De mudanza
Buenas.
Hace un tiempo que no paso por este blog. Todo en la vida evoluciona, pero es de recibo que deje constancia de donde podeis encontrarme:
http://www.prisillas.blogspot.com/
Amén de decir que esta puerta siempre estará abierta para volver.
Saludos.
Hace un tiempo que no paso por este blog. Todo en la vida evoluciona, pero es de recibo que deje constancia de donde podeis encontrarme:
http://www.prisillas.blogspot.com/
Amén de decir que esta puerta siempre estará abierta para volver.
Saludos.
Un Oasis el 04 de Diciembre de 2008
La vida siempre nos da otra oportunidad, en cualquier momento, estemos preparados o no, sin avisar. Creo que es así para todos y en cualquier ámbito de nuestra vida. Siempre hay un tren que pasa, aunque no sea el que esperamos tomar.
Hoy deportivamente ha sido un buen día.
Creo que ha sido el primero después de más de 90 días en el que he vuelto ha disfrutar corriendo.
Acompañado de una fina lluvia, con esas nubes bajas que tanto gustan abrazar mi querido cerro, con ese fresco revitalizante que se mezcla con la humedad y resbala por nuestro rostro.
No ha sido el recorrido más rápido, ni tampoco el más largo, ni siquiera el más duro, pero ha sido fantástico.
No sé si el terreno blando por la lluvia y la nieve de los últimos días ayudó. El caso es que apenas me molestó el talón y después de tanto tiempo mis piernas de nuevo me llevaban. Hoy no tenía que tirar de ellas en cada zancada, con más voluntad que fuerza.
Puede que haya sido un OASIS, una pausa dentro del largo camino que todavía esto seguro que me falta recorrer. De masajes, hielo, fisios, esperanzas y desconsuelo.
Pero un tren ha pasado ¿porqué dejarlo pasar?.
Hoy deportivamente ha sido un buen día.
Creo que ha sido el primero después de más de 90 días en el que he vuelto ha disfrutar corriendo.
Acompañado de una fina lluvia, con esas nubes bajas que tanto gustan abrazar mi querido cerro, con ese fresco revitalizante que se mezcla con la humedad y resbala por nuestro rostro.
No ha sido el recorrido más rápido, ni tampoco el más largo, ni siquiera el más duro, pero ha sido fantástico.
No sé si el terreno blando por la lluvia y la nieve de los últimos días ayudó. El caso es que apenas me molestó el talón y después de tanto tiempo mis piernas de nuevo me llevaban. Hoy no tenía que tirar de ellas en cada zancada, con más voluntad que fuerza.
Puede que haya sido un OASIS, una pausa dentro del largo camino que todavía esto seguro que me falta recorrer. De masajes, hielo, fisios, esperanzas y desconsuelo.
Pero un tren ha pasado ¿porqué dejarlo pasar?.
¡¡Roma Vincit!!
No hace falta ser gladiador para impregnarse del espíritu indomable, para aferrarse con pasión a cada micra de arena bajo nuestros pies.
También los humildes legionarios saben de las largas jornadas de batalla, bajo un calor ardiente o de un gélido aliento polar. Las filas prietas, donde cada compañero mantiene su lugar en formación formando un eslabón vital para el conjunto.
Un legionario que lucha su batalla más complicada, ante un enemigo oculto y escurridizo. Que no se deja atrapar y solo se muestra rápido en movimientos para asestar doloroso golpes en el talón de nuestro físico y nuestra moral.
Y es que la fuerza como legionario radica en lo más profundo de nuestro ser. En la sencilla convicción de no dejarnos vencer nunca. La de pelear hasta el final. Sin quebranto de nuestro espíritu.
Intenso de sentimiento, simple de adoptar.
Así que este modesto corredor mantiene su lugar en la centuria está dispuesto a seguir en la batalla , de esta lesión salir más fuerte y seguir adelante siempre hasta poder gritar de nuevo la victoria.

También los humildes legionarios saben de las largas jornadas de batalla, bajo un calor ardiente o de un gélido aliento polar. Las filas prietas, donde cada compañero mantiene su lugar en formación formando un eslabón vital para el conjunto.
Un legionario que lucha su batalla más complicada, ante un enemigo oculto y escurridizo. Que no se deja atrapar y solo se muestra rápido en movimientos para asestar doloroso golpes en el talón de nuestro físico y nuestra moral.
Y es que la fuerza como legionario radica en lo más profundo de nuestro ser. En la sencilla convicción de no dejarnos vencer nunca. La de pelear hasta el final. Sin quebranto de nuestro espíritu.
Intenso de sentimiento, simple de adoptar.
Así que este modesto corredor mantiene su lugar en la centuria está dispuesto a seguir en la batalla , de esta lesión salir más fuerte y seguir adelante siempre hasta poder gritar de nuevo la victoria.

La Cuesta más Dura.
Después de tantos años disfrutando del atletismo, de correr, de disfrutar en la libertad generada en cada zancada, de sentir el aire en la piel, el frío en el rostro y la lluvia resbalando por la barbilla se acerca el momento de la pausa.
Y digo pausa porque me resisto a pensar en el stop.
El momento de plantearse una auténtica y efectiva recuperación de esa parte de tu cuerpo que no puede seguir el ritmo de tu corazón, el de tus deseos.
Y debo sentirme afortunado de haber podido vivir 19 años de práctica continuidad. De apenas inervalos o lesiones.
De correr.
Pero toca retirada, a toque de corneta hecha dolor en mi tendón de aquiles. Exprimido fibra a fibra en estos últimos años a base de cremas, hielo o pastillas.
Así he convivido con el ante la imposibilidad de detenerme. Porque sería como detener mi corazón y todos sabemos lo que ocurre cuando el latido se detiene.
Y ya no sé como sacar una zancada demás, unos últimos latidos que me lleven nuevamente en persecución de mi espíritu y me libre de mis demonios diarios.
Ya no sé si sacar esas zancadas es cabar un poco más en la tumba de esta afición.
Ahora que no se puede se ansía poder.
Ya casi no recuerdo lo que es una serie sin dolor.
Sobre todo esos primeros minutos donde tantas veces pensé volver. Premonición de ese día después donde los primeros apoyos percuten implacables en el ánimo.
Puede que sin correr ya no sepa hacer nada.
Porque correr nos hace libres.
Y sin libertad no hay nada.
Y digo pausa porque me resisto a pensar en el stop.
El momento de plantearse una auténtica y efectiva recuperación de esa parte de tu cuerpo que no puede seguir el ritmo de tu corazón, el de tus deseos.
Y debo sentirme afortunado de haber podido vivir 19 años de práctica continuidad. De apenas inervalos o lesiones.
De correr.
Pero toca retirada, a toque de corneta hecha dolor en mi tendón de aquiles. Exprimido fibra a fibra en estos últimos años a base de cremas, hielo o pastillas.
Así he convivido con el ante la imposibilidad de detenerme. Porque sería como detener mi corazón y todos sabemos lo que ocurre cuando el latido se detiene.
Y ya no sé como sacar una zancada demás, unos últimos latidos que me lleven nuevamente en persecución de mi espíritu y me libre de mis demonios diarios.
Ya no sé si sacar esas zancadas es cabar un poco más en la tumba de esta afición.
Ahora que no se puede se ansía poder.
Ya casi no recuerdo lo que es una serie sin dolor.
Sobre todo esos primeros minutos donde tantas veces pensé volver. Premonición de ese día después donde los primeros apoyos percuten implacables en el ánimo.
Puede que sin correr ya no sepa hacer nada.
Porque correr nos hace libres.
Y sin libertad no hay nada.





