ESPECIAL FIB 2.001 ENTREVISTA CON CHUCHO
Un par de horas antes de subir al escenario Verde del FIB, Fernando Alfaro tuvo la amabilidad de responder a mis preguntas contra viento y marea, demostrando ilusión por hablar de su trabajo y relatar sus proyectos, haciendo hincapié en la edición del último fragmento de “Diarios de Petróleo” con la inclusión de la caja para guardar los anteriores. Todos sus acompañantes esperaban intranquilos a que me decidiera a dejarlo en libertad para realizar una entrevista con la MTV. Ante esas prisas, éstas fueron las preguntas que dio tiempo a hacer a un personaje que merece una conversación bastante más en profundidad. Los dos de pie bajo un almendro de la Zona de Prensa, yo arreglando la cinta que saltaba de vez en cuando, y él partiendo almendras con una piedra contra el tronco. Algo natural.
- Desde la perspectiva del tiempo transcurrido tras la edición de los “Diarios de Petróleo”, ¿ se han cumplido más o menos los plazos de edición?
- No, sólo se cumplió la fecha del “Fragmento principal”, el segundo lleva poco tiempo en la calle, y el último aparecerá ya en otoño, coincidiendo con la gira presentación. Vendrá acompañado de la caja para guardar los otros tres.
- ¿ Crees que han calado como esa obra total que tú querías transmitir?
- Bueno, aún es pronto, espero que sí, vamos.
- ¿ La edición en un doble elepé hubiese ido mejor?
- Más rápido a lo mejor, pero esta está bien. Una vez que esté todo en la calle veremos.
- Pienso que una de las claves del elepé estriba en el enriquecimiento rítmico y en el protagonismo de los arreglos en la articulación del sonido. ¿Destacar estas sonoridades, o la cambiante estructura de las canciones han sido la consecuencia de que haya menos guitarras?.
- Sí hay guitarras, bastantes, aunque a lo mejor menos en primer plano. Las guitarras tuvieron un gran protagonismo, por encima del sonido de la batería por ejemplo, en “78”. Ya en el siguiente hay más presencia de batería, arreglos de metales, cuerdas, etc.. Aquí ya en las maquetas, de hecho, era todo con secuenciador pero ya estaban gran parte de los arreglos de cuerda, por lo menos en boceto. Con la idea de que íbamos a contar con una orquesta con músicos reales y eso. Creo que todos esos factores van llevando en volandas las canciones, sin otros planteamientos.
- Esta evolución hacia un sonido más relajado, menos denso, comienza a aparecer ya en “Tejido de Felicidad”. ¿Tiene algo que ver en este proceso Kaki Arkarazo, o las condiciones de la grabación?.
- No, Kaki es amigo de producciones más espartanas incluso, lo que pasa es que es muy bueno mezclando, uniendo las distintas tonalidades de los instrumentos. Esa evolución forma parte de nosotros.
- ¿Conforme pasan los elepés va aumentando tu grado de satisfacción?, ¿se van acercando a la idea que los impulsa?.
- Sí, siempre te queda la sensación de que podía estar mejor. Pero supongo que eso es inevitable aunque grabes en Abbey Road. De todas formas, a mí “78”, me gustó, ya que era un concepto de producción adecuado para lo que era entonces el grupo y las canciones. Yo, en general, estoy contento de cómo suenan los tres discos de Chucho, más de lo que quedé con Surfin´Bichos. Creo que hemos tenido mejores condiciones para poder llegar a un sonido acorde con las circunstancias de cada momento.
- Después del proceso de composición y grabación de un tema. ¿ Al escucharlo y enfrentarte con él cara a cara, surgen reflexiones o pensamientos que de otra manera no te hubieras planteado?.
- Sí, supongo que pasa en cualquier campo de la creación. Tú tienes más un impulso de hacer algo, y es a medida que lo vas haciendo, que lo vas escribiendo, cuando vas encontrando cosas también. Es tirar de un hilo, y se van concretando ideas de todo tipo, tanto en letra como en música.
- ¿ Has temido en algún momento, que presentar tantas canciones en este último trabajo, deje una sensación de dispersión o irregularidad?
- No, no creo que ocurra esto. A mí nunca, además desde Surfin´, me ha gustado ponerle rayas o puertas o rejas a cualquier tipo de inclinación a la hora de hacer canciones, y no ha habido nunca una decisión de quitar ninguna canción porque no entre en el estilo o sonido teórico del grupo.

- Quisiera saber si sigues algún criterio para elegir los arreglos de los temas. Sobre todo si los ves claros desde el principio o sueles manejar distintas opciones.
- Me ha gustado buscar y ser radical en el planteamiento de las canciones y también el tratamiento. Entonces me gusta probar y llegar lo más lejos posible en la valoración de posibilidades para cada canción.
- ¿ Los arreglos dotan de carácter a las canciones o esta característica ya debe venir implícita en ellas?
- Una canción debe de sonar bien solamente con la guitarra. Yo voy componiendo canciones y no las voy grabando para que no se me olviden y tal, sino que, de todo lo que voy haciendo, las que perduran en la memoria son las que realizan una selección natural, las que al final quedan. Y luego, respecto a la cuestión arreglos que apuntabas antes, en mi caso, digamos que afloran muy al principio de las canciones. Yo cuando saco una canción, ya en mi cabeza oigo normalmente los arreglos principales, en las maquetas ya están la mayoría de los arreglos siempre. Este disco lo hice con un secuenciador y yo iba programando todo. Aparte, lo que hicimos con el arreglista con el que hemos trabajado llegó más allá de lo que es sólo armonizar un arreglo que hubiésemos sacado, él aportó también su creatividad, a la hora de los arreglos.
- ¿Sería un error establecer alguna comparación musical entre “Cataratas de sueño” y Vainica Doble?.
- Me gusta esa comparación, la verdad. Es cierto, tiene algún aire de fábula, y me las recuerda.
- ¿ Qué formación veremos esta noche?, y ¿qué partes destacables de los Diarios estarán sampleadas?.
- La formación la de lujo, somos los tres miembros originales (Javier Fernández, Juan Carlos Rodríguez, Fernando Alfaro), luego entró otro guitarra, Miguel Ángel (Gascón); hace algo más de un año se incorporó un teclista (Emilio Abengoza), e Isabel (León) estará haciendo los coros. De forma que está todo lo que hay en el disco. Luego, nosotros siempre hemos apostado por llevar vía sampler todos los arreglos adicionales, para dar más una sensación completa de las canciones. Creo que así es mejor para la gente y para el sonido del grupo.
- Creo que el directo de Chucho es muy superior al de Surfin´Bichos. ¿Hay más preocupación en lo que respecta a ensayos, elección de repertorio o su orden?.
- Al mismo nivel que en Surfin´Bichos, sólo que uno va cada vez aprendiendo y mejorando. Yo, particularmente, creo que he ido mejorando a partir de la propia experiencia y de la misma forma mis ex –compañeros de Surfin´Bichos, ahora con Mercromina, también son mejores en directo.
- ¿Te sueles llevar muchas sorpresas cuando escuchas o lees las interpretaciones que se hacen de tus letras?.
- Sí, y en algunos casos muy agradables, porque son otras visiones y otras dimensiones diferentes sobre cuestiones que a lo mejor ni tú mismo sabías que estaban ahí. Es un poco relacionado con lo que decíamos antes de que vas haciendo algo, una canción, y supongo que también escribiendo pasará y tal, y vas encontrando cosas que toman vida propia. Hay cosas que ni tú mismo sabes que estás diciendo realmente, forman parte de una especie de mente o sensibilidad común.

- ¿ Hasta qué punto te sientes comprendido o arropado por tu público?, ¿eres consciente de su existencia?, ¿sientes curiosidad por él?.
- Tengo mucho feedback con la gente, por ejemplo, las cartas que envía la gente al grupo, o a mí personalmente, hay muchas ocasiones en las que te alegran el día, vamos. Y de la misma forma en directo, aunque ahí es más difícil saber esa retroalimentación como funciona. Realmente esa relación es algo que me importa mucho, para eso publicas canciones.
- Me da la impresión de que hay menos presencia electrónica, al menos en primer plano, en este disco. ¿Se tiende a una progresiva naturalización de la música conforme aumenta la densidad u hondura de lo que se canta?.
- No suelo tener en cuenta esa distinción entre instrumentos electrónicos o acústicos y orgánicos. No me importa mucho la procedencia, es como la gente, no importa de la raza que seas, sino lo que es. Me da igual que la música provenga de un sintetizador o un violín si está transmitiendo algo.
- Una curiosidad. ¿ “El que apaga la luz”, la tienes por ahí desde la época de los Surfin´Bichos?.
- No, es bastante posterior (con cara de sorpresa).
- Quisiera saber el porqué, y las consecuencias que has extraído del proyecto “Triple Zero”.
- Era una manera de salirnos un poco de la dinámica habitual de funcionamiento como grupo, de tocar las canciones de forma estándar. Porque a pesar de la diferencia y la energía que tiene el directo y todo lo que quieras, siempre nos ha gustado aproximarnos al sonido de los discos. Por eso era una forma de romper esa tónica y así, en un concierto elegir la parte del repertorio más visceral y tocar sin bases programadas ni sampleados, que era el concierto punk. Luego, por otro lado, coger y darles totalmente la vuelta a las canciones con otro tratamiento, buscar otra base. Porque el concierto acústico realmente era acústico-electrónico, tenía bases programadas o loops que eran diferentes a los originales en casi todas las canciones. Y eran con dos teclados, el batería tocaba un teclado y el teclista otro. Resultaba un poco como Kraftwerk pero con guitarras acústicas. Y luego el tercer concierto era el estándar, que era una forma de reafirmarnos en lo que realmente es el grupo (aunque lo otro también es el grupo). Sirvió para buscar dentro de las canciones y dentro de nosotros mismos como grupo y como músicos, y ver hasta donde podíamos llegar también. Fue interesante.
- Háblanos un poco del revitalizado proyecto Limbo Starr. De cómo surgió y hasta dónde estáis dispuestos a llegar. ¿Será, por fin el vehículo para la esperada reedición de “La luz en tus entrañas” y el resto del primer repertorio de Surfin´Bichos?.
- Estamos intentándolo. Básicamente parte de un viejo proyecto que teníamos Isabel y yo, nos hemos asociado con dos amigos de Madrid, David López y Carmen Sanz. Ya habíamos dejado un poco de lado el sello y lo hemos resucitado como sello discográfico con todas las de la ley. Hemos editado el primer disco en solitario de Nacho Vegas y estamos con el primer ep de Maga, el grupo sevillano. Estamos muy ilusionados.
- Por último, déjanos tu definición de música pop.
- Comunicación. Comunicación de sentimientos. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001
- Desde la perspectiva del tiempo transcurrido tras la edición de los “Diarios de Petróleo”, ¿ se han cumplido más o menos los plazos de edición?
- No, sólo se cumplió la fecha del “Fragmento principal”, el segundo lleva poco tiempo en la calle, y el último aparecerá ya en otoño, coincidiendo con la gira presentación. Vendrá acompañado de la caja para guardar los otros tres.
- ¿ Crees que han calado como esa obra total que tú querías transmitir?
- Bueno, aún es pronto, espero que sí, vamos.
- ¿ La edición en un doble elepé hubiese ido mejor?
- Más rápido a lo mejor, pero esta está bien. Una vez que esté todo en la calle veremos.
- Pienso que una de las claves del elepé estriba en el enriquecimiento rítmico y en el protagonismo de los arreglos en la articulación del sonido. ¿Destacar estas sonoridades, o la cambiante estructura de las canciones han sido la consecuencia de que haya menos guitarras?.
- Sí hay guitarras, bastantes, aunque a lo mejor menos en primer plano. Las guitarras tuvieron un gran protagonismo, por encima del sonido de la batería por ejemplo, en “78”. Ya en el siguiente hay más presencia de batería, arreglos de metales, cuerdas, etc.. Aquí ya en las maquetas, de hecho, era todo con secuenciador pero ya estaban gran parte de los arreglos de cuerda, por lo menos en boceto. Con la idea de que íbamos a contar con una orquesta con músicos reales y eso. Creo que todos esos factores van llevando en volandas las canciones, sin otros planteamientos.
- Esta evolución hacia un sonido más relajado, menos denso, comienza a aparecer ya en “Tejido de Felicidad”. ¿Tiene algo que ver en este proceso Kaki Arkarazo, o las condiciones de la grabación?.
- No, Kaki es amigo de producciones más espartanas incluso, lo que pasa es que es muy bueno mezclando, uniendo las distintas tonalidades de los instrumentos. Esa evolución forma parte de nosotros.
- ¿Conforme pasan los elepés va aumentando tu grado de satisfacción?, ¿se van acercando a la idea que los impulsa?.
- Sí, siempre te queda la sensación de que podía estar mejor. Pero supongo que eso es inevitable aunque grabes en Abbey Road. De todas formas, a mí “78”, me gustó, ya que era un concepto de producción adecuado para lo que era entonces el grupo y las canciones. Yo, en general, estoy contento de cómo suenan los tres discos de Chucho, más de lo que quedé con Surfin´Bichos. Creo que hemos tenido mejores condiciones para poder llegar a un sonido acorde con las circunstancias de cada momento.
- Después del proceso de composición y grabación de un tema. ¿ Al escucharlo y enfrentarte con él cara a cara, surgen reflexiones o pensamientos que de otra manera no te hubieras planteado?.
- Sí, supongo que pasa en cualquier campo de la creación. Tú tienes más un impulso de hacer algo, y es a medida que lo vas haciendo, que lo vas escribiendo, cuando vas encontrando cosas también. Es tirar de un hilo, y se van concretando ideas de todo tipo, tanto en letra como en música.
- ¿ Has temido en algún momento, que presentar tantas canciones en este último trabajo, deje una sensación de dispersión o irregularidad?
- No, no creo que ocurra esto. A mí nunca, además desde Surfin´, me ha gustado ponerle rayas o puertas o rejas a cualquier tipo de inclinación a la hora de hacer canciones, y no ha habido nunca una decisión de quitar ninguna canción porque no entre en el estilo o sonido teórico del grupo.

- Quisiera saber si sigues algún criterio para elegir los arreglos de los temas. Sobre todo si los ves claros desde el principio o sueles manejar distintas opciones.
- Me ha gustado buscar y ser radical en el planteamiento de las canciones y también el tratamiento. Entonces me gusta probar y llegar lo más lejos posible en la valoración de posibilidades para cada canción.
- ¿ Los arreglos dotan de carácter a las canciones o esta característica ya debe venir implícita en ellas?
- Una canción debe de sonar bien solamente con la guitarra. Yo voy componiendo canciones y no las voy grabando para que no se me olviden y tal, sino que, de todo lo que voy haciendo, las que perduran en la memoria son las que realizan una selección natural, las que al final quedan. Y luego, respecto a la cuestión arreglos que apuntabas antes, en mi caso, digamos que afloran muy al principio de las canciones. Yo cuando saco una canción, ya en mi cabeza oigo normalmente los arreglos principales, en las maquetas ya están la mayoría de los arreglos siempre. Este disco lo hice con un secuenciador y yo iba programando todo. Aparte, lo que hicimos con el arreglista con el que hemos trabajado llegó más allá de lo que es sólo armonizar un arreglo que hubiésemos sacado, él aportó también su creatividad, a la hora de los arreglos.
- ¿Sería un error establecer alguna comparación musical entre “Cataratas de sueño” y Vainica Doble?.
- Me gusta esa comparación, la verdad. Es cierto, tiene algún aire de fábula, y me las recuerda.
- ¿ Qué formación veremos esta noche?, y ¿qué partes destacables de los Diarios estarán sampleadas?.
- La formación la de lujo, somos los tres miembros originales (Javier Fernández, Juan Carlos Rodríguez, Fernando Alfaro), luego entró otro guitarra, Miguel Ángel (Gascón); hace algo más de un año se incorporó un teclista (Emilio Abengoza), e Isabel (León) estará haciendo los coros. De forma que está todo lo que hay en el disco. Luego, nosotros siempre hemos apostado por llevar vía sampler todos los arreglos adicionales, para dar más una sensación completa de las canciones. Creo que así es mejor para la gente y para el sonido del grupo.
- Creo que el directo de Chucho es muy superior al de Surfin´Bichos. ¿Hay más preocupación en lo que respecta a ensayos, elección de repertorio o su orden?.
- Al mismo nivel que en Surfin´Bichos, sólo que uno va cada vez aprendiendo y mejorando. Yo, particularmente, creo que he ido mejorando a partir de la propia experiencia y de la misma forma mis ex –compañeros de Surfin´Bichos, ahora con Mercromina, también son mejores en directo.
- ¿Te sueles llevar muchas sorpresas cuando escuchas o lees las interpretaciones que se hacen de tus letras?.
- Sí, y en algunos casos muy agradables, porque son otras visiones y otras dimensiones diferentes sobre cuestiones que a lo mejor ni tú mismo sabías que estaban ahí. Es un poco relacionado con lo que decíamos antes de que vas haciendo algo, una canción, y supongo que también escribiendo pasará y tal, y vas encontrando cosas que toman vida propia. Hay cosas que ni tú mismo sabes que estás diciendo realmente, forman parte de una especie de mente o sensibilidad común.

