De principes... y princesas

No sé en qué momento dejé de ser una princesa.
Tengo mis dudas, pero creo que en el fondo nunca lo fui.
Quizá por eso los supuestos caballeros de montura blanca que encontraba a mi paso terminaban yendo en pos de alguna boca de fresa.
Quizá por eso, tras el fragor de una batalla me consideraban a la postre, como una compañera de armas o fiel escudera.
Quizá por eso no me molestan los garbanzos bajo mi cama, me dan vértigo los tacones y he besado a más de una rana.