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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
“MIRA QUÉ CARAS: ES EL FIN DEL MUNDO”
EL FIN DEL MUNDO…, tema recurrente en la imaginación, las obsesiones y los miedos del ser humano, llega a la música, claro, tratado como metáfora recurrente, o de forma cursi, ecologista, desenfadada, dramática o apocalíptica, lógicamente.
En este último apartado destaca el aviso de Miguel Nostradamus Ríos en su elepé “La Huerta Atómica” de 1.976. Aún tiemblo con títulos como “Instrucciones a la Población Civil” o “El Carnaval de los Espectros”, ufff. Los uniformados suecos The Hives, van al grano garajero con “Declare Guerre Nucleaire”; y los wagnerianos Muse, después de desvalijar el legado de Radiohead, siguen la estela de un catastrofismo tan básico como pueda ser posible con “Apocalypse Please”. Marilyn Manson, el hombre que no tiene problemas de autoestima, le pega al mal agüero social (“Astonishing Panorama of the Endtimes”), tomándose, ay, demasiado en serio. Al igual que los tenebrosos Godkiller y su grimoso “The End of the World”. Las hordas metálicas también aportan a los sufridos K-Tulu (“Apocalipsis 25D”) y en el orbe metalo-rapero-hispano Def Con Dos (esa nuestra conciencia andante) dan un toque de humor y serie b a “El Día de la Bestia” (de cuando en el cine español se veía gente corriendo); y los mexicanos Molotov acumulan paridas sin descanso en “Apocalipshit” (qué título tan agudo). Menos mal que nos quedan los Japoneses Pizzicato Five, que ponen al mal tiempo buena cara titulando un disco “Happy End of World”.
The Cure volvieron de sus propias catacumbas con un single que los presentaba en buena forma, “End of the world” (el vídeo está gracioso). Así titularon su primer elepé en 1.968 los progresivos griegos Aphrodites´s Child (la banda de Vangelis y Demis Russos). Dramática lluvia de teclados. Desde Liverpool, los supervivientes del tecno de los ochenta Aflock of Seagulls tuvieron la terrible idea del volver en 1.995, con el cd “Light At The End of The World”. El 17 de octubre de 1.970 se grabó casi todo el “It´s After The End of the World” de Sun Ra & His Intergalactic Research Arkestra. El Jazz se inflama trascendiendo este inmundo planeta. John Mellencamp, mientras, nos tranquiliza con “This May not be The End of The World”. Se agradece. Manolo García ya era un redomado existencialista de lo cotidiano en la época de Los Burros (la vibrante “El Faro del Fin del Mundo”); por su parte, el sentimentalismo de La Habitación Roja me pone la piel de gallina, ¿en?: “El Día del Fin del Mundo”, de su disco “Un Mundo Perdido”. Hace quince años Pet Shop Boys estaban anodinos en su “The end of…”, ya sabéis. Sus aplicados admiradores hispanos de Alaska y Dinarama se les anticiparon cuatro años al tratar tan espinoso tema, (“El Fin del…”). Se adivina la influencia de Berlanga en un texto paupérrimo, al hacer rimar sin arrobo Ángel de Luz con autobús. Hablando de esquematismo lírico, o Apocalipsis pijo, qué mejor que “El Fin del…”, que Nacho Cano compuso para el exitoso debut de su grupo, Mecano. Más retadora y enjundiosa es la letra de “El Fin del…” de la portorriqueña Mimi Maura, construida con sus esencias jamaicanas habituales.
Entre las que más me gustan está la preciosa versión de Leigh Nash (cantante de Sixpence None The Richer) junto a la notable banda instrumental Los Straitjackets, del clásico de Skeeter Davis “The End of…” o la irresistible “Banned From the End of the World”, del prolífico trío femenino Sleater-Kinney. Elvis Costello prefería esperar en este r´n´b nuevaolero de su mítico debut (“My Aim Is True”, 1.977), “Waiting For the End of the World”. Los Planetas siguen la estela de 091 en “Canción del Fin del Mundo”, en su letra se insertan ciertas referencias efectistas de la actualidad (“vamos a manipular los resultados”...”y voy a reivindicar los atentados”) en un conseguido ambiente de inevitable decadencia. “El Fin del Mundo” de Los Desechables es un conjuro sónico inspirado por su desmesurada afición a la cultura trash y serie b, influida por los Cramps, una banda determinante para ellos. Grabado en directo, en ese golpe inicial de batería, el obsesivo y caótico feedback de la guitarra y la desgarrada voz de Tere se vislumbran a la vez su ingenuidad y su rabia. “The End” de The Doors, es el final más final de todos los mundos: el “This is the End” de Morrison, resonando en “Apocalypse Now”, o la en gélida versión de Nico. O el Fin tan profusamente narrado por Bob Dylan en “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, tema que aún figura en su repertorio. El “Verano Muerto” de mis añorados Los Bichos, pertenecía a su primer elepé, “Colour Hits”, toda una gozosa celebración de influencias. Enmarcada entre las notas iniciales y finales del “Sweet Jane” de Lou Reed, sonaba cual celebración infantil a cargo de los New York Dolls. No sé si habla del fin del mundo pero... “un millón de esqueletos caminan en silencio... maquillados como putas, en el verano muerto”. REM lograron con “It´s the End of The World…” uno de sus mejores estribillos, que ya es decir; y Stipe una letra curiosa. Por último, de 1.991 es la banda sonora del filme de Wim Wenders “Until The End of The World”, que será recordado precisamente por aquélla. Entre los temas más sobresalientes tanto en música como en letra están “(I´ll Love You) Hill The End of the World” de Nick Cave y “Until The End of The World” de U2.

JUANFRAN MOLINA.
 
EL TIEMPO COMO ARTE
Estimados psicocamaleones, hoy nos centraremos en músicos de pop diferentes entre sí, españoles y superados los cuarenta, que han forjado una carrera solista de frutos relevantes y sin muestras de agotamiento. Su forma de ver la música ha crecido con ellos, siendo su repertorio un abanico de matices cada vez más rico. Sus recientes lanzamientos se han producido en los últimos meses, salvo el de uno de ellos, que esperamos con impaciencia. Ellos son Malcolm, Miguel Ángel, Antonio y José Ignacio.



En Malcolm (también guitarrista de blues), su concepto del pop, de la melodía, es un espolvoreo mágico, a la vez que algo sombrío y reflexivo. Es capaz de extraer una canción de cualquier cosa: chistes privados, anécdotas cotidianas..., y tienen la virtud de parecer hechas minutos antes de llegar a nuestros oídos: soplos instintivos, que circundan distintos estilos (pop, psicodelia, folk, swing...) hilados de forma completamente natural en el taller Scarpa. Él, como Dylan, sólo tiene que atrapar las canciones. Su repertorio respira el marchamo de los clásicos.



Miguel Ángel hace el mismo pop maduro y acendrado desde el primer día, siempre mostrando un dominio, una fidelidad a las líneas maestras del género, y un equilibrio que alcanzan su punto culminante de expresividad en “Ningún Cielo”. Temas excelentes de calado y profundidad en su impecable y brillante lozanía.
Antonio es un compositor acostumbrado a atinar. Responsable de canciones inolvidables incluidas en discos irregulares aunque aprovechables, lastrados por producciones a veces en exceso sofisticadas o vacuas. Nos reencontramos con su esencia en su disco “Básico” de 2.002, y este “3.000 noches con Marga” (producido por el mismo), a pesar de todos sus vericuetos sinfónicos, nos muestra al Vega más inspirado y personal del último decenio; demostrándonos que él se conoce mejor que nadie, y que el tratamiento de las texturas de guitarras es la piedra de toque para resaltar todo el alcance de su lirismo.



José Ignacio ha conseguido desarrollar un sonido propio hecho de materias nobles: Dylan, Kinks, Beatles, Stones, rock setentero, algo de punk y new wave. No estoy cayendo en tópico alguno: sus composiciones desde hace veinte años van mucho más allá de las enseñanzas de sus maestros; transmitiendo un discurso particular, recalando en un espacio único.
Al contrario de Malcolm, a Antonio le van los desarrollos instrumentales, fiel a su formación setentera tiende a alargar los temas. Sin embargo, ambos gustan de acercamientos jazzísiticos. El primero es prolífico frente a la discontinuidad del segundo.



