Lenguaje y realidad
Hoy, igual que otros días he visto a la gente hablar. No es tan difícil, cuando eres uno más. También hoy me he sorprendido de algunas cosas. Me sorprende como todo el tiempo estamos buscando algún punto de apoyo. Algo que sujete nuestra débil estructura. "La viste pasar, era linda, cierto, era linda". A veces siento que estamos llenos de muletillas sociales, para poder sujetarnos, para poder andar por un mundo estable, unos lindos valores aprendidos de pequeños, una técnica que creemos infalible y repetimos y repetimos. "Pucha que somos bacanes, somos lo máximo".
Por qué será que nos confundimos entre todos, nos mezclamos, nos traspasamos constantemente. Y sin darnos cuenta. Hoy un tipo cantaba una canción antes de cruzarse conmigo en esa esquina, para callar por la presencia ajena. Yo terminé la frase dos pasos más allá. ¿Cómo usamos este poder, esta magia de traspasarnos? ¿cómo abusamos?. "Es hora de comer, ven a sentarte" "pero no tengo hambre" "tienes que tener, ya es hora". Lo más divertido de este mar palabras que se mueven entre tantas cabezas humanas es cómo las leyes se estancan, se dan por ciertas. Es el deber, el tienes.
Érase una vez en que a alguien se le ocurrió que lo mejor era formalizarlo todo, dejarlo todo fuera del hombre para que perdurase. Creo que es una maravilla esa capacidad humana de sacar cosas de sí, hacer arte, herramientas, pensar y hablar. Pero de pronto algunas de estas cosillas que inventó se le impusieron. Primero fueron algunas normas provenientes quizás de dioses antes ya creados. Luego se fueron sumando otras cosas, las normas hicieron dinero, hicieron empresas, hicieron marcos legales, comercio, estados. Y lamentablemente muchas de estas cosas que alguna vez fueron creadas desde una cotidianidad, desde las necesidades sencillas de la vida, de respirar, sentarse, hablar, cazar... muchas de estas cosas perdieron su sentido original. El humano fue olvidando su humanidad, su base, su raza. Aparecieron las verdades, esas externas y basadas en un dios divino o en uno lógico. Lo importante es que esas reglas y deberes ya no eran refutables, la disidencia ya estaban fuera de lo conocido, del infinito mundo que habita cada ser. Las cosas ya no se integrarían por el mero hecho de existir. El cuento se restringía, comenzaba a ser el cuento “oficial”(sí, igual que esos que usan armas).
Un caballero que fumaba mucho, a principios de siglo le llamó "diques psíquicos", instaurados por un deber al que llamó superyo, trasmitido por los padres... la cultura. Diques, Diques, ¿de qué?. Hay algo típico de las histerias que el señor Freud trataba, se llamó "bella indiferencia". Al parecer lo que borraban estos diques no era solo un recuerdito por aquí o por allá, sino que no permitían que la persona se de cuenta de cosas que hacía, mensajes que enviaba o cosas que ocurrían a su alrededor. También, había otra opción, la persona podía llenarse de deberes en su cabeza y seguirlos como ciego, frases mágicas que le imponían obligaciones absurdas que sentía como propia, se les llamó obsesivos.
De lo que estamos hablando aquí es de las pequeñas barreras que nos separan, pero que esas barreras están. Están pero en un lugar extraño, están en formalidades que navegan por nuestras mentes, que pasan de uno a otro, así como esa canción que tarareé al pasar. ¿Hermoso, no? tener la posibilidad de aprender fácilmente del otro, de introducir las técnicas "mágicas que descubrió este o aquél, imagínense lo que significaba cuando el conocimiento era poco, cuando significaba vida o muerte... Hermosa herramienta del hombre es el lenguaje, que le da la posibilidad de tener elementos compartidos con otros, partículas entre propias y ajenas. También así se puede aprender conductas, formas de relacionarse con el mundo. Pero ¿qué ocurre si el lenguaje nos ataca, si nuestra forma de hablar con el mundo nos ataca?.
Esta maravilla humana se engendra en nuestras mentes de forma muy sencilla: una persona que entregue el cariño suficiente, que nutra, que cuide, y hable e interprete al bebé (una madre), hará que este vaya lentamente adquiriendo patrones simbólicos, que construya un marco de comunicación que envuelve a su pequeño ser completamente. Completamente, ya que para el niño es difícil distinguir entre palabras y cariños. Pero hay algo muy curioso en este planeta con el que me encontré al nacer: los humanos tienen psicoticos, tienen locos. Y también tienen poetas, iluminados y magos. ¿Qué tienen en común todos ellos? que nos cuentan de cosas que nuestra experiencia normal de mundo no es capaz de dar cuenta. Pareciera que si nuestro lenguaje se nos escapa, si nos daña, (lo que está asociado con el daño por otro, sépalo el agresor o no, ya que suele trasmitirse todo de forma inconsciente, fundamentalmente porque su experiencia de mundo no sale de esos parámetros) puede llevarnos a cualquiera de los grados de displacer mental o enfermedad.
