Hacer lo que hace la Iglesia

El Diurnal de JAI
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La Iglesia, en su inmensa sabiduría, nos enseña que en el ejercicio del ministerio sacerdotal por encima de nuestra idoneidad, nuestro estado de gracia o nuestras miserias se encuentra, sobre todo para la validez (no confundir lo válido con lo lícito) de los sacramentos que se celebran, la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Esa expresión la encontramos también en el catecismo de la Iglesia Católica en el número 260: “Ordinariamente puede bautizar el obispo, el sacerdote y el Diácono, pero en caso de necesidad puede hacerlo cualquier persona que tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia”. Cuando esto se estudia o se escucha por primera vez uno casi no le da importancia pero a medida que pasan los años y uno se descubre lleno de limitaciones, de pecados y de debilidades, damos gracias a Dios porque eso sea así y porque, en definitiva, su gracia salvadora sea capaz de llevar a buen término aquello ante lo que nosotros somos incapaces.
Podemos encontrarnos con frecuencia con muchos cristianos, sacerdotes y laicos, en los que a pesar de todo lo que se les pueda achacar en su vida personal, en su carácter o en su forma de hacer las cosas hay una clara intención, sincera y noble, aunque a veces se equivoquen, de hacer lo que hace la Iglesia.
Pero el problema está en que, salvando la intención personal, hay veces en que parece que no existe esa intención. Y eso tiene una gravedad especial. Hay cosas en la vida de la Iglesia que pueden ser opinables e incluso discutibles y que están dentro de la pluralidad de carismas y culturas en las que se desarrolla la fe cristiana. Pero cuando uno pone públicamente en tela de juicio la resurrección física de Jesucristo, se refiere a la consagración como ”algo simbólico” o dice que, por ejemplo, que el aborto no es un pecado, uno empieza a sospechar que de intención de hacer lo que hace la Iglesia nada de nada. Y eso, según lo dicho antes, adquiere una gravedad especial porque puede atentar contra la validez de aquello que realicemos y, al final, estaremos traicionando a quienes ponen su fe y su confianza en nuestras manos.
Nuestras experiencias, opiniones y dudas pueden ser muy interesantes pero nunca pueden suplantar en la labor evangelizadora, en la liturgia y en los sacramentos a lo que la Iglesia cree, transmite y celebra. Y estoy convencido de que a la mayoría de los feligreses de nuestras parroquias les interesa mucho más conocer y escuchar lo que la Iglesia dice, enseña y aconseja que lo que un párroco, con toda su buena fe, su sabiduría y su experiencia pueda opinar, intuir y por supuesto escribir.
“Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré mis ojos
en intenciones viles”. (Salmo 100)
La gravedad de las cosas

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En una pequeña columna de “Esta Hora”, la Hoja Diocesana de Asturias, aparece una corrección de una información de la quincena anterior que merece la pena recoger y comentar: “En el número pasado se incluía una información referida a “la misa en las comunidades neocatecumenales” en la que se recogían unas indicaciones de la Santa Sede sobre las celebraciones de la Eucaristía en el Camino neocatecumenal.. El texto informativo afirmaba que “la recepción de las especies (eucarísticas) pasa de mano en mano” cuando la realidad no es así, según puntualiza el Vicario Episcopal José Luis Pascual: “Esto es muy grave, porque nunca se ha realizado así en dichas comunidades. Se da la comunión en la mano, lo cual es muy diferente y práctica habitual en la Iglesia”.
Es posible que la expresión “pasar de mano en mano” no sea del todo ajustada a la realidad y que lo que pasa de mano en mano sea la patena conteniendo las formas. Es posible que ni una cosa ni otra. Quienes asisten y participan de las Eucaristías que celebran las comunidades neocatecumenales sabrán mejor que nadie. Lo que si sorprende es lo de la “gravedad” del asunto. Esté o no la información ajustada o falta de matices lo cierto es que por encontrar podríamos encontrar cosas mucho más graves que esta apreciación ante las que, con frecuencia, nos quedamos indiferentes.
Es grave escandalizar al pueblo de Dios convirtiendo la homilía en una plataforma para proclamar lo que yo pienso o lo que yo opino en lugar de intentar trasmitir lo que dice la Iglesia. Es grave creerme investido por Dios para discernir con soberbia sobre el bien y el mal y juzgar con ligereza a los otros. Es grave silenciar o manipular la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia. Es grave pecar... Pero, la verdad, asombrarnos tanto de esta posible “gravedad” en una información o en un comentario y no hacerlo ante tantas otras cosas que ocurren cerca de nosotros es posible que sea exagerar un poco.
No creo que en las comunidades neocatecumenales se hagan cosas raras y extrañas en la celebración de la Eucaristía. Me imagino, porque nunca he estado en ninguna, que tendrán su estilo, su peculiaridad, como la de darse la paz en el momento del ofertorio, pero no creo que eso les sitúe fuera del espíritu eclesial. Si Benedicto XVI les hace alguna recomendación en cuanto a la liturgia es sólo eso, una recomendación ante algo que deben de cuidar o intentar mejorar. Tampoco hay que exagerar con las recomendaciones, las sugerencias o las indicaciones. Ni es nada grave que el Papa le sugiera cuidar más la liturgia ni tampoco lo es que en lugar de decir que se comulga en la mano, pasando la patena o recibiéndola en la mano se diga que pasa “de mano en mano”. Aunque la expresión, como es natural, siempre se puede mejorar.
A veces la gravedad de las cosas no es tal aunque, en definitiva, en eso tiene mucho que ver cómo nos tomamos los comentarios, de quien vienen, porque no da igual que lo diga uno u otro, y sobre todo, en que momento nos sorprenden. Ojalá que todas las cosas realmente graves en nuestra Iglesia fuesen como esta.
“Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios” (Salmo 134)
Enseñar con autoridad

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“¿Qué es esto?. Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritu inmundos les manda y le obedecen” (Mc 1,27)
Hay quien piensa que la autoridad es dar muchas voces, imponer lo que uno quiere por la fuerza o convencer a los demás mediante la coacción de la necesidad. Pero la autoridad que hoy le reconocen a Jesús en el Evangelio no es la que atemoriza, la que sojuzga las voluntades o la que consigue fidelidades creando dependencias morales o económicas. La autoridad de Jesús es la de quien sana, la de quien devuelve al ser humano la dignidad perdida, la de quien nos hace recuperar la estima de sentirnos hijos amados de Dios.
Toda una enseñanza para la forma en que, con más frecuencia de la habitual, queremos que sea reconocida nuestra “autoridad” en lo que afirmamos o en aquello en lo que creemos que tenemos algo que enseñar.
Algo muy parecido dejo entrever Juan Pablo II cuando nos dejó aquellas hermosas palabras, que todavía son recordadas con mucha frecuencia, en las que nos decía que la fe no se impone sino que se propone. Esa es la autoridad de Jesucristo no el imponer, por el medio que sea y como sea, sino el proponer, el ofertar, el sugerir, el invitar. Es ahí donde nace esa magia especial del susurro de Dios que atrae, que llama, que suscita una respuesta y un seguimiento.
A Jesucristo la autoridad le viene de la fuerza de sus palabras, del convencimiento de estar trasmitiendo la voluntad de Dios, de saberse “hijo amado del Padre”. Cuando para hablar con autoridad o presentar el mensaje de Jesucristo tenemos que recurrir a otro tipo de autoridad basado en potencias mundanas es que nuestro convencimiento flaquea o nuestra fe no es lo bastante fuerte para trasmitir la autoridad que siempre contiene aquello que, aunque sea desde nuestra mediocridad, viene de Dios.
Hace unos pocos días, junto con otros sacerdotes, escuchaba a una esposa y madre de familia hablar de su experiencia matrimonial y de la presencia de Dios en medio de la pareja, de cómo Dios les había acompañado por medio de sacerdotes cercanos y de cómo en sus años de matrimonio habían hecho realidad aquello de “en la riqueza y en la pobreza” o lo de “en la salud y en la enfermedad”. Un testimonio muy emotivo e impresionante sobre por donde deben de ir algunas sugerencias en la pastoral familiar. Pero lo más importante es que fue un testimonio dado “con autoridad”, con esa autoridad de la que hoy hablamos que viene avalada por la sinceridad, la experiencia y la certeza del amor de Dios que lo puede todo y nos hace ser capaces de todo.
En medio del desconcierto existente donde a veces parece que todo da igual o que todo es válido necesitamos personas que, movidas por el Espíritu, también nos hablen con esa autoridad que sugiere, que propone y que, a la vez, es capaz de engancharnos porque nos trasmite el enorme amor que Dios nos tiene. Que Dios no deje nunca que esas personas nos falten.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
“No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras”. (Salmo 94)
¿Qué les hemos hecho?

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Cada dos por tres sale algún gracioso que sintiéndose humorista pretende hacer reír burlándose de los sentimientos o de las creencias de los demás. No hay fiesta de carnaval que se precie en la que no se haga mofa del papa, de obispos y de sacerdotes o incluso del propio Jesucristo. Y lo que es más doloroso, usando para ello ropas talares e incluso litúrgicas que de algún lado tuvieron que salir. En la memoria, y por la trascendencia que tuvieron, están los casos de la obra blasfema “Me cago en...” de Ramírez de Haro o el video de Krahe sobre “cómo cocinar a un Cristo”. A ellos, y según se desprende de lo leído ayer en el semanario ALBA se suma el “humorista” italiano Leo Bassi que desde el teatro Alfil de Madrid ofende, un día tras otro, a muchos cristianos que, sinceramente, no creemos haberle hecho nada para que nos trate de esa forma.
Y no es sólo que aparezca ante el público vestido como Benedicto XVI pidiendo perdón por la Inquisición, las misiones o la postura de la Iglesia sobre el SIDA sino que desde el escenario con un “copón” repleto de preservativos simula consagrarlos para luego repartirlos entre los espectadores. Patético, de mal gusto y, al menos para mí, de muy poca gracia que es lo que, en definitiva, se espera de un humorista. Aunque bien mirado poca cosa se puede esperar de quien en sus primeras apariciones televisivas gozaba lanzando excrementos a un público que no paraba de reírle la supuesta broma.
Pero aunque lo anterior ofende las creencias de cualquiera, aunque uno tenga ya el estómago hecho a estas cosas, la más elemental educación y el respeto a los que ya han muerto debería de bastar para no ofender la memoria de Juan Pablo II imitando como desde su ancianidad, casi moribundo, pudo escribir el libro “Memoria e Identidad”.
Cierto es que los ataques o las burlas de este, a quien en el semanario llaman “bufón”, no sólo atañen a la Iglesia católica. Los testigos de Jehová, los protestantes, el Islam, también se llevan lo suyo y de una forma especial arremete contra pasajes de la Biblia a quien no duda en calificar como “el puto libro”.
El espectáculo finaliza invitando a cubrir formularios de apostasía para abandonar la Iglesia.
Desconozco muchas de las cosas referidas a las leyes pero si estás cosas no son un delito de ofensa a las creencias religiosas de muchas personas andan muy cerca. Y más tarde o más temprano alguien pone las cosas en su lugar llevando burlas gratuitas como estas ante los tribunales.
Lo que sí que me da que pensar es lo que desde la Iglesia hemos podido hacer a Leo Bassi y a tantos otros para que, con la frivolidad que lo hacen y haciendo gala de su derecho a la libertad de expresión, no duden en atacar los sentimientos religiosos de personas que en nada creemos haberles ofendido.
Aunque lo todavía más preocupante es que este tipo de ofensas tengan su público, sus espectadores, porque sabido es que si Leo Bassi, y otros, no tuvieran público no se dedicarían a ofender de la forma en que lo hacen.
“Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida pro sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él” (Sto. Tomás de Aquino, Conferencia 6 sobre el Credo)
Referéndum

