Piérdete

No sabía qué podía hacer. Inflar un globo durante horas para que luego te explote en la cara y te llene de plumas. Lógicamente no le hacía ninguna gracia. Había vuelto a cometer el mismo error, como de costumbre y ahora, como de costumbre, estaba sentada delante del taburete de mimbre sin saber qué hacer.
Podía bajar y correr tan deprisa como pudiese hasta que se le parase el corazón del esfuerzo. Podía. Podía coger un bol y meter harina con leche, maíz y perejil. Podía. Podía coger todas las chinchetas del bote y pincharlas en la pared formando una línea intermitente. Podía. Lo que no podía era pensar en otra cosa más interesante.
Se aburría un poco. ¿Dónde estaban las tijeras? A saber, la habitación estaba hecha una verdadera mierda. Mandaba el mensaje en una botella, sin saber si llegaría a alguien nunca. Tenía las uñas un poco azules y una mala leche insuperable. Agujereó la tela con odio, como si de un tiesto horrible se tratara. Odiaba el olor de su compañera de mesa de cuando tenía 10 años, qué asco de tía...hacía mucho que no olía algo así, se preguntó si se acordaría aún. Tendría que cruzársela en el parque del 5% algun madrugada de estas.
La caja de chichetas estaba a rebosar, las puntas miraban amenazantes.
Etiquetas: maiz
Comienzo borroso
Acabo de tragarme un película de 4 horas. Odio cuando una película me gusta tanto que me absorbe por completo porque cuando acabo de verla me quedo...no sé cómo llamarlo. Con ganas de más y sin saber muy bien qué hacer. Me cuesta volver al mundo “real”, yo ya me había metido en otro. Y en realidad muchas veces desearía poder quedarme en ese otro mundo.
Estoy pensativa, aparte de resacosa. Hoy empieza el año y aquí estoy yo, imaginando que vivo en otra época, soñando con romances de cuento.
No paran de sonar canciones lentas en inglés, muy acordes con mi estado de ánimo la verdad. Ahora mismo suena una que me recuerda a andar por la nubes.
Me encantan estos momentos, no sé por qué digo que los odio. En realidad son estos momentos, en los que no piensas en nada en concreto, cuando toda tu cabeza está flotando en una “mousse” de sensaciones que no intentas explicar...
Simplemente van pasando, sonríes, te viene una imagen a la mente, se la lleva una frase, bailas en tu interior, te tocas el pelo, dejas de escribir, te tumbas. Y todo en silencio, si dices algo se rompe el encanto. La soledad y el silencio (aparte de la música) son clave, si no no sería lo mismo. Aunque a veces basta con imaginártelos.
La verdad, no he hecho ninguna promesa para este año. Luego nunca las cumplo así que a lo mejor si no las hago acabo cumpliendo algunas de las que haría sin darme cuenta. Pero no, ahora no pienso en este año, no pienso en nada temporal. Solo se me ocurren cosas difusas, cosas que no tienen mucho que ver con nada, pero que a la vez tienen que ver con todo.
Tengo ganas de cantar. Pero de hacerlo en un escenario oscuro, sin nadie que pueda escucharme. Cerrar los ojos e imaginar que estoy en algún lugar remoto...
Así empieza mi año, un poco sin saber cómo.
Estoy pensativa, aparte de resacosa. Hoy empieza el año y aquí estoy yo, imaginando que vivo en otra época, soñando con romances de cuento.
No paran de sonar canciones lentas en inglés, muy acordes con mi estado de ánimo la verdad. Ahora mismo suena una que me recuerda a andar por la nubes.
Me encantan estos momentos, no sé por qué digo que los odio. En realidad son estos momentos, en los que no piensas en nada en concreto, cuando toda tu cabeza está flotando en una “mousse” de sensaciones que no intentas explicar...
Simplemente van pasando, sonríes, te viene una imagen a la mente, se la lleva una frase, bailas en tu interior, te tocas el pelo, dejas de escribir, te tumbas. Y todo en silencio, si dices algo se rompe el encanto. La soledad y el silencio (aparte de la música) son clave, si no no sería lo mismo. Aunque a veces basta con imaginártelos.
La verdad, no he hecho ninguna promesa para este año. Luego nunca las cumplo así que a lo mejor si no las hago acabo cumpliendo algunas de las que haría sin darme cuenta. Pero no, ahora no pienso en este año, no pienso en nada temporal. Solo se me ocurren cosas difusas, cosas que no tienen mucho que ver con nada, pero que a la vez tienen que ver con todo.
Tengo ganas de cantar. Pero de hacerlo en un escenario oscuro, sin nadie que pueda escucharme. Cerrar los ojos e imaginar que estoy en algún lugar remoto...
Así empieza mi año, un poco sin saber cómo.
Ilusión, euforia, ganas de saltar

