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Quién me mandaría meterme a profe
El que sabe, sabe, y el que no, enseña
Acerca de
Sí, sí, soy profesora de verdad. Y de inglés. Esto es todo lo que necesitáis saber... de momento. ¡Ah! Y que todo parecido con la realidad es deliberado, cierto y verdadero, aunque reconozco un gusto, a veces excesivo, por la hipérbole. Para evitarme demandas judiciales, eso sí, he cambiado nombres y referencias demasiado personales. Y si alguien se siente aludido, mejor, es el primer paso para la fama mediática. "Que hablen de uno, aunque sea mal," decía alguien.
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El guateque
Yo no soy rebelde porque el mundo no me hizo así, pero soy juerguista. Y como juerguista que soy, me pareció que la mejor manera de conocer a mis nuevos compañeros de trabajo era sugiriendo una comida o cena de confraternidad. Ya sabéis, de esas entre colegas donde corre el alcohol y el humo del tabaco lo impregna todo, donde la confianza da asco y nos perdemos el respeto. O de esas donde te sientas en el lado equivocado de la mesa y descubres que donde se ríen es en el otro extremo y tú, pardilla, te has sentado entre el amargado de historia y el progre trasnochado de filosofía, quienes discuten acaloradamente sobre la revolución cubana, o entre la pija de francés y la tonta de biología, quienes no se ponen de acuerdo sobre si es mejor el Lipffinity de Max Factor o la barra de labios esa que limpia, fija y da esplendor (ya sé que éste es el lema de la RAE, pero es que ahora no me acuerdo del eslógan correcto).
Pues bien, ni corta ni perezosa y sútil como pocas, dejé caer en uno de los primeros recreos...
-Estaría bien que aprovecháramos un día de estos que todavía hace buen tiempo para irnos a comer por ahí, ¿no os parece? -silencio sepulcral- Ejem, ejem, que si alguien se apunta a comer por ahí.
-¿Una comida? Ah, pues no es mala idea -recogió el guante el pringao de historia. 10 profesores en la sala y tiene que contestar precisamente el pringao de historia. Esto sólo me pasa a mí. El "pringao", ya sea el de historia, el de las fotocopias o el subsecretario, es ese tipo que no cae ni bien ni mal, que hace lo que puede por agradar y casi nunca acierta, y a quien toda persona respetable trata de, educadamente, ignorar. Además, se le reconoce a la legua por su tendencia al baboseo y/o a pegarse a las "guapas mozas" (palabras textuales).
-Bueno, si no tiene por qué ser ahora -intenté la retirada airosa-, tenemos mucho tiempo por delante para que se apunte más gente...
-¡Qué dices! Mejor ahora, que tenemos menos trabajo. ¿Quiénes vamos, tú y yo SOLOS?
Sudores fríos recorrieron mi espalda. En un intento desesperado, miré suplicante a la profesora de educación física (también la acabo de conocer, pero parece maja, muy de mi estilo)
-¿Te vienes? (POR TUS MUERTOS, DÍ QUE SÍ) Puede ser divertido (Y UNA LECHE, ¡SOCORRO!) Mañana acabamos pronto y he visto un restaurante chulo aquí al lado.
-Bueno, quizás... también podríamos avisar a mi compañero de piso, que se apunta a un bombardeo.
-Vale (¡VIVA LA MADRE QUE TE PARIÓ, esto es más de lo esperado) ¿Quedamos mañana en tal sitio a tal hora si no hay contraorden? -quería dejarlo todo bien atado-. Te doy mi número, apunta.
-De acuerdo -dijo el pringao (PERO SI NADIE HABLABA CONTIGO, SO PAYASO)
Y, claro, también él lo apuntó. Adivinad quién sí se presentó.
 
Cuando menos te lo esperas
No tengo ni fuerzas ni ingenio hoy para la ironía y la chanza. Sólo quiero dejar aquí este fragmento de una canción de Daryl Hall&John Oats. Para Sara, quien ya nunca sabrá porqué.
Sara Smile
Won't you smile a while for me Sara
If you feel like leaving you know you can go
But why don't you stay until tomorrow?

A todos los demás que me leéis, gracias por ello. Sabed que también visito vuestros blogs, aunque no siempre tengo tiempo de dejar un mensaje. Lo haré, prometo.
 
¡Quiero vivir!
No os asustéis, es sólo el título de una película que, si mal no recuerdo, le valió un Premio de la Academia (como gustan en decir, muy rimbombantemente, los americanos) a su protagonista, Gloria Grahame. Cuenta la verídica historia de una mujer condenada a muerte y que, fijaos qué tontería, no quiere que la ejecuten en la silla eléctrica. Pero la ejecutan. Y muere. Y todos lloramos. Reflexiones sobre la estupidez de la pena de muerte aparte, diré que yo también quiero vivir... en otra parte. Pero ya no tiene remedio. He decidido pasar página (turn over a new leaf, muy apropiado, ahora que llega el otoño) y empezar a disfrutar de mi nuevo instituto.
Ya pasé el mal trago del comienzo de curso. ¿A qué no sabíais que los profes lo pasamos mal también? Of course, my friends. Os explico, hacéos a la idea de que entrar en el aula el primer día de clase viene a ser entrar en el Coliseo como cristiano enviado a los leones, sin saber, además, si estos leones han comido ya o llevan un mes a régimen. Y, creedme, casi siempre tienen hambre. Además, ellos, los alumnos, se conocen de antes la mayoría y tú, pobrecito, eres casi nuevo y ellos son más. ¿Y cómo imagináis que me fue a mí ese primer día con el cuerpo serrano con el que yo me presentaba? Pues algo así:
-Fuefnos días, ¡atchús! Soy fuestra fnueva frofesora de innnnnnglés. Además seré, ¡atchús! fuestra tutora. Y bla, bla, bla... (me observan, noto que me están evaluando; claro, hoy no tenía que haberme puesto esta ropa tan informal, así no me van a respetar. Ahora seguro que piensan que soy muy joven y que me pueden torear. ¡Mierda, por qué no me gustarán las faldas y los tacones!) Y este furso tendréis que tomar defisiones importantes, ¡atchús! y bla, bla, bla, estudiar desde el principio y bla, bla, bla ¿Alguna fregunta?
-Sí, –levanta la mano, muy educadamente una jovencita de la primera fila, esto es muy buena señal- estooooooooooo ¿nos llevas tú de viaje de fin de curso?
-¿Eh? -Ssssssssstupendo, pienso, acabo de llegar al centro y ya notan que me va el rollo sado-maso- Perdona, pero no sé de que me estás hablando.
Me lo explican todas a voces: que si en 4º de la ESO se van todos juntos de viaje, que, claro, tiene que ir un profesor, que son buenas chicas y que no van a dar guerra ninguna, y que no piensan salir de marcha ni nada de eso, por favor, cómo se me ocurre pensarlo.
¡Adorables criaturitas! Ellas no saben que a mis 16 años salté una tapia del hotel donde nos alojábamos en Roma (de viaje de estudios, claro), junto con 5 chicas más, para ir a dormir a las habitaciones de los chicos. Tampoco sospechan que en Venecia... (cállate, que te pierdes), etc, etc. Entonces yo dije:
-No, sí ya sssse fe que sssois, ¡atchús! unas xicas sssssstupendas pero sque no foy a foder porque bla, bla, bla.
¿Créeis que si les digo que voy con una ONG al Congo, justo en esas fechas de su viaje, me dejarán en paz? Las temo más que a un nublado.