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El bosque tallado


En un lugar del fin del mundo, allende los mares, cerca de las antípodas, existía un bosque silvestre repleto de árboles de especies tan variadas como matices en la luz del sol.

Corrían riachuelos de vida por entre sus raíces y los pájaros tarareaban canciones indígenas olvidadas en otros tiempos.

En este pequeño reducto salvaje crecían sauces llorones que acariciaban suavemente la tierra con sus hojas, mimosas de ramas amarillas que embriagaban el aire con sus mil esencias, abedules enhiestos con su porte altanero, robles de centenaria fortaleza y sabiduría, acebos debajo de los que ningún beso se dió ni fué recibido.

Una noche de tormenta, de cielo iluminado con cien mil centellas, las nubes castigaron aquel paraje precipitando toda su carga sobre el lecho verde, con tan mala fortuna que una línea de luz fué a dar contra el árbol más fuerte del lugar, el más hermoso, el más sereno. Debido a la calidad de su madera, las llamas no tardaron en prender en el corazón del árbol y poco a poco lo fueron consumiendo.

El fuego se fué extendiendo por todo el bosque afectando por igual a jóvenes y ancianos ejemplares, matorrales y trepadoras. En poco tiempo el antiguo vergel quedó reducido a un campo quemado y yermo, lleno de los restos de aquellos que fueron alegría.

Un viejo chamán Mapuche, cuya tribu había venerado durante generaciones todas las criaturas que habitaban el bosque, contempló con ojos sombríos el resultado de aquella ráfaga. Tanto se entristeció su corazón por la pérdida sufrida, tan hondo sintió el vacío que quedó, que pasó días ensimismado en lo alto de una roca, mirando en su interior. Por fin una mañana, el chamán se despertó, comenzó a andar día y noche sin descanso, visitando todas las aldeas que sus pies ligeros descubrían y reclutando a los mejores artesanos de la madera.

Cuando consiguió reunir un nutrido grupo de escultores, se dirió con paso firme hacia el centro del bosque, justo en el lugar donde el fuerte árbol caído mostraba sus heridas. Una vez allí, les dió instrucciones a los ebanistas para que tallaran en cada uno de los árboles todas aquellas figuras vivientes que su imaginación pudiera albergar, con la única condición de que no perjudicaran a los árboles y no penetraran en la madera más que lo necesario. A cada uno se le asignó una parcela y un tronco con el que debería convivir durante los días que tardara en realizar la talla, expuestos el uno al otro, frente a frente. Cada nuevo día, al entrar en el bosque y encontrar a los hombres trabajando en sus creaciones, daba la sensación de llegar a un lugar encantado. Detenidos en lo que trascendía al bosque, a las lenguas y a cada uno de los indios, rozando el misterio.

En ninguno de los árboles se utilizó forma humana, salvo en el viejo árbol, primera victima del incendio. En él, sólo trabajó el chamán, esbozando una maravillosa forma de mujer, mezcla de magia y poesía, de suaves rasgos y mirada transparente.

Terminaron por fin las obras, y dejaron de nuevo el bosque en soledad, cogiendo sus útiles y volviendo a sus aldeas de origen. El chamán miró por última vez al árbol consumido convertido en mujer y una única lágrima escapó de sus ojos cayendo en la tierra seca.

Esa misma noche, pasada la hora bruja, las nubes volvieron a agruparse en torno al bosque, dejando eco de truenos en cada uno de los troncos. La lluvia hizo su aparición, de manera mansa y tranquila, mojando poco a poco aquel suelo sediento de vida y resbalando por las ramas desnudas. De pronto un rayo de luz cayó en el centro de la talla de mujer; pero esta vez no sucedió nada, sólo la lluvia continuaba con su rítmico tic, tac, tic, tac.

Al cabo de los días, en el rodal comenzaron a salir timidamente algunos brotes de cada uno de los árboles que habían sido tallados y una nueva explosión de vida rodeó al bosque. En poco tiempo todas las plantas recobraron sus colores, la savia corrió en todos los árboles y una nueva esperanza creció en los corazones, en especial, en el de aquel árbol, el más fuerte del lugar, el más hermoso, el más sereno.
 
 
Comentario:
Pau, he estado en lugares así a 50 Km. de casa... que envidia Camerún!!

Adan, con eso me doy por satisfecha.
 
Comentario:
Gracias por el momento, leerte me ha transmitido calma
 
Comentario:
Luís tiene razón, pero no hay que ir tan lejos para sentir tanta naturaleza.
La verdad es que es demasiado bonito para ...
Hace poco estuve por segunda vez en Camerún, en la selva. Bueno, en lo que quedaba de ella.
 
Comentario:
Con un toque occidentalizado... :d
 
Comentario:
Un amigo mío pasó varios años entre los mapuches. Aparte de escribir un libro sobre ellos ("Muerte y desaparición forzosa en la Araucaria") investigó mucho sus formas religiosas. Tengo un video, por ejemplo, con una ceremonia machi. Flipante...
Viendo el mundo de esta gente, se siente la Naturaleza. Leyendo tu post, también...
Zenkiu.
No
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