Put the blame on Mame
Opción C: ¡Ojalá fuera fontanero! Me ahorraría los disgustos que ahora tengo con mi casero. Pero no, me sienta mal el mono azul.
Opción A: ¡Ojalá fuera yo! Pensaba en Gilda cuando escribí la definición, aunque hace un año tuve una compañera de francés que no le envidiaba nada a Rita Hayworth. Y tenía mucho más carácter que yo, la tía.
Opción B: Como decían en no sé qué comic, "igualico, igualico que el defunto de su abuelico" Para mí que esta voy a ser yo, que ya me conozco y me he resignado.
Para reclamar el premio, ponéos en contacto con el Departamento Interdisciplinar de Intercambios Exteriores y/o Ufología Escolar... si lo encontráis, je, je, je.
Pd 1: El counter-strike es un juego de tiros y violencia, como la mayoría de los que les gustan a los alumnos, que se juega online con varios jugadores. A mí, por supuesto, me matan a la primera, para eso soy la pieza más codiciada, que soy una profe. También es cierto que juego muy mal, pero al Trivial ni me tosen.
Pd 2: Cáustico, querido, qué bien haces honor a tu nombre. Te diré que hoy no ha venido un sólo alumno al centro y aquí estoy, en el instituto, hasta las 14:30 y delante del ordenador. Y no sólo mirando mi correo. Aunque entiendo muy bien tu comentario mordaz y lo tolero. Dadme caña, que eso me motiva.
Opción A: ¡Ojalá fuera yo! Pensaba en Gilda cuando escribí la definición, aunque hace un año tuve una compañera de francés que no le envidiaba nada a Rita Hayworth. Y tenía mucho más carácter que yo, la tía.
Opción B: Como decían en no sé qué comic, "igualico, igualico que el defunto de su abuelico" Para mí que esta voy a ser yo, que ya me conozco y me he resignado.
Para reclamar el premio, ponéos en contacto con el Departamento Interdisciplinar de Intercambios Exteriores y/o Ufología Escolar... si lo encontráis, je, je, je.
Pd 1: El counter-strike es un juego de tiros y violencia, como la mayoría de los que les gustan a los alumnos, que se juega online con varios jugadores. A mí, por supuesto, me matan a la primera, para eso soy la pieza más codiciada, que soy una profe. También es cierto que juego muy mal, pero al Trivial ni me tosen.
Pd 2: Cáustico, querido, qué bien haces honor a tu nombre. Te diré que hoy no ha venido un sólo alumno al centro y aquí estoy, en el instituto, hasta las 14:30 y delante del ordenador. Y no sólo mirando mi correo. Aunque entiendo muy bien tu comentario mordaz y lo tolero. Dadme caña, que eso me motiva.
The rain in Spain stays mainly in the plain...
... y la nieve, en mi pueblo. ¡Jolín, la que está cayendo! Llevamos dos días de nevada y descontrol: no llega el transporte escolar ni los profesores. Yo, como vivo en el pueblín, me enfundo en mi anorak de plumas de pato viudo y me calzo mis botas con crampones para, atravesando la ventisca, llegar al centro y cumplir con el sacrosanto deber de todo profesor, que es... ¡jugar on-line al counterstrike con los cuatro pringaos de tutoría, cuyas madres, inmisericordes, les han enviado a clase a pesar de todo! ¡Como mola! "Estas sí son tutorías interesantes", dicen. Completamente de acuerdo, añado yo, esto sirve para estar un poquito más cerca de sus juveniles mentalidades. Y yo me lo paso pipa. ¡Qué chachi!
Pd 1: Cuando digo pipa y chachi, mis alumnos me miran raro. ¿creéis que me entienden?
Pd 2: Jo, seguro que habéis acertado el juego a la primera. Ya os daré la respuesta.
Pd 1: Cuando digo pipa y chachi, mis alumnos me miran raro. ¿creéis que me entienden?
Pd 2: Jo, seguro que habéis acertado el juego a la primera. Ya os daré la respuesta.