Ya está. Me ha atrapado. Estoy absorta en un mundo arquitectónico. Busco edificios en los libros, revistas, sus fotos en internet...y me encanta. Acabo de encontrar de casualidad en una revista el edificio que vimos ayer en clase. Estoy sonriendo. Estoy féliz. Cuando lo he visto me he emocionado. Ahora tendría que saber escribir como Rodro y poder expresar los sentimientos que salen a borbotones y que no sabría contaros. La ilusión me sobrecoge. No sé por qué me ha pasado esto. Pero me encanta. La verdad es que no me va todo lo bien que me gustaría pero ¿y qué? Acabo de descubrir que me gusta mi carrera.
Jajajajajajajajaja
frikis.com

Tengo un problema. Tengo la manía de contarle mi vida a cualquier persona conocida que me encuentre por la calle. Y por conocido no me refiero a ese conocido de toda la vida con el que te llevas más o menos. No, a mi ya me vale con que me suene su cara.
El caso es que hoy le he contado a un grupo de chicos (o ‘tíos’ vamos) detalles de mi existencia que probablemente les han entrado por un oído y les han salido por el otro. Cierto es que entre ellos había uno de estos que llamaré “conocidos míos” con el que por lo menos había hablado antes un par de veces. Es que ha sido verles ahí sentados y de repente me he empezado ha enrollar y a enrollar y quería parar pero seguía hablando y los otros mirándome con cara de “aaah, me interesa mucho esto que me estás contando” y yo que ya no sabía que hacer que me han entrado unos calores repentinos que poco más y me cae el churrete de sudor por la frente..... ¡qué momento de estrés!
Y la verdad es que me he fijado y siempre me pasa lo mismo. Me paso la vida contando cosas, de mí generalmente, pero si no hay nada interesante en mi vida que contar sobre el tema en cuestión enseguida recurro a la vida de amigos, familiares e incluso a la de esos “conocidos míos”. Lo he estado pensando y debe de ser un síndrome de estos raros que hay ahora debido al estrés de la vida moderna. Aunque también podría ser que yo soy así de subnormal y punto.
Cuanto más lo pienso más me doy cuenta de que tengo menos intimidad que una estrella de Hollywood. La diferencia está en que nadie publica mis historias sino que la que las publica soy yo, y que a nadie le interesan ni lo más mínimo...lo más triste es que a veces ni siquiera a mí.
Pero creo haber llegado al meollo de la cuestión, aunque parece que esto no tenga nada que ver. El problema está en que siempre intento desviarme de mis obligaciones.
Sí, sí, seguro que es eso. Porque cuando tengo prisa por llegar a un sitio al que quiero ir pues como si me encuentro con Brad Pitt que ya se puede quedar con las ganas de que charlemos un rato. Pero sin embargo como ya llegue un poco tarde a clase y me encuentre con alguien que incluso me cae mal seguuuuuro que me paro y le cuento que si me he ido de viaje, que si ayer tuve que ir al médico... Es que fijo. Un buen ejemplo sería este mismo instante: aquí estoy contando una vez más mis paranoias muermazo cuando mañana tengo un examen que tengo que aprobar y pasado otro que ni he tocado. Pero es que es inevitable. Yo lo intento, de verdad que lo intento, pero...no puedo. Es superior a mis fuerzas. Una voz en mi interior me dice; “estudia estudia estudia” y voy yo y la mando a freir espárragos y me vengo a hacer lo que no debería de estar haciendo. Pero qué le voy a hacer, ya lo iré superando digo yo...o no.
Para ilustrar esto dejo un dibujo que hice cuando estaba de vacaciones mientras toda mi clase y supongo que todo mi curso estudiaba para un examen (que yo voy a suspender).
P.D.: Ahora si os encontráis algún día conmigo por la calle podéis hacer 2 cosas:
- alejaros tanto como podáis antes de que llegue a veros
- saludarme efusivamente y empezar a soltar paridas antes de que me de tiempo a mí
Yo opto por la segunda, aunque siempre hay términos medios. De todas maneras si veis que empiezo a coger carrerilla me decís que me calle y punto, que no me ofendo, tened en cuenta que seguramente me estéis haciendo un favor.
Puro Movimiento

se mueve el mundo,
qué desmadre,
esto está que arde
Salimos de la burbuja

Salimos de la burbuja. Tanto tiempo esperando este momento y ahora que ha llegado...quisiera que aún faltasen meses, incluso años....
Tengo miedo. Miedo de equivocarme, de perderme, miedo de nunca encontrarme. Tengo miedo de no llegar a ser quien podría haber sido, miedo de quedarme a medias, de que todo me salga mal. Hasta ahora podía decir que la vida era difícil pero en el fondo no sabía si lo era. Y aún no lo sé. El cambio es tan grande, no sé qué esperar. ¿Cómo será mi vida dentro de unos meses? Siempre había sabido responder esa pregunta de alguna manera pero ¿y ahora? No tengo ni idea de dónde estaré, ni con quién, ni si estaré a la altura. Porque ahora mismo pueden pasar tantas cosas, y todas ellas dependen de mí. Ya no depende de mis padres o de cualquier otra persona, ahora mi futuro lo tengo que elegir yo. Y creo que no sé cómo hacerlo. Podría dejarme llevar, probar algo que creyese que me fuese a gustar, pero no puedo. No puedo decidir. ¿por qué tiene que ser tan difícil? Ojalá existiese un leedor de mentes que supiese resolver tus dudas y decirte lo que en el fondo deseas. Me hace gracia, siempre he querido poder tomar mis propias decisiones y ahora que puedo no soy capaz.
¿Y qué hay de mi vida hasta ahora? Siento como si todo lo que hubiese vivido pendiese de un hilo, y que si me descuido tan solo un momento podría llegar a perderlo todo, todo. Los recuerdos me abruman. No quiero que pase el tiempo, pasa demasiado deprisa. A veces solo con mirar una foto me entran ganas de echarme a llorar. Todas las personas con las que has compartido momentos, partes de tu vida, todas aquellas a las que has querido y que puede que no vuelvas a ver jamás. Ojalá pudiese rebobinar y volver a vivir esos momentos especiales en los que reí, lloré, viví. Ojalá pudiese estar rodeada de toda la gente a la que aprecio, que nunca se marchasen. Nuestros caminos se cruzan pero luego siguen su propio rumbo. ¿Y qué será de aquel chico de clase? ¿Y dónde estará la que fue mi mejor amiga? Parece mentira que exista el olvido, la indiferencia, que llegue el día en que no sepas nada de alguien que en su día fue tan importante para ti. Ir encontrando nuevas caras, nuevos ambientes, y dejar atrás el pasado. Pasar por la vida como pasajeros que no pueden volver al lugar de dónde salieron.
Yo no quiero dejar atrás mi vida. Pero sé que no puedo hacer nada para evitarlo. Lo único que sí puedo hacer es vivir, y vivir “dándolo todo”, que es lo que pretendo. Porque lo que no haré será olvidar, y cuando mire hacia atrás pienso tener una sonrisa de oreja a oreja.
El ascensor

- ¿Sube?
- Sí.
- Usted primero.
- Gracias.
Buscando, buscando
- Si le estás buscando ya se ha ido.
Me quedé mirándola perpleja. ¿Qué? ¿Cómo que se había ido? Estaba indignada, mira que irse sin avisar siquiera.... Me recompuse y salí del portal dispuesta a encontrarlo yo sola. Caminaba con paso decidido y la cabeza erguida. Muy bien, ya me las apañaría yo sola. Hm.
Le había llamado esa misma mañana para concretar la hora a la que me pasaría a buscarle. Era imposible que se hubiese olvidado de que pretendía ir con él. Qué ingenuo, pensaba que si llegaba y ya se había marchado decidiría no ir a buscarle por mi cuenta. Pues estaba equivocado, eso era precisamente lo que me disponía a hacer.
Después de quince minutos me puse a mirar alrededor preguntándome dónde estaba, pero nunca aminorando la marcha. Lo cierto es que nunca había estado en este extremo de la ciudad. Pero eso era irrelevante, tenía que llegar como fuese y me daba igual el tiempo que tardase ni las veces que me perdiese, lo único que me importaba en esos momentos era llegar.
Las calles se fueron haciendo cada vez más estrechas, la gente cada vez más escasa. Oí un ruido detrás de mí y me giré, pero solo encontré un gato negro que se lamía mimoso en medio de la acera. No quería admitirlo pero poco a poco me estaba poniendo nerviosa. Además empezaba a desear haber traído un calzado más cómodo pues los tacones me estaban matando, pero ni por esas me senté a descansar un segundo. Saqué los guantes pues sentía las manos frías y seguí andando con la mirada al frente.
Ya debía de llevar por lo menos una hora dando vueltas intentando encontrar mi destino pero aunque era consciente de que en el fondo no sabía muy bien dónde me encontraba me negaba a darme por vencida. Tarde o temprano reconocería el lugar, era imposible que se lo hubiese tragado la tierra.
Las nubes se habían apoderado del poco azul que quedaba en el cielo y estaban tomando un color grisáceo que amenazaba a chaparrón. Ya no solo eran los tacones de lo que me arrepentía sino de no haber cogido la gabardina. Estaba empezando a hacer un poco de frío y solo llevaba un jersey que, aunque de cuello alto, no era muy acertado para ese tiempo. Pero cómo iba a imaginar que iba a estar caminando sola tanto tiempo...
Empecé a desesperarme pues creía haber pasado por la fachada a mi derecha más de una vez. Estaba perdida. Yo sabía a dónde quería llegar pero ¡no sabía cómo!
Mi paso ya no era tan decidido, tenía los pies doloridos y encima me estaban empezando a temblar las rodillas del frío. Pero yo seguía, no podía soportar el darme por vencida, no había estado recorriéndome esas malditas calles para ahora darme la vuelta como si nada.
Y lo cierto es que no solo era eso sino que, aunque no quería reconocerlo, no tenía ni la más remota idea de cómo volver. No sabía ni qué hora era, me había olvidado el reloj en la mesilla esa mañana....

De pronto sentí algo extraño, era como si mi instinto supiese algo que yo ignoraba. Me decía que retrocediese así que lentamente deshice mis pasos hasta llegar a una pequeña calle que parecía deshabitada.
Y entonces mi mirada se clavó en la casa que estaba justo al fondo de la calle, me resultaba familiar. Saqué la foto del bolso y la miré incrédula. Era la casa que estaba buscando, sin duda alguna. Me quedé observándola un buen rato. Inspiré una bocanada de aire y me dirigí hacia ella.
Me quedé mirándola perpleja. ¿Qué? ¿Cómo que se había ido? Estaba indignada, mira que irse sin avisar siquiera.... Me recompuse y salí del portal dispuesta a encontrarlo yo sola. Caminaba con paso decidido y la cabeza erguida. Muy bien, ya me las apañaría yo sola. Hm.
Le había llamado esa misma mañana para concretar la hora a la que me pasaría a buscarle. Era imposible que se hubiese olvidado de que pretendía ir con él. Qué ingenuo, pensaba que si llegaba y ya se había marchado decidiría no ir a buscarle por mi cuenta. Pues estaba equivocado, eso era precisamente lo que me disponía a hacer.
Después de quince minutos me puse a mirar alrededor preguntándome dónde estaba, pero nunca aminorando la marcha. Lo cierto es que nunca había estado en este extremo de la ciudad. Pero eso era irrelevante, tenía que llegar como fuese y me daba igual el tiempo que tardase ni las veces que me perdiese, lo único que me importaba en esos momentos era llegar.
Las calles se fueron haciendo cada vez más estrechas, la gente cada vez más escasa. Oí un ruido detrás de mí y me giré, pero solo encontré un gato negro que se lamía mimoso en medio de la acera. No quería admitirlo pero poco a poco me estaba poniendo nerviosa. Además empezaba a desear haber traído un calzado más cómodo pues los tacones me estaban matando, pero ni por esas me senté a descansar un segundo. Saqué los guantes pues sentía las manos frías y seguí andando con la mirada al frente.
Ya debía de llevar por lo menos una hora dando vueltas intentando encontrar mi destino pero aunque era consciente de que en el fondo no sabía muy bien dónde me encontraba me negaba a darme por vencida. Tarde o temprano reconocería el lugar, era imposible que se lo hubiese tragado la tierra.
Las nubes se habían apoderado del poco azul que quedaba en el cielo y estaban tomando un color grisáceo que amenazaba a chaparrón. Ya no solo eran los tacones de lo que me arrepentía sino de no haber cogido la gabardina. Estaba empezando a hacer un poco de frío y solo llevaba un jersey que, aunque de cuello alto, no era muy acertado para ese tiempo. Pero cómo iba a imaginar que iba a estar caminando sola tanto tiempo...
Empecé a desesperarme pues creía haber pasado por la fachada a mi derecha más de una vez. Estaba perdida. Yo sabía a dónde quería llegar pero ¡no sabía cómo!
Mi paso ya no era tan decidido, tenía los pies doloridos y encima me estaban empezando a temblar las rodillas del frío. Pero yo seguía, no podía soportar el darme por vencida, no había estado recorriéndome esas malditas calles para ahora darme la vuelta como si nada.
Y lo cierto es que no solo era eso sino que, aunque no quería reconocerlo, no tenía ni la más remota idea de cómo volver. No sabía ni qué hora era, me había olvidado el reloj en la mesilla esa mañana....

De pronto sentí algo extraño, era como si mi instinto supiese algo que yo ignoraba. Me decía que retrocediese así que lentamente deshice mis pasos hasta llegar a una pequeña calle que parecía deshabitada.
Y entonces mi mirada se clavó en la casa que estaba justo al fondo de la calle, me resultaba familiar. Saqué la foto del bolso y la miré incrédula. Era la casa que estaba buscando, sin duda alguna. Me quedé observándola un buen rato. Inspiré una bocanada de aire y me dirigí hacia ella.
¿y si.....?

Me miré al espejo y empecé a pensar.....¿y si esa noche no salía? Estaba cansada, sin ganas, no me apetecía tener que arreglarme deprisa y corriendo para salir y gastarme el dinero en entrar a un sitio que tampoco me motivaba...además que por una noche no me iba a morir, me quedaba en casa viendo una peli y aunque estuviese sola pasaba el rato. En fin....
Tenía la mirada cansada, pero me había dormido la siesta por lo que el sueño no era excusa para quedarme.....¿y si hoy justo van a un sitio nuevo? No sabía, me moría de ganas de tirarme en la cama y pasarme la noche soñando despierta, pero algo dentro de mí me lo impedía....
Seguía con la mirada fija en el espejo.....¿y si luego me arrepiento? No podía pillarlas más tarde porque a saber si las encontraba y ya me estaba viendo vagabundeando yo sola por las calles oscuras llenas de viejos verdes.....No, si iba tenía que ser ya....
Estaba totalmente perdida......¿y si nos encontramos a alguien interesante? Eso ya si que me mataba. Llevábamos cinco noches sin ver a nadie conocido, vamos sin ver a "ese" conocido en concreto....como se le encontrasen hoy y yo no estuviese me daba algo.....
Me había lavado el pelo el día anterior y me gustaba como lo tenía......¿y si hoy al final es una noche de las míticas? Hacía que no montábamos una de las grandes por lo menos un mes y como hoy la armasen y yo me la perdiese y tuviese que esperar otro mes para la siguiente me daría una rabia.....
Tenía las cejas recién depiladas.....¿y si las llamaba a ver dónde estaban?
Cogí un pantalón y la camiseta nueva y me metí en el baño dando un portazo. A los diez minutos salía por la puerta con el abrigo puesto de mala manera y el móvil en la mano.
Y tenía una sonrisa de oreja a oreja porque sabía que esa noche había tomado la decisión correcta.
Jesulín

Un día caluroso del mes de junio nació Jesulín en un hospital del centro. Era un bebé rosado y regordete con ojos curiosos que al ser parido misteriosamente no dijo ni "mu". Ni llantos, ni toses, ni ningún otro sonido. Los médicos y los padres de Jesulín estaban un poco asustados pero el niño estaba completamente sano por lo que no se podían explicar la causa de este fenómeno.
Entonces un día, cuando Jesulín cumplió el año y todos daban ya su caso por perdido, sucedió algo insólito. Debían de ser las cinco de la tarde cuando a la madre del pequeño, Carola, se le ocurrió encender la televisión para matar un poco el tiempo. Estaban retransmitiendo una corrida de toros en la 1 y el ruido atrajo la atención del pequeño Jesulín, que estaba sentadito en el regazo de su madre. Sus ojos se clavaron en la plaza, el toro estaba furioso y al torero no le iban a dar ni una oreja ni el rabo ni nada. De pronto, sin ton ni son, entre "olé" y "olé" Carola oyó a su hijo decir su primera palabra: "mu".
Fue algo asombroso, sorprendente, Carola no se lo creía. Observó a su hijo tan tranquilo, no parecía consciente de haber dicho nada, y como al "mu" no le siguió ningún otro sonido, Carola comenzó a preguntarse si no habría sido todo fruto de su propia imaginación.
Pasó algún tiempo y Jesulín seguía sin decir ni "mu". El niño era el niño más callado que había existido sobre la faz de la tierra. Sus padres decidieron que quizás un cambio de aires le iría bien y así fue como decidieron ir a pasar unos días a Galicia.
Y entonces volvió a suceder. Estaban pasando unos prados muy verdes donde había varias vacas y toros pastando. Jesulín les observaba desde su sillita del coche y sin quererlo ni beberlo dijo de nuevo: "mu". Su madre, que desde que creía haber oído a su hijo decir ya una vez "mu" estaba mucho más al loro, le escuchó y gritó: "Abelardo para el coche!!!" Su marido pegó un frenazo y Carola salió corriendo para ir a abrazar a su pequeño.
Jesulín no era mudo, lo que pasa es que sólo decía "mu".
Acudió a los mejores psicólogos y especialistas pero nada, él solo decía "mu", y únicamente si había un toro delante. En vista de esto sus padres decidieron criarle en una pequeña casita al lado del matadero para que por lo menos desarrollase los músculos de la mandíbula, aunque solo las partes que se usan para pronunciar la "m" y la "u".
A los tres años ya iba a todas las corridas y a los ensayos, a los cuatro le compraron un traje de torero, y a los cinco comenzó a torear a vaquillas.
Era un fenómeno. No le temía ni a los toros más bravos. Cuando nadie le veía se acercaba a ellos y les ponía pegatinas en los cuernos. Estaba claro que el niño iba para torero profesional. A sus padres la idea tampoco les entusiasmaba demasiado pero comprendieron en seguida que oponerse era ir en contra del destino de Jesulín y al final acabaron apoyándole como los que más.
Cuando Jesulín cumplió los diez años, un cazatalentos le fichó y le convirtió en el torero más popular de la región. Superaba a los toreros de toda la vida, no le temía a nada.
Él se plantaba delante del toro y soltaba su famoso "mu". El público le aplaudía y entonces Jesulín realizaba un par de pases maestros, sacaba la espada y zas, el toro fiambre en dos segundos.
Llegó a torear en las grandes ciudades con las plazas abarrotadas de ídolos que se asombraban al observarle torear de aquella manera. Tal fue su éxito que le dieron el capote morado, uno que tuvieron que inventar específicamente para él porque una figura tan grande no podía ser vista con el rojo de todos los toreros de poca monta.
En conclusión, llegó a ser la persona más famosa del país, adorado y admirados por todos.
Qué crak.
El saltar de mis amigas

- Las conoces?
- Sí, son amigas mías.
- Tienen pinta de majas.
- Y es que lo son.
- Cómo de majas?
- Mucho.
- Cuánto.
- Un montón.
- Tanto?
- Sí.
- Yo una vez tuve una amiga que saltaba pero no tanto.
- Normal.
- Pero además de saltar hacía el pino.
- Sí?
- Y a veces con una mano.
- Y no se hacía daño?
- Sí pero se aguantaba porque molaba, como tus amigas.
- Pero mis amigas molan aunque no salten.
- Entonces por qué saltan?
- Porque así se lo pasan bien ellas.
- Sí?
- Sí, y mazo además.
- Pues a mi saltar no me va.
- A mí depende.
- Es que si estás mucho tiempo cansa.
- Ya.
18

Sometimes I get discouraged because I'm so small
and always leave my fingerprints on furniture and walls.
But every day I'm growing, I'll be grown up some day, and all those tiny prints will surely fade away.
So here's a final handprint, just so you can recall, exactly how my fingers looked when I was very small.
In the memory of Almudena and Yolanda.
Kenizé

A cuadros

Greguerías

Gertru comió tanto arroz que aprendió a hablar el chino.





