Dream
Ha pasado. Ha llegado el día anunciado y temido. Hoy, sin avisar, me he dado de bruces con la realidad, una realidad amarga: hoy he sido dolorosamente consciente de que mis clases son un rollo. Y esta epifanía, esta revelación, me ha pillado con el pie cambiado. Yo, que presumía de conocer a mis alumnos; yo, que gustaba de anticiparme a sus momentos de apatía con algún chiste, broma o chascarrillo; yo, que tantas veces critiqué al de historia porque una vez se le durmió un alumno en clase –sí, sí, con ronquidos y todo-; en fin, yo, la de inglés, he tenido que enfrentarme a la verdadera dimensión soporífera de mi asignatura. Y eso que no era lunes a primera...
-Vamos, chicos, tenemos que repasar para el examen, que lo tenemos a la vuelta de la esquina –no es que el entusiasmo les hiciera saltar de sus asientos precisamente, pero por lo menos me pareció percibir un murmullo de aprobación–. ¿Por donde queréis empezar?
-Je, je –uy, esa risita del desabrido de Javi no me gusta nada- ¿por qué no empezamos por que tú nos dices las preguntas?
-Sí, eso, guay, qué buena idea –varias voces juveniles a coro secundan la propuesta.
-Vale, vale, -se me está ocurriendo una idea...– Si es voluntad de la clase, yo me someto al dictado de la mayoría democrática. Chicos, –con voz solemne anuncio– id copiando.
Je, pa chula, yo; esta respuesta no se la esperaban. Veo como toman el boli apresuradamente y se disponen a escribir.
–Ahí va: “Primera: La desamortización de Mendizábal; segunda: América, Colón y el descubrimiento de la patata; tercera, ¿de quién fue la brillante idea de expulsar a los árabes de España, con lo barato que ahora nos saldría el petróleo?; cuarta...”
-Jo, profe, qué chispa tienes, no vales ni para mechero –ha estado bien aquí el arisco de Javi; ésta de la chispa me la apunto–.
-¡Ay, lo siento! Je, je, es que como comparto piso con el de historia –en un pueblo tan pequeño esto es del dominio público– pues nos hemos debido de confundir las carteras.
¿Veis como las cosas no habían empezado mal? La clase prometía, ¿no creéis? Pues sin venir a cuento, una vez apagados los cuchicheos de insatisfacción y los “velados reproches” (“esta tía es tonta,” dice una petarda descontenta), me encuentro a mi misma escribiendo reglas gramaticales en el encerado, llenándolo todo de letras y frases y flechas y llaves y más llaves y más letras y más frases, etc, etc, etc. Como les daba la espalda, no podía verles las caras, pero empezaba a oír sus bostezos y, lo que es peor, sus silencios. Porque creedme, más desangelado que una cripta románica en el mes de diciembre puede llegar a ser un aula llena de adolescentes apáticos. Y ésta lo era. Así que, esperando lo peor, me di la vuelta temerosa. ¿Y qué creéis que vi? Pues a más de la mitad de la clase leyendo revistas: de tuning, los chicos, de chicos guapos, las chicas. La otra mitad, dormitaba.
-¡Pero, hombre, chicos, que estamos repasando para el examen! –les increpo- Esto no se me hace.
-Pero, profe, si es que lo que pone ahí es un rollo.
Entoncés di unos pasos hacia atrás, para tomar perspectiva y me di cuenta de que aquel galimatías era ininteligible hasta para mí. Dejé caer los brazos y dije:
-Ok, you win. I quit this job.
Como no me entendieron, nadie celebró mi anuncio de renuncia, lo cual me dio tiempo para sentarme y reflexionar en los 5 minutos que quedaban.
-Tranqui, profe -dice el delegado- eso os pasa a todos cuando llega el final del trimestre. ¡Os volvéis de un pesado con los repasos! Si el que se lo sabe, se lo sabe, y el que no, le da lo mismo.
¡Ahí le ha dado, chavalote! ¡Qué yo tenga que recibir lecciones de los alumnos! Pues sí, y está claro que acertó de pleno.
-Vamos, chicos, tenemos que repasar para el examen, que lo tenemos a la vuelta de la esquina –no es que el entusiasmo les hiciera saltar de sus asientos precisamente, pero por lo menos me pareció percibir un murmullo de aprobación–. ¿Por donde queréis empezar?
-Je, je –uy, esa risita del desabrido de Javi no me gusta nada- ¿por qué no empezamos por que tú nos dices las preguntas?
-Sí, eso, guay, qué buena idea –varias voces juveniles a coro secundan la propuesta.