Beauty is in the eye of the beholder
¿Lo que menos me gusta de mi profesión? Aparte del papeleo innecesario que conlleva la parte burocrática del mismo, es, sin duda, la tutoría. A menudo me pregunto: ¿qué es un tutor, exactamente? ¿Un consejero académico? ¿Sentimental? ¿Es como un padre/madre pero en el aula? Un tutor, ¿nace o se hace? En el scrabble, ¿se aceptaría “tutor” como animal de compañía? En fin, que yo soy tutora, como casi todos los años, y en estos momentos nuestro bienamado “hombre-brújula” (i.e. orientador) nos comunica que en las reuniones de tutoría hemos de ayudar a los chicos a formarse “una imagen ajustada de sí mismos” Sí, yo también puse la misma cara de susto cuando leí la frasecita por primera vez, años ha. Pero con el tiempo he aprendido que la cosa se resume en ayudar a los adolescentes a descubrir que cada uno es como es y eso está bien. Vamos, que tienen que aprender a quererse. No me queda claro si una profe como yo, que se cambiaría gustosa por el cuerpo de, no sé, pongamos, Beyoncé, es la persona más adecuada para hablar de aceptarse a uno mismo. Sin embargo, hago, como siempre, lo que puedo.
Todo esto me ha hecho pensar en vosotros, queridos lectores de blogs. Lo que me dije exactamente fue: “Y estos pobres que no me conocen… ¿qué imagen tienen de mi? Y fue entonces que se me ocurrió este ejercicio de agudeza visual… sin ver. ¿Os apetece jugar? Pues ahí va:
¿Quién es la profe de inglés que este blog ocupa cuando puede?
Opción A: Un toque de rojo carmín en los labios. Un ligero rubor rosicler en las mejillas. Perfume sutil tras las orejas. Un taconeo rítmico y contundente que retumba en los pasillos. Un frufrú de faldas. Una ondulante y espesa cabellera cobriza que acompaña un elegante vaivén. Un oscilante contoneo de caderas. Seguridad y confianza.
Opción B: Vaqueros, hoy caídos y un poco raídos por los bajos. Botas tipo Doc Martin de pisada rotunda, pero siempre apresurada. Cálido jersey de lana. Gafitas de pasta roja. Cierto barullo capilar que se peina con los dedos. Nenuco por litros y vaselina labial como único aderezo cosmético. ¡Ah! Y una bandolera de ante marrón con un escandaloso Piolín en una esquina.
Opción C: Os he estado engañando todo este tiempo. En realidad me llamo Manolo y soy fontanero.
El ganador tendrá derecho a mirar desde la puerta de la sala de profesores como se desarrolla una emocionante Comisión de Coordinación Pedagógica y/o una Evaluación, y recibirá un ejemplar exclusivo autografiado por su director de la revista Manuales de Pedagogía, Filatelia y Colombofilia, con un artículo subrayado sobre “Cómo eliminar las manchas de tiza de la ropa para no parecer un gañán.”
Todo esto me ha hecho pensar en vosotros, queridos lectores de blogs. Lo que me dije exactamente fue: “Y estos pobres que no me conocen… ¿qué imagen tienen de mi? Y fue entonces que se me ocurrió este ejercicio de agudeza visual… sin ver. ¿Os apetece jugar? Pues ahí va:
¿Quién es la profe de inglés que este blog ocupa cuando puede?
Opción A: Un toque de rojo carmín en los labios. Un ligero rubor rosicler en las mejillas. Perfume sutil tras las orejas. Un taconeo rítmico y contundente que retumba en los pasillos. Un frufrú de faldas. Una ondulante y espesa cabellera cobriza que acompaña un elegante vaivén. Un oscilante contoneo de caderas. Seguridad y confianza.
Opción B: Vaqueros, hoy caídos y un poco raídos por los bajos. Botas tipo Doc Martin de pisada rotunda, pero siempre apresurada. Cálido jersey de lana. Gafitas de pasta roja. Cierto barullo capilar que se peina con los dedos. Nenuco por litros y vaselina labial como único aderezo cosmético. ¡Ah! Y una bandolera de ante marrón con un escandaloso Piolín en una esquina.
Opción C: Os he estado engañando todo este tiempo. En realidad me llamo Manolo y soy fontanero.
El ganador tendrá derecho a mirar desde la puerta de la sala de profesores como se desarrolla una emocionante Comisión de Coordinación Pedagógica y/o una Evaluación, y recibirá un ejemplar exclusivo autografiado por su director de la revista Manuales de Pedagogía, Filatelia y Colombofilia, con un artículo subrayado sobre “Cómo eliminar las manchas de tiza de la ropa para no parecer un gañán.”
