¿Un año más o un año menos?
Este finde ha sido demoledor, agotador y muy gratificante.
Me he pasado gran parte de él limpiando, organizando, cocinando, comprando, de aquí a allá, de allá a acullá... pero me lo he pasado como una enana. Hasta que ayer, mis pilas Duracell dijeron que hasta aquí hemos llegado morena, y me vi en la camita a eso de las 22:30, después de ver los Lunnis en la TV.
Como no tenía gran cosa que hacer, el sábado se me ocurrió organizar una cena con parte de mis amigos para tener una velada en casa, con comida, bebida y buena compañía. En realidad menosprecié mi poder de convocatoria y cuando me quise dar cuenta, tenía organizada la Última Cena (de los 15, dos se rajaron) en el comedor.
Hoy he recibido varias llamadas y correos de personas que lejos o cerca han tenido un minuto para mi, de todos ellos, creo que ha habido uno que resumía el resto en una sóla frase:
"Aunque no lo creas, cada año que pasa te hace más sabia, más preclara en tu manera de ver y entender el mundo, y mejor persona."
¡¡Gracias!!
Me he pasado gran parte de él limpiando, organizando, cocinando, comprando, de aquí a allá, de allá a acullá... pero me lo he pasado como una enana. Hasta que ayer, mis pilas Duracell dijeron que hasta aquí hemos llegado morena, y me vi en la camita a eso de las 22:30, después de ver los Lunnis en la TV.
Como no tenía gran cosa que hacer, el sábado se me ocurrió organizar una cena con parte de mis amigos para tener una velada en casa, con comida, bebida y buena compañía. En realidad menosprecié mi poder de convocatoria y cuando me quise dar cuenta, tenía organizada la Última Cena (de los 15, dos se rajaron) en el comedor.
Hoy he recibido varias llamadas y correos de personas que lejos o cerca han tenido un minuto para mi, de todos ellos, creo que ha habido uno que resumía el resto en una sóla frase:
"Aunque no lo creas, cada año que pasa te hace más sabia, más preclara en tu manera de ver y entender el mundo, y mejor persona."
¡¡Gracias!!
Castillos de arena
Esa mañana se había levantado temprano y aún no se habían despertado las gaviotas cuando llegó a la playa.Se descalzó, se remangó los pantalones y comenzó la tarea. Delimitar el espacio lo primero, eso con algunas algas. A continuación mojar un poco la arena y cavar un poco para hacerse con la materia prima de las almenas; después vendrían los muros reforzados con conchas y caracolas, un foso vertical... luego ya buscaría una navaja para el puente, levadizo, por supuesto.
Las piedras, redondeadas de tanto dejarse llevar por el mar, servirían de segundo parapeto, tras el foso. Dentro pondría la torre del homenaje, las caballerizas y las escaleras de la muralla.
Pronto se oirían las voces de los chiquillos y los cangrejos ya asomaban curiosos, esperando entrar al asalto en la fortaleza. Tras mucho elegir, recoger, mojar, retirar, aplastar y colocar; por fin había dado por terminado su castillo de arena.
Tan abstraído estaba en su trabajo que no se había percatado de la marea. Dando unos pasos hacia atrás, se paró a contemplar su obra, pero justo en ese preciso instante, vino una ola acercándose peligrosamente. Tras esa, vino otra que entró directamente en el foso. Después de unas cuantas embestidas el mar se hizo con la muralla, unas oleadas más tarde poco quedaba del castillo y la última espuma se llevó lo que restaba.
Nuestro hombre que había sido testigo de la pérdida, permaneció de pie, miró al horizonte y sonrió.
Mañana por la mañana volvería de nuevo a construirlo, justo a la misma hora y en el mismo lugar.
Utopía
Ayer, parloteando con mi profesor de inglés (debo de ser una de sus alumnas más amenas la verdad... al menos se lo pasa pipa el tío), terminamos comentando la existencia del lugar llamado Utopía.
