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Noticias de prensa recogidas por la Agencia JAI
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La Agencia JAI junto con sus informaciones propias ofrece diariamente una amoplia selección de prensa sobre noticias referidas a la religión, la Iglesia Católica, la pastoral juvenil y el tiempo libre
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La crisis de la unidad

El Diurnal de JAI
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Se habla estos días de una cierta crisis en la Iglesia española y entre sus obispos con motivo de la convocatoria de una plenaria extraordinaria en la que, según lo anunciado, se va a tratar el tema de la unidad de España y se espera la publicación de un documento al respecto. Yo, como tantas otras veces, pienso que es más el ruido que las nueces, que es prematuro hablar de crisis y que cifrarla ya como cisma supondría que los obispos han perdido un norte que espero sepan mantener.
A la hora de defender la unidad de España, tal y como se refleja en la Constitución, no creo que sean muchos los obispos que disientan de esta idea y, mucho menos, que no crean en la citada unidad. Lo que si me creo más es el desacuerdo en la oportunidad de esta plenaria y mucho más en la elaboración de un documento sobre el tema.
Oportunidad porque celebrar la misma cuando se acaba de aprobar el estatuto catalán y muchas autonomías preparan la revisión de los suyos puede ser visto, como tantas otras veces se les acusó, como un intento de entrar en el debate político-social o cómo una forma de hacerse presentes en un debate en el que, en un principio, no estaban llamados a participar.
Aunque para la Iglesia nada de lo que afecta al ser humano puede escapar de su “hacer presente” en cualquier situación la palabra salvadora de Jesucristo y la verdad del evangelio, quien no lo entiende así puede ver sólo en ellas un oportunismo o unas ganas de adquirir un protagonismo al que no estaba llamada.
Ese es, si en realidad existe, el único punto de disenso que pueden tener en cuanto al tema de la unidad de España: la oportunidad de tratar el tema ahora. Porque, me imagino, que nadie espera que un obispo diga que no cree en ella, que no existe o que no es ningún valor a mantener. Eso, en mi modesta opinión, no lo diría ninguno con dos dedos de frente.
Por donde si pueden apuntar los tiros es en aconsejar que todos los procesos de renovación de los estatutos no se conviertan en un proceso de disgregación, que cuiden de que no fomente el enfrentamiento social y político y que todo ello se realice de una forma constructiva.
Sea lo que sea en los próximos días se verá pero lo que si llama la atención es el interés mediático que cualquier movimiento de los obispos despierta, ya sean las palabras de Cañizares o Rouco, los que más se suelen manifestar, como las reuniones de funcionamiento, habituales o extraordinarias, de la Conferencia Episcopal. Los medios están muy atentos a lo que hacen y dicen los obispos y por ello un tema como el que van a tratar estos días y la elaboración de un documento sobre el mismo se vuelve algo delicado y muy poco caprichoso. Que el Espíritu les ilumine y hagan, exactamente, aquello que deben de hacer.

“Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda;
La paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada la falta:
sólo Dios basta”.
(Himno)

 
Un «tifoso» junto al Papa
La Nueva España

JAVIER MORÁN
Dicen las crónicas que un prominente purpurado de la Iglesia católica sigue con tremenda pasión los destinos de la selección italiana en este Mundial en el que por ahora golean Alemania, Argentina y España.

El «tifoso» con fajín y birreta colorada es un natural de la provincia de Turín, que adora la Juve -proveedora habitual de «la squadra azzurra»-, y cuyo nombre circula con intensidad desde hace semanas por la Santa Sede. Es más, ayer mismo, mientras Italia se enfrentaba a EE UU, ya corría la noticia de que era el nuevo secretario de Estado del Vaticano, es decir, el segundo hombre de la piramidal estructura católica.

Se trata del cardenal Tarcisio Bertone, de 71 años, arzobispo de Génova y miembro de la Sociedad de San Francisco de Sales (Salesianos), fundada precisamente en Turín por San Juan Bosco.

Si Benedicto XVI lo ha elegido como su segundo habrá sido por tratarse de un viejo conocido que desde 1995 a 2002 fue secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo la prefectura de Ratzinger. Antes había sido profesor de Teología Moral y Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Salesiana, de la que también fue rector.

En la Doctrina de la Fe Bertone realizó algunas misiones especiales que vendrían a tocar una vez por siglo o milenio. Por ejemplo, fue el encargado de publicar el tercer secreto de Fátima, tras verificarlo una vez más con la hermana Lucía. La misión podía parecer sencilla, acaso espectacular, pero tenía su intríngulis desde el momento en que el departamento de Ratzinger desveló el misterio al tiempo que acotaba firmemente el alcance de las revelaciones privadas, ya que en torno a la Virgen Fátima se habían producido situaciones casi heréticas.

Otra misión delicada de Bertone fue la de reconducir al obispo y exorcista Emmanuel Milingo a la senda recta, después de que este personaje se apasionara por una acupuntora de la secta Moon y se casara con ella. Milingo acabó de rodillas, en Castelgandolfo, ante Juan Pablo II, moqueando y arrepentido.