Los otros tres son más prolijos que Malcolm (sobre todo el último Vega), mientras él apuesta por una espontaneidad ya legendaria, lo que le diferencia de la cierta gravedad de sus compañeros de artículo. Menos Vega, el resto gusta de recreaciones de pop psicodélico y tributos a la armoniosidad de los sesenta. Aquél tiene una expresión sonora más accidentada e intrincada. Antonio y José Ignacio provienen de bandas históricas a las que siempre estarán unidos (Nacha Pop y 091). Ambos son excelentes letristas, a la cabeza del pop tomado como particular y remarcable expresión poética en castellano. Idioma que comparten todos, con la reciente incorporación de Malcolm. Los cuatro, a pesar de su desigual repercusión comercial, son caminos secretos algo extraviados; áreas de respiro y reflexión en la gran autopista del ruido y la actualidad, con sus cunetas hechas de olvido. JUANFRAN MOLINA.

ESCRITO EN MAYO DE 2.005
 
DIRECTO DE MALCOLM SCARPA Y SU CONJUNTO
FERIA DEL LIBRO. GRANADA
19 DE MAYO DE 2.005





Junto a la residencia veraniega de Lorca en la Huerta de San Vicente, ese lugar en el que tantas actuaciones exclusivitas se realizan, estaba el ocasional escenario al que subió, pañuelo en mano, un malhumorado y constipado Malcolm Scarpa; complementado (con la ausencia del Serpentina Paco Tamarit) por Luis Castro a la batería y ocasional piano, y el siempre animoso Luis “Reynaldo” González al bajo y coros. No se parecía esa noche Malcolm a la especie de duende marciano, mágico miniaturista de pop y psicodelia, que conocemos, o imaginamos; pero las canciones estaban ahí, perfectamente vivas y dispuestas a llevarnos de viaje.
Al aire libre, ante unas decenas de espectadores sentados aquí y allá, fueron desgranando un repertorio surgido más o menos sobre la marcha de entre ese medio centenar largo de canciones que llevan preparadas. Quizá se echase de menos una mayor continuidad entre los temas, en ocasiones precedidos de excesivas pausas. Abrieron con “La Farmacia Ambulante”, con teclados y sin batería; y tocar después la música de cabecera de aquel programa de Jesús Gil, no ayudó a meterse en el concierto precisamente, hecho que comenzó a fraguarse minutos después con la dylaniana “En los Bajos del Cine San Pol” o el clásico swing “Laughing Rhythm” de Slim Gaillard. Los temas de “Las Cosas Cambian” se alternaban con otras versiones como “I got the blues when it rain” de Buddy Guy y “Love of my Life” de Zappa; o rarezas de su repertorio como “Funkadella”. En directo, el guitarrista de blues se encarama a menudo sobre el creador pop, recorriendo diabólico el mástil, hiriendo las cuerdas con o sin púa, y convirtiendo a su conjunto por momentos en power-trío (la versión de Guy o la poderosa inyección blues que recibe “Formica 2.000”). “Your Name Is…” fue el primer tema que tocaron de sus míticos trabajos de los noventa, otra vez con Wurtlizer y con Luis González marcando el ritmo a la batería. A partir de ahí el concierto se creció, con temas como “Turn Your Radio On” o “Cellophane House”. Finalizando con el estupendo tramo formado por “About Old Stockholm”, “El Estanco de Paula”, “Sunday Afternoon” y el postrero regalo de “This Time”.
Al salir del concierto, junto a mi coche, un tipo le mostraba un móvil a otro diciéndole que pronto desaparecerán los teléfonos fijos, las agendas, las cámaras de fotos, los despertadores, los sobres, los sellos…

JUANFRAN MOLINA.
 
ENTREVISTA A DIEGO A. MANRIQUE
“UNA VIDA MARCADA POR TODOS LOS RITMOS”




Profesional del periodismo musical desde 1.975, ha tenido el privilegio de vivir in situ los rotundos vaivenes musicales y sociales de un país tan apresurado y a la vez tan conformista como el nuestro. Todos sus oyentes le deben un disco que de otra forma jamás hubiesen conocido; todos, incautos, se han quedado alguna vez estupefactos al escuchar algún cambio de tercio en sus programas. Tan libre y heterodoxo como debería ser cualquier aficionado de aquí, mantiene vivo un mundo paralelo alimentado de discos y actitud; donde todas las geografías están a la misma distancia del oído y la actualidad es mucho más que el presente,como podemos comprobar cada dia en "El Ambigú" de Radio 3. Diego A. Manrique al teléfono.




- ¿Cuánta gente va quedando en los tiempos que corren que “no necesita que se le diga lo que tiene que escuchar”?

Yo creo que aún existen numerosas minorías de gente que busca determinadas músicas y sabe localizarlas. Ahora es mucho más fácil que nunca conseguir todo tipo de música, gracias a Internet y gracias a las importadoras. Lo que pasa es que esas minorías siguen siendo un porcentaje pequeño con respecto a los que escuchan lo que los poderes fácticos dicen que hay que consumir.

- ¿Cómo recibiste la concesión del premio Ondas?

Con sorpresa, porque el premio Ondas lo concede la Ser y siempre tienden más a premiar a radiofórmulas. Y bien, a caballo regalado no le mires el diente.

-El paso del tiempo tiende a relativizarlo todo, a estas alturas ¿qué marca indeleble crees que dejará el rock en la historia desde un punto de vista sociocultural?

(Risas).Yo creo que marca dejará, lo mismo que la han dejado otras músicas que han impactado o que han movido masas como el tango, el blues, el jazz o montones de otras músicas que tienen más de cien años. Lo que ocurre es que es un monstruo tan grande y tiene tantas cabezas que se necesitarán muchos años para tener una idea clara del impacto que ha tenido.

-A día de hoy ¿qué puede ofrecer el rock´n´roll creativamente hablando?

Debe utilizar formulaciones frescas con lo que ya hay, es decir, básicamente es muy difícil que algo te sorprenda. Todos los géneros que ha habido en el rock siguen en activo, pero siempre hay alguien que coge los cuatro elementos que sean los coloca de una forma diferente, les da otra perspectiva y de repente pues suenan frescos.

-¿Cuándo dejó de ser un referente?

Quizá cuando empezaron a llegar todo tipo de ofertas de ocio que compiten con la música como son los videojuegos, las drogas obviamente (que consumen una gran cantidad de dinero), Internet, o la pasión por las discotecas y por la vida nocturna; todo esto hace que el rock ya no tenga esa preeminencia que tenía antes. Incluso el fútbol yo creo que cada vez crea más pasión o por lo menos nos lo meten con mayor intensidad. Esto hace que el rock se haya retirado y que sea una oferta más entre otras.

-¿En qué momento cesó de evolucionar a golpe de creatividad, cuándo se inicio la maquinaria del constante reciclaje, que creo que es el motor que lo sustenta actualmente?

Quizá los primeros revivals empiezan a aparecer en los años setenta, los del rock and roll básicamente. En los años ochenta se acortan los tiempos entre ellos, aparece el ska que es una música de diez años antes y a partir de ahí es como si todas la músicas estuvieran en supermercados, en exposición; y cada vez es más fácil recurrir a esas fórmulas que están en la mayor parte de los casos muy desarrolladas porque han tenido su vida y están ya codificadas, y se sabe quiénes son sus pioneros y quiénes son los genios de cada género, y eso facilita mucho todo este proceso de reciclaje. Es algo que, por ejemplo, uno ve mucho en los grupos japoneses que tienen una pasmosa capacidad para apropiarse de todo tipo de músicas debido a que cuentan con tiendas de discos francamente fascinantes y bien repletas de todo tipo de material. Yo diría que el proceso al que te refieres viene desde los años ochenta hacia acá.


-Al hilo de lo anterior, ¿Cuándo dejó de parecerte la actualidad del rock excitante?

