Myriam Moscona, poesía espacial (o el blanco acuático)
El que nada, Myriam Moscona, 2006
Confieso que en su primera lectura, aunque me gustó, "el que nada no se ahoga" me pareció una tomadura de pelo, ya que pagué ochenta pesos por un libro de sesenta páginas que se lee en unos minutos porque gran parte de él está en blanco. La autora parece haber eliminado lo que no es esencial, obteniendo así un producto minimalista, mallarmeano, en la que la alternancia de espacios en blanco provoca un acertado efecto acuático, el del vientre materno. La experiencia de la natación y el pinchazo colérico conforman este chapuzón instrospectivo, surreal, orquestado en su brevedad de manera sinfónica. Poesía espacial que hace fluir en un automatismo natatorio el erotismo del agua.
Confieso que en su primera lectura, aunque me gustó, "el que nada no se ahoga" me pareció una tomadura de pelo, ya que pagué ochenta pesos por un libro de sesenta páginas que se lee en unos minutos porque gran parte de él está en blanco. La autora parece haber eliminado lo que no es esencial, obteniendo así un producto minimalista, mallarmeano, en la que la alternancia de espacios en blanco provoca un acertado efecto acuático, el del vientre materno. La experiencia de la natación y el pinchazo colérico conforman este chapuzón instrospectivo, surreal, orquestado en su brevedad de manera sinfónica. Poesía espacial que hace fluir en un automatismo natatorio el erotismo del agua.