El problema de todo esto es que el "daño" es a un ser vivo, orgánico, con algunos restos de instinto, que hace mucho tiempo olvidamos en aras de cualquier ismo que se les ocurra. Un ser que ve con dolor cada vez que nos tratamos de sujetar de esas frases que le golpean como olas, mediante las cuales esperamos salir un día, quizás ser arrancados para llegar a otro mundo, o al estrellato, o a la cima, o algo lejano y aéreo, cualquier cosa menos estar aquí, o ahí, o en mi. En su defecto también podemos hundirnos en un mar profundo y oscuro, donde mejor nadie nos vea, donde no existamos.
Hay, eso sí muchísimas, quizás infinitas formas de relacionarse con el mundo, formas de hablar, de lenguajear, de estar aquí. Algunos formaran una relación “neutra” con el lenguaje, no les ataca, no les complica, les da algunas satisfacciones y unas penas. Para otros este comunicarse es una relación amorosa, compleja, con períodos lindos y otros crueles. Otros tratan de entender las palabras con palabras, y hablan a su vez de las paradojas del lenguaje, y del tratar de lenguajear sobre el lenguajear sobre el lenguajear. Para algunos poetas y artistas el mundo cambia según su simbolismo, según sus sentimientos, su modo de hacer cuadros con la realidad. También algunos aprenden a controlar sus palabras o a soltarlas y desprenderse de ellas. Algunos así también hacen con su mundo, como esos niños que no distinguían entre palabras y cariños... hacer mundo como hacer un movimiento, jugar a este juego de lenguaje que llamamos realidad(y que entre todos sujetamos, ¿cierto?).
P.D.: Espero quede claro que ocupa la palabra lenguaje en un sentido bastante laxo y poco convencional, al igual que otros conceptos.
Gabriel Soler
Por qué será que nos confundimos entre todos, nos mezclamos, nos traspasamos constantemente. Y sin darnos cuenta. Hoy un tipo cantaba una canción antes de cruzarse conmigo en esa esquina, para callar por la presencia ajena. Yo terminé la frase dos pasos más allá. ¿Cómo usamos este poder, esta magia de traspasarnos? ¿cómo abusamos?. "Es hora de comer, ven a sentarte" "pero no tengo hambre" "tienes que tener, ya es hora". Lo más divertido de este mar palabras que se mueven entre tantas cabezas humanas es cómo las leyes se estancan, se dan por ciertas. Es el deber, el tienes.
Érase una vez en que a alguien se le ocurrió que lo mejor era formalizarlo todo, dejarlo todo fuera del hombre para que perdurase. Creo que es una maravilla esa capacidad humana de sacar cosas de sí, hacer arte, herramientas, pensar y hablar. Pero de pronto algunas de estas cosillas que inventó se le impusieron. Primero fueron algunas normas provenientes quizás de dioses antes ya creados. Luego se fueron sumando otras cosas, las normas hicieron dinero, hicieron empresas, hicieron marcos legales, comercio, estados. Y lamentablemente muchas de estas cosas que alguna vez fueron creadas desde una cotidianidad, desde las necesidades sencillas de la vida, de respirar, sentarse, hablar, cazar... muchas de estas cosas perdieron su sentido original. El humano fue olvidando su humanidad, su base, su raza. Aparecieron las verdades, esas externas y basadas en un dios divino o en uno lógico. Lo importante es que esas reglas y deberes ya no eran refutables, la disidencia ya estaban fuera de lo conocido, del infinito mundo que habita cada ser. Las cosas ya no se integrarían por el mero hecho de existir. El cuento se restringía, comenzaba a ser el cuento “oficial”(sí, igual que esos que usan armas).
Un caballero que fumaba mucho, a principios de siglo le llamó "diques psíquicos", instaurados por un deber al que llamó superyo, trasmitido por los padres... la cultura. Diques, Diques, ¿de qué?. Hay algo típico de las histerias que el señor Freud trataba, se llamó "bella indiferencia". Al parecer lo que borraban estos diques no era solo un recuerdito por aquí o por allá, sino que no permitían que la persona se de cuenta de cosas que hacía, mensajes que enviaba o cosas que ocurrían a su alrededor. También, había otra opción, la persona podía llenarse de deberes en su cabeza y seguirlos como ciego, frases mágicas que le imponían obligaciones absurdas que sentía como propia, se les llamó obsesivos.
De lo que estamos hablando aquí es de las pequeñas barreras que nos separan, pero que esas barreras están. Están pero en un lugar extraño, están en formalidades que navegan por nuestras mentes, que pasan de uno a otro, así como esa canción que tarareé al pasar. ¿Hermoso, no? tener la posibilidad de aprender fácilmente del otro, de introducir las técnicas "mágicas que descubrió este o aquél, imagínense lo que significaba cuando el conocimiento era poco, cuando significaba vida o muerte... Hermosa herramienta del hombre es el lenguaje, que le da la posibilidad de tener elementos compartidos con otros, partículas entre propias y ajenas. También así se puede aprender conductas, formas de relacionarse con el mundo. Pero ¿qué ocurre si el lenguaje nos ataca, si nuestra forma de hablar con el mundo nos ataca?.
Esta maravilla humana se engendra en nuestras mentes de forma muy sencilla: una persona que entregue el cariño suficiente, que nutra, que cuide, y hable e interprete al bebé (una madre), hará que este vaya lentamente adquiriendo patrones simbólicos, que construya un marco de comunicación que envuelve a su pequeño ser completamente. Completamente, ya que para el niño es difícil distinguir entre palabras y cariños. Pero hay algo muy curioso en este planeta con el que me encontré al nacer: los humanos tienen psicoticos, tienen locos. Y también tienen poetas, iluminados y magos. ¿Qué tienen en común todos ellos? que nos cuentan de cosas que nuestra experiencia normal de mundo no es capaz de dar cuenta. Pareciera que si nuestro lenguaje se nos escapa, si nos daña, (lo que está asociado con el daño por otro, sépalo el agresor o no, ya que suele trasmitirse todo de forma inconsciente, fundamentalmente porque su experiencia de mundo no sale de esos parámetros) puede llevarnos a cualquiera de los grados de displacer mental o enfermedad.
El problema de todo esto es que el "daño" es a un ser vivo, orgánico, con algunos restos de instinto, que hace mucho tiempo olvidamos en aras de cualquier ismo que se les ocurra. Un ser que ve con dolor cada vez que nos tratamos de sujetar de esas frases que le golpean como olas, mediante las cuales esperamos salir un día, quizás ser arrancados para llegar a otro mundo, o al estrellato, o a la cima, o algo lejano y aéreo, cualquier cosa menos estar aquí, o ahí, o en mi. En su defecto también podemos hundirnos en un mar profundo y oscuro, donde mejor nadie nos vea, donde no existamos.
Hay, eso sí muchísimas, quizás infinitas formas de relacionarse con el mundo, formas de hablar, de lenguajear, de estar aquí. Algunos formaran una relación “neutra” con el lenguaje, no les ataca, no les complica, les da algunas satisfacciones y unas penas. Para otros este comunicarse es una relación amorosa, compleja, con períodos lindos y otros crueles. Otros tratan de entender las palabras con palabras, y hablan a su vez de las paradojas del lenguaje, y del tratar de lenguajear sobre el lenguajear sobre el lenguajear. Para algunos poetas y artistas el mundo cambia según su simbolismo, según sus sentimientos, su modo de hacer cuadros con la realidad. También algunos aprenden a controlar sus palabras o a soltarlas y desprenderse de ellas. Algunos así también hacen con su mundo, como esos niños que no distinguían entre palabras y cariños... hacer mundo como hacer un movimiento, jugar a este juego de lenguaje que llamamos realidad(y que entre todos sujetamos, ¿cierto?).
P.D.: Espero quede claro que ocupa la palabra lenguaje en un sentido bastante laxo y poco convencional, al igual que otros conceptos.
Gabriel Soler
realidades
Hay momentos, en que la realidad no parece una. Parece que hubiesen varias, todas juntas, apelotonadas. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo desenvolver un poco toda esa maraña?. Hay días en que la realidad es sencilla. En que puedo mirar las cosas así tal cual están. Tiene su gracia esta realidad, puedes ver múltiples colores y formas. Hay días en que todo está realmente mal, ya que ni siquiera alcanzo a mirar la realidad, la paso como un río, no me detengo ante nada, todo parece estar por sabido. Bueno, pero volvamos a la primera, esa diáfana realidad llena de colores, esa en que el sol simplemente brilla, en que las caras pueden llenarse de detalles que mirar. Wow, gran realidad, infinita realidad, como esos números de matemáticas que todos eran infinitos, pero había otro conjunto mayor, con 0, con negativo, con irreales, qué sé yo. Hay otra realidad muy simpática, y esta consiste en ti mismo, yo como ser moviéndose en este mundo. Esta realidad también es infinita, tus pies, tu respiración, tus ojos, tus manos. Más complejo es cuando miro a los dos lados a la vez, yo y el entorno. Puede no ser tu cuerpo y ser por ejemplo tu psique: me gusta eso, me apena esto otro. Entonces puedo comenzar a preguntarme como está estructurado el dentro de las otras cosas que están a mi alrededor, dejan de ser mera imagen y se convierten en algo con contenido. Aquí la realidad deja de ser sencilla, se llena tanto como puedo llenarme yo, las personas son historias, los objetos un orden que no puedo comprender. Pero hay días, y esos son pocos, en los que la realidad puede complejizarse aun más, días en que el misterio parece abundar, en que los objetos cuentan la historia del cosmos, en que mis movimientos parecen atarse a cuentos de otro lugar... creo que prefiero de eso no hablar.