En un plano menos ostensible Bertone participó en la producción de trascendentales documentos de la Santa Sede. Por ejemplo, la declaración «Dominus lesus», o confirmación actualizada de que «extra ecclesia, nulla salus», es decir, sólo el Jesucristo que predica el Catolicismo conduce a la salvación, y muy por encima de otras iglesias, religiones, creencias. Esto produjo gran barullo y algunos dieron por muerto el diálogo ecuménico.

También elaboró Bertone el Reglamento para el Examen de la Doctrina o procedimiento que la Doctrina de la Fe sigue cuando da tirones de orejas. Al colaborador de Ratzinger le tocó también redactar la normativa sobre delitos muy graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe, tarea que asumió este dicasterio por orden de Juan Pablo II cuando empezaron a circular las noticias sobre escándalos de pedofilia sacerdotal.
En los últimos tiempos, ya en su sede genovesa, Bertone procuró descodificar «El Código Da Vinci» mediante conferencias, mesas redondas y otros actos de gran eco mundial, aunque Brown seguía vendiendo libros a millones.
Sobrio, discreto, eficiente, Bertone encaja en el «estilo Benedicto XVI», un estilo que empezó a vislumbrarse con el nombramiento del arzobispo William Levada -ahora cardenal- como prefecto de la Doctrina de la Fe.

A todo esto, se retira el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado desde 1990, con 78 años a sus anchas espaldas. Durante los últimos años, según los mentideros vaticanos, gobernó la Iglesia al 50 por ciento, siendo la otra mitad cosa del secretario de Juan Pablo II, Stanislao Dziwisz. A los más íntimos les confesó su esperanza de llegar a los 80 en el cargo.

El nombramiento de un secretario de Estado no es cualquier nombramiento. Examínense los numerosos casos en los que un Pontífice ocupó tal cargo años antes de ser elegido Papa. Pío XII y Pablo VI, mismamente.


 
La huella avilesina del obispo de Guayaquil
La Nueva España

Aníbal Nieto, el asturiano nombrado prelado auxiliar de una archidiócesis de Ecuador por Benedicto XVI, repasa emocionado sus vivencias infantiles en Villalegre y Llaranes

Amaya P. GIÓN
Aníbal Nieto cuelga el teléfono, entorna los ojos y, de pronto, le parece que en su despacho de Guayaquil (Ecuador), a casi 9.000 kilómetros de Avilés, escucha las olas acariciando la playa de San Balandrán, las atracciones de Las Meanas en fiestas y el repicar de las campanas de la iglesia de Villalegre. Y casi quisiera volver al campo de La Carbonilla a darle patadas al balón con aquel «guaje» de los Salesianos llamado Enrique Castro, Quini.
Nieto, el avilesino de 57 años que el próximo 22 de julio será investido como obispo auxiliar de la archidiócesis ecuatoriana de Guayaquil, no puede evitar emocionarse al recordar el Avilés de hace medio siglo, aquel en el que vivía y que lleva grabado a fuego en su corazón. «Como puede comprender, brotaron algunas lágrimas», reconoce al releer sus primeras declaraciones a este diario, después de conocerse su nombramiento.

La infancia de Aníbal Nieto es, también, la de otros muchos; la de tantos niños que dejaron su tierra natal para acompañar a sus padres en la aventura por hallar un horizonte próspero atraídos por la floreciente Ensidesa. Los padres del futuro obispo de Guayaquil empaquetaron esperanzas y recuerdos y dejaron atrás Fermosella, en Zamora, para rehacer la vida en el Avilés industrial de mediados del siglo XX, a la sombra de la imponente Fabricona. El misionero carmelita fue uno de aquellos niños «coreanos» y ahora, después de vivir más de treinta años en Ecuador, considera Avilés su otra patria, un lugar de recuerdos imborrables.
«Avilés era una villa muy tranquila», recuerda el futuro obispo. Primero sus padres se asentaron en la localidad corverana de Los Campos y luego se trasladaron a Llaranes y Villalegre. El pequeño Aníbal, el segundo de cuatro hermanos, inicia sus estudios de Primaria en el Colegio Salesiano, en Llaranes. Aníbal y su hermano Abel formaron parte del coro escolar. «Íbamos con los Salesianos a cantar por distintos lugares de Avilés; siempre fui muy aficionado a la música. Entonces el director del colegio era don Agustín, alguien a quien recuerdo muy bien porque era muy recto», relata.

Pero, además de la música, su otra gran pasión era el fútbol. «En los Salesianos fui compañero de Quini, el que luego fue gran jugador del Sporting de Gijón, y de su hermano Jesús Castro, que falleció joven. Jugábamos al fútbol después de las clases en el Colegio Salesiano. Recuerdo perfectamente el campo de Llaranes», cuenta desde Ecuador, «y animaba al Ensidesa cuando estaba en Tercera División, en el que también jugaba aquel jovencísimo Quini».