-Vale, vale, -se me está ocurriendo una idea...– Si es voluntad de la clase, yo me someto al dictado de la mayoría democrática. Chicos, –con voz solemne anuncio– id copiando.
Je, pa chula, yo; esta respuesta no se la esperaban. Veo como toman el boli apresuradamente y se disponen a escribir.
–Ahí va: “Primera: La desamortización de Mendizábal; segunda: América, Colón y el descubrimiento de la patata; tercera, ¿de quién fue la brillante idea de expulsar a los árabes de España, con lo barato que ahora nos saldría el petróleo?; cuarta...”
-Jo, profe, qué chispa tienes, no vales ni para mechero –ha estado bien aquí el arisco de Javi; ésta de la chispa me la apunto–.
-¡Ay, lo siento! Je, je, es que como comparto piso con el de historia –en un pueblo tan pequeño esto es del dominio público– pues nos hemos debido de confundir las carteras.
¿Veis como las cosas no habían empezado mal? La clase prometía, ¿no creéis? Pues sin venir a cuento, una vez apagados los cuchicheos de insatisfacción y los “velados reproches” (“esta tía es tonta,” dice una petarda descontenta), me encuentro a mi misma escribiendo reglas gramaticales en el encerado, llenándolo todo de letras y frases y flechas y llaves y más llaves y más letras y más frases, etc, etc, etc. Como les daba la espalda, no podía verles las caras, pero empezaba a oír sus bostezos y, lo que es peor, sus silencios. Porque creedme, más desangelado que una cripta románica en el mes de diciembre puede llegar a ser un aula llena de adolescentes apáticos. Y ésta lo era. Así que, esperando lo peor, me di la vuelta temerosa. ¿Y qué creéis que vi? Pues a más de la mitad de la clase leyendo revistas: de tuning, los chicos, de chicos guapos, las chicas. La otra mitad, dormitaba.
-¡Pero, hombre, chicos, que estamos repasando para el examen! –les increpo- Esto no se me hace.
-Pero, profe, si es que lo que pone ahí es un rollo.
Entoncés di unos pasos hacia atrás, para tomar perspectiva y me di cuenta de que aquel galimatías era ininteligible hasta para mí. Dejé caer los brazos y dije:
-Ok, you win. I quit this job.
Como no me entendieron, nadie celebró mi anuncio de renuncia, lo cual me dio tiempo para sentarme y reflexionar en los 5 minutos que quedaban.
-Tranqui, profe -dice el delegado- eso os pasa a todos cuando llega el final del trimestre. ¡Os volvéis de un pesado con los repasos! Si el que se lo sabe, se lo sabe, y el que no, le da lo mismo.
¡Ahí le ha dado, chavalote! ¡Qué yo tenga que recibir lecciones de los alumnos! Pues sí, y está claro que acertó de pleno.
Comentario:
Yo doy clases de Historia y de Diseño en la universidad, a alumos de Arquitectura...y son iguales! No se si es por tantas horas frente al televisor, no se si es otra cosa. Lo que es evidente es que ellos lo que estan esperando es a un "Entertainer" mas que otra cosa :-)
Me gusta mucho tu blog, estare de vuelta por aca :-D
Me gusta mucho tu blog, estare de vuelta por aca :-D
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Qué tal colega?? y nunca mejor dicho, yo también soy profesora, para ser exacta soy maestra de educación primaria. Y me encanta serlo............ por muchos años! un saludito.
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Animo, no es culpa tuya ni de la asignatura, a estos chicos esas cosas no les motivan, les va el tunning y los chicos guapos.
Un beso desde mi convento.
Post Bessum: no te vengues en el examen.
Un beso desde mi convento.
Post Bessum: no te vengues en el examen.
Comentario:
Ese crío echa por tierra, con su sentido común, cualquier planteamiento pedagógico. El que sabe, sabe. O sea, el que es inteligente y/o quiere aprender, va a aprender y a estudiar y tendrá más o menos éxito. Y los demás, por mucho repaso y mucha metodología...
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al final de trimestre todos los alumnos con todos los profesores estamos apáticos asiq no t preocupes... genial tu post!!!
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Leshe, Nan! Adolescentes apaticos? Yo prefiero una manada de antilopes!!!
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Ufff, es que tiene que ser difícil mantener la atención de esas criaturas, yo no podría, que va, competir con el entretenimiento que les da la tele, los móviles, la play, y qué decir de sus hormonas. Tranqui, profe, que la batalla era difícil desde el principio.
Un placer conocerte.
Un placer conocerte.