Besos
"Los planetas más brillantes del Sistema Solar, Venus y Júpiter, se 'besarán' durante los atardeceres del 31 de agosto al 2 de septiembre, en estos días sus órbitas los aproximarán tanto que desde la tierra dará la sensación de que se tocan." + información
Ese fin de semana iban a celebrar una reunión especial, uno de los amigos de siempre iba a marcharse al extranjero durante unos cuantos meses.
Los diez llegaron en cuatro coches, por suerte esta vez ninguno se había perdido y habían sido puntuales. Descargaron los víveres entre todos, compuestos es su mayoría por gran cantidad de bebidas alcohólicas, y recorrieron la casa de cabo a rabo. Una casita de campo con una gran sala central con chimenea y todo.
Dejaron el equipaje y se repartieron los baños, había habitaciones de sobra para cada uno, por lo que decidieron que cada cual eligiera la que deseara cuando quisiera retirarse a dormir.
Las horas previas a la cena transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos; cuando los estómagos ya estaban hartos de ingerir líquido, nombraron por unanimidad a las dos personas del grupo que más se divertían cocinando para que prepararan la cena: a Júpiter y a Venus. A cambio el resto prepararían la sala par a la cena y recogerían los restos al día siguiente.
Júpiter y Venus se dirigieron a la cocina, con una botellita de vino y con la música de fondo que se oía en toda la casa. A todos les habían parecido siempre la pareja ideal, aunque nunca se había dado el caso de que llegaran a serlo; salvo tontear en las fiestas, miraditas y bromas en clase y más de un encuentro para dar celos a las diversas parejas de uno y otra. Una fórmula explosiva que nunca se había mezclado en un matraz.
Después de beber la mitad de la botella, cantar a dúo a voz en grito cada canción y bailar sin parar mientras se cocía la pasta, decidieron tomarse un respiro y sentarse un rato. Júpiter comenzó la conversación preguntándole por la última pareja conocida de Venus, un profesor de universidad con aire de condescendencia hacia ella y los demás al que él personalmente no podía ni ver.
Venus se levantó y se dirigió al frigorífico industrial para sacar un trozo de queso para la salsa. Al girarse y cerrar la puerta tras ella se encontró de bruces con Júpiter pegado a su cuerpo.
Sin darle tiempo a contestar acercó sus labios a los de ella y comenzó a besarla, dulce y suavemente. Cuando se separaron, él le apartó uno de los mechones de la cara, ella le sonrió con ese gesto pícaro y resabiado que conocía tan bien y se dirigió lentamente hacia la mesa. Venus sirvió otras dos copas más de vino y continuaron hablando de la sexualidad celestial, sin referirse en absoluto a su forma más terrenal.
Finalizada la cena, se reunieron con el resto en la sala y aguantaron las bromas del gracioso de turno. Venus tomo asiento al lado de una de sus mejores amigas, Virgo.
Entre todos dieron buena cuenta de todos los platos y finiquitadas las viandas, las copas de sobremesa eran de rigor. No recuerdo muy bien quién fue el que comenzó a hablar de las relaciones personales y de lo importante que pueden a llegar a ser ciertas demostraciones, como por ejemplo un beso. Para una de las chicas eso era una de las cosas más personales que puede darse entre dos personas.
Venus, a la que estas cosas le hacían mucha gracia, comenzó a rebatir la historia, explicando que la percepción de un beso dependía tanto de quién lo daba como de quién lo recibía. Alguien puede dar un beso a alguien y quizá no signifique nada, o un simple beso que parece tratarse de una broma puede ser todo un mundo.
Pronto se elevaron voces solicitando una demostración, y Júpiter esperando ser elegido, esperaba la contestación. Venus sin inmutarse, cogió la mano de Virgo, y después de mirar seriamente a Júpiter por un segundo, se volvió hacia ella y la beso en la boca. El beso inesperado se prolongó durante unos segundos en los que Júpiter no pudo sino esbozar una sonrisa, pensando:
Después de ver que todo era una inocente prueba, continuó la velada, con intereses cruzados. Júpiter no quitaba ojo a Venus y ella a su vez, concentraba toda su atención en la conversación de Virgo.
Antes del alba, el cansancio, la comida y la bebida habían hecho estragos en nuestros invitados, tanto que el grupo había sucumbido en brazos de Morfeo en la sala común a la luz de la chimenea.
Virgo se despertó y sin hacer ruido, buscó a los otros nueve ubicándoles por en la sala. Intentando no despertarles, se envolvió en una de las mantas y se acercó sigilosamente al sofá donde descansaba Júpiter.
