La cinta de cemento en la vereda
que abandonaron las baldosas
al marcharse de una calle
sin nombre y sin esquina
para conservar la huella de tus pies.
La servilleta de papel en flor
que la casualidad arrancó de un bar
cerrado por tener el alma en quiebra
y entre los dedos de vidrio
del florero solitario
con el correr del tiempo, se marchita.
El portarretrato con su fondo de cartón vacío
que sobre la mesa de noche sin luz
bosteza indiferente a la imagen perdida.
El clavo oxidado y retorcido
que dejó el agujero de su paso
en la pared desnuda de tu alma.
El fantasma de un recuerdo
que cubierto por tu sábana
por no sentir dolor
perdió el cielo de la memoria
y el infierno del olvido.
Soy el sueño que no dejas soñar,
el desencuentro de todos los encuentros,
lo que se niega.
Juan José Noche