Lágrimas
El guerrero lloraba mientras limpiaba su espada.
Al desenvainar había cortado una flor.
Comentario:
Hombre: plas, plas, plas, plas... genial el poema!! Mil gracias.
Lo malo Enelcamino es que pocas veces se da.
almena, swagger, sotes!
Lo malo Enelcamino es que pocas veces se da.
almena, swagger, sotes!
Comentario:
oh! q bonico, Hell!
Comentario:
Me encanta esa sensibilidad del guerrero...
Besos
Besos
Comentario:
¡wuauuuu!!
¡Bravo por Hell y por HSB!
Sería todo un ejemplo de síntesis!
¡Bravo por Hell y por HSB!
Sería todo un ejemplo de síntesis!
Comentario:
Aquí te cuelo un largo poema con rima, por todo el morro.
Como siempre, acabas desgastando las palabras de tanto darlas sentido...
Un besote, Hell
El caballero y la flor.
Trajeron a su morada
al caballero inquisidor,
era un Príncipe que en la batalla
dio muerte a mas de un millón.
Preguntáronle por sus hazañas
y el muy bravucón, respondió:
- "He matado por venganza
y por probar mi valor."
Con espada en mano
y herido en el hombro llegó,
y no sabían si por su amada,
de su pecho prendía una flor.
Mientras la herida sanaba
postrado quedó en el lecho del dolor,
pasaron unas semanas
y por fin al bosque regresó.
Por los caminos trotaba,
con solo una ambición:
- ¡Encontrar al enemigo
y darle muerte sin discusión!
Los días se engalanaban
de flores en su color,
y la batalla no llegaba
Y el príncipe se marchitó.
Bajó de su caballo
y con furia su espada golpeó
y arrancó las tiernas flores,
de los caminos de Dios.
Mientras alzaba la espada
contra una respetable flor,
oyó lejanas palabras
que conmovieron su corazón:
- "Con tu espada, tu armadura
y todo tu valor,
podrás matar la flor morada,
mas no encontraras la razón".
Con la espada aun en alto
y el rostro repleto de dolor,
el príncipe o caballero
mira en su derredor:
- "¿Quién será quien que me vigila?,
¿quién será quien me objetó?,
¿ será que aun en vida
a los fantasmas atraigo yo?".
Le responde desde el suelo,
aquella tenue y dulce voz:
- "Solo soy una florecilla
que puede hablar con vos"
- "Decidme pués, caballero:
¿Que hay en vuestro corazón,
que arrancáis con cobardía
los pétalos de mi esplendor?".
El caballero confundido
su espada envainó,
se arrodilló en el suelo
y a la florecilla explicó:
- "Mato por vil desprecio
de todo lo que me mató,
pues aquí estoy sereno,
pero en mi pecho guardo una flor;
Aquella que por sortilegio,
en la guerra me privó
de mi amada y sus enamoramientos,
y de mi vida y de su amor.
La flor de mis anhelos
en pedazos se rompió,
por eso contra el mundo entero,
¡blando el acero que me iluminó!;
Y quien pasa por benévolo
a ojos de mi profesión,
muere pasado por hierro
¡por mi amada y por su flor!".
La flor desde el suelo
postrada sin remisión,
señalando hacia el cielo
con mesura, le respondió:
" ¡Retente!, caballero indigno,
de tu ignorante contradicción,
asesino y cobarde eres,
pues solo cambias flor por flor,
y a quien tu amada merece
es a un conquistador,
que perdone en noble trance
lo que hermanado en su pecho iluminó.
No olvides que cuando mates,
también mataras tu flor
y con el paso del tiempo
marchito estará todo tu amor".
El príncipe trajo a sus ojos
un trémulo brillo de inspiración,
y comprendió en ese momento
que en realidad solo existe una flor.
Volvió por el camino,
pensando como vivió
y sintiendo que el amor es solo uno
y que nunca se partirá en dos;
Pues a partir de aquel día,
hay una flor del amor,
que es bandera insigne
de lo que el príncipe aprendió:
"Amar es cosa única,
y no se puede contraindicar
pues es imposible
tener que odiar para amar".
Como siempre, acabas desgastando las palabras de tanto darlas sentido...
Un besote, Hell
El caballero y la flor.
Trajeron a su morada
al caballero inquisidor,
era un Príncipe que en la batalla
dio muerte a mas de un millón.
Preguntáronle por sus hazañas
y el muy bravucón, respondió:
- "He matado por venganza
y por probar mi valor."
Con espada en mano
y herido en el hombro llegó,
y no sabían si por su amada,
de su pecho prendía una flor.
Mientras la herida sanaba
postrado quedó en el lecho del dolor,
pasaron unas semanas
y por fin al bosque regresó.
Por los caminos trotaba,
con solo una ambición:
- ¡Encontrar al enemigo
y darle muerte sin discusión!
Los días se engalanaban
de flores en su color,
y la batalla no llegaba
Y el príncipe se marchitó.
Bajó de su caballo
y con furia su espada golpeó
y arrancó las tiernas flores,
de los caminos de Dios.
Mientras alzaba la espada
contra una respetable flor,
oyó lejanas palabras
que conmovieron su corazón:
- "Con tu espada, tu armadura
y todo tu valor,
podrás matar la flor morada,
mas no encontraras la razón".
Con la espada aun en alto
y el rostro repleto de dolor,
el príncipe o caballero
mira en su derredor:
- "¿Quién será quien que me vigila?,
¿quién será quien me objetó?,
¿ será que aun en vida
a los fantasmas atraigo yo?".
Le responde desde el suelo,
aquella tenue y dulce voz:
- "Solo soy una florecilla
que puede hablar con vos"
- "Decidme pués, caballero:
¿Que hay en vuestro corazón,
que arrancáis con cobardía
los pétalos de mi esplendor?".
El caballero confundido
su espada envainó,
se arrodilló en el suelo
y a la florecilla explicó:
- "Mato por vil desprecio
de todo lo que me mató,
pues aquí estoy sereno,
pero en mi pecho guardo una flor;
Aquella que por sortilegio,
en la guerra me privó
de mi amada y sus enamoramientos,
y de mi vida y de su amor.
La flor de mis anhelos
en pedazos se rompió,
por eso contra el mundo entero,
¡blando el acero que me iluminó!;
Y quien pasa por benévolo
a ojos de mi profesión,
muere pasado por hierro
¡por mi amada y por su flor!".
La flor desde el suelo
postrada sin remisión,
señalando hacia el cielo
con mesura, le respondió:
" ¡Retente!, caballero indigno,
de tu ignorante contradicción,
asesino y cobarde eres,
pues solo cambias flor por flor,
y a quien tu amada merece
es a un conquistador,
que perdone en noble trance
lo que hermanado en su pecho iluminó.
No olvides que cuando mates,
también mataras tu flor
y con el paso del tiempo
marchito estará todo tu amor".
El príncipe trajo a sus ojos
un trémulo brillo de inspiración,
y comprendió en ese momento
que en realidad solo existe una flor.
Volvió por el camino,
pensando como vivió
y sintiendo que el amor es solo uno
y que nunca se partirá en dos;
Pues a partir de aquel día,
hay una flor del amor,
que es bandera insigne
de lo que el príncipe aprendió:
"Amar es cosa única,
y no se puede contraindicar
pues es imposible
tener que odiar para amar".