Utopía es el título de un libro escrito por Tomás Moro en latín, nada más y nada menos que en 1.516. Ahí es nada para andar todavía a vueltas sobre su posible existencia. El libro (en realidad son dos) relata la visita de un explorador a una isla llamada Utopía (significa ningún lugar en griego) cuyo régimen gubernamental es una república, con una propiedad comunal de bienes, sin dinero, con leyes y costumbres idénticas, y cuyos habitantes trabajaban para el bien común. Todo ello muy loable. Pero esta sociedad idílica, tenía sus pros y sus contras, por ejemplo: no tenían ejército por lo tanto no habría guerras pensé, pues va a ser que no; reclutaban mercenarios para que lucharan por ellos. Otro problema era el salir de las ciudades sin autorización y la esclavitud era el castigo de todos los delitos.
Es curioso que hasta el siglo XIX nadie recogiera el testigo y desarrollara esa idea más ampliamente e intentara llevarla a la práctica. Muchos autores hablan de que quizá Moro describiera una sociedad monacal en ese libro, puesto que estaba bastante ligado a la iglesia, y es curiosa la relación con ciertas sociedades actuales basadas en el protestantismo como pueden ser los Cuáqueros o Amish.
El caso es que, fuera de toda discusión sobre socialismo, comunismo y anarquismo (todos ellos muy ligados a la idea de sociedad utópica) puesto que estamos hablando de 400 años antes de su aparición propiamente dicha, me he dado cuenta que no hemos avanzado o cambiado demasiado en las sociedades occidentales; que a pesar de los adelantos tecnológicos y científicos, nuestra sociedad sigue teniendo los mismos vicios y virtudes que aquella que critica Tomás Moro en su libro.
Y es que estaría bien un lugar donde nadie fuera menos que nadie, que tú trabajaras para todos y que todos trabajaran para ti, que no hubiera violencia, que existiera una sociedad justa y solidaria, y a la vez no tuviera los condicionantes que relata Moro, con libertad de elección, de decisión, actuación y pensamiento.
Pero vamos... que no me hagáis caso, que todo esto es mera Utopía.
Utopía es el título de un libro escrito por Tomás Moro en latín, nada más y nada menos que en 1.516. Ahí es nada para andar todavía a vueltas sobre su posible existencia. El libro (en realidad son dos) relata la visita de un explorador a una isla llamada Utopía (significa ningún lugar en griego) cuyo régimen gubernamental es una república, con una propiedad comunal de bienes, sin dinero, con leyes y costumbres idénticas, y cuyos habitantes trabajaban para el bien común. Todo ello muy loable. Pero esta sociedad idílica, tenía sus pros y sus contras, por ejemplo: no tenían ejército por lo tanto no habría guerras pensé, pues va a ser que no; reclutaban mercenarios para que lucharan por ellos. Otro problema era el salir de las ciudades sin autorización y la esclavitud era el castigo de todos los delitos.Es curioso que hasta el siglo XIX nadie recogiera el testigo y desarrollara esa idea más ampliamente e intentara llevarla a la práctica. Muchos autores hablan de que quizá Moro describiera una sociedad monacal en ese libro, puesto que estaba bastante ligado a la iglesia, y es curiosa la relación con ciertas sociedades actuales basadas en el protestantismo como pueden ser los Cuáqueros o Amish.
El caso es que, fuera de toda discusión sobre socialismo, comunismo y anarquismo (todos ellos muy ligados a la idea de sociedad utópica) puesto que estamos hablando de 400 años antes de su aparición propiamente dicha, me he dado cuenta que no hemos avanzado o cambiado demasiado en las sociedades occidentales; que a pesar de los adelantos tecnológicos y científicos, nuestra sociedad sigue teniendo los mismos vicios y virtudes que aquella que critica Tomás Moro en su libro.
Y es que estaría bien un lugar donde nadie fuera menos que nadie, que tú trabajaras para todos y que todos trabajaran para ti, que no hubiera violencia, que existiera una sociedad justa y solidaria, y a la vez no tuviera los condicionantes que relata Moro, con libertad de elección, de decisión, actuación y pensamiento.
Pero vamos... que no me hagáis caso, que todo esto es mera Utopía.
De sueños
De día vivía soñando y de noche soñaba que vivía.
Y de tanto soñar, una mañana se dió cuenta que todos sus sueños se habían convertido en realidad.
- ¿Y ahora qué? - se preguntó.
Y de tanto soñar, una mañana se dió cuenta que todos sus sueños se habían convertido en realidad.
- ¿Y ahora qué? - se preguntó.
Un breve resumen...
- Mira qué curioso ¡¡un abrevadero techado!!
