A un piano
Ligeros dedos se posan
en negras y blancas tierras
de marfil y caoba,
de vibración y vacío.
De su caja salen el sol y la luna,
un romántico de capa y flor,
un marino en el mar
(siempre en el mar, aún en tierra),
una mujer triste y sola, siempre sola,
casadamente sola,
un animal desesperado,
un hambre y una sed,
un escritor frustrado,
un alma rota,
un alma alegre,
seres festivos,
gente que existe
y entes invisibles.
Y en un simple Vals
madera y marfil mecen
la cuna de la vida,
dan cuerda al reloj del destino.
Y en un compás se aleja, en silencio,
sin orgullo, humilde joya de vida,
hasta desaparecer, fundido en el silencio,
hasta plegarse en las hojas, los hombres y la tierra.
en negras y blancas tierras
de marfil y caoba,
de vibración y vacío.
De su caja salen el sol y la luna,
un romántico de capa y flor,
un marino en el mar
(siempre en el mar, aún en tierra),
una mujer triste y sola, siempre sola,
casadamente sola,
un animal desesperado,
un hambre y una sed,
un escritor frustrado,
un alma rota,
un alma alegre,
seres festivos,
gente que existe
y entes invisibles.
Y en un simple Vals
madera y marfil mecen
la cuna de la vida,
dan cuerda al reloj del destino.
Y en un compás se aleja, en silencio,
sin orgullo, humilde joya de vida,
hasta desaparecer, fundido en el silencio,
hasta plegarse en las hojas, los hombres y la tierra.
A Dios (sin saber qué es)
Una luz intensa empaña el horizonte
de acordes y temas cromáticos,
impetuosos colores del cielo y el infierno
derramados sobre el canto andino de los acantilados.
Una fuerza de soles y raíces
se hace presente en la hierba,
en el rocío de la mañana
y el aguacero de la tarde,
en la cara del empresario y el campesino,
en la vida de ciudad,
en la vida de campo,
en la muerte
y en tantos reinos desconocidos.
La voz hermosa de Dios
magnificada por los instrumentos del Universo:
la piedra, la flor, el zorro, la galaxia,
la mujer, el hombre, la sombra,
cielo, infierno y panteón divino y profano
son todos un solo hogar
un solo reino
de creación y disolución.
de acordes y temas cromáticos,
impetuosos colores del cielo y el infierno
derramados sobre el canto andino de los acantilados.
Una fuerza de soles y raíces
se hace presente en la hierba,
en el rocío de la mañana
y el aguacero de la tarde,
en la cara del empresario y el campesino,
en la vida de ciudad,
en la vida de campo,
en la muerte
y en tantos reinos desconocidos.
La voz hermosa de Dios
magnificada por los instrumentos del Universo:
la piedra, la flor, el zorro, la galaxia,
la mujer, el hombre, la sombra,
cielo, infierno y panteón divino y profano
son todos un solo hogar
un solo reino
de creación y disolución.