Desde que se extendió la idea que tienen muchos compañeros de profesión de aceptar que la realidad de rock la decide una revista que se llama New Musical Express, el hecho de que en España todo lo que diga esta revista se considere ley divina. Se trata de un semanario que sale en Londres, en un determinado país, para una determinada cultura, con una determinada industria discográfica; y encuentro absolutamente patético que todo lo que se dice en el New Musical Express se considere como que no tiene discusión. Yo en este extremo aprecio más la actitud que tienen los franceses en el sentido de que tienen las antenas más abiertas y no dejan que los ingleses les vendan burras cada semana sino que tienen sus propios criterios, filtran lo que les interesa y definen una estética propia. Aquí lo que acontece es un seguidismo de los gustos londinenses que es bastante pernicioso.



-Sabemos que eres coleccionista de discos, quisiera saber cuántos discos tienes y que porcentaje te suenan ya repetidos.

Si me pusiera a contar los discos que tengo me moriría de vergüenza y me dedicaría a venderlos, tengo demasiados discos. Lo que ocurre es que siempre los discos, con el tiempo te revelan sorpresas, discos que en su momento no te llamaron la atención pues veinte años después escuchas alguna canción de ese disco en una película o en una recopilación y te hace volver a ellos y redescubrirlos con gran placer. Pienso que una colección debería ser un ser vivo al cual recurres de forma regular y esto es lo que hago en el programa de radio, que es eso, tener la capacidad de que si de repente te interesan determinadas cosas poder buscar esos discos y asombrarte, en alguno casos positivamente y en otros, desgraciadamente, lo que te pareció soberbio con el paso de los años lo vas relativizando y tiene menos fuerza.

“El problema no es que la música tenga
patrones anglosajones, lo que estoy buscando
siempre es la personalidad, que el artista
que esté detrás utilice esa materia y la
convierta en algo propio, algo que te comunique”


-Hay características que creo seculares en los músicos españoles de rock, como la tendencia a despotricar o ningunear a generaciones anteriores de aquí sin atreverse a incluirlas en su bagaje públicamente. ¿Hasta qué punto ha cambiado esto, si es que lo ha hecho?

Hay gentes como Los Planetas que son conscientes de que vienen de una tradición, pero el modelo general es el de matar a los padres. Muchos aparecen despreciando todo lo anterior y yo creo que eso es una actitud suicida, una actitud que revela la superficialidad de muchos de estos músicos. Entiendo que si eres un grupo joven y surges en un determinado momento, tienes que mantener una cierta pose arrogante pero en muchos casos en la música española lo que ves es simplemente incultura. A veces escucho o leo entrevistas y digo cómo es posible, cómo tienen vergüenza para intentar desarrollar una música creativa cuando no saben nada de lo que ha habido antes, y claro, lo que ocurre es que en muchos casos lo que hacen es repetir los errores de sus predecesores porque no han sido capaces de asimilar esas enseñanzas.

-¿Cuál puede ser la explicación a todos esos prejuicios que hacen que muchas veces se abandone la memoria histórica de la música en España?

En principio es una característica del país, que está empeñado en vivir siempre en presente y que carece de curiosidad histórica y desde luego el ambiente no potencia esa curiosidad por lo que ha habido antes. Es algo que forma parte de un proceso general y, bueno, siempre se ha dicho eso de que la historia siempre se repite, la primera vez es una tragedia y la segunda es una comedia; en muchos casos está ocurriendo eso, que esa ignorancia, esa incultura, hacen que haya muchas músicas que nacen taradas porque no están pegadas a la tierra.

-He leído que verías con buenos ojos ciertas medidas proteccionistas de los gobiernos hacia sus músicas propias, frente a los gigantes multinacionales, pero ¿cuál es el verdadero peligro, las imposiciones anglosajonas o la vacuidad sin fondo de la industria española?

Para los que hemos vivido la España de Franco, ese tipo de leyes que existieron y que posiblemente no hayan sido derogadas (como una ley que hizo el ministro Fraga, que lo era de Información y Turismo, que especificaba los porcentajes de música española que tenían que sonar), son leyes feas, incómodas pero no sé si llegado el momento pueden ser útiles. Lo que hay que hacer es estudios muy serios de qué es lo que realmente se escucha y qué es lo que se consume. Pero claro, tampoco sirve de nada que tenga que sonar un cincuenta por ciento de música hecha en España cuando esa música es tan basura como la mayor parte de la que encuentras en la lista de ventas de AFYVE.

- Como profesional del periodismo musical, ¿cómo recibiste el fenómeno de los primeros ochenta y cómo lo valoras desde la distancia?

Yo me vine a vivir a Madrid a finales del setenta y nueve, y lo tuve alrededor de mi casa porque todo ocurría aquí en el centro de Madrid. Lo viví con entusiasmo, y, con el paso del tiempo lo que sigo viendo es una cantidad de canciones y de oferta musical asombrosa; y de hecho, cuando salen estos recopilatorios de cinco cd´s de la época uno se queda boquiabierto, porque bueno, sabemos que estaban Radio Futura, Nacha Pop, Alaska, etc. pero lo que hay detrás son docenas y docenas de grupos que muchos de ellos tienen canciones muy llamativas, unas actitudes muy imaginativas. Y esas canciones siguen viviendo, ya que tanto en Madrid como supongo que en otras ciudades hay locales donde se nutren básicamente de esta música. Eso, a estas alturas quizá no sea muy sano, pero por otro lado ves que la riqueza y la abundancia de propuestas que había entonces es mucho mas grande que la que tenemos ahora.

-En tu intervención en Málaga, en las jornadas de la Música Contada, creo recordar que el único grupo español que pusiste cuyo trabajo partía de patrones anglosajones fueron Golpes Bajos, ¿qué otros grupos de rock de aquí consideras poseedores de marcada personalidad o de cierta originalidad?

He mencionado antes a Nacha Pop y a Radio Futura que desde luego tenían enorme personalidad, insisto, el problema no es que la música tenga patrones anglosajones o patrones cubanos o patrones argentinos, lo que estoy buscando siempre es la personalidad, que el artista que esté detrás utilice esa materia y la convierta en algo propio y en algo que te comunique. Esos dos casos me parecen que son evidentes de grupos que tienen un espacio musical propio aunque partan de determinadas influencias y un mundo de sugerencias y sentimientos que es absolutamente personal. Y en el caso de Golpes Bajos lo triste fue lo breve de su trayectoria y el hecho de que su propuesta no llegara a desarrollarse plenamente.


-El Ambigú (Radio 3) inició su andadura en radio 3 en 1.992, ¿Cómo resumirías la década de los noventa en España?

A partir de 1992 se produce una bajada tremenda quizá porque los grupos que habían surgido durante los años ochenta estaban demasiado presentes y en muchos casos se habían desgastado y comercializado. Hubo una reacción que fue todo el movimiento indie que, desdichadamente, perdió la voluntad comunicativa que había en la década anterior. La perdió por cantar en inglés y por hacer música para pequeños clanes y no con una voluntad más amplia. Entonces lo que se ha visto ya al avanzar los noventa es una cierta recomposición de creatividad; pero aun así ves que hay músicas absolutamente maravillosas que se hacen en este país y pasan totalmente desapercibidas. Yo creo que durante los años ochenta (insisto, no hay que mitificarlos), había una mayor apertura de los medios y de la industria hacia cosas nuevas y así esas cosas nuevas tenían posibilidad de salir a la superficie; en este momento lo que hay es una degradación del gusto y del consumo alentada tanto por la industria como por los medios. No interesa la creatividad, la frescura, la grandeza de una música tanto como las ventas y esa es una tendencia penosa. Pero no únicamente en la música, uno ve la publicidad de best-sellers que te dice “tres millones de libros vendidos…” o de las películas: “una película que ha costado cien millones de dólares…”. Y te preguntas que tiene que ver eso con la calidad.



-¿Qué tienen de positivo y negativo las militancias estilísticas?
El que existan clanes o sectas que tengan una militancia muy clara con una estética es inevitable. Posiblemente si uno investigara vería que estos músicos en su vida cotidiana consumen otras músicas, es decir no comen sólo un tipo de comida. Pero bueno el centrarse en un estilo muy rígido ayuda a que en el arco iris de tendencias que hay exista una mayor riqueza. Tampoco vamos a querer que todos los grupos sean mestizos ya que muchas veces son discos en los que el primer tema es ska, el segundo reggae, el tercero es son, el cuarto rumba, el quinto soul, etc…

“Centrarse en un estilo muy rígido ayuda
a que en el arco iris de tendencias que hay
exista una mayor riqueza”


-¿Qué opinas del devenir de la escena independiente española actual de pop y rock?, ¿qué falta?, ¿qué merece la pena destacar?

