Mártires de hoy

El Diurnal de JAI
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Cuando en los albores del tercer milenio de nuestra era nos encontramos con lo habitual que aún pueden seguir siendo las agresiones a los derechos humanos o la facilidad con la que los derechos civiles se pueden ver conculcados en muchas culturas o, sin ir más lejos, lo sencillo que resulta la agresión física o moral al otro sin que sea algo sencillo la defensa , uno piensa que esta hablando de un mundo de fantasía, del algo irreal o que sólo es producto de una cierta exageración fatalista. Pero no es así.
Lo que sí suele sorprender, también con frecuencia, es la facilidad con la que solemos hacer distinciones entre unos derechos y otros, entre unas agresiones y otras.
Ponemos el grito en el cielo cuando miles de personas mueren en las guerras africanas y en los atentados que suelen seguir a las ocupaciones extranjeras pero ¿nos preocupan los millones de niños que en nuestra sociedad occidental no llegan a nacer?. Poco, muy poco, nos hemos acostumbrado a que sea algo tan corriente que ya no nos llama la atención.
Si alguien opina que aunque todo el mundo es sujeto de unos mismos derechos ante la ley pero no se pueden aplicar términos como el matrimonio a situaciones que son diferentes, aunque tan respetables unas como otras, enseguida será llamado de todo menos bonito y, por supuesto, estará atentando contra los derechos humanos. Pero, sin embargo, si no puedo manifestar públicamente mi fe y lo que ella me implica sin ser tachado de pretender injerir con asuntos morales en temas civiles, nadie se sorprende y parece aceptado como algo que incluso tiene visos de verosimilitud.
Realmente solemos utilizar dos varas de medir lo más de acuerdo posible con aquello que nos interesa pero hoy siguen existiendo personas cuyos derechos se ven conculcados por defender su fe, sus creencias, la Iglesia de la que forman parte y eso, no en países tercermundistas, en el núcleo más avanzado de la cultura occidental. Según dicen, la más democrática de todas.
Y no digamos nada si volvemos la vista a otros lugares de nuestro mundo dónde hay muchos mártires que en nombre de Jesucristo siguen entregando su propia vida. Aunque esto, claro, no es lo mismo que entregarla en defensa de la democracia, la libertad de partidos y el libre ejercicio de la participación pública. Aunque, con tan sólo pensarlo un poco, sin esa libertad para poder vivir y manifestar la fe de nada sirve lo demás. Estaremos cargándonos, aunque no nos lo parezca, uno de los derechos fundamentales de cualquier persona.
“Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras empresas
nos las realizas tú” (Is 26, 12)
El cura que me llevó al Seminario

El Diurnal de JAI
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Cuando uno hace memoria de sus 45 años de vida se encuentra con que lo más importante de esa historia ya pasada suelen ser las personas que pasaron y siguen pasando por ella. Los acontecimientos, los buenos y los malos, los éxitos o los fracasos y las experiencias vividas aunque formen parte del recuerdo y no podamos renunciar a ellas nunca son tan importantes ni dejan tanta huella en nosotros como las personas con las que en el camino de la vida nos vamos encontrando. En la mía, afortunadamente, hay muchas y una de ellas, que estos días me venía a la mente cuando se aproxima la celebración de los veinte años de mi ordenación sacerdotal, es la del sacerdote que acompañó los inicios de mi vocación sacerdotal y que por primera vez me llevó al Seminario.
La vocación, aunque en cada caso me imagino que es diferente, no es algo que se solvente de la noche a la mañana sino que es todo un proceso que se inicia con dudas, pero con ilusión, y que siempre suele tener como referente una comunidad, un movimiento apostólico, una parroquia y un sacerdote donde todo comienza a suceder.
En mi caso mi vocación surgió del grupo de jóvenes de mi parroquia praviana que por aquel entonces formábamos parte del Movimiento Junior de AC de la misma y mi primer referente sacerdotal fue el sacerdote que acompañaba al grupo durante muchos años.
Fue en ese grupo del Junior donde por vez primera manifesté, incluso antes que a mi familia, mi inquietud por ser sacerdote y fue aquel sacerdote quien orientó mis pasos, quien me ayudo a comunicárselo a mis padres, que ni se lo esperaban y quien luego me fue enseñando, poco a poco, a ver más allá de nuestro grupo y nuestra parroquia y descubrir una Iglesia Diocesana que en aquel año celebraba, nada más y nada menos, que la famosa Asamblea Sacerdotal con toda la resonancia mediática y eclesial que entonces tuvo.
Tras un par de años como seminarista en mi propia parroquia y en el mismo grupo juvenil donde la vocación había surgido, la dirección del Seminario me llevó a incorporarme a otra comunidad, a otros grupos juveniles y a trabajar con otros sacerdotes. Curiosamente esa otra parroquia en la que ya continué como seminarista hasta mi ordenación sacerdotal es hoy la misma de la que soy párroco.
Por mi vida pasaron después muchos otros sacerdotes que me ayudaron en el discernimiento de mi vocación y que se convirtieron en pequeños referentes de modelo sacerdotal pero quien por vez primera acompañó a un joven desconcertado a conocer el Seminario de Oviedo y a su rector de entonces ocupa entre los recuerdos personales un lugar muy importante.
Hoy, aunque sigue en activo en una pequeña parroquia de la costa llanisca, está ya a punto de cumplir ochenta años.
Gracias Ángel. Aunque no nos veamos mucho sigues siendo parte de esta vocación que continúa siendo la razón de mi existencia.
“Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y a prestado;
bendita será su descendencia”. (Salmo 36)
Que la enfermedad no pueda contigo

El Diurnal de JAI
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Hay expertos en las cosas de la comunicación que me suelen recomendar que no es bueno que uno se convierta en sujeto o protagonista de la noticia y que, incluso, abusar de narrar experiencias propias puede llevar a dejar de causar un cierto interés en lo que uno cuenta. Pero celebrándose en la Iglesia estos días la Pascua del Enfermo no puedo evitar la tentación de volver a hablar de la enfermedad y para no caer en la pura teoría, que a veces suele estar muy bien pero ser muy fría, hablar en concreto de la mía que, sin embargo, comparto con más gente de la que uno puede pensar.
Lo primero que mi cáncer me ha enseñado es que cada enfermedad y cada enfermo es diferente y que cualquier humanización de la medicina o cualquier pastoral de la salud que queramos hacer debe de comenzar por tener presente que aunque los síntomas, los tratamientos o las enfermedades tengan una patología similar en cada enfermo afecta de forma distinta y la aceptación, la evolución y el tratamiento de la misma es en cada uno diferente.
Lo segundo es que aunque hablemos de una enfermedad tan común como temida como es el cáncer ni todos son iguales ni afectan a las personas de la misma forma y, por supuesto, no todos tienen la misma gravedad. El que a mí me ha tocado, cáncer de esófago acompañado de metástasis hepática y con afectación ósea no es precisamente de los más sencillos o de los más leves. Se, por ello, que independientemente del tiempo que me toque luchar con él va a terminar con mi vida. Pero, y este es quizás el primer efecto que en mí ha producido la enfermedad, eso no rompe mi tranquilidad ni mi ánimo para enfrentarme a ella. Y no lo hace por una sola razón porque sé que, de una forma u otra, Dios va a salvarme. Si no obstante algo me preocupa es más el efecto que ello produce en las personas que me rodean y me quieren que en mí mismo.
Y se que Dios va a salvarme porque o bien me da mucho más tiempo para seguir disfrutando de las bellezas de esta vida, de las personas maravillosas que me ha puesto en ella y de la Iglesia a la que tanto quiero y a la que entregué un día todo lo que soy o, por el contrario, me salva llevándome a ese lugar de la luz y de la paz que es la vida eterna. De una forma o de otra se que estoy salvado por la enorme misericordia de Dios y eso, se quiera creer o no, hace que la enfermedad se mire de otra forma diferente. También es cierto que uno prefiere ante el temor a lo desconocido aquello que conoce y que valora.
Lo único que en realidad me da un poco de miedo, porque uno no deja de ser débil, es el tener le suficiente fuerza para poder enfrentarme al dolor, si este se produjera, y el saber aceptar con humildad la pérdida de facultades que con el tiempo irán haciendo que uno no pueda seguir ejerciendo sus responsabilidades al menos tal y como las venía haciendo hasta ahora.
Hace muy poco disfrutaba con unos compañeros de curso de la fiesta de San Juan de Ávila y hace tan sólo quince días me encontraba con un matrimonio amigo de Madrid a quien tuve la suerte de conocer por estas cosas de los blogs, los foros y los medios de internet. La enfermedad me ha descubierto el rostro de unos feligreses maravillosos, me ha hecho valorar mucho más a las personas que me quieren y querer más a la Iglesia a la que desde Asturias entregué todo lo que soy y lo que hago. Cuando todo esto tenga que cambiar y Dios decida sorprenderme con otra felicidad, con otra vida, con la plenitud pascual que el nos anuncia espero que me encuentre con el mismo ánimo, ligero de equipaje y confiando en Dios para la salvación de mi alma y en los médicos para que me hagan lo más fácil posible un tránsito que, aunque inevitable, siempre suele ser algo doloroso.
Y esta es mi celebración de la Pascua del enfermo, en la que tan sólo me queda recordarles a los buenos compañeros sacerdotes que entregan su servicio como capellanes en los servicios de salud, el impagable servicio que prestan con su presencia, su escucha, sus signos de afecto y, en definitiva, con recordarnos a los enfermos que tanto en la vida como en la muerte somos del Señor y que él siempre, de una forma u otra, nos salva y que , por ello, la enfermedad no puede poder contigo.
“Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno sólo se quebrará” (Salmo 33)
“Mi hermano”

El Diurnal de JAI
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Rafael Novoa. Natural de Luanco (Asturias), es uno de tantos escritores anónimos que circulan por el mundo que escriben por placer y que, casi sin esperarlo, un día se encuentran con un reconocimiento que les hace enormemente felices. Algo así fue lo que le ocurrió cuando presentó su relato “Mi hermano” a un concurso de relatos hiperbreves haya por 2.002 y sin esperarlo se llevó el primer premio. Hoy os acerco ese relato a estas páginas porque no sólo me parece hermoso su contenido y de bella factura su realización sino porque es una prueba de cuantos escritores dormidos para el gran público existen a nuestro alrededor que nunca verán nada publicado pero que hacen cosas verdaderamente maravillosas. Rafael ha tenido la suerte de tener el pequeño reconocimiento de ser premiado. Otros muchos tan solo dejarán sus escritos para sus mas allegados.
“Mi hermano”
de Rafael Novoa
Nunca le perdoné a mi hermano gemelo que me abandonara durante siete minutos en la barriga de mamá, y me dejara allí, solo, aterrorizado en la oscuridad, flotando como un astronauta en aquel líquido viscoso, y oyendo al otro lado cómo a él se lo comían a besos. Fueron los siete minutos más largos de mi vida, y los que a la postre determinarían que mi hermano fuera el primogénito y el favorito de mamá. Desde entonces salía antes que Pablo de todos los sitios: de la habitación, de casa, del colegio, de misa, del cine —aunque ello me costara el final de la película. Un día me distraje y mi hermano salió antes que yo a la calle, y mientras me miraba con aquella sonrisa adorable, un coche se lo llevó por delante. Recuerdo que mi madre, al oír el golpe, salió de la casa y pasó ante mí corriendo y gritando mi nombre, con los brazos extendidos hacia el cadáver de mi hermano. Yo nunca la saqué del error.
“No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que hablan de paz con el prójimo,
pero llevan la maldad en el corazón” (Salmo 27)
¡Ya ha pasado un año!

El Diurnal de JAI
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Se cumplen por estas fechas, en concreto el día 14 e Mayo, un año de la ordenación episcopal de Monseñor Berzosa y con ella, también, un año de su estancia como obispo auxiliar entre nosotros. Siempre que se cumple este tipo de efemérides se suele ser muy dado a la revisión, a analizar lo que este año ha supuesto y a valorar lo que de bueno y malo haya habido en este tiempo. Dada la dificultad de conocer de forma pormenorizada la agenda y lo que es la vida diaria de un obispo auxiliar mi opinión, por ello pobre, se queda simplemente en lo externo, en lo aparente, en lo que uno puede ver desde fuera.
Poco antes de la llegada de Monseñor Berzosa a Asturias escribí un par de cosas primero sobre la necesidad o no de que la diócesis contara con un Obispo auxiliar y luego, un poco más tarde, sobre la dificultad de ser obispo pero, además, de serlo al servicio del titular de la plaza. Sigo pensando lo mismo que entonces aunque con algunos matices.
La gran movilidad del Arzobispo, su deseo de delegar lo menos posible y estar al frente de todo aquello que en la diócesis tenga una cierta relevancia, ya de por sí, deja poco espacio para el protagonismo que un obispo auxiliar puede tener. No estamos hablando de un Arzobispo anciano a quien los asuntos de la diócesis le sobrepasen sino de uno relativamente joven, con energía y que, por hablar en plata, quiere gobernar.
Por otro lado Monseñor Berzosa, aunque nuevo en sus tareas episcopales, tiene ya una experiencia bastante dilatada de trabajo ente ellos, no en vano fue vicario en Burgos y secretario de los obispos de la zona de Castilla y León. Y a eso se une el que cuando llega al episcopado no es ningún desconocido ni en el mundo de la pastoral ni en el de la teología ya que una buena cantidad de publicaciones le acompañan y prácticamente ha recorrido muchos rincones de España invitado a diferentes charlas, conferencias y cursos pastorales.
Todo ello, que en principio podría suponer un problema al estar hablando de dos obispos con una fuerte personalidad cada uno de ellos y con razones suficientes para tener su propio protagonismo, creo que a lo largo de este año han sabido salvarlo bastante bien. Ya desde el principio Monseñor Berzosa manifestó que su tarea era realizar aquello que el Arzobispo le encomendara y por su parte Osoro dejo claro en más de una ocasión que no se iban a repartir el trabajo o la atención a diferentes sectores sino que todo lo iban a realizar entre los dos.
Me imagino, y aquí entro ya en el terreno de lo meramente hipotético, que no todo habrá sido un camino de rosas y que algunos momentos de cierta tensión o debate, simplemente motivado por el hecho de pensar de forma distinta ante algunas situaciones se debe de haber dado. Lo contrario si que sería muy extraño. Pero creo que lo han sabido hacer bien.
Monseñor Berzosa, poco a poco, ha ido calando en la diócesis y creo que el aprecio que se le tiene en un valor en alza. Su sencillez y claridad de exposición, su cercanía (algo también muy compartido con Osoro) y su metodología a la hora de hacer llegar su mensaje sorprende y si a esto le unimos la afabilidad y cordialidad que suele mostrar el aprecio suele subir varios enteros.
Hay quien dice el único problema de Monseñor Berzosa es su juventud. Que está llamado a ser alguien importante dentro de episcopado español. Pero todo eso ya son especulaciones.
Al cumplirse su primer año episcopal tan solo darle la enhorabuena. En Asturias algunos, y no creo que seamos pocos, estamos muy contentos y orgullosos de tenerle entre nosotros.
“Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado” (Salmo 18)
“Sin mi no podéis hacer nada”
El Diurnal de JAI
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“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada”. (Jn 15, 5)
Hay quien piensa y vive como si todo aquello que se escapa de la capacidad del ser humano, de su ciencia y de su técnica, de su sabiduría o de su raciocinio, fuese algo imposible de realizar por una persona. Hay quien, de igual forma, cree que la oración o el pedir a Dios ayuda ante determinadas circunstancias de la vida es una pérdida de tiempo porque lo que nosotros, los médicos o la sociedad no haga mal puede realizarlo Dios. Y quien esto cree y vive se encuentra, más tarde o más temprano, con la frustración de que es verdad, el hombre por sí solo hay cosas que no puede solucionar, males que no puede paliar y necesidades que no puede alcanzar. Tan sólo queda entonces la resignación, la tristeza o el lamento porque el ser humano aún no haya podido llegar a poderlo todo. Pero para quien tiene fe en Dios esa frustración no existe porque nuestra esperanza no es sólo lo que el ser humano puede alcanzar sino que está depositada en el Dios que se nos reveló en Jesucristo y que, según la fe, ha vencido incluso a la muerte.
Ante la misma circunstancia de algo irreversible y que en el ser humano y sus capacidades no encuentra solución, el creyente nunca pierde la esperanza porque sabe que Dios le escucha y es capaz de llegar y realizar aquello que a nosotros se nos escapa. El por qué a veces esto no es así, por qué parece que Dios no nos escucha o no realiza un milagro y soluciona los problemas es algo que pertenece al misterio con el que el mismo Dios va escribiendo nuestra propia historia y la del mundo.
Se que esto que digo para quien no crea que Jesucristo es el Hijo de Dios vivo y resucitado de entre los muertos puede sonar a pura fábula pero es que esto es la fe: confianza en Dios, ponernos en sus manos y sin dejar de luchar con todas nuestras fuerzas, saber y esperar que el va a realizar en nosotros lo mejor.
Y algo muy parecido ocurre con la misma vida de la Iglesia, con nuestra vida de fe. Podemos realizar grandes empresas caritativas, podemos llevar adelante programas sociales que salven y ayuden a multitud de personas, podemos incluso desarrollar una pastoral y una liturgia espléndida pero si en el origen de todo, si no lo hacemos desde Cristo, eso mismo pueden hacerlo organizaciones sociales estupendas o puede quedarse todo en una pintura sobre algo que se encuentra vacío. Nuestra seña principal de identidad no es las obras que realicemos es que a través de ellas se vislumbre a Cristo que nos une y es quien nos impulsa a ello.
Yo, y no encuentro otro ejemplo más a mano, confía plenamente en Dios y lucho por superar las limitaciones, la enfermedad, mis incapacidades pero lo hago con la alegría y la ilusión de saber que dónde no llegue, dónde ya el esfuerzo sea inútil siempre estará Jesucristo que seguirá realizando en mí, sea yo consciente de ello o no, su obra misericordiosa. Esa confianza y esa certeza es toda mi esperanza y, además, creo que es algo exportable porque vale para todos aquellos que quieran sentir y vivir esa misma confianza en Dios.
“El que tenga sed, que venga a beber de balde el agua viva.”
Bronca parlamentaria

El Diurnal de JAI
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Creo que no es serio lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados y, aunque tal vez tengamos los políticos que nos merecemos, lo último que puede perderse son una formas mínimas a la hora de comportarse, incluso en el enfrentamiento dialéctico, con las formas y cortesía adecuadas. Porque, se quiera reconocer o no, cuando se ven actuaciones y situaciones como las de ayer en el Parlamento esas cosas se terminan copiando y calando como normales dentro de una sociedad mas alocada que da más importancia a las cosas del corazón, a los cuernos que se ponen los famosos o a las corruptelas de algunos personajes que a los problemas realmente serios por los que atraviesa España.
Y no es cuestión ya de quien tenía la razón si el diputado del PP por pedir a voces la dimisión del ministro, o este por no acceder a ello o el propio presidente de la Cámara por aplicar el reglamento. Eso, al fin y a la postre, da igual. Lo que realmente deja a uno descolocado es el espectáculo organizado que creo que en nada beneficia a aquello de lo que se estaba realmente tratando en la sesión correspondiente de la Cámara. Y es que en los últimos meses el debate político, el trabajo parlamentario y las confrontaciones en el hemiciclo cada vez se parecen más a un programa del corazón donde tertulianos, ocupando diferentes posiciones, muchas veces fingidas, derivan el tema, el que sea, hacia los ataques personales y las descalificaciones de todo tipo.
Y no es que un debate parlamentario tenga que ser siempre un dialogo de guante blanco, elegante y con buenas formas pero entre esto y la perdida total de las formas existe un término medio que es el que creo que ayer, definitivamente, se perdió.
Y la cosa no tendría más historia si no fuera porque eso mismo que vimos ayer en el Congreso es algo que se puede observar crece en la sociedad, en la convivencia diaria entre los ciudadanos. Cada vez es más difícil mantener un debate sereno sobre posturas y argumentos diferentes sin caer con facilidad en el insulto, en el agravio personal o en la descalificación de una de las partes por la condición, personal o social, de los participantes. Y eso es preocupante. Un ejemplo, sin ir más lejos, es darnos una vuelta incluso por nuestros blogs y descubrir la facilidad con la que esto ocurre, lo habitual que parece ser dejar de lado las argumentaciones y pasar al ataque personal o a la descalificación.
Al parecer la política y el Parlamento no es ajeno a esta tendencia social pero siendo como es una de las instituciones mas importantes del Estado creo que deberían de cuidarlo un poquito más.
“Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre violento:
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en los labios” (Salmo 139)
El clero

El Diurnal de JAI
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No es mal día hoy, fiesta de san Juan de Ávila y patrono del clero español, para hacernos alguna reflexión acerca de un colectivo tan denostado como necesario para la vida de la Iglesia. Dicen que en España siempre se ha ido detrás de los curas, unas veces en procesión y otras para correrles a palos pero a poco que profundizas, y salvando casos muy concretos, es muy poco lo que el ciudadano corriente conoce de la vida interna de un colectivo como el de los sacerdotes diocesanos. Y, además, en el conocimiento que le pueda llevar a pensar de una determinada forma sobre el clero influye, y no poco, la experiencia personal que se haya podido tener con alguna persona concreta, que enseguida se generaliza, y la propia historia de una época en la que, para bien o para mal, el sacerdote tuvo una importancia social de la que hoy tan sólo quedan algunos restos.
Como en cualquier colectivo formado por personas debemos de partir de que vamos a encontrarnos de todo: los habrá mejores o peores, más honrados o menos honrados, más justos o menos justos... como en cualquier profesión. Pero no me cabe la menor duda de que entre el clero existe más bondad que maldad, más honradez que pillería, más humanidad que indiferencia, más compasión, más conciencia social, más solidaridad... No es un colectivo perfecto pero, sintiéndolo desde dentro, es tan respetable o mucho más que otros que forman parte de la sociedad.
Aunque siempre hay escándalos que se magnifican si en ellos está presente un sacerdote, sobre todo en temas sexuales o económicos, no deja de ser también uno de los grupos profesionales mas saneados. Y es que, aunque desde fuera sea difícil de entender, estamos hablando de algo más que de una profesión. Hablamos, se haga mejor o peor, de toda una vida entregada a un servicio y a la Iglesia.
Hay quien dice que, internamente, el clero tiene un problema y es que entre nosotros no solemos destacar por el afecto que nos tengamos y eso, en no pocas ocasiones, pone en juego la propia comunión eclesial. Yo más bien suelo pensar, aún a riesgo de estas equivocado, que no es sólo problema de afecto. No obstante uno es amigo de quien quiere y aprecia a quien mejor le parece. Suele ser, más bien, un problema de respeto. Nos cuesta, como a muchos otros, aceptar la pluralidad de formas y de estilos de ser sacerdote porque no existe un único perfil. El único modelo es Jesucristo. Al igual que tampoco existe una forma uniforme de vivir el ministerio o de desarrollar la misión pastoral que a uno se el encarga. Si en esa enorme pluralidad nos falta vivir el respeto hacia el otro es cuando surgen las divisiones, los bandos, los grupos...
Hace veinte años, faltan pocos días para ser exactos, que formo parte del clero y me siento orgulloso de ello. Me ha tocado, además, una promoción en la que, al menos con los que nos mantenemos en activo, existe una relación no sólo meramente cordial sino de cercana amistad. Y eso se ha puesto de manifiesto muy recientemente en el afecto que me han manifestado en todos los acontecimientos que me han tocado y me toca vivir.
No podría imaginarme hoy mi vida sin sentirme parte del clero diocesano y en la fiesta de nuestro patrono no puedo menos de dar gracias a Dios por ello.
“O Dios, que hiciste de san Juan de Ávila un maestro ejemplar para tu pueblo por la santidad de su vida y por su celo apostólico, haz que también en nuestros días crezca la Iglesia en santidad por el celo ejemplar de tus ministros”.
“A un asalariado no le importan las ovejas”
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“Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos” (Hch 4, 12)
Nos dice el evangelio de hoy que el Buen Pastor es aquel que da la vida por las ovejas a diferencia de un pastor asalariado que cuando ve venir al lobo corre y las abandona porque, simplemente, no le importan. Y con esa simple comparación no es poco lo que se nos quiere trasmitir si en realidad queremos asumirlo desde el corazón. Dirigiéndose de una forma especial a quien en la Iglesia tiene la responsabilidad de ser “pastor”, ya sea obispo o sacerdote, la frase en toda una invitación a reflexionar sobre cómo desarrollamos esa función, ¿con verdadera vocación, cómo mera burocracia o cómo asalariados que hacen las cosas manga por hombro y tan sólo para cumplir con las generales de la ley?.
Hace pocos días leía en una entrevista a una teóloga española que la pérdida de vocaciones no era un problema grave sino que, al contrario, podía servir para despertar en la Iglesia el protagonismo de los laicos muchas veces oscurecido por el de los pastores. Me asombraba entonces, y lo sigo haciendo ahora, no porque en muchos casos la teóloga tenga su parte de razón al afirmar que los sacerdotes han asumido muchas veces un protagonismo que no les correspondía del todo y han desplazado o minusvalorado la labor de los laicos. Al contrario. Lo que me asombraba era que para solucionar un problema existente hubiese que crear otro y “alegrarse” de la escasez de vocaciones para así tener que echar mano, de forma irremediable, de los laicos.
Cuando las cosas se hacen bien, y hay muchas veces que se hacen, cada uno tiene su papel, su puesto en la Iglesia y si posponer el protagonismo de los laicos en la vida eclesial es malo hacer lo propio con los sacerdotes, con los pastores, no deja de ser hacer más de lo mismo.
La Iglesia necesita de “pastores” no tanto para guiar al pueblo, que en muchas ocasiones también, sino sobre todo para acompañarle en todos los procesos vivenciales y espirituales a los que cualquier persona está sometido. Pero ese acompañamiento del pastor no es un “oficio” más, no es una profesión cualquiera, no es trabajo para un asalariado. Es toda una entrega de la vida propia al servicio de los demás recibiendo por ello sus satisfacciones y sus penas. No es algo que se haga para ganar un salario, no es un medio como otro cualquiera para ganarse la vida porque, en definitiva, o es entregar la vida entera o será una entrega tibia, una media entrega que no dejara contento a nadie, ni a quien la realiza ni a quien es destinatario de esa vocación.
Necesitamos pastores pero que sean “buenos pastores”, que afiancen su vocación en la roca firme de Jesucristo, la piedra angular, y que con sus actitudes y su estilo de vida proclamen el gran amor que nos ha tenido el Padre.
Rogad a Dios que quienes hemos sentido esa llamada a la vocación sacerdotal o religiosa seamos capaces de estar a la altura de lo que Dios espera de nosotros y que no acabemos siendo meros asalariados que a la primera de cambio salgan corriendo.
“Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la sangre de tu Hijo pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu Reino.”
La revolución del blog

El Diurnal de JAI
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Dentro de unas pocas horas voy a tener el placer, ya repetido en otras ocasiones, de compartir mesa, tertulia y sobre todo amistad, con un compañero de blogs que escribe unos pisos más abajo que este. Aunque nuestra relación comenzó de forma tormentosa en los comentarios de “Rumores de Angeles”, el primero de la escala, con el tiempo nos hemos convertido en grandes amigos. Y eso ni significa que pensemos lo mismo ni que digamos las cosas de la misma forma aunque, es cierto, que cuando te sientas a charlar nunca las diferencias son tan abismales ni las cosas que nos unen tan pocas. Ha sido, y es, sin duda, una experiencia de las positivas que me han ocurrido en los últimos años.
Pensando en ello he dirigido una mirada a todos los blogs que componemos el elenco que recoge Religión Digital, algunos de los cuales leo más que otros, tengo que reconocerlo, pero que me parece que muestran toda una pluralidad no ya de confesiones religiosas, que también, sino de orientaciones y estilos eclesiales que me parece enormemente positiva.
Hace pocos días uno de los suscriptores del boletín de JAI, en el que diariamente se suelen recoger aquellas noticias y opiniones que se publican sobre el tema religioso o la Iglesia católica, y en el que suelen aparecer con frecuencia artículos de estos blogs compañeros, me recriminaba que diera “demasiada cancha” a uno de ellos con quien no compartía en absoluto ni su visión de la Iglesia, ni su trato a los obispos, ni mucho menos su estilo a la hora de opinar. Nada tengo que objetar, los gustos y apreciaciones son las de cada uno. Pero si observamos el número de respuestas o comentarios que los blogs van teniendo podemos fácilmente deducir que hay algunos que suscitan poca polémica o incluso interés, como éste, pero hay otros que provocan una constante lluvia de comentarios bien por sus provocaciones o bien por que inciden, favorable o desfavorablemente, en la opinión de los lectores. Desconocer esto o silenciar aquello que no nos gusta sería ponernos una venda en los ojos.
Aunque no se crea se nos lee en estas páginas más de lo que nos imaginamos e incluso diría que hay personas importantes de la Iglesia, entre ellas muchos obispos, que siguen atentamente muchas de las cosas que en estos blogs se publican y se cuentan. Y no es falsa presunción sino que en ocasiones lo he constatado.
Por supuesto que no comparto las orientaciones, los comentarios o las formas que en algunos de los blogs vecinos se utilizan pero siempre defenderé su existencia no sólo por el viejo concepto de la libertad de expresión sino porque conocer lo que otros piensan, argumentan y defienden siempre es una ayuda para nuestra propia percepción de las cosas.
Por ello cada vez que se amplía la lista de blogs me felicito. Cada vez somos más y esto, sin duda, ha permitido que este campo de la información religiosa y en otros de la información, se haya producido una verdadera revolución que aún no se sabe en que va a terminar. La información ha cambiado y en el futuro de la misma los blog, sin duda, van a tener una importancia capital.
“Una vez que la Palabra vivificante hubo tomado carne, restituyó a la carne su propio bien, es decir, le devolvió la vida y. Uniéndose a la carne con una unión inefable, la vivificó, dándole parte en su propia vida divina” (Del comentario al evangelio de Juan de San Cirilo de Alejandría)
Jesús del atardecer

El Diurnal de JAI
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Un sacerdote avilesino, Jose Manuel Feito, nacido hace ya 72 años y párroco de Santo Domingo de Miranda desde 1964 acaba de publicar un libro de poemas que contiene una belleza y una sensibilidad especial y que es digno de recomendación. Feito no es un desconocido en el mundo intelectual asturiano. Cuenta con premios y menciones especiales en el campo de la etnografía y es promotor de la Escuela de cerámica de Miranda, de la Municipal de Avilés y del grupo folk Madreselva.
En el campo de la literatura cuenta con el Premio Nacional de Periodismo “Mundo Negro” de 1988 y con los premios Alfonso Camín y Ana del Valle.
El libro es de gran sencillez editorial y a un precio más que asequible, 6 euros. Para muestra de su contenido basta un poema cualquiera del libro.
Ya no es pan
Camino de la piedra y la tortura
se hace el trigo silencio, molturado
para ser por mi mano consagrado
en la voz que lo siembre y lo madura.
Brilla un sol de misterios en la altura
se oye el viento perdido en el sembrado,
y n tiempo feliz y acompasado
se acostumbra el buen Dios a su blancura.
Mi palabra es sintaxis temblorosa
“es el verbo hecho carne” repetía.
y de forma sencilla y amorosa.
Dios en pan virginal se convertía.
Mas el pan ya no es pan, es otra cosa,
pues Amor es el pan de Eucaristía.
“Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombresy mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Ga 3, 27-28)
El problema de las vocaciones

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Leo hoy en una entrevista realizada a Isabel Gómez-Acebo, Profesora de teología en la Universidad Pontificia de Comillas, Presidenta de la Fundación Sagrada Familia y fundadora de la Asociación de Teólogas Españolas, la afirmación siguiente a una pregunta realizada por el entrevistador:
“--En Europa, y en España especialmente, se vive una fuerte crisis de vocaciones, qué le parece?
--Pues eso es enormemente positivo, porque es devolverle al laicado el protagonismo que tuvo en los orígenes del cristianismo. Esa es la novedad que aportó el cristianismo, que era un pueblo sin sacerdotes en el que no hacían falta templos y por eso los romanos lo consideraban una religión atea. Quizá esto sea una respuesta del Espíritu Santo para volver al cristianismo primitivo, es una buena nueva para la Iglesia, yo soy optimista”..
Me he quedado sin palabras.
No voy a ser yo, sencillo sacerdote, quien enmiende la plana a toda una especialista en teología, mérito que no se me ocurre poner en duda, pero en el plano de las opiniones me parece muy grave considerar que la escasez de vocaciones pueda ser “un bien” para que así crezca el protagonismo de los laicos. No sólo me parece muy grave sino que me parece que hay algún concepto que no está del todo claro. ¿No tiene cada uno su papel en la Iglesia?. ¿Es que el sacerdocio resta protagonismo o usurpa funciones de los laicos dentro de la comunidad eclesial?. Si las cosas se hacen como deben hacerse, que siempre hay errores, esa contraposición laico-sacerdote me parece del todo fuera de lugar.
La misión del sacerdote es actualizar la presencia de Cristo en medio de la Iglesia y del mundo mediante, especialmente, la celebración de los sacramentos y dentro de estos, con una especial importancia, la Eucaristía. Esa no es tarea de los laicos ni porque haya escasez de vocaciones llegará a serla a no ser, claro, que cambiemos la Iglesia, su Magisterio y toda su tradición y nos inventemos algo nuevo. Si a doña Isabel Gómez-Acebo no le preocupa que haya pocos sacerdotes que hagan presente real y sacramentalmente a Jesucristo a mí sí que me preocupa, y mucho.
Todos sabemos que la evangelización, la gran mayoría de las labores pastorales, la propia formación del Pueblo de Dios no es algo exclusivo de los sacerdotes. Incluso en muchas ocasiones la labor catequética y pastoral está mucho mejor desarrollada por los propios laicos que por los sacerdotes. Pero todo ello, también deberíamos saber, que sin la celebración, sin la Eucaristía, sin los sacramentos, se queda en nada, en puro adoctrinamiento intelectual o en una mera sensibilización social, muy importante, pero carente de la vivencia espiritual de la salvación y de la gracia. Y sin sacerdotes no hay Eucaristía.
No se por dónde encuentra “optimismo” la teóloga en la situación de crisis vocacional existente. Yo más bien siento preocupación y una necesidad imperiosa de rogar al Señor que no deje de enviar obreros y sacerdotes a su mies. Aunque el trabajo de los laicos es imprescindible el de los sacerdotes , y que haya cuantos más y más santos, mucho mejor, no deja de ser tan fundamental y necesario.
“Sostenme en tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi esperanza;
dame apoyo, estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son engaño” (Salmo 118)
La norma y el sentido común

El Diurnal de JAI
http://blogs.periodistadigital.com/eldiurnaldejai.php
Se cuenta en una pagina de actualidad (Terra) que un sacerdote “obliga a dejar a la fallecida en la calle en su funeral córpore insepulto”. No sé hasta que punto la noticia, que se ofrece íntegra a continuación, puede ser cierta pero de serlo no es más que un reflejo de hasta donde puede llegar la norma, el sentido común y un poco de la propia estupidez humana. Las costumbres funerarias no son idénticas en todos los sitios, hay quienes celebran primero el entierro y días después el funeral; otros sitios en los que se celebra de cuerpo presente; en unos lugares hay funerales en los tanatorios y en otros están prohibidos... Las normas suelen ser diferentes pero cuando tienes delante de la puerta de tu templo parroquial un féretro para celebrar un funeral de cuerpo presente dejarle “tirado” en la calle mientras se celebra éste, tal y como dice la noticia, no deja de ser, por mucho norma que haya, una falta de sentido común frente a la familia y el propio difunto. Lean la noticia y luego que cada uno opine.
Un sacerdote obliga a dejar a la fallecida en la calle en su funeral córpore insepulto
TERRA ACTUALIDAD
'Ver para creer'. 'Increíble pero cierto'. 'De película de miedo'. Estos son algunos de los comentarios que se hacían entre sí los participantes de una reciente misa funeral córpore insepulto que se celebró en Majadahonda con una importante ausencia: la de la difunta.
Ocurrió el pasado 21 de abril. Aún con el dolor de la pérdida, los familiares y amigos llegaron a una iglesia de la mencionada localidad para asistir al acto religioso. Sin embargo, nada más llegar el coche con el ataúd, que quedó estacionado a las puertas del templo, el párroco expresó su negativa a que el féretro fuera introducido en la iglesia.
Familiares y amigos expresaron su estupor al párroco de la iglesia Santa María, donde ocurrieron los hechos, José Fernando López de Haro.
El sacerdote argumenta un supuesto cambio de normativa efectuado por la Comunidad de Madrid en determinadas poblaciones, como Majadahonda o la capital, que habría modificado la costumbre de celebrar la misa con el cuerpo del fallecido presente.
'Ahora se ha organizado de otra manera y se pasa del hospital al tanatorio, y de allí, directamente, al cementerio', afirmó el sacerdote, aunque no era la situación en este caso, dado que el coche fúnebre quedó estacionado en las inmediaciones. Explica que no se trata de un hecho excepcional ni caprichoso, sino que es la actuación habitual en las cuatro parroquias que existen en el municipio de Majadahonda. Y añade: 'El féretro espera muy dignamente en la puerta de la iglesia, porque así lo dictaminan las normas sanitarias de la Comunidad de Madrid'.
Sanidad niega una nueva norma
Sin embargo, fuentes de la Consejería de Sanidad negaron que se haya producido una modificación en el reglamento de Sanidad Mortuoria, que data de 1997, y se hayan realizado especificaciones para ciertas poblaciones.
El reglamento sólo recoge que se podría impedir la entrada de las cajas a los templos cuando la muerte se debiera a una enfermedad infecciosa. Y obliga a tomar medidas de conservación pasadas unas horas.
La Empresa Mixta de Servicios Funerarios indicó que la continuidad del acto religioso depende de cada párroco, aunque reconocieron que el funeral de este tipo es una costumbre que se está perdiendo. El Arzobispado expresó su 'perplejidad' por lo ocurrido.
“Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón ebntero
en el temor de tu nombre” (Salmo 85)
Comuniones

El Diurnal de JAI
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Dice un titular llamativo de estos días que tan sólo la mitad de los niños catalanes hacen la Primera Comunión. Todo un problema numérico para la Iglesia Catalana que, sin duda, es reflejo de otras situaciones y otros problemas mucho más serios que, lógicamente repercuten en la celebración de los sacramentos.
Hay quien defiende, y no me parece mal, que el descenso del número, si se celebran tal y como deben de hacerse, es algo que incluso puede ser beneficioso no tanto por la cantidad como por la calidad de las mismas.
Mayo, y en algunos casos el principio de Junio, suele ser un mes dedicado tanto a Maria como reservado para las celebraciones de las Primeras Comuniones. Este tipo de celebraciones ha pasado ya por todo tipo de batallas, de propuestas, de normas... al final poco o nada se ha conseguido. Y no es pesimismo es pura realidad.
Aún recuerdo cuando al final de los años setenta se ponía especial énfasis en muchas parroquias, en que los niños hiciesen la Comunión “de calle” para no poner de manifiesto diferencias de clase social o de posición económica. Aquello genero no pocos enfrentamientos de los párrocos con los padres. Al final hubo quien se dio cuenta de que si esa era la verdadera razón del “ir de calle” uno se podía encontrar con que el vestidito de raso o el trajecito del nene resultaba muchísimo más caro que el tradicional traje de marinero o de princesa... las diferencias, entonces, eran mayores. Aunque todavía hay “históricos” que siguen en esa lucha la gran mayoría fueron renunciando y terminaron con el famoso “que cada uno la haga vestido como quiera”.
Pero esta anécdota externa y que poco o nada tiene que ver con la celebración del sacramento nos mete de lleno en otro problema mayor: la preparación de los niños para recibir por primera vez el Sacramento de la Eucaristía y de la Penitencia. Ya se que no es cuestión de que se tengan que saber de memoria, como a algunos nos tocó, una serie de preguntas del catecismo que dichas sin ninguna reflexión suenan como la tabla de multiplicar pero el otro extremo, que lleguen a la celebración de la Primera Comunión sin una mínima preparación, sabiendo dibujar y colorear a Dios, a los amigos, a la Iglesia en su libro de catequesis pero sin saber responder al dialogo eucarístico o algunas oraciones más elementales del cristiano, eso ya me parece serio y clama a la responsabilidad de quienes tienen la obligación de su formación cristiana, los padres y la propia parroquia. Aunque, todo hay que decirlo, por mucho que en la parroquia uno se esfuerce en intentar hacer las cosas lo mejor posible sin la familia nada se consigue.
Si para la familia la Primera Comunión del niño o la niña es sólo un acto social, una fiesta familiar que hay que organizar lo mejor que se pueda y que salga lo más rentable, como si de una boda hablásemos, por más exigencia que desde la parroquia se haga, ésta durará y escucharán al párroco de turno hasta que llegue la celebración, después si te he visto no me acuerdo y el niño volverá a comulgar, eso sí, sin confesar, un día que buenamente le apetezca.
Indudablemente la Iglesia catalana tiene un problema numérico con las comuniones pero el verdadero problema creo que lo tiene, en general, toda la Iglesia española.
“¿Queréis rendir alabanzas a Dios?. Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente” (De los sermones de San Agustín, Obispo)