- ¿ Hasta qué punto te sientes comprendido o arropado por tu público?, ¿eres consciente de su existencia?, ¿sientes curiosidad por él?.
- Tengo mucho feedback con la gente, por ejemplo, las cartas que envía la gente al grupo, o a mí personalmente, hay muchas ocasiones en las que te alegran el día, vamos. Y de la misma forma en directo, aunque ahí es más difícil saber esa retroalimentación como funciona. Realmente esa relación es algo que me importa mucho, para eso publicas canciones.
- Me da la impresión de que hay menos presencia electrónica, al menos en primer plano, en este disco. ¿Se tiende a una progresiva naturalización de la música conforme aumenta la densidad u hondura de lo que se canta?.
- No suelo tener en cuenta esa distinción entre instrumentos electrónicos o acústicos y orgánicos. No me importa mucho la procedencia, es como la gente, no importa de la raza que seas, sino lo que es. Me da igual que la música provenga de un sintetizador o un violín si está transmitiendo algo.
- Una curiosidad. ¿ “El que apaga la luz”, la tienes por ahí desde la época de los Surfin´Bichos?.
- No, es bastante posterior (con cara de sorpresa).
- Quisiera saber el porqué, y las consecuencias que has extraído del proyecto “Triple Zero”.
- Era una manera de salirnos un poco de la dinámica habitual de funcionamiento como grupo, de tocar las canciones de forma estándar. Porque a pesar de la diferencia y la energía que tiene el directo y todo lo que quieras, siempre nos ha gustado aproximarnos al sonido de los discos. Por eso era una forma de romper esa tónica y así, en un concierto elegir la parte del repertorio más visceral y tocar sin bases programadas ni sampleados, que era el concierto punk. Luego, por otro lado, coger y darles totalmente la vuelta a las canciones con otro tratamiento, buscar otra base. Porque el concierto acústico realmente era acústico-electrónico, tenía bases programadas o loops que eran diferentes a los originales en casi todas las canciones. Y eran con dos teclados, el batería tocaba un teclado y el teclista otro. Resultaba un poco como Kraftwerk pero con guitarras acústicas. Y luego el tercer concierto era el estándar, que era una forma de reafirmarnos en lo que realmente es el grupo (aunque lo otro también es el grupo). Sirvió para buscar dentro de las canciones y dentro de nosotros mismos como grupo y como músicos, y ver hasta donde podíamos llegar también. Fue interesante.
- Háblanos un poco del revitalizado proyecto Limbo Starr. De cómo surgió y hasta dónde estáis dispuestos a llegar. ¿Será, por fin el vehículo para la esperada reedición de “La luz en tus entrañas” y el resto del primer repertorio de Surfin´Bichos?.
- Estamos intentándolo. Básicamente parte de un viejo proyecto que teníamos Isabel y yo, nos hemos asociado con dos amigos de Madrid, David López y Carmen Sanz. Ya habíamos dejado un poco de lado el sello y lo hemos resucitado como sello discográfico con todas las de la ley. Hemos editado el primer disco en solitario de Nacho Vegas y estamos con el primer ep de Maga, el grupo sevillano. Estamos muy ilusionados.
- Por último, déjanos tu definición de música pop.
- Comunicación. Comunicación de sentimientos. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001
FIB 2.001, CRÓNICA DE UN TESTIGO AGOTADO
Cuando me disponía a partir para el FIB 2.001, supe que uno de mis acompañantes había recibido su entrada dentro de un sobre en el que destacaba la marca de un operador telefónico y, junto a ella, una foto del sonriente Alejandro Sanz. Así son las cosas, al menos en el Hipercor de Granada, el salvoconducto para ver a los Flaming Lips, venía patrocinado por Alejandrito. Surrealismos aparte, una vez allí la cosa anduvo al buen nivel de siempre, y mereció la pena estar (que es lo mejor que se puede decir de un festival de estas características). Buen cartel y buena organización. Los horarios se cumplían a rajatabla, y la información llegaba puntual a los teléfonos móviles que la solicitaron, ya fuesen prensa o público. Me hubiese gustado que bandas como Chucho o The Flaming Lips, tocasen más de media hora, como que otras que se eternizaron sobre el escenario, hubiesen tocado esa media hora a lo sumo. Retomando lo de los surrealismos, los festivales veraniegos y sus extremas y ardientes condiciones meteorológicas, nos colocan demasiadas veces a horas intempestivas frente a bandas a las que ansiamos ver, pero ante las que necesitamos realizar un esfuerzo ímprobo para mantener una mínima concentración. Tenemos que adaptar sobre la marcha nuestra predisposición para pasar de un estilo a otro con la misma intensidad, las mismas expectativas; amoldarnos a múltiples condicionantes que hacen difícil interiorizar convenientemente ese encuentro directo con la música que esperamos. Aunque por otra parte, sólo en eventos así se encuentra uno con tríadas de actuaciones tan dispares e inolvidables como las protagonizadas por Experience-Françoiz Breut-Belle & Sebastian, o Big Star-P.J. Harvey-Pulp. Sólo eso convierte a los festivales en momentos señalados cada año. Así pues, ésta es mi experiencia fragmentaria, parcial y fotográfica de todo lo que pude presenciar en el FIB 2001.
Algunas actuaciones me perdí, muchas vi bien, y a otras llegué en las postrimerías. Entre estas últimas me deben un concierto completo MUY POCA GENTE (día 2. Velódromo), escuché “No hay vacaciones” y su interesante deambular entre funk, psicodelia y pop: muchas puertas sonoras perfectamente abiertas. THE FREESTYLERS (día 3 Escenario Electrónico), irrefrenable y adictivo hip-hop, perfumado de reggae y expuesto en clave soul. ORLANDO (día 4, Verde) o el crujido más consistente del rock americano en plan arty. Y SATELLITES (día 5, Verde) estilo y recursos para sus interesantes manejos eléctricos.
El fulgor de la electricidad por sí misma recuperó su sitio, a veces puesto en entredicho, con el pulso tenso de EXPERIENCE (día 4, Fiberfib) la aportación de Michel Cloup a la herencia Diabologum y a aquel mítico concierto de 1.997 en el mismo escenario. La respuesta que esperábamos a Programme; la nueva usurpación del silencio.

Dos guitarras, bajo, batería y furibundo recitado de poemas nerviosos para presentar el reciente “Aujourd´hui, maintenant”, abriendo y colocando la tensión en su sitio con “Essayer”; dejando constancia de la importancia y rotundidad del tema que da nombre al disco, cantando a la vez con Laurence Morellini en “Deux”; cojeando con su guitarra y disculpándose por no poder bailar; y exacerbando su propuesta con la electricidad desatada de “Pour ceux qui aiment le jazz” (también el tema que cierra el cd). O MOGWAI, el mismo día en el escenario Verde. Marco de primer orden para una tormenta sónica meticulosa en interiorizada que pugna por salir al exterior y lo consigue, expandiéndose, ante el silencio del público, en un aire color azul metálico, transitado por un chelo y notas perdidas en un

teclado. Mogwai labran la grandiosidad de la delicadeza melódica amplificada y retorcida por guitarras eléctricas, más allá de los nombres de siempre. SR. CHINARRO (día 3, Fib Club), entronca con la propuesta anterior en el desarrollo eléctrico de paisajes ásperos que ha caracterizado su último trabajo, “La primera ópera envasada al vacío”. Lo tocaron entero, y se despidieron con “El collar”, perteneciente al primer elepé. La formación de guitarra, bajo y batería, más teclados y violín, buscó y halló por momentos el clímax eléctrico que los allí presentes deseábamos. Pero el empeño de Luque en convertir cada actuación en una constante prueba de sonido evitó el despegue. Parecía no querer dejarse llevar, transmitía de forma excelente la intensidad de su nuevo repertorio y frenaba en seco para, con sus chistes de siempre, devolvernos al calor reinante. La banda le seguía como podía, cosa que puede llegar a estar bien. Menos para el teclista, el hombre sufrió de lo lindo la falta de ensayos.
De falta de ensayos precisamente no adolecieron las muchas bandas que acompañaron su actuación con algún tipo de escenificación. El colorido asomo al FIB más de lo habitual, para solaz e irritación del público, según cada cual. Desde las caretas de CLINIC, (a los que no vi), al desbarramiento pretendidamente epatante de THE AVALANCHES (día 3, Escenario Electrónico), (que ya estuvieron pinchando en el velódromo) rompiendo cosas en escena (quedan mejor en su especialidad: enlatados); a la tendencia al desbarre de los barceloneses SIDONIE (día 4, Fiberfib), con sus disfraces de cabezudos y sus digresiones teatrales entre programaciones de ritmo. Una banda con las miras puestas en la psicodelia de los sesenta (sitar incluido), con detalles electrónicos y resultados tan esperanzadores como evocadores (“Venusian Dream”). Los FLAMING LIPS (día 3, Verde) rizaron el rizo, y se ganaron el apelativo de banda maravillosa del año: globos llenos de confeti, imágenes para cada canción, teniendo a la pantalla como un

miembro más de la banda, no en vano en ella apareció el batería tocando las partes que ellos traían grabadas. Coyne celebraba la vida como un ilusionista, interpretando la inmensidad de “Soft Bulletin” con el rostro maquillado de sangre, golpeando artísticamente un gong, mostrando una paloma o lanzando los globos mientras emanaba un misteriosamente creíble deseo de felicidad. Todo ello flanqueado por sus dos compañeros que utilizaban piano eléctrico, bajo y guitarra, dentro de ese mare mágnum de pop orquestado; henchido de expresividad, desde “Race for the prize” hasta “Waiting for a superman” (para eso son los temas que se repiten en el disco). Una banda regenerativa. MASTRETTA (día 4, Fib Club) también dispuso su puesta en escena particular dentro de esa comunicación sin palabras que es su música, aderezada por la sencilla y simpática coreografía de los músicos, casi tan divertidos como el ballet Yo La Tengo. Mastretta mostró esas variedades sonoras suyas, libres de ataduras de repertorio discográfico. Asentado en los dúos de saxos y clarinetes con Miguel Malla, el moog, las programaciones de ritmo que apoyaban el despliegue percusivo del genial Ricardo Moreno, y la guitarra que dota de nuevo empaque de Pablo Novoa. Una orquestina que conectó con facilidad con el público, con sones que iban desde la tradición rusa, a las bandas sonoras de siempre y los ambientes fronterizos, tan del gusto de Nacho. La formación es todo un homenaje a los ochenta, y no fue el único. Lo referente a performers destacables lo cerramos con la banda de los hermanos Tormo, LOS MAGNÉTICOS (día 5, Fiberfib). Vestidos con monos (y con un cantante que demostró con creces saberse el Trujillo de tirarse para atrás guitarra en ristre), resultaron estimulantes, tiraron confeti y balones; y llenaron el escenario de sirenas y altavoces luminosos de cartón. Un mundo de cómic y serie b, saludable y divertido que enganchó al público. Más cercanos a Aviador Dro que a Devo pero tampoco equiparables en demasía, ofrecieron temas como el clásico de su discografía “Claro que sí” (otra ofrenda al altar Dinarama), y “Artistas” una de las sorpresas más emotivas que me deparó el festival: la recuperación de ese gran tema de Las Ruedas, perteneciente a su mejor trabajo “Viva Corrales”, editado en 1.988. Me alegra que lo hicieran porque reivindica un periodo del pop rock español que va desde 1.985 a 1.990, bastante olvidado y menospreciado por las generaciones venideras, aunque produjera algunos discos excepcionales. Esta recuperación continuó algunas horas más tarde en la actuación de COOPER (otro de los supervivientes de aquella época) en el Verde. Alejandro Diez Garín aprovechó ampliamente sus tablas y nos mostró con nitidez todo el poder de su nuevo sonido basado en las guitarras. Con formación de dos guitarras, bajo y batería, apuntaló un concierto rotundo y redondo, brillante por momentos. Y, como digo, recuperó el clásico sonido de 091 en temas como “Rascacielos” y “Buzo”. (Y Lapido mientras actuando en las fiestas de Molvízar: cosas de la vida).
Guitarras afiladas y americanas afloraron en la fiesta de presentación del día 2, en el velódromo. Por un lado FOR STARS, quienes me parecieron más plomizos de lo que demuestran en su estupendo y reciente “We are all beautiful people” , del que tocaron temas como “Wires”, además, cayó una versión del “Crying” de Roy Orbison. Comenzaba a oler a clásico. De todas formas resultaron entretenidos, además por partida doble para quien quisiera verlos al día siguiente sustituyendo a LOW, que se cayeron del cartel y hubiera estado muy bien verlos..., aunque con estrecheces de horario. Como decía, el mismo 2 de agosto, después del aliento clásico dejado en el ambiente por For Stars, llegaron THE POSIES, veteranos del power-pop americano más enraizado de los noventa. Entrega, ganas de agradar y comerse al público desde el primer tema. Utilizaron su repertorio más vibrante y eléctrico, sin parar y con los pipas animando con palmas al público. Cayeron habituales memorables como “Dream all day” o “Solar sister” y novedades como “Matinée”. El dúo protagonista armado de guitarras: Stringfellow, apoyado a veces por un pequeño teclado, exagerado en sus movimientos y escupidor con sus pelos colorados y Jon Auer, más contenido. Así, contenidos, ajustados y por tanto irreprochables, estuvieron ambos apoyando a BIG STAR en el escenario Verde, tres días después. Ken al bajo y Jon a la guitarra, jalonaron a un Alex Chilton con aspecto satisfecho, y a un Jody Stevens con muchas más cosas que decir que en la rueda de prensa. Desde el primer tema (“In the street”), la magia de ese repertorio mítico resaltó con esa luz que siempre le ha sido propia.

Un sonido luminoso y exquisitamente acendrado, centrado en temas de los dos primeros elepés de la estrella (no cayó “Holocaust”, como pedía Jesús Llorente desde el catálogo de mano). Escuchamos como a través del túnel del tiempo temas como “Thirteen”, “The Ballad of El Goodo” o “September Gurls”, reconocida y celebrada por el público; o “Feel”, cantada bastante mejor que en el original por Stringfellow. Se divirtieron haciendo “When my baby´s beside me” o “Don´t lie to me”; y nos dejaron la agradable sorpresa de incluir “I´am the cosmos” tema de Chris Bell en solitario, cantada por Jon Auer como en la versión que grabaron los Posies, y que significó un emotivo homenaje al Big Star desaparecido. Las guitarras persistieron con DEATH CAB FOR CUTIE (día 5, Fiberfib), el joven trío norteamericano mostró una encomiable entrega para su sonido contundente y anguloso, aunque algo plano. Menos inspirados que los últimos Sebadoh y con resabios de Pavement.
La sombra más desértica e intrincada de rock norteamericano apareció con variada intensidad. Por la actuación de los barceloneses ÉLENA (día 5, Fiberfib) también. A pesar de los problemas técnicos, y a una hora tan temprana, les dio tiempo a sonar con su trío de guitarras y trompeta ocasional (“Julio Alberto”, “Antes”), mejor que en el disco que presentaban. (“Porelamordedios”). Los sustitutos este año de Migala en eso de urdir profundidades, declararon “Male” su canción favorita y me dejaron en el recuerdo la finalmente luminosa “Km. 103”. RED HOUSE PAINTERS (día 5, Fiberfib), pararon el tiempo en la calurosa tarde dominical y congregaron bastante público para observar la comunión de dos guitarras apoyadas en el bombeo ralentizado de la batería, o en el ritmo ocasional planteado por una de ellas. Ambientación pura con panorámicas desechas por el calor, temas nuevos y “New Jersey”. FRANÇOIZ BREUT (día 4, Fiberfib), redefine a la chanson transportándola por hermosos y tensos vericuetos que a veces suenan como latidos de extraños desiertos o lugares soñados.

Dominique A., rapado y con cara de enfado inminente, capitaneó una prueba de sonido de emergencia. Más tarde salió seguido del resto de los músicos, preparando el recibimiento a Françoiz. La carpa ya estaba repleta de público que esperaba a Belle & Sebastian; y allí apretujados pudimos asistir a la maravillosa presentación de un disco extraordinario (“Vingt à trente mille jours”). Magnetismo, estilo y sobriedad por parte de todos, y temas como “Si tu disais” o la que da título al disco. Aquel mismo día los navarros SOVENIR inauguraron ese escenario. Pop irremisiblemente afrancesado pero con ganas de ensanchar costuras; presencia de trompeta, la guitarra de Jaime Cristóbal que viaja sin problemas por el espacio y el tiempo, y su comentada versión de The Go- Betweens (“Spring rain”).
Las raíces norteamericanas tienen un firme observador en NACHO VEGAS (día 3, Fib Club), oculto tras unas gafas de espejo, alternó acústica y eléctrica apoyado en una banda con segunda guitarra y la presencia del Migala Diego Yturriaga al acordeón. Con una voz limitada, expuso temas a los que me hubiera gustado enfrentarme ahora que conozco su disco debut: un trabajo de los que no paran de crecer en la memoria. BELLE & SEBASTIAN (día 4, Fiberfib), ahora que lo pienso, también se dejan imbuir de espíritu folk, y no sólo porque Isobel Campbell fuese vestida de Dylan. Su actuación, que duda cabe, era la más especial del festival, la expectación máxima;

pero ellos prefirieron realizarla en el escenario mediano. A pesar de que fue simultáneamente retransmitida por las pantallas del Escenario Verde, el público se concentró lo más cerca posible del escenario, haciendo irrespirable el ambiente. Stuart Murdoch, vestido de profesor, y toda una trompee de cuerdas, pianos, guitarras, sintetizadores analógicos, coros, palmas...; contando con la absoluta entrega del público, desgranaron un repertorio variado que recorrió toda su discografía (“The boy with the Arab Strap”, “The wrong girl”, “Don´t leave the light on baby”, entre otras), en una actuación tan cercana y comunicativa como sus canciones. Sonó un tema desconocido por mí, que respondía al estribillo de “señorina”, y recordaba al gran Jonathan Richman; y, como celebración de la diversión y la sintonía con su público, se despidieron con la irresistible “Legal man”, para cuya coreografía hicieron subir al escenario a algunas alucinadas espontáneas. Ese sentido de la diversión no lo volví a revivir en todo el festival, salvo quizás durante la actuación de TAHITI 80 (día 5, Fiberfib). La banda francesa fue una de las sorpresas del FIB de este año. Un grupo cargado tanto de sentido del humor como de argumentos sonoros; hilando con fluidez pop, música disco, o lounge. Derrochando energía y buen rollo en una inspirada y refrescante articulación de sus recursos. Quizás lo de refrescante sea lo que les faltó a ELEVATOR SUITE (día 2, velódromo), más encorsetados que los anteriores, combinan los mismos elementos con mayor dosis de jazz. Y resultan unos Happy Mondays internándose en el R&B y el soul con ínfulas jazzísticas. Tras unos inicios algo espesos, remontaron el vuelo con “The crown caper”, y la radiada “Man in a towel” (de nuevo los Happy Mondays como si versioneasen salvajemente “The Letter” de los Box Tops).
Ver a CHUCHO (día 3, Verde), inmediatamente después de Sr. Chinarro, luchando con la muchedumbre por llegar a tiempo, me pareció patético. El mejor artista español del festival, tocaba casi de día, pero recibió el premio de una inusual afluencia de público para esas horas. Cosa que él agradeció con una actuación brillante y sin fisuras, justamente el concierto que Fernando Alfaro necesitaba para terminar de reafirmar su peso específico en una escena tan distante