Es de bien nacidos...
...ser agradecidos. Ya sabéis que en los centros públicos, escasos de dinero como vamos siempre, las cosas funcionan cuando funcionan y dejan de funcionar cuando dejan de funcionar (¡vivan las verdades de perogrullo!) El caso es que aquí durante unos días tuvimos el servidor de internet más caído que los pechos de una octogenaria. Cuando por fín se arregló el asunto, corrí rauda a la sala de ordenadores a mirar mi blog (¡Dios, qué mono tenía! Ahora entiendo a los fumadores) y me encuentro con un porrón de mensajes: de ánimo, de solidaridad, de comprensión. Vamos, que tengo el ego subido y voy por los pasillos del insti mirando a todos por encima del hombro. Cuando me cruzo con alguien, digo para mis adentros: ¡chincha, yo tengo un blog que la gente lee y tú no! Luego se me pasa la tontería y vuelvo a mi rutina.
Resumiendo, ¡CHICOS/AS, OS QUIERO!
To be continued...
Resumiendo, ¡CHICOS/AS, OS QUIERO!
To be continued...
Hangover
Lunes a primera. ¿Recordáis lo que era eso? Sí, no hay manera de estar despejado un lunes a primera. Un lunes a primera es la lucha contra el despertador, la “torrija” mañanera, el maldito calcetín que no aparece, las carreras para no llegar tarde, el colacao bebido a golpes mientras te peinas y/o calzas, etc, etc. ¿Y todo para qué? Para que llegue el plasta del profesor de turno (da lo mismo la asignatura, a primera de un lunes no hay diferencia ni en el interés ni en la atención) a soltar el rollo y aún pretenda que yo le responda, ¿no te jode?
Soy consciente de que estos pensamientos pasan por la cabeza de mis chicos/as. ¿Qué pensabais, que yo no lo había padecido? Pues claro, el mal del lunes a primera es un virus recurrente contra el que no hay vacuna. Yo todavía experimento sus síntomas, aunque en una mutación específica que sólo afecta a los profesores. Veréis:
-Good morning, everyone! –con cierta energía, pero dosificando fuerzas, que la mañana es larga- How are you all? How did your weekend go?
Silencio sepulcral, sólo me miran fijamente. Rápidamente pienso: ¿qué miran? ¡Porras, seguro que tengo la bragueta bajada, oh Dios mío! Rauda y veloz, antes de que terminen de espabilar del todo me giro hacia la pizarra y compruebo que mi atuendo está en orden de revista. Falsa alarma, entonces ¿por qué me miran tanto?
-I said Good morning! –insisto, creo que me merezco un “buenos días” por lo menos.
-Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr –deduzco que esto es un saludo- ¡Jo, profe, que es muy temprano para hablar inglés!
Si ya lo sé, chica, es muy temprano para casi todo, pienso. Pero con un poquitín más de energía voy consiguiendo que abran los libros y que sigan mis explicaciones. Reconozco que hoy estoy espesa y no paro de bostezar, eso sí, con disimulo, de cara a la pared, no conviene que vean mi debilidad. Los ejercicios cuestan, nos atascamos en la palabra “headache” (dolor de cabeza, para los no iniciados) Preguntan qué significa. Yo intento no dar la traducción a la primera, sino hacerles adivinar por mis gestos o por el contexto. Con ojos turbios me llevo la mano a la cabeza y pongo cara de eso, de dolor de cabeza.
-¡Mareo! –dice un espabilado-
-Almost! –digo yo, animando a los demás a contribuir. Y me pregunto qué vieron en mi cara, quizás fue mi mirada legañosa, que un listillo respondió con energía:
-¡Ya sé! ¡Resaca!
Sin comentarios.
Soy consciente de que estos pensamientos pasan por la cabeza de mis chicos/as. ¿Qué pensabais, que yo no lo había padecido? Pues claro, el mal del lunes a primera es un virus recurrente contra el que no hay vacuna. Yo todavía experimento sus síntomas, aunque en una mutación específica que sólo afecta a los profesores. Veréis:
-Good morning, everyone! –con cierta energía, pero dosificando fuerzas, que la mañana es larga- How are you all? How did your weekend go?