Lo que se ha visto es un bajón en las ventas tan impresionante y una disminución de su relevancia. Ahora es demasiado fácil sacar discos y muchas discográficas lo que hacían era prácticamente sacar todo dentro de lo que coincide con sus gustos. Por lo que yo sé las compañías independientes están en una situación francamente delicada y si hubiera estadísticas uno vería que cada vez sacan menos discos, que sus oficinas cada vez son más pequeñas. Están sintiendo la presión del mercado está claro, pero siguen siendo básicas para muchas cosas, por ejemplo toda la escena del rap prácticamente se hace en sellos independientes.

-Y, en general, ¿qué te ilusiona de lo que se hace actualmente en nuestro país?

Me sigue dejando boquiabierto la capacidad que tienen algunos artistas andaluces para crearse mundos totalmente personales y el desparpajo con el que se enfrentan, gente como Los Delincuentes o Mártires del Compás ante todo. Luego hay cosas que me llaman la atención que son más bien flores de determinadas zonas. Un artista gallego que se llama Juan Rivas, que antes estaba en Stereoceano, ha hecho un disco maravilloso y naturalmente ha pasado desapercibido; o la audacia de la propuesta de Enrique Bumbury, la capacidad que tiene para reinventarse y para meter todo en la batidora. Hay muchas cosas, lo que ocurre es que hay que buscarlas muy afanosamente porque se encuentran generalmente fuera del radar de los grandes medios.

-¿Qué lección recibimos musicalmente de Latinoamérica en general y de México en particular?

Lo que uno ve cuando va a Méjico es el entusiasmo, la vida, la energía que le ponen a la música. Son artistas que cuando salen al escenario dan lo mejor de ellos, es que se lo quieren comer todo. Son artistas que además se enfrentan con un fondo social bastante hostil. No parece que sean muy belicosos socialmente, no digo políticamente (no hablo únicamente del caso de las referencias al zapatismo); pero sí que es una música que se enfrenta a más dificultades y sale con más fuerza, con más ganas de comerse el mundo, con una intensidad y una necesidad muy fuerte de comunicar con la gente, porque allí quizá el fenómeno del rock sea más reciente. Hasta bien entrados los años ochenta aquello estaba verdaderamente reprimido y marginado. Además, ves que son artista que meten todo en la batidora, tienen un mundo interior muy grande y sobre todo son artistas con capacidad para comunicarse. También es cierto que saben que tienen un doble mercado porque no sólo tocan en México sino que recorren prácticamente todo EEUU y eso les hace más audaces y abiertos. Durante mucho tiempo los grupos españoles iban de forma regular a Sudamérica, ahora cada vez menos y yo creo que el no moverse les hace más reducidos en su visión.

-¿Qué conclusiones has sacado de la relación de la gente con la música, desde tu experiencia de pinchadiscos?

Pues sigue siendo un misterio, ya que cada vez que pinchas hay músicas que pones en la radio y funcionan muy bien y en la pista de baile no funcionan tanto. Cada noche todas las ideas que tuvieras previstas pueden cambiar. A lo mejor pinchas en Sevilla o Málaga con gente entusiasmada y luego vas a otra ciudad como puede ser Huelva y prácticamente con la misma música encuentras mucha menos reacción. Es un misterio la forma en que la gente recibe la música y cada vez que pinchas es una experiencia fascinante porque dependiendo de lo que pongas, de cómo lo pongas, puedes conseguir distintas reacciones. Yo creo que lo bonito de pinchar es poder observar ese efecto de la música, a diferencia de estar en la radio que no sabes realmente como te está recibiendo la gente salvo mediante una llamada o un e-mail.

-Cómo experimentado entrevistador, a lo largo de estos años, ¿cómo ha cambiado en general la mentalidad de los músicos, o de las estrellas que has entrevistado?

No sé si se puede decir que ha cambiado mucho, pero lo que si ocurre es que el mundo de la música está imitando los peores sistemas de promoción del mundo del cine. Cada vez el tiempo está más controlado, tienes menos acceso a los artistas. Si pueden intentan evitar las cuestiones polémicas, pasan cosas que antes no ocurrían como que un manager o una discográfica intenten determinar quién es el periodista que entrevista a sus artistas o que intenten, y en algunos casos consigan, el derecho de revisar el texto. Un tipo de cosas que hace diez, quince, veinte años eran inaceptables ahora se nos están colando en parte debido, como digo, a esa imitación de las técnicas del mundo del cine, que son verdaderas dictaduras en su forma de tratar a los medios de comunicación.

-¿De qué artista actual merece la pena quedarse con las toallas usadas en un concierto como recuerdo? (La pregunta surge porque Diego hizo esto mismo en una actuación madrileña del ex – Byrds Roger McGuinn).

(Risas). Yo eso de llevarme las toallas sólo lo hice una vez y la verdad es que es una tontería. Más que el hecho de la toalla lo que te queda en momentos que tengas ese impulso de llevarte un recuerdo son esos instantes en que pareces estar levitando y piensas que por escuchar eso y por vivir ese momento valen la pena todas las pequeñas miserias y los condicionante que tienes que soportar en este mundo, en esta profesión.

- Por último, tú que has vivido significativos cambios sociales y estéticos, ¿qué reflexión te produce el panorama actual?, ¿dónde está la salida del túnel si ésta existe?

Me da casi reparo hablar de esto porque es que tendemos a ponerlo todo tan negro que puede resultar hasta contraproducente porque da la sensación de que no tiene salida. Cuando eres un periodista de base lo único que realmente puedes hacer es mantenerte fijo en tus ideas y en tus creencias y luchar por esas músicas y si no se tiene ni el poder económico ni el poder político para cambiar nada significativo, sí se puede tratar de mantener la idea de que merece la pena hacer las cosas de la mejor forma posible como periodista, como radiofonista como cualquier trabajo que tengas relacionado con el mundo de la música y yo creo que esa idea te da la propia satisfacción. El que los gustos musicales de la mayoría hayan degenerado y el que las discográficas claramente hayan dejado de respetar a los artistas, no puede ser la excusa para que los demás nos metamos en esta dinámica del todo vale.

JUANFRAN MOLINA.

PUBLICADA EN “UNIVERSO POP” EN AGOSTO DE 2.002



 
ENTREVISTA JOSELE SANTIAGO
“EL ESPACIO INTERMEDIO”

La música de Josele Santiago siempre ha desbordado sus cauces, por muy perfilados que estuvieran. Esa sensación de que había algo más allá de lo que ofrecían sus discos con Los Enemigos, se materializa claramente en su debut en solitario, “Las golondrinas etcétera” (Virgin, 2.004). Algunos lo llaman casticismo, y otros añadimos inspiración, capacidad de observación y conocimiento profundo del terreno que se pisa. Por eso puede sustituir el riff por el detalle, la perpendicularidad pétrea del sonido por la cremosidad de curvas que se entrecruzan antes de llegar al oyente. Las canciones gozan de un tratamiento que les permite respirar infinitamente, están vivas: las puedes notar cambiar, sentir palpitar, reír, lamentarse. Josele se sitúa en un personal punto intermedio y rinde tributo a Chavela Vargas, al sonido Motown, al swing, al country, a la psicodelia, a Waits, a Reed, a sí mismo y a todos los que amamos la amplitud del lenguaje del rock´n´roll. Leamos pues.




-¿ Hace veinte años te imaginabas haciendo trabajos en solitario en un futuro?

Con diecinueve años uno anda con las hormonas al baño maría y, puestos a imaginar, imagina mayormente cochinadas.

-¿Has sentido vértigo de lanzarte en solitario?, ¿cuáles eran tus principales dudas?

Vértigo es precisamente lo que quería volver a sentir. Afrontar las canciones con un espíritu más libre. Arriesgar. Hacía tiempo que no disfrutaba con ellas, que no conseguía insuflarles vida. Los Enemigos acabamos por dejarnos arrastrar por nuestra propia inercia y las primeras víctimas estaban siendo las canciones.