con las personalidades propias como la española. Aparecieron todos los chuchos que son (“ Un ángel turbio”, “Magic”, “Ricardo Ardiendo”...). Tras él vinieron ASH, trayendo la ración pop-punk al festival, con interrupción por fallo eléctrico incluida, hecho que no melló el animo de los de Tim Wheeler. Los temas clásicos (“Kung fu”, “Girl from Mars”) se mezclaron con los del reciente “Free all angels” (“Candy”, “Shining light”), y una versión del “Only in dreams” de Weezer (algo tenía que recordarme a Sonic Youth).
La condición inequívocamente anglófila del festival, todos los años se plasma en diferentes nombres que asolan el escenario principal. Este año pude ver a unos DIVINE COMEDY (día 3, Verde) menos inspirados que nunca, con un sonido elaboradísimo que apuesta por la contundencia pero que no llega a calar demasiado. El single “A perfect love song” me gustó. Después llegaron JAMES, la banda de un Tim Booth menos excesivo y cargante que antaño. Suenan más maduros por motivos obvios, pero igual de previsibles que siempre, funcionando como antesala de la épica del día siguiente. Aunque producidos por Brian Eno, y aunque éste diga que es lo mejor que ha hecho en su vida, los temas recordaban en los mejores momentos a Bowie, y en otros menos agraciados a los U2 de finales de los ochenta o a Simple Minds. Lo mejor fue “Getting away with it (all messed up)”, emblema de su último trabajo. MANIC STREET PREACHERS (día 4, verde), son la épica por la épica. Guitarras cuyo desgarro no logra ocultar su ampulosidad y voz doliente; demagogia por bandera y listas de éxitos desde donde observarnos con gesto taciturno. Una de las apuestas comerciales del festival, a la que no se le puede negar su efectividad y oficio en vivo.
Oficio es lo máximo que por ahora puede aportar el directo de LA HABITACIÓN ROJA (día 4, verde), da que pensar, y produce tristeza que ésta sea la “apuesta española”, de este año, ya en el siglo XXI. En las últimas ediciones, los años no planetarios han mostrado la pobreza de la oferta nacional en el escenario grande, y éste no podía ser menos, sobre todo si la organización se empeña en negar a CHUCHO el protagonismo real que merece. A pesar de contar con buenos temas, LHR sonaron faltos de brillantez y personalidad, su cantante exageró demasiado su tendencia al falsete, y sólo la contudencia desplegada les otorgó algo de empaque sonoro. Fallándoles en temas del carisma de “Crónico”. Oficio, pero sólo eso, es lo que horas después mostraron MERCURY REV. Presentaron algunos temas del recentísimo “All is dream” y cayeron otros del ya clásico “Deserter´s songs”, como “Opus 40” o “Holes”. Escuchamos el sonido más terrenal posible de la banda, sin cuerdas ni efectos los temas se sucedieron desprovistos de la magia que nos invadió dos años atrás.
Cuando vi a FANG (día 3, Fiberfib), no pude dejar de pensar en P.J. Harvey, Portishead o Siouxie (vamos, lo que me ocurre siempre que los escucho). Pero su directo, austero y efectivo, me enganchó desde el principio. El dúo habitual apareció acompañado de un músico de apoyo que tocaba timbal y bajo ocasional. Así repartieron su tensión y la oscura e irremediable belleza de sus canciones entre temas con programaciones, bajo y timbal; o guitarra y bajo. Cuando vi a GOLDFRAPP (día 4, Verde), también pensé en Siouxie y Portishead, aunque no relacioné directamente con ellos lo que escuché, quizás fuera algo que el ambiente creado desprendía. La voz y los gorgoritos de Alison Goldfrapp (descalza y sin dejarnos ver sus ojos) y el violinista iluminado en un extremo del escenario llevaron el protagonismo de un sonido inasible y acompasado de electrónica, que se volvió carne con la revisión del “Phisical” de Olivia Newton John. Al ver a P.J. HARVEY (día 5, Verde), sólo pude concentrarme en ella. Acompañada de una banda que contaba como Margaret Fiedler de Laika como guitarrista, Polly Jane presentó su furibundo último

trabajo, convertido en conjura eléctrica, sonando de maravilla y epatando con su presencia escénica. Canción tras canción volvió a demostrarme que es la artista que más frescura ha aportado al rock de los últimos diez años. Recuperó temas anteriores como “Angelene”, un increíble “Down by the water” con su apasionante pulso percusivo y los coros de Margaret; y, solo con su guitarra distorsionada, golpeando una nota, reivindicó la potencia comunicativa del rock más básico con “Rid of me”. Inconmensurable. La de PULP, inmediatamente después, fue la última actuación que vi. Abrieron con “Common People” y se metieron a la gente en el bolsillo. Jarvis Cocker utilizó toda su colección de espasmos y movimientos sincopados y geométricos. Se arrastraba, gesticulaba, paseaba,

miraba y hablaba. Metido plenamente en su papel, no dudaba en parar entre tema y tema para introducir los nuevos, o simplemente por dejar pausas; ya que cada composición desarrollaba un mundo emocional propio, orquestal sin orquesta, genuino e intenso.
Hasta aquí llegó todo. Me imagino que, un año más, los fibers, se habrán ido satisfechos a casa, aunque a nosotros, al pasar por determinada zona al abandonar el festival, nos llamaron fiberos. Hasta el próximo año. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO APARECIDO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001
Algunas actuaciones me perdí, muchas vi bien, y a otras llegué en las postrimerías. Entre estas últimas me deben un concierto completo MUY POCA GENTE (día 2. Velódromo), escuché “No hay vacaciones” y su interesante deambular entre funk, psicodelia y pop: muchas puertas sonoras perfectamente abiertas. THE FREESTYLERS (día 3 Escenario Electrónico), irrefrenable y adictivo hip-hop, perfumado de reggae y expuesto en clave soul. ORLANDO (día 4, Verde) o el crujido más consistente del rock americano en plan arty. Y SATELLITES (día 5, Verde) estilo y recursos para sus interesantes manejos eléctricos.
El fulgor de la electricidad por sí misma recuperó su sitio, a veces puesto en entredicho, con el pulso tenso de EXPERIENCE (día 4, Fiberfib) la aportación de Michel Cloup a la herencia Diabologum y a aquel mítico concierto de 1.997 en el mismo escenario. La respuesta que esperábamos a Programme; la nueva usurpación del silencio.

Dos guitarras, bajo, batería y furibundo recitado de poemas nerviosos para presentar el reciente “Aujourd´hui, maintenant”, abriendo y colocando la tensión en su sitio con “Essayer”; dejando constancia de la importancia y rotundidad del tema que da nombre al disco, cantando a la vez con Laurence Morellini en “Deux”; cojeando con su guitarra y disculpándose por no poder bailar; y exacerbando su propuesta con la electricidad desatada de “Pour ceux qui aiment le jazz” (también el tema que cierra el cd). O MOGWAI, el mismo día en el escenario Verde. Marco de primer orden para una tormenta sónica meticulosa en interiorizada que pugna por salir al exterior y lo consigue, expandiéndose, ante el silencio del público, en un aire color azul metálico, transitado por un chelo y notas perdidas en un

teclado. Mogwai labran la grandiosidad de la delicadeza melódica amplificada y retorcida por guitarras eléctricas, más allá de los nombres de siempre. SR. CHINARRO (día 3, Fib Club), entronca con la propuesta anterior en el desarrollo eléctrico de paisajes ásperos que ha caracterizado su último trabajo, “La primera ópera envasada al vacío”. Lo tocaron entero, y se despidieron con “El collar”, perteneciente al primer elepé. La formación de guitarra, bajo y batería, más teclados y violín, buscó y halló por momentos el clímax eléctrico que los allí presentes deseábamos. Pero el empeño de Luque en convertir cada actuación en una constante prueba de sonido evitó el despegue. Parecía no querer dejarse llevar, transmitía de forma excelente la intensidad de su nuevo repertorio y frenaba en seco para, con sus chistes de siempre, devolvernos al calor reinante. La banda le seguía como podía, cosa que puede llegar a estar bien. Menos para el teclista, el hombre sufrió de lo lindo la falta de ensayos.
De falta de ensayos precisamente no adolecieron las muchas bandas que acompañaron su actuación con algún tipo de escenificación. El colorido asomo al FIB más de lo habitual, para solaz e irritación del público, según cada cual. Desde las caretas de CLINIC, (a los que no vi), al desbarramiento pretendidamente epatante de THE AVALANCHES (día 3, Escenario Electrónico), (que ya estuvieron pinchando en el velódromo) rompiendo cosas en escena (quedan mejor en su especialidad: enlatados); a la tendencia al desbarre de los barceloneses SIDONIE (día 4, Fiberfib), con sus disfraces de cabezudos y sus digresiones teatrales entre programaciones de ritmo. Una banda con las miras puestas en la psicodelia de los sesenta (sitar incluido), con detalles electrónicos y resultados tan esperanzadores como evocadores (“Venusian Dream”). Los FLAMING LIPS (día 3, Verde) rizaron el rizo, y se ganaron el apelativo de banda maravillosa del año: globos llenos de confeti, imágenes para cada canción, teniendo a la pantalla como un

miembro más de la banda, no en vano en ella apareció el batería tocando las partes que ellos traían grabadas. Coyne celebraba la vida como un ilusionista, interpretando la inmensidad de “Soft Bulletin” con el rostro maquillado de sangre, golpeando artísticamente un gong, mostrando una paloma o lanzando los globos mientras emanaba un misteriosamente creíble deseo de felicidad. Todo ello flanqueado por sus dos compañeros que utilizaban piano eléctrico, bajo y guitarra, dentro de ese mare mágnum de pop orquestado; henchido de expresividad, desde “Race for the prize” hasta “Waiting for a superman” (para eso son los temas que se repiten en el disco). Una banda regenerativa. MASTRETTA (día 4, Fib Club) también dispuso su puesta en escena particular dentro de esa comunicación sin palabras que es su música, aderezada por la sencilla y simpática coreografía de los músicos, casi tan divertidos como el ballet Yo La Tengo. Mastretta mostró esas variedades sonoras suyas, libres de ataduras de repertorio discográfico. Asentado en los dúos de saxos y clarinetes con Miguel Malla, el moog, las programaciones de ritmo que apoyaban el despliegue percusivo del genial Ricardo Moreno, y la guitarra que dota de nuevo empaque de Pablo Novoa. Una orquestina que conectó con facilidad con el público, con sones que iban desde la tradición rusa, a las bandas sonoras de siempre y los ambientes fronterizos, tan del gusto de Nacho. La formación es todo un homenaje a los ochenta, y no fue el único. Lo referente a performers destacables lo cerramos con la banda de los hermanos Tormo, LOS MAGNÉTICOS (día 5, Fiberfib). Vestidos con monos (y con un cantante que demostró con creces saberse el Trujillo de tirarse para atrás guitarra en ristre), resultaron estimulantes, tiraron confeti y balones; y llenaron el escenario de sirenas y altavoces luminosos de cartón. Un mundo de cómic y serie b, saludable y divertido que enganchó al público. Más cercanos a Aviador Dro que a Devo pero tampoco equiparables en demasía, ofrecieron temas como el clásico de su discografía “Claro que sí” (otra ofrenda al altar Dinarama), y “Artistas” una de las sorpresas más emotivas que me deparó el festival: la recuperación de ese gran tema de Las Ruedas, perteneciente a su mejor trabajo “Viva Corrales”, editado en 1.988. Me alegra que lo hicieran porque reivindica un periodo del pop rock español que va desde 1.985 a 1.990, bastante olvidado y menospreciado por las generaciones venideras, aunque produjera algunos discos excepcionales. Esta recuperación continuó algunas horas más tarde en la actuación de COOPER (otro de los supervivientes de aquella época) en el Verde. Alejandro Diez Garín aprovechó ampliamente sus tablas y nos mostró con nitidez todo el poder de su nuevo sonido basado en las guitarras. Con formación de dos guitarras, bajo y batería, apuntaló un concierto rotundo y redondo, brillante por momentos. Y, como digo, recuperó el clásico sonido de 091 en temas como “Rascacielos” y “Buzo”. (Y Lapido mientras actuando en las fiestas de Molvízar: cosas de la vida).
Guitarras afiladas y americanas afloraron en la fiesta de presentación del día 2, en el velódromo. Por un lado FOR STARS, quienes me parecieron más plomizos de lo que demuestran en su estupendo y reciente “We are all beautiful people” , del que tocaron temas como “Wires”, además, cayó una versión del “Crying” de Roy Orbison. Comenzaba a oler a clásico. De todas formas resultaron entretenidos, además por partida doble para quien quisiera verlos al día siguiente sustituyendo a LOW, que se cayeron del cartel y hubiera estado muy bien verlos..., aunque con estrecheces de horario. Como decía, el mismo 2 de agosto, después del aliento clásico dejado en el ambiente por For Stars, llegaron THE POSIES, veteranos del power-pop americano más enraizado de los noventa. Entrega, ganas de agradar y comerse al público desde el primer tema. Utilizaron su repertorio más vibrante y eléctrico, sin parar y con los pipas animando con palmas al público. Cayeron habituales memorables como “Dream all day” o “Solar sister” y novedades como “Matinée”. El dúo protagonista armado de guitarras: Stringfellow, apoyado a veces por un pequeño teclado, exagerado en sus movimientos y escupidor con sus pelos colorados y Jon Auer, más contenido. Así, contenidos, ajustados y por tanto irreprochables, estuvieron ambos apoyando a BIG STAR en el escenario Verde, tres días después. Ken al bajo y Jon a la guitarra, jalonaron a un Alex Chilton con aspecto satisfecho, y a un Jody Stevens con muchas más cosas que decir que en la rueda de prensa. Desde el primer tema (“In the street”), la magia de ese repertorio mítico resaltó con esa luz que siempre le ha sido propia.

Un sonido luminoso y exquisitamente acendrado, centrado en temas de los dos primeros elepés de la estrella (no cayó “Holocaust”, como pedía Jesús Llorente desde el catálogo de mano). Escuchamos como a través del túnel del tiempo temas como “Thirteen”, “The Ballad of El Goodo” o “September Gurls”, reconocida y celebrada por el público; o “Feel”, cantada bastante mejor que en el original por Stringfellow. Se divirtieron haciendo “When my baby´s beside me” o “Don´t lie to me”; y nos dejaron la agradable sorpresa de incluir “I´am the cosmos” tema de Chris Bell en solitario, cantada por Jon Auer como en la versión que grabaron los Posies, y que significó un emotivo homenaje al Big Star desaparecido. Las guitarras persistieron con DEATH CAB FOR CUTIE (día 5, Fiberfib), el joven trío norteamericano mostró una encomiable entrega para su sonido contundente y anguloso, aunque algo plano. Menos inspirados que los últimos Sebadoh y con resabios de Pavement.
La sombra más desértica e intrincada de rock norteamericano apareció con variada intensidad. Por la actuación de los barceloneses ÉLENA (día 5, Fiberfib) también. A pesar de los problemas técnicos, y a una hora tan temprana, les dio tiempo a sonar con su trío de guitarras y trompeta ocasional (“Julio Alberto”, “Antes”), mejor que en el disco que presentaban. (“Porelamordedios”). Los sustitutos este año de Migala en eso de urdir profundidades, declararon “Male” su canción favorita y me dejaron en el recuerdo la finalmente luminosa “Km. 103”. RED HOUSE PAINTERS (día 5, Fiberfib), pararon el tiempo en la calurosa tarde dominical y congregaron bastante público para observar la comunión de dos guitarras apoyadas en el bombeo ralentizado de la batería, o en el ritmo ocasional planteado por una de ellas. Ambientación pura con panorámicas desechas por el calor, temas nuevos y “New Jersey”. FRANÇOIZ BREUT (día 4, Fiberfib), redefine a la chanson transportándola por hermosos y tensos vericuetos que a veces suenan como latidos de extraños desiertos o lugares soñados.