Ella se arrebujó a su costado sin rozarle siquiera pero con medio torso sobre el de él, tan cerca que podía sentir su aliento en la mejilla. Despacio, conteniendo la respiración, deslizó la mano sobre el pelo de Júpiter acariciando los mechones despeinados que caían sobre el reposabrazos. Lentamente fue recorriendo con la punta de los dedos el perfil del durmiente, marcando sus cejas, sus pómulos, la línea de la nariz, el mentón y sus labios. Se incorporó ligeramente, cerró los ojos y posó su boca sobre la de él, dejándole un liviano y profundo beso.
Al incorporarse, levantó la vista y aunque todo estaba en penumbra, adivinó entre las luces y sombras de la hoguera, la figura de Venus recortada contra la pared, con la mirada fija en ellos. Virgo inclinó la cabeza y sonrió.
A la mañana siguiente, al despertar, Venus se había marchado. Dejó una nota de aviso, al parecer una llamada urgente al amanecer la obligaba a regresar antes de tiempo.
El resto del grupo disfrutó del último día del fin de semana, entre buena comida, bebida y conversación. Júpiter llevó al homenajeado al aeropuerto, junto a su hermano, mientras que Virgo iba en el coche de otros amigos con los que regresaría a Madrid.
Fue el verano del 2005, desde entonces, los tres juntos no han vuelto a coincidir jamás.
Ese fin de semana iban a celebrar una reunión especial, uno de los amigos de siempre iba a marcharse al extranjero durante unos cuantos meses.Los diez llegaron en cuatro coches, por suerte esta vez ninguno se había perdido y habían sido puntuales. Descargaron los víveres entre todos, compuestos es su mayoría por gran cantidad de bebidas alcohólicas, y recorrieron la casa de cabo a rabo. Una casita de campo con una gran sala central con chimenea y todo.
Dejaron el equipaje y se repartieron los baños, había habitaciones de sobra para cada uno, por lo que decidieron que cada cual eligiera la que deseara cuando quisiera retirarse a dormir.
Las horas previas a la cena transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos; cuando los estómagos ya estaban hartos de ingerir líquido, nombraron por unanimidad a las dos personas del grupo que más se divertían cocinando para que prepararan la cena: a Júpiter y a Venus. A cambio el resto prepararían la sala par a la cena y recogerían los restos al día siguiente.
Júpiter y Venus se dirigieron a la cocina, con una botellita de vino y con la música de fondo que se oía en toda la casa. A todos les habían parecido siempre la pareja ideal, aunque nunca se había dado el caso de que llegaran a serlo; salvo tontear en las fiestas, miraditas y bromas en clase y más de un encuentro para dar celos a las diversas parejas de uno y otra. Una fórmula explosiva que nunca se había mezclado en un matraz.
Después de beber la mitad de la botella, cantar a dúo a voz en grito cada canción y bailar sin parar mientras se cocía la pasta, decidieron tomarse un respiro y sentarse un rato. Júpiter comenzó la conversación preguntándole por la última pareja conocida de Venus, un profesor de universidad con aire de condescendencia hacia ella y los demás al que él personalmente no podía ni ver.
- Eso ya es historia Júpiter. Nunca estuvimos juntos, sólo nos lo pasábamos bien y hablábamos del sexo de los ángeles.
- Más o menos como nosotros entonces ¿no?
- No Júpiter, no como nosotros.
Venus se levantó y se dirigió al frigorífico industrial para sacar un trozo de queso para la salsa. Al girarse y cerrar la puerta tras ella se encontró de bruces con Júpiter pegado a su cuerpo.
- Pues debería...
Sin darle tiempo a contestar acercó sus labios a los de ella y comenzó a besarla, dulce y suavemente. Cuando se separaron, él le apartó uno de los mechones de la cara, ella le sonrió con ese gesto pícaro y resabiado que conocía tan bien y se dirigió lentamente hacia la mesa. Venus sirvió otras dos copas más de vino y continuaron hablando de la sexualidad celestial, sin referirse en absoluto a su forma más terrenal.
Finalizada la cena, se reunieron con el resto en la sala y aguantaron las bromas del gracioso de turno. Venus tomo asiento al lado de una de sus mejores amigas, Virgo.
Entre todos dieron buena cuenta de todos los platos y finiquitadas las viandas, las copas de sobremesa eran de rigor. No recuerdo muy bien quién fue el que comenzó a hablar de las relaciones personales y de lo importante que pueden a llegar a ser ciertas demostraciones, como por ejemplo un beso. Para una de las chicas eso era una de las cosas más personales que puede darse entre dos personas.
Venus, a la que estas cosas le hacían mucha gracia, comenzó a rebatir la historia, explicando que la percepción de un beso dependía tanto de quién lo daba como de quién lo recibía. Alguien puede dar un beso a alguien y quizá no signifique nada, o un simple beso que parece tratarse de una broma puede ser todo un mundo.