Ante el Sagrado Corazón de la iglesia de Villalegre decidió hacerse sacerdote

Las estampas avilesinas afloran en la mente del padre Aníbal Nieto, igual que en un viaje a través del tiempo. Muchas de ellas delatan su ya temprana vocación eclesiástica: «Mis padres, Abel y Consuelo, nos llevaban en numerosas ocasiones a la ermita de La Luz, una pequeña capilla desde donde se divisaba todo Avilés y desde la que contemplábamos cómo chorreaba de las famosas chimeneas de Ensidesa el humo que se cernía sobre la villa, arrojando el hollín que la contaminaba». Nieto, al igual que sus compañeros de colegio, asistía a misa todos los domingos y festivos a la iglesia del centro, donde los Padres Salesianos pasaban lista.

Quien en Guayaquil recibía el apelativo cariñoso de «el Padrecito» también acudía con su familia a la iglesia de San Nicolás, que en sus orígenes fue convento de la comunidad franciscana: «Entonces el párroco era don Ángel, que era muy conocido y querido por sus feligreses», cuenta. Pero uno de sus lugares favoritos era la iglesia de los Padres Franciscanos, el edificio avilesino más antiguo conservado (siglos XII y XIII) hasta la fecha: «Veía a los frailes con su hábito de San Francisco y me parecían muy serios. Recuerdo que iba a confesarse mucha gente. Esa placita junto a la iglesia, con la calle que la atraviesa, era muy sobria, con muchos bares. Después de misa paseaba con mis padres y hermanos viendo los escaparates».

Fue precisamente en Avilés donde afloró la vocación religiosa del nuevo prelado de la Iglesia ecuatoriana cuando tan sólo era un niño de unos 8 años. Ocurría, recuerda, frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús de la iglesia de Villalegre. Allí Aníbal Nieto decidió su futuro: convertirse en sacerdote. «Fui monaguillo en esa iglesia. Y, claro, a veces me bebía el vino de la consagración y me encaramaba en el campanario», narra sonriente.

Lleva en el recuerdo a don Fausto, que durante muchos años estuvo al frente de esa parroquia. «Fue un famoso sacerdote bueno y santo que me dio la primera comunión y nos invitaba a los monaguillos a tomar chocolate», relata el hoy obispo.

En aquel Avilés perenne en la memoria su compañero de andanzas y travesuras era su hermano Abel Nieto. Juntos recogían chatarra en los alrededores de las vías del tren. Luego la vendían por un duro e invertían las ganancias en comprar chucherías. También juntos, confiesan ahora, robaban manzanas por los campos de Villalegre. Y recuerda emocionado los paseos con su padre, Abel Nieto, para recoger cangrejos en la playa de San Balandrán.

Con nostalgia Aníbal Nieto narra cómo acompañaba a su padre a la rula para observar las subastas. «Íbamos a menudo a ver cómo se vendía el pescado y me encantaba ver la llegada de los barquitos. Allí comprábamos, ya que por aquel entonces era muy barato, sobre todo el atún y las sardinas», relata.

Los recuerdos ya casi invaden la habitación de Guayaquil. Y el padre Nieto vuelve a ver el Avilés en que corría de niño, hace medio siglo. Y le parece oír el tranvía eléctrico circulando desde Villalegre a La Cámara, tras pasar por todo Rivero. Y vuelven las romerías de Las Meanas, con los populares caballitos y los «carros de choque» en los que tanto se divertía el niño Aníbal. Y el tiempo se hace infinito en los largos paseos de Llaranes a Avilés. Y se encienden las mejillas en la Cabalgata de la víspera de Reyes, en la que el hoy obispo se lanzaba junto a cientos de niños para conseguir el mayor número de caramelos. Y ya es la mañana siguiente, con la ilusión acelerándole el pulso esperando los regalos en la plaza de Llaranes.

A sus 57 años el obispo no olvida su infancia, probablemente muy similar a la de miles de niños que se instalaron en Avilés procedentes de otros puntos de España para hacer su vida en torno a la gran siderúrgica pública. Avilés fue donde encontró su vocación, y ésta le condujo a tierras ecuatorianas que ya siente como suyas y a las que, dice, quiere entregar su vida. Aníbal Nieto sabe que su futuro está en Guayaquil, pero su pasado residirá para siempre en Avilés, mimado en su corazón. Aquí, al otro lado de ese océano salado, igual que las lágrimas que se esfuerza por contener.




 
El grito de los jóvenes
La Nueva España

JOSÉ MARÍA DÍAZ BARDALES
El martes pasado, día de San Antonio, el obispo de Padua decía del santo patrono que fue evangélicamente sensible a las condiciones de vida del pueblo, cercano a los sufrimientos y a los dramas de los hombres y mujeres de su tiempo; pensando en la vida del pueblo se hizo eco del fenómeno de las reuniones juveniles en determinadas plazas o zonas de nuestros pueblos y ciudades, «el movimiento juvenil está lanzando un mensaje que no se puede desatender», más allá de salidas de tono, encontrarse en la plaza expresa el deseo de vivir, la búsqueda de libertad, el deseo de amistad, de ser protagonistas y no un número en las calculadoras del mundo.

Los jóvenes de las plazas y de la noche de botellón constituyen el grito de una generación que no encuentra alimento para saciar su hambre y su sed, que busca de modo espasmódico una plenitud de vida, de amor y de gozo; es una denuncia a la vez que el eficientísimo y el tecnologismo deja de lado la verdad del sentido de la existencia humana y nuestra sociedad informática, que dilata la comunicación virtual, entumece la real e interpersonal. Dice el Obispo: «No podemos no escuchar el grito de estos hermanos nuestros más jóvenes».