Silencio sepulcral, sólo me miran fijamente. Rápidamente pienso: ¿qué miran? ¡Porras, seguro que tengo la bragueta bajada, oh Dios mío! Rauda y veloz, antes de que terminen de espabilar del todo me giro hacia la pizarra y compruebo que mi atuendo está en orden de revista. Falsa alarma, entonces ¿por qué me miran tanto?
-I said Good morning! –insisto, creo que me merezco un “buenos días” por lo menos.
-Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr –deduzco que esto es un saludo- ¡Jo, profe, que es muy temprano para hablar inglés!
Si ya lo sé, chica, es muy temprano para casi todo, pienso. Pero con un poquitín más de energía voy consiguiendo que abran los libros y que sigan mis explicaciones. Reconozco que hoy estoy espesa y no paro de bostezar, eso sí, con disimulo, de cara a la pared, no conviene que vean mi debilidad. Los ejercicios cuestan, nos atascamos en la palabra “headache” (dolor de cabeza, para los no iniciados) Preguntan qué significa. Yo intento no dar la traducción a la primera, sino hacerles adivinar por mis gestos o por el contexto. Con ojos turbios me llevo la mano a la cabeza y pongo cara de eso, de dolor de cabeza.
-¡Mareo! –dice un espabilado-
-Almost! –digo yo, animando a los demás a contribuir. Y me pregunto qué vieron en mi cara, quizás fue mi mirada legañosa, que un listillo respondió con energía:
-¡Ya sé! ¡Resaca!
Sin comentarios.
No me entiendo
Son ya muchos años conmigo misma (a vueltas con la edad; ¿será esto una depresión estacional?) y unos cuantos como profe y todavía me sorprendo haciendo chorradas en el aula. Todo empezó hoy como una clase normal, con sus bostezos de primera hora, con sus ojos legañosos y con las pocas ganas habituales. Recordad que acabamos de empezar el trimestre y no es fácil reincorporarse a la rutina del madrugón, ni para los alumnos ni para mí. Venciendo su y mi pereza, conseguí llevar el barco del saber por las procelosas aguas de la gramática inglesa: vamos, que hicimos los ejercios sin mayor problema (es que a veces soy de un pedante) Quedaban unos 15 minutos para el final y, en una de esta pausas para respirar que les suelo dejar a mis chicos, alguien dice:
-¡Porras -era un taco más gordo, creo, pero mis castos oídos no lo supieron asimilar- me he roto una uña!
-¿Llamamos una ambulancia? -éste era un comentarío que yo tenía que haberme ahorrado; lo mejor en estos casos es ignorarlo y seguir con la clase, pero me pierde la ironía- Creo que George Clooney está de guardia en Urgencias -aproveché para hacerles un guiño a las chicas de la clase; no lo pillaron, parece que los que les gustan ahora son más jóvenes.
-Profe, no se ría, que duele de verdad.
Y aquí pasó. Sin saber muy bien por qué, me despisté, perdí el rigor y la seriedad que me caracterizan (!!!) y respondí:
-Si es que ya no hay hombres -me encanta chincharles un poco-, ahora os rompéis una uñita y lloráis. Yo, aquí donde me véis, tengo una cicatriz en la rodilla derecha de 18 puntos. ¡Y me cosieron sin anestesia!
-¡Bueno sí, ya, y mi abuela fuma! -hubo más comentario de este tipo que no quiero reproducir, ya os hacéis a la idea.
Todavía no me lo explico, pero esto pasó: al momento me tenéis a mí, remángandome el pantalón, repito, REMANGÁNDOME EL PANTALÓN, a las 9:15 de la mañana para enseñarles a los incrédulos alumnos la mencionada cicatriz en forma de T que me adorna la rodilla. Del barullo que siguió, sólo yo soy responsable, entono el mea culpa. Y luego, claro está, empezaron a pedir detalles del accidente, del cosido, del médico que me atendió, etc. ¡Montamos un espectáculo!
Si es que así no hay quien trabaje, con estos alumnos tan distraídos siempre, que no me dejan explicar... ¿seré hipócrita?
Pd: Y no había bebido.
-¡Porras -era un taco más gordo, creo, pero mis castos oídos no lo supieron asimilar- me he roto una uña!
