dos poemas: "Melancolía" y "Entrego al mar"
Hoy quiero hacer algo distinto a lo usual (para mí) y compartir con ustedes dos poemas que se relacionan entre sí. Tienen que ver con un profundo proceso de autodescubrimiento y desvelamiento personal, que ha sido precioso para mí pero que ha tenido sus momentos duros.
Lo que van a leer a continuación refleja la cristalización de dos momentos de ese proceso, uno muy amargo y doloroso, y otro de profunda paz, posterior a una crisis o impase personal donde me fueron develadas muchas cosas, visiones reprimidas y trancas ignoradas históricamente.
Nada más queda por decir, excepto que traten de leer un poco más con la intuición, con la razón del corazón (como el corazón imaginal del que habla James Hillman) en vez de la trillada razón lógica. Para hablar de cosas con sentido y terminadas ya tenemos el lenguaje corriente.
Saludos a todos, y gracias a los que de vez en vez me escriben algún comentario.
Melancolía
Dardos inconstantes de desdén
desde la ventana de mis ojos pardos
desde la oscuridad del lado opuesto de la luna
donde esos mismos ojos ya no llegan.
Sutil veneno en lenguas azules
oscuros maleficios de sutil mortalidad
roedores escondidos entre tus escombros
agazapados a la sombra de tus restos.
Desde la sombra a la oscuridad
una áspera corriente de vientos,
vientos de cambio y dolor, de pérdida y muerte
y la oscuridad que se propaga
como una metástasis, de sombra en sombra.
El último árbol perece
y se escucha en los cerros
el tañir de la última campana,
sólo queda el recuerdo
de su silueta dibujada en mis ojos
y el imperceptible sonido
de todo y de nada:
aquello que fue, alguna vez, vida.
Entrego al mar
Entrego en ofrenda mis penas al mar
a la oscuridad azul del ojo ciego
al vacío y a las piedras sumergidas
a la vida de misterio, al misterio de la vida.
Como la sal, mis ideas se diluyen
lentamente, como el balbucear de un niño,
como el despertar de un santo,
se disuelven y se tornan agua salada.
La salinidad del agua de mar,
las ideas en el espacio entre nosotros,
la emoción en los objetos que tocamos,
la vida y la muerte de las rocas y la tierra.
Un silencio tranquilo se posa
como un manto sobre el mundo:
es la paz del universo que siempre es,
la serenidad de esa primera realidad.
Es el silencio de los poetas y el callar de los místicos,
donde las cosas que son, simplemente son,
donde la angustia y el mundo se disuelven
como cubos de sal en el mar inmenso.
Lo que van a leer a continuación refleja la cristalización de dos momentos de ese proceso, uno muy amargo y doloroso, y otro de profunda paz, posterior a una crisis o impase personal donde me fueron develadas muchas cosas, visiones reprimidas y trancas ignoradas históricamente.
Nada más queda por decir, excepto que traten de leer un poco más con la intuición, con la razón del corazón (como el corazón imaginal del que habla James Hillman) en vez de la trillada razón lógica. Para hablar de cosas con sentido y terminadas ya tenemos el lenguaje corriente.
Saludos a todos, y gracias a los que de vez en vez me escriben algún comentario.
Melancolía
Dardos inconstantes de desdén
desde la ventana de mis ojos pardos
desde la oscuridad del lado opuesto de la luna
donde esos mismos ojos ya no llegan.
Sutil veneno en lenguas azules
oscuros maleficios de sutil mortalidad
roedores escondidos entre tus escombros
agazapados a la sombra de tus restos.
Desde la sombra a la oscuridad
una áspera corriente de vientos,
vientos de cambio y dolor, de pérdida y muerte
y la oscuridad que se propaga
como una metástasis, de sombra en sombra.
El último árbol perece
y se escucha en los cerros
el tañir de la última campana,
sólo queda el recuerdo
de su silueta dibujada en mis ojos
y el imperceptible sonido
de todo y de nada:
aquello que fue, alguna vez, vida.
Entrego al mar
Entrego en ofrenda mis penas al mar
a la oscuridad azul del ojo ciego
al vacío y a las piedras sumergidas
a la vida de misterio, al misterio de la vida.
Como la sal, mis ideas se diluyen
lentamente, como el balbucear de un niño,
como el despertar de un santo,
se disuelven y se tornan agua salada.
La salinidad del agua de mar,
las ideas en el espacio entre nosotros,
la emoción en los objetos que tocamos,
la vida y la muerte de las rocas y la tierra.
Un silencio tranquilo se posa
como un manto sobre el mundo:
es la paz del universo que siempre es,
la serenidad de esa primera realidad.
Es el silencio de los poetas y el callar de los místicos,
donde las cosas que son, simplemente son,
donde la angustia y el mundo se disuelven
como cubos de sal en el mar inmenso.
Comentario:
He vuelto...