Concierto de Bob Dylan
Uno se levanta por la mañana, lee los periodicos y se pregunta en que realidad virtual está viviendo. La percepción de las distintas realidades por los distintos actores es completamente distinta pero lamentablemente mi percepción solo es mía y la de otros se pública en periódicos que son leidos por otros actores y que permite crearles una idea que nunca sabrán si es correcta o no.
Anoche me fui a ver a Bob Dylan en Donosti. Tras un penoso viaje en tren porque la gente no tiene ni idea de lo que es una cosa que se llama ducha, llegamos al apeadero de Gros.
Como era la hora adecuada para comer algo, decidimos meternos en uno de los muchos bares que hay por esa zona. Dos bocadillos: uno de tortilla de patata, uno de lomo con pimientos y queso, un agua sin gas y un clarete especial, total 16 euros. Que alegría de cuerpo oiga.
Bueno, llegamos con Mikel Laboa en el escenario. Hombre curioso este pero no le presté mucha atención. Dylan llegó 45 minutos después de la actuación de Laboa. Sonido pésimo en la zona que yo estaba. Visión nula. El tío no permitió ni un primer plano en la pantalla gigante. No oi absolutamente nada. Horroroso. Además de esto tuve que soportar la impertinencia de la gente con mochilas gigantescas que quieren pasar a toda costa
Decidimos marcharnos para lo cual tuvimos que hacer slalom gigante entre la marabunta de gente que allí había y para colmo de males, justo en la rampa de salida de la playa a alguien se le ocurrió la brillante idea de relajar su paquete intestinal para lo que expelió un inmundo conjunto de aromas propios del infierno.
La vuelta en tren otro desastre.
Titular del Diario Vasco: “Éxito del concierto por la paz”. Si para Dylan porque supongo que lo de “concierto por la paz” le importa un bledo y los hosteleros del lugar que hicieron su agosto con las ¿50 000? personas que por allí estabamos.
Vamos, que lo de los conciertos multitudinarios ya no es para mí.
Anoche me fui a ver a Bob Dylan en Donosti. Tras un penoso viaje en tren porque la gente no tiene ni idea de lo que es una cosa que se llama ducha, llegamos al apeadero de Gros.
Como era la hora adecuada para comer algo, decidimos meternos en uno de los muchos bares que hay por esa zona. Dos bocadillos: uno de tortilla de patata, uno de lomo con pimientos y queso, un agua sin gas y un clarete especial, total 16 euros. Que alegría de cuerpo oiga.
Bueno, llegamos con Mikel Laboa en el escenario. Hombre curioso este pero no le presté mucha atención. Dylan llegó 45 minutos después de la actuación de Laboa. Sonido pésimo en la zona que yo estaba. Visión nula. El tío no permitió ni un primer plano en la pantalla gigante. No oi absolutamente nada. Horroroso. Además de esto tuve que soportar la impertinencia de la gente con mochilas gigantescas que quieren pasar a toda costa
Decidimos marcharnos para lo cual tuvimos que hacer slalom gigante entre la marabunta de gente que allí había y para colmo de males, justo en la rampa de salida de la playa a alguien se le ocurrió la brillante idea de relajar su paquete intestinal para lo que expelió un inmundo conjunto de aromas propios del infierno.
La vuelta en tren otro desastre.
Titular del Diario Vasco: “Éxito del concierto por la paz”. Si para Dylan porque supongo que lo de “concierto por la paz” le importa un bledo y los hosteleros del lugar que hicieron su agosto con las ¿50 000? personas que por allí estabamos.
Vamos, que lo de los conciertos multitudinarios ya no es para mí.