Dominique A., rapado y con cara de enfado inminente, capitaneó una prueba de sonido de emergencia. Más tarde salió seguido del resto de los músicos, preparando el recibimiento a Françoiz. La carpa ya estaba repleta de público que esperaba a Belle & Sebastian; y allí apretujados pudimos asistir a la maravillosa presentación de un disco extraordinario (“Vingt à trente mille jours”). Magnetismo, estilo y sobriedad por parte de todos, y temas como “Si tu disais” o la que da título al disco. Aquel mismo día los navarros SOVENIR inauguraron ese escenario. Pop irremisiblemente afrancesado pero con ganas de ensanchar costuras; presencia de trompeta, la guitarra de Jaime Cristóbal que viaja sin problemas por el espacio y el tiempo, y su comentada versión de The Go- Betweens (“Spring rain”).
Las raíces norteamericanas tienen un firme observador en NACHO VEGAS (día 3, Fib Club), oculto tras unas gafas de espejo, alternó acústica y eléctrica apoyado en una banda con segunda guitarra y la presencia del Migala Diego Yturriaga al acordeón. Con una voz limitada, expuso temas a los que me hubiera gustado enfrentarme ahora que conozco su disco debut: un trabajo de los que no paran de crecer en la memoria. BELLE & SEBASTIAN (día 4, Fiberfib), ahora que lo pienso, también se dejan imbuir de espíritu folk, y no sólo porque Isobel Campbell fuese vestida de Dylan. Su actuación, que duda cabe, era la más especial del festival, la expectación máxima;

pero ellos prefirieron realizarla en el escenario mediano. A pesar de que fue simultáneamente retransmitida por las pantallas del Escenario Verde, el público se concentró lo más cerca posible del escenario, haciendo irrespirable el ambiente. Stuart Murdoch, vestido de profesor, y toda una trompee de cuerdas, pianos, guitarras, sintetizadores analógicos, coros, palmas...; contando con la absoluta entrega del público, desgranaron un repertorio variado que recorrió toda su discografía (“The boy with the Arab Strap”, “The wrong girl”, “Don´t leave the light on baby”, entre otras), en una actuación tan cercana y comunicativa como sus canciones. Sonó un tema desconocido por mí, que respondía al estribillo de “señorina”, y recordaba al gran Jonathan Richman; y, como celebración de la diversión y la sintonía con su público, se despidieron con la irresistible “Legal man”, para cuya coreografía hicieron subir al escenario a algunas alucinadas espontáneas. Ese sentido de la diversión no lo volví a revivir en todo el festival, salvo quizás durante la actuación de TAHITI 80 (día 5, Fiberfib). La banda francesa fue una de las sorpresas del FIB de este año. Un grupo cargado tanto de sentido del humor como de argumentos sonoros; hilando con fluidez pop, música disco, o lounge. Derrochando energía y buen rollo en una inspirada y refrescante articulación de sus recursos. Quizás lo de refrescante sea lo que les faltó a ELEVATOR SUITE (día 2, velódromo), más encorsetados que los anteriores, combinan los mismos elementos con mayor dosis de jazz. Y resultan unos Happy Mondays internándose en el R&B y el soul con ínfulas jazzísticas. Tras unos inicios algo espesos, remontaron el vuelo con “The crown caper”, y la radiada “Man in a towel” (de nuevo los Happy Mondays como si versioneasen salvajemente “The Letter” de los Box Tops).
Ver a CHUCHO (día 3, Verde), inmediatamente después de Sr. Chinarro, luchando con la muchedumbre por llegar a tiempo, me pareció patético. El mejor artista español del festival, tocaba casi de día, pero recibió el premio de una inusual afluencia de público para esas horas. Cosa que él agradeció con una actuación brillante y sin fisuras, justamente el concierto que Fernando Alfaro necesitaba para terminar de reafirmar su peso específico en una escena tan distante

con las personalidades propias como la española. Aparecieron todos los chuchos que son (“ Un ángel turbio”, “Magic”, “Ricardo Ardiendo”...). Tras él vinieron ASH, trayendo la ración pop-punk al festival, con interrupción por fallo eléctrico incluida, hecho que no melló el animo de los de Tim Wheeler. Los temas clásicos (“Kung fu”, “Girl from Mars”) se mezclaron con los del reciente “Free all angels” (“Candy”, “Shining light”), y una versión del “Only in dreams” de Weezer (algo tenía que recordarme a Sonic Youth).
La condición inequívocamente anglófila del festival, todos los años se plasma en diferentes nombres que asolan el escenario principal. Este año pude ver a unos DIVINE COMEDY (día 3, Verde) menos inspirados que nunca, con un sonido elaboradísimo que apuesta por la contundencia pero que no llega a calar demasiado. El single “A perfect love song” me gustó. Después llegaron JAMES, la banda de un Tim Booth menos excesivo y cargante que antaño. Suenan más maduros por motivos obvios, pero igual de previsibles que siempre, funcionando como antesala de la épica del día siguiente. Aunque producidos por Brian Eno, y aunque éste diga que es lo mejor que ha hecho en su vida, los temas recordaban en los mejores momentos a Bowie, y en otros menos agraciados a los U2 de finales de los ochenta o a Simple Minds. Lo mejor fue “Getting away with it (all messed up)”, emblema de su último trabajo. MANIC STREET PREACHERS (día 4, verde), son la épica por la épica. Guitarras cuyo desgarro no logra ocultar su ampulosidad y voz doliente; demagogia por bandera y listas de éxitos desde donde observarnos con gesto taciturno. Una de las apuestas comerciales del festival, a la que no se le puede negar su efectividad y oficio en vivo.
Oficio es lo máximo que por ahora puede aportar el directo de LA HABITACIÓN ROJA (día 4, verde), da que pensar, y produce tristeza que ésta sea la “apuesta española”, de este año, ya en el siglo XXI. En las últimas ediciones, los años no planetarios han mostrado la pobreza de la oferta nacional en el escenario grande, y éste no podía ser menos, sobre todo si la organización se empeña en negar a CHUCHO el protagonismo real que merece. A pesar de contar con buenos temas, LHR sonaron faltos de brillantez y personalidad, su cantante exageró demasiado su tendencia al falsete, y sólo la contudencia desplegada les otorgó algo de empaque sonoro. Fallándoles en temas del carisma de “Crónico”. Oficio, pero sólo eso, es lo que horas después mostraron MERCURY REV. Presentaron algunos temas del recentísimo “All is dream” y cayeron otros del ya clásico “Deserter´s songs”, como “Opus 40” o “Holes”. Escuchamos el sonido más terrenal posible de la banda, sin cuerdas ni efectos los temas se sucedieron desprovistos de la magia que nos invadió dos años atrás.
Cuando vi a FANG (día 3, Fiberfib), no pude dejar de pensar en P.J. Harvey, Portishead o Siouxie (vamos, lo que me ocurre siempre que los escucho). Pero su directo, austero y efectivo, me enganchó desde el principio. El dúo habitual apareció acompañado de un músico de apoyo que tocaba timbal y bajo ocasional. Así repartieron su tensión y la oscura e irremediable belleza de sus canciones entre temas con programaciones, bajo y timbal; o guitarra y bajo. Cuando vi a GOLDFRAPP (día 4, Verde), también pensé en Siouxie y Portishead, aunque no relacioné directamente con ellos lo que escuché, quizás fuera algo que el ambiente creado desprendía. La voz y los gorgoritos de Alison Goldfrapp (descalza y sin dejarnos ver sus ojos) y el violinista iluminado en un extremo del escenario llevaron el protagonismo de un sonido inasible y acompasado de electrónica, que se volvió carne con la revisión del “Phisical” de Olivia Newton John. Al ver a P.J. HARVEY (día 5, Verde), sólo pude concentrarme en ella. Acompañada de una banda que contaba como Margaret Fiedler de Laika como guitarrista, Polly Jane presentó su furibundo último

trabajo, convertido en conjura eléctrica, sonando de maravilla y epatando con su presencia escénica. Canción tras canción volvió a demostrarme que es la artista que más frescura ha aportado al rock de los últimos diez años. Recuperó temas anteriores como “Angelene”, un increíble “Down by the water” con su apasionante pulso percusivo y los coros de Margaret; y, solo con su guitarra distorsionada, golpeando una nota, reivindicó la potencia comunicativa del rock más básico con “Rid of me”. Inconmensurable. La de PULP, inmediatamente después, fue la última actuación que vi. Abrieron con “Common People” y se metieron a la gente en el bolsillo. Jarvis Cocker utilizó toda su colección de espasmos y movimientos sincopados y geométricos. Se arrastraba, gesticulaba, paseaba,

miraba y hablaba. Metido plenamente en su papel, no dudaba en parar entre tema y tema para introducir los nuevos, o simplemente por dejar pausas; ya que cada composición desarrollaba un mundo emocional propio, orquestal sin orquesta, genuino e intenso.
Hasta aquí llegó todo. Me imagino que, un año más, los fibers, se habrán ido satisfechos a casa, aunque a nosotros, al pasar por determinada zona al abandonar el festival, nos llamaron fiberos. Hasta el próximo año. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO APARECIDO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001
MOGWAI “Rock Action” (Southpaw, 2.001)
Después de años basando su sonido entre colisiones y tensiones, los escoceses Mogwai apuestan por la fascinación. La presencia nuevamente de Dave Fridmann (Mercury Rev, Flaming Lips, Elf Power), uno de los más significativos productores de los últimos años, se antoja fundamental para llevar este cambio de intenciones a buen puerto. La música aparece estructurada en diversos niveles de sonoridad, un juego de volúmenes, matices y sonidos de fondo, que consiguen que los sonidos se sucedan dejando su rastro. Un paso definitivo para un grupo que ha perdido el temor a los intersticios de silencios y los espacios vacíos, y que ha aprendido a dejar respirar libremente las composiciones. A pesar de todo se mantiene cierta tensión, pero los temas están más cerca de la eclosión que de la ruptura. Las guitarras suenan mirándose unas a otras, buscándose; se crea una aureola lírica, dentro de atmósferas de interferencias (“Sine wave”), o de espacios abiertos con metales como caricias (“Take me some where nice”). Hay más presencia de voces, que se dejan llevar sobre la música en una suerte de folk lisérgico. Como en la pequeña perla para cuerdas y piano que es “O I Sleep”, o “Dial:Revenge”, interpretada por Gruff Rhys de Super Furry Animals. Ésta es la canción con más cuerpo, una recreación de guitarras con acordes del todo clásicos y diáfanos, como los Pink Floyd más recogidos. “2 rights make 1 wrong”, con su comienzo delicado y repetitivo, alcanza una inmensidad sonora con órgano y metales, que deviene almibarada y juguetona con el banjo. Y “Secret pint” con una obertura de platillos que parece anunciar a los Flaming Lips, crece acunada en esa majestuosa sencillez marca Fridmann. Sólo “You don´t know Jesus” y la tormenta sónica del interludio “Robot Chant” apuestan por la intensidad eléctrica.JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
NACHO VEGAS “EPOPEYA DE SENTIMIENTOS EN VARIOS ACTOS”
Quizás conserve de los cantautores la sensación de que los temas acaban cuando termina la historia que cuentan, y, por supuesto, la historia en sí. Relatos que cuando no son narraciones directas, sí contienen el número necesario de elementos para que cada cual se fabrique la suya propia: personajes, sensaciones, descripciones, anécdotas... Desde ese punto de vista Nacho Vegas es un cantautor, un narrador de textos cargados de significación y trufados de frases inolvidables. Aparte, logra trascender la presentación habitual de este tipo de cancionero, dotando a las canciones de un halo personal estremecedor; y, además, en muchos casos logra composiciones que aspiran a obtener un lugar en la memoria del oyente por sí mismas; siendo mucho más que puntos de apoyo del conjunto.
Desde el primer corte llamado igual que el cd (también conocido como “Canción de Lena”), se establece una serenidad natural; un ritmo respiratorio personal, tras este instrumental deudor de Morricone, pero inundado de una sensación de campo abierto y

crepúsculo al raso. Una especie de oda a la observación, una invitación al placer de mirar o dejarse imbuir por las imágenes. Toda una épica hecha de sentimientos. “Al norte del norte”, gana en turbulencia respecto a la versión maqueta por las percusiones iniciales, las cuerdas o los coros. “Seronda” se hermana inevitablemente con “Blanca”, ambas reclaman escuchas por puro placer desde que se toma el primer contacto con ellas. La primera, más que a folk me sabe a irresistible pop otoñal. La segunda es más sinuosa: la sequedad de su inicio me recuerda a Diariu; más tarde, su lentitud se ve desbordada por guitarras que erizan, cada vez que el verbo enamorar se cruza por medio, acompasando otro gran estribillo. Luego se produce otra vuelta al sonido espartano y desértico, trasmutando nuevamente en el siguiente estribillo; hasta alcanzar un último tramo en que la canción, sin llegar a perder ya la tensión eléctrica acumulada, pende entre ambas sonoridades. Nacho Vegas ya tiene su gran canción con nombre de mujer. “El ángel Simón” es una larga narración pormenorizada y emocionante que mantiene el interés por sí misma, conteniéndose por momentos a duras penas dentro de las costuras de una canción contorneada por el seco vibrar del contrabajo y el contrapunto del acordeón, ofreciendo un final sorprendente de encolerizadas cuerdas y acordeón tal que tango de despedida. La revisión de Townes Van Zant (“Que te vaya bien miss carrusel”), ofrece el descanso auditivo de la canción redonda, exenta de aristas, en la que todo encaja. Banjo chispeante en este clásico country de historias amargas.
Por el corazón del cd, transcurre el trío de canciones bien atemperadas formado por “El camino”, “Sitios distintos” y “El callejón”. La gravedad de la primera flota en acústica, riff de lejanía y cuerdas; la segunda suena añeja y sentida con el predominio de slide, y la tercera es folk cristalino y reflexivo, evocador y sutil en la utilización de los metales. Y, como colofón, Vegas se apoya en la banda asturiana Junior para desarrollar una electricidad que se mueve a ritmo de marea con vida subterránea, de campanadas desquiciadas llevadas por el viento. Un tratamiento disonante y ruidoso para un tema perfectamente equiparable en textos y sobriedad a cualquiera de este gran elepé. Despidiéndose con una coda marcada por banjo y vientos, para susurrar y acabar de remarcar el mensaje. JUANFRAN MOLINA.
NACHO VEGAS “Actos inexplicables” (Limbo-Starr, 2001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
Desde el primer corte llamado igual que el cd (también conocido como “Canción de Lena”), se establece una serenidad natural; un ritmo respiratorio personal, tras este instrumental deudor de Morricone, pero inundado de una sensación de campo abierto y

crepúsculo al raso. Una especie de oda a la observación, una invitación al placer de mirar o dejarse imbuir por las imágenes. Toda una épica hecha de sentimientos. “Al norte del norte”, gana en turbulencia respecto a la versión maqueta por las percusiones iniciales, las cuerdas o los coros. “Seronda” se hermana inevitablemente con “Blanca”, ambas reclaman escuchas por puro placer desde que se toma el primer contacto con ellas. La primera, más que a folk me sabe a irresistible pop otoñal. La segunda es más sinuosa: la sequedad de su inicio me recuerda a Diariu; más tarde, su lentitud se ve desbordada por guitarras que erizan, cada vez que el verbo enamorar se cruza por medio, acompasando otro gran estribillo. Luego se produce otra vuelta al sonido espartano y desértico, trasmutando nuevamente en el siguiente estribillo; hasta alcanzar un último tramo en que la canción, sin llegar a perder ya la tensión eléctrica acumulada, pende entre ambas sonoridades. Nacho Vegas ya tiene su gran canción con nombre de mujer. “El ángel Simón” es una larga narración pormenorizada y emocionante que mantiene el interés por sí misma, conteniéndose por momentos a duras penas dentro de las costuras de una canción contorneada por el seco vibrar del contrabajo y el contrapunto del acordeón, ofreciendo un final sorprendente de encolerizadas cuerdas y acordeón tal que tango de despedida. La revisión de Townes Van Zant (“Que te vaya bien miss carrusel”), ofrece el descanso auditivo de la canción redonda, exenta de aristas, en la que todo encaja. Banjo chispeante en este clásico country de historias amargas.
Por el corazón del cd, transcurre el trío de canciones bien atemperadas formado por “El camino”, “Sitios distintos” y “El callejón”. La gravedad de la primera flota en acústica, riff de lejanía y cuerdas; la segunda suena añeja y sentida con el predominio de slide, y la tercera es folk cristalino y reflexivo, evocador y sutil en la utilización de los metales. Y, como colofón, Vegas se apoya en la banda asturiana Junior para desarrollar una electricidad que se mueve a ritmo de marea con vida subterránea, de campanadas desquiciadas llevadas por el viento. Un tratamiento disonante y ruidoso para un tema perfectamente equiparable en textos y sobriedad a cualquiera de este gran elepé. Despidiéndose con una coda marcada por banjo y vientos, para susurrar y acabar de remarcar el mensaje. JUANFRAN MOLINA.
NACHO VEGAS “Actos inexplicables” (Limbo-Starr, 2001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
LAGARTIJA NICK “Ulterior” (Zero records, 2.001)
Hace tiempo que Antonio Arias convirtió Lagartija Nick en un mensaje cifrado, quizás unívoco, de sensaciones geométricas, dinámicas y tendentes a la inercia. Su comunión electrónica y su apego a los trabajos conceptuales han convertido a la banda en un ente opaco e impermeable a lo que no sean sus propios pálpitos para intercalar palabras y sonidos. Ahora, con MAR Pareja de vuelta como único guitarrista y la incorporación de un segundo bajo (Lorena Enjuto), el sonido se desliga de todo tipo de programaciones para ofrecerse íntegramente interpretado por el grupo, con MAR como eje del mismo. Lagartija se convierte así prácticamente en el grupo más natural del ramo. Debido a esto (y a pesar de la presencia de sonidos de demolición metálicos que surgen por doquier), resaltan los ecos afterpunk y siniestros de la banda (“Heroína”, “Emergencia” con su inicio psicodélico, o “S.D.A.H.”, relato de la sintomatología de algún trastorno psíquico); quedando sitio para retazos de esos remansos líricos habituales en su repertorio (partes de “Himno a la materia” o “Decadencia” tema que sabe maniobrar el ruido, con un elocuente fraseo final de guitarra, como si fuesen a tocar “Gimme Shelter” de los Rolling) o para recuerdos de los Lagartija pre-Val Del Omar, en “Intensidad”, con bajo jazzy deslizante y percusiones finales. Con todo, no aporta nada realmente significativo. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
ATOM RHUMBA “Chasin´ the Onagro”(Munster, 2.001)
La producción del ex –Gorie, Mick Collins, no hace sino amplificar, afilar y aclarar lo que ya sabíamos: Atom Rhumba es una máquina de rock en carne viva. Toda una conjura de funk y soul tribal, como en la inicial “Gimme Chaos”, “How long? /Too Short”, escupida con la vista puesta en Jon Spencer y evocando a James Brown en la mítica sala Apolo, destacando esos despliegues de metales y el subrayado de cuerdas; o “Techno boy” su aportación a las pistas, a través de música disco setentera. Entran en el punk neoyorquino a través de Richard Hell y un primerizo Tom Verlaine con la angulosa “Bomb between your legs” y, a falta de temas más definitorios, ofrecen cochambre guitarrística, sinuoso material de derribo crampiano (“Motormouth”); oscuridades de los 50, con swing enloquecido a lo Tom Waits (“I´m a rocket”) o disparos a quemarropa de incendiario garage-punk (“Set the sitar on fire”). Además, en “Tagliarina” se recrean pasando del r´n´b quejumbroso a una articulación de garaje y rock instrumental sesentero, recogiendo ecos hispanos y volviendo al principio (con letra de Guiller Momonje). Sería una pena perderles la pista. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN SEPTIEMBRE DE 2.001
THEE MICHELLE GUN ELEPHANT “Casanova Snake”(Munster, 2.001)
Después de medio siglo de historia del rock, parecemos haber llegado a un punto sin retorno en el que apreciamos más vehementemente a quien suena a nuestra medida, que al que trata de sorprendernos. El motivo de esto, en lo que al rock de guitarras respecta, estriba en lo previsible del género y en su presunto agotamiento estilístico, algo que quedará desmentido cuando aparezcan, que aparecerán, propuestas realmente novedosas. TMGE, es una banda japonesa, aún poco introducida en nuestro mercado, pero convertidos en auténticos llenaestadios en su país; gozando de más éxito que el que muchos de sus patrones sonoros disfrutaron en vida en sus zonas de origen e influencia. “Casanova Snake” fue su quinto elepé, aparecido hace más de un año originalmente, ahora llevarán seis o siete, porque esta máquina rock no para: material nuevo, recopilación, directo... La base del sonido del cuarteto descansa en una endiablada, afilada y furibunda guitarra, acompañada de una base rítmica demoledora, pero que sabe ser adusta y dúctil. Centrifugan r´n´b con la vista puesta en Wilko Johnson y exudan rockabilly que invoca a Gene Vincent y arde con los Cramps. Estas claves sonoras les permiten huir de la repetición y el letargo del piñón fijo, librándose de las trampas del mimetismo gracias a un cancionero vivo y bien engrasado, que llega al final del disco sin perder pegada. Con textos cantados mayormente en japonés, inflaman a los Cramps de punk rock en “Dead star end”; rozan a Jon Spencer en el garage-punk febril de “Young jaguar”; le dan al power-pop con el enfoque melódico de los Clash (“Revolver Junkies”); y disparan la esencia de MC5 en “Angie motel”.
También gustan de exhibir tremendas baladas con el desgarro de Johnny Thunders cantando machacón ante Phil Spector (“Drop”), o temas donde la guitarra incluso dibuja pasajes melódicos, recordando la voz algo al Paul Weller de The Jam (“GT 400”). JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
También gustan de exhibir tremendas baladas con el desgarro de Johnny Thunders cantando machacón ante Phil Spector (“Drop”), o temas donde la guitarra incluso dibuja pasajes melódicos, recordando la voz algo al Paul Weller de The Jam (“GT 400”). JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
RADIOHEAD “EL MAGNETISMO DE LAS PARTES”
Grabado en la misma época que “Kid A” (Parlophone-Emi,00); “Amnesiac” es la anunciada segunda parte de esa regeneración calculada de la banda de Oxford. Se trata de una nueva colección de canciones suspendidas en el aire, sedosas superficies con abundancia de pliegues emocionales. Composiciones liberadas de ornamentos pero aún suntuosas, enigmáticas de por sí. Hacen estilo y creación de la contención de la emoción que destilan, marcando la pauta de parte del último pop británico (Muse, Travis...). Como señalamos en Batracio nº70, Radiohead andan diluidos en electrónica, utilizan esta herramienta para redefinir su mensaje, su dimensión sonora. En “Amnesiac” vuelven a aparecer esos cortes como “Pulk/Pull Revolving Doors” o “Like spinning Plates” (que conserva entre su exactitud, la brillantez de la cuerdas y el dramatismo vocal), en los que la presencia electrónica es más severa; pero su efecto incide sobre el conjunto, mediante esta abstracción sonora que lo invade todo y que contribuye a ambientar y bordear de un halo inasible, un trabajo cuyo núcleo sigue albergando la esencia melódica de Radiohead. Esa quieta sensibilidad, siempre flotante sobre unas piezas surgidas de un hilillo melódico (muchas veces conducido por el agudo susurro de Thom Yorke) que se supera y proyecta gracias a la múltiple colisión de detalles de toda índole que las salpican. Porque el formato clásico se encuentra más subvertido y maleado que simplemente abandonado, la sensación de canción no se pierde, se la sigue merodeando, se atisba. La síntesis sonora se compone de estímulos sensitivos: ritmos, espirales melódicas, apuntes de riff; que han de engarzar en la mente en una escucha preferiblemente posterior a la tercera. Garantizado.

