logotipo

img_google
Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
LOS PLANETAS “LA PATRULLA VOLANTE”
De todas las mutaciones sufridas por el pop en los últimos veinte años, Los Planetas recogen el legado más infeccioso y sublime, descreído y creíble. Siempre serán un grupo pop, la búsqueda incesante de la melodía, de la canción redonda será su principal eje expresivo; pero todo acabará tomando un cariz sombrío, inabarcable e íntimo, cuando su percepción de las cosas impregne la música, o la patrulla inicie su inevitable vuelo espacial desde su propio estudio de grabación, o desde cualquier escenario. El efecto final es desasosegante y turbio, por momentos cercano al gran Fernando Alfaro, porque el mensaje modula el sonido, y la vocación expresiva directa y lo alucinógeno vuelan juntos. Y es que una banda tomada como proyecto de comunicación termina siendo algo angustioso pero único, un comando frágil expuesto a la intemperie de la fugacidad, luchando por no dejar nunca de reconocerse. No queda otra que tirar de transgresiones programadas, de poses prestadas o tomar partido por tal o cual estilo o movimiento, para sentirse camuflado y protegido, lo pretendidamente auténtico que guarece y separa de cualquier atisbo de realidad.



La evolución de Los Planetas, sin embargo, los ha ido confrontando cada vez más al mundo, y esto ha hecho crecer en ellos una actitud desafiante, subversiva y firme en la impermeabilidad de sus planteamientos básicos. Se desarrolla una proyección propia desde el dulzor melódico y la toxicidad eléctrica: un efecto narcótico particular, ajustado y conciso, por el que la energía se libera cada vez con más convicción, inspirada, conjuntada y cortante, estimulada de electrónica pero jamás manipulada; dispensadora generosa de sensaciones, creciendo desde dentro sin perder la sencillez. Las influencias se mezclan con su personalidad a partes iguales, y, si no hay invento, hay algo nuevo; como nuevo es todo aquello que embriaga y sorprende. Así, “Santos que yo te pinte”, rememora a los primeros Spacemen 3, pero con una melodía y un carácter configurados a los diez segundos de canción, elevándola hacia una emoción temblorosa que insufla vigencia a una etiqueta tan maleada y dudosa como noise-pop, que sólo en ellos veo realmente aceptable a estas alturas. Junto a ésta, otros dos son los pilares de este nuevo trabajo: “Vas a verme por la tele”, que incide en la rotundidad de un riff bien definido, como ya ocurrió con “Prueba esto”; y “Un buen día” que vuelve a tocar la esencia de la eterna canción pop. El efecto inmediato de estos temas dan el tiempo necesario para que los demás vayan creciendo, y se puedan descubrir plenamente nuevas incursiones en el sonido planetario como el pop nueva olero de “Maniobra de evasión”, la eficacia de las pausadas melodías de “Anuncio para coches”, “Tierras altas” y “Que no sea Kang, por favor” con sus arreglos de cuerda y su vocación de himno psicodélico. La inquieta “Plan de fuga”: repetitiva, incisiva y expansiva; una onda que avanza y se repliega guiada por la secuencia de bajo y profusamente salpicada de efectos. El suave baño de órganos añejos de cuando Dylan andaba con The Band en “La cara de Niki Lauda” o la desnudez acústica, introspectiva y unida por silencios de “Canción para ligar (o para que no me dejes)”, continuando la línea iniciada en el elepé anterior. Una patrulla que siempre nos sobrevuela con la sirena encendida, equidistante de la tierra y el cielo. JUANFRAN MOLINA.

LOS PLANETAS “Unidad de desplazamiento”(R.C.A., 2000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN DICIEMBRE DE 2.000
 
IBON ERRAZKIN “Ibon Errazkin”(Elefant, 2.000)
Después de negar todo aquello que él mismo ayudó a reivindicar a través de Le Mans, su recordado grupo, Ibon Errazkin deja de lado el previsible caldo de cultivo que sustenta la actualidad para tomarse la creación musical como una aventura. Acompañado de una banda de tipos inquietos como él (Guiller Momonje y Murky de Patrullero Mancuso como bateria y guitarra respectivamente, Olaf de Solex al bajo y Parade al piano y moog), se sumerge en un trabajo de exploración a través de ocho temas instrumentales, abordando terrenos sonoros más espaciosos que los habituales. Abandona la angostura de esas múltiples vias creativas que tantas veces se cruzan para sólo rozarse superficialmente, ideando amplitudes sonoras en las que conviven distintos planteamientos simultáneamente, incluso en las dos versiones aquí incluidas. Cortes como “Ramadán” parten desde cierta pereza country, para recibir, espolvoreada de disonancias la verbena de Nino Rota, envuelta en cajun y reggae. “Verano en la villa” nos ofrece a Calexico con un soplo más cálido; temas como “Fiesta” o “Esplin” continúan la confrontación de planos sonoros iniciada en la última etapa de Le Mans y “Madrid rock” es una multiconversación entre instrumentos llevados a un terreno impreciso, en este trabajo que hay que tomar como un prototipo de su sonido futuro. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN DICIEMBRE DE 2.000
 
VIVE LA FÊTE “Attaque surprise”(Pussycats records, 2.000)
Segunda entrega del dúo formado por el bajista de dEUS, Danny Mommens y Els Pynoo, grabación casera mezclada en los mismos estudios de Ronda donde han trabajado dEUS y, más recientemente, Françoiz Breut. Pop francés y electrónica doméstica desinhibida; una válvula de escape de esas que crean complicidad con el oyente. Gracias, además, a canciones redondas como “Elle est là” o “Merde á l´amour”; excentricidades cabareteras servidas por sus colegas de Ween (“On s´amuse”); dulzura pop de base punk en “As-tu déjà aimé?” o visitas al núcleo Velvet-Sonic Youth en “Attaque surprise”. Sin olvidar el insoslayable tributo a Gainsbourg de”Je n´ai pas peur” o el recuerdo de Kraftwerk en la pirotecnia electrónica de “Danser”. Entretenido y adictivo. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 2.000
 
MOJAVE 3 “Excuses for travellers” (4AD- Caroline España, 2.000)
Mojave es el nombre de un desierto; una evocación inmediata de panoramas inabarcables, sequedad, lejanías de toda índole y aspereza. Una adustez que el británico Neil Halstead interpreta con emocionante firmeza desde los tiempos de Slowdive. Ahora ante este tercer trabajo de su grupo vuelve la sobriedad que no impide la exuberancia, el detalle. Una fertilidad surgida desde yermos acordes que va inundando de vida las venas de unas composiciones delicadas y sencillas; como los metales que abren “When you´re drifting” o “Got my sunshine” y su aire gospel que la emparenta con el Van Morrison más negroide. Preciosismo a ultranza que parte de un recogimiento folk desnudo como en “Prayer for the paranoid”, y se nutre de apuntes de steel guitar, piano o banjo; insistiendo en una quietud que recuerda al Neil Young más íntimo y prolijo, como se evidencia en “Return to sender”. Aunque también haya lugar para acercamientos a un pop esplendoroso igualmente hundido en la tradición norteamericana, con “Anyday will be fine”, la canción más corta del disco, perfecto single de sonido ágil, acendrado y vigoroso, con la presencia de trompeta y trombón en pleno contubernio con el órgano. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 2.000
 
PARADE “Consecuencias de un mal uso de la electricidad” (Spicnic, 2.000)
Parade es un solista proveniente de Murcia, un humanoide orquesta a la vez juguetón, reflexivo e imaginativo. Sus canciones son un compendio de minisinfonías vocacionalmente spectorianas de pop cibernético e inmaculado al que nunca le sobran segundos (“primer contacto”). Explosiones coloristas abrumando un clasicismo melódico incuestionable; y, a pesar de eso, rico, personal e imprevisible. Conservan ecos de un amplísimo abanico de influencias, sin que ninguna de éstas pese decisivamente en su trabajo. Puedo notar la presencia de La Décima Víctima, cuando más se acercaron al pop, en “Asteroide”; a sus paisanos Farmacia de Guardia al escuchar “Robot 10”; recordar a Vainica Doble con “Gagarin en Calabuch”, aparte de la referencia-homenaje contenida en “Exoesqueleto”. En “Lex Luthor sha la” vislumbro a los Beach Boys; lo mismo que a Love en “Cyrano sobrenatural”, tras su inicio bossa. Tiendo a imaginar al principio de “Consigue un traje espacial, viajarás”, que se trata de un bolero, al mismo tiempo que celebro sus versiones de almas cercanas como Terry IV (“Mi erizo y yo”), e Intronautas (“Jamás seré feliz”). De cualquier forma todas estas referencias no son más que golpes de brisa que inundan momentáneamente los temas para luego desaparecer sin dejar rastro; guiños, pequeñas piezas de engarce de su mecano. Un juego no sólo compuesto de sonidos, sino de textos que se sirven de una imagineria de serie b, como gran metáfora de la vida. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 2.000
 
DESPUÉS DE NUNCA “LA EMOTIVIDAD, FRENTE POR FRENTE”
713avo Amor era una banda extrema, la perversa unión de unos tipos malagueños seguidores de Einstürzende Neubaten y amantes de tratar el ruido en primer plano. En 1.993 apareció, a través de Experience records, “A veces el dolor”, elepé debut y depositario de las fundadas esperanzas creadas por el grupo durante los cuatro años anteriores. Un trabajo crudo y exacerbado, restallante de ruido, y tóxico de melodías y textos urgentes e impredecibles; aún acotados dentro del concepto clásico de canción: dardos certeros, inigualados e inasequibles al paso del tiempo. Un año después, ya en Triquinoise Records, el trío de dos guitarras y batería encabezado por la personalidad desbordante de Carlos Desastre, publica “Horrores varios de la estupidez actual”, acopio de descripciones y sensaciones desarrolladas mediante genuinos y epatantes ejercicios de saturación sónica e intensidad ambiental. Y eso fue todo.



Un lustro tuvo que pasar para volver a saber de ellos, Desastre siguió colaborando aquí y allá, con grupos afines, como ya se señaló en su momento en estas páginas, y dedicado a actividades relacionadas con el teatro y la declamación pública. Salvatierra, el otro superviviente, ha colaborado con orquestas de toda condición y grupos instrumentales. Y de Antonio Acién, el otro guitarrista, coautor de muchas composiciones de la banda, nada se sabe.
Después de Nunca es un nombre extremo, el perverso reencuentro de dos tipos de málaga con pasado común, especialistas ya en la lucidez de la propia experiencia. Este nuevo debut se grabó entre los meses de diciembre de 1.998 y enero de 1.999, y fue editado por el sello madrileño Demonios que Disco records, éste no pudo hacerse el debido cargo de su promoción y ahora, el reciente y valiente sello malagueño Alone records, ha decidido reeditarlo y moverlo como se merece. El ruido sigue ahí, al igual que el desgarro, el bajo aparece invitado en escasas ocasiones, quedando todo pendiente del trabajo de guitarras y efectos varios de Desastre y de la imaginación percusiva del profesor Salvatierra. Cada pieza es un espacio, y cada espacio una puesta en escena, un retablo expresivo suspendido en el aire. Juegos de sinceridad abrupta, transparencias de sentimientos, meticulosas descripciones de mirada ágil entre nubarrones de ruido que vuelven a ser una experiencia necesaria y única.
Lo que menos me gusta es ese progresivo abandono de los rasgos sonoros, esa despreocupación del latir personal de las músicas, de su vivacidad. Se decantan por temas largos que son cauce del intransferible quejío de Carlos Desastre; su forma de cantar y recitar ya es su propia canción, y el resto es acompañamiento intuitivo y visceral. Salvo “Dondestaelcielo ” y su lirismo funambulista, sobreponiendo su equilibrio a estertores de electricidad y rumores de esa tensión percusiva tan presente; todo lo demás se muestra tan terminal y catártico como siempre pero más farragoso e intrincado. Canciones que andan entre barrizales de guitarras, riffs ásperos que, como en “Mi asesino”, el crecimiento progresivo de “Gimiendo Brasas” o la cambiante expresión de “El riff número cero”, resultan efectivos pero demasiado planos. De todas formas no faltan momentos memorables, como las pinceladas dramáticas de la guitarra en algún momento de “Serpiente”, el quebradizo y tambaleante avance de “Los que aún no han nacido”, el cortante acento blues de “Tu preciosa sangre”, o la sinuosa turbulencia de “Algún día, lo sabrás todo...”.

DESPUÉS DE NUNCA “Después de nunca”(Demonios Qué disco records, 1.999)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 2.000
 
THE DELGADOS “The Great Eastern” (Chemikal Underground- Everlasting, 2.000)
El tercer elepé de la banda de Glasgow, supone su huida de la corrección pop juvenil en pos de lo subliminal de las dobles lecturas, las construcciones intrincadas y los estribillos con calado. Con la garantía del Mercury Rev Dave Fridmann en la producción, The Delgados trabajan sobre sentimientos sin tapujos, delicadas sinfonías de recogimiento y lirismo, con majestuosidad y frondosidad sonora. Un trabajo delicioso, basando esa delicia en el mismo aroma clásico de unos Belle & Sebastian. Sonido de reminiscencias americanas, atemporal y sobrio, como ese lamento arrastrado que recuerda a Tom Waits en “The Past that suits you best”. Los temas parten de una sencillez acústica (la velvetiana “Accused of stealing”), una pureza folk (“Reason´s for silence (Ed´s songs)”, “Make your move”); que pronto se ve absorbida por el majestuoso torbellino de los arreglos que Fridmann dispone en cortes como “Aye today”, el dramatismo que alcanza “American trilogy” o los ecos neo-country iniciales en “Knowing when to run” volatilizados entre evocadoras cuerdas. También hay sitio para la contundencia, rompiente y cortante dentro de esa maravilla a doble voz que es “Thirteen gliding principles”; e iridiscente al surgir de “No danger” y “Witness”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.000
 
METEOSAT “Espunk!”(Universal, 2.000)
El desparpajo de la dos voces femeninas, lo directo y vital de sus planteamientos, su sentido de humor y descaro y, sobre todo, lo poco que parecen tomarse en serio a sí mismos; dotan al quinteto madrileño del gracejo y la fluidez pop suficientes para hilvanar un conjunto de temas coloristas y memorables. Contando con la presencia enemiga de Fino Oyonarte como productor y Chema “Animal” Pérez aporreando batería en varios temas, recuperan con soltura el pop español de los primeros ochenta, ya sea en plan Pegamoide (“Mi novio es bakala”), o evocando a Los Nikis (“Vilma”) y el tecno-pop marcial de Aviador Dro (“Metal S.A.”). Ocurrentes e ingeniosos cuando se muestran irónicos, y algo más previsibles cuando se ponen serios, ponen la guinda con una versión de “You think you´re a man”, de Divine, con la voz vocoderizada de J de Los Planetas y de su padrino, Jesús Ordovás. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.000
 
EL ESTADO Y LA HISTORIA “LA TRANSFUSIÓN NECESARIA”
Supongo que preparar un material espaciado en el tiempo, durante años, debe dar la opción de conocerse como autor, saber si se tiene algo dentro y realmente qué es. En el caso de que haya, la consecuencia inmediata debe ser un sonido propio: toda la influencia forma parte del músico, es su bagaje; y saldrá de él, permitiéndole estar en cada uno de esos minutos de música. Creo firmemente que es el caso de los granadinos José Sabio (voz y guitarras) y Antonio Vilches (sintetizadores y samplers); el primero fue cantante de los míticos K.G.B. y el segundo ya formaba parte de EEYLH desde hace años, enigmática actividad vanguardista que tenía a muchos buenos aficionados pendientes y esperanzados. Secundados por una suficiente representación del panorama local a cargo de los instrumentos convencionales de apoyo, EEYLH es una respiración agitada, una mirada, una atmósfera enrarecida por la presencia latente de una energía contenida y rabiosa. El sonido fluye con una naturalidad insultante; a la vez familiar y desconocido, genera una tensión orgánica y un punto anhelante, que va a ser liberada a través de una profunda vocación melódica, estribillos que expanden el sofoco, turbulentos intersticios llenos de luz. Es algo que suena a propuesta, a reto.
Tras una primer contacto, los temas toman rápidamente posiciones, se desmarcan los unos de los otros a pesar de sus características comunes: un ambicioso entramado ambiental, minucioso y efectivo de samplers y sintetizadores; matices de diversas tonalidades, abigarrados o dulcemente alineados, que garantizan una profundidad sonora intensa y viva, apoyada por instrumentos eléctricos y con el contrapunto casi permanente de una guitarra acústica especialmente presente y nítida, tan cercana que desarbola. Mientras, la voz se intercala, dejándose ir en una narración pausada y descriptiva, marcando con su mensaje críptico el devenir de la melodía en todo su contorno. Dotando de vida propia a unos temas mucho más heterogéneos de lo que cabía esperar, composiciones que son ante todo canciones, perfectamente defendibles en directo y en cualquier formato.
Desde el carácter doliente y adictivo de “Mercedes GM”, se respira un espacio distinto, una nueva velocidad; confirmados por el lirismo extremo, preciosista y minimalista de “Debajo de la piel”, medio tiempo intenso, expandiéndose a cada segundo. “Estado de conciencia” conserva resabios de Sonic Youth en las guitarras, en otro ejercicio de tensión casi épica y sideral, una categórica espiral de solemnidad que enlaza con la excelsitud de “Salir mal” y “Derribar estatuas”. La primera con su aliento sombrío pero embaucador, la otra convertida en hipnótico himno. Ambas con densas pinceladas de cuerdas. El sencillo borbotear de “Eso es todo”, a pesar de la perenne desazón que imprimen batería y cuerdas disonantes; y el folk narcotizado de la irónicamente titulada “Ritmo”, conviven sin artificio con la pirotecnia rítmica de “El mejor”. El latir expectante de fondo ajetreado de “Quieto” con el caos de “Quatro”. Y el dúo contrapone, ya sin apoyo externo, la placidez exótica de “El Espejo” y “Discípulos”, ésta por derroteros plenamente electrónicos, con un cierto hieratismo que me lleva a imaginar lo que harían ahora La Décima Víctima. El disco que he estado esperando en el último año. Sin duda. JUANFRAN MOLINA.

EEYLH “Derribar estatuas”(Los discos de la conciencia- El Diablo, 2.000).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.000
 
BOWERY ELECTRIC “Lushlife”(Bregares Banqueta- Caroline España, 2.000)
La etiqueta trip-hop, lleva implícito dentro de su propia imprecisión, algo narcótico y repetitivo, pero también un poder de transpiración del que carece la música electrónica de por sí. La sequedad rítmica programada de bases hip-hop se ve lubricada por obra y gracia de los teclados, ondulada y moldeada por bajos pulsados con lentitud; elevada por los arreglos de cuerda y dotada de carácter por la guitarra: matiz eléctrico o desgarro. Mientras, los samples intercalan ajetreos y sensaciones, y si, como es el caso, se cuenta con el espíritu pop de este dúo neoyorquino, un suave eco femenino, guía este mullido colchón sensitivo de huidizas sonoridades sobre melodías perfectas en sí, como en “Freedom Fighter” (con samples de Nick Drake). Suenan subyugantes en su opacidad (“Saved”, y esa guitarra horadante incrustada), y en su frialdad ( “After Landing”). Acogedores piezas en un cuarto trabajo de turbio halo soul e ineludible pulso urbano y cinematográfico; distante y cadencioso, equilibrando a la perfección sensualidad y distanciamiento. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.000
 
BELLE & SEBASTIAN “Fold your hands child, you walk like a peasant” (Jeepster- Mastertrax, 2.000)
Con cuatro elepés a sus espaldas y numerosos epés, la forma más brillante y delicada de entender el pop del último lustro se confirma como una presencia fundamental en el panorama pop actual, y no sólo grata, como muchos de sus coetáneos. Con un elocuente brío folkie y una sensibilidad acústica luminosa la mires por donde la mires, unidos a un uso de los metales y el crescendo deudor a la vez de Spector y Love, recogiendo la elegancia de los Kinks, la intimidad de Nick Drake o la extraña quietud de La Velvet; el septeto escocés liderado por Stuart Murdoch, sin demostrar nada nuevo, vuelve a tocar el cielo de las grandes obras. Ya sin las inquietudes de Stuart Davis a bordo vuelven con un inimitable asentamiento estilístico, sólo alterado por el increíble single adelanto “Legal man” que trae dos inusitados y trepidantes cortes bailables de aire retro y una delicia pop firmada por Davis. En el álbum vuelven a convivir las grandes canciones de siempre, con todo su colorido de metales y cuerdas en constante onda expansiva. Caudalosos sonidos que ofrecen con generosidad la riqueza de un grupo que tiene algo de la interrelación de las big-bands, de su articulación infinita. Siguen sin dar la impresión de cantarle al espejo, porque su pop no es de cámara, late fuerte, impetuoso y cercano, aún en los momentos más evocadores. Pequeñas maravillas como la letárgica epopeya de “Beyond the sunrise”, el recuerdo al Neil Young más contenido de “Don´t leave the light on baby” o la cándida “Nice day for a suck” se complementan con la radiante sonoridad de temas como “I fought in a war”, “The wrong girl”, “Waiting for the moon to rise” y su aroma a Love, o el fulgor soul de “Women ´s realm”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.000
 
CABALLERO REYNALDO “LA HISTORIA REAL DEL CUENTACUENTOS ROCKERO Y LA CATACUMBA”
Tras Fundadas investigaciones llevadas a cabo en España, Inglaterra y Roma por los más afamados doctores del orbe racional, refrendados por ilustres químicos, antropólogos, historiadores, teólogos, matemáticos y musicólogos; se desprende que el Caballero Reynaldo es el paradigma, tan típico como verídico, del mundo huero, globalizador y extremadamente ambicioso surgido como a presión del mayo del 68. También es el álter ego antitético de Luis González, un nativo de Cuenca que ocupa una catacumba musical en Valencia, ajeno a modas, movidas o movimientos terrenales. Desde allí ha participado en muchos de los proyectos más singulares y enriquecedores de los últimos catorce años. Su bajo acompañó a Corcobado en la última y valenciana etapa de Mar Otra Vez (“Algún Paté Venenoso” (1.987)); desde 1.988 hasta 1.993 formó parte de Amor Sucio, iracunda banda de rock vitriólico, intenso (aquella versión maquetera del “She does it right” de Dr. Feelgood) y extrañamente romántico. Posteriormente ha colaborado en varios elepés de Malcolm Scarpa y puesto en funcionamiento el interesante y selecto sello Hall Of Fame; estamos por tanto, ante el incontinente responsable de los homenajes a Frank Zappa.



A partir de 1.995 también ha ido desarrollando su proyecto más personal e interesante, El Caballero Reynaldo. Para su debut, “Clásico con Twist” (Hall of Fame,95), se decidió por un trabajo que intercalaba narraciones susurradas sobre el nacimiento de tan controvertido personaje de ficción, aún a riesgo de que el disco se etiquetara como conceptual. Interpretado casi integramente por él, es un inspirado ejercicio de pop, querencias psicodelicas, extraños blues o mutaciones jazzísticas, urdidas con una naturalidad pasmosa, quizás debido al cansancio de la excesiva gravedad imperante en su anterior banda. El hilo conductor del cuento desarrollado sacaba a la luz su ironía y mordacidad, llevadas mucho más allá tres años depués. Con “Episodios Familiares” (Hall of Fame, 98), las canciones se presentan dentro de un programa radiofónico, con su tertulia y todo. Afortunadamente González sigue complicándose la vida, ofreciéndonos nuevas dosis de pop de irresistible regusto europeo combinado con aires funk, experimentación y rock de guitarras. Otra muestra de plasticidad melódica y versatilidad estilística ajena a solemnidades. El delirio de Emilio Maldonado, guionista de esta saga, da para que la leyenda dé una y cien vueltas en la última entrega hasta la fecha de la historia de Reynaldo, “Una historia de Darwin”. Junto a conjuras de rock ácido como “El aguijón de lujuria”, conviven gemas de pop cargado de psicodelia (“El 4arto” o “El andarín mental”) y cortes que encantarían a Gorky´s Zygotic Mynci como “El galán spídico” o incluso el rock juguetón de “La tortura de Copérnico y Galileo”. Hay pop de bruñidos estribillos en “La Herencia genética” y rock efectivo en “La droga diaria” e imaginativo en “El singular bicéfalo”. Dejando para el final la excelsa “La reina de las pelotas gigantes”, en cuyo largo periplo se centrifugan pscodelia, rock progresivo, funk y aires folk. No lo dejes escapar si quieres conocer el final del cuento parafraseado al principio de este artículo. JUANFRAN MOLINA.

CABALLERO REYNALDO “Una historia de Darwin” (Hall of Fame, 2.000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.000
 
LAIKA “Good Looking Blues”(Too Pure-Caroline España, 2.000)
Tres años después de “Sound of the Satellites”, Margaret Fiedler y Guy Fixen, vuelven con un nuevo tratado de ambientación y experimentación. Cada vez más cercanos a la ejecución directa de su material frente al recorta y pega de samples que les caracterizó a ellos y a buena parte de su generación, aquí evocan el blues a su manera, ejercitando una envolvente, orgánica y a veces narcotizante, inmersión en tonalidades sonoras, matices percusivos o claroscuros jazzísticos como “Windows weed”, improvisación caliente de free-jazz y pulso de Can. Suenan vivos, cercanos, insidiosos como en “Good looking blues” o la inquieta “Black cat bone”. Esquivan la monotonía electrónica con inspiración y constante indagación sonora, así las esencias del blues se pueden observar suspendidas entre el sofoco electrónico de “Moccasin”, mientras que el funk se desliza a través de “T. Street” y “Knowing too little” . La calidez del trip-hop arropa la sugestiva “Uneasy”, las intrigantes sonoridades de “Go fish”, o el estimulante roce dub de “Badtimes”. Mientras que “Glory Cloud” es el momento más etéreo de esta nueva demostración de que Laika dominan la sucesión de los minutos. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.000
 
BROADCAST “The Noise made by people” (Warp-Satellite K, 2.000)
Pop electrónico puede ser una definición demasiado rápida, demasiado fácil, aunque se ajuste a las líneas maestras del sonido de los británicos Broadcast. Un grupo aparecido a mediados de los noventa y que, tras varios singles posteriormente recogidos en el miniálbum “Work and non work”(warp, 97), debuta en formato grande con este elepé. Un trabajo que es todo lo inabarcable y enigmático que se debe esperar de la música realmente importante. Un compendio de excelentes composiciones, serenas recreaciones de pop atemporal, profundo y encantador; una atmósfera de banda sonora y samples que tienen el contrapunto ambiental de cadenciosos sonidos de bajo, guitarra o batería. Todo al servicio de la voz cristalina, distante y por ello turbadora de Trish keenan. Ella conduce momentos solemnes y de cierto dramatismo como “Long was the year” o “Until then”; ofrece candidez con briznas de suave psicodelia en “Unchanging window” o gemas de quieta belleza, maravillas por encima de estilos que calan sin remedio, como la increíble “Come on let´s go”, la ilusionante melodía que se eleva sobre el tenso fondo de “Papercuts” o “City in progress”. Sin olvidar el halo espacial de “Minus one” o las evocaciones que se desprenden de “Echo´s answer”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.000
 
THE JACQUELINES “ARTESANOS DE LA ESPONTANEIDAD”
The Jacquelines es el nuevo proyecto de Malcolm Scarpa, y con eso debería de estar todo dicho, pero me temo que no, nunca lo está cuando se trata de artistas que no salen en “Séptimo”. Habrá que volver a repetir que estamos hablando del último compositor sorprendente del pop español; alguien capaz de reunir los mejores y más peculiares iconos de los sesenta, desde Ray Davies a Brian Wilson o Syd Barret, para crear un lenguaje de canciones personalísimas con una facilidad pasmosa. Breves soplos de pop surgidos de una guitarra acústica o una mandolina, trasladándonos esa sensación que queda tras una gratísima primera impresión. Creaciones exultantes que circundan lo genial en muchas ocasiones y que siempre muestran la perfección de la sencillez y el preciosismo creativo de un tipo comunicativo y ensoñador, abierto a sonoridades de toda índole, siempre empeñado en un recorrido desbordante e ilimitado por melodías, estados de ánimo, ilusiones, anécdotas o nostalgias.



Malcolm tocaba en el metro de su ciudad, Madrid; en 1.992 graba junto a Ñaco Goñi el elepé “Doin´our kind” (Cambayá), recorriendo el país con sus irrefrenables directos y haciéndose un nombre dentro del circuito blues, al que vuelve de cuando en cuando. Un año después Malcolm el bluesman entrega 26 temas en su debut homónimo con Triquinoise records. Quizás por inesperado y fresco sigue siendo mi favorito y conserva en su interior el sonido low-fi con más sentido que yo haya escuchado. Prácticamente interpretado y producido por él, al igual que los 26 temas de “My devotion” (Triquinoise, 94) más plácido y psicodélico, jazzístico por momentos. En 1.995 aparece, ya en Hall of Fame, “The road of life alone” y, sí, también tiene 26 temas. Aquí destaca un sonido más contundente y compacto, desarrollado por un trío ya acostumbrado a tocar en directo; menos prolijidad arreglística para una nueva colección de temas irreprochables. Al año siguiente “33 1/3 Microsillons” (Hall of Fame), sólo trae 15 cortes que contribuyen a mantener su leyenda de artesano del pop. Tras algún escarceo bluesero, en 1.999 firma la banda sonora de la película “Mamá es boba”, del director Santiago Lorenzo. Y en 2.000 se presenta dentro de una banda, demostrando que lo más clásico puede ser novedoso y excitante si la intuición funciona y se opta por la brillantez y la imaginación como medio para esquivar la inercia que conduce a la linealidad más yerma y autocomplaciente.
The Jacquelines huele a Malcolm por todas partes; los temas, compuestos por él, rezuman su personalidad por doquier. El sonido es esmerado, mimado, contenido y suficiente; huyen de obviedades y arreglos superfluos. Hay oficio, pero también espontaneidad. “Never have to cry” es un corte enérgico y adictivo; como irresisitibles resultan esa aura lisérgica de “Anything that´s part of laulla” o “Phantabeirutonite”, que suena a unos Box Tops pasados por ska. Hay baladas envolventes para dejarse ir, como “Umbrellas”, o canciones que muestran al Malcolm más maduro, prácticamente crooner (“My love for you” o “I apologize”). También hay sitio para la calidez soul de “So many windows”, un tema amable como “Alison”, el siempre eficaz recuerdo de los Kinks en la explosión de “Jour de fête” o la belleza arisca y desapacible de la tensa “My decline & fall”. JUANFRAN MOLINA.

THE JACQUELINES “Jaimita, songs of tragedy and grotesque” (Velvet, 2.000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.000
 
BEEF “LA SONRISA DEL MUTANTE”
No sé si pegarían mucho en las fiestas de tu pueblo, la verdad. Ya te to puedes imaginar: una furgoneta llega al ferial veraniego de turno, se abren las puertas y comienzan a brotar mutantes, brincando por todas partes... Algo así me inspira a veces el sonido de Beef, un verdadero ente extraño, un virus eléctrico animoso y descacharrante, una fe ciega en las guitarras constreñidas; utilizando el noise como expresión turbulenta, nada apelmazada, siempre subvirtiendo el pop sin perderlo de vista; explorando el sonido porque sí, porque les gusta.
A principios de los noventa, David Rodríguez apareció con Bach is Dead, banda con nombre prestado por The Residents, que dejó un rastro breve pero intenso, con una memorable maqueta y un elepé (“Sonotone”( Marilyn,92)). Saqueos impúdicos de la imaginería de Juanito Valderrama inspiraban títulos como “Burra guitarra vieja”, “Vientos de Badajoz” o “República Dominicana”; dejaron pistas de su debilidad preferida, “Schizophrenia” de Sonic Youth y hasta un éxito en potencia injustamente olvidado (“El Buscador de Mugre”).
La prolífica producción de David Rodríguez con Beef, se inicia en 1.993 con “Beef songs”( La Fábrica Magnética), desarrollándose a partir de ahí una combinación siempre sorprendente: ese carismático conjunto de experimentación, improvisación, ruido y temas accesibles o redondos. Una dualidad natural y fantástica que los coloca perfectamente en el escenario grande de Benicàssin o en el madrileño Experimentaclub. Canciones con un mucho de ironía desde los títulos, más cercanos al absurdo que al surrealismo; algo de desencanto y ese realismo que se suele confundir con cinismo. Beef se mueven dentro de una inercia que dominan cada vez más, superponen capas de ruido en su intrincado deambular por esencias electrificadas, sin dejar de observar referentes como Sonic Youth, The Fall, Joy Division o Wire. Me es difícil destacar un trabajo concreto, ya sea el celebrado “Tongues” (Acuarela, 95), producido por Kramer; “Fi qars sheikh al-Dabant” (elefant, 97) o “España a las ocho” (Elefant, 98), cualquiera puede ser su mejor álbum, según los días, incluido el reciente “Misery & lies”.



En esta ocasión cuentan con la producción del reputado Wharton Tiers, colaborador habitual de Sonic Youth. Las constantes de la banda de Sant Feliu de Llobregat permanecen y se desarrollan, radicalizándose incluso en algunos momentos. Así la deuda con sus maestros neoyorquinos surge en el primer corte “My bitch friend” con su ritmo galopante y diverso, continuando con “Misery”; al tiempo que “Poetics” recuerda a The Fall. Temas como “Nose” los presentan lanzados a un ruidismo sin ambages, una interferencia continua; “El final de una carrera” genera un feedback que se vuelve arisco, experimentando consigo mismo sin compasión; mientras que el delirio jazzístico de “Soap”, “Backstreeta y los bakalaeros makis” o “Sex in mind” se decantan por la improvisación. Por otro lado cortes como “Cosmopolitan”, con una melodía más cercana al “My name is luka” de Suzanne Vega que a otra cosa y “Society sucks” con su fugacidad sónica integran el lado accesible de este disco junto a la expansión bucólica de “Highlights” o “Teen”. No se los presentes a tu alcalde. JUANFRAN MOLINA.

BEEF “Misery & lies”(Elefant, 2000).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.000
 
DAVID HOLMES “Bow down to the exit sign”(Go! Beat-So Dens-Universal, 2.000)
Servirse convenientemente de la electrónica, o servirse convenientemente del rock. Ahí pueden estar algunas de las claves de supervivencia del rock más visceral y estimulante. El pinchadiscos David Holmes apuesta por eso, se acerca al rock lo mismo que Primal Scream abrazaron la electrónica, fundiéndose en una apuesta vertiginosa, en una colisión epatante, sin vuelta atrás. Crea un mare mágnum rítmico en el que cabe toda la carga tórrida de un riff de piano de lo más groove, “Compared to what”, o la urgencia exultante y sucia de una guitarra rollingstoniana seguida inevitablemente de la voz de Bobby Gillespie, gurú vocal del rock del próximo siglo (“Sick City”). Es como ofrecer las líneas maestras del mejor rock, su vertiente más excitante, superando la presencia plana y humana en dos dimensiones de unos tipos sobre un escenario, donde se les exigía ser responsables directos e instantáneos de todo cuanto sonaba, para ofrecer un viaje en tres dimensiones; un furibundo recorrido aéreo de samples y efectos, un envilecido conjuro terrestre de guitarras horadantes, bajos y percusiones, oficiado por alguien a quien se le va a permitir traer y llevar los sonidos cuando y como quiera, acompañarse de quien quiera y subvertir el orden que le apetezca. Así, Holmes puede extender su actitud rock a densos apuntes de Barry Adamson; sumergirse en lodos de blues: con Jon Spencer a la voz en “Bad thing”, el ambiente de “Out run” con Martina Toppley-Bird deslizando estribillos irrefutables, o la espiritual “Living room”, contando con la arenga de Carl Hancock Rux. Retomar a Gillespie para mediante un manto de farfisa y guitarras, mezclar ritmos negros con garage oscuro en “Slip your skin”, ofrecer con “Zero Tolerance” a una Martina turbia, juguetona y punk; o hacer viajes panorámicos de voluptuosidad sonora tal que los Primal Scream más lisérgicos en “69 Police”. Todo ello encadenado con credibilidad y naturalidad. Siglo XXI. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.000
 
NOSOTRÄSH “Mi vida en un fin de semana” (Elefant, 2.000)
En tiempos como los que vivimos no es extraño que un grupo como Nosoträsh recale en un sello como Elefant, ni que éste apueste por ellas como lo ha hecho contratando a un personaje del curriculum de Ian Catt en labores de producción. Esta época favorable a la sonrisa pop en castellano necesitaba un disco así de efectivo, robusto y brillante. Con un sonido y unas composiciones que superan la anécdota coyuntural y unos textos que esconden hallazgos, la vuelta de las asturianas me parece tan fulgurante como temas de la perfección y el carisma de “Rara sensación” o “Reincidentes”. Destacando también momentos como “Chico escaparate” y “Maldito espejo”, que hubieran roto en el Madrid de 1.980. El euro-pop bailable de “Entertainment”, en donde se me antoja más interesante el cello de Silvia Raposo, y el más setentero y racial de “Caperucita”; o la distinguida presencia de la guitarra de Nacho Vegas deslizándose por “El enemigo en casa” y sirviendo de fondo en “Gato al sol”. Llama la atención, por otra parte, el fruto que esta generación le va a sacar al “With a girl like you” de The Troggs, primero dio lugar al “Pegado a ti” de los Planetas y aquí a “Si es que hay suerte” ésta entre briznas de bossa. Canciones que reconfortan aunque algunas partes lleven ya mucho tiempo en la memoria. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.000
 
NEIL YOUNG “Silver & gold” (Reprise, 2.000)
Después de la película del mismo título, que recoge una actuación en Austin (Texas), aparece este retorno de Neil Young al formato acústico que tan fecundos y memorables resultados le ha dado. La intimidad y el sosiego de elepés históricos como “After the gold rush”(1.970), “Harvest” (1.972) o el más reciente “Harvest Moon”(1.992), vuelven mostrándonos a un Young aún en forma, sereno y delicado. Inspirado en composiciones de calado clásico, como la balada vaquera “Good to see you”, “Buffalo springfield again”, y el estribillo imborrable de “The great divide”. Después de una segunda mitad de los noventa un tanto errática (desde el gran “Sleep with angels”(1.994)), “Silver & Gold”, recoloca al artista ante sí mismo y quienes echan de menos su transparencia acústica, los ecos indelebles de un sonido imperecedero, delicioso en “Razor blues” o desnudo en “Without rings”. Una caricia balsámica que cuenta con músicos como Jim Keltner a la batería o el bajo del Booker T & the Mg´s, Duck Dunn. Y los coros en “Red sun”, de Emmylou Harris y Linda Ronstadt (ésta ya estaba en “Harvest”). JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.000
 
MASTRETTA “Luna de Miel”(Subterfuge, 2.000)
La habitación de Nacho Mastretta vuelve a la actualidad, de allí han salido este año, la banda sonora de la película “Asfalto” y este segundo elepé, que incide en su particular concepción musical: instrumentos que conversan amenamente ataviados con una camisa de flores, vocación exótica, exuberante. Sonidos latinos, jazz emborrachado de bolero; lounge music cabaretera y cupletista. O la banda sonora para cualquier sofocante suspense en un lugar imposible, señalando un marcado gris, un malditismo a ultranza en el que los protagonistas miran en derredor y los metales tañen peligro. El hombre orquesta reviste en esta ocasión su temas con textos, muy curiosos y descriptivos, por cierto; haciéndose acompañar de insignes voces del pop en castellano, destacando las interpretaciones de la mexicana Julieta Venegas, Cristina Lliso, Irantzu Valencia de La Buena Vida; Gema Corredera del dúo cubano Gema y Pavel, Ajo de Mil Dolores Pequeños o la incombustible Ana Belén. JUANFRAN MOLINA

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.000
 
VENENO "EL DÍA EN QUE LOS ASTROS COLISIONARON EN EL ESPACIO"
La formación histórica de Veneno (Kiko Veneno y los hermanos Amador) duró algo más de dos años tan intensos como caóticos. El inigualable resultado de mezclar a dos músicos gitanos con el singular bagaje de su extraordinaria intuición para aprehender y hacer suya la esencia de toda música que caía en sus manos, así como su gusto en maltratar sus guitarras flamencas cual eléctricas; con un universitario fuertemente influido por Bob Dylan que tocaba la guitarra flamenca con púa. Se juntaron, con un desparpajo nunca más visto, la visión surrealista y literaria de Kiko, su bagaje rock y sentido pop, con la espontaneidad del flamenco, la inmediatez de la rumba o la bulería. Su corta carrera se caracterizó por la falta total de planificación y previsión; un día a día que arde en su único disco con el fuego del ingenio del instante y que se traducía en directos desastrosos.