-Respecto de las presentaciones en directo que llevas, ¿te has sentido algo desprotegido sin un nombre como Los Enemigos detrás?

Es ahora cuando lo llevo detrás. Y estoy encantado, porque antes tenía la sensación de llevarlo encima.

-¿Cuál ha sido la respuesta del público hasta el momento?
Esperaba más vestiduras rasgadas, la verdad, porque la controversia parecía servida, pero los nostálgicos recalcitrantes han brillado por su ausencia. Han sido las canciones las que han ido señalando este cambio de trayectoria. No ha venido dado por capricho. Y estas cosas, supongo, se notan.

-¿Has adaptado algún tema del repertorio Enemigo a tu sonido actual?, ¿a qué canciones de Enemigos te apetece más hincarles el diente con la nueva formación?

Hay canciones que parecen prestarse gustosas a las maneras que me interesan ahora, más juguetonas. Otras, sin embargo, se resisten. No me voy a pelear con ellas, a estas alturas.

-Quitando los temas más fuertes, “Las golondrinas…” me recuerda a algunos momentos del “Sursum Corda”, y también a su mayor variedad sonora respecto de trabajos posteriores. ¿Qué pueden tener en común el proceso de composición de ambos trabajos?.

No se me había pasado por la cabeza, pero es cierto, tiene sentido hablar de similitudes. Qué curioso, parecen tener algo en común. Puede que sea la escasa prudencia con la que se plantearon los dos. El “Sursum” siempre me pareció uno de nuestros mejores trabajos y, mira por dónde, es un disco en el que las prisas nos obligaron a ser bastante menos minuciosos que de costumbre.

-Supongo que en este tiempo habrás desechado bastantes temas y diferentes opciones para trabajar o grabar las canciones ¿puedes contarnos algunas ideas que hayas desechado en beneficio de éstas?

No soy tan prolífico como para permitirme desechar demasiados temas, ojalá lo fuera. Sin embargo las ideas (las musicales) suelo tenerlas muy claras. Procuro hacerles caso a las canciones, darles lo que creo que me van pidiendo. Éstas pedían a gritos ser grabadas en riguroso directo, voz incluida. Y para eso, no hay nadie mejor que Nacho Mastretta en la producción. La banda, inmejorable, estaba clara. Los arreglos también. Las ganas, el entusiasmo y la diversión, garantizados. Aceptar cualquiera de los otros procederes ( todos ellos basados en la pulcritud y la prudencia) que me ofrecieron por ahí hubiera sido hacer el canelo.





“Hacía tiempo que no disfrutaba con las canciones, que no conseguía insuflarles vida”


-¿Existe alguna finalidad compensatoria para incorporar al disco los temas acústicos o simplemente estaban entre los mejores que compusiste?

Borrico” y “Soldado limpiando un fusil” ya venían así, desnudicas, de casa. Sin embargo, a “Sin perdón, dormid” le tuvimos que dar muchas vueltas para acabar dejándola también en bolas, que es como resultó estar más guapa.

-¿Cuál es la canción cuya evolución en estudio te ha sorprendido más?

“Con las manos vacías”, sin duda. La escuché por ahí, de casualidad, y me hizo llorar. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así. Se la enseñé a Nacho y al día siguiente apareció en el estudio con los arreglos. Repartió las partituras y...¡salió a la primera!

-¿ Y en cuál saltaron más chispas (positivamente hablando)?
Creo que nunca he disfrutado tanto en un estudio como grabando “Rompes mi canción” con estos sacacuartos.

-¿El resultado se parece a lo que esperabas para tu debut en solitario?

Uno cree que lleva las cosas muy claras en la cabeza. Nacho y yo estuvimos trabajando duro en los arreglos ( los dos en gayumbos y echándonos jarras de agua por la espalda, porque fue durante la ola de calor del verano pasado) , pero lo bueno llegó después, en el local de ensayo. La banda respondió de tal manera que no dábamos crédito. Son ellos los que les dan la vida a las canciones. Ellos pusieron toda esa magia con la que, desde luego, yo no contaba.

-¿Le estás exigiendo más a la voz ahora?

El hecho de sentir que las canciones me pidan cambios drásticos en cuanto a las prioridades, que ahora no me interese la contundencia y sí la interacción entre los músicos, que huya de las estridencias y busque sonidos limpios, que ponga especial cuidado en los silencios, que me empeñe en grabar cantando en riguroso directo... Todo eso sospecho que está encaminado principalmente a una necesidad muy concreta: encontrar espacio para cantar.



-¿Ha cambiado mucho tu forma de componer y trabajar las canciones estos dos últimos años?

La forma de componer sigue siendo la misma: guitarra acústica, un tecladito, papel y lápiz. Pero andar por la vida sin una banda fija te priva de muchas cosas. La que más echo en falta es la posibilidad de contar con una visión objetiva inmediata a placer, es decir, de llamar a los chicos para ir a ensayar en cuanto hay una canción en ciernes. Mi nueva situación me ha llevado, por falta de experiencia, a tener aparcadas las canciones durante meses hasta que pude reunir a la gente con la que quería trabajar. Lo que, por cierto, ha resultado ser bastante perjudicial para una salud mental digamos que de por sí quebradiza.

-Respecto de “Con las manos vacías”, quisiera que nos dijeses en primer lugar, si tenías un empeño especial en meter una versión en el disco y por qué y, siendo ésta, qué te hace iniciar los conciertos con ella, teniendo en cuenta que es la canción que resulta más chocante para el público.

Quería hacer una versión, lo que no sé es por qué. El caso es que apareció esta canción y la hice. Después, al plantearme el directo, me di cuenta de que es ideal para empezar. Por muchos motivos. Es importante captar la atención del público desde el primer momento, y para eso conviene sorprenderlo. Esta canción es tan brutal que deja al personal como petrificado y, por otro lado, es tan intensa que a nosotros nos calienta desde la primera nota. Empezar así también lleva implícito un mensaje subliminal, algo así como “Hola, he vuelto y a partir de ahora va a valer todo”.

-Tras mucho escucharla, el ambiente general de “Serrín” me lleva a relacionarla con el “Berlin” de Lou Reed. ¿Es demasiado imaginar?.

No sé. Desde luego el aire que respira no es sano. Es una canción tabernaria y bastante sórdida. Pero no es una canción triste, es sólo que está sin un duro.


“Empezar así (los conciertos con “Con las manos vacías”) también lleva implícito un mensaje subliminal, algo así como “Hola, he vuelto y a partir de ahora va a valer todo”. ”


-¿Cómo han evolucionado tus gustos musicales en los últimos años?, ¿qué nuevos sonidos has incorporado a tu colección de discos?

Escucho básicamente música negra del siglo pasado.

-¿Cómo ves el panorama nacional, y qué lanzamientos de grupos españoles recomendarías a alguien que quisiera iniciarse en el pop y el rock que se hacen en España?

Me gusta mucho el disco de Pablo Novoa, el de Los Coronas, el de Victor Coyote, el de Albert Plá, los Dr. Explosión, yo qué sé. Espero ansioso material nuevo de Kiko Veneno. Me gustaría que Rafael Amador volviera a hacer música. ¿Grupos nuevos?. Yo qué voy a recomendar a nadie, si no me entero de nada.

-¿Cuál consideras que es el lugar del artista en la sociedad actual?, ¿crees que la politización o la proyección pública a diferentes niveles les exige más de lo deben o pueden dar?

No creo en “el artista”, así en general. Cada enfermo es un mundo. Seas músico o seas carpintero, la única obligación que tienes es la de encontrar tu sitio. Y asumirlo, claro. Como músico o como carpintero. No el que se te supone sino el que tú reconoces como tuyo.

-Recordando la década pasada, ¿cómo afectó a Los Enemigos la oleada de música interpretada en inglés y el abrazo sin condiciones de las nuevas tendencias, en lo referente a ventas, público y crítica?

De repente a los grupos nuevos les dio por cantar en inglés, qué quieres que te diga. Personalmente supongo que en el plano teórico debería darme igual, pero en el práctico no puedo evitar que me suene un poco a nota falsa que un tío de Zamora componga canciones en inglés. A nosotros nos afectó tanto como la moda aquella de los nuevos románticos, o sea, nada. Aunque a Fino y a Manolo parece que con el tiempo les sedujo la idea y en ello están.

