PREGUNTAS INDISCRETAS
JAI Confidencial 27/07/05
Por Julio Asterio Fernández López
La publicación de los últimos nombramientos realizados por el Arzobispo, cosa que es una buena práctica, ha cerrado algunos interrogantes pero, de forma instantánea, ha abierto otros que, a modo de pregunta abierta, lanzamos desde estas páginas:
- ¿Quién será el nuevo director de la Casa Sacerdotal?.
- ¿Es cierto que algunos vicarios han pedido ser relevados de sus cargos?
- ¿Podría alguno de ellos pasar a dirigir la Casa Sacerdotal?
- ¿Habrá algunos reajustes en la Curia Diocesana?
- ¿Por qué el director de la Pastoral Universitaria sigue sin ser el capellán de la Universidad?
- ¿Funcionará el año que viene, con un programa sistemático, la Escuela Social o seguirá en stand-bye?
- Se rumorea que el Seminario pensó cobrar un porcentaje sobre beneficios, a parte del alquiler de sus instalaciones, a los diferentes organismos que allí se ubican. Parece que la cosa, un poco extraña, no prospero. ¿Será esto verdad o será mentira?
- ¿Terminarán las conversaciones que algún sacerdote gijonés mantiene con algunos cristianos de pro en el inicio de un grupo de Comunión y Liberación en Asturias?
Las respuestas, si las preguntas no son pura fábula, se resolverán en un par de meses.
COVADONGA RACIONADA
Publicado en Agencia JAI27/07/05
Desde ayer Martes, y desde las diez de la mañana, no se puede acceder a Los Lagos de Covadonga en vehículo particular. Hay que dejarlo aparcado, siempre que se pueda, y hacer uso del transporte público habilitado para el caso. Sobre este nueva normativa tenemos opiniones para todos los gustos. La gran incógnita que con el paso de los días se irá despejando, es si estas restricciones afectarán también a los visitantes del Santuario.
Se había hablado de ello en muchas ocasiones pero desde ayer es una realidad. Para subir a Los Lagos de Covadonga en verano, después de las diez de la mañana, hay que dejar el coche aparcado en alguno de los aparcamientos existentes entre Cangas de Onis y Covadonga, pagar el estacionamientos y subirse, previo pago también, a uno de los autobuses, que cada 15 minutos y con varias paradas, hacen el recorrido hasta el paraje de ensueño de los Lagos.
El precio de los autobuses (6 euros) no parece demasiado caro para una sola persona pero cuando quienes viajan es toda una familia la diferencia con poder acceder con el vehículo propio es bastante notoria para los bolsillos. La experiencia iniciada ayer parece que se ha saldado, al menos en su inauguración, de forma satisfactoria pero habrá que esperar a que el número de visitantes diarios supere los que la capacidad de los autobuses puede transportar. Entonces será el problema.
Lo que parece que está poco estudiado o valorado es el impacto que tal medida va a tener en las visitas al Santuario de Covadonga, visitas que en tiempos turísticos está siempre muy ligada a Los Lagos. O bien se visitaba el Santuario y luego se subía a Los Lagos o se hacía el recorrido inverso. Este circuito parece ahora mas complicado de realizar y habrá que observar si el número de visitantes a la Santina desciende.
Lo que si está mas que asegurado es que estas medidas de restricción y racionamiento de Covadonga no va a paliar el atasco de coches en el Santuario porque, no nos engañemos, 300 plazas de aparcamiento se llenan en una hora. ¿Dónde se van a meter los vehículos restantes?.
El problema ya es viejo y de soluciones se ha hablado muchas veces sin que, por unos u otros, se hayan podido hacer realidad. Y no solo recae esa responsabilidad sobre el Principado o la Iglesia sino también, sobre algunos de los hosteleros de la zona mucho mas preocupados en que los turistas pasen por delante de su establecimiento que por las mejoras objetivas para el real sitio.
Puede ser el momento, ahora que se habla de ascensores, de recordar los remontes de los que en su día hablaba Tielve siendo consejero del gobierno de Marqués o del famoso aparcamiento subterráneo antes desechado y que, a lo mejor, habría que volver a tomar en consideración.
