Nostalgia
Por esas cosas de la vida acabo de leer un artículo ínfimo, casi insignificante en el universo de artículos que circulan por aquí y por allá, que me tocó profundo y me dio de golpe con mi situación presente. Es un artículo de una queridísima amiga, la Claudia, a.k.a. Samara, que escribió hace muchiiiisimo tiempo, cuando recién inauguraba su blog (que hoy ha alcanzado la fama, al menos más fama que vuestro humilde servidor). El artículo en cuestión habla de por qué nos llamamos pseudópodos (esta extraña trinidad entre una niñita buena/mala llamada samara, un viejo/joven llamado sincronos y un hombre/planta llamado esqueje) y describe lo que son esas cosas tan raras.... Más simple imposible. Pero me hizo acordar de mis impulsos iniciales a escribir.
No me voi a cansar nunca de repetir que gran parte del camino que he tomado hoy, académica y personalmente, se los debo a este par de seres, que con su propuesta de página me impulsaron implícitamente a llevar mis intentos de poesía a un nivel más alla, al compartirlas con ellos y con mucha gente más....
La cosa es que hoy por hoy estoy trabajando part-time además de estudiar, y sea por falta de costumbre o de tiempo libre, me están haciendo falta esos momentos en que me sentaba a escribir, o en que simplemente miraba el vacío, aquietaba el espíritu y dejaba que ALGO surgiera en mí, que las ideas absurdas y las locuras tan temidas germinaran en extraños pedazos de textos... Ahora ese tiempo está "ocupado" con los estudios, o con las preocupaciones respecto de esta nueva pega....
Entenderán a esta altura que leer ese pedazo de pasado activó toda esa nostalgia que tenía guardadita en un rincón del inconsciente, y que en este momento relamente NECESITABA escribir... Sólo confío en arrglarmelas para poder volver, de una u otra manera, a esos momentos, a ese andar por la vida que me permitía darme un espacio para estirar pseudópodos a las cosas a mi alrededor, generando especies-de-simbiosis con el mundo, para entender las cosas un poco mejor, un poco más profundamente, un poco más felizmente.... Si es que me entienden.
Saludos
Eduardo, aka Esqueje
No me voi a cansar nunca de repetir que gran parte del camino que he tomado hoy, académica y personalmente, se los debo a este par de seres, que con su propuesta de página me impulsaron implícitamente a llevar mis intentos de poesía a un nivel más alla, al compartirlas con ellos y con mucha gente más....
La cosa es que hoy por hoy estoy trabajando part-time además de estudiar, y sea por falta de costumbre o de tiempo libre, me están haciendo falta esos momentos en que me sentaba a escribir, o en que simplemente miraba el vacío, aquietaba el espíritu y dejaba que ALGO surgiera en mí, que las ideas absurdas y las locuras tan temidas germinaran en extraños pedazos de textos... Ahora ese tiempo está "ocupado" con los estudios, o con las preocupaciones respecto de esta nueva pega....
Entenderán a esta altura que leer ese pedazo de pasado activó toda esa nostalgia que tenía guardadita en un rincón del inconsciente, y que en este momento relamente NECESITABA escribir... Sólo confío en arrglarmelas para poder volver, de una u otra manera, a esos momentos, a ese andar por la vida que me permitía darme un espacio para estirar pseudópodos a las cosas a mi alrededor, generando especies-de-simbiosis con el mundo, para entender las cosas un poco mejor, un poco más profundamente, un poco más felizmente.... Si es que me entienden.
Saludos
Eduardo, aka Esqueje
Muerte silenciosa
Crepúsculo.
La luz se desvanece tras córneas de arena,
como miel condensada y hecha trizas contra el suelo.
La muerte, el olvido.
Sólo escucho los tambores en mi íntimo destino escatológico,
el devenir de un alma que ya no existe,
el sopor de ojos que no ven, dedos que no sienten, lenguas que no saben.
El silencio de la sangre.
El reverente, atroz silencio en las catedrales de la sangre, en las arterias y los vasos,
solemne tránsito de la conciencia, perdido andar de la conciencia,
en los rojos y torrentosos pasillos de la vida,
en los cargados afluentes de la noche y de la muerte.
Desde el más terrible de los silencios
es ella quien habla:
La muerte se insinúa sin excepción,
se insinúa
antes de caer.
...
La luz se desvanece tras córneas de arena,
como miel condensada y hecha trizas contra el suelo.
La muerte, el olvido.
Sólo escucho los tambores en mi íntimo destino escatológico,
el devenir de un alma que ya no existe,
el sopor de ojos que no ven, dedos que no sienten, lenguas que no saben.
El silencio de la sangre.
El reverente, atroz silencio en las catedrales de la sangre, en las arterias y los vasos,
solemne tránsito de la conciencia, perdido andar de la conciencia,
en los rojos y torrentosos pasillos de la vida,
en los cargados afluentes de la noche y de la muerte.
Desde el más terrible de los silencios
es ella quien habla:
La muerte se insinúa sin excepción,
se insinúa
antes de caer.
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