-Pasado este tiempo desde la grabación del disco, ¿qué letra te parece más sustanciosa y posible estímulo de reflexión?.

Modestia aparte, creo que todas se merecen un vistazo, por lo menos. Aunque haya dos en particular que quizás merezcan más atención. “Sin perdón dormid” y “Feliz big bang” dicen más cosas de lo que parece.

-¿Crees que el rock, sus esquemas sonoros, ha constreñido en algún momento de tu carrera tu creatividad?

Cuando Los Enemigos intentábamos abrirnos a estilos más libres como el Blues, el Soul, o el Vodevil, se nos veía un poco el plumero, creo yo, porque no fuimos capaces de despreocuparnos. En lugar de tirarnos sin red a ver que pasaba seguíamos obsesionados con la precisión y la minuciosidad que caracterizan las maneras de una banda de rock “sin roll”. Cuando buscábamos swing parecíamos autómatas, no éramos capaces de olvidarnos de la contundencia. No sabíamos jugar.

-¿Qué sensaciones te produce el momento actual de tu carrera?

Si yo no estuviera contento ahora me deberían colgar de los huevecillos, hombre.

-Despídase de los lectores de UNIVERSO POP, por favor.

Pues adiós muy buenas, señoras y señores lectores, que les vaya todo bien.

JUANFRAN MOLINA.

APARECIDA EN “UNIVERSO POP” EN JUNIO DE 2.004
 
RADIOHEAD “Hail to the thief” (Parlophone-Emi, 2.003)
Tres años después de las sesiones de grabación de “Kid-a” y “Amnesiac”, la banda de Oxford vuelve con más de lo mismo, otra andanada de sensaciones a flor de piel. Desarrolla las múltiples peculiaridades de su pop de vocación y devoción clásicas, despojándolo de lastres, dejándolo suspendido en el aire y deconstruyéndolo para dejar maravillosas canciones por el camino. Su gran apuesta por la electrónica como método para alcanzar la abstracción sónica, la subversión de lo previsible y la renovación de estructuras, es compartido esta vez con un acercamiento más evidente al rock y al pop, fruto de un viaje de ida y vuelta no hecho de vacío. Las composiciones, cargadas de estímulos sensitivos, siempre ofrecen más de un punto de vista, una curva inesperada, una caída al vacío, un juego de manos. Van de lo esencial a lo majestuoso. De las guitarras furibundas a las programaciones de ritmo.



Así, temas como “2+2=5”, que partiendo de su esquematismo habitual deriva en rock de riff afilado o “There there“, el primer single del álbum, que observando algo de Neil Young, tras su inicial ritmo sincopado, logra un desarrollo a partir de las guitarras que lo convierten quizá en el tema más logrado del disco. “A punchup at a wedding”, recuerda de nuevo a Young, esta vez el de “Tonight´s the night” y su deambular espeso y taciturno; además, los coros finales parecen aportados por Crosby, Stills & Nash desde el “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. Y, en una línea cercana geográficamente, “Go to sleep” revive la intensidad acústica y progresión sonora del rock ácido californiano. Por su parte, “Myxomatosis” suena a unos Pearl Jam sintetizados. La vibrante “Where i end and you begin” responde también a una estructura compositiva clásica, basada en percusiones, y tanto “Scatterbrain”, tema que parece provenir de las sesiones de “O.K. Computer” (Parlophone, 1.997), como la final “A wolf at the door” optan por un clasicismo cristalino, lacerante en su brillo. “Sit down, stand up” recobra lo turbador del sereno dramatismo de su exploración espacial, terminando de forma trepidante. En “Sail to the moon” destaca el recogimiento sombrío del piano, esa sensación tan perturbadora como tenue y minimalista que se repite en la breve “I will”. “We suck young blood” presenta la estructura más curiosa y experimental, ritmo seco marcado por palmas y piano grave que por unos instantes sabe a blues, recordando esas pinceladas suyas de jazz y sonidos añejos, la importancia de los silencios. Y, por último “Backdrifts” y “The gloaming” se desenvuelven entre la dejadez y la exactitud mediante la excitación rítmica de las programaciones. JUANFRAN MOLINA.

PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN SEPTIEMBRE DE 2.003

 
NACHO VEGAS “Cajas de música difíciles de parar”(Limbo Starr, 2.003)
“LA VUELTA AL ALMA EN VEINTE MUNDOS”

Desde el crescendo inicial de “Noches árticas” (con la colaboración de J de Los Planetas en la segunda voz), y la suave ondulación melódica que convive con su claustrofóbico ambiente y oscuras pretensiones, se penetra en un dulce espacio musical, atravesado de emociones y determinado por sensaciones de intensas vivencias.
Todo esto se sostiene sobre una instrumentación sólida, medida pero fluyendo naturalmente, conformando un fondo mate, articulado y rico, que secunda discreto las evoluciones de Vegas; cantante-narrador que aprovecha inteligentemente sus cualidades vocales, que narra porque tiene algo que contar, algo que merece la pena ser escuchado. Las composiciones, aunque variadas, resultan menos puntuales que en “Actos inexplicables” (Limbo Starr, 2.001), debut brillante, que ahora deviene en peldaño necesario para llegar hasta aquí: una obra magna compuesta por veinte mundos particulares que, sin embargo, conforme se suceden se van incorporando a un todo superior que se adivina pero que nunca acaba de crecer o ahondar.
Canciones frágiles sobre temas duros, reflexiones imbuidas de certeza de la mala, historias concretas, fieles retratos de sordidez; la epopeya del mal o la épica del destino y la pérdida. Simbologías cargadas de imágenes, potentes sensaciones descritas o enumeradas para relatar la vida en un ejercicio de desbordada confesión.



Un trabajo homogéneo, consistente y dotado de pleno sentido aun siendo doble. Nada sobra. Todo cabe en la sinuosidad de este discurso. Los temas desprenden, como en anteriores trabajos, un marcado carácter folk y reminiscencias fronterizas y country (“Monomanía”); tradicional y contenida combinación de órganos, piano, acústicas y eléctricas, glockenspiel, acordeón, pedal steel, o arpa de boca, realzados en ocasiones por cuerdas o trombón. Un cariz de gravedad y untuosidad además, que coincide, aparte de Dylan, con Nick Cave o Javier Corcobado en las tortuosas historias de “Maldición” o “Historia de un perdedor”, emparentadas con las visiones del Euchird Eucrow de “Y el asno vio al ángel” o “Ladrada del afilador”; aunque alejadas del efectismo de éstos: los temas impregnan de por sí con su fuerte olor a sentimientos y su, por momentos, apabullante tangibilidad.
Ecos fuertemente dylanianos enlazan “N.V. por la paz mundial”, donde poetas y cantantes tributan al amor en el cielo; la rogativa “En la sed mortal” cuya delicada instrumentación acompaña la intensidad que acumula segundo a segundo, o “Historia de un perdedor”. La riqueza de mecanismos musicales que encajan en el carrusel de “Todos ellos” o “Gang-bang” se complementa con la desnudez de “Por culpa de la humedad”, mientras que las leves laceraciones de “El mundo en calma” recuerdan la angulosa densidad de Come. “Sólo viento” alcanza las cotas más altas de belleza de este trabajo: texto y música hechos uno contando con un acompañamiento tenue y evocador estribillo, tal que “El Salitre”, “La Sed” o “Etcétera”; al tiempo que el pop aparece en la sencilla “Tu nuevo humidificador”. La música se vuelve turbulenta en la desbocada “Stanislavsky”, la dramática “Maldición” o, especialmente, en “En el jardín de la duermevela” guitarras resecas, incidentales como dientes incisivos, austeras en un pormenorizado canto a la soledad opiácea ya citada en diversos cortes, que culmina con la excepcional “La canción de la duermevela” guitarra-ruido y voz, recuperando parte del sofoco ambiental del primer tema para un final escarpado y cortante. JUANFRAN MOLINA

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN MAYO DE 2.003
 
ENTREVISTA A JAVIER CORCOBADO
“LA FICCIÓN INUNDADA DE REALIDAD”

Javier Corcobado ha vuelto, y eso a todas luces es una buena noticia. “Fotografiando al corazón” (Dro East-West, 2.003), nos devuelve a un autor con pulso firme, liberado de trabas creativas y con una mirada clara sobre lo que necesita contar. Necesidad, amor, realidad, vida; palabras cargadas de todo su sentido real que infunden un brillo intenso a un cancionero rompedor, dinámico y absolutamente arrebatador en su transparencia. Animoso y accesible, convirtió nuestra entrevista en una charla amena, en la que hubo lugar para la reflexión, la confesión, la crítica lúcida o la anécdota.