- A ver... – llegándome hasta allá - ¿abrevadero? Tú si que necesitas abrevar... esto es un lavadero, un antiguo lavadero de tres pilones.
- Ya... bueno, es que yo de lavar...
- Sí, ya, de lavar poco ¿y de pacer? Jajajajaja, anda qué...
- Entren, entren... ¡Pueden entrar a lavar si quieren!
- No gracias ¡qué el tiempo está para pocas mojaduras! ¿Es usted del pueblo?
- Sí, mi hija es la dueña del bar, voy a tomar un café. ¿Van ustedes a la Code?
- Sí, ahora íbamos a ir.
- ¿Ahora? ¿¡Andando!?
- Sí, andando, son unos dos kilómetros ¿no?
- Pues sí, esos son
La Code es uno de los muchos miradores que hay sobre los arribes salmantinos del Duero, cerca del pueblo de Mieza.
Después del breve paseo nos volvimos a encontrar con el paisano en el bar, y nos habló de los cultivos de la zona, de que muchos se marcharon del pueblo y sólo llega gente nueva con el buen tiempo, de las arrobas de fruta y cómo endulzaban las aceitunas hace años, de cómo se han ido dejando perder las tierras.
Me hacía gracia contestar a la gente en los pueblos que te soltaban a bocajarro eso de: ¿Y ustedes de dónde son? Porque no son de aquí... con la mejor de sus sonrisas. Te contaban su vida y así echaban la tarde.
En Saucelle con Montse y Manuel comentando la situación de la zona, los más y los menos del turismo rural y las subvenciones agrarias; las conversaciones sobre esquí y bodegas con Santi en Fermoselle; con los mesoneros del Lobo Feroz en plena Sierra de la Culebra (donde comimos las mejores codornices a la plancha y las mollejas más sabrosas de mi vida) antiguos vecinos de Madrid y que cuando les vinieron mal dadas, decidieron volver al pueblo para vivir tranquilos; al alguacil de Manzanal de Arriba por su amabilidad y recomendaciones; a los vecinos (cinco ahora, hace años, sólo tenía uno) de Sta. Cruz de los Cuérnagos...
A todo esto hay que añadir las mil y una perspectivas del Duero, los pateos por Sanabria (almena, al final no montamos a caballo, pero tenías razón, es impresionante; Horacio, la ruta alrededor del lago no, hacía muuuucho frío, pero la de los monjes, a la Laguna de los Peces y las Cascadas de Sotillo no me lo perdería por nada), la buena mesa, los atardeceres, y los tantos pueblos que me han sorprendido.
Sí señor, un viaje que no ha tenido desperdicio. ¿Volvemos?
- A ver... – llegándome hasta allá - ¿abrevadero? Tú si que necesitas abrevar... esto es un lavadero, un antiguo lavadero de tres pilones.
- Ya... bueno, es que yo de lavar...
- Sí, ya, de lavar poco ¿y de pacer? Jajajajaja, anda qué...
- Entren, entren... ¡Pueden entrar a lavar si quieren!
- No gracias ¡qué el tiempo está para pocas mojaduras! ¿Es usted del pueblo?
- Sí, mi hija es la dueña del bar, voy a tomar un café. ¿Van ustedes a la Code?
- Sí, ahora íbamos a ir.
- ¿Ahora? ¿¡Andando!?
- Sí, andando, son unos dos kilómetros ¿no?
- Pues sí, esos son
La Code es uno de los muchos miradores que hay sobre los arribes salmantinos del Duero, cerca del pueblo de Mieza.
Después del breve paseo nos volvimos a encontrar con el paisano en el bar, y nos habló de los cultivos de la zona, de que muchos se marcharon del pueblo y sólo llega gente nueva con el buen tiempo, de las arrobas de fruta y cómo endulzaban las aceitunas hace años, de cómo se han ido dejando perder las tierras.
Me hacía gracia contestar a la gente en los pueblos que te soltaban a bocajarro eso de: ¿Y ustedes de dónde son? Porque no son de aquí... con la mejor de sus sonrisas. Te contaban su vida y así echaban la tarde.
En Saucelle con Montse y Manuel comentando la situación de la zona, los más y los menos del turismo rural y las subvenciones agrarias; las conversaciones sobre esquí y bodegas con Santi en Fermoselle; con los mesoneros del Lobo Feroz en plena Sierra de la Culebra (donde comimos las mejores codornices a la plancha y las mollejas más sabrosas de mi vida) antiguos vecinos de Madrid y que cuando les vinieron mal dadas, decidieron volver al pueblo para vivir tranquilos; al alguacil de Manzanal de Arriba por su amabilidad y recomendaciones; a los vecinos (cinco ahora, hace años, sólo tenía uno) de Sta. Cruz de los Cuérnagos...
A todo esto hay que añadir las mil y una perspectivas del Duero, los pateos por Sanabria (almena, al final no montamos a caballo, pero tenías razón, es impresionante; Horacio, la ruta alrededor del lago no, hacía muuuucho frío, pero la de los monjes, a la Laguna de los Peces y las Cascadas de Sotillo no me lo perdería por nada), la buena mesa, los atardeceres, y los tantos pueblos que me han sorprendido.
Sí señor, un viaje que no ha tenido desperdicio. ¿Volvemos?
Vacaciones santillana..
Hoy estoy francamente cansada. Llevo dos días de vacaciones pero aún no me he repuesto de la horrorosa semana anterior (aún con el día festivo, las 17 horas de currele del lunes no se las salta un gitano: hora de salida 01:30 A.M.). Y lo peor, llevo seis llamadas telefónicas de mi oficina durante estos días, para consultar dudas, instrucciones y demás. ¡Y eso que sólo soy la chica de los cafeses!
En fin, que una tiene las neuronas más que difusas, con unas ganas locas de pirarme y de olvidarme de todo bicho viviente (bicho sí, de esos con mil patas y que suenan chofff al despachurrarlos, y es que conozco a unos cuantos así...).
Además de pasar mi tiempo jurando en hebreo (¡lo que hace la mala leche! desarrollar mi don de lenguas –bífidas, para más INRI-), aproveché para hacer cuatro cosas que me apetecían.
- Reírme hasta de mi sombra. Para ello qué mejor forma que comenzar por ir a ver una obra de teatro de enredo. Simple y llana comedia de toda la vida para oxigenar neuronas: “Políticamente incorrecto” de Ray Cooney y muy bien adaptada a este nuestro últimamente tan llevado y traído país Vaspaña (váyase Sr. Cuesta). Situaciones ridículas, líos, relíos y demás. Lo suficiente para dejar en blanco la cabeza y salir con una sonrisa de oreja a oreja.
- Visitar la exposición de Keith Haring en la Fundación Canal. La primera vez que se puede contemplar un recopilatorio de la mayoría de sus obras impresas fuera de Nueva York. Me encantan estos dibus.
- Cambiar de tercio e imbuirme en el teatro del absurdo de la mano de Samuel Beckett y su "Esperando a Godot". La obra genial, al igual que los actores (casi los mismos que en Alguien voló sobre el nido del cuco). Impresionante el personaje de Lucky y la facilidad del actor para deslomarse durante sus escenas, y moquear y babear al mismo tiempo sin ahogarse en el intento.
- Ir al cine y no tener la impresión de que me han timado: "El jardinero fiel". Recomendable, tanto por los actores como por el tema que trata: experimentos farmacéuticos en África con enfermos de SIDA.
A partir de mañana y hasta la semana que viene aprovecharé para ampliar mucho más esta lista. Próxima parada: Arribes de Duero y Sanabria.
PD. A ver si vuelvo en forma y destripo cada uno de los enunciados, que tienen miga...
Yo a ti, tú a él, él a...
Y no hago otra cosa que pensar en ti.Y tú, sabiéndolo, te comes con los ojos a María, mientras María le come la boca a Manuel.
Manuel se despierta cada noche llamando a Carolina y ella corre a cien por hora abrazada a Miguel.
Ana le espera apoyada en la almohada dejando sin contestar las llamadas de Inés.
Esta, a su vez, cuelga el teléfono y quema las últimas cartas de Julio; y Julio borró ayer de su agenda el número de Andrés .
Andrés llena sus orgasmos con Elena y ella sólo piensa en volver con Ismael.
Y es que aunque no nos lo propongamos, siempre le encontramos los tres pies al gato.
La hormiga
Un zapato le perseguía, zamp, zamp, zamp... hizo un quiebro y se coló por una grieta del suelo.
¡Ufff, casi! Por fin de vuelta al hormiguero...
¡Ufff, casi! Por fin de vuelta al hormiguero...