Esos estímulos animan la extraña energía liberada por “Packt like sardines in a crushd tin box” (ese indicativo primer corte que anuncia un contenido esperado); o la adictiva excitación rítmica de “I might be wrong” (que causa parecido efecto turbador que “The National Anthem” de “Kid A”), y “Dollars & cents” una de las cumbres del elepé, partiendo de esa peculiaridad rítmica, cargada de sugestión. “Knives out”, tema que ya interpretaron en su última actuación en Barcelona, antes de la presentación oficial de “Kid A”, huele a clásico de la banda; reuniendo todas las bazas que han hecho de Radiohead un grupo grande y mostrando rasgos sonoros concretos, que en el resto del repertorio actual hay que indagar. “Pyramid song” es otro corte con peso específico; como en “Knives out”, destaca el piano. Es un ejemplo de reflexión sonora, en una canción cuyo dramatismo otros hubieran explotado a destajo. “You and whose army?” y “Morning bell/ Amnesiac” son resueltas con vaporosa intensidad, marcando ese lirismo interiorizado, apenas susurrado, por el que tan a gusto se comunica la banda. Aparte, “Hunting Bears”, con guitarra reseca e hipnótica, los sitúa en una imaginaria frontera equidistante de EEUU y Marruecos. Y la final “Life in a glass house” nos deja otra nuestra de su intrigante relación con el jazz: clarinete, trompeta y trombón, lanzando un mensaje entrecortado entre el pasacalles más melancólico y la evocación cinematográfica, con ese final tan clásico. JUANFRAN MOLINA.
RADIOHEAD “Amnesiac” (Parlophone-Emi, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001

Esos estímulos animan la extraña energía liberada por “Packt like sardines in a crushd tin box” (ese indicativo primer corte que anuncia un contenido esperado); o la adictiva excitación rítmica de “I might be wrong” (que causa parecido efecto turbador que “The National Anthem” de “Kid A”), y “Dollars & cents” una de las cumbres del elepé, partiendo de esa peculiaridad rítmica, cargada de sugestión. “Knives out”, tema que ya interpretaron en su última actuación en Barcelona, antes de la presentación oficial de “Kid A”, huele a clásico de la banda; reuniendo todas las bazas que han hecho de Radiohead un grupo grande y mostrando rasgos sonoros concretos, que en el resto del repertorio actual hay que indagar. “Pyramid song” es otro corte con peso específico; como en “Knives out”, destaca el piano. Es un ejemplo de reflexión sonora, en una canción cuyo dramatismo otros hubieran explotado a destajo. “You and whose army?” y “Morning bell/ Amnesiac” son resueltas con vaporosa intensidad, marcando ese lirismo interiorizado, apenas susurrado, por el que tan a gusto se comunica la banda. Aparte, “Hunting Bears”, con guitarra reseca e hipnótica, los sitúa en una imaginaria frontera equidistante de EEUU y Marruecos. Y la final “Life in a glass house” nos deja otra nuestra de su intrigante relación con el jazz: clarinete, trompeta y trombón, lanzando un mensaje entrecortado entre el pasacalles más melancólico y la evocación cinematográfica, con ese final tan clásico. JUANFRAN MOLINA.
RADIOHEAD “Amnesiac” (Parlophone-Emi, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
AIR “10.000 Hz Legend”(Virgin, 2.001)
La música del dúo frances Air, avanza suave y sosegada, recreándose en sí misma sin prisas. Construyen un sonido ambiental articulado y rico, compuesto tanto de las premisas electrónicas al uso, como de tramos orquestales de delicada belleza y sinfonismo setentero contemplativo y de baja intensidad. Paisajismo instrumental entreverado de contrapuntos acústicos. Algo así sucede en temas como “How does it make you feel?” con esos coros tan graves, “Radian” (con sus percusiones y detalles blaxploitation), “Sex born poison” (coloreada de juegos psicodélicos y ecos del “Come together” de los Beatles, en los coros), o la planeadoras “Electronic performers” y “Caramel prisoner” (situadas al principio y al final). La tendencia general la rompen el single “Radio #1” que contiene una inspirada mixtura de tecno, rock sinfónico y música disco de los setenta; “The Vagabond” un tema como de Beck, con Beck a la voz y a la armónica; las irradiaciones de Morricone en “Wonder milky bitch”; o la contagiosa “Don´t be light” electrónica chispeante de prestancia eléctrica, que se agradece entre tanto bálsamo sonoro. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
MAMA BAKER “Mar de la intranquilidad”(Big Bang, 2.001)
Mama Baker es una banda paradigmática del mejor pop granadino de siempre. A pesar de partir de unas premisas sonoras de clara ascendencia noise, con las que aparecieron en los primeros años noventa, se distancian del pelotón gracias a un sentido melódico claro y conciso, reflexivo a la vez que elocuente, generador de gloriosos y personales estribillos. Este nuevo trabajo muestra un sonido definitivamente adulto y cada vez más reflexivo. La banda vuelve por sus fueros, sonando a ella misma, fiel a ese planteamiento eléctrico que huye de los excesos arreglísticos que son ya convencionalismo en la escena pop española. Sin embargo, su nuevo cargamento de canciones me parece menos inspirado en conjunto que el que nos trajo “Lunar” (Boomerang, 97); aunque sólo por temas como “Oxidado”, “La abducción de Frank”, “Todo será perfecto” o “White” merecen mucha mejor suerte de la que han tenido hasta el momento. JUANFRAN MOLINA
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN AGOSTO DE 2.001
ENTREVISTA CON MALCOLM SCARPA (Realizada por correo postal)
Siempre me ha parecido una sana anomalía, un tipo afortunadamente fuera de onda, enviado desde el corazón más colorista del pop y la sensibilidad melódica más exquisita para inundar la escena independiente española de un incontenible torrente de música. Temas de los que no paran de surgir otros que, aunque caracterizados por unas claves bien reconocibles, son gozosamente permeables a insospechadas influencias que merece la pena descubrir; resultando deliciosos en su composición y ejecución. La evolución de este crisol de prolijidad sonora y espontaneidad, ha sido resumida por Hall Of Fame, su sello de siempre, en el recopilatorio “1993- echoes of an era- 1996”. Excusa perfecta para que MALCOLM SCARPA nos hable de su trabajo y de su perspectiva de las cosas, del folklore búlgaro y del curioso pianista ruso Alexander Nikolaevitch Scriabin.
- La irrupción en el mundo discográfico de Malcolm Scarpa, con todo aquel montón de canciones, sumió en el estupor a todo el mundo, desde los que te conocíamos lejanamente como bluesmen hasta los que ni eso ¿Cómo lo recuerdas tú?.
- Fueron unos años bonitos, aunque cuando uno recuerda nunca se es completamente objetivo, tenía como una fiebre de hacer cosas y de hacerlas rápido. En principio mi idea era grabar cuarenta canciones de un minuto, pero según estaba en el estudio, desistí y me centré en grabar todas las que pudiera, saliendo veintiséis. Bueno no, salieron más, unas treinta, creo recordar; pero el número 26 me pareció excelente. Y, de hecho, el segundo y tercer disco traen ese mismo número de temas. Luego las críticas fueron muy favorables, y uno se ilusiona, ya ves.
- Se supone que el recopilatorio de Hall of Fame cierra, o al menos acota, una etapa bastante significativa de tu carrera. ¿Nos podrías relatar tu evolución como músico y como persona desde el primer elepé de Malcolm Scarpa como solista?
- Mi evolución, como persona y músico, se puede reducir a ir perdiendo el interés por las cosas. No escucho apenas música, bueno sí, folklore búlgaro, jazz, clásica pero poco. Antes oía más. Con este recopilatorio se cierra una etapa, no sé si es un punto y seguido o un punto y final. Para nada existe en la actualidad el sentimiento de claudicación, es más, intuyo como un resurgir de vitalidad. Me moriré luchando.
- Por cierto, ¿qué criterio de selección se ha seguido y cómo surgió lo de las remezclas?.
- Hall of Fame, me presentó una selección de canciones, yo hice acotaciones, quité unas y metí otras, y negociamos otras. Lo de las remezclas fue asunto de la discográfica y está bien, hay temas que ganan con esa nueva mezcla.

- Al hilo de esto quisiera saber tu opinión sobre la proliferación de remezclas, remasterizaciones y demás. ¿Crees que es algo realmente interesante para el comprador de música?.
- Para mí no es nada interesante, cuando no hay ideas, ni originalidad, se tira de mezcla tal, mezcla cual, mix, versión disco... y versión instrumental. Chorradas, sequía creadora se llama eso.
- ¿Quedan todavía muchos temas inéditos por descubrir de aquellos días?
- Compuestos sí, grabados pocos quedarán. No me acuerdo, además no creo que tengan excesivo interés.
- ¿ Hasta que punto se han dejado ver tus gustos e influencias musicales a lo largo de los años en las distintas etapas de tu carrera? ¿te has parado a pensar en ello?.
- Digamos que en los temas poppies se deja sentir la influencia de Ray Davies (bendita influencia), por ejemplo, en “My Devotion” estaba enfrascado con la época psicodélica de los Beach Boys, no sé si se nota. En “The Road of Life Alone”, se mira un poco el country pop. En “Microsillons” ya empecé a estar un poco de vuelta de todo, y las influencias son más bien literarias, creo que este es un disco muy personal; aunque mi favorito es “My devotion”: tenía ese feeling de no asustarse ante nada, de crear, crear y crear. Componía sobre la marcha introducciones, interludios, canciones completas. Experimentamos con todo.
- ¿Cuál es tu perspectiva actual, teniendo en cuenta tu experiencia, sobre el negocio musical en general?
- Da asco. Siempre fue así y siempre será, pero creo que hoy día se ha llegado a una situación límite. O revienta todo (ojalá), o los músicos con algo que decir se tendrán que dedicar a pintar barcas o trabajar en telégrafos.
- ¿Cómo ves tu relación con el público?, ¿hay un público definido para Malcolm Scarpa?.
- No sé, será la de esos buenos amigos con los que no se necesita hablar. Sería bonito saber que tengo un público.
- ¿En qué momento piensas que has tenido mayor aceptación popular?.
- ¿Popular?, nunca.
- Tu forma de componer y arreglar los temas, el hecho de presentarte en solitario y, sobre todo al principio, hacértelo tu mismo todo; o el abanico estilístico que se concentra con desarmante naturalidad en tu cancionero, fue y es novedoso dentro del definido campo del pop y la psicodelia sesentera practicada en nuestro país. ¿A qué artistas contemporáneos tuyos te sientes más cercano?.
- No es por soberbia, pero nunca me he sentido cercano a nadie. Esto puede ser una prolongación de mi vida personal, me sucede lo mismo.
- Ese pop estrechamente vinculado con los sesenta siempre cuenta con una serie mayor o menor de practicantes con una actitud casi militante. ¿Qué consideras que aportan estos grupos y esa actitud al desarrollo de este sonido?.
- Nunca he sido amigo de las actitudes militantes. Prefiero no creer en un individuo que no creer en un colectivo. ¿Qué aportan estos grupos?, lo ignoro. Como también ignoro lo que pueda aportar yo.
- Una curiosidad: ¿ Cómo te dio por hacer “Der traurige Kleine Mann” (tema incluido en “33 1/3 Microsillons”(Hall of Fame, 96))?
- Estaba en esa época (1.997, creo), ensimismado con Alexander Scriabin, y fue mi homenaje a esa personalidad tan fascinante. El título en alemán es por puro esnobismo. Hace poco compuse otro tema en su memoria, se titula Alexander. Era un músico impresionante.