Dentro de la variedad de este trabajo, lo encuentro más íntimo e incluso relajado que los otros ¿Es el disco en el que has cantado y puesto tus ideas en práctica con menos presión?.

Yo, la única presión que he tenido siempre ha sido la mía sobre mí mismo, en cuestión de hacer música. No ha habido presión en este trabajo excepto mi presión de volver a intentar hacer canciones después de cuatro años sin hacerlas. La presión fue autopresión, autodisciplina y autoexigencia.

¿Este álbum cumple tus expectativas respecto al tipo de música que querías plasmar, o sigues teniendo en la cabeza el disco ideal?

Sigo teniendo en la cabeza el disco ideal, por ahora éste lo es. No sólo porque es el último, por aquello de que todos los artistas dicen de su último trabajo que es el mejor, y que es insuperable y tal y cual; no, yo creo que este disco es superable porque el disco definitivo para mí no ha llegado todavía, es en lo que estoy. Lo que tiene este disco es que trata las emociones, la canción melódica y el ruido, de una manera muy armónica. Se entienden muy bien esos conceptos, y es un paso más para llegar a la perfección, que nunca va a llegar, pero bueno, somos tan, o yo soy tan iluso que creo que llegará un momento en que sea perfecto.

Pasado este tiempo, ¿Cómo valoras “Fotografiando al corazón”?

Pues ahora mismo lo que estamos haciendo mi banda y yo, porque mi banda y yo estamos muy unidos, es el experimento de cómo reacciona el público ante esto y aparte de eso, he decidido hacer canciones antiguas en directo que para mí resultaban un reto y creía que no iba a ser capaz de hacer porque hay momentos de voz muy extremos, que no podría volver a lograr; y sin embargo lo estamos haciendo, estamos recuperando en directo algunas canciones antiguas extremas.

Siendo éste, según tus propias palabras, tu disco más sincero ¿qué has sentido al volcar tus sentimientos de una forma directa en las canciones?

Pues como una especie de confirmación de una serie de pensamientos, proyectos, restos, resacas de amor, resacas de vida que confluyeron en un método renovado de hacer canciones , y, mira, hay una cosa muy clara a la hora de oír este disco, por ejemplo las canciones que son más tópicos de amor, “Secuestraré al amor” la podía haber escrito Leonardo Favio o Manuel Alejandro, mezclado con José Alfredo Jiménez, o así. En mí no existe el pudor a la hora de hablar sobre el amor de una manera melódica o terrible, creo que es lo único bueno que realmente he conseguido. Cantar en castellano esas letras que hablan de amor, que hablan de odio y de realidad también. Ahora claro, antes eran más surrealistas, toda mi vida fue surrealista, me apetece más hablar ahora de la realidad y no de la surrealidad, me apetece menos Dalí ahora (me encanta Dalí), prefiero a Velázquez. “Temblando” es la canción que denota más sinceridad, es la única canción en mi vida en la que realmente hablo de mí en primera persona, la primera vez que hablo de Javier Pérez Corcobado.



¿Puede ser ahora el momento más real de tu vida?

Es el momento en que más tengo conciencia de la realidad en mi vida. Yo he sido una persona muy tímida durante muchos años, muy retraída en la vida real y muy miedoso respecto a las relaciones personales; por eso me drogaba tanto, y bebía tantísimo y me apartaba del mundo. Yo detesto al ser humano, o sea, detesto el comportamiento humano, detesto el egoísmo y la envidia, y a mí eso me fulminaba, y en venganza yo gritaba y hablaba de unas cosas terribles del lado más perverso humano. Pero eso lo hice durante muchos años y ahora ya estoy cansado, me apetece mucho hablar de mi realidad, aunque suene cursi, me apetece expresarla joder, y no en términos tan tremendistas como los de antes, los de asustar o así. Prefiero asustar de una manera más sutil, que es la emoción. La elegancia es una manera muy fuerte de asustar a la humanidad.

¿Qué sensaciones te produjo el proceso de escritura de estas canciones, y cómo te sentiste al terminar la primera para el álbum?

Yo cuando terminé la primera canción no pensé que iba a ser para un álbum. Cuando me fui a Méjico en enero del año pasado me puse a componer canciones. Entré a una habitación que era mi dormitorio, estaba mi cama, estaba mi cuatro pistas, y estaban todos los aparatos que yo llevo conmigo, que son unos pedales de efectos de guitarra, y compongo así, con muchos aparatos analógicos, y sobre todo para guitarra; pero meto la voz por esos aparatos, las cajas de ritmo y todo. Me encerré en esa habitación durante dos meses y con un miedo atroz, porque hacía cuatro años que no componía ni una sola canción y a mí lo que me aterrorizaba era enfrentarme al método de componer canciones y que no me funcionara, que yo ya no fuera un filtro para traer las canciones a la realidad. Bob Dylan dijo una vez que las canciones estaban flotando y que había que tener la habilidad suficiente o el don adecuado para poder traerlas desde ese estado flotante a la realidad. Y en eso estoy absolutamente de acuerdo con él. Cuando me metí en esa habitación a componer tenía ese miedo que te decía, pero a las dos semanas de estar allí encerrado, y no te creas que fue algo así como claustrofóbico, o sea yo salía a comer y todo eso, la cosa comenzó a fluir. Yo soy muy autodisciplinado si me impongo una disciplina trabajo, es que si no no lo haría; jamás he compuesto una canción que venga de una inspiración divina, yo siempre me he enfrentado, porque yo soy escritor antes que cantante, a una hoja en blanco a la hora de hacer una canción, y eso es lo que me daba más miedo, pero, afortunadamente, me enfrenté a ella y salió “Desnuda en el Pacífico” dije, voy a hacer un 6x8 dedicado a mi amor, una canción inocente de amor, como la podría escribir cualquiera, y ahí empecé , y a partir de ahí salieron todas, hasta marzo, fueron tres meses de encierro.

¿Sueles empezar por el texto las composiciones?

No, yo soy un caos componiendo, yo uso de todo. Uso el método convencional que es agarrar una guitarra, empezar a tocar unos acordes y que te salga una melodía, que es lo que menos; uso el lado contrario, que es escribir un poema y musicarlo después, y luego empiezo a hacer ruidos, los grabo y canto sobre ellos melodías que se me ocurren. Y luego están las canciones perfectas que son esas que decía Dylan, que te viene la letra y la música ya dada, como “Secuestraré al amor”, que es una canción de estas que te viene del cielo.

¿Cuándo no componías escribías?

Yo escribo todos los días, yo escribo poesía todos los días, pero lo hago por mi ansiedad, porque soy muy ansioso, yo tengo una ansiedad enorme, soy muy nervioso. Y por eso tuve tantos problemas con las drogas hace tiempo, por calmar mi ansiedad, siempre con drogas depresoras del sistema nervioso central. Creo que jamás podré salir de la ansiedad, he podido salir de todas las drogas que te puedas imaginar, porque ya llegó un momento que era cuestión de salud, y a mí me gusta mucho vivir, a la vez que me gustaba mucho morir en otra época, es una contradicción. Me han preguntado si soy un músico vanguardista, y yo creo que vanguardia es sinónimo de ansiedad, la ansiedad te provoca hacer algo antes de tiempo, siempre. Cuando vuelves a tu casa si no eres ansioso no metes la mano en el bolsillo para sacar la llave hasta que estás justo delante de la puerta, si eres una persona ansiosa las llaves las sacas quinientos metros antes.



“Me encerré en esa habitación durante dos meses y con un miedo atroz, porque hacía cuatro años que no componía ni una sola canción y a mí lo que me aterrorizaba era enfrentarme al método de componer canciones y que no me funcionara, que yo ya no fuera un filtro para traer las canciones a la realidad”


¿Cuál es tu status en Méjico?