¿Qué podemos hacer?, nos preguntamos muchos. Propone el Obispo la pedagogía siempre actual de Emaús, la de la compañía y el camino: estar junto a los jóvenes, escuchar su malestar, sus expectativas y su esperanza, acoger la novedad de vida que llevan dentro, hacerse cargo de sus dramas y de sus sueños; salir al encuentro de estos jóvenes allí donde se dan cita; ponerse a la escucha y, eventualmente, ofrecer alternativas sanas de animación y diversión. Allí junto a ellos salir al encuentro de sus necesidades concretas, acoger, transmitir valores, mostrar un rostro diferente de la comunidad civil y de la Iglesia. Esa pedagogía tiene que llevar a hacernos sus compañeros de viaje y a caminar con ellos. En esta línea nació aquí el admirable movimiento Abierto hasta el Amanecer.

Este signo y grito juvenil interpela a las familias, los centros educativos, las universidades, las parroquias, las sociedades de deportes, etcétera. Este desafío debería provocar una respuesta especial de los jóvenes cristianos, entre los que incluyo a los jóvenes sacerdotes, ellos saben por experiencia que encontrarse con Jesús y su Evangelio puede ser una referencia para la solución de los problemas de los jóvenes.

En el camino de Emaús, Jesús se acercó a los que iban desilusionados por el camino, buscando evasión, les preguntó por el motivo de su tristeza, les habló de valores y les animó a vivirlos; al principio sintieron entusiasmo por sus palabras, pero cuando lo reconocieron, «al partir el pan», todo cambió para ellos.

José María Díaz Bardales es párroco de Nuestra Señora de Fátima, en La Calzada.


 
Nos falta Caridad

El Diurnal de JAI
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Cercana ya la fiesta del Corpus que, tradicionalmente, se suele unir a la Caridad, como todas las fiestas eucarísticas, tenemos que manifestar la enorme falta de la misma que podemos detectar en nuestra sociedad y que puede estar a la base de muchos de los problemas con los que la misma se encuentra en la actualidad.
Hay quien sigue pensando, igual que hace cincuenta años, que la Caridad es solamente ayudar a los más pobres, dar limosna y, a lo sumo, colaborar en alguna obra benéfico-social. Hay también quien toma la Caridad como si esta fuese solamente una ONG o una Asociación de ayuda a los necesitados para lo que se elaboran planes, proyectos y diferentes estructuras de intervención social.
Si negar nada de todo esto hay otra dimensión de la Caridad que con frecuencia se nos suele escapar y es la de todos los días, la que se desprende de nuestras relaciones, la que es, no una acción concreta y puntual sino todo un estilo de vida. Una forma de relacionarnos con los demás donde prima la comprensión, la ternura, la afabilidad en el trato y un enorme esfuerzo por comprendernos mutuamente. Y esa es precisamente, quizás por deber ser la mas común, la Caridad que en medio de la sociedad está mucho más ausente.
No existe Caridad en la política donde bajo grandes brochazos de hipocresía se alcanzan niveles de crispación que parece que hacen que todo tipo de diálogo o de política constructiva sea imposible. Aunque eso sí, una vez que terminan los debates todos son muy amigos y se van de copas juntos. ¿Hipocresía?
Pero tampoco existe Caridad en las pequeñas cosas de cada día. Criticamos sin el menor pudor y aunque calumniemos, mintamos o nos equivoquemos no reconocemos una equivocación así nos maten. Hemos perdido, o al menos algunas generaciones así lo han hecho, el sentido del respeto a los demás y palabras como educación o urbanidad parece que han sido borradas del diccionario de comportamientos habituales en sociedad.
Y no digamos nada si encontramos un error en alguien que podemos convertir en un filón del descrédito o en tema favorito de toda charla de café. Sinceramente nos falta Caridad, al menos nos falta la Caridad que siempre queremos y pedimos para nosotros mismos.
Y la cosa no tiene fácil solución si no es desde el propio convencimiento de la necesidad de mejorar nuestra convivencia. Mientras no sintamos esa necesidad, mientras estemos a gusto en ese modo de convivir no habrá nada que hacer.
Podremos, eso sí, ejercer cualquier otro tipo de caridad, ayudar a los necesitados o colaborar en cualquier tipo de institución que fomente la ayuda social, la solidaridad y la lucha contra la pobreza pero sin esa Caridad de cada día, sin preocuparnos de que nuestro trato hacia los demás sea realmente caritativo, siempre nos faltará algo para vivir la Caridad que Jesús nos enseñó y que, como Iglesia, deberíamos ser también los primeros en practicar aunque por ello muchas veces seamos tratados de ingenuos, bobos o incluso cobardes.
Sea como sea estamos llamados a ser ejemplo de Caridad y eso comienza también por intentar eliminar la crispación de nuestras relaciones con la sociedad e intentar, aunque sea difícil, descubrir lo positivo que muchas de las situaciones que se nos presentan traen consigo.