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Rajoy, en nombre del PP, ha manifestado su intención de iniciar una recogida de firmas para pedir un referéndum sobre el estatuto catalán y desde el PSOE ya le han dado una respuesta: “es una temeridad, una irresponsabilidad” e incluso algunos han ido mas lejos: “es anticonstitucional”. Ante la controversia conviene recordar el artículo 92,1 de la Constitución que nos dice que “las decisiones políticas de especial trascendencia podrás ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”. Si bien en los apartados posteriores se matiza que es el presidente del gobierno quien lo propone y el rey quien lo convoca un referéndum no es nada disparatado en una democracia. El problema es que en la nuestra nos hemos acostumbrado a que democracia es sinónimo de votar una vez cada cuatro años, delegar en una serie de diputados que legislan y otorgan el gobierno a otros y desentendernos de la cuestión y de lo que signifique participación política en la vida de nuestra nación.
El estatuto catalán me parece, a mí y por lo que leo y escucho a más gente, que entra dentro de lo que en la Constitución se llama “decisión política de especial trascendencia”. Acabe o no con la unidad de España y con la solidaridad entre las diferentes autonomías o abra las puertas a una progresiva marginación de lo español en Cataluña, lo cierto es que, al menos, siembra la inquietud sobre todas estas cuestiones en las que no son sólo los catalanes quienes tienen el derecho a poder opinar porque nos afectan a todos.
La democracia no puede quedar reducida a un voto que emitimos cada cuatro años. Hay cuestiones y decisiones que no hay por qué compartir con el gobierno que un día se eligió y, por ello, resultaría penoso tener que esperar cuatro años para poder remediar la situación. Un partido político, cuando gana las elecciones, recibe una confianza popular pero que en ningún modo significa una patente de corso para poder hacer lo que le venga en gana. Y si ese partido político lo asume así la democracia hace aguas por todas partes.
Cuando se esgrime el apoyo recibido en unas elecciones para justificar la legitimidad de una decisión “de especial trascendencia” hay que tener siempre mucho cuidado porque ese apoyo de ayer puede no ser el de hoy y mucho menos el de mañana.
No se qué estadísticas manejará el PSOE pero oyendo a buena parte de la calle la convocatoria de un referéndum sobre el estatuto de Cataluña es posible que pusiera de manifiesto que el apoyo que el PSOE tiene en esta cuestión en infinitamente menor al que les hizo llegar a la Moncloa.
Creo que a muchos de los españoles nos gustaría, en esta cuestión y en otras que fuesen especialmente trascendentales, poder refrendar con nuestro voto lo que realmente queremos, hayamos votado al partido que en su día hayamos votado. Votar cada cuatro años y quedarnos contemplando lo que unos cuantos diputados hacen con nuestro voto todo ese tiempo es una forma muy pobre de entender la democracia y de dejarnos utilizar.
Muchos ciudadanos, si se convoca un referéndum sobre el estatuto catalán, estaríamos dispuestos a aceptar el resultado que resultara , favorable o contrario a nuestra opinión. Ante el miedo del gobierno y del PSOE a plantear esta cuestión de especial trascendencia en las urnas me temo muy mucho que no tienen esa disponibilidad a aceptar lo que la mayoría dijese. Y eso, guste o no, pone en entredicho las mismas entrañas de los principios democráticos.
“Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aún en este caso, lo único que debe movernos es la caridad y el celo de las almas” (Testamento espiritual de Santa Ángela de Mérici)
El amor de Dios

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Tras la publicación de la primera encíclica de Benedicto XVI el primer asombro es la rapidez con la que ha llegado a todas las paginas de internet que permiten descargarla, la primera la del Vaticano (esperemos que como comentaba de forma espléndida Santiago Riesco en su blog hace poco no nos persiga la justicia por ello), y el segundo asombro, aunque sea más común, por la gran cantidad de comentarios, primeras valoraciones y, sobre todo, alabanzas que ha recogido en la mayoría de la prensa de hoy. Creo que muy poco podría añadir a todo lo que se ha dicho y, sin duda, se va a decir en los próximos días. Quizás tan solo que la encíclica, en lo poco que he leído, merece una atención mas reposada, meditada y contrastada con la experiencia de cada día. Ofrece muchas posibilidades para provocar, desde esa reflexión, muchos frutos espirituales. No obstante el tema y la afirmación “Dios es amor” nos obliga a referirnos a otras realidades en las que, por desgracia, se olvida esta afirmación de fe.
Y me refiero a una noticia que a principios de esta semana nos llegaba del Reino Unido. Al parecer una sentencia del tribunal supremo de ese país ha puesto de manifiesto que una adolescente, menor de edad, no necesita para poder abortar no ya la autorización de sus padres si no ni siquiera ponerlo en su conocimiento.
Algo parece que no cuadra. Si por un lado los padres son los responsables legales de los niños y adolescentes hasta su mayoría de edad, para lo bueno y para lo malo, parece toda una locura que en un tema de la envergadura de un aborto estos, por decisión del menor, puedan quedar totalmente al margen.
Cuando se nos dan cifras como los 85.000 abortos que se producen en España en un año, llega un momento en que tanto nos hemos acostumbrado a ello que daría igual que nos dijesen ochocientos mil u ocho millones.
Cuando leía algunos titulares sobre la encíclica de Benedicto XVI sobre el amor de Dios no pude menor de relacionarla con lo que de forma muy clara parece la manifestación más clara de lo contrario: la muerte de miles de inocentes a quienes no dejamos la mínima posibilidad de existir.
Dejar en manos de una adolescente la decisión de abortar es ya de por si toda una temeridad pero, encima, dar carta de legalidad a que sus padres no tengan por qué enterarse de lo que ha decidido hacer su hija es quebrar el principio de tutela de los menores por sus padres y la autoridad de estos en su educación y formación y, lo más grave, es romper de forma definitiva una de los pilares fundamentales de la sociedad: la familia. ¿A dónde llegaremos por ese camino?
“Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos”.
El “tocado” del obispo

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Hace un par de días y al hilo de la polémica suscitada por las palabras de Don Jose María Gil Tamayo, secretario de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social , al afirmar que la información religiosa estaba en manos de “aficionados”, hubo diversas reacciones de diferentes periodistas dedicados a este tipo de información en defensa, precisamente, de su profesionalidad. Nada que objetar. También en medio de esas opiniones formule la mía en este mismo blog que se podía resumir, de forma breve, diciendo que es posible que al pronunciar esas palabras Gil Tamayo no estuviera pensando en la media docena que desde los grandes medios se ocupan de este tipo de información y tienen acreditada experiencia en ella aunque, y es fácil de comprobar, si nos damos una vuelta por muchas de las redacciones de los diarios españoles sabremos que este tipo de información, como otras, se encomienda a quien le toca y no tiene que presentar para ello una formación especial en materia religiosa. Hoy quiero, partiendo de ese comentario, añadir algo más.
Hace muy poco un gran periodista con muchos años de experiencia y responsabilidades profesionales encima, buena persona y a la vez buen profesional, formulaba tras una Eucaristía presidida por un obispo una pregunta que es significativa: “¿cómo se llama el tocado que lleva el obispo?”. Evidentemente se refería a la mitra pero esa palabra no formaba parte de su argot habitual. Pues ejemplos de esos podríamos encontrarnos muchos. Y es por ahí por donde, sin querer justificar lo dicho, entiendo o comprendo algo de lo manifestado por Gil Tamayo.
Pero el problema de una creciente “incultura” religiosa no es solo cosa de los periodistas, es algo generalizado que en muy buena parte debemos al sistema educativo y a la falsa concepción de que tener una mínima formación en cuestiones tocantes a la religión era ser victimas del adoctrinamiento de cualquier confesión.
Para ser y trabajar la información religiosa de forma profesional no hace falta ser teólogo hay que ser periodista pero lo que no puede faltar, si se quiere ser buen profesional, es un esfuerzo por adquirir una cultura general donde términos y conceptos de aquello que se va a informar no resulten extraños. Y eso vale tanto para la información religiosa como para la medica, la industrial o, sin ir más lejos, la deportiva. Así como resultaría extraño que alguien escribiese que a un determinado jugador tras provocar la caída del rival en el área se le pito corner, lo mismo ocurre cuando se confunde la Misa con la Homilía, el vicario con el arcipreste o la mitra con la tiara.
En unos tiempos en los que se habla con insistencia de la formación integral, de una cultura globalizada o de una educación personalizada no está de más recordar que la cultura religiosa, aunque sea en pequeñas cosas como estas, nunca está de más y que, además, rechazarla o renunciar a ella es, por principio, renegar de todo lo íntegro, global y personalizado que con el sistema educativo queremos conseguir.
“¿Cómo has logrado, Señor,
este cambio nunca visto:
de Saulo, el perseguidor,
en Pablo, heraldo de Cristo?” (Himno de Laudes)
La sabiduría oculta

El Diurnal de JAI
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Hoy el comentario es breve pero creo que merecido y, al menos para mí, interesante. En otro blog compañero de este y pionero en estas páginas, Rumores de Ángeles, se hablaba ayer de diferentes sacerdotes catalanes bajo el epígrafe “Ya no queda ni un hombre de Carles”. Entre ellos se citaba a Joaquim Meseguer, de la diócesis de Terrassa y párroco en Sant Quirze del Vallès como “un diamante en bruto”. Suscribo lo dicho y añado más.
Una de sus últimas obras, si no es la última, lleva por título “La sabiduría oculta”. Tuve la oportunidad de conocer su existencia gracias al foro que administro en internet y que tiene la suerte de contar con sus visitas y alguna participación. Recomendar su lectura es algo obligado y que hará mucho bien a la formación personal y, sobre todo, a la paz espiritual que trasmite en cada una de sus páginas. El libro está editado en BAC popular.
Para abrir boca adelanto un párrafo que desde el momento de su lectura me sirvió mucho para reflexionar...
En diversas ocasiones, la Iglesia ha tenido que manifestar la enseñanza del Evangelio en situaciones socialmente conflictivas, ante las que es preciso hablar y dar orientaciones. No entraré en detalles, pues resultaría una lista larga, pero no pocas veces dichas manifestaciones han provocado desconcierto y desaprobación porque salían del cauce de la moral acomodaticia y de consenso, una ética demasiado laxa, que la sociedad ha ido imponiendo y a la que nos hemos ido acostumbrando insensiblemente, dando por válidos principios y actuaciones que, en buen criterio, son motivo de escándalo y reprobación.
¿Qué ha de hacer la Iglesia: contentar los oídos con palabras suaves para no perder clientela o decir la verdad y educar en el sentido cristiano de la vida?, ¿anunciar el evangelio de Cristo y denunciar lo que daña al hombre o limitarse a decir lo que hoy se considera "politicamente correcto"?. La sociedad tiene que fomentar la tolerancia también cuando se le dice lo que no le gusta oír y se la invita a la conversión, pues la mayor parte de las veces lo "politicamente correcto" es "moralmente corrupto". Todo esto es válido asimismo para cada persona en particular. Como seguidores de Cristo, debemos profundizar en los criterios evangélicos, fundamentarnos en ellos y actuar en consecuencia. Al mismo tiempo, y esto es importante, debemos vivir en comunión con nuestros pastores: son ellos, y no otros, los intérpretes válidos de la revelación de Dios." (Joaquim Meseguer. La sabiduría oculta, nº 328)
“Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisdo de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos”.
Información religiosa hecha por “aficionados”

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A varios periodistas profesionales especializados en información religiosa no les han gustado mucho las palabras de Jose Maria Gil Tamayo pronunciadas antes del inicio de las Jornadas de Medios de Comunicación que estos días se celebraron organizadas por la comisión correspondiente de la Conferencia Episcopal presidida por el obispo de Jerez Juan del Rio Martín.
“Hay buenos profesionales en los medios de comunicación, pero se observa que hay desconocimiento del tema, un desconocimiento que no se tiene en otros ámbitos. En muchos medios, el hecho religioso se trata por aficionados, o cubre una información alguien del lote al que le ha tocado ese día. Antes --hace 15-20 años-- había cultura religiosa 'ambiental', una cultura que se ha perdido en la actual sociedad secularizada”.
¿Se refería Gil Tamayo con estas palabras a los periodistas responsables de la información religiosa del ABC, El Mundo, El País, Europa Press, Efe...?. Sinceramente creo que, susceptibilidades a parte, iban por otro sitio.
Como aficionado (y a veces mal aficionado) al mundo de la información escrita y especialmente a la religiosa creo que hay una gran diferencia entre la opinión o la información que uno puede elaborar y la que, con toda su preparación, hacen unos profesionales. Pero no es menos cierto que si nos salimos de los cuatro grandes medios nacionales la información religiosa suele ser realizada por el periodista al que le toca y en muchas ocasiones su conocimiento de las cosas de la Iglesia suele ser bastante primario.
Un ejemplo de ello lo teníamos ayer en un diario asturiano donde se comenzaba una entrevista a un conocido sacerdote, que cumplirá pronto 30 años de ministerio, y que es párroco en Oviedo tras haber desempeñados varios cargos diocesanos. La entrevista comenzaba diciendo: “Ordenado párroco por primera vez a los 50 años, ha entregado su vida a diversos cargos diocesanos....”. Obviamente quien realiza la entrevista confunde la “ordenación sacerdotal” con el “nombramiento” para el cargo. Pues de estas así podemos encontrarnos muchas fuera, vuelvo a repetir, de los periódicos de gran tirada nacional.
Y es que la figura del periodista especializado en información religiosa no suele prodigarse mucho en la mayoría de los medios. La información religiosa la realiza, como cualquier otra, aquel a quien le toca y saber de las cosas de la Iglesia y de la fe no es “conditio sine qua nom” para desarrollar la profesión.
Creo que algunos de los buenos profesionales de la información religiosa se sintieron menospreciados como “aficionados” cuando muchos de ellos son la excepción. No creo que Gil Tamayo estuviera precisamente pensando en ellos cuando hablo de “aficionados”.
Lo que sí que queda abierto es el desafío reconocido en las propias palabras dichas: Hacen falta periodistas que sepan y conozcan de la vida y el funcionamiento de la Iglesia y las cosas de la fe. Algo tendrá entonces que hacer en ello también la Conferencia Episcopal por un lado invirtiendo en la formación de católicos que luego, desde los medios, realicen una buena información religiosa y, por otra, perdiendo el miedo a la prensa ante la que en lugar de huir muchas veces se debe comparecer que también es una forma de enseñar al que no sabe.
“Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses”. (Salmo 95)
En recuerdo de todo un cardenal

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D. Marcelo Spínola, hijo de un militar, nació en San Fernando (Cádiz) el 14 de Enero de 1835. Curso estudios de abogacía en Sevilla y ejerció como tal en Huelva, donde adquirió fama por defender gratis los pleitos de la gente trabajadora. Profundamente religioso, comenzó los estudios de teología en 1858 y fue ordenado presbítero en 1864. El arzobispo de Sevilla lo nombra capellán de la iglesia de la Merced, en San Lúcar de Barrameda (Cádiz). Luego fue nombrado por el cardenal Lastra párroco de San Lorenzo (Sevilla) hasta que, ocho años después es nombrado canónico de la catedral de Sevilla donde sería consagrado obispo dos años después, el 6 de Febrero de 1881. Tras cuatro años como auxiliar en Sevilla fue destinado como obispo a Coria (Cáceres) por León XVIII y posteriormente como Obispo de Málaga (1886) y Arzobispo de Sevilla (1896).
Fue creado cardenal por Pío X el 11 de Diciembre de 1905 y el rey Alfonso XIII le impuso la birreta cardenalicia el 31 de Diciembre muriendo poco después, el 19 de enero de 1906 en Sevilla.
Entre sus obras, que fueron muchas, destaca su participación en la acción social cristiana siguiendo el espíritu de la “Rerum Novarum”. En su deseo de defender la verdad y la justicia fundó un periódico, creó la facultad de teología de Sevilla y fundó la Congregación de las Esclavas Concepcionistas del Divino Corazón. Y todo ello sin olvidar que desde 1891 hasta su muerte (1906) fue senador y tuvo la oportunidad de defender la libertad de enseñanza frente a la llamada ley Romanones con argumentos que en cuestiones educativas de actualidad siguen teniendo plena vigencia.
Pero la nota más característica, según resaltan los biógrafos, de Monseñor Spínola fue su propio carácter, modelo de santidad para su contemporánea Santa Ángela de la Cruz, marcado por la humildad que hizo que en más de una ocasión se planteara renunciar al episcopado por considerarse indigno e incapaz. Cuentan que la persistencia en su cargo fue debida a la intervención y al consejo de Giacomo della Chiesa, futuro Benedicto XV.
Juan Pablo II en su visita a Sevilla el 5 de Noviembre de 1982 oró ante su sepulcro y cinco años después, el 29 de Marzo de 1987 lo proclamó Beato.
Tal y como escribe en Alfa y Omega Sor Concepción Montoro, religiosa Esclava del Divino Corazón, “Fue avanzadilla en el quehacer apostólico; probó todo campo que supusiese una urgencia, inventó, abrió caminos nuevos. No se contentó con hacer bien lo que ya se hacía; fue creador de pastoral eficaz para estreno de siglo. Fue un hombre inquebrantable en su lealtad; no tuvo flexiones de acomodo, ni contemporizaciones baratas de circunstancias. Fue línea recta en los principios. Precisamente por eso, fue también un hombre comprensivo y humilde. Acaso nuestros tiempos precisen de un examen en estas tres lecciones. Tienen la urgencia del ambiente. Tienen también vigencia para el mundo de hoy”.
“Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia“. (Ha 3,2)
Destruir los símbolos y la historia

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No es nuevo que, al igual que ha hecho recientemente IU de Oviedo, haya grupos políticos que pidan la retirada de símbolos, llamados frecuentemente franquistas, que o bien se han erigido durante el régimen anterior, en recuerdo del mismo o, lo que es más común, en memoria de los caídos (a menudo de los dos bandos) en la guerra civil. La imagen de la retirada de la estatua de Franco de la zona de Nuevos Ministerios en Madrid mientras, de forma inoportuna, se celebraba en las cercanías un homenaje a Santiago Carrillo despertó, informativamente, una práctica de la transición que en los últimos años parecía dormida.
Es comprensible que haya personas a las que les moleste ver una estatua de Franco por todo lo que puede significar en contra de sus principios, sus ideas o su propia experiencia personal como también lo es que, por las mismas razones, haya quien sienta lo mismo ante estatuas o imágenes de La Pasionaria, Indalecio Prieto, el rey Alfonso XIII o Pablo Iglesias. Y eso por citar a personas que han tenido un papel relevante en la más reciente historia de España. Remontándonos más atrás yo mismo, por citar un ejemplo, suelo tener una especial fobia a las estatuas de Fernando VII, Godoy, el Conde Duque de Olivares o la mismísima Isabel II. Eso es algo inevitable. Pero si algún grupo político se pusiera a pedir la supresión de alguna estatua de Felipe II por ser representativa del carácter imperialista de la nación española o de Pelayo por haber hecho frente a los moros en Covadonga, nos lo tomaríamos a cachondeo. Pues por muy historia reciente que sea hay que admitir que la supresión o el derribo de símbolos del franquismo, estatuas del general o monumentos a los caídos no puede, ni podrán, hacer desaparecer de la historia una época de la misma que, además, no duró precisamente poco.
La historia, la cuente quien la cuente, es como es y no como nos gustaría que hubiera sido. Deformarla, silenciarla, borrarla es sinónimo de querer adulterarla y volver a escribir unas páginas inventando aquello que nos gustaría que hubiera realmente pasado.
En 1936 en España comenzó una guerra civil aunque para no pocos el enfrentamiento ya estaba abierto desde 1934. Setenta años después de iniciarse la contienda no se puede cambiar, aunque a algunos pese, que ésta fue ganada por Franco quien gobernó hasta su muerte en 1975.
Reabrir batallas por la retirada de monumentos y símbolos del pasado es señal de que o cuesta trabajo asumir la historia o hay un afán por querer repetirla con otros resultados.
Las piedras, al igual que las ideas, no suelen hacer daño quien realmente lo produce son las personas que las utilizan mal o las ponen al único servicio de su interés personal.
Hay cosas mucho más urgentes que afectan a la vida de los ciudadanos que perder el tiempo en querer borrar recuerdos de un régimen que, sorprendentemente, finalizó hace más de 30 años pero que para algunos sigue estando tan presente como entonces. Cuando alguien opina diferente a la izquierda que gobierna se le llama franquista y los monumentos de esa época siguen ofendiendo. Si a Francisco Franco le cuentan que treinta años después de su muerte iba a seguir protagonizando muchos de los debates políticos de España no se lo hubiera podido creer.
“No reina Dios por lo que uno come o bebe, sino por la justicia, la paz y la alegría que da el Espíritu Santo; y el que sirve así a Cristo agrada a Dios, y lo aprueban los hombres. En resumen: esmerémonos en lo que favorece la paz y construye la vida en común” (Rm 14, 17-19)
Controlar la libertad “como sea”

El Diurnal de JAI
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Lo dijo un buen día el presidente Rodríguez: “Este acuerdo hay que cerrarlo como sea” y desde entonces se ha podido comprobar que, deslices aparte, esta ha terminado siendo la tónica general de un tiempo de gobierno donde tanto quien manda como sus socios acaban haciendo del “como sea” una practica habitual que coloca bajo sospecha a toda opinión que sea contraria a la oficial.
Si se critica al gobierno por su actitud ante el Estatuto de Cataluña o por la farragosa OPA de Gas Natural a Endesa resulta que la COPE, por citar un medio que critica al gobierno, “hace apología del franquismo y del golpismo” como ayer decía el eurodiputado Luis Yánez a quien bien recuerdan todavía desde los tiempo de la Expo 92 en Sevilla.
Y si de recortes de la libertad hablamos no podemos dejar de mencionar el comité del CAC de Cataluña que, cual censores de hace cuarenta años, se han otorgado poder para decidir que informaciones son veraces o no y, por ello, a que emisoras se les puede o no conceder licencia para emitir. Todo un ejemplo de libertad.
Pero todavía hay más. El gobierno, tal y como siempre nos enseñaron, es el primero que tiene que cumplir la ley. Todos sabemos que hay leyes que pueden ser malas o incluso estar equivocadas. Lo que un gobierno coherente tiene que hacer entonces es cambiarlas pero mientras no lo haga lo que tiene que hacer es cumplirla. Si Batasuna, en cualquiera de sus múltiples acepciones, es una organización ilegal según la ley de partidos, ¿no se debe de cumplir la ley?. ¿Se puede permitir la celebración de un congreso de un partido que, legalmente, no existe?.
Y ya otra nota que, aunque pintoresca, muestra hasta donde se puede hacer el ridículo en querer imponer por la fuerza lo que desde la naturaleza y la normalidad no se consigue. Se nos cuenta hoy que los alumnos catalanes contarán con dos delegados en cada curso que tomarán nota e informarán de la lengua empleada por los profesores en sus clases. Es una manera como otra cualquiera de coaccionar (ellos dicen impulsar) e imponer la lengua catalana por encima del castellano silenciando que, hoy por hoy, ambas son lenguas oficiales dentro de la comunidad catalana.
La pluralidad de opiniones políticas, de ideas sobre la forma de entender España y de organizar la sociedad es algo legítimo y beneficioso para una nación que quiere mirar al futuro y asumir de lleno la modernidad. Lo que ya no es tan moderno, tan democrático ni tan ético es que quien haya ganado unas elecciones quiera imponer “como sea” lo que crea más conveniente pervirtiendo incluso para ello hasta las propias instituciones. Ganar unas elecciones, que se pueden perder luego a los pocos años y de forma escandalosa, nunca da carta de legitimidad ni para situarse por encima de la ley, ni de la Constitución ni mucho menos de una mínima ética en la actuación política.
Lo que está ocurriendo con el “control” de algunas libertades básicas, al menos en Cataluña, es para los demás un toque de prevención. Siempre que alguien intenta conseguir las cosas “como sea” es peligroso, muy peligroso.
“El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
Y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
Celebrar su santo nombre.” (Salmo 96)
Aplaudir a Herodes

El Diurnal de JAI
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La edición local del diario La Nueva España recogía ayer el siguiente comentario:
“Hace una semana hicimos una pregunta a las autoridades locales, que éstas dejaron de contestar. Hoy se la volvemos a repetir. Al final de la cabalgata de Reyes, del pasado día 5, cuando la comitiva real llegó al Parche, alguien que estaba en posesión del micrófono, desde el Ayuntamiento, pidió a los niños que diesen vítores al rey Herodes el Grande y al Imperio romano. Esto para clausurar una cabalgata de Reyes no está mal. ¿Quién, por qué y con permiso de quién pidió los vítores?
Sin embargo, no pidió ni un sólo «viva» para el Niño Jesús, ni para la Virgen, ni para San José. Vamos, ni para los bueyes que daban calor al Niño. Además, la comitiva real-municipal pasó ante el gran belén, sin dirigirle ni una mirada, desconociendo claramente el significado de esta fiesta. A algunos tendrá que regalarles el municipio un ejemplar de la Enciclopedia Álvarez”. Álvarez Buylla
A parte de pintoresco, llamativo, extraño, grotesco… y todos los calificativos que se quieran añadir no deja de ser un síntoma, puestos en el mejor de los casos, de la ignorancia supina que, como bien dice Álvarez Buylla, habría que ponerle remedio recordando la famosa Enciclopedia Álvarez. ¿Cómo se pueden pedir, si no es por mera ignorancia, vítores y aplausos para quien en la historia ha quedado retratado como uno de los más sanguinarios criminales que, aunque equivocado, no dudo en eliminar a todos los niños de la época por temor a que tan solo uno de ellos le arrebatase el poder?. ¿Es esta, acaso, una forma de querer dar carta de legitimidad al asesinato impune de los niños inocentes?.
Lo más seguro, aunque en estas cosas de los políticos de hoy nunca se sabe, es que todo fue una gracia de mal gusto o, lo que se cree mas probable, pura y simple ignorancia que hace que todos los personajes del entorno de la Navidad tengan el mismo valor y el mismo significado. Probablemente un fruto más de la LOGSE y del grave desconocimiento de las cosas de la religión al que muchas generaciones están abocadas.
Pensar en otra razón nos llevaría a tener que hablar de provocación, insulto o menosprecio a la fe cristiana cuando no de burla a lo que la cabalgata de reyes significa y eso sería bastante más grave. Uno prefiere pensar que la autoridad municipal no está para entrar en este tipo de batallas y menos utilizando para ello algo tan sensible como una cabalgata de Reyes especialmente dirigida a los niños.
La cosa no pasa de ser una triste anécdota que denota la sin razón en la que, en muchas ocasiones y en nombre del “todo vale” o el “como sea”, estamos inmersos. Empiezan celebrando a nivel municipal ”bautizos civiles” y terminan aplaudiendo al asesino Herodes. ¡Y luego dicen que no es necesaria una mínima cultura religiosa!
“Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzca hasta tu monte santo,
hasta tu morada”. (Salmo 42)
Unidad de los cristianos y ecumenismo

El Diurnal de JAI
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Con la llegada anual de la semana de oración por la unidad de los cristianos el tema del ecumenismo cobra un interés especial pero en esta cuestión, como en tantas otras, existe el peligro de dejarnos llevar por la euforia y convertir el espíritu ecuménico en una amalgama religiosa donde luego ya no hay quien se aclare. Una cosa es estar abierto al diálogo y reconocer que a Dios se le puede llegar por diferentes caminos, por diferentes formas de orar, desde diferentes religiones y otra muy diferente pensar que todas las religiones son iguales y que da lo mismo una que otra.
Si alguien me preguntara qué religión es la verdadera yo, siendo sincero, tendría que responderle que la católica ya que es la mía y la que creo y proclamo como verdadera. ¿Es eso ser poco ecuménico, intransigente y poco tolerante con el resto de religiones?. No lo creo.
Entre las religiones cristianas hay diferencias, algunas serias y no solamente sobre cuestiones disciplinarias, pero dónde ya se abre un abismo mucho mayor es entre aquellas religiones que no reconocen a Jesucristo como el Hijo de Dios y el Salvador de la humanidad.
Hablar de ecumenismo es, principalmente, hablar de diálogo interreligioso de cómo se entiende al ser humano, al mundo y al propio Dios desde una concepción religiosa y otra. ¿Qué podemos rezar juntos personas de diferentes confesiones religiosas?. Por supuesto. Pero no es menos cierto que hay también una forma exagerada de entender el ecumenismo en la que parece que se busca un compendio entre diferentes religiones que ayude a fabricar una nueva donde todo el resto tenga cabida. Hay quien entiende el ecumenismo por “coger” de cada religión aquello que nos parezca mejor y crearnos una nueva. Eso nada tiene que ver con el espíritu ecuménico en el que lo primero que debe darse es el respeto a aquella religión que no sea la mía, aunque la considere errónea o equivocada en muchos de sus presupuestos.
Con motivo de la llamada “oración para la unidad de los cristianos” que la iglesia católica celebra en estos días se dan también muchos encuentros y celebraciones en las que la participación no se circunscribe solamente a los cristianos. Y eso, en principio, no tiene nada de negativo siempre que cada uno respete la religión del otro y se tenga claro quien es quién y lo que cada uno cree.
Y ya puestos a hablar de ecumenismo cuando se tacha a la iglesia católica de intransigente o de querer imponer siempre su verdad y proclamarse como la iglesia verdadera de Jesucristo tendríamos que contemplar como mientras en unos lugares del mundo se habla de sociedades multireligiosas, de diálogo y convivencia entre diferentes religiones y de respeto para cada una de ellas, en otros lugares de ese mismo mundo a muchos católicos se les sigue persiguiendo tan solo por serlo en una sociedad y una cultura que mayoritariamente no lo son.
Ecumenismo si, todo el del mundo. Espíritu de diálogo, de colaboración y, sobre todo, respeto mutuo, sin anular a nadie, todo el que se quiera. Pero cada uno sabiendo bien quien es, en qué se cree y cual es el camino elegido para llegar al encuentro con Dios. Querer, como algunos utópicamente propugnan, suprimir las religiones y, con ello, aquello que nos diferencia y a veces nos enfrenta, no es más que otra forma de crearnos una nueva, artificial y profundamente alienante.
“Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre fue pronunciado sobre mí, Señor, Dios de los ejércitos” (Jr 15,16)
Pastoral Juvenil suspende la convivencia para animadores

Agencia JAI
El Secretariado de Pastoral Juvenil perteneciente a la Vicaria de Juventud ha suspendido la convivencia programada para los próximos 20, 21 y 22 de Octubre en Covadonga por las pocas inscripciones realizadas y, según reiteradas manifestaciones de los responsables de los diferentes arciprestazgos, por lo poco propicio para ello de las fechas elegidas. No obstante dada la importancia que a este tipo de convivencias y encuentros se les quería dar no se descarta volver a proponerlo en otra fecha que podría ser a principios del próximo curso.
La decisión fue tomada el pasado sábado día 14 de Enero en la reunión ordinaria del Consejo de Juventud, reunión en la que también se comenzó a abordar el diseño de la próxima Marcha de Jóvenes a Covadonga que tendrá lugar el sábado 8 de Abril.
Al igual que el año anterior hiciera el grupo de Caritas Internacional se espera poder contar de nuevo con ellos en la organización de la tarde, antes de la celebración de la Eucaristía.
Por otro lado se pretende organizar con jóvenes de diferentes arciprestazgos y movimientos un equipo de voluntarios para la organización de la Marcha que tenga carácter duradero y que abarque no solo aspectos organizativos sino también la propia liturgia de las celebraciones de ese día.
Habla, Señor, que tu siervo te escucha

El Diurnal de JAI
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“En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: “Este es el Cordero de Dios”.
Son muchas las ocasiones en nuestra vida en las que se reproduce de una forma actualizada lo que le ocurrió a Samuel. Sentimos la llamada de la solidaridad ante muchos hermanos que necesitan nuestra ayuda; escuchamos como la caridad nos apremia a buscar la justicia; acudimos a la llamada de la defensa de los derechos humanos y de la vida de los ya nacidos y de aquellos a quienes se les niega la posibilidad de llegar a nacer: despertamos de nuestra indiferencia ante las imágenes del hambre, la violencia o la miseria... Ante todos esos casos parece que hacemos como Samuel: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado”. Pero detrás de cada llamada que nos invita a despertar, a movernos, a construir un mundo mas humano donde la justicia haga que el hambre desaparezca o la violencia deje paso al poder de la palabra, esta siempre la voz de Dios ante la que tenemos que aprender a responder. “habla, Señor, que tu siervo te escucha”.
Detrás de cada persona, de cada acontecimiento hay siempre una llamada de Dios. Pero con esto ocurre como el chiste que hace ya muchos años parecía en una viñeta de Mafalda donde por la radio se daba la noticia: “El Papa ha hecho un nuevo llamado por la paz”... y Mafalda respondía con cara de circunstancias, “... Y como siempre le dio comunicando”. Algo así nos ocurre con la llamada de Dios. Esperamos que alguien nos diga “Este es el Cordero de Dios” para enseguida acercarnos a Él, preguntarle dónde vive y seguirle. Pero la llamada de Dios pasa, casi siempre, por las personas y los acontecimientos y es ahí donde debemos de encontrar a Dios. “Venid y lo veréis”.
La llamada de Dios es insistente y continua pero necesitamos saber escucharla. La buscamos en los grandes acontecimientos, en el estruendo de lo más llamativo y, sin embargo, está en el susurro, en las cosas más cotidianas.
Dios despierta nuestra capacidad de humanizar los sentimientos y las conciencias ante sucesos que ponen de manifiesto la parte mas oscura de los seres humanos pero también despierta en nosotros esa misma capacidad cuando contemplamos sucesos que nos hablan del enorme potencial solidario y comprometido de tantas personas que, muchas de ellas movidas por su fe, con capaces de poner en riesgo su propia vida por ayudar a salvar la de otros. Detrás de cada acontecimiento, de luz o de sombras, está la misma llamada de Dios ante la que necesitamos saber responder “tu siervo escucha”. Y eso sabiendo que la escucha de Dios nunca es algo pasivo sino que es una fuerza que mueve nuestros corazones y nos hace pasar de ser meros espectadores de la realidad para pasar a ser actores dentro de la misma.
Y lo primero que tenemos que ejercitar para poder aprender a escuchar a Dios en las personas y los acontecimientos es dejar de escucharnos sólo a nosotros mismos y estar atentos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Esta es la forma de que también nosotros podamos decir y proclamar con alegría “Hemos encontrado al Mesías”.
“Aleluya.
Hemos encontrado al Mesías, que es Cristo;
la gracia y la verdad
vinieron por medio de él. Aleluya” (Jn 1, 41.17)
Ser cristiano en IU

El Diurnal de JAI
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La Nueva España, el periódico de más tirada en Asturias, recoge hoy un comunicado de varios cristianos y, a la vez, militantes y simpatizantes de IU que reaccionan ante un manifiesto, firmado por otros militantes, también de IU, unos cincuenta, que bajo el título “La multinacional de Dios” atacaban el pasado 17 de Diciembre a la Iglesia y pedían la total supresión de supuestos privilegios para la misma acusándola, de forma global, de ser un lastre del pasado, de haber apoyado la dictadura y de estar fuera de lugar en una sociedad laicista.
Bajo el título de “El Pueblo de Dios” Jose Antonio Hevia Braña publica hoy un extenso artículo, secundado por casi una veintena de firmas, en el que se reacciona contra las graves afirmaciones que con carácter general sus compañeros de militancia en IU lanzaron contra la Iglesia católica.
Tras reconocer que la Iglesia, estando en el mundo, no deja de participar “a veces” de las miserias humanas se insiste en que “llamar a esta realidad diversa y compleja “multinacional de Dios”, en el peor sentido del término; identificarla, sin más, con posturas reaccionarias y ambiciosas tomando la parte por el todo resulta sectario, malintencionado y falso”.
Cuando en su día se publico el manifiesto que ahora es objeto de contestación ya se oyeron algunas voces discrepantes con el mismo que apuntaban en el mismo sentido y que forma parte del discurso de muchos cristianos militantes en la izquierda desde hace muchos años: no se puede confundir la jerarquía con la iglesia de base y militante, parece que se quiere dar a entender. No se puede meter a todos los cristianos, a la totalidad de la Iglesia, en el mismo saco.
El comunicado publicado hoy contiene también toda una declaración de intenciones de los firmantes en la que se pone de manifiesto la postura cristiana, católica y de izquierda: Apuesta por un estado aconfesional y laico; defensa de la laicidad; necesidad de avanzar en el camino de la autofinanciación; apoyo a la escuela pública e igualdad de derechos y deberes para los centros financiados con fondos públicos sea cual sea su titularidad...
La gran mayoría de los firmantes de este comunicado son personas de Iglesia. Se puede compartir o no tanto su militancia política como su forma de entender la vivencia eclesial de la fe y el compromiso cristiano pero lo que hoy no se les puede negar es que han sabido dar la cara frente a las manifestaciones del grupo político al que son afines. Y eso no suele ser algo frecuente en la vida política actual.
¿Qué pretendía IU con el manifiesto “La multinacional de Dios?. Probablemente tan sólo contentar a un amplio sector de su militancia que se crece ante manifestaciones que en defensa de la laicidad reacciona con el mas puro y trasnochado anticlericalismo.
La respuesta que hoy le dan veinte cristianos cercanos al propio grupo político, aunque su postura cristiana sea discutible y objeto de permanente debate dentro de la propia Iglesia, señala que las cosas no suelen ser blancas o negras sino que se mueven en un amplio abanico de colores plurales donde se pueden combinar, incluso, diferentes militancias políticas y una misma fe.
Lo que también hay que reconocer es que un católico comprometido con su Iglesia y militante en IU parece que no lo tiene nada fácil ni dentro de su grupo político ni tampoco dentro de su Iglesia. Y eso también tiene su mérito.
“Tú, Señor estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre” (Salmo 118)
Un paseo por ALBA

El Diurnal de JAI
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Como viernes que es ya está en los kioscos el número 67 de semanario ALBA que, en su segundo año editorial, parece que no para de crecer y que, además, se consolida como una oferta para unos lectores muy concretos que, casi en su mayoría, aspirarían a poder encontrarlo en los puntos de venta a diario.
Hoy he dedicado un poco de tiempo a darme un paseo por el semanario y de entre sus muchas informaciones hay tres que, quizás por lo pintoresco de alguna y lo peculiar de otras, me han llamado especialmente la atención.
Un niño es rescatado minutos antes de que sus padres le aborten
Este es el artículo de portada que luego se desarrolla en dos paginas interiores. Cuenta como un grupo pro vida situado frente a la clínica abortista DATOR han evitado que una pareja que acudía a la misma con intenciones de abortar lleven a cabo sus pretensiones. Simplemente les han preguntado “¿qué necesitáis para no abortar?” y del diálogo con ellos han surgido los problemas casi comunes ante una decisión de este tipo: “precariedad económica, problemas de vivienda...”. A esos problemas hay que añadir también la propia conciencia y los valores en los que la hayamos formado. A una menor presencia de Dios en la vida esta parece que siempre cobra menos importancia y que, incluso, su valor se vuelve mas relativo. Una historia que, al parecer, ha terminado bien y una vida se ha salvado. Simplemente por ello la fría mañana de estos activistas pro vida en la calle ha valido la pena.
El Alcalde de Alcaudete repartió preservativos en la cabalgata de Reyes
Como recuerda Javier Pérez Roldán, del centro jurídico Tomás Moro, esto no parece contrario a ninguna ley ya que el preservativo no es un producto farmacéutico que haría que su venta fuese exclusivamente en farmacias. Aunque sea legal, cosa que no se duda, no deja de ser pintoresco que en la cabalgata de Reyes la comitiva de los magos de Oriente, primero, lancen a los niños caramelos y poco después, seguidos por la comitiva municipal, estos lancen preservativos a un público mayoritariamente infantil. La pregunta más lógica por parte de los niños no se hizo esperar... “¿papá, qué es esto?.
Javier Krahe declarará como imputado por la emisión de su video blasfemo
Y ya terminando el paseo, aunque nos dejamos muchas cosas importantes en el camino, nos encontramos con el avance del proceso judicial abierto por el centro jurídico Tomas Moro contra Javier Krahe y Canal + por la emisión de un video titulado “Cómo cocinar a un Cristo” emitido el 15 de Diciembre de 2.004 aunque parece ser que grabado con anterioridad, casi treinta años atrás, en el que se mostraban los pasos para “cocinar” un crucifijo, con su condimentación y proceso de elaboración, como si de un alimento más se tratara. La sentencia judicial es la que, al final, dirá si hay en el video hay delito o no pero desde luego para un cristiano lo que no hay es buen gusto.
“A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.” (Is 45, 25)
El Sínodo que viene

El Diurnal de JAI
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Aunque ya lo había anunciado La Nueva España meses antes, el diario El Comercio retomaba ayer la noticia de los primeros pasos para la celebración de un Sínodo Diocesano en la diócesis de Oviedo. Un camino que, según apuntaba el periódico, se iniciaría tras una Carta Pastoral del Arzobispo con motivo de la Cuaresma, haya por el mes de Abril, y una consulta a sacerdotes y laicos sobre su oportunidad.
Aunque la celebración de un Sínodo conlleva mucho trabajo, debates e incluso puede avanzar por caminos que se escapen del control de quien lo convoca no deja de ser una buena noticia ya que su celebración suele venir acompañada de un tiempo de gracia que cualquier diócesis necesita.
Lo más llamativo de un Sínodo suelen ser las ceremonias de apertura y clausura y las sesiones plenarias de su celebración pero el verdadero núcleo del proceso sinodal se encuentra, sin duda, en los trabajos previos que los diferentes grupos de sacerdotes y laicos, de movimientos y de diferentes sectores pastorales desarrollan antes de llegar a las propuestas que se debaten en las últimas sesiones.
El Sínodo abre un tiempo de encuentro, de diálogo, de debate pero, sobre todo, de reflexión y de confrontación con el evangelio.
También es cierto, y la experiencia de otras diócesis así lo indica, que no es ninguna receta mágica que de forma cuasi milagrosa solucione los problemas que puedan existir en una Iglesia Diocesana pero es innegable que, al menos, ayuda a superarlos y a mejorar la vida pastoral de la misma.
Lo que sí me parece importante, y yo diría incluso que más importante que la buena organización y planificación de los trabajos a realizar, es el espíritu con el que nos acerquemos al mismo. Y eso es, probablemente, lo que primero habría que trabajar ya que el éxito de su resultado final va a depender, en buena medida, de la actitud que tomemos frente a él ya desde sus inicios.
No creo, a riesgo de equivocarme, que sea bueno iniciar el camino sinodal cargados de prejuicios sobre el mismo. No es bueno, por un lado, pensar que va a ser una pérdida de tiempo porque, al final, el Obispo siempre puede hacer caso o no de las conclusiones y tampoco es nada bueno, por otro lado, querer utilizar el sínodo para “meter en vereda” a los más críticos. Ya sea en un sentido o en otro acudir al Sínodo con esas intenciones es abocar el mismo a una frustración porque su resultado va a ser, sin duda, mucho más positivo que un mero cubrir expediente o un establecer pautas de dura rigidez pastoral.
Los responsables de su convocatoria son quienes, en definitiva, deben de valorar si es un tiempo apropiado para ello o si realmente la necesidad pastoral lo reclama pero lo que sin duda se deben de buscar son las claves necesarias para motivar a la diócesis a una participación entusiasta en todo lo que un Sínodo significa ya que sus resultados, sean los que sean, marcarán la vida de la diócesis en los próximos años y es muy probable que sea un fuerte elemento aglutinador que hoy la diócesis necesita.
Como siempre habrá defensores y detractores ante su posible convocatoria. Yo, en mi modesta opinión, creo que a la diócesis no le vendría nada mal y le produciría muchos más bienes que males. Pero es solo una opinión, quien tiene la responsabilidad de convocarlo y dirigirlo a buen puerto es quien deberá tomar la decisión que crea más oportuna.
“Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.” (Salmo 56)
Jugar con sables

El Diurnal de JAI
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Aún a riesgo de adentrarnos en terrenos delicados y que es posible que no se conozcan del todo quien más o quien menos se ha formado una opinión, con más o menos fundamento, del tema que desde el día de Reyes llena las paginas de los diarios españoles: el discurso del teniente general Mena y su posterior arresto y posible destitución o sanción por parte del gobierno.
Es posible que al teniente general se le olvidará decir que quien ordena las acciones militares, y a quien estos deben obediencia en un régimen democrático, es al gobierno o que no fuese militarmente correcto por su parte el referirse en un discurso a un tema que esta bajo discusión política pero la cita del artículo 8,1 de la Constitución fue impecable: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”
Me imagino que un militar, tenga la graduación que tenga, puede pensar como le venga en gana, al igual que hace cualquier ciudadano, sobre temas de política o sobre lo que quiera aunque en el ejercicio de su profesión lo que interesa es “cumplir y hacer cumplir las órdenes” de quien ostenta el poder democráticamente constituido. Haber opinado sobre el Estatuto Catalán en un acto público del ejército es la única falta que desde la modesta opinión de un profano en temas militares se puede observar. Y ante “tamaña” falta me parece, desde la misma ignorancia en cuestiones castrenses, que la sanción ha sido, cuando menos, desmesurada.
Si en los primeros años del post-franquismo existía un temor intrínseco en la sociedad a que los militares se cansaran de la democracia, de los partidos políticos y de las censuras al régimen anterior, tras el fallido intento de golpe de estado del 23-F al ejercito se le comenzó a mirar con otros ojos. Los militares, por su parte, en todos estos años de democracia han demostrado, salvo algunas efímeras excepciones, que la transición se hizo también posible gracias a ellos y que lejos de ser aquellos temidos y nostálgicos conspiradores que a veces algunos pintaban son tan patriotas y demócratas como el que más.
Lo que es difícil de creer es que lo manifestado por el Teniente General Mena sea tan solo una opinión aislada y no compartida por otros militares. Si Bono decía ayer aquello de que “un grano no hace granero” se le olvidaba terminar la frase que dice “pero ayuda al compañero”.
Aunque a uno el Estatuto de Cataluña que se está discutiendo le pueda parecer un absoluto despropósito, que al menos a mí me lo parece, entra dentro del juego político la confrontación entre sus impulsores y sus detractores pero cuando en el “juego político” se empieza a “jugar con sables” lo primero que hay que pedir es un poco más de responsabilidad en lo que se está haciendo.
Un Teniente General puede equivocarse en las formas, en el momento, en la puesta en escena de algunas opiniones aunque dudo que lo haya hecho en el fondo ya que, guste o no, el artículo 8 de la Constitución sigue vigente y recordarlo nunca puede ser delito, falta o como se quiera llamar. Pero un Gobierno a la hora de sancionar, castigar o apercibir a un militar por sus posibles equivocaciones también debe de cuidar la proporción entre el presunto delito y la pena impuesta. Ese es el equilibrio de la responsabilidad que también aconseja no jugar con sables porque en un descuido nos podemos acabar cortando.
“Ten cuidado, hijo, en todo lo que haces, y pórtate siempre con educación. No hagas a otro lo que a ti no te agrada. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Da de limosna todo lo que te sobre. Bendice al Señor Dios en todo momento, y pídele que allane tus caminos y que te dé éxito en tus empresas y proyectos”.(Tb 4,14-19)
A veces con una sonrisa basta

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Casi en la misma medida en que nuestra sociedad evoluciona y avanza tecnológicamente tras la consecución de un mayor bienestar y una mejor calidad de vida crece, de forma sorprendente, la necesidad de afecto. Así como los grandes avances técnicos nos han proporcionado una mejor sanidad, un ocio más aprovechable o nos facilitan el trabajo y las necesidades más elementales, lo que está comprobado que no nos van a poder dar es el afecto, la calidez humana y la comunicación personal que cada día necesitamos más. Y esto afecta a todas las dimensiones de la vida.
Por mucho que uno en su labor sacerdotal, por poner un ejemplo, sea litúrgicamente atrayente, deslumbre con su oratoria o sea un genio a la hora de conseguir y administrar los recursos parroquiales, si no se para a hablar con las pocas señoras que acuden a misa a diario, si no se interesa por las cosas mas rutinarias que les pueden ocurrir a los feligreses o si no es capaz de ofrecer una sonrisa, lo tendrá difícil para vencer la frialdad que a veces se interpone entre las relaciones.
Y eso no quiere decir que no haya que esforzarse en que la liturgia sea lo más bella posible, la homilía trasmita de la mejor forma lo que la Iglesia cree y practica o haya que adulterar el derecho canónico o la moral cristiana para hacerlas más dulces. Todo ello hay que hacerlo de la mejor manera posible pero con toda la carga de humanidad, de amor y de ternura que seamos capaces.
La vida siempre se encarga de ir enseñándonos aquellas actitudes que debemos de cuidar y es en los errores que cometemos donde aprendemos de forma más eficaz aquellas cosas que no están en los libros, que tienen mucho que ver con el trato a las personas y que nos hacen bajar del pedestal en el que, en nuestra soberbia, a veces nos instalamos.
Hay normas, procesos e incluso trámites que explicados con paciencia y, sobre todo, con una sonrisa afable, se vuelven más inteligibles o, cuando menos, se aceptan mejor. Y esto que podemos experimentar en cualquiera de las ventanillas de la administración en sus múltiples y variadas ramas se multiplica cuando se trata no solo de cuestiones burocráticas sino de situaciones que afectan a la vida y a la conciencia.
No economizar sonrisas y “perder” el tiempo escuchando, hablando e interesándose por la vida de los demás puede ser, muchas veces, una forma de “ganar” un alma.
“Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro” (Tb 13,6)
Eco del mensaje de un amigo

El Diurnal de JAI
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Hoy voy a permitirme la licencia de colocar en este espacio algo que no es mío sino que un buen amigo dejo, como si no tuviera importancia, en nuestro foro. Ni que decir tiene que comparto lo que dice y, además, como lo dice. Aunque el autor es sobradamente conocido por estos blogs “nunca es tan fiero el león como lo pintan” y se compartan o no sus opiniones y su visión de las cosas de la Iglesia y sus obispos lo que no le falta es sinceridad, coherencia y honradez a la hora de decir lo que piensa.
Vivir feliz en la Iglesia
Francisco José Fernández de la Cigoña
Son muchísimos los que viven felices en la Iglesia. Ella les ayuda a ser mejores. En ella se sienten hijos de Dios, ayudan a quienes lo necesitan, se arrepienten de sus faltas y, con mejor o peor resultado, procuran enmendarlas. Si son curas intentan hacerlo lo mejor posible. Si padres o madres de familia son animados a mantener lo mejor que tienen. El amor conyugal y el amor a sus hijos. Y muchos entienden que, además de eso, no tienen nada. O que lo que creen que tienen, aparte de eso, vale poquísimo. El amor es, por otra parte, expansivo. El que aprende a amar sabe amar a otros. Lo malo es el que no sabe lo que es amar.
No todos somos capaces de llegar a amores como los de Teresa de Calcuta o de Sor Ángela de la Cruz. A amores a Dios y al prójimo. Pero, aun sin seguirlos, los entendemos y los apoyamos. Y en algún modo esos amores sublimes son también nuestros. Participando en esa cosa hoy tan olvidada, y tan poco predicada, de la comunión de los santos.
Cierto que los jóvenes, o muchos jóvenes, viven al margen de la Iglesia. Pero también tenemos la satisfacción de comprobar, gracias a Dios sobre todo, que lo que hemos procurado sembrar, germina. Y a veces en terreno en los que no has sembrado. O sí. Nunca sabremos lo que Dios mide en sus altas balanzas de cristal.
Haz Iglesia. Hazte de la Iglesia. Y vivirás feliz. Con problemillas. Que son inherentes a la condición humana, pero sustancialmente feliz.
Luego están los que viven permanentemente cabreados con su Iglesia. Qué les parece lo peor del mundo. ¿Vale la pena vivir en ese permanente cabreo? ¿En esa infelicidad a la que por otra parte no se le ve fin? Yo les invitaría a la felicidad abrazando amorosamente a su Santa Madre Iglesia. Pero, si no quieren, qué se vayan. No es normal estar aspirando a todas horas a una úlcera de estómago. A una insatisfacción permanente. Se les mueren todos sus santones. Ya apenas queda ninguno. Tanto masoquismo me parece malísimo para la salud. Para la física y para la mental. Es absurdo vivir en un disgusto permanente.
“Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
Y como un escudo lo rodea tu favor.” (Salmo 5)
“Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”
El Diurnal de JAI
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Ni pidió cita privilegiada ni mandó recado a Juan para que fuera a casa a bautizarlo privadamente... siendo Dios con nosotros, Jesucristo se puso en la fila, como uno más, para recibir de Juan el bautismo que simbolizaría el encuentro de dos tiempos, el Antiguo y el Nuevo Testamento, y de dos personas: el último de los profetas y el Mesías anunciado. Y en ese encuentro privilegiado aparece la Palabra, la voz de Dios que, por si alguno tenía alguna duda, dice de Jesucristo. “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.
Ese momento del bautismo de Cristo abre las puertas a todo el significado posterior que en la Iglesia católica le hemos dado al sacramento con el que se abre la iniciación cristiana. Por el bautismo somos reconocidos como hijos de Dios y como parte de la Iglesia que le confiesa como Salvador, como “Hijo amado del Padre”.
Aún dentro de la misma Iglesia no es lo mismo contemplar la valoración y el significado que se le da al Bautismo en una culturas y en otras, en la Iglesia que peregrina por el mundo más occidental y desarrollado y el que vive en los países de misión. El sacramento del Bautismo es el mismo pero la forma de asumirlo, de celebrarlo y de insertarlo en nuestras vidas es completamente distinto.
Parece que no es lo mismo hacer del Bautismo un elemento más de la vida social que, “por si acaso” hay que celebrar, porque siempre se hizo y sea cual sea la fe de los padres, y asumir éste como el fruto de todo un proceso catecumenal donde uno opta libremente por bautizarse como cristiano. Y no digo que un modelo sea mejor que otro tan solo que es diferente y la cultura y las circunstancias sociales confieren a un mismo sacramento valoraciones diferentes.
Uno puede entender que, por las circunstancias que sean, una pareja no se haya podido casar por la Iglesia y haya tenido que recurrir al matrimonio civil y, a pesar de esa circunstancia, quiera para sus hijos el bautismo. Lo que ya no es tan comprensible es la falta de coherencia de quien, incluso habiéndose casado por la Iglesia por unos motivos puramente sociales, pide para su hijo el bautismo, porque es un acto social que de no celebrarse daría que hablar, sin que en el matrimonio haya la menor intención de vivir la fe, de educar en la fe y de, mucho menos, ser católicos un poco practicantes. Y no es juzgar a quienes en esta circunstancia quieren que su hijo sea bautizado, en última instancia es Dios quien juzga y conoce los corazones de las personas, pero a quien le toca servir de intermediario o administrador de estas cosas divinas no puede dejar de llamarle la atención.
Tampoco es cuestión de buscar culpables en la conversión del bautismo, como otros sacramentos, más en un acto social y familiar que en un sacramento eclesial. Y de ser así cada uno tendría, lo más seguro, que entonar el mea culpa. De lo que se trata es de, en la medida de nuestras posibilidades, “gastar” de nuestro tiempo en dialogar con los padres sobre el verdadero significado del Bautismo y realizar con ellos una auténtica catequesis pre-bautismal. Sabemos que si eso se coloca como exigencia obligatoria para poder bautizar se hará, quizás no con muy buena gana, pero se hará. Igual que la catequesis de comunión, de confirmación o los cursos prematrimoniales. No es sólo cuestión de exigir u obligar es invertir esfuerzos en formar a los padres en el verdadero significado de la opción que, en nombre de su hijo, van a tomar. Unos esfuerzos que algunos, aunque nos cueste, debemos de cuidar y mejorar aunque sabiendo que siempre va a ser la gracia de Dios la que al final haga que las cosas lleguen a buen puerto.
“¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn 5,5)
Locura social

El Diurnal de JAI
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¡Hay que ver la mirada que lanzamos a quienes, para su desgracia, les ha tocado nacer en los países más pobres del planeta!. Si nos ponemos a pensar en la suerte de poder nacer y vivir en un mundo occidental, con unas mínimas condiciones aseguradas de bienestar, una tecnología al servicio de la medicina, la empresa y la cultura, buenas carreteras, transportes y escuelas... tenemos que dar gracias por que no nos ha tocado nacer y vivir en el lado oscuro del mundo moderno y globalizado. Pero en este mundo de bienestar no faltan rasgos de locura que, cuando menos, la ponen en entredicho.
Sin despedíamos el año con imágenes escandalosas del asesinato de una indigente a la que unos cuantos jóvenes que, al parecer, habían salido a la caza del transeúnte para divertirse y “se les fue la mano” prendieron fuego en un cajero, el año nuevo no lo recibimos mucho mejor. Una mujer muere asesinada por su pareja delante de sus hijas pequeñas cuando volvía con ellas de la cabalgata de Reyes.... Parece, por otra parte, que se está poniendo de moda en algunos círculos juveniles asaltar a transeúntes para maltratarlos mientras se les grava con la cámara del móvil y luego se distribuyen las imágenes para cachondeo del personal. ¿Sociedad del bienestar, y de progreso?
Locos, psicópatas, asesinos, los ha habido siempre pero cuando comienzan a multiplicarse la cosa se convierte ya en un peligro social.
Quien más o quien menos tiene sus experiencias de cosas de este tipo. En la calle te arrollan y no te piden no la más ligera disculpa. No se te ocurra llamar la atención a ningún grupo que esté atentando contra el mobiliario urbano, destrozando elementos de un parque infantil o haciendo guarradas en plena calle porque te juegas, nada más y nada menos, que acabar en el hospital, y eso en el mejor de los casos.
Y en ámbitos más pequeños suceden cosas muy parecidas. No es extraño encontrarse con comunidades de vecinos en las que, por poner un ejemplo vulgar, en nombre de la libertad para poder hacer y vivir como uno quiera, se acaba defecando (de forma figurada) en la puerta del vecino.
¿Es un problema de seguridad ciudadana, de vigilancia policial o de lo frágil y endeble que puede llegar a ser nuestra justicia?. Puede ser que algo de eso haya pero, sin lugar a dudas, es un problema mucho más profundo que afecta a los valores personales, a la educación y al grado de humanización en el que uno se encuentre.
Alguien con una conciencia medianamente formada y con un grado mínimo de humanidad es totalmente incapaz de quemar a una indigente por puro placer o andar grabando agresiones a mendigos por diversión.
Una vez más se pone de manifiesto que a medida que el grado de humanidad de nuestras conciencias es menor la locura aflora con mucha más fuerza. Y frente a la locura social, a la vez que se cuidan las medidas de seguridad y la educación, tan solo cabe invertir en humanización. Lo demás son sólo parches que a la mínima revientan.
“Te pedimos, Señor, que tu divina luz ilumine nuestros corazones; con ella avanzaremos a través de las tinieblas del mundo, hasta llegar a la patria donde todo es eterna claridad”.
“Venimos a adorarlo”
El Diurnal de JAI
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“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?. Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” (Mt 2,2)
Es casi imposible que el evangelio del día de la Epifanía del Señor no nos haga evocar con gratitud la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania), el gran acontecimiento eclesial de este verano, ya que ese fue su lema (“Hemos venido a adorarle”) y el tema central del desarrollo del mismo. Desde ese recuerdo y desde las muchas cosas escuchadas allí y los ecos que luego tuvieron en las iglesias locales puede resultarnos más fácil acercarnos a una escena en la que se producen dos acontecimientos: Dios en Jesucristo se manifiesta a todos los pueblos de la tierra y estos, simbolizados en los magos de Oriente, le adoran.
Si alguien piensa que Dios es sectario, que tan sólo es para unos pocos escogidos y privilegiados o que, como pensaban no pocos judíos, solamente ellos eran “el pueblo amado por Dios”, la fiesta de la epifanía pone de manifiesto que Dios es Señor de todos los pueblos, de todas las culturas, de todas las razas, de toda la historia y de alguna forma anuncia lo que años mas tarde será, de manos de Pablo y Pedro, el comienzo del bautismo como cristianos de aquellos que primero no eran judíos.
La respuesta de los magos, “venimos a adorarlo”, encierra una actitud, una práctica que aunque bastante denostada en nuestros días sigue siendo un elemento importante de toda la piedad cristiana.
Entre las cosas, muchas veces de forma equivocada, que el falso progresismo se intentó llevar por delante se encuentra la práctica de la “adoración” en sus múltiples formas. “Visitar al Santísimo” para hacer un momento de oración ante el Sagrario o simplemente participar en la Adoración Nocturna parece que es algo tan sólo reservado a unos cuantos nostálgicos de una “antigua” piedad y, además, cargados de años.
En los últimos años se ha intentado recuperar por parte de muchas generaciones más jóvenes el verdadero sentido de la adoración y se han dado grandes pasos aunque todavía queda mucho por hacer.
Nadie puede negar que hay muchas formas de orar, de celebrar la fe e incluso de organizar encuentros de oración para jóvenes y, lo mas probable, es que en todos ellos haya elementos que favorezcan el encuentro con Dios. Negar, por sistema y por que no es moderno, la importancia de la adoración, la visita y la Exposición del Santísimo para la piedad cristiana, ya sea de jóvenes, niños o adultos, es colocar obstáculos a esos fieles cristianos para conocer elementos de la oración de la Iglesia que ésta siempre ha tenido en mucha consideración.
¿Por qué nos cuesta tanto trabajo adorar a Dios en Jesucristo?. ¿Es que nos resulta una humillación?. ¿Acaso pensamos como aquel político que decía “yo no me arrodillo ante nadie” o la que proclamaba lo de “vale más morir de pie que vivir de rodillas”?.
Cuando la soberbia nos impide el mínimo rasgo de humildad para reconocernos pequeños, débiles o imperfectos y muchas veces equivocados, es casi imposible que podamos adorar a otro dios que no sea nosotros mismos. Y eso nos coloca fuera de la instantánea que hoy podemos contemplar en Belén entre un Dios que hecho niño se manifiesta como Salvador y unos magos que, en nombre de toda la humanidad, le adoran.
Y para adorar al niño no hacen falta oro, incienso y mirra, eso es accesorio, lo que sí que no puede faltar es un corazón humilde y agradecido ante un Dios que tanto nos ama que se hace uno de nosotros para, con su vida, abrirnos el camino de la Salvación.
“Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria”.
Noche mágica de ilusión

El Diurnal de JAI
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Una reciente información marcadamente comercial ponía de manifiesto que en España la fiesta de los Reyes Magos ganaba por goleada (7-2 decían, nada menos) a Santa Claus o Papa Noel, como se guste decir, y eso que este año, como ya comenté otra vez, fue el año en que era raro el edificio del que no pendía en alguna de sus ventanas en forma de muñeco escalador.
Aunque Papa Noel se haya abierto un hueco en nuestras tradiciones los tres reyes magos de oriente siguen mandando en la noche mágica de este cinco de Enero. Tiempo tendremos mañana para reflexionar sobre el profundo significado cristiano de la Epifanía, la manifestación de Dios a todos los pueblos. Pero hoy quedémonos con el significado mágico de esta noche de ilusión sobre todo para los más pequeños.
Decía una canción publicitaria que tuvo una gran resonancia popular “No me llames iluso porque tenga una ilusión…” y respondía, ni más ni menos, a una creencia que confunde el ser iluso con mantener ilusiones.
Cuando uno pierde la ilusión o no encuentra en lo que hace algo que le ilusione el grado de apatía, rutina y desmotivación aumenta cuanto mayor es la desilusión.
Esta noche la ilusión infantil de recibir el regalo, los juguetes que se esperan y se han pedido, evoca esa otra ilusión del adulto cargada de motivaciones, de objetivos, de sentido para todo lo que hacemos.
Y no se trata de ser meros soñadores de realidades imposibles o de hacer que la fantasía supere a la realidad. Eso sí sería pecar de iluso. La ilusión que debemos de cultivar es aquella que tiene los pies bien pegados a la tierra, que confía en las capacidades de las personas para poder llevar adelante los planes y objetivos que se marquen, que da un sentido a los esfuerzos que hacemos.
Para el cristiano la ilusión es fundamental porque es, ni más ni menos, que el reflejo mas humano de la gracia, de la presencia del Espíritu. Cuando andamos en las cosas de la fe con los hombros cargados y los espíritus quemados y pocas son las cosas que nos estimulan en nuestra labor pastoral es indudable que necesitamos recobrar la ilusión que sólo proviene de Dios y que nos hace “cargar las baterías” de la esperanza.
Que esta noche mágica llegue para todos cargada de la ilusión que hace mover nuestras vidas y las hace un poco más felices.
“Él es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación”. (Is 12, 2-3)
Se está vendiendo muy bien

JAI Confidencial
El libro-disco de Monseñor Osoro, “Ahí tienes a tu Madre” presentado el pasado 22 de Diciembre parece que mantiene un buen número de ventas. El libro consta de diferentes meditaciones y catequesis que van siguiendo la oración del Ave María, los Misterios Luminosos o diferentes acontecimientos y peregrinaciones en los que Maria está presente. El libro finaliza con un capítulo titulado “Cantos que nos abren a Dios” en el que se recogen diferentes poemas del propio Don Carlos escritos en los momentos de su llegada como Arzobispo a Asturias.
La gran novedad que presenta la edición del libro es que viene acompañado de un CD con todos los textos leídos por el propio Don Carlos en formato MP3. Todo por 18 €.
Uno de los principales puntos de venta del libro nos manifestaba ayer la satisfacción por el buen ritmo en la acogida que el libro está teniendo sobre todo entre los seglares, mucho mas animados que los sacerdotes en cuando a su compra se refiere.
Ha habido también instituciones, como la Fundación Principe de Asturias, que ha adquirido una buena cantidad de ejemplares. Sin duda son fechas en las que un regalo de este tipo siempre está bien.
De mal en peor

El Diurnal de JAI
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Cuando uno dice que está ya de vuelta de todo o que hay pocas cosas que le puedan escandalizar generalmente no tarda mucho en toparse con algo que nunca le había sucedido o contempla con asombro cosas que difícilmente pueden entrar, en su consideración, dentro de lo normal.
De algo de esto último puedo dar fe. Era la tarde-noche del pasado domingo cuando la televisión emitía en un programa diferentes recortes de otros espacios de diversas cadenas. En uno de esos cortes se podía ver a una pareja de famosos (mas ella que él) que estaban siendo entrevistados. El presentador le pregunta al chico: “¿Has estado alguna vez con una chica tan magnífica?”. Y el entrevistado, ni corto ni perezoso, y mirando sonriendo a la chica responde: “Gratis no”. Yo pensé para mí, esta ahora le da un guantazo y le deja solo en el plató de televisión. Pues no, le rió la gracia y la entrevista continuó como si tal cosa.
En los últimos años, no sé si por defectos de la modernidad, la técnica o, lo que es más probable, como resultado de la LOGSE, no sólo se han ido perdiendo las virtudes de la llamada “cultura general”, cada vez más escasa, sino que las normas más elementales de la más básica y rudimentaria cortesía, urbanidad o buenas maneras parece que han quedado reservadas para nostálgicos de otros tiempos.
En la era del SMS donde “x” quiere decir “por”, “q” se traduce por “que” o “tb” hay que leerlo como “también” se ha infiltrado también el virus de la grosería, el insulto masivo y el gusto por la chabacanería.
No hay cadena de Televisión en la que, en determinados programas, no encuentres de forma normalizada la práctica de la zafiedad que sustituye el diálogo por los gritos, los argumentos por los insultos y descalificaciones y las opiniones por ataques personales. Y además, lo grave, es que es eso lo que más vende y da audiencias.
La cosa ha calado tan hondo que en los últimos años también ha llegado a Internet y a, mas reciente nacimiento de los blogs donde no es extraño encontrarse con que en lugar de respuestas u opiniones contrarias a la que inicia el tema, mejor o peor argumentadas, se van sucediendo progresivamente insultos, descalificaciones, ataques personales que poco tienen que ver con el tema en cuestión…
Siempre he guardado una profunda admiración por quienes se dedican a la docencia y mucha más, si cabe, por quienes son profesores de religión cuya problemática, con los alumnos, con el centro en el que están, con el gobierno y con la Iglesia es de sobra conocida. Mi admiración hacia ellos se basa en lo complicado, por no decir casi imposible, que en medio de este ambiente cultural debe ser educar de forma integral, como se dice ahora, a nuestros niños y jóvenes. Porque además el educador, en cualquiera de sus variedades, es posible que se encuentre con que el verdadero problema de este deterioro sociocultural no está tanto en los propios niños y jóvenes sino en aquellos adultos de quienes depende la educación básica y primaria que tan sólo se aprende en el seno de la propia unidad familiar.
No es cuestión de dramatizar ni de alarmarnos más de lo debido pero algo se debería de intentar hacer desde todas aquellas instituciones que albergan, y albergamos, alguna de las instancias educativas de la persona porque, visto lo visto, es muy difícil saber a dónde podemos llegar en la degeneración de los valores culturales y sociales en los que se mueve nuestra convivencia. Aunque no sé si lo que ya se ha perdido habrá sido para siempre.
“Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve”.
Humanizar las conciencias

El Diurnal de JAI
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Aunque las fiestas navideñas nos hacen aparentemente más sensibles a todo lo que tiene que ver con lo afectivo, la caridad o la humanización de nuestras relaciones, hay cosas que, a pesar de las buenas intenciones de estos días, difícilmente podrán cambiar. Y una de ellas es la situación de quienes, al llegar a la meta de sus días, viven en centros donde reciben atenciones y cuidados que en muchas ocasiones, por las razones que sean, fuera de ellos no podrían recibir.
Cuando llega la ancianidad el grado de dependencia de los otros aumenta a la vez que las fuerzas van desapareciendo y la vida parece que se apaga. Aunque lo deseable es terminar los días rodeado de la familia, cuidado y arropado por aquellos a quienes se entregó todo el amor y el cariño, a veces no puede ser. No todos pueden o saben suministrar los cuidados y las atenciones que en estos casos se precisan. La existencia de casas, centros o asilos es por algo normal y necesario. De ellos se espera, aunque a veces con escándalo se descubran graves abusos, la mejor atención y el mejor cuidado en cuanto a la limpieza, la comida, los servicios médicos... Pero por muy buenas que estas atenciones sean siempre es necesario algo más. Si todo ello no está coloreado de humanidad la frialdad de esos cuidados puede envolver de tristeza los corazones que se apagan.
La imagen de un anciano en la habitación de un centro geriátrico privado sentado en una silla frente a la ventana y comiendo, a su ritmo, las doce uvas del fin de año es bastante sugerente.
La atención al anciano se ha convertido en uno de los negocios de alta rentabilidad y no es extraño, por ello, que en cuestión de pocos años se hayan multiplicado la creación de muchos centros y residencias de este tipo. Es cierto también que se han dado casos en los que la avaricia de querer ganar más y más pronto invitan a la aplicación de una fórmula diabólica: a menos gasto en comida, personal y cuidados más beneficios. Afortunadamente la persecución de este tipo de abusos sobre los ancianos y sus familias ha crecido mucho por parte de la administración. Una cosa es ganarse la vida cuidando y atendiendo ancianos y otra muy diferente es hacerlo desde el abuso, el maltrato o la pura estafa.
Pero incluso en aquellos centros modélicos en cuanto a la atención a nuestros mayores hay una asignatura muy difícil de superar: la humanización del trato y la relación con los ancianos. No se trata sólo de ofrecer una alta calidad en los servicios, cosa ya de por sí importante, si no de ofrecer el afecto y el cariño que tan importante es para la vida de cualquiera.
Aunque es muy difícil sustituir en esto a la familia dentro de la formación de aquellas personas que van a cuidar a los ancianos debería de incluirse una asignatura en la que la humanización de las conciencias sirviera para reconocer en el anciano una persona que, incluso en sus muchas incapacidades y limitaciones físicas, es sensible a todas las palabras, gestos y actitudes que tengamos con él.
Todo el tiempo, los abrazos y el cariño que descarguemos en los ancianos, aunque no venga acompañado de una rentabilidad inmediata, es seguro que producirá en nosotros un aumento considerable de nuestra capacidad para hacernos más sensibles a todo lo que afecte al ser humano. Y esa es, ni más ni menos, la primera de las cualidades que debe de adornar la tarea de la evangelización y el apostolado.
“Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas” (Is 2, 2)
Cambios en el Consejo Episcopal

Agencia JAI
Editorial
La Casa Sacerdotal finalizó el año con la noticia del nombramiento de quien será su nuevo director.
Eduardo Solís Fernández, párroco de Nava y Vicario del Oriente fue designado por el Arzobispo para una tarea que según se anunciaba en el comunicado de su nombramiento se ha diversificado separándose las tareas de la dirección y la administración que hasta la fecha habían sido llevadas por la misma persona. Se espera, por tanto, que en unos días se conozca quien será la persona designada para esa tarea.
El nombramiento de Eduardo Solís genera, por otro lado, ajustes en el Consejo Episcopal ya que éste abandona el cargo de Vicario del Oriente ejercido durante los últimos años. Un cargo que, a la espera de que se nombre su sustituto, será asumido por el Abad de Covadonga y Vicario para la misma y los santuarios, Florentino Hoyos.
Esta solución temporal, aunque abierta a todo tipo de opiniones y comentarios, no es tampoco nada fuera de lo normal. Covadonga, aunque Monseñor Osoro le haya dado rango especial de Vicaría, se enmarca en el territorio de la vicaria del Oriente. Que el abad de Covadonga asuma junto a sus otras tareas, la vicaria del Oriente es tan solo añadir un territorio, que antes quedaba reducido a Covadonga, a sus otras competencias.
La Casa Sacerdotal, por otro lado, es una de las obras importantes de la diócesis de cara a los sacerdotes jubilados y, por ello, la responsabilidad asumida por Eduardo Solís no es pequeña sobre todo ante las obras y cambios que la misma necesita. Desde estas páginas deseamos a Eduardo acierto y eficacia en su gestión ya que buena voluntad sabemos que le sobra. Y a Florentino Hoyos en sus nuevas competencias, perseverancia y cercanía al clero y a los católicos del oriente, una zona que el conoce muy bien y a la que no es ningún extraño.
Comenzar el año con Maria

El Diurnal de JAI
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“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. (Nm 6, 24-26)
Comenzar el año escuchando una de las bendiciones mas hermosas de la Biblia que encontramos en el libro de los Números es una forma sugerente de acercarnos, en la fiesta de Santa Maria Madre de Dios, a la Virgen Madre y contemplarla llena de la paz que trae el Salvador del mundo, conservando todas las cosas que vive y “meditándolas en su corazón”.
Tradicionalmente esta festividad suele estar muy ligada a la oración por la paz en el mundo. Unir los mejores deseos de paz y el nombre de Maria es algo que nos sale casi espontáneamente. ¿Podemos imaginarnos a Maria cayendo en la critica vacía, en el desprestigiar a los demás por el simple hecho de hacerlo o en la maledicencia?. ¿Podemos ni tan siquiera suponerla echando leña al fuego de la tensión, de los enfrentamientos o de las enemistades?. ¿Podemos intentar, si acaso, novelar en ella un gesto violento, un desprecio o una traición?. Todo ello queda fuera de lo que Maria significa para la fe de un católico. Incluso sería sorprendente encontrar alguno de estos rasgos esbozado por un no creyente. Maria es sinónimo de todo lo contrario. De paz, de ternura, de amor. Cuando decimos María estamos hablando de toda la comprensión y el cariño que podemos descubrir en una madre. No importa lo que hayamos hecho, lo que pensemos o los errores que hayamos cometido: Maria, como madre, nos acoge, nos arropa, nos mima y nos pone en el camino del encuentro con Jesucristo que desde la conversión nos abre la puerta a la salvación.
Frente a nosotros, que muchas veces movidos por el odio o por la crispación interior somos capaces de contestarnos a nosotros mismos si nadie responde a nuestras provocaciones, Maria sabe reconocer el fondo de nuestro corazón y descubre en cada uno de nosotros lo rasgos de bondad que por muy ocultos que los queramos mantener siempre afloran en su presencia.
Hoy es un día para desearnos la paz en nuestras vidas como el mejor deseo para un año que comienza y que no sabemos lo que nos puede deparar. Pero no la paz del derrotado, del cobarde o del estratega sino la paz evangélica que siempre es fruto de la justicia.
Que María camine a nuestro lado en este nuevo año que comenzamos y nos ceda algo de la ternura, la comprensión, el amor y la paz con la que siempre nos ayuda a que Jesucristo reine en nuestro corazón y esté presente en todas las cosas buenas que este año podemos realizar.
Feliz año para todos... y que la Virgen de Covadonga interceda por nosotros y nos acompañe todos los días de nuestra vida.
“Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida.”