Tengo más público allí. Es que en Méjico pasa una cosa, aún se mantiene el gusto por la canción y por la letra de la canción, y hay menos prejuicios que en Europa. Si van a un concierto cantan las canciones gritando, sintiéndolas. Y aquí en España hay un sentido más crítico, la gente va más a escuchar la música, a ver ese grupo que sensaciones musicales me da, etc…En Méjico importa menos la música y más la letra.

Está claro que a estas alturas no concibes tu música sin las canciones ¿en que momento de tu carrera te asaltó la necesidad de componer en un sentido más clásico?

Estoy aprendiendo a hacer canciones clásicas desde hace bastantes años, desde que empecé a hacer “Agrio Beso”, mi primer disco en solitario, aunque ya me inicié en Demonios tus ojos. Y desde 1.988 he ido aprendiendo poco a poco, no he terminado de aprender, y además, sigo teniendo curiosidad por ello. No pienso que haya conseguido algo definitivo, ni nada que se pueda enseñar, que pueda ser pedagógico; hay quien se lo toma así, pero yo no.

¿Cómo están resultando estos conciertos de reencuentro con el público español? ¿lo encuentras muy cambiado?

Noto cierta apatía. Me da la sensación de que la música gusta cada vez menos en España. Es como si la gente hubiera perdido la emoción por la música, una cosa que antes les arrebataba y se movían por ello. Ahora como que ya son escépticos, o somos todos escépticos y eso es lamentable, porque es una especie de europeización, una especie de globalización que a lo único que lleva es al mal gusto, a la mediocridad y a no arriesgar absolutamente nada y eso es muy triste. Yo en los conciertos aspiro a ver unos ojos brillantes, aunque sean dos personas. Recuerdo los primeros conciertos con Mar Otra Vez en Rockola, que empezábamos los conciertos con trescientas personas y acabábamos con diez, a mi no me asusta, ni las cinco mil personas ante las que he podido tocar en el Espárrago Rock, ni las diez ante las que tocábamos Mar Otra Vez. Me da igual si hay una persona que tiene un brillo especial en los ojos y que la música que yo estoy haciendo le sirve para algo, si es para enamorarse, mejor; y si es para suicidarse pues mejor. Porque hay dos caminos en la vida, el del amor y el de la muerte, no hay más, o tienes amor o tienes muerte, y la muerte es latente, la puedes mantener mucho tiempo, durante años.

¿Te has sentido en algún momento encasillado como artista?, ¿en algún momento llegó a ser un fastidio ser Corcobado, (me refiero a lo que se esperaba de ti, o a la idea que se tenía de ti)?

Yo creo que sobre todo respecto a la crítica, porque la crítica ha caído en una especie de tópicos estúpidos, fáciles que están muy relacionados con que en España siempre ha habido mucho complejo del grupo anglosajón, es decir, la mayoría de los grupos españoles copian a grupos ingleses o americanos. Entonces, no se entiende en España a los grupos que realmente son originales, siempre se les tiene que comparar a un antecedente anglosajón. Yo he tenido el sambenito de Nick Cave.



¿Cuáles han sido tus principales referentes?

Yo tuve un grupo de rock and roll a los quince o dieciséis años, quería hacer rock and roll y quería epatar, tener todas las chicas del mundo, beber, drogarme y tener mucho dinero. A nosotros lo que realmente nos importaba en aquel momento era hacer versiones de Eddie Cochran, él es uno de mis ídolos de siempre, fue además de los primeros que experimento con la grabación multipista. James Brown también o Pérez Prado, otro innovador de la música. En Mar Otra Vez era nuestra influencia más fuerte, escuchábamos todos los discos de Pérez Prado y los analizábamos, pobres de nosotros que queríamos hacer lo de Pérez Prado, que llevaba unos orquestones de viento tremendos. Está Bob Dylan, al cual no admiro, pero sí creo que ha hecho una de las canciones más geniales del rock and roll, ya fuera de tiempo, que es “Hurricane”. Es mi canción favorita de Bob Dylan pero ya mucho tiempo después. Muchos años después de que Lou Reed lo copiara, porque Lou Reed empezó con la Velvet, que es mi grupo favorito, copiando a Bob Dylan cuando cantaba

¿Te sigue gustando Tom Waits?

Tom Waits me encanta, para mí es una persona muy cercana. Yo cuando descubrí “Rain Dogs” me dije, joder esto me ayuda. Ha habido un grupo que me enseñó, me cambió la actitud musical, que fue Suicide; cuando los descubrí me dieron unas pautas, una inspiración que apliqué a lo que yo tenía en mi cabeza, seguí y otra de las cosas que me impresionaron muchos años después fue Tom Waits, me enseñó muchísimas cosas. Aparte de eso yo soy un amante de toda la música, de todos los estilos musicales.

¿Qué temas antiguos conservas en el repertorio de directo?

Eso no te lo puedo decir (risas).

¿Qué canciones antiguas han cobrado valor para ti con el transcurso de los años, y cuales lo han perdido?

No puedo contestar a esa pregunta porque tengo como ciento y pico canciones publicadas, pero te voy a decir una canción que ha cobrado muchísimo valor con el tiempo y que a lo mejor la tocamos esta noche que es “La Navaja Automática de tu Voz”.


“Me da la sensación de que la música gusta cada vez menos en España. Es como si la gente hubiera perdido la emoción por la música, una cosa que antes les arrebataba y se movían por ello. Ahora como que ya son escépticos, o somos todos escépticos y eso es lamentable, porque es una especie de europeización, una especie de globalización que a lo único que lleva es al mal gusto, a la mediocridad y a no arriesgar absolutamente nada y eso es muy triste”.


¿Qué temas salvarías de Corcobator?

Salvo “Dame un Beso de Cianuro” y “En el Bosque”. Para mí son dos de las mejores canciones que he hecho en mi vida, sin embargo, es el peor disco que he hecho en mi vida, el más inconexo.



¿Qué te ha parecido el recopilatorio de la etapa GASA?

Sin palabras. Una basura.

¿Qué nos puedes adelantar de tu faceta literaria?

Estoy escribiendo una novela.

A los roqueros les suele costar trabajo hacer novelas.

Acabarlas es lo jodido. Es muy fácil empezar una novela pero es muy complicado acabarla, y sobre todo estando en el mundo del Rock and Roll. Es que compatibilizar el oficio de escritor con el de cantante es bastante jodido. Por ejemplo, después de mayo paramos de tocar y nos hemos pasado el verano tranquilos, y es cuando yo he podido empezar a escribir la novela, ha sido empezar los ensayos en septiembre y no he podido meterme en ella, no puedo. Pero una cosa os digo, yo espero que toda mi carrera musical sea un trámite para ser escritor cuando sea mayor. De hecho es lo que siempre he querido ser y como veía que era imposible vender libros de poesía en el siglo XX me decidí a hacer canciones que es una forma de expandir la poesía. Yo creo que acabaré la novela para el año que viene.

¿Qué autores españoles te han sorprendido más?

José Luis Moreno-Ruiz es un gran escritor, algún día se le tiene que valorar. Es difícil y duro, pero tiene una prosa fluida y aunque te la llene de lenguaje científico y médico, tiene una salida al final que hace que merezca la pena todo ese fárrago, todo ese cieno. Para mí el mejor escritor que ha habido en España fue Luis Martín-Santos, el de “Tiempo de Silencio”. Fue el que dio las pautas de la novela moderna absolutamente, y casi nadie lo reconoce como debiera.

¿Te interesa el cine?

El cine me fascina, yo no puedo vivir sin el cine.

¿Qué has visto últimamente que te haya impactado?

Imagínate allí en Agua Amarga tirando de vídeo club. Vi ayer “28 Días Después” de Danny Boyle, el director de “Trainspotting”, que no me gustó en su día. Ésta estuvo bien. Y en el cine la última que vi fue “Matrix: Reloaded” y me pareció extremista visualmente, muy buena en ese aspecto. Creo que es un paso adelante en el cine a pesar de las críticas y todo eso.

Se te ve en buena forma

Es que si no tuviera buen estado de forma no podría expresar otras cosas del mