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Quién me mandaría meterme a profe
El que sabe, sabe, y el que no, enseña
Acerca de
Sí, sí, soy profesora de verdad. Y de inglés. Esto es todo lo que necesitáis saber... de momento. ¡Ah! Y que todo parecido con la realidad es deliberado, cierto y verdadero, aunque reconozco un gusto, a veces excesivo, por la hipérbole. Para evitarme demandas judiciales, eso sí, he cambiado nombres y referencias demasiado personales. Y si alguien se siente aludido, mejor, es el primer paso para la fama mediática. "Que hablen de uno, aunque sea mal," decía alguien.
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Tráfico ilegal
Hoy he interceptado una red de tráfico de sustancias ilegales. Sí, sí, SUSTANCIAS ILEGALES. TRÁFICO. YO. Ha sido el momento de más tensión que he experimentado jamás en mi vida, tanto personal como profesional. Quisiera contarlo con precisión y rigor, restando dramatismo pero conservando toda la emoción del momento. Yo, una profe corriente, sin más formación policial o detectivesca que una modesta afición por las novelas de Agatha Christie. Yo, insisto, que nunca manejé un arma más allá de la lima de uñas. Yo, que nunca he sufrido un tirón de bolso. YO SOLITA LO HE HECHO.
Lo contaré, sé que las expectativas son grandes y, además, muchos se podrán beneficiar de mi experiencia. Hoy (al recordarlo se me ponen los pelos de punta) entré en la clase de 3º con la energía de siempre (o sea, arrastrando los pies), dispuesta a darles la instrucción necesaria para convertirles en ciudadanos de provecho (“Profe, ¿para qué me sirve el inglés si yo voy a terminar trabajando en el campo con mi padre?”). Empezamos la clase, bla, bla, bla, y yo, perspicaz, observé que Fernando, el caso perdido que se sienta al final de la clase, llevaba un rato inquieto:
-Fernando, ¿te quieres estar quieto? Abre el libro, si es que lo tienes, y ponte a trabajar, hazme el favor.
-Vale, tronca, no te ralles.
“Vale, tronca, no te ralles” repetí mentalmente. Al momento noté que algo no iba bien: Fernando nunca habla en el aula, ronca. Seguí a lo mío, pero no podía quitarle el ojo de encima: este chico tramaba algo. De repente, Fernando rebusca ruidosamente en los bolsillos y se lleva algo a la boca. “¡Ay, Dios Mío, que este chico se me dopa en clase!,” pensé angustiada. Fingiendo un valor del que carezco, le dije con voz seria:
-Fernando, tira eso que comes a la papelera. Ya sabes como son las normas aquí, ¿verdad?
-¡Jo, qué petarda, -pasé por alto el comentario- ya voy!
Y se levanta, camina cansino hacia la papelera (yo le sigo con la mirada), arroja de un hábil escupitajo el contenido de su boca en la misma (en la papelera, claro) y se da media vuelta. “Uf, el peligro ha pasado,” suspiré para mí. Pero nada más lejos de la realidad, pues éste (el peligro, of course) acecha en cada esquina. De vuelta a su mesa, se para Fernando delante de Julio, otro que tal baila, quien, con un rápido movimiento de mano, saca de un bolsillo de su mochila una bolsita de plástico y se la intenta pasar a Fernando.
¿Qué diríais que hice? Desde luego no me podía quedar parada, tenía que actuar. Como accionada por un resorte, salté de mi tarima (¿habéis visto Matrix? pues algo así, pero sin traje ajustado de cuero) y me acerqué a ellos:
-¡Por tontos, vais a terminar los dos amonestados! ¿Cuántas veces os tengo dicho que no se come CHICLE en clase? Dadme la bolsa, que se la voy a llevar al jefe de estudios como prueba.
-¡Joder, tía, que los acabamos de comprar en el recreo! –me explica Fernando- A medias sale más barato –añade Julio.
Y los dos al unísono:
-¡Anda, profe, pórtate, que es la última vez!
-Ni última vez ni leches, -me envalentoné- que esta historia ya me la sé. ¡Al jefe de estudios vais a ir en el cambio de clase!
Refunfuñando se quedaron. Y yo, con la satisfacción del deber cumplido, volví a mi clase magistral. ¡Qué lección de templanza habían recibido mis alumnos!
Pd: ¿Qué esperábais? Por si no lo sabéis, no conozco instituto donde los chicles estén permitidos en el aula. Así que, como dije, he interceptado una red de TRÁFICO ILEGAL DE... CHICLES. ¡Tiembla, Colombo!
 
 
Comentario:
Ingenio te sobra x lo que he podido apreciar y tienes chispa y gracia lo cual resulta mas agradable la lectura y sobre todo plasmar aquí la vida de una profesora no debe ser tarea facíl. Un saludo
 
Comentario:
Gran relato, en todo momento pense que se trataba de un asunto de drogas. Un saludo
No