Lo que, aunque sea inevitable, resulta penoso es que algo que es patrimonio natural y religioso de todos tenga que verse sometido a un racionamiento que, cuando menos, resulta fastidioso y, en no pocas ocasiones, quita las ganas de acudir a Covadonga en los meses de verano.
EL ARTE DE NOMBRAR
Publicado por Agencia JAI
Julio Asterio Fernández López
Acaba de ser publicada la primera tanda de nombramientos de párrocos, coadjutores y canónigos de este verano y, como casi en todo, habrá quien los apruebe, quien los critique y, como no, quien reaccione ante ellos con absoluta indiferencia.
Suelen contar los obispos, a modo de anécdota graciosa, un diálogo producido entre dos de ellos hace años cuando uno pregunta a otro: “ ¿cómo haces los nombramientos? “ Y el otro responde, “mal, como todos”. Una anécdota que no deja de poner en evidencia algo que muchas veces se olvida: la dificultad para acertar en la persona idónea para una parroquia u otro cargo pastoral.
Al parecer el arte de realizar nombramientos estriba en dominar, al menos, dos habilidades: conocer la realidad de la parroquia o el cargo vacantes y conocer las cualidades, virtudes y posibles defectos del sacerdote a nombrar. Y ambas cosas, ya de por sí, son un arte que aunque ayuda mucho tampoco puede asegurar al cien por cien el acierto en el nombramiento.
A esto hay que añadir la actitud de quien va a recibir ese nombramientos y las circunstancias en las que este se produce ya que la iniciativa del mismo puede partir del Obispo que propone el cambio o el nombramiento o del propio sacerdote que puede solicitar un nuevo por innumerables razones que van desde la propia salud hasta el agotamiento pastoral o, aunque no sea religiosa y políticamente correcto decirlo, por “mejorar” en el escalafón eclesial porque, no nos engañemos, sigue habiendo parroquias buenas, en medios y colaboradores, y parroquias mas empobrecidas en ambas cosas.
Ante los nombramientos recién realizados, y aunque no sea mas que por respeto a las personas, hay poco que decir. El acierto sobre los mismos será el tiempo y las parroquias quienes, de forma irrefutable, lo pondrán de manifiesto. Lo que si parece que se va consolidando es la idea de que “parar” poco en los lugares a donde se es destinado no suele ser considerado una buena señal y, por ello, los nombramientos se hacen con amplias miras de futuro.
Lo que, de ser posible, sería una práctica saludable e instructiva para quien tiene la difícil responsabilidad de “realizar nombramientos” es colocar la lista de aquellos a quienes se ha nombrado, por decisión episcopal o a petición del sacerdote, al lado de otra lista que, por desgracia, suele ser casi invisible: la de aquellos que nunca van a solicitar un nombramiento o un cambio de destino, a no ser por una causa de fuerza mayor y que, en silencio, tan solo esperan a que el Obispo les haga una propuesta que les haga sentirse valorados, estimados y, en definitiva, tomados en consideración por la diócesis a la que sirven sin ambicionar un destino mas elevado que el que desempeñan.
Y digo que sería interesante, si fuera posible, porque no son pocos los que jamás van a manifestar que desean ir destinados a esta o aquella parroquia o que aspiran a tal o cual cargo pero, en cambio, agradecerían que en el Arzobispado alguna vez se acordaran de ellos y les tomarán en consideración cuando alguna parroquia, de las llamadas importante o apetecibles, o algún cargo en la curia quedan libres.
Pero al lado de esto, y conociendo experiencias de traslados que parecían “ascensos”, hay ocasiones en las que cuando se llega a una parroquia importante, de renombre, con medios personales y económicos en abundancia, uno no deja de añorar aquella parroquia de barrio o de pueblo, mucho mas sencilla y empobrecida pero con abundancia de calidad humana y vivencia mas familiar de la fe.
No es extraño tampoco que ante la incertidumbre que supone un cambio de destino pastoral uno piense “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy” porque todo cambio y todo nombramiento supone siempre una cierta aventura tanto para quien la propone, el Obispo, como para quien debe de afrontarla.
Mis mejores deseos para quienes, en esta primera etapa del verano, han recibido un nuevo nombramiento episcopal. Que Dios, que todo lo puede, les ayude en su labor.
Julio Asterio Fernández López
Acaba de ser publicada la primera tanda de nombramientos de párrocos, coadjutores y canónigos de este verano y, como casi en todo, habrá quien los apruebe, quien los critique y, como no, quien reaccione ante ellos con absoluta indiferencia.
Suelen contar los obispos, a modo de anécdota graciosa, un diálogo producido entre dos de ellos hace años cuando uno pregunta a otro: “ ¿cómo haces los nombramientos? “ Y el otro responde, “mal, como todos”. Una anécdota que no deja de poner en evidencia algo que muchas veces se olvida: la dificultad para acertar en la persona idónea para una parroquia u otro cargo pastoral.
Al parecer el arte de realizar nombramientos estriba en dominar, al menos, dos habilidades: conocer la realidad de la parroquia o el cargo vacantes y conocer las cualidades, virtudes y posibles defectos del sacerdote a nombrar. Y ambas cosas, ya de por sí, son un arte que aunque ayuda mucho tampoco puede asegurar al cien por cien el acierto en el nombramiento.
A esto hay que añadir la actitud de quien va a recibir ese nombramientos y las circunstancias en las que este se produce ya que la iniciativa del mismo puede partir del Obispo que propone el cambio o el nombramiento o del propio sacerdote que puede solicitar un nuevo por innumerables razones que van desde la propia salud hasta el agotamiento pastoral o, aunque no sea religiosa y políticamente correcto decirlo, por “mejorar” en el escalafón eclesial porque, no nos engañemos, sigue habiendo parroquias buenas, en medios y colaboradores, y parroquias mas empobrecidas en ambas cosas.
Ante los nombramientos recién realizados, y aunque no sea mas que por respeto a las personas, hay poco que decir. El acierto sobre los mismos será el tiempo y las parroquias quienes, de forma irrefutable, lo pondrán de manifiesto. Lo que si parece que se va consolidando es la idea de que “parar” poco en los lugares a donde se es destinado no suele ser considerado una buena señal y, por ello, los nombramientos se hacen con amplias miras de futuro.
Lo que, de ser posible, sería una práctica saludable e instructiva para quien tiene la difícil responsabilidad de “realizar nombramientos” es colocar la lista de aquellos a quienes se ha nombrado, por decisión episcopal o a petición del sacerdote, al lado de otra lista que, por desgracia, suele ser casi invisible: la de aquellos que nunca van a solicitar un nombramiento o un cambio de destino, a no ser por una causa de fuerza mayor y que, en silencio, tan solo esperan a que el Obispo les haga una propuesta que les haga sentirse valorados, estimados y, en definitiva, tomados en consideración por la diócesis a la que sirven sin ambicionar un destino mas elevado que el que desempeñan.
Y digo que sería interesante, si fuera posible, porque no son pocos los que jamás van a manifestar que desean ir destinados a esta o aquella parroquia o que aspiran a tal o cual cargo pero, en cambio, agradecerían que en el Arzobispado alguna vez se acordaran de ellos y les tomarán en consideración cuando alguna parroquia, de las llamadas importante o apetecibles, o algún cargo en la curia quedan libres.
Pero al lado de esto, y conociendo experiencias de traslados que parecían “ascensos”, hay ocasiones en las que cuando se llega a una parroquia importante, de renombre, con medios personales y económicos en abundancia, uno no deja de añorar aquella parroquia de barrio o de pueblo, mucho mas sencilla y empobrecida pero con abundancia de calidad humana y vivencia mas familiar de la fe.
No es extraño tampoco que ante la incertidumbre que supone un cambio de destino pastoral uno piense “Virgencita, virgencita, que me quede como estoy” porque todo cambio y todo nombramiento supone siempre una cierta aventura tanto para quien la propone, el Obispo, como para quien debe de afrontarla.
Mis mejores deseos para quienes, en esta primera etapa del verano, han recibido un nuevo nombramiento episcopal. Que Dios, que todo lo puede, les ayude en su labor.