- En tu extenso repertorio en solitario, se aprecian algunos detalles de guitarra procedentes del blues. ¿Hay en tu repertorio de blues influencias del pop?.
- Buena pregunta. Yo creo que hay más de lo primero; el otro día, no obstante, toqué un blues sin notas blues, no sé, algo así como acordes en suspensión o incompletos, no fue ni siquiera pensado.
- En 1.999 firmaste la banda sonora de la película de Santiago Lorenzo “Mamá es boba”. Me gustaría saber qué método de trabajo empleaste y cómo valoras la experiencia.
- Trabajé a partir de un guión, no de imágenes. El método de grabación fue bastante artesanal. A mí los temas instrumentales de la película me siguen gustando.
- Hasta el pasado FIB, nunca antes había tenido oportunidad de verte en directo. ¿Qué tipo de transformaciones han sufrido tu repertorio y tu forma de presentarte en vivo desde la época en que teloneaste en solitario a Terence Trent D´arby?, ¿qué ha permanecido inalterado?.
- Difícil . Bueno, he intentado que el repertorio fuera lo más “bailable” posible y que entre sí las canciones fueran adquiriendo cierta coherencia: zona rápida, de reposo, etc. En los últimos conciertos he optado por todo lo contrario, al presentarme solo o únicamente acompañado por batería, tengo una libertad de movimientos grande y hago lo que me apetece en ese momento. Ni yo mismo sé el repertorio que voy a interpretar. Y salto de un estilo a otro, o de una atmósfera a otra con bastante facilidad.
- ¿Qué diferencias existen al tocar un mismo tema acompañado de una banda o en solitario, qué cambia?.
- Creo que la música es el instante, bueno, todo es el instante. Con grupo existe una libertad controlada, en solitario es anacronismo, improvisación. Todo depende de si estoy de buen humor o no.
- ¿Se han producido incorporaciones significativas en aquel Hall Of Fame expresado en “My Devotion”?
- Sí muchas, pero básicamente son las mismas que en la época de esa canción, lo que pasa es que no se expresaron por falta de espacio.
- ¿Qué música escuchas actualmente?, ¿hay algo que te haya sorprendido y que nos puedas recomendar?
- Lo que más me ha gustado, como te decía más arriba, es el folklore búlgaro, las voces de las chicas son maravillosas, ahora mismo estoy aprendiendo de ellas. No estaría mal que algunas señoritas de aquí aprendieran también.
- ¿ Cómo surgió lo de los Jacquelines?, ¿necesitabas el respaldo de una banda estable?
- Sí claro, una banda estable que contrarrestara mi inestabilidad. Ya tenía ganas de sonar alguna vez como un grupo de verdad, lo hemos hecho y ya está. Siempre he pensado que todas las experiencias son buenas, hasta las malas.
- ¿Cómo valoras la experiencia de tocar en Benicassim, y, ya puestos, qué opinas en general del fenómeno de los grandes festivales, tan extendidos por todo el país?.
- Yo en los grandes festivales me siento como un pulpo en un garaje. Tienen tan poco que ver con la música, los detesto.
- Háblanos del estado de las cosas actual: The Jacquelines, los conciertos derivados del último disco aparecido con Ñaco Goñi, tu carrera en solitario, etc.
- Mi carrera es una incógnita y me parece fascinante que sea así. Me gustaría tocar en funerales, no sé.
- ¿ Cómo va tu ritmo compositivo en estos momentos?.
- La verdad es que no estoy en un buen momento, pero estas son crisis pasajeras y no me preocupa. El año pasado compuse sólo cincuenta, pero entre ellas hay cosas que creo válidas.
- Por último, y para terminar de revolcarnos en el tópico, regálanos tu definición de música pop.
- Es un estilo en el que ser aficionado a la música es más importante que ser músico. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN JUNIO DE 2.001
- La irrupción en el mundo discográfico de Malcolm Scarpa, con todo aquel montón de canciones, sumió en el estupor a todo el mundo, desde los que te conocíamos lejanamente como bluesmen hasta los que ni eso ¿Cómo lo recuerdas tú?.
- Fueron unos años bonitos, aunque cuando uno recuerda nunca se es completamente objetivo, tenía como una fiebre de hacer cosas y de hacerlas rápido. En principio mi idea era grabar cuarenta canciones de un minuto, pero según estaba en el estudio, desistí y me centré en grabar todas las que pudiera, saliendo veintiséis. Bueno no, salieron más, unas treinta, creo recordar; pero el número 26 me pareció excelente. Y, de hecho, el segundo y tercer disco traen ese mismo número de temas. Luego las críticas fueron muy favorables, y uno se ilusiona, ya ves.
- Se supone que el recopilatorio de Hall of Fame cierra, o al menos acota, una etapa bastante significativa de tu carrera. ¿Nos podrías relatar tu evolución como músico y como persona desde el primer elepé de Malcolm Scarpa como solista?
- Mi evolución, como persona y músico, se puede reducir a ir perdiendo el interés por las cosas. No escucho apenas música, bueno sí, folklore búlgaro, jazz, clásica pero poco. Antes oía más. Con este recopilatorio se cierra una etapa, no sé si es un punto y seguido o un punto y final. Para nada existe en la actualidad el sentimiento de claudicación, es más, intuyo como un resurgir de vitalidad. Me moriré luchando.
- Por cierto, ¿qué criterio de selección se ha seguido y cómo surgió lo de las remezclas?.
- Hall of Fame, me presentó una selección de canciones, yo hice acotaciones, quité unas y metí otras, y negociamos otras. Lo de las remezclas fue asunto de la discográfica y está bien, hay temas que ganan con esa nueva mezcla.

- Al hilo de esto quisiera saber tu opinión sobre la proliferación de remezclas, remasterizaciones y demás. ¿Crees que es algo realmente interesante para el comprador de música?.
- Para mí no es nada interesante, cuando no hay ideas, ni originalidad, se tira de mezcla tal, mezcla cual, mix, versión disco... y versión instrumental. Chorradas, sequía creadora se llama eso.
- ¿Quedan todavía muchos temas inéditos por descubrir de aquellos días?
- Compuestos sí, grabados pocos quedarán. No me acuerdo, además no creo que tengan excesivo interés.
- ¿ Hasta que punto se han dejado ver tus gustos e influencias musicales a lo largo de los años en las distintas etapas de tu carrera? ¿te has parado a pensar en ello?.
- Digamos que en los temas poppies se deja sentir la influencia de Ray Davies (bendita influencia), por ejemplo, en “My Devotion” estaba enfrascado con la época psicodélica de los Beach Boys, no sé si se nota. En “The Road of Life Alone”, se mira un poco el country pop. En “Microsillons” ya empecé a estar un poco de vuelta de todo, y las influencias son más bien literarias, creo que este es un disco muy personal; aunque mi favorito es “My devotion”: tenía ese feeling de no asustarse ante nada, de crear, crear y crear. Componía sobre la marcha introducciones, interludios, canciones completas. Experimentamos con todo.
- ¿Cuál es tu perspectiva actual, teniendo en cuenta tu experiencia, sobre el negocio musical en general?
- Da asco. Siempre fue así y siempre será, pero creo que hoy día se ha llegado a una situación límite. O revienta todo (ojalá), o los músicos con algo que decir se tendrán que dedicar a pintar barcas o trabajar en telégrafos.
- ¿Cómo ves tu relación con el público?, ¿hay un público definido para Malcolm Scarpa?.
- No sé, será la de esos buenos amigos con los que no se necesita hablar. Sería bonito saber que tengo un público.
- ¿En qué momento piensas que has tenido mayor aceptación popular?.
- ¿Popular?, nunca.
- Tu forma de componer y arreglar los temas, el hecho de presentarte en solitario y, sobre todo al principio, hacértelo tu mismo todo; o el abanico estilístico que se concentra con desarmante naturalidad en tu cancionero, fue y es novedoso dentro del definido campo del pop y la psicodelia sesentera practicada en nuestro país. ¿A qué artistas contemporáneos tuyos te sientes más cercano?.
- No es por soberbia, pero nunca me he sentido cercano a nadie. Esto puede ser una prolongación de mi vida personal, me sucede lo mismo.
- Ese pop estrechamente vinculado con los sesenta siempre cuenta con una serie mayor o menor de practicantes con una actitud casi militante. ¿Qué consideras que aportan estos grupos y esa actitud al desarrollo de este sonido?.
- Nunca he sido amigo de las actitudes militantes. Prefiero no creer en un individuo que no creer en un colectivo. ¿Qué aportan estos grupos?, lo ignoro. Como también ignoro lo que pueda aportar yo.
- Una curiosidad: ¿ Cómo te dio por hacer “Der traurige Kleine Mann” (tema incluido en “33 1/3 Microsillons”(Hall of Fame, 96))?
- Estaba en esa época (1.997, creo), ensimismado con Alexander Scriabin, y fue mi homenaje a esa personalidad tan fascinante. El título en alemán es por puro esnobismo. Hace poco compuse otro tema en su memoria, se titula Alexander. Era un músico impresionante.

- En tu extenso repertorio en solitario, se aprecian algunos detalles de guitarra procedentes del blues. ¿Hay en tu repertorio de blues influencias del pop?.
- Buena pregunta. Yo creo que hay más de lo primero; el otro día, no obstante, toqué un blues sin notas blues, no sé, algo así como acordes en suspensión o incompletos, no fue ni siquiera pensado.
- En 1.999 firmaste la banda sonora de la película de Santiago Lorenzo “Mamá es boba”. Me gustaría saber qué método de trabajo empleaste y cómo valoras la experiencia.
- Trabajé a partir de un guión, no de imágenes. El método de grabación fue bastante artesanal. A mí los temas instrumentales de la película me siguen gustando.
- Hasta el pasado FIB, nunca antes había tenido oportunidad de verte en directo. ¿Qué tipo de transformaciones han sufrido tu repertorio y tu forma de presentarte en vivo desde la época en que teloneaste en solitario a Terence Trent D´arby?, ¿qué ha permanecido inalterado?.
- Difícil . Bueno, he intentado que el repertorio fuera lo más “bailable” posible y que entre sí las canciones fueran adquiriendo cierta coherencia: zona rápida, de reposo, etc. En los últimos conciertos he optado por todo lo contrario, al presentarme solo o únicamente acompañado por batería, tengo una libertad de movimientos grande y hago lo que me apetece en ese momento. Ni yo mismo sé el repertorio que voy a interpretar. Y salto de un estilo a otro, o de una atmósfera a otra con bastante facilidad.
- ¿Qué diferencias existen al tocar un mismo tema acompañado de una banda o en solitario, qué cambia?.
- Creo que la música es el instante, bueno, todo es el instante. Con grupo existe una libertad controlada, en solitario es anacronismo, improvisación. Todo depende de si estoy de buen humor o no.
- ¿Se han producido incorporaciones significativas en aquel Hall Of Fame expresado en “My Devotion”?
- Sí muchas, pero básicamente son las mismas que en la época de esa canción, lo que pasa es que no se expresaron por falta de espacio.
- ¿Qué música escuchas actualmente?, ¿hay algo que te haya sorprendido y que nos puedas recomendar?
- Lo que más me ha gustado, como te decía más arriba, es el folklore búlgaro, las voces de las chicas son maravillosas, ahora mismo estoy aprendiendo de ellas. No estaría mal que algunas señoritas de aquí aprendieran también.
- ¿ Cómo surgió lo de los Jacquelines?, ¿necesitabas el respaldo de una banda estable?
- Sí claro, una banda estable que contrarrestara mi inestabilidad. Ya tenía ganas de sonar alguna vez como un grupo de verdad, lo hemos hecho y ya está. Siempre he pensado que todas las experiencias son buenas, hasta las malas.
- ¿Cómo valoras la experiencia de tocar en Benicassim, y, ya puestos, qué opinas en general del fenómeno de los grandes festivales, tan extendidos por todo el país?.
- Yo en los grandes festivales me siento como un pulpo en un garaje. Tienen tan poco que ver con la música, los detesto.
- Háblanos del estado de las cosas actual: The Jacquelines, los conciertos derivados del último disco aparecido con Ñaco Goñi, tu carrera en solitario, etc.
- Mi carrera es una incógnita y me parece fascinante que sea así. Me gustaría tocar en funerales, no sé.
- ¿ Cómo va tu ritmo compositivo en estos momentos?.
- La verdad es que no estoy en un buen momento, pero estas son crisis pasajeras y no me preocupa. El año pasado compuse sólo cincuenta, pero entre ellas hay cosas que creo válidas.
- Por último, y para terminar de revolcarnos en el tópico, regálanos tu definición de música pop.
- Es un estilo en el que ser aficionado a la música es más importante que ser músico. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN JUNIO DE 2.001
REM “Reveal” (Warner, 2.001)
No creo que se pueda esperar mucho de REM a estas alturas, ni siquiera pienso que se deba. Ese especial timbre melódico que consiguió que todas las etiquetas les quedasen pequeñas, y que les hizo superar y enriquecer la tradición sonora del pop y el rock estadounidense, perviven en su música. Es su marchamo. Algo que garantiza personalidad propia a medios tiempos plomizos, lastrados por la costumbre y la previsibilidad, apoyándose como digo, en la seguridad de que la fórmula REM siempre, siempre guarda una buena canción. Tres años después del interesante “Up” (Warner, 98), este trabajo no ofrece ninguna pista relevante sobre lo que presuntamente puede bullir en cerebros responsables de decenas de temas históricos. Ofrece, con todo, momentos notables como “The Lifting”, la preciosa revitalización de los REM clásicos que es “All the way to Reno (you´re gonna be a star)”, “Summer turns to high” (demasiado) hermanada con los Beach Boys, el grato final del disco que es “Beachball” con su candidez sonora o el single “Imitation of live”, buen tema, pero sonrojante por su intempestiva presencia, todo por superar la falta de singles de impacto de anteriores trabajos. Pero, en conjunto, queda una sensación de sonido confortable pero estancado, atemperado. Con producción esmerada y plana, a pesar de la multitud de detalles que exhibe. Sustituyendo el cansino debate sobre la presencia de la electrónica en sus trabajos, por el del valor real de las canciones. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
STEVE WYNN “Here comes the miracles”(Blue rose records-Astro, 2.001)
Tratándose de un doble cd, con diecinueve temas, es fácil imaginar que todos los Steve Wynn que han sido y son, caben y están aquí. Conforman un disco sabio e inspirado, de sonido elocuente, directo y rotundo; que alterna con maestría las influencias de siempre para volver a crear otra colección de canciones vivas y definitivas. Un tipo que garantiza buenas composiciones y que suma así, a la regularidad y solvencia de su carrera, un auténtico divertimento eléctrico. Guía recomendada a partir de ahora para los que se quieran acercar a lo más esencial de su sonido. Predominan la fiebre eléctrica y la contundencia plagada de aristas, tan presentes en temas como “Strange new world”, y su ritmo Bo Diddley; “Watch your step” con guitarra marmórea y piano insistente y garajero; la secuencia rítmica imparable que marca el sintetizador en “Smash myself to bits” esa suerte de psicodelia setentera y obcecada; el enlace punk de “Crawling misanthropic blues” o la truculencia y el guiño sonoro de película de serie b en “Death valley rain”. Aunque conviven con el desarrollo seco y cortante, vía Neil Young, de “Good and bad”; la delicada “Charity”, que recubre el rock americano con la misma capa de ingenuidad que Yo la Tengo; o “There will come a day” luminosa explosión de órganos y múltiples coros, para endulzar a Dylan con esas gotas de melodía que Wynn lleva siempre dentro. La misma dulzura que muestran el acendrado pop sesentero de “Morningside heights”, el jugueteo rítmico de “Let´s leave it like that” o la cristalina y a veces velvetiana “Drought”. Canciones para dar y tomar. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
FOR STARS “We are all beautiful people” (Acuarela, 2.001)
For Stars representan ese pop americano cuya base no está tan imbuida de country y folk como es habitual en muchas bandas. Evitando acotarse a sí mismos el espacio, suelen mirar también a Gran Bretaña, añadiendo colores y matices a su sonido. Sin olvidar el nervio eléctrico ni el sabor añejo de las canciones, juegan con libertad en todos los campos abonados para las melodías imperecederas y eso se nota. Aquí nos ofrecen temas memorables, bien resueltos; amables pero dispuestos al fragor eléctrico, las disonancias y el arrebato instrumental. Hay numerosas muestras de pop sencillo y luminoso, deviniendo intenso como en “Wires”, donde llegan a recordar a Hefner; más animoso y colorista en “How it goes” y como unos Flaming Lips más concretos en “If i could”. Lo que abundan son los medios tiempos, retazos reflexivos pero ágiles de reflejos. Así en cortes como “Back in France” y “Only Star” recuerdan el cariz más folk de Belle & Sebastian. En “Beautifully” se elevan en un dramatismo álgido de tesón eléctrico, al modo de Radiohead o Dakota Suite; en contraposición con “In open plains”, tema de rostro más sonrosado y magia espolvoreada. Presentan con delicadeza y gravedad su propia sinfonía pop (con The Flaming Lips como testigos de su inicio), en “There was a river” y, entre disonancias que no restan un ápice de belleza, sitúan en un mismo punto al Syd Barret más abstraído y a los Beach Boys más memorables. JUANFRAN MOLINA
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
CHUCHO “EXPERIMENTO CONDUCTIVO DE CANCIONES Y SENSACIONES”
Hace muchos años que Fernando Alfaro suena a sí mismo, que ve modelada su propia expresión según los avatares de la vida. Uno de esos tipos extraños que tienen cosas que decir, quizás desconocidas por él hasta que se las encuentra cara a cara en forma de canción. No es un fan, es una artista; con una ansiedad y urgencia únicas, y un ahinco comunicativo tiñendo de rugosa realidad una emoción que siempre bordea la garganta. Con más o menos las mismas referencias que casi todos los militantes de la escena alternativa, ha sido desde aquellos últimos años ochenta una curiosa nave explorando su propio espacio; con las entrañas por delante, claro. Sonando a sí mismo, desde la desasosegante exposición de sus canciones, alimentadas de pop contagioso y brillante, intensos y hasta denodados medios tiempos y asfixia eléctrica, principalmente.
“Los Diarios de Petróleo” que nos ocupan, suponen una ambiciosa empresa, un arriesgado cara a cara de su talento ante la intemperie. El trabajo que quería ser doble, se ha dividido en interesantes Fragmentos, aquí nos ocuparemos del principal. Pudiendo haber presentado un elepé normal, cargado de canciones extraordinarias, ha optado por hacer circular muchas más, con la consiguiente sensación de irregularidad en conjunto. Sin embargo, los buenos momentos superan a las medianías, razón suficiente para considerar este trabajo imprescindible, o al menos necesario.
La ubicación de los arreglos en las canciones denota su interés por dotarlos de vida y relieve. Algo vivo circulando dentro de otra vida (canciones que quieren desbordar las pautas y la línea argumental habitual, sin dejar de serlo: trozos de sonidos definidos y perdurables en la memoria), logrando que la presencia de piano, metales o cuerdas signifique algo más que bruñir y resaltar. Incluso a expensas de las guitarras, hecho lamentable.
Composiciones serpenteantes como “Cataratas de sueño”, donde resultan más emocionantes que nunca, culminante hasta que muta en repiqueteo de swing que atibia y endulza su devenir. “Abre todas las ventanas”, que se muestra también poliédrica, partiendo de su habitual pop vibrante para envolverse en metales jazz y soul, volver a la carga invocando a T-Rex y difuminarse en una explosión de coros. “Visión Rayos X” y “El vientre del firmamento” están en la senda de los mejores medios tiempos de Alfaro, la primera mostrando una vocación clásica desde su inicio, con cuerdas y metales ejerciendo de respiraderos de su excelencia, y cerrando el último minuto con un memorable arreglo de vientos, digno del soul más fibroso e inconmensurable; y la segunda alcanzando una sublimación sólo interrumpida por ese piano Imagine que se cuela por alguna parte. “Chapoteosis de chiquillos en la bañera”, merece todos los parabienes sólo por su título, a una festiva música infantil, suceden los momentos más infecciosos del elepé, conducidos por bajo y guitarras; imponiéndose la alegría de la infancia en un estribillo de celebración. Y “Extrarradio”, donde vuelven la truculencia y la aspereza dentro de una narración cargada de frases con impronta fotográfica.
El resto del repertorio va del pop enérgico de siempre (exultante en “El secreto de la ciencia”; Inspirado e intenso en “De aire”; electrónico y anodino en “Demasiada poca gente”, cortante y eficiente a lo Clash en “El Rey del error” o con restos de Pulp en “Y rompe la tormenta”), a la sencilla emoción de “Mi padre” o el rock cálido y rijoso que palpita en “Un agujero excéntrico”, espesado por wha-wha y lenguaje de oscuridades r´n´b. No es su mejor trabajo, pero contiene mucho material perdurable.
JUANFRAN MOLINA.
CHUCHO “Los Diarios de Petróleo (Fragmento Principal)”(Chewaka, 2.001)
PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
“Los Diarios de Petróleo” que nos ocupan, suponen una ambiciosa empresa, un arriesgado cara a cara de su talento ante la intemperie. El trabajo que quería ser doble, se ha dividido en interesantes Fragmentos, aquí nos ocuparemos del principal. Pudiendo haber presentado un elepé normal, cargado de canciones extraordinarias, ha optado por hacer circular muchas más, con la consiguiente sensación de irregularidad en conjunto. Sin embargo, los buenos momentos superan a las medianías, razón suficiente para considerar este trabajo imprescindible, o al menos necesario.
La ubicación de los arreglos en las canciones denota su interés por dotarlos de vida y relieve. Algo vivo circulando dentro de otra vida (canciones que quieren desbordar las pautas y la línea argumental habitual, sin dejar de serlo: trozos de sonidos definidos y perdurables en la memoria), logrando que la presencia de piano, metales o cuerdas signifique algo más que bruñir y resaltar. Incluso a expensas de las guitarras, hecho lamentable.
Composiciones serpenteantes como “Cataratas de sueño”, donde resultan más emocionantes que nunca, culminante hasta que muta en repiqueteo de swing que atibia y endulza su devenir. “Abre todas las ventanas”, que se muestra también poliédrica, partiendo de su habitual pop vibrante para envolverse en metales jazz y soul, volver a la carga invocando a T-Rex y difuminarse en una explosión de coros. “Visión Rayos X” y “El vientre del firmamento” están en la senda de los mejores medios tiempos de Alfaro, la primera mostrando una vocación clásica desde su inicio, con cuerdas y metales ejerciendo de respiraderos de su excelencia, y cerrando el último minuto con un memorable arreglo de vientos, digno del soul más fibroso e inconmensurable; y la segunda alcanzando una sublimación sólo interrumpida por ese piano Imagine que se cuela por alguna parte. “Chapoteosis de chiquillos en la bañera”, merece todos los parabienes sólo por su título, a una festiva música infantil, suceden los momentos más infecciosos del elepé, conducidos por bajo y guitarras; imponiéndose la alegría de la infancia en un estribillo de celebración. Y “Extrarradio”, donde vuelven la truculencia y la aspereza dentro de una narración cargada de frases con impronta fotográfica.
El resto del repertorio va del pop enérgico de siempre (exultante en “El secreto de la ciencia”; Inspirado e intenso en “De aire”; electrónico y anodino en “Demasiada poca gente”, cortante y eficiente a lo Clash en “El Rey del error” o con restos de Pulp en “Y rompe la tormenta”), a la sencilla emoción de “Mi padre” o el rock cálido y rijoso que palpita en “Un agujero excéntrico”, espesado por wha-wha y lenguaje de oscuridades r´n´b. No es su mejor trabajo, pero contiene mucho material perdurable.
JUANFRAN MOLINA.
CHUCHO “Los Diarios de Petróleo (Fragmento Principal)”(Chewaka, 2.001)
PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
AROAH “Cuando termines con todo, habrá terminado contigo” (Acuarela, 2.001)
No sé cuánto tiempo habrán estado en Acuarela suspirando por algo así: una solista de pop emocional y querencias folkies y acústicas, en su misma ciudad. Irene Rodríguez Tremblay, a sus veinte años, apuesta por una desnudez confortable, una austeridad humedecida por el calor de la comunicación directa y una sobriedad implícita en su expresividad, nada impostada. Lejos de toda pretenciosidad resulta más bien desarmante por su cercanía. A pesar del acompañamiento instrumental y los detalles de fondo, siempre destacan ella y su guitarra: te la imaginas a ella con su guitarra. Más dulce que desgarrada, alterna el inglés con el español. En “Come home” suena a folk, imbuido de pereza fronteriza, llevado por leves toques de Slide. “320” suena reseca, con la guitarra reverberada en primer plano, recordando quizás a la Lisa Germano más distante; sensación que se repite en “Fade”. Para sonar más vivaz en “Eder, Simone”. Pero su mayor aporte de frescura queda reservada a los temas en castellano, “Recuerdos” es el corte con mayor sonido de banda, su soltura y dinamismo, su aparente facilidad, terminan suponiendo un reencuentro con la sencillez más efectiva e inspirada. Y “Mi sitio está aquí”, es otra brillante muestra del folk-pop, cargando su inolvidable melodía de todo el calado emotivo posible. Grandes canciones de entre la fragilidad. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.001
NICK CAVE & THE BAD SEEDS “EL HOMBRE Y SU PIANO”
Para todos los que escuchan a Nick Cave, lejos de tiempos concretos y actualidades, mezclando sus etapas y centrándose en su repertorio, continuará resplandeciendo su imagen retorcida y oscura, aunque cada vez más impregnada de romanticismo y, sobre todo, reflexión. Influyente en conceptos musicales a lo mejor diametralmente opuestos, algo a lo que sólo tienen acceso los grandes, Cave se ha instalado, pasada la cuarentena, en un espacio compositivo eminentemente preciosista, clásico y emocional. Cuatro años después de la aparición de “The Boatman´s Call” pocos dudaban que lo próximo del australiano sería frente a su piano. Las canciones se estructuran marcando claramente los tiempos de estrofa y estribillo, predecibles una vez comienza su desarrollo, aunque siempre inquietantes. La verbosidad de Nick Cave encuentra así perfecto acomodo en ese espacio cargado de sutilidades musicales. La voz nos introduce en la canción en bastantes ocasiones, llevándose la atención del oyente, y mostrando su vocación e intención comunicadora. Graves y solemnes recreaciones instrumentales, basadas en una interpretación pulcra e intensa cuyo eje principal es el piano, tocado íntegramente por Nick. Se puede señalar sin miedo al error que las aspiraciones musicales del autor han encontrado aquí terreno fértil y espacioso, sobre el que cimentar su búsqueda de una belleza tenue y agridulce que acompañe a sus textos. Una belleza aquí a menudo pendiente del devenir de las notas del piano (“As i sat sadly by her side”, “Fifteen feet of pure white snow” o “The sorrowful wife”) o de la presencia imponente del evocador violín de Warren Ellis (“Sweetheart come”, “Hallelujah” o “God is in the house”). Es un proceso lento y seguro al que todo el que ha querido ha asistido: Nick Cave se eleva por encima del bien y del mal, disco a disco, sin excusas retro, ni estéticas sobrevenidas. Es el intérprete de su propio mundo, el cual nos despieza de forma clara y rotunda. Porque a veces uno persigue esas sonoridades en las que cada nueva incorporación instrumental, se añade sin interrumpir nada aunque haciendo notar diáfanamente su llegada. Mantiene una desnuda intensidad instrumental, llevada cadenciosamente por una banda sabia en su segundo plano y unos arreglos orquestales colocados con justeza.