“Dios quiere que seamos pacíficos y concordes y que habitemos unánimes en su casa, y que perseveremos en nuestra condición de renacidos a una vida nueva, de tal modo que los que somos hijos de Dios permanezcamos en la paz de Dios y los que tenemos un solo espíritu tengamos también un solo pensar y sentir”. (Del tratado de San Cipriano sobre el Padrenuestro)

 
¿Por qué nos quieren tan poco?

El Diurnal de JAI
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Si seguimos atentamente los medios nos es fácil descubrir como últimamente se ha desatado con fuerza una campaña, laicista o como se le quiera denominar, en contra de todo lo que sea la religión y mucho más en concreto la religión católica. Una campaña que va desde contraprogramar la visita del papa a Valencia hasta la de pedir en el parlamento medidas que favorezcan y agilicen la apostasía. Y uno, que no puede ser imparcial ante la Iglesia a la que ama y para la que vive, por más que quiera volverse objetivo no puede dejar de preguntarse el por qué de todo esto, qué mal les hemos hecho que produce que nos quieran tan poco.
Si uno observa el gran servicio que la Iglesia presta, desde diferentes ámbitos, a la sociedad no puede entenderse una razón o una campaña de este tipo salvo que partamos de una equivocación o de toda una movida organizada con fines poco claros y carentes de fiabilidad.
Es fácil caer en la mentira cuando para campañas de este tipo se utilizan argumentos que, de una forma u otra, se han demostrado falsos. Con frecuencia se habla de los privilegios dela Iglesia en la educación o en la financiación. A poco que se desgrane la misma se descubre que de privilegios nada de nada. Se le achaca a la Iglesia el gran pecado de no ceder en sus principios morales y evangélicos ante una malentendida modernidad. Según ellos la Iglesia, para no ser un reducto de intransigencia, tendría que aprobar todo aquello que dentro de la sociedad, aún siendo minoritario, mete mucho ruido. Tendría que decir que sí a los matrimonios homosexuales, al aborto, a la eutanasia... y además decir que sí sin rechistar ni exponer sus argumentos. ¿Dónde está la intransigencia?.
Hay también quien cree que esa falta de afecto a todo lo que se acerque a la Iglesia católica tiene que ver con el pasado, un pasado en el que se le acusa de estar unida al poder y de vivir a costa del régimen franquista. Y ello aunque hayan ya pasado más de treinta años de su desaparición y se lean los acontecimientos de entonces a la luz de hoy, cosa que históricamente parece ser un grave error.
Que la Iglesia comete errores es indudable, por algo es humana, pero por más que le doy vueltas no encuentro argumentos suficientes para ese odio encubierto que hay detrás de todas las campañas y ataques que se le hacen. Ni es merecedora de ellos por todo el servicio que presta a la sociedad ni son justos por los argumentos que para ello utilizan. A veces, incluso, he llegado a pensar que detrás de todas esas manifestaciones contra la Iglesia católica hay mucho más que las iniciativas del grupo, partido político o asociación que las promueve y todo se inscribe en una oscura campaña cuyos verdaderos promotores se esconden detrás de lobbys que mantienen a buen recaudo su identidad.
Y si no que alguien me explique por qué tan solo intentando hacer el bien y ser fieles al evangelio los cristianos somos merecedores de los insultos, mofas y pitorreos que cada vez van en aumento, sin en el mayor reparo, desde muchos medios de comunicación.
La esperanza que de todo ello nos queda es que sabemos que en la persecución injusta purificamos nuestra fidelidad a Cristo y al evangelio y ello hace de nuestra Iglesia un mejor instrumento de salvación.

“Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje”.
(Salmo 18)


 
Cuidado con el morbo

El Diurnal de JAI
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Cuando uno sufre una enfermedad, un percance o una contrariedad en el ritmo habitual de su vida es normal, e incluso de agradecer, que se despierte el interés de las personas más cercanas a uno, de los familiares y de los amigos, por conocer el estado en que uno se encuentra y la evolución del problema surgido. Pero al lado de esta sana y normal preocupación surge otra que de forma artificial se entrelaza con la verdadera y que a veces es difícil de identificar: es la preocupación de los morbosos.
El morboso es aquel que, aún no sintiendo una preocupación o una inquietud sincera por tu estado, necesita saber y conocer todos los pormenores del mismo para estar informado, para poder informar e incluso para poder colgarse la medalla de ser de los que más se preocupan por el afectado por la enfermedad o la situación que te afecta.
El morboso no duda en preguntar a doctores, a médicos, a la propia familia por tu estado porque necesita ir por delante en lo que a la misma se refiere y es capaz de convertir un rumor en un parte médico o lo que un día oyó como broma transformarlo en algo verídico y de auténtica fiabilidad. De la noche a la mañana puedes encontrarte con que dejaste tu entierro organizado o con que tienes todos tus pocos bienes ya distribuidos cuando, en realidad, no hay nada de nada.
Y esto que, aunque algo exagerado, ocurre en las personas y los acontecimientos de escasa relevancia social o mediática debemos de multiplicarlo progresivamente según sea la repercusión social de la persona afectada. Si nosotros, que no somos ningún famoso, podemos encontrarnos con el morbo de la sobrina, del vecino o del conocido del supermercado, a la vuelta de la esquina, ¡¿qué no ocurrirá con los personajes que llenan las revistas y los programas del corazón?!.
Pero hay tenemos que hacer una distinción. Por un lado está el morboso y por otro quien alimenta y hace negocio con el mismo, que son dos cosas muy diferentes. En el morbo está la explicación al gran éxito y lanzamiento de la enorme cantidad de programas de sociedad que nadie ve, que todo el mundo critica pero de los que todos tenemos conocimiento.
Es indudable que estando los medios de comunicación como están que este tipo de programas estén en pantalla y con éxito significa que es porque interesan y se ven. Si además existen buenos comerciantes de morbo que saben extraer el jugo y hacer información donde sólo existe la maledicencia y personajes a los que no les importa vender su vida y su intimidad, sea cierta o no, pues ya tenemos todo el cóctel preparado para producir una explosión de morbosidad.
Pero, no obstante, el morboso es también Hijo de Dios y quien mas o quien menos, lo ha sentido alguna vez y le ha dado una cierta rienda suelta. Lo importante es que, a pesar de que es irremediable su existencia, sepamos tenerlo un poco localizado y controlado.

“Si buscas a dónde has de ir, adhiérete a Cristo, porque él es la verdad a la que deseamos llegar: Mi paladar, repasa la verdad Si buscas dónde has de quedarte, adhiérete a Cristo, porque él es la vida: Quien me alcanza, alcanza la vida y goza del favor del Señor. (Del comentario de Sto. Tomás de Aquino al evangelio de san Juan).
 
20 años de sacerdotes

El Diurnal de JAI
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Hoy, coincidiendo con la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote, seis curas asturianos (cinco en la diócesis) celebran veinte años de sacerdocio, que no son pocos. Tengo el privilegio y el honor de ser uno de ellos. Y no por el número de años ejerciendo el ministerio sino por contar con compañeros de la talla humana y espiritual de aquellos que hoy compartiremos la celebración de tan hermoso día.
Nunca hemos sido cabezas de ratón en las cosas de nuestra diócesis y salvo yo mismo que, acertadamente o no, durante años me he visto dentro de la curia diocesana, ninguno de nosotros ocupo más cargo ni honor que servir a la Iglesia desde las parroquias o el cargo pastoral en la misión diocesana que en su día se nos dio. Pero eso no significa que, salvándome a mi mismo, seamos una de las promociones que con mas cariño han tratado a la Iglesia diocesana, a sus compañeros en el presbiterio y a todo lo que significa la labor del sacerdote en nuestros tiempos de hoy.
Es quizás por la honradez que el grupo respira, por la fidelidad a la propia Iglesia y por el afecto que nos tenemos que nunca hemos crecido ni dentro de los círculos de poder de la Iglesia asturiana que, como en todas, existen aunque no se vean, ni se ha pensado en la mayoría del grupo para cargos de especial relevancia. Aunque cada uno de nosotros sabe que lo más importante es la valoración que de nosotros puede hacer aquellos a quienes nos toca servir, los fieles cristianos de nuestras parroquias y esa, sin duda, es de lo más notable y gratificante.
Con motivo de mi enfermedad el grupo se ha mostrado más unido que nunca y en los días en que estuve hospitalizado no falto alguno de ellos a los pies de mi cama. Todo un signo de lo que como promoción sacerdotal significamos.
Hay ocasiones en las que los propios laicos nos achacan que nos falta afecto, que no nos queremos y que por ello no somos capaces de ponernos de acuerdo en desarrollar una pastoral común. En nuestra promoción nos queremos y compartimos algo que es esencial y que a veces parece que no se nota, el afecto por la Iglesia en la que vivimos. Si alguien nos oyese hablar de las cosas de la diócesis o de la Iglesia se daría cuenta de que detrás de cada una de las valoraciones, de las opiniones que podemos emitir existe un inmenso amor por lo que la Iglesia y el ser sacerdote significa.
Hoy son veinte años los que celebramos con alegría y con mucho cariño. No se cuanto tiempo me dejará Dios disfrutar de amigos de esta categoría pero sea el que sea hacen que la vida que me resta por cumplir y los años de sacerdocio que seguiremos celebrando sean de lo más esperanzador.
Enhorabuena compañeros, y que celebremos muchos años más.

“Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu Hijo único sumo y eterno sacerdote, concede a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus ministerios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido”
 
Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2.011

El Diurnal de JAI
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Se anunciaba ayer en el “muy confidencial” de las páginas del Confidencial Digital: Monseñor Rouco parece que ha confirmado que la JMJ 2.011 va a ser en Madrid.
La noticia exacta, por su brevedad, decía así: “El cardenal arzobispo de Madrid tiene buena sintonía con el Vaticano y con Benedicto XVI. Fruto de esas buenas relaciones, y también de la pujanza de la diócesis madrileña, es que ha logrado de la Santa Sede que la siguiente Jornada Mundial de la Juventud se celebre en Madrid. Tras la convocada en Colonia el año pasado, la próxima, en 2008, tendrá lugar en Sydney (ya está anunciado), y la siguiente será en la capital de España. El adelanto publicado en estas páginas, Rouco lo confirmó este fin de semana, en una reunión que se celebró en el Seminario madrileño.”
Sin duda, si todo ello es así, una buena noticia para la Iglesia en Madrid y para toda la Iglesia española.
Y digo que es buena noticia porque, aunque este tipo de encuentros siempre encuentra sus detractores entre quienes quieren huir de manifestaciones en masa o de concentraciones masivas que consideran poco evangelizadoras, no dejan de ser acontecimientos eclesiales que mueven a miles de jóvenes (cosa que no es tan sencilla ni fácil para nadie má en este mundo) y que tienen una repercusión mundial que no deja de tener una llamada al mundo y a su momento realizada por los más jóvenes.
Pero dejando a un lado el debate sobre la oportunidad o no de este tipo de encuentros o, incluso si se quiere, sobre el tipo de joven que asiste (que no deja de ser muy variado), cosa para la que habrá tiempo a lo largo de todos estos próximos años, no deja de ser muy importante para la Iglesia que alberga el acontecimiento el tener que hacer frente a uno así. Esa Iglesia, como lo fue Toronto, Colonia o antes lo fueron París, Roma, Manila... es la primera en experimentar y recibir los beneficios de un encuentro multitudinario de jóvenes.
Algo que no suele realizarse con frecuencia es acudir a las revisiones que se hacen una vez que este tipo de encuentros finalizan. Las valoraciones que desde todos los ámbitos se realizan no dejan de ser algo muy interesante y resulta que en casi todas las ocasiones la valoración no solo ha sido muy positiva sino que ha supuesto un fuerte impulso para la pastoral juvenil de la Iglesia que alberga el encuentro mundial.
Nuevo y gran motivo para felicitarse por ser Madrid la elegida para el 2.011. Si ello, además del esfuerzo y de todo el trabajo que supone, va a ser un impulso para nuestra pastoral juvenil merece, sin duda la pena, poner el resto en toda su organización.
Y eso que no se puede ocultar que la cara má brillante en este tipo de encuentros masivos siempre se la ha llevado, tanto en organización como en resultados pastorales, el departamento de juventud de la CEAS.
Tan sólo con mirar cómo ha sido la participación de los jóvenes españoles en los últimos encuentros mundiales, con una organización espléndida y unos resultados en cada diócesis que siempre han sido valorados como positivos por sus responsables, y cómo fue el desarrollo y el resultado del encuentro celebrado en Cuatro Vientos no cabe duda de que la Iglesia Española está más que preparada para organizar con brillantez la Jornada Mundial de la Juventud en el año 2.011.
Madrid puede escribir con letras de oro la organización de una nueva Jornada Mundial de la Juventud. Quedan cinco años pero hay que empezar ya a pensar en poner lo mejor de nuestra pastoral juvenil diocesana al servicio de este gran proyecto. Seguro que nos va a beneficiar mucho a todos.

“Cristo es ciertamente sacerdote, pero lo es para nosotros, no pasa s mismo, ya que él. En nombre de todo el género humano, presenta a Padre eterno las aspiraciones y sentimientos religiosos de los hombres.” (De la encíclica Mediátor Dei de Pio XII)

 
Para la paz hace falta un poco de humildad

Para la paz hace falta un poco de humildad
El Diurnal de JAI
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España anda convulsionada en la clase política, por un lado, y entre grupos y movimientos sociales, por otra, con el tema de la paz, el algo el fuego de ETA y la posibilidad, esperada desde hace muchos años, de que por una vez y para siempre el fin de ETA sea una realidad y no una mera farsa o una trampa estratégica como en otras ocasiones lo fue.
El enorme deseo de que llegue la paz definitiva, de que se anuncie la desaparición de ETA, no puede volvernos ciegos. Ni podemos desear aquello que no va a ocurrir: la desaparición al lado de ETA de movimientos, grupos y partidos políticos que la han sustentado en estos años pasados, ni tampoco podemos entregarnos a alcanzar el reinado de la paz otorgando a los terroristas los objetivos que habían buscado alcanzar con su terror. Habríamos perdido entonces la guerra contra el mal y en defensa de la democracia.
Así como hay que reconocer al gobierno del PSOE el buen momento en que ha colocado las cosas, en la parte que le correspondía, para poder comenzar a hablar de esperanza de paz, hay que recordarle que para que esa paz sea efectiva, duradera y se consolide en el tiempo es necesario asumirla con humildad, con la incorporación de la gran mayoría de los ciudadanos a esa esperanza y desde el respeto mas exquisito a quienes han sido victimas directas de los atentados terroristas que a lo largo de todos estos años sembraron de muertos muchas ciudades españolas.
Aunque se puede tildar al PP de aprovechar el momento para plantarse en soledad ante el PSOE y el resto de grupos políticos, con un discurso que puede sonar a “intransigente” y poco apto para negociar la paz, no es menos cierto que acceder, sin más, a ese diálogo deseado por Batasuna y el entorno etarra, sin escuchar humildemente a la víctimas o tratando de consensuar el camino, antes de emprenderlo, con los que siempre han sido los compañeros de viaje, no deja de ser una prepotencia que puede dañar los inicios de la misma esperanza que se desea.
Hay, sin duda, que hablar y escuchar con aquellos que a manos de ETA han perdido a un hijo, a un padre, familiares cercanos y hay, con toda la humildad, la paciencia y la mejor voluntad, que explicarles qué es en realidad lo que se pretende. ¿Significa la llegada de la paz con ETA el fin de la búsqueda de la justicia para los asesinos que aún andan sueltos y en busca y captura?. ¿Significa la apertura de las cárceles a quienes ya cumplen condena?. ¿Pasaran a ser considerados prisioneros políticos en lugar de asesinos?. Esto, a los familiares y a las propias víctimas hay que explicárselo muy bien.
Y algo muy parecido ocurre con el PP. El gobierno de Zapatero debe, casi con la misma humildad, plantear qué es lo que se quiere hacer y las repercusiones que tendrán todas las conversaciones que se desarrollen. ¿Qué tiene el gobierno de España que hacer para que ETA y su entorno acepten desaparecer?. ¿Cuáles son las exigencias?. Y si a ellas no se puede acceder, bien porque sean anticonstitucionales, vayan contra la razón o no sean más que claudicaciones, ¿qué se va a hacer?.
El gobierno ante la posibilidad del final de ETA necesita de una gran mayoría que le respalde. Y no sólo mayoría parlamentaria, que sería legalmente suficiente, sino social. El número de votantes del PP es lo suficientemente amplio para no dejarlo de lado, minusvalorarlo o, simplemente, despreciarlo.
Lo dicho: bien por el gobierno y cómo nos ha situado ante la posibilidad del final de ETA pero el resto hay que hacerlo con más humildad e intentando sumarnos a todos a sus deseos.

“En efecto, la manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras.” (Tratados de san Gregorio Magno sobre el libro de Job)

 
Vivir es más que respirar

El Diurnal de JAI
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La vida es lo más importante que Dios nos da y el tesoro más preciado que poseemos. No es nada absurdo por ello poner en su defensa, y en todas las fases de la misma, lo mejor de nuestros esfuerzos. Y hacerlo, además, en unos tiempos en los que el número de abortos aumenta de forma muy preocupante, siguen existiendo pueblos entre cuyas leyes existe la pena de muerte o el final de la existencia ante la enfermedad irreversible se toma con cierta ligereza, no deja de ser una exigencia propia de la humanización de la sociedad junto con una de las claves fundamentales de la moral cristiana el poner todos los esfuerzos en su defensa. Una defensa, además, que siempre debe de ir acompañada de una reflexión, de una meditación más amplia sobre lo que, en realidad, la vida significa.
Vivir es algo más que respirar y cumplir con una serie de funciones corporales que aseguran la subsistencia. Si nos preguntasen qué en lo más importante de la vida tendríamos ante nosotros todo un elenco de respuestas de lo más variopinto en lo que, sobre todo, intervendría el juicio personal sobre aquellas cosas a las que le damos más importancia.
Para unos lo más importante puede que sea la felicidad, para otros el poder disfrutar de un trabajo estable, lo que antes se decía “sentirse realizado como persona”, el disponer de medios económicos suficientes para vivir sin estrecheces y así muchas cosas más.
Aunque todo eso sea muy importante yo creo que lo más importante de la vida no es sólo lo que podamos hacer de ella sino las personas que la configuran. Las personas con las que te encuentras a lo largo de toda tu historia y que, por un lado, van modelando lo que uno mismo es y, por otro, constituyen la vida propia ya que sin ellos la vida sería otra y muy diferente.
A la hora pues de defender la vida es importante hacerla desde una determinada concepción de la misma. La vida es construir desde los acontecimientos una existencia que nos haga disfrutar de lo que Dios pone en nuestras manos. Y de todo ello, lo más importante de al creación son aquellas personas con las que hacemos y compartimos la vida.
Cuando alguien tiene serias dificultades para encontrar sentido a la vida o a continuar con ella cuando sabe que va a estar marcada por el dolor o el sufrimiento, la pregunta ¿vivir para qué? no puede quedarse sólo con una respuesta prefigurada y modelo estándar. El para qué de la vida de cada uno suele escribirse en tercera persona y suele siempre depender de la necesidad de las personas que nos rodean tienen de nosotros. Nuestra vida adquiere valor siempre en la medida en la que la ponemos en relación con las otras y rompemos en egoísmo de conformarnos con respirar, trabajar, comer y disfrutar los días de descanso.
Hoy nos hemos puesto filosóficos pero no deja de ser un hecho que cada vez hay más personas necesitadas de encontrar sentido a su existencia y , a su vez, van siendo más necesarias personas que ayuden a ello. Al final también vamos a encontrarnos con la gran respuesta: ese poner nuestra vida en relación con los demás no deja de ser una forma de abrirla a Dios que es la desembocadura final de toda nuestra trayectoria vital.

“Que ame a los seres este día,
que a todo trance ame la luz,
que ame mi gozo y mi agonía,
que ame el amor y ame la cruz”
(Himno de Laudes)