna, sonrío.

   Luego de la ceremonia de cada mañana, la imagen lleva su mano a la izquierda del pecho, tocándose el corazón; hago los mismo a la vez hacia la derecha y entonces la imagen se va y me deja esperándola hasta el nuevo día.

 

 

3 de marzo de 2005