Un monje y dos piedras entre sus dedos
Huellas en la arena virgen
de un monje en su bata
sagrada, tocada apenas
por el rocío en la mañana.
Gracil mano que acaricia
las piedras en la orilla del mar,
sumergidas en agua y sal,
tocadas por la mano de Dios.
Como crías en su nido
descansan las piedras
entre pliegues de palma,
brillantes, escurriendo agua.
Son piedras que brillan, con nueva vida,
el sol que se pone en la espalda del monje
quien en un soplo entrega su vida
a las piedras del mar, en el ocaso.
de un monje en su bata
sagrada, tocada apenas
por el rocío en la mañana.
Gracil mano que acaricia
las piedras en la orilla del mar,
sumergidas en agua y sal,
tocadas por la mano de Dios.
Como crías en su nido
descansan las piedras
entre pliegues de palma,
brillantes, escurriendo agua.
Son piedras que brillan, con nueva vida,
el sol que se pone en la espalda del monje
quien en un soplo entrega su vida
a las piedras del mar, en el ocaso.