Dime que anhelas y te diré qué no obtendras
Luego de leer la enésima revista de noticias se encuentra, una y otra vez, como un fantasma en busca de exorcismo el tema de la búsqueda de la paz en nuestro país. Mucha tinta ha corrido al respecto, los políticos han hecho su agosto prometiéndola, las reinas de belleza salen de apuro cuando les preguntan “Si un genio le concediera un deseo… ¡La paz! Interrumpen, sabiendo lo bien que se vende el anhelo de paz.
En ocasiones vemos en el consultorio como las personas vienen con profundas ansias insatisfechas, ansias que modifican, alteran e influencian los procesos de toma de decisiones e implementación de nuevas conductas…. Orientadas supuestamente a perseguir el objeto anhelado…. Sin embargo, con el tiempo, sucede un fenómeno curioso: la esperanza y el deseo por el objeto anhelado terminan reemplazando al objeto real. De hecho, es posible que nuestros deseos nos definan (quizás por razones culturales) aún más que nuestras realidades: ante un deseo tan fuerte, tan anclado a nuestra identidad, el hecho de conseguir lo que deseamos puede ser disruptivo y crítico para nuestra estabilidad emocional.
Lo llamativo es que, ante la importancia del deseo, podemos de manera inconsciente (Y a veces no tanto) sabotear el logro de nuestros sueños, para no poner en peligro nuestras filosofías y marcos de vida. El cambiar nuestras esperanzas, fé y deseos por realidades tangibles es, en realidad, un proceso duro de asumir casi podríamos decir que “Ten cuidado con lo que deseas, pues puede hacerse realidad” y le añadiríamos: “Puede que no quieras hacer realidad lo que desees”
En ocasiones vemos en el consultorio como las personas vienen con profundas ansias insatisfechas, ansias que modifican, alteran e influencian los procesos de toma de decisiones e implementación de nuevas conductas…. Orientadas supuestamente a perseguir el objeto anhelado…. Sin embargo, con el tiempo, sucede un fenómeno curioso: la esperanza y el deseo por el objeto anhelado terminan reemplazando al objeto real. De hecho, es posible que nuestros deseos nos definan (quizás por razones culturales) aún más que nuestras realidades: ante un deseo tan fuerte, tan anclado a nuestra identidad, el hecho de conseguir lo que deseamos puede ser disruptivo y crítico para nuestra estabilidad emocional.
Lo llamativo es que, ante la importancia del deseo, podemos de manera inconsciente (Y a veces no tanto) sabotear el logro de nuestros sueños, para no poner en peligro nuestras filosofías y marcos de vida. El cambiar nuestras esperanzas, fé y deseos por realidades tangibles es, en realidad, un proceso duro de asumir casi podríamos decir que “Ten cuidado con lo que deseas, pues puede hacerse realidad” y le añadiríamos: “Puede que no quieras hacer realidad lo que desees”





