Para la paz hace falta un poco de humildad

Para la paz hace falta un poco de humildad
El Diurnal de JAI
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España anda convulsionada en la clase política, por un lado, y entre grupos y movimientos sociales, por otra, con el tema de la paz, el algo el fuego de ETA y la posibilidad, esperada desde hace muchos años, de que por una vez y para siempre el fin de ETA sea una realidad y no una mera farsa o una trampa estratégica como en otras ocasiones lo fue.
El enorme deseo de que llegue la paz definitiva, de que se anuncie la desaparición de ETA, no puede volvernos ciegos. Ni podemos desear aquello que no va a ocurrir: la desaparición al lado de ETA de movimientos, grupos y partidos políticos que la han sustentado en estos años pasados, ni tampoco podemos entregarnos a alcanzar el reinado de la paz otorgando a los terroristas los objetivos que habían buscado alcanzar con su terror. Habríamos perdido entonces la guerra contra el mal y en defensa de la democracia.
Así como hay que reconocer al gobierno del PSOE el buen momento en que ha colocado las cosas, en la parte que le correspondía, para poder comenzar a hablar de esperanza de paz, hay que recordarle que para que esa paz sea efectiva, duradera y se consolide en el tiempo es necesario asumirla con humildad, con la incorporación de la gran mayoría de los ciudadanos a esa esperanza y desde el respeto mas exquisito a quienes han sido victimas directas de los atentados terroristas que a lo largo de todos estos años sembraron de muertos muchas ciudades españolas.
Aunque se puede tildar al PP de aprovechar el momento para plantarse en soledad ante el PSOE y el resto de grupos políticos, con un discurso que puede sonar a “intransigente” y poco apto para negociar la paz, no es menos cierto que acceder, sin más, a ese diálogo deseado por Batasuna y el entorno etarra, sin escuchar humildemente a la víctimas o tratando de consensuar el camino, antes de emprenderlo, con los que siempre han sido los compañeros de viaje, no deja de ser una prepotencia que puede dañar los inicios de la misma esperanza que se desea.
Hay, sin duda, que hablar y escuchar con aquellos que a manos de ETA han perdido a un hijo, a un padre, familiares cercanos y hay, con toda la humildad, la paciencia y la mejor voluntad, que explicarles qué es en realidad lo que se pretende. ¿Significa la llegada de la paz con ETA el fin de la búsqueda de la justicia para los asesinos que aún andan sueltos y en busca y captura?. ¿Significa la apertura de las cárceles a quienes ya cumplen condena?. ¿Pasaran a ser considerados prisioneros políticos en lugar de asesinos?. Esto, a los familiares y a las propias víctimas hay que explicárselo muy bien.
Y algo muy parecido ocurre con el PP. El gobierno de Zapatero debe, casi con la misma humildad, plantear qué es lo que se quiere hacer y las repercusiones que tendrán todas las conversaciones que se desarrollen. ¿Qué tiene el gobierno de España que hacer para que ETA y su entorno acepten desaparecer?. ¿Cuáles son las exigencias?. Y si a ellas no se puede acceder, bien porque sean anticonstitucionales, vayan contra la razón o no sean más que claudicaciones, ¿qué se va a hacer?.
El gobierno ante la posibilidad del final de ETA necesita de una gran mayoría que le respalde. Y no sólo mayoría parlamentaria, que sería legalmente suficiente, sino social. El número de votantes del PP es lo suficientemente amplio para no dejarlo de lado, minusvalorarlo o, simplemente, despreciarlo.
Lo dicho: bien por el gobierno y cómo nos ha situado ante la posibilidad del final de ETA pero el resto hay que hacerlo con más humildad e intentando sumarnos a todos a sus deseos.
“En efecto, la manera de enseñar algo con autoridad es practicarlo antes de enseñarlo, ya que la enseñanza pierde toda garantía cuando la conciencia contradice las palabras.” (Tratados de san Gregorio Magno sobre el libro de Job)