Así nos encontramos con el sentido clasicismo de “Love letter” o “Gates to the garden”. La agitación interna del sonido Bad Seeds, esa insinuación de dramatismo en el ritmo expectante de “As i sat sadly her side” o la cimbreante “Fifteen feet of pure white snow”. Ésta, a su vez, es buena muestra de la influencia de la intensidad de los espirituales negros, presente también en cortes como “Oh my Lord” y “Darker with the day”. “And no more shall we part” retoza en un caldo de blues, henchida de expresividad y tersura, mientras que “God is in the house” suena a lamento rural, reminiscente de Dylan y con sabor al primer Tom Waits. Y, una vez aparcado el pandemónium sónico, nos quedan el lacerante crescendo de “Oh my Lord” con el violín reencarnado en la guitarra de Neil Young, y el último par de minutos de “The sorrowful wife” donde el tema, cada vez más intenso, se fractura para dar la oportunidad a Blixa Bargeld y Mick Harvey de dejarse ver. JUANFRAN MOLINA.
NICK CAVE & THE BAD SEEDS “No more shall we part”(Mute-Everlasting, 2001).
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001

Así nos encontramos con el sentido clasicismo de “Love letter” o “Gates to the garden”. La agitación interna del sonido Bad Seeds, esa insinuación de dramatismo en el ritmo expectante de “As i sat sadly her side” o la cimbreante “Fifteen feet of pure white snow”. Ésta, a su vez, es buena muestra de la influencia de la intensidad de los espirituales negros, presente también en cortes como “Oh my Lord” y “Darker with the day”. “And no more shall we part” retoza en un caldo de blues, henchida de expresividad y tersura, mientras que “God is in the house” suena a lamento rural, reminiscente de Dylan y con sabor al primer Tom Waits. Y, una vez aparcado el pandemónium sónico, nos quedan el lacerante crescendo de “Oh my Lord” con el violín reencarnado en la guitarra de Neil Young, y el último par de minutos de “The sorrowful wife” donde el tema, cada vez más intenso, se fractura para dar la oportunidad a Blixa Bargeld y Mick Harvey de dejarse ver. JUANFRAN MOLINA.
NICK CAVE & THE BAD SEEDS “No more shall we part”(Mute-Everlasting, 2001).
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
NAJWA “Carefully” (Subterfuge, 2.001)
La segunda incursión discográfica de la actriz Najwa Nimri, cambia los ambientes trip-hop, por la consecución de un espacio creativo más dúctil e íntimo, sobre el que deslizar esa voz a la vez delicada y gastada. Compuestas y grabadas por ella misma, con la ayuda de Raúl santos y Eduardo Molinero en labores de producción y mezclas y la inclusión de cuerdas; las piezas de este puzzle de pop electrónico al uso, descansan sobre un colchón sonoro menos encorsetado y más básico. La influencia de Björk se hace patente, pero a mí me recuerda, además, la libertad de movimientos de la holandesa Solex. Programaciones de ritmo que secundan la quietud de “That cyclone”, la que más recuerda a “No Blood” (Subterfuge, 98); o resultan trepidantes en “My own shout” el corte más vital y orgánico del lote. Quizás el más conseguido junto a “This perfume”. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
ÉLENA “Porelamordedios” (Satélite K, 2.001)
La banda barcelonesa nos ofrece un debut gestado en tres visitas al estudio de grabación realizadas en tres años distintos. Al contrario de lo que pudiera parecer, el repertorio y el sonido gravitan sobre constantes similares: las ideas estaban claras. Éstas parten de contenidos ambientes que brotan espontáneamente del tronco de Codeine, Piano Magic, Low y tantos otros. Recorridos ambientales basados en la expresividad de guitarras subterráneas y teñidas de gris oscuro. Sonido comatoso y dubitativo que remeda paisajes ajenos, pero que, como es mi caso, engancha al aficionado a semejantes estampas sonoras. Más americanos que ingleses, con la electrónica justa, consiguen envolventes y acariciadores momentos, aunque dejan la sensación de que se les ha quedado mucha intensidad en el tintero; algo más de fragor interno para visitar esos estáticos crepúsculos. Así el tiempo se pasa mientras escucho los temas, agradeciendo los fronterizos ambientes de “Julio Alberto” (bonita la voz de Helena) y “Antes” con sus arreglos definitorios de trompeta; o la sencilla vitalidad que acaba ofreciendo “Km. 103”. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
PAUL WELLER EN EL TEATRO ISABEL LA CATÓLICA DE GRANADA 28 DE ABRIL DE 2.001
De nuevo desde las alturas (Anfiteatro 1º, fila 4, asiento 5) de ese marco siempre extraño y atrayente, lejano y cercano a la vez, que es un teatro para una actuación de pop. Paul Weller sentado en el centro del escenario, los focos lo colocan dentro de un rectángulo de luz que también acoge a las guitarras que le rodean (tres acústicas y una Fender). Algunos instantes antes (al verlo aparecer en escena, ante una estruendosa irrupción de aplausos, ágil, sentándose rápido, alcanzando una guitarra y empezando a tocar sin más preámbulos), me he sentido ante el chaval de The Jam, el tipo sensible y concienciado que se tomaba en serio todo lo que hacía, con su aire a Steve Marriott. Ese que a los 24 años decidió dar por terminada una etapa que lo ha marcado para siempre. Alguien distinto al Weller de los sofisticados Style Council de los ochenta y sin comparación con toda esa panda de petulantes encabezados por Oasis, que parecen ostentar su legado.

Su recomendable discografía en solitario de los noventa fue el centro del concierto, temas vitales y cargados de soul, melodías cuidadas dentro de canciones que transmiten personalidad, interpretadas por esa peculiar voz algo rasgada, y tocadas con virulencia y sobriedad. Temas impregnados de clasicismo, brillantes en su construcción diáfana y efectiva, como un Steve Windwood que va al grano. Sin atisbo de autocomplacencia, tirando de un repertorio a estas alturas amplio y rico. No cayó “He´s the Keeper”, el tema dedicado a Ronnie Lane de su último trabajo (“Heliocentric”), pero sí los aires country de “Sweet Pea, my sweet pea” y “There´s no drinking, after you´re dead”, esplendorosa aún sin los arreglos orquestales de Robert Kirby, y en la que Weller pareció añorar su marcado ritmo. Algo que ocurrió en más de una ocasión, Weller zapateaba e incluso miraba hacia atrás esperando ver a su fiel Steve White siguiéndole con su batería, o pedía las palmas del público. Una vez metido en faena daba la sensación de necesitar el calor de una banda, e incluso la cercanía de un público entregado. En una de esas comunicaciones dijo aceptar peticiones, quizás para dar un aspecto improvisado a la esperada aparición de “That´s entertainment” de los Jam, el tema que, como señaló J.J.G. en su artículo de El Ideal de Granada, une a todos sus públicos; y que, junto a un par de Style Council, supuso la breve mirada a su pasado. El músico aún supera al mito, afortunadamente. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN MAYO DE 2.001

Su recomendable discografía en solitario de los noventa fue el centro del concierto, temas vitales y cargados de soul, melodías cuidadas dentro de canciones que transmiten personalidad, interpretadas por esa peculiar voz algo rasgada, y tocadas con virulencia y sobriedad. Temas impregnados de clasicismo, brillantes en su construcción diáfana y efectiva, como un Steve Windwood que va al grano. Sin atisbo de autocomplacencia, tirando de un repertorio a estas alturas amplio y rico. No cayó “He´s the Keeper”, el tema dedicado a Ronnie Lane de su último trabajo (“Heliocentric”), pero sí los aires country de “Sweet Pea, my sweet pea” y “There´s no drinking, after you´re dead”, esplendorosa aún sin los arreglos orquestales de Robert Kirby, y en la que Weller pareció añorar su marcado ritmo. Algo que ocurrió en más de una ocasión, Weller zapateaba e incluso miraba hacia atrás esperando ver a su fiel Steve White siguiéndole con su batería, o pedía las palmas del público. Una vez metido en faena daba la sensación de necesitar el calor de una banda, e incluso la cercanía de un público entregado. En una de esas comunicaciones dijo aceptar peticiones, quizás para dar un aspecto improvisado a la esperada aparición de “That´s entertainment” de los Jam, el tema que, como señaló J.J.G. en su artículo de El Ideal de Granada, une a todos sus públicos; y que, junto a un par de Style Council, supuso la breve mirada a su pasado. El músico aún supera al mito, afortunadamente. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN MAYO DE 2.001
PANDO “ESTÍMULOS DESDE EL PAÍS DE NUNCA JAMÁS”
La información de que dispongo sobre Pando es escasa pero suficiente. Trata más o menos de un artista escondido tras una sucesión de seudónimos, de los que éste representa al solista excéntrico y bulliciosamente creativo. De origen alemán, nacido en Londres y residente en Zaragoza; en lo que se antoja una azarosa carrera musical, ha hecho músicas para la televisión alemana y también forma parte del grupo zaragozano Kerkhoff. Aunque lo que en este momento nos ocupa es su debut en solitario, de la mano del sello Hall Of Fame, el sitio natural de los últimos individualistas del rock. Sus amigos señalan, además, lo insultantemente extenso de su repertorio (en sus actuaciones ya apenas toca temas de este trabajo), su habilidad como instrumentista y su poco apego a las vacuas rutinas que provoca el negocio musical. Humilde y tímido, se transforma en el escenario, salpicando su directo de continuas digresiones humorísticas. El disco ofrece en portada a un grupo de gente reclamándolo, una deseable ironía quizás sólo posible en el País de Nunca Jamás.

El elepé se abre con una especie de auto-recibimiento que parece un breve pero intenso encuentro entre Jon Spencer y Django Reinhardt. Algo que es común denominador en el devenir de las canciones: la presencia de una guitarra jazzística aderezando los temas de elegancia, fraseos imaginativos y matices poco habituales en la mayoría de los artistas de pop, como se puede observar en esa otra pieza de funky y rap llamada “Christians”. Un instrumento con vida propia, independientemente del tema que desarrolle en ese momento, y digno de seguirse y disfrutarse por sí solo; conocedor de todos los lenguajes sonoros, logrando llenar todos los huecos que provoca la economía de medios de su propuesta con la mayor naturalidad. “Donkey Meat”, el segundo corte, transcurre por la imaginativa e insondable senda comunicativa dejada por Captain Beefheart, inaugurando la faceta experimental del disco, que continúa cuando el espíritu de Frank Zappa se suma a la fiesta en cortes como “Smarty Pants” o la postrera “Fortress”, temas estos, que sin ser demasiado largos, encierran múltiples enfoques y posibles caminos a desarrollar. El estimulante rompecabezas creativo avanza hasta topar con el marciano que faltaba, Julian Cope, en su acercamiento al funk en “Stinkbomber”; y derivar de éste a Beefheart en la acariciadora “You Don´t Make Me Laugh”. Otros cortes se vuelcan en un preciosismo formal compuesto de detalles leves pero significativos, propiciados por su natural huida de la linealidad. Yendo de las baladas estándar impregnadas de soul (“My Wife Doesn´t Understand”, “Bully” o “Pooping & Parping”), a los acentos de bossa en “Ranko”, o el instrumental contemplativo “Year of the Donkey”; hasta crear excelentes muestras de pop amable endulzado de jazz crepuscular en cortes del calado de “You Shook the World” y “This town”. Por otra parte, en su discurso caben recuerdos de los Kinks del vodevil (“Dirty River Thames”) y palpitaciones de blues esquemático y esencial, incisivo y redundante como si de un loop se tratase (“Some Other Country”). JUANFRAN MOLINA.
PANDO “We want Pando” (Hall Of Fame, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001

El elepé se abre con una especie de auto-recibimiento que parece un breve pero intenso encuentro entre Jon Spencer y Django Reinhardt. Algo que es común denominador en el devenir de las canciones: la presencia de una guitarra jazzística aderezando los temas de elegancia, fraseos imaginativos y matices poco habituales en la mayoría de los artistas de pop, como se puede observar en esa otra pieza de funky y rap llamada “Christians”. Un instrumento con vida propia, independientemente del tema que desarrolle en ese momento, y digno de seguirse y disfrutarse por sí solo; conocedor de todos los lenguajes sonoros, logrando llenar todos los huecos que provoca la economía de medios de su propuesta con la mayor naturalidad. “Donkey Meat”, el segundo corte, transcurre por la imaginativa e insondable senda comunicativa dejada por Captain Beefheart, inaugurando la faceta experimental del disco, que continúa cuando el espíritu de Frank Zappa se suma a la fiesta en cortes como “Smarty Pants” o la postrera “Fortress”, temas estos, que sin ser demasiado largos, encierran múltiples enfoques y posibles caminos a desarrollar. El estimulante rompecabezas creativo avanza hasta topar con el marciano que faltaba, Julian Cope, en su acercamiento al funk en “Stinkbomber”; y derivar de éste a Beefheart en la acariciadora “You Don´t Make Me Laugh”. Otros cortes se vuelcan en un preciosismo formal compuesto de detalles leves pero significativos, propiciados por su natural huida de la linealidad. Yendo de las baladas estándar impregnadas de soul (“My Wife Doesn´t Understand”, “Bully” o “Pooping & Parping”), a los acentos de bossa en “Ranko”, o el instrumental contemplativo “Year of the Donkey”; hasta crear excelentes muestras de pop amable endulzado de jazz crepuscular en cortes del calado de “You Shook the World” y “This town”. Por otra parte, en su discurso caben recuerdos de los Kinks del vodevil (“Dirty River Thames”) y palpitaciones de blues esquemático y esencial, incisivo y redundante como si de un loop se tratase (“Some Other Country”). JUANFRAN MOLINA.
PANDO “We want Pando” (Hall Of Fame, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001
YO LA TENGO, TEATRO CERVANTES DE MALAGA 30 DE MARZO DE 2.001
Cuando ocupé mi localidad, el concierto ya había comenzado, llevaban un tema según el acomodador. Al sentarme surgió la sinuosa “Everyday” (obertura de ese genial ejercicio de ambientación y fragilidad que es “And then nothing turned itself-out” (2.000), última mutación de Yo La Tengo), aunque por ese escenario desfilaron todos los Yo La Tengo que han sido y son; canalizados por ese trío al que yo observaba a vista de pájaro ( 3º planta, fila 5 asiento 15), gravitando sobre sus instrumentos de forma metódica y sencilla. Una puesta en escena escueta, suficiente para desarrollar un sonido en perfectas condiciones, vaporoso a la vez que intenso; tan tendente a la improvisación y el desarrollo eléctrico como a la ternura acústica, sabiéndose dueños de una peculiaridad sónica cada vez más pulida. Ritmos llevados por las escobillas y baquetas de Georgia Hubley, programados, o apoyados por un James Mcnew colocado delante de ella golpeando caja y platillo con sus maracas; temas eléctricos guiados con virulencia por Ira Kaplan, acústicos o sin guitarra. Y la presencia melódica de ese órgano ya imprescindible que empezaron a incorporar antes de grabar “Painful” (1.993).

La actuación se basó principalmente en sus dos últimos trabajos, yendo del noise escuela Sonic Youth que siempre han gustado practicar (“Cherry chapsticks”, “Sugarcube” o “Deep into movies”), al pop más sugestivo y brillante (“Let´s save Tony Orlando´s house”). De la quietud y calidez de “Our way to fall”, haciendo surgir de un hilillo tenue toda una sinfonía de susurro y matiz que ocupó todo el teatro; a la simpática y sorprendente coreografía con que interpretaron “You can have it fall”. Prueba ésta de la complicidad que llegan a desarrollar con un público que los recibe con singular cariño en cualquier parte, y la distensión y simpatía que dispensan. Sin olvidar ese homenaje al Neil Young más lírico que canta James siempre de forma más pausada que en disco (“Stockholm Syndrome”).
Dueños de un sonido propio que saben trasladar al directo eficazmente, también tiraron de su envidiable repertorio, repasando temas claves de su discografía como “Upside Down” (“May i sing with me” (1.992)), “Big day coming” (“Painful” (1.993)), “Tom Courtenay” (“Electr- O- Pura” (1.995)); y, como no podía ser menos, una delicada y austera revisión acústica de “Andalucía” de John Cale, perteneciente a su disco de versiones “Fakebook”, de 1.990. Vibrantes y estremecedores, Yo La Tengo dieron una muestra más de lo esencial de su propuesta. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PORTAL DE INFORMACIÓN MUSICAL UNIVERSO POP, EN ABRIL DE 2.001

La actuación se basó principalmente en sus dos últimos trabajos, yendo del noise escuela Sonic Youth que siempre han gustado practicar (“Cherry chapsticks”, “Sugarcube” o “Deep into movies”), al pop más sugestivo y brillante (“Let´s save Tony Orlando´s house”). De la quietud y calidez de “Our way to fall”, haciendo surgir de un hilillo tenue toda una sinfonía de susurro y matiz que ocupó todo el teatro; a la simpática y sorprendente coreografía con que interpretaron “You can have it fall”. Prueba ésta de la complicidad que llegan a desarrollar con un público que los recibe con singular cariño en cualquier parte, y la distensión y simpatía que dispensan. Sin olvidar ese homenaje al Neil Young más lírico que canta James siempre de forma más pausada que en disco (“Stockholm Syndrome”).
Dueños de un sonido propio que saben trasladar al directo eficazmente, también tiraron de su envidiable repertorio, repasando temas claves de su discografía como “Upside Down” (“May i sing with me” (1.992)), “Big day coming” (“Painful” (1.993)), “Tom Courtenay” (“Electr- O- Pura” (1.995)); y, como no podía ser menos, una delicada y austera revisión acústica de “Andalucía” de John Cale, perteneciente a su disco de versiones “Fakebook”, de 1.990. Vibrantes y estremecedores, Yo La Tengo dieron una muestra más de lo esencial de su propuesta. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PORTAL DE INFORMACIÓN MUSICAL UNIVERSO POP, EN ABRIL DE 2.001
ELF POWER “A dream in sound” (Shifty disco, 2.001)
Un auténtico sueño de sonido lo de estos americanos, paisanos de REM y los B-52´s. Muestran una sencillez sonora engañosa, más que eso se trata del resultado natural y fresco de la pura intuición melódica, esa que una vez expuesta suena a fácil por la diáfana soltura con la que todos los elementos encajan. Además, en este caso, sabiamente coloreada con la ayuda de Dave Fridmann, el hombre que ha estado detrás de algunos de los discos más importantes de los últimos tres años. Los acertados arreglos son soplidos que empujan los temas sin restarles protagonismo, siendo absorbidos perfectamente por el todo. Estamos ante canciones tocadas con esa magia que hace posible que, a pesar del clasicismo que invocan, los convencionalismos y los cánones se deshilachen ante su presencia. Este tercer trabajo de la banda, grabado en 1.998 (tienen ya publicado un recientísimo nuevo elepé), recorre desde crujientes y talentosas muestras de sonido americano (“Will my feet still carry me home”) a piezas pop deudoras de los Kinks como “Olde tyme waves” o XTC (“We dream in sound”). Escondiendo temas totales como “High a top the silver branches”, uno de esas canciones que son celebración y que aún te hacen volver la cara al escucharlas, haciéndose inevitable su tarareo durante bastante tiempo. Aparte, intercalan entre su chispeante repertorio, medios tiempos de suave recorrido acústico, como los aromas folk de “Noble experiment” (versión de Thinking Fellers Union Local 282). Cortes que conviven a la perfección con la vibrante “The well”, que toma el atajo punk-new wave, o la instrumental “Rising and falling in a little world”, como su título indica, sinfonía psicodélica de bucólicas reminiscencias country. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001
ANYWHEN “The opiates” (Clearspot-Dock, 2.001)
Elegante, emocional, delicado. Son adjetivos sospechosos por su desmedido uso a la hora de narrar las culidades de una porción importante del último pop británico. El proyecto de los suecos Anywhen vive en esas coordenadas, y estos mismos adjetivos le vienen bien. El calado emocional de este trabajo no llega a la intensidad de algunos momentos concretos de las bandas que rememora, pero mantiene una expresividad y una suntuosidad desbordantes. Basta con escuchar el inicio espectacular de la orquesta en “The siren song” épica, algo doliente, y recordando en su desarrollo a los Echo & The Bunymen más sublimes. Con “Dinah and the beautiful blue”, se acerca a The Tindersticks en su desnuda expresividad, con un sonido netamente orquestal, salvo discretas apariciones en segundo plano de guitarra o bajo. “Postcard” retiene algo de Arab Strap, con su ritmo sigiloso y los leves apuntes dramáticos de las cuerdas, pero la canción busca el sol en su crecimiento. “All that numbs you” es uno de los momentos más bellos del disco y “Mesmerene” el corte más intuitivo y caótico, lejos de superficies bruñidas y deslumbrantes, ofrece recovecos y pliegues por descubrir. Como el clima que consiguen todos los instrumentos que juegan en "Toy”. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001
SR. CHINARRO “LA CARAVANA SIN FIN”
Hasta “La Pena Máxima” (Acuarela 2.000), todo el repertorio que iba generando Sr. Chinarro acababa incorporado a un todo más o menos homogéneo, de intenciones y resultados parecidos. Ahora no. Nos encontramos ante el primer punto de inflexión real del sonido del grupo sevillano. Justo cuando todos celebraban su vuelta a los postulados melódicos de sus influencias de los ochenta (The Cure, New Order, OMD (según Luque)), éstas se volatilizan, dejando desnudo y protagonista a ese mundo tortuoso e intrincado que siempre ha sido telón de fondo de sus canciones. El desasosiego que éstas anunciaban, sobre todo hasta el primer elepé, ahora se muestra radical, infeccioso y molesto. La última apuesta de Antonio Luque, puede que la definitiva; una sorprendente sonoridad inquieta e incómoda, opaca, sin ningún tipo de concesiones. Se ven por fin los resultados esperados de la capacidad de asumir riesgos del artista español más sugerente de los últimos años; alguien que basa su actitud y discurso en la absoluta y radical relativización de todo lo que le rodea. Capaz de macerar y cubrir de aspereza todo el lirismo de sus composiciones; de dejarlas a la intemperie. Quizás influido por tendencias actuales, parece volver al principio de todo, y reconducir desde allí sus sombríos paisajes por vericuetos más intensos que nunca, cargados de emoción, de un post-rock sin medida ni cánones.

La producción ha corrido a cargo de Paco Loco, al igual que “La Pena Máxima”; de nuevo en sus estudios de El Puerto de Santamaría. También repite Carlos José Martínez en la dirección de los arreglos de cuerda, que en esta ocasión parecen surgir de la ofuscación; irritantes y virulentos, sin respiro, flanqueando a esa descerebrada y taciturna caravana que componen los sonidos que acompañan cada canción, en un paseo de funambulistas y equilibrios azarosos. La batería marca un tiempo marcial, hierático, los platillos inundan de una lluvia de sonido constante esa marcha borrascosa y lenta de unos temas que no desfallecen, se montan unos en otros urdiendo ese camino pedregoso, esa marcha sinuosa. Linda Pitmon, batería de Steve Wynn sella ese ritmo en un par de cortes, de los otros se ocupa Fernando Cañas, nuevo chinarro circunstancial como el resto de sus compañeros de la tensa banda sevillana D4insight, (quienes me imagino que disfrutaran con esto), y el teclista Carlos Ojeda. En “Ya tienes quien te planche” y “Robando gusanitos” Luque mete la voz como Aidan Moffat de Arab Strap, deslizando palabras con ese tono perezoso y siseante que rara vez se topa con el mínimo hilo de melodía que sostiene la canción; lanzando palabras como parpadeos, convirtiendo la voz en un instrumento más, tan propia de esta grabación como la dureza de las teclas finales en “Ya tienes quien te planche”, las tenebrosas cuerdas de “Robando gusanitos”, o la aspereza eléctrica que acaba brotando de la larga y extenuante “Falta”. Sólo un tema como “Merche*”, retoma la primera etapa: la guitarra dibuja paisajes ya recorridos y la presencia del órgano le otorga algo parecido a ese tono melancólico de siempre. Quizás en un intento de dulcificar el final del disco. Algo difícil. JUANFRAN MOLINA.
SR. CHINARRO “La primera ópera envasada al vacío” (Acuarela, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001

La producción ha corrido a cargo de Paco Loco, al igual que “La Pena Máxima”; de nuevo en sus estudios de El Puerto de Santamaría. También repite Carlos José Martínez en la dirección de los arreglos de cuerda, que en esta ocasión parecen surgir de la ofuscación; irritantes y virulentos, sin respiro, flanqueando a esa descerebrada y taciturna caravana que componen los sonidos que acompañan cada canción, en un paseo de funambulistas y equilibrios azarosos. La batería marca un tiempo marcial, hierático, los platillos inundan de una lluvia de sonido constante esa marcha borrascosa y lenta de unos temas que no desfallecen, se montan unos en otros urdiendo ese camino pedregoso, esa marcha sinuosa. Linda Pitmon, batería de Steve Wynn sella ese ritmo en un par de cortes, de los otros se ocupa Fernando Cañas, nuevo chinarro circunstancial como el resto de sus compañeros de la tensa banda sevillana D4insight, (quienes me imagino que disfrutaran con esto), y el teclista Carlos Ojeda. En “Ya tienes quien te planche” y “Robando gusanitos” Luque mete la voz como Aidan Moffat de Arab Strap, deslizando palabras con ese tono perezoso y siseante que rara vez se topa con el mínimo hilo de melodía que sostiene la canción; lanzando palabras como parpadeos, convirtiendo la voz en un instrumento más, tan propia de esta grabación como la dureza de las teclas finales en “Ya tienes quien te planche”, las tenebrosas cuerdas de “Robando gusanitos”, o la aspereza eléctrica que acaba brotando de la larga y extenuante “Falta”. Sólo un tema como “Merche*”, retoma la primera etapa: la guitarra dibuja paisajes ya recorridos y la presencia del órgano le otorga algo parecido a ese tono melancólico de siempre. Quizás en un intento de dulcificar el final del disco. Algo difícil. JUANFRAN MOLINA.
SR. CHINARRO “La primera ópera envasada al vacío” (Acuarela, 2.001)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN MAYO DE 2.001
CARLOS BERLANGA “Impermeable” (Elefant, 2.001)
“Impermeable” reivindica a Carlos Berlanga como uno de los máximos exponentes de ese pop entre sofisticado e insustancial que domina la última vanguardia del pop español. Aquí Carlos gana la partida a todos los llenapistas gracias a una producción precisa de Ibon Errazkin, que deja la que es ya su marca de fábrica: no encorseta los temas y resta previsibilidad y frialdad sintética a las programaciones, dejando casi siempre un mullido murmullo instrumental de metales, cuerdas y arreglos de guitarra (formidable el resultado del “Wave” de Jobim) que alientan la espontaneidad del conjunto. Y, por otro lado, debido a temas inspirados, tanto lánguidos como bailables, que recuperan lo mejor de Dinarama (“Por desgracia no”, “Cul de sac”, y “Manga por hombro”), toman su habitual regusto brasileño (“Lady Dilema”); su particular y desencantada ironía (“A Cannes” o “Impermeabilizado”). O resultan tremendamente efectivos para sus lúdicos fines (“Vacaciones”). JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001
ARAB STRAP “The Red Thread” (Chemikal Underground- Everlasting, 2.001)
La vuelta de Aidan Moffat y Malcolm Middleton a su sello de siempre se inicia con un trabajo menos arisco, con las formas más suavizadas. Dotando a las canciones de timbres algo más coloristas y variados, siempre mates. Las guitarras se sienten más libres y panorámicas. Se nota un menor hermetismo post-rock, en aras de una apuesta sonora más jugosa y concreta; eso sin abandonar nunca sus premisas neblinosas y distantes. La voz más melodiosa de “Amor Veneris”, su sonido lírico y acústico ofrece un respiradero, bien es cierto que cerrado en “Last Orders” donde el sofoco hace desaparecer ese silencio de fondo, de detrás de todo, que suele acompañar las confesiones y pequeñas crueldades de Moffat. Aquí el riff de guitarra vuelve a dibujar perfecta y escuetamente la esencia de la canción, al igual que en “Screaming in the Trees”. En “Scenery” las cuerdas irrumpen suavemente, marcando una sonoridad vibrante y nítida junto a la inspirada guitarra, la cual logra expandir el sonido en “The Long Sea”. El single “Love detective” y “Turbulence”, apuestan por esos ritmos bailables que no dejan de resultar letárgicos, y la suntuosidad de “Haunt me” desarrolla una capacidad de ensoñación disonante y embriagadora. JUANFRAN MOLINA
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ABRIL DE 2.001