Pronto se elevaron voces solicitando una demostración, y Júpiter esperando ser elegido, esperaba la contestación. Venus sin inmutarse, cogió la mano de Virgo, y después de mirar seriamente a Júpiter por un segundo, se volvió hacia ella y la beso en la boca. El beso inesperado se prolongó durante unos segundos en los que Júpiter no pudo sino esbozar una sonrisa, pensando:
-¿Quién de las dos da el beso? ¿Y le será devuelto?...
Después de ver que todo era una inocente prueba, continuó la velada, con intereses cruzados. Júpiter no quitaba ojo a Venus y ella a su vez, concentraba toda su atención en la conversación de Virgo.
Antes del alba, el cansancio, la comida y la bebida habían hecho estragos en nuestros invitados, tanto que el grupo había sucumbido en brazos de Morfeo en la sala común a la luz de la chimenea.
Virgo se despertó y sin hacer ruido, buscó a los otros nueve ubicándoles por en la sala. Intentando no despertarles, se envolvió en una de las mantas y se acercó sigilosamente al sofá donde descansaba Júpiter.
Ella se arrebujó a su costado sin rozarle siquiera pero con medio torso sobre el de él, tan cerca que podía sentir su aliento en la mejilla. Despacio, conteniendo la respiración, deslizó la mano sobre el pelo de Júpiter acariciando los mechones despeinados que caían sobre el reposabrazos. Lentamente fue recorriendo con la punta de los dedos el perfil del durmiente, marcando sus cejas, sus pómulos, la línea de la nariz, el mentón y sus labios. Se incorporó ligeramente, cerró los ojos y posó su boca sobre la de él, dejándole un liviano y profundo beso.
Al incorporarse, levantó la vista y aunque todo estaba en penumbra, adivinó entre las luces y sombras de la hoguera, la figura de Venus recortada contra la pared, con la mirada fija en ellos. Virgo inclinó la cabeza y sonrió.
A la mañana siguiente, al despertar, Venus se había marchado. Dejó una nota de aviso, al parecer una llamada urgente al amanecer la obligaba a regresar antes de tiempo.
El resto del grupo disfrutó del último día del fin de semana, entre buena comida, bebida y conversación. Júpiter llevó al homenajeado al aeropuerto, junto a su hermano, mientras que Virgo iba en el coche de otros amigos con los que regresaría a Madrid.
Fue el verano del 2005, desde entonces, los tres juntos no han vuelto a coincidir jamás.
Comentario:
Adan, los límites los ponemos nosotros mismos. Lo que no hacemos que ocurra, a veces, no ocurrirá.
Un beso.
almena, ¡quién sabe! ¿verdad? bsts!!
mhi, las fotos de este autor me fascinan, es de Robert Doisneau, uno de los genios de la imagen (para mi). Bsos!
Acéfalo, en encanta que te encante... jejeje. ¡¡Y yo no estoy colgada!! (todavía). De todas formas, ya sabes que dicen que los astros son caprichosos. Un abrazo de oso!
Un beso.
almena, ¡quién sabe! ¿verdad? bsts!!
mhi, las fotos de este autor me fascinan, es de Robert Doisneau, uno de los genios de la imagen (para mi). Bsos!
Acéfalo, en encanta que te encante... jejeje. ¡¡Y yo no estoy colgada!! (todavía). De todas formas, ya sabes que dicen que los astros son caprichosos. Un abrazo de oso!
Comentario:
Simplemente me encanta.
Si es que algunos estamos más colgaos que los mismos "astros". Pobrecitos, tan solitarios allá arriba, a merced de la inercia del séptimo día...¡Como para tener memoria, encima!
Muasssssssss.
P.D. Siempre fue una terapia estupenda intentar humanizar, fabulando, las...¿casualidades de la vida?
Repito, me encanta.
Si es que algunos estamos más colgaos que los mismos "astros". Pobrecitos, tan solitarios allá arriba, a merced de la inercia del séptimo día...¡Como para tener memoria, encima!
Muasssssssss.
P.D. Siempre fue una terapia estupenda intentar humanizar, fabulando, las...¿casualidades de la vida?
Repito, me encanta.
Comentario:
... seguro coinciden en otro momento, es cosa de los astros, las estrellas y el azar...
Me gusta la foto del beso, hace poco tambien la colge en un post!
bicos!
Me gusta la foto del beso, hace poco tambien la colge en un post!
bicos!
Comentario:
quizá mañana con los astros...?? :-)
Qué bien relatado, Hell. Me ha gustado. Mucho.
Besos!
Qué bien relatado, Hell. Me ha gustado. Mucho.
Besos!
Comentario:
Por lo que veo se traspasaron varios limites establecidos por lo cotidiano...Lo envidio y me "nostalgilizo" al recordar algunas fronteras invisibles que nunca cruce...