Su mítico disco (tan revalorizado con el tiempo) se registró en directo, con toda la gente tocando a la vez, en los madrileños estudios Audiofilm durante una alocada semana de junio de 1.977, y se publicó en septiembre de ese mismo año, producido por Ricardo Pachón. La condición de éste de productor de unos exitosos Lole y Manuel, le permitió colar este proyecto condenado a la incomprensión a una multinacional como CBS. Un ejecutivo de la compañía sentenció al escuchar una primera maqueta: “o es una mierda como una casa o esto es algo genial”. Otros músicos que participaron en la grabación fueron Pepe Lagares (ex – Goma, posteriormente en una primera formación de Mártires del Compás) al bajo, Antonio Moreno (ex – Nuevos Tiempos –aventura que compartió con Jesús de la Rosa de Triana-, y a la postre reputado músico de sesión) a la batería, y un par de percusionistas traídos de Barcelona, de los que sólo quedó Noel Múgica. A última hora se hicieron de la partida para aportar palmas y juerga, el emblemático Juan El Camas y El Bizco Eléctrico, que también introdujo sus taconeos. El sonido es imperfecto pero aceptable, ya que por lo menos atrapa fielmente un momento extraordinario; sólo el bajo sale realmente malparado, impreciso, desaparecido o lejano las más de las veces. Kiko utilizó, además de su guitarra y voz, la caña, instrumento típicamente carnavalesco de Cádiz, una especie de pito de sonido festivo en “Los Delincuentes” y “La Muchachita”.
En un caótico primer día en Madrid, acompañados de familiares y amigos, sólo consiguieron grabar tres tomas de “No Pido Mucho” sólo con Kiko a la guitarra; y durante la segunda jornada, la famosa en la que el ácido cayó en el té, fueron grabadas y despachadas para la posteridad esa noche “San José de Arimatea”, “Los Delincuentes”, “La Muchachita” y “Aparta el Corazón de las Mangueras”. La parte fundamental de este trabajo. Aparte de las canciones incluidas, otras de la época, generalmente de Kiko, aparecieron bastantes años después en el disco “Guitarras Callejeras” de Pata Negra (“Juan Charrasqueado”, etc…), y en otras grabaciones de Kiko Veneno (“El Catalán Fino”, de ésta sí hubo toma en las famosas sesiones) o de la fallida resurrección de Veneno de 1.989 (“El Atraco”). La portada iba a ser una tableta de hachís envuelta en papel de plata, pero se sustituyó por la marca Veneno sobre fondo marrón, que insinúa pero pasa más desapercibida. Parece ser que más que censura se trató de autocensura de la compañía. Por sugerencia de Kiko en el disco no aparecen ni créditos ni fotos, sólo un enigmático “compositor Veneno”.
Fue un trabajo que despertó desde siempre encendidos elogios entre la crítica: “Un iconoclasta con la bronca de la belleza en la niña de los ojos” decía un inspirado Jesús Ordovás de Kiko Veneno en aquel momento; y, años después, en una reseña retrospectiva en Rock de Lux, Blas Fernández no dudaba en relacionar, aunque fuese espiritualmente, las guitarras de los Amador con las arquitecturas eléctricas de Richard LLoyd y Tom Verlaine en Television.
Silencios, arranques, crujidos, desórdenes; caricias, pureza, trémolos y rasgueos de guitarra flamenca. Pereza, humor, intención, ironía, poesía, todo esto acontece casi a la vez a lo largo de los treinta y cinco minutos de “Veneno”. Se escucha por primera algo distinto, una combinación absolutamente natural e inigualable, casi indistinguible de rock y flamenco.
Este sonido sentaría claramente las bases sonoras de los futuros Pata Negra, pero no paradójicamente las de Kiko, su máximo inspirador. Éste tuvo que esperar quince años para encontrar un camino creativo fructífero que le librase por fin del halo experimentador y disperso del primer Veneno, de todo ese ramillete de caminos.

Estas son las canciones en cuestión:

- Los Animales: Los Bongós iniciales y las guitarras flamencas, envuelven el texto de R. D. Laing que una rasposa voz de Kiko canturrea. Posteriormente, a las guitarras de palo se unen bajo y batería, llevando a su terreno desarrollos progresivos sin excesos. Ese halo de improvisación que queda cuando cada instrumento parece buscar su camino. El tramo final recupera pacíficos remansos de guitarra brevemente anunciados con anterioridad, incluyendo sonidos de pajaritos.
- La Muchachita: Es otro de los cortes carismáticos y vacilones del disco. Ecos progresivos se adivinan en su fulgurante esencialidad, entre sus silencios e imperfecciones, y es el de ambiente blues más marcado.
- Canción Antinacionalista Zamorana: que nadie se asuste por lo incorrecto del título, éste surgió inspirado por la tertulia que en aquellos tiempos tenía en Sevilla el profesor Agustín García Calvo. Aparece enlazada con “La Muchachita”, unidas ambas por unas depuradas guitarras de los hermanos Amador, que acaban por infundir a la composición la urgencia de un inequívoco aliento rock.
- Indiopole: El instrumental del disco. Contiene un solo de guitarra Ovation de Luis Cobos “Manglis” (ex – Guadalquivir, años después con Raimundo en Arrajatabla). Aquí hay palmas y taconeo de El Bizco Eléctrico; y, en la mejor tradición de posteriores instrumentales de Pata Negra, endemoniados y prolijos solos rock con flamenca entre bulerías empujados por batería; que muestran por momentos hasta un aire garagero.
- Los Delincuentes: Compuesta por Kiko en Canarias en 1.975. Galopa en una suerte de country aflamencado. Es una de las genialidades del disco, empezando por la letra. Estribillo magnífico, coros desgañitados.
- Aparta el Corazón de las Mangueras: Otra genialidad. Percusiones, palmas, y guitarras que dialogan o colisionan para el tema más en ácido de todos. El cariz surrealista de su letra resulta memorable, a pesar de estar influida por la de “Subterranean Homesick Blues” de Dylan; tanto en el planteamiento general como en algunas referencias concretas. Destacable la parte ralentizada previa a un final arrebatado.
- San José de Arimatea: La historia del Santo fumeta también fue traída de Canarias por Kiko. Otra muestra de rock flamenco genuino y vibrante. Guitarras flamencas y punteos que quieren ser eléctricos. Recuerda al “Memphis Blues Again” de Bob Dylan, como bien apunta Luis Clemente.
- No Pido Mucho: La letra es una adaptación del poeta catalán Miquel Martí Pol. Sólo Kiko y su guitarra flamenca con púa, en la mejor tradición del Dylan acústico (y es la tercera vez que mencionamos al de Minnesota).

JUANFRAN MOLINA.

Para más información:

www.kikoveneno.net

“Kiko Veneno: Flamenco Rock” (Luis Clemente, La Máscara, 1.995)


Texto surgido a partir del guión realizado para un especial sobre Veneno emitido el 4 de marzo de 2.005 en el programa “Flamenco en la Frontera”, que conduce Rafa Calero en Radio Salobreña.
 
LAMBCHOP “Nixon”(City Slang, 2.000)
Kurt Wagner y esa banda de doce músicos que le acompañan, tocan con “Nixon” el cielo de lo verdaderamente perdurable. Lambchop, una banda encasillada dentro del country renovador, acostumbrada al trabajo de texturas y ambientes; crece y crece en su mundo expresivo, destilando una brillantez sonora, una sedosidad que, sin embargo, y afortunadamente, no llega a perder aspereza, sequedad y un cierto laconismo. No quieren ser pop de cámara, ni engolados, ni ampulosos narradores de desdichas; atacan desde la tierra composiciones cargadas de resonancias, de profundidades. Largas y plácidas respiraciones que nos obsequian con un punto culminante tras otro. Diez temas desarrollados en virtud de matices y detalles, la articulación sonora que te muestra una pieza más de su mecanismo tras cada escucha, que se deleita en sí misma, transfiriendo esa sensación al exterior.
Las canciones se internan por una suerte de elegancia soul, cadencias y ecos de los primeros setenta en cortes como “Grumpus”, “You masculine you” y el falsete de Wagner, o la traslación espiritual de los coros de “Up with people”. “The distance from her to there” evoca a través del pedal-steel, ofrece resabios country. Mientras que el pop es abordado mediante la mágica balada “The old gold shoe” y la atemperada “The book i haven´t read”, cuya composición aparece acreditada a Kurt Wagner y Curtis Mayfield, ésta con su majestuoso inicio de cuerdas. A pesar de esto lo más subyugante para mí sigue siendo el lado más inquieto e inasible de la banda: el ambiente enrarecido y agitado de “The petrified florist” o la vibrante amalgama sónica de “The Butcher boy” denso temblor interno de las raíces del rock americano. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO" EN JULIO DE 2.000
 
FLOW “Sensazione”(Acuarela, 2.000)
El sorprendente regreso de los cordobeses Flow desembarca, cargado de melodías y conceptos pop de toda índole, en el momento justo para llamar la atención. Su pop en español de letras que no conducen al rubor, es una muestra de madurez y sofisticación en el buen sentido, teniendo su riqueza expresiva como principal arma. Un disco que juega con eternos tarareos, y cumple la labor más importante del pop actual, la de reinventar melodías revitalizándolas, mostrándolas con sobriedad y brillantez; malear lo que estaba rígido despertando emociones nuevas con sonidos de siempre. Una actualización basada en la ágil convivencia de programaciones y ajustados arreglos de cuerda o vientos, siempre al servicio del latir melódico de los temas. Ocho o nueve singles que van del disco-pop a pleno pulmón para pinchar junto a Fangoria y Astrud de “Limbeando”, las armonías vocales de “La cuenta de internet”, o el europop retro de “Sindy mi amor” y “Eurovisión”; al recuerdo de los primeros ochenta con Chinarro a los coros en “La vuelta de Marsuf” o el romanticismo a corazón abierto de la banda sonora perfecta para anuncios de colonias que supone “Te quiero”, “Historias para chicas” o la sorprendente despedida de “La huida de Marsuf”. Ahora o nunca. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.000
 
SR. CHINARRO “LA FOTOGRAFÍA QUE SE MUEVE”
Cuando llegaron los sevillanos Sr. Chinarro era previsible que apareciera un grupo así. La inefable inercia que se propagó sobre 1.992, favorecía y exigía la presencia de una o varias bandas directamente emuladoras de todas aquellas que tenían algo que decir en el desarrollo del pop anglosajón de los últimos años. Este grupo sonaba a bruma británica, se suponía formado por mentes inquietantes, era gélido, lo suficientemente sombrío y encajaba en la majestuosidad oscura del sonido de The Cure o Joy Division/New Order. Así las cosas el momento es electrizante para que aparezca el recopilatorio del Colectivo Karma (1993) en el que Sr. Chinarro tienen tres temas, el single “Pequeño circo ep” (Acuarela, 94), y por fin su debut largo con “Sr. Chinarro”, en el mismo año y con el sello Acuarela, en el que han editado toda su discografía hasta el momento. Este elepé, producido en E.E.U.U. por Kramer, prestigioso productor de la época, resume lo ofrecido hasta el momento: delicados marasmos de guitarras de fondo matizados por líneas simples pero efectivas de órgano, samples precarios de metales y



cuerdas y sensaciones sin concretar formadas por multitud de tonalidades de grises. Aún había temas en inglés y el “Leave me alone” de New Order. Con 1.996 llega “Compito”, aquí las cosas empiezan a cambiar, la personalidad del factótum de todo esto, Antonio Luque, destaca sobre el conjunto a través de unos textos cada vez más inaprehensibles, una críptica proyección de imágenes que rápidamente atesoramos en la imaginación. Fotografías de la calle traspasadas a un onírico compendio de recuerdos. Recuerdos saqueados y traspasados a la voz que relata monocorde retratos de paisanaje, momentos y lugares perdidos, con una activa y permitida participación del subconsciente. Se mantienen algunas de las constantes de siempre como los arreglos característicos de órgano, que conviven con una mayor vivacidad pop en algunos momentos y la introducción de nuevas perspectivas sonoras y de arreglos, profundizando sin miedo en su propio sonido. Una mirada propia que se va gestando y estalla al año siguiente con “El porqué de mis peinados”, las melodías definitivas se suceden, la riqueza arreglística de Belmonte, el colaborador más determinante de Luque, se desata; y el conjunto se sale de las acotaciones estilísticas al principio referidas. La guitarra española empieza a tener un papel señalado junto al sempiterno órgano; los bocetos dan la sensación de ser presentados terminados y coloreados. En 1.998 con “No sé qué, no sé cuántos”, Sr. Chinarro/ Luque, da el hasta ahora último paso definitorio en su carrera. A las virtudes sonoras que han ido acumulando se suma un sentido de la evocación más intenso que nunca, los ambientes, los arreglos de piano y guitarra española, irrumpen por doquier, aires andaluces atravesados por palabras certeras, imágenes sin voz, historias perdidas. Para mí el mejor. “La pena máxima”, excusa de este artículo, es un ep, que por lo que se dice desde su compañía, irá completado con otros dos a lo largo de este año. Luque, con la banda desmembrada, quiere huir así del tiránico formato elepé. No ofrece nada realmente nuevo: arreglos de cuerdas más presentes que nunca y cuatro retazos de la misma eterna canción que poco a poco irán formando parte irremisiblemente, una vez más, de nuestra memoria. JUANFRAN MOLINA.

SR. CHINARRO: “La Pena Máxima” (ep, Acuarela, 2000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.000

 
HERMANAS SISTER “Little fishes in the big bad sea” (Nuevos Medios, 2.000)
Desde Málaga llega el tercer trabajo del dúo Hermanas Sister, esta vez grabado en directo en la madrileña sala Sirocco, por lo que su formación habitual de guitarra acústica más voz se muestra mucho más cercana y libre. Lo que nos permite percibir la voz de Anita Rowe recorriendo los temas desde el desgarro al susurro, dominando los tonos y transmitiendo con carisma y dulzura lo que cada canción lleva dentro; o la versatilidad instrumental de Carlos Germade, rasgueando, punteando o pellizcando las cuerdas con agilidad, marcando todos los ritmos posibles o utilizando la guitarra como elemento percusivo. Un repertorio que de otra forma no pasaría de correcto ejercicio de rock y blues, con momentos de pop o incluso rumba, resulta especial. Así como las versiones, que van desde el “Piece of my heart” de Janis Joplin al “Give it away” de Red Hot Chilli Peppers con total soltura. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.000
 
DEATH IN VEGAS “The Contino Sessions”(Deconstruction, 2.000)
Richard Fearless y Tim Holmes, vuelcan sus influencias, curiosidades sonoras, y bagaje, en un segundo proyecto que es ya una vía creativa en sí mismo. Escuchándolo se me hace difícil relativizar su importancia en el contexto rock actual. Porque, a pesar de su sustrato electrónico, éste está al servicio de una idea de rock; persiste y destaca esa enjundia sólo conseguida con guitarras, y esa emoción y densidad transmitidas mediante instrumentos más o menos convencionales. Algo parecido a esa conexión terrestre que mantuvieron siempre Spacemen 3. Un tema inicial como “Dirge” es una prueba de genialidad, como tejer una maravilla sobre dos acordes, elevándola, desarrollándola y manipulándola hasta que la electricidad planeadora colisiona con los sintetizadores. En “Soul audionner” canta Bobby Gillespie, un ejercicio psicodélico sobre base hip-hop que debe tanto a Happy Mondays como a Primal Scream. “Death threal”, evoluciona entre dub y guitarras saturadas, como unos Massive Attack endurecidos y sofocantes. Se pasa de la inundación de psicodelia de “Flying” a las espirales repetitivas de “Aisha”, recuperando el riff clásico stooge con la voz de Iggy Pop; o a la suntuosa arquitectura de “Neptune City”. En “Broken little sister” es Jim Reid de The Jesus & Mary Chain quien canta en un tema que recupera el éxtasis eléctrico de éstos, y la embriagadora “Aladdin´s Story” es la última vaporosa genialidad de un trabajo inolvidable. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.000
 
BOSS HOG “Whiteout”(City Slang-Virgin, 2.000)
Jon Spencer se toma un año sabático con la Blues Explosion y resucita a Boss Hog, la intermitente banda que mantiene desde finales de los ochenta con su esposa, Cristina Martínez. Lo que fuese otro ejemplo más de chatarra sónica y desmesura surgida de la infecciosa raíz de Pussy Galore, ya mostró con “Boss Hog”(Geffen, 95) un carácter cada vez más refinado, que ahora llega a extremos que los colocan en el mismísimo umbral de la comercialidad. La producción, dividida entre el Cardigan Tore Johansson (que también se ocupó del “Good humor” de Saint Etienne) y Andy Gill de los Gang of Four (responsable de “Social Dancing” de Bis), colabora para ello, mostrando la guitarra de Spencer en un discreto segundo plano o en un primero sin demasiada mordiente, marcando nítidamente los ritmos y dotando a los teclados de Mark Boyce de más presencia y relevancia. Sea como fuere, lo que aquí destaca se encuentra en los cinco primeros cortes, inspirados jugueteos de r´n´b en singles potenciales del calibre de “Whiteout”, “Chocolate” que recoge algo de la Blues Explosion; “Nursery Rhyme” o “Fear for you” donde Cristina maúlla como si de Nancy Sinatra se tratase. Aparte del fibroso y sugestivo rock de “Stereolight”. A partir de ahí la cosa pierde pegada, “Get it hile you wat” aniquila el espíritu Boss Hog, con su descarado parecido con Garbage; y aunque “Jaguar” recupera algo el sitio, sólo volvemos a vibrar al final, con el sonido garage presente en “Trouble” y “Monkey”, ambas producidas por el grupo. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.000
 
YO LA TENGO “ESENCIAS ELECTRIFICADAS”
Una banda esencial, sin duda, que ha culminado una década de los noventa pletórica, al alcance de muy pocos. Cimentando su personalidad en una sensibilidad que siempre les permitirá sobrevivir a su tiempo, con una capacidad de percepción y una intuición melódica que separa su camino de cualquier escena. Un grupo familiar pero a la vez novedoso, sabiendo siempre mantener vivo el factor sorpresa. Creo que Yo La Tengo siempre sonarán a Yo La Tengo, pero nunca sabrás a ciencia cierta qué vendrá después. Endeudados con el pasado como el que más, pero siempre con la frescura intacta, como la rama joven que siempre es mañana, expuesta al fragor y empuje de todos los aires, que ayuda a crecer a un árbol a la vez que se nutre de sus raíces.



Once discos desde que iniciaran su andadura allá por 1.984. Un tercer disco como “President”(Coyote, 89), los situaba a la cabeza del nuevo rock de guitarras norteamericano, feedback y violencia sonora, que incluía cortes tanto en estudio como en directo. “Fakebook”(Bar None, 90), aún siendo un elepé de versiones mostraba su pasión por la austeridad y el detalle; su regusto folk y su manera peculiar de moldear melodías. Con “Painful”(City Slang, 93), se producía un paso sonoro definitivo, los códigos creativos se difuminan y las melodías se enturbian, Spacemen 3 en el horizonte. “Electr-o-Pura” (City Slang,95), ofrece un sustrato eléctrico que acecha temas más sencillos, entre perezosos o precipitados; y muestras de un empuje pop que destacará en “You can´t hear the heart beating ass one”(Matador,97), su trabajo más ecléctico y brillante, el de acabado más perfecto y el que más momentos soberbios ofrecía. Ya que este último condensa y acentúa todas las virtudes que han jalonado su trayectoria. Su condición de artesanos de canciones queda de manifiesto más que nunca, dentro de un tono general tenue, susurrante, hasta intrigante. Un disco contenido, cadencioso, que se me antoja, aunque sea prematuro decirlo, el más profundo e inagotable de su carrera. Desde la tensión y cierta desazón que envuelve la inicial “Everyday”, a ese sereno e íntimo divagar de siempre con el órgano como protagonista en cortes como “Our way to fall”, la plácida “From black to blue” con la presencia de cello y esa suave marejada de guitarra de fondo, o el recogimiento de “Madeline”; todo es un asombroso paseo por grandísimas canciones en las que se sobrevuela la perfección como en “Saturday”. Hay nuevas muestras de pop evocador y atemporal guiadas por slide que podían pertenecer a su predecesor (“Let´s save Tony Orlando´s house” o “Last days of disco”). La melodía hecha candidez en “The crying of lot G” o aromas de Neil Young en “Tears are in your eyes”. “You can have it all” es una versión de George Mc Crae, un clásico de la música disco de los setenta; recuerda levemente a Stereolab, y, como siempre, queda perfectamente encajada en el fluir del disco. Sólo lo rompen momentos como “Cherry chapstick”, un tema que parece homenajear a Sonic Youth, siendo la única reseña de la crudeza en otro tiempo tan habitual en el grupo, o el ambiente del instrumental “Tired hippo” robado a un imaginario filme de serie b. Y para terminar, “Night falls on Hoboken” es el tema elegido para perderse, desarrollando durante diecisiete minutos todas las constantes de esta nueva lección de Yo la Tengo. JUANFRAN MOLINA.

YO LA TENGO “And then nothing turned itself inside-out”(Matador-Caroline España, 2000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.000
 
DIED PRETTY “Using my gills as a roadmap”(Citadel-Dock, 2.000)
Poco había vuelto a saber de este grupo australiano desde que los vi tocar en Granada, junto a Cancer Moon, un domingo 27 de mayo de 1.990. Tuvieron cierta notoriedad por aquí con elepés como “Free Dirt” (Citadel, 86) y, sobre todo, “Lost” (Beggars Banquet, 89). En 1.991 apareció con más pena que gloria “Doughboy Hollow” (Beggars Banquet). Su sonido consistía en un pop muy elaborado, atmosférico, temas largos y con frecuencia recargados; y un sentido dramático de la evocación algo épico, aunque efectivo. Ahora, casi diez años después, me encuentro con la agradable sorpresa de un trabajo tan digno como este, editado en 1.998 por Citadel, y este año por Dock en España. Me parece su mejor trabajo, el más intenso, como se desprende de “Slide song” o “She was”. Junto a Ron Peno y Brett Myers, perviven el juego de teclados o el cariz atmosférico, que toma derroteros electrónicos arrebatadores en “The Daddy act” o percusivos en “Paint black, you devils”. Y las guitarras van de ariscas a acústicas en temas que se deslizan con la emoción de unos REM, como “Stay” o “Gone”, para composiciones que sueltan todo tipo de lastres, quedándose en lo esencial. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.000
 
DR. DIVAGO “El cuarto trastero” (Criminal records, 2.000)
Un ente aglutinador de sonidos, épocas, incluso actitudes, que encauza mediante vitalistas ejercicios de pop en continua celebración de la melodía. Dr. Divago, con ya cuatro elepés a sus espaldas, siempre me ha parecido un grupo inspirado, directo y contagioso pero algo más, y ese algo es difícil de explicar. Puede ser el saludable y explícito espíritu New Wave que asoma en sus canciones, su ausencia de acritud, o el inusual dato de que tengan en Manolo Bertrán a un gran cantante (sé que es difícil de creer pero es así); con voz clara, de perfiles bien definidos, huyendo de la bruma vocal al uso; aparte de singular letrista, reflexivo, irónico o surrealista, según se tercie. En este trabajo, más pop que nunca, vuelven a asumir con infinita fe lo más destacable del pop español de los sesenta (ya en el anterior incluyeron una versión de “Mi calle” de Lone Star), especialmente a Los Brincos, en temas como “Jugando a pillar el limbo” o la gran balada “Srta. Alfa”. Suenan netamente radiantes ofreciendo lo mejor de la mencionada New Wave: coros, armónica, ritmos precisos o sincopados; órganos y pianos; nerviosos ritmos de guitarra y nítidos punteos y solos; la frescura melódica mil veces trillada y mil veces renacida. Un sonido arriesgado, ya que sólo es defendible a través de buenas canciones. La eterna veta melódica de los Kinks se mezcla con Costello, y los grupos españoles de los ochenta que mejor asimilaron ese sonido. En “Se me ha olvidado algo”, aparecen 091, el estribillo de “Al revés” está tomado por Nacha Pop y en “¿ Cómo estoy?” podemos reconocer incluso a Los Pistones. Dejando sitio además para momentos tan deliciosos y elaborados como “África habla con los peces” o para incorporar algo del lirismo de Aute en “El cuarto trastero”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.000
 
EL HOMBRE BURBUJA “El hombre burbuja” (Recordings from the other side, 2.000)
Desde dentro de una burbuja, cubiertos por una dúctil e identificable membrana psicodélica, lista para filtrar variadas influencias. Así, lejos de profundizar en viajes alucinógenos e introspecciones sonoras, el ahora cuarteto jerezano, apuesta en su debut por el despliegue eléctrico y urgente del sonido de trío mejor cohesionado. Noise de los noventa con la saturación y la efectividad de los temas de corta duración. Entregando dosis de psicodelia inmediata en “La Pecera”, “Rey Mugre” o “Polen”; junto a estimulantes muestras de tensión cimbreante, pero demasiado miméticas, a la vista de la excesiva deuda contraída con los Pixies en “Dónde estás II”, “Cambios” o “Buzos” (ésta compartida al alimón con Los Planetas); con éstos y Sr. Chinarro en “El té de los locos”; o con Pavement en el asalto sónico de “Bashful”. Me quedo con las espirales disonantes de “Soma”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.000
 
PROGRAMME “Mon cerveau dans ma bouche” (Lithium-Green ufo´s, 2.000)
Hay que pegar varias veces en la puerta para poder acceder a esta grabación. Una vez dentro la turbación te empequeñece al verte asaltado por un recitado urgente, repetitivo e insistente que te asalta secundado por timbales monótonos. Hasta que las guitarras crujen y te recolocan. Ves la luz en esa electricidad a flor de piel, un punto nostálgica (“Demain”). Después desaparece advirtiendo que son canciones que no te dejarán acostumbrarte del todo a ellas, respiraciones agitadas. Hay efectos y samples azarosos, como rápidamente garabateados por entre las guitarras, garage chirriante y oscuro, preciso. Gravedad. Cuerdas algo ausentes o disonantes. Nihilismo e ironía. Tormentas sónicas y turbulencias. Arnaud Michimak, ex –Diabologum, como siempre toda la carne en el asador. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MARZO DE 2.000
 
PRIMAL SCREAM “Exterminator”(Creation-Sony, 2.000)
Uno de los discos cruciales de este año ya está en la calle, ya que Primal Scream siguen felizmente ahondando en la empanada mental que tan buenos resultados les ha dado, mejores cuanta más experimentación y más experimentadores han dejado entrar en sus grabaciones. Así vuelven con un excitante y enérgico ejercicio que a pesar de su alta cuota electrónica, no hace sino renovar el concepto rock más subversivo y atrayente. No hay más que escuchar “Accelerator”, rock & roll sucio de estribillo desafiante que cumple un doble homenaje a Stones y Stooges; o la importancia que la música negra adquiere con temas como el funk de “Kill all hippies”, con ese bombeo del bajo en primer plano; el hip-hop de “Pills”; la base funk de la remezcla de “Swastika eyes” a cargo de los Chemical Brothers o “MBV Arkestra”, cuyo título y estratosférico desarrollo invocan a Sun Ra. “Swastika eyes” ejerce de punta de lanza endemoniada de este impactante álbum, mientras “Exterminator” propaga un viaje psicodélico obsesivo de bases abruptas e inflamadas. Esa psicodelia entronca con el pop y el dub en “Keep your dreams”, que busca los momentos culminantes tan al gusto de Gillespie. “Blood money” es otra hipnótica indagación en marcianas bandas sonoras de serie B, y “Shoot speed/ kill light” con esa extraordinaria onda expansiva a lo Spacemen 3 confirma a Kevin Shields como auténtico co-protagonista del disco. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MARZO DE 2.000
 
THE GIFT “Vinyl”(The Gift-BMG, 2.000)
Agradable sorpresa la que me ha producido este grupo portugués, del que servidor sólo conoce este compacto. Un trabajo de resultados abrumadores a pesar de lo ambicioso de su duración (más de setenta minutos), ya que supone una auténtica inundación de acertadas composiciones, una tras otra; que van desde el clasicismo pop más ricamente acompañado hasta dar cabida a inabarcables variaciones. No suena a batiburrillo, más bien a hermoso juego entre los elementos en continua expansión que lo componen (prolijidad de cuerdas y vientos, electricidad, electrónica...). Se nota una intención de construir canciones a la vez que ambientes, valiéndose de una ilimitada capacidad para escribir estribillos con personalidad y de la voz carismática y acogedora de Sónia Tavares. Así acontece en temas cargados de lirismo y dramatismo no decorativos, como “My lonely mirror”, “Time”; la quietud temblorosa de “Dream with someone...” o baladas de una pieza como “Truth”. Que conviven con el nervio de la enorme “Nowadays”; los mágicos recovecos del pop bailable con aires latinos de “Real (Get me for...)”; o las dinámicas jazzísticas en “Ouvir” y la sentida “Love boat”. El ritmo arrebatador del instrumental “La Folie” lo comparo con el Yann Tiersen más expresivo, mientras que cortes como “Changes” poseen el secreto placer de lo inclasificable, pasajes y pasajes yuxtapuestos; tersura y ofuscación. O “O.k! do you want...” que muestra una claridad de ideas que tira de espaldas. Destacando, casi al final, la serena belleza y el clima conseguidos a partir del esquematismo sonoro y las cadencias de “Concret” y “Weekend”. Lo dicho, inconmensurable. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MARZO DE 2.000.
 
MANTA RAY “LA INERCIA LUMINOSA”
Los Manta Ray de 2.000 siguen siendo los mismos (si exceptuamos la marcha de Nacho Vegas); su propuesta musical, única por estos lares, mantiene sus marcadas señas de identidad, pero algo ha cambiado, mejor dicho, algo ha crecido; por lo que se puede hablar de una evolución palpable, si ésta significa mejorar, ampliar las miras sin perder la esencia de lo ya recorrido, de lo ya ganado.
Dentro de una cuidada presentación en digipack, como viene siendo habitual, y con una tirada especial y numerada previo encargo, que ha superado las dos mil peticiones, “Esperanza”, co-producido con alguien de la demostrada solvencia de Kaki Arkarazo, parece surgir de un encuentro de músicos sin reglas autoimpuestas ni acotaciones estilísticas, que tocan y se escuchan tocar dentro de una libertad creativa que facilita la plasticidad en las formas que se desprende de cada canción. Concepto éste que aparece más difuminado que nunca entre las sonoridades que ofrece una banda que acaba viajando sobre la propia inercia de los pasajes sonoros que construye. Desarrollos instrumentales, abstracciones que caen con frecuencia en ese cierto hermetismo, taciturno y premeditadamente intrincado que caracteriza al post-rock, pero que, lejos de resultar opacos, ofrecen múltiples haces de luz. Algo imprescindible en una entrega que asume el riesgo de incorporar más temas instrumentales y que utiliza la voz menos que nunca en el resto de piezas.



“Rita”, el corte que abre el compacto, es un instrumental versátil y estimulante, presentado con un juego rítmico más articulado que de costumbre, mostrando unos aires improvisatorios que la emparentan con la siguiente, “Soy quien no fui”, de la que destaca su calidez rítmica. “La vida continua (zu gabe)”, hacer recaer el peso en las ambientaciones de Frank Rudow y los arreglos de cuerda; ondulaciones y cascadas rítmicas en una atmósfera sombría que también alcanza a “Esperanza”. En “Nachtfrost” se pasa del fragor de una banda sonora digna de cualquier película blaxploitation de los setenta a terrenos cercanos al free-Jazz, siendo todo esto seccionado por cuerdas histéricas. Los ritmos marcados y las percusiones de “The dirty blues”, son la antesala de la primera exhibición de crudeza instrumental del disco, con elementos progresivos cercanos a Led Zeppelin y a, sobre todo, Frank Zappa. Aunque este título hable de blues, es en el siguiente donde éste aparece, a través de un sampleado del “Come on my kitchen” de Robert Johnson, que sirve de fondo al lento discurrir de la fascinante “If you walk...”. El ambiente vuelve a cargarse con “No me dicen nada”, texto duro y descreído que surge mediante grave recitado, envuelto en contundencia y tensión. “The ground is wet” es el momento de cariz más electrónico de este trabajo que se despide con las tres partes que conforman “Cartografíes”. Aquí el grupo se deja llevar por distintos espacios sonoros bien delimitados, empezando con el siempre subyugante canto de Mónica Vacas de Mus, siguiendo con la parte instrumental más vitalista de todo el compacto, para volver a sumergirse en una quietud desde la que alcanzar un final excelso con el generoso añadido de los arreglos de cuerda. JUANFRAN MOLINA.

MANTA RAY “Esperanza”(Astro, 2000).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MARZO DE 2.000.
 
BECK “Midnite Vultures” (Geffen-Universal, 1.999)
Beck decide seguir por la senda abierta en sus dos primeros trabajos para Geffen, ésa que sólo él puede recorrer con garantías. Retoma el pulso para volver a noquear conceptos preconcebidos, incorporando una vez más a su vasto campo de acción estilos que resultan antagónicos para otros. Tras la relajación de “Mutations” (Geffen, 98), aborda un nuevo catálogo de visiones diferenciadas y frescas, sonando a sí mismo, haga lo que haga. El Soul y el funk, tienen esta vez un papel preponderante, empezando por la explosión de color de “Sexx laws”, soul festivo a lo Sam & Dave, capaz de incorporar entre programaciones y metales un banjo descocado y una steel guitar; a continuación, en “Nicotine & Gravy” abunda en el agujero psicodélico del funk de Prince, de forma voluptuosa y brillante, fundiendo caóticas cuerdas en el mare mágnum sónico. No faltan otras referencias al maestro de Minneapolis, dándole severo tratamiento electrónico (bajo y sintetizadores), en “Get Real Paid” y llevándolo mucho más allá de donde nunca llegó en “Peaches & Cream”, cumpliendo así su afán de construir canciones a base de muchas canciones, como la citada “Nicotine & Gravy” y la enorme “Milk & Honey”.Hay momentos más directos, como el frenesí calenturiento a lo Sly Stone que sustenta “Mixed Bizness”; el funk que refresca el hip-hop de “Hollywood Freaks” (escrito a medias con los Dust Brothers); la brillante inmediatez rock de “Pressure Zone”; o los momentos más pausados de “Broken Train”, sugestivo ritmo que lo remite a “Odelay” (Geffen, 96), y “Beautiful Way”, recuerdo del influjo de Syd Barret en “Mutations”, e ideal para contar con la compañía vocal de Beth Orton. Acabando con la segunda colaboración con los Dust Brothers, la sorprendentemente ortodoxa y arrebatada balada soul “Debra”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN FEBRERO DE 2.000
 
TINDERSTICKS “Simple Pleasures” (Island, 1.999)
El devenir de Tindersticks sigue transcurriendo entre claroscuros, una sugerente tenuidad. Música sigilosa hecha para la nocturnidad y construida con serenidad sobre introspecciones sentimentales. Sonido tembloroso, mecido por el lamento de una voz quejumbrosa y contenida. La sugestión de un dramatismo de acabado preciosista que ahora se presenta menos grave, aunque igual de taciturno; con más tonalidades, respiraderos de ritmo, ligereza acústica y coros soul, como en “Can we start again?” o “If you´re looking for a way out”; la apacible “Before you close your eyes” o el soul más patente de “CF GF” y “I know that loving”, donde incluso se anima la voz de Stuart Staples. Cadencia soul con metales más insinuantes, sin llegar a tórridos y cuerdas siempre evocadoras que ganan en expresividad, recreando un estilo completamente asumible por el grupo. Por otra parte, temas como “Pretty words”, “If she´s torn” y “(You take) this heart of mine” se corresponden con el sonido de siempre, mientras el instrumental “From the inside” colabora al efecto general de liviandad con su aire easy-listenning. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN FEBRERO DE 2.000.
 
PATRULLERO MANCUSO “Bodegón Musical”(Elefant, 1.999)
Un nuevo disco de Patrullero Mancuso es otra muestra de lo necesario y gratificante de su existencia. Una banda que ha sabido concretar su personal concepción del pop mediante unas letras siempre irónicas, mordaces o nihilistas; y un sonido ya característico: entretenido, algo deslabazado, desequilibrado y a punto de descarrilar; ágil, fiestero sin empachar, y con unas influencias más que asumidas. Por más que el recuerdo de El Niño Gusano aparezca en “Bien me sabe”, o que “Resaca del viajante” surja de un cruce entre T.Rex y el “Run, run, run” de la Velvet Underground. “Torremolinos” y “Analgésico analógico” nos traen a los mejores Patrullero, siendo ésta lo delirante y descacharrante que se espera de Guiller Momonje; mientras que “Mi vida va bien” es una acertada muestra de pop colorista, sin histerismos púberes. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN FEBRERO DE 2.000
 
NACHO LAGUNA “EMOCIONES CON CALADO”
Nacho Laguna debuta en solitario tras una década al servicio de proyectos inquietantes, caminando por el filo de sonoridades descarnadas y abruptas, y visiones de vanguardia; siempre a la sombra, demasiado oscura, de un escaso mercado underground que pronto demostró no necesitarlos. Tras su paso por Trífide Freud en los albores de los noventa (aún recuerdo con agrado temas como “Fin del Trayecto” o “No mires atrás”), pasó a engrosar los Chatarreros de Sangre y Cielo, que acompañaron a Javier Corcobado en sus momentos de mayor popularidad y creatividad. Así pues, Nacho forma parte de ese grupo de músicos que vinculados, influidos o alentados por Corcobado, buscaron su propio desvío al margen de la previsible y obcecada dirección tomada por la escena independiente española de la época; dejando su presencia más relevante y prolífica en el periodo 90-95. Mucha de aquella gente está en esta grabación.



Habitual productor de distintos proyectos, se hace acompañar en esta ocasión por Javier M. Almendral, otro habitual en estas lides. Así surge un sonido equiparable al de otras producciones en las que ha intervenido, un sonido nítido, limpio a la vez que crudo, dejando a cada instrumento expresarse con naturalidad, sumando sonoridades en vez de acumularlas o solaparlas.
“Valle feliz” abre el disco, mostrando un sonido fronterizo, cercano a Calexico, contando con la voz y el acordeón de Javier Arnal. Austero, cristalino y con calado. “Luna de hoja de lata” sigue la misma pauta de recogimiento instrumental, con el terciopelo vocal de Ajo de Mil Dolores Pequeños, el Hammmond espolvoreado de Susana Cáncer y el fondo ondulante de un theremin guiado por Nacho. Quizás el mejor corte del álbum. “Psicoanálisis” cuenta con la misma articulación mullida y pausada, hasta que Corcobado la conduce a su particular paroxismo al final. Con “Mirada” empiezan los tal vez excesivos recitados, que luego continuarán Corcobado y Carlos Desastre, aquí sobre pasajes líricos y acústicos, con la participación de violines; los mismos que se tornan chirriantes y locuaces en la excéntrica “Primavera de ningún año”. La musculosa “Lágrimas de plata fina”, no puede ser recibida sino con expectación por aquéllos que aún se acuerden de 713avo Amor, ya que ahí está Carlos Desastre cantando con su particular quejío. Tal sucede con el desgarro de fondo que recorre la sugerente “Cantábrico de emociones” donde también deja su sello. Algo similar pasa con “Ax”, co-escrita e interpretada por Javier M. Almendral, que parece sacada del repertorio de Vírgenes Adolescentes, con sus texturas rugosas y su ambiente asfixiante, dramatizado por violines y órgano que fluyen junto al latir del bajo. El tramo final del disco lo ocupa la singladura de “Barco con alas”, casi diez minutos cuyo periplo se inicia enlazando con el espíritu de “Valle feliz”, para sumergirse posteriormente en un inquietante recitado de Corcobado sobre texto propio, allá, entre la tormenta... JUANFRAN MOLINA.

NACHO LAGUNA “Cantábrico de emociones”(Recordings from the other side- Caroline, 1999).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN FEBRERO DE 2.000
 
JON SPENCER BLUES EXPLOSION “Acme-Plus”(Mute-Everlasting, 1.999)
Se trata de una colección de descartes procedentes de las sesiones de “Acme”, en 1.998, más tomas alternativas y remezclas de cinco cortes de aquel álbum. Pero, lejos de parecer un pastiche de última hora, los temas aquí contenidos presentan consistencia de elepé, ofreciendo incluso un mayor abanico de posibilidades. Hubiera sido imperdonable que nos ocultaran por más tiempo la demencial fanfarria de “Get down lover”; el vacile r´n´b de “Not Yet”; la maquinaria funky de “Lap Dance”, con André Willians en plena declamación, o la versión del “Right place, wrong time” de Dr. John. Al igual que el soul contagioso con sección de cuerdas de “Bacon”; el funk en clave hillbilly de “Hell” o el desbarrar eléctrico de “Electricity” y “New Year”. Entre las remezclas destaca la de “Talk about the blues” alargada y convertida en todo un visionario espiritual. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ENERO DE 2.000
 
SOLEX “Pick up”(Matador-Caroline España, 1.999)
“Solex= Elisabeth Esselink”, destaca la información del compacto. Una holandesa responsable de todos los temas, así como de su producción y mezcla, salvo el último corte y algunas baterías. Con la presencia física de una guitarra y una batería, junto a un clarinete ocasional, todo lo demás es obra suya y de su sampler. Recogiendo el gusto por lo esencial de Young Marble Giants pero con una visión más palpitante, suena como unos Stereolab verdaderamente improvisadores o unas Breeders disparando en todas direcciones. Pero todos estos nombres se van disipando ante su libertad formal, el talento y claridad de ideas que despliega; y porque uno sólo quiere ya escucharla a ella. Con una economía de medios que la lleva incluso a repetir sampleado, los temas saben a instantánea; conformando un deslabazado y repiqueteante conjunto de pop falsamente inocente, ambientación jazzy, guitarras sucias, percusiones, disonancias; candidez o turbia hermosura de primitivismo electrónico. Música lo suficientemente extravagante y turbadora como para resultar genial. Si lo hubiese escuchado una vez podría destacar algún tema, pero me temo que ya es tarde. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ENERO DE 2.000.