-¿Llamamos una ambulancia? -éste era un comentarío que yo tenía que haberme ahorrado; lo mejor en estos casos es ignorarlo y seguir con la clase, pero me pierde la ironía- Creo que George Clooney está de guardia en Urgencias -aproveché para hacerles un guiño a las chicas de la clase; no lo pillaron, parece que los que les gustan ahora son más jóvenes.
-Profe, no se ría, que duele de verdad.
Y aquí pasó. Sin saber muy bien por qué, me despisté, perdí el rigor y la seriedad que me caracterizan (!!!) y respondí:
-Si es que ya no hay hombres -me encanta chincharles un poco-, ahora os rompéis una uñita y lloráis. Yo, aquí donde me véis, tengo una cicatriz en la rodilla derecha de 18 puntos. ¡Y me cosieron sin anestesia!
-¡Bueno sí, ya, y mi abuela fuma! -hubo más comentario de este tipo que no quiero reproducir, ya os hacéis a la idea.
Todavía no me lo explico, pero esto pasó: al momento me tenéis a mí, remángandome el pantalón, repito, REMANGÁNDOME EL PANTALÓN, a las 9:15 de la mañana para enseñarles a los incrédulos alumnos la mencionada cicatriz en forma de T que me adorna la rodilla. Del barullo que siguió, sólo yo soy responsable, entono el mea culpa. Y luego, claro está, empezaron a pedir detalles del accidente, del cosido, del médico que me atendió, etc. ¡Montamos un espectáculo!
Si es que así no hay quien trabaje, con estos alumnos tan distraídos siempre, que no me dejan explicar... ¿seré hipócrita?
Pd: Y no había bebido.
Año nuevo, vida... ¿qué?
Ya conté una vez que los profes, o por lo menos yo, no hacemos propósitos de año nuevo en Año Nuevo, sino en Curso Nuevo. Así que este segundo trimestre empieza sin pena ni gloria, más o menos donde lo dejé. No tengo pensado dejar de suspender al que se lo merezca ni ser mejor persona de lo que ya soy (¡toma modestia!)... bueno eso no es cierto del todo. Este nuevo año que comienza, y aprovechando que es la primera vez que tengo departamento propio, he pensado en colocar una plantita al lado de la ventana para que le dé vida al cuarto y despierte mi lado naturo-ecológico. Como parte de un proceso de mini-renovación personal que comencé el pasado junio en mi cumpleaños (tengo ya una edad que me empieza a dar que pensar; con deciros que ya peino cana, así en singular, y que mi madre me ha regalado mi primera crema antiarrugas os lo digo todo. Y la sigo queriendo. A mi madre, no a la crema)... decía que me he decidido por buscar la armonía con la naturaleza y cultivar mi yo espiritual. Además del yoga, que ya practico modestamente, voy a incorporar a mi vida el feng-shui (¿o era el sushi? y la filosofía zen. Espero que me ayuden a no perder los nervios delante de los alumnos y a ver los problemas con la perspectiva necesaria para afrontarlos serenamente.
Pues bien, ha sido llegar al instituto, colocar la humilde plantita en el departamento y caérsele una hoja. Así, sin más, sin avisar. Creo que ha presentido el peligro: éste es un entorno hostil. Yo esperaba de la porra esa de planta auxilio moral y la muy puñetera se acoquina a las primeras de cambio. ¡A la mierda la renovación esa, leches!
Como habréis observado por mi cambio de registro, me va a costar lo de encontrar la paz interior. Creo que he de buscar otra palabreja oriental que introducir en mi vida, en lugar de esa del feng-shui. ¿Será ikebana? ¿Origami? No, ya sé... ¡kamasutra!
Pues bien, ha sido llegar al instituto, colocar la humilde plantita en el departamento y caérsele una hoja. Así, sin más, sin avisar. Creo que ha presentido el peligro: éste es un entorno hostil. Yo esperaba de la porra esa de planta auxilio moral y la muy puñetera se acoquina a las primeras de cambio. ¡A la mierda la renovación esa, leches!
Como habréis observado por mi cambio de registro, me va a costar lo de encontrar la paz interior. Creo que he de buscar otra palabreja oriental que introducir en mi vida, en lugar de esa del feng-shui. ¿Será ikebana? ¿Origami? No, ya sé... ¡kamasutra!