La cosa más dulce
Se paró frente a la góndola del supermercado como cada 28 de mes repasando los estantes uno a uno y disfrutando con el despliegue de formas y colores que se presentaba ante ella: flores reventonas, rojos, verdes, azules, dorados, colores plata, purpuras, cubos perfectos, lazos, perifollos, raso, seda en algunos casos, metacrilato y metal para los más sofisticados... Un verdadero festival para los sentidos porque en realidad, en esa sección del supermercado, ella no sólo miraba; también olía, tocaba, oía y gustaba.
Primero pasaba lista a todas las variedades, se las sabía de memoria, pero de vez en cuando le sorprendía algún invitado llegado de lejos, algún chocolate de importación exótico con especias o nuevos fabricantes. Después, solía recorrer los relieves de las distintas cajas donde dormían los pedazos de cacao al 90%, al 85% o esos mestizos mezclados con leche que eran su debilidad. Si se acercaba lo suficiente y con sólo levantar un milímetro la tapa, podía dejarse embriagar con los más variados perfumes traídos de Suiza, Alemania, Brasil, Francia o España. Esos aromas cálidos y envolventes que pesan en el ambiente, y caen sobre uno impregnando el cuerpo.
Al llegar a los cajones de los bombones al peso, podía adivinarlos detrás de esos finísimos vestidos brillantes, su textura, su relleno... Entonces es cuando hundía su mano en el mar de destellos metálicos, despacio y sintiendo las formas, los ángulos de algunos y las redondeces lascivas de otros. Cuando fallaba el aire acondicionado, incluso podía hacerse con un pequeño trofeo adherido a las yemas de los dedos. Entonces, se deleitaba observando sus matices a la luz de los fluorescentes y acercándose lentamente la mano a sus labios, saboreaba lentamente esas pequeñas briznas de chocolate.
Cuando por fin se decidía por una de las innumerables cajas, iba directamente a la salida, pagaba, recogía su bolsa y se precipitaba a la calle en busca de su rincón privado. Llegaba a casa y se cercioraba de que no había nadie, si lo había, esperaba hasta que tarde o temprano se quedaba sola y entonces sacaba la caja de la bolsa, apagaba todas las luces, se dirigía a su habitación y encenciendo todas las velas que jalonaban la estancia, procedía a abrir de par en par la puerta de las más sublime de las sensaciones.
Con meditada precisión y sin dudar, iba seleccionando aquellos que iban a enriquecer su paladar: praline, crema de frutas, chocolate amargo, con toque de pimienta, lavanda y canela. Una vez saciada y calmados sus instintos, retozaba recordando cada uno de los sabores en sus papilas gustativas, y con la pereza que da el placer, apagaba las velas, recogía la caja y la dejaba en la primera balda del frigorífico, para que el resto de la familia (véase madre, hermana y novia de...) dieran cuenta de los restantes.
Y es que nunca podría imaginarse una cosa más dulce.
Es curioso, ¡que ganas de comerme un bombón! ¿Alguien gusta?
Primero pasaba lista a todas las variedades, se las sabía de memoria, pero de vez en cuando le sorprendía algún invitado llegado de lejos, algún chocolate de importación exótico con especias o nuevos fabricantes. Después, solía recorrer los relieves de las distintas cajas donde dormían los pedazos de cacao al 90%, al 85% o esos mestizos mezclados con leche que eran su debilidad. Si se acercaba lo suficiente y con sólo levantar un milímetro la tapa, podía dejarse embriagar con los más variados perfumes traídos de Suiza, Alemania, Brasil, Francia o España. Esos aromas cálidos y envolventes que pesan en el ambiente, y caen sobre uno impregnando el cuerpo.
Al llegar a los cajones de los bombones al peso, podía adivinarlos detrás de esos finísimos vestidos brillantes, su textura, su relleno... Entonces es cuando hundía su mano en el mar de destellos metálicos, despacio y sintiendo las formas, los ángulos de algunos y las redondeces lascivas de otros. Cuando fallaba el aire acondicionado, incluso podía hacerse con un pequeño trofeo adherido a las yemas de los dedos. Entonces, se deleitaba observando sus matices a la luz de los fluorescentes y acercándose lentamente la mano a sus labios, saboreaba lentamente esas pequeñas briznas de chocolate.
Cuando por fin se decidía por una de las innumerables cajas, iba directamente a la salida, pagaba, recogía su bolsa y se precipitaba a la calle en busca de su rincón privado. Llegaba a casa y se cercioraba de que no había nadie, si lo había, esperaba hasta que tarde o temprano se quedaba sola y entonces sacaba la caja de la bolsa, apagaba todas las luces, se dirigía a su habitación y encenciendo todas las velas que jalonaban la estancia, procedía a abrir de par en par la puerta de las más sublime de las sensaciones.
Con meditada precisión y sin dudar, iba seleccionando aquellos que iban a enriquecer su paladar: praline, crema de frutas, chocolate amargo, con toque de pimienta, lavanda y canela. Una vez saciada y calmados sus instintos, retozaba recordando cada uno de los sabores en sus papilas gustativas, y con la pereza que da el placer, apagaba las velas, recogía la caja y la dejaba en la primera balda del frigorífico, para que el resto de la familia (véase madre, hermana y novia de...) dieran cuenta de los restantes.
Y es que nunca podría imaginarse una cosa más dulce.
Es curioso, ¡que ganas de comerme un bombón! ¿Alguien gusta?
Comentario:
almena, la mía también... qué vicio!!!
Acéfalo, eso dicen, pero para mi que es un mito :P
Max, algo parecido... pero eso no quiere decir que sea irresistible!!
¡¡Bon apetit!!
Acéfalo, eso dicen, pero para mi que es un mito :P
Max, algo parecido... pero eso no quiere decir que sea irresistible!!
¡¡Bon apetit!!
Comentario:
Habíamos quedado en que te dedicas a la publicidad ¿no?
Así, quién no compra...
Así, quién no compra...
Comentario:
Dicen que es lo mejor para el dolor de cabeza crónico...Jaaaaaaaaaaa. Brillante parábola. Eres la hostia. Y te sientan muy bien las vacaciones.
Ñam.
Ñam.
Comentario:
¡claro! Después de leer tu post se me ha hecho la boca agua mmm :-)
El chocolate me pierde jajajaja me voy. Voy a permitirme caer en la tentación ;-)
El chocolate me pierde jajajaja me voy. Voy a permitirme caer en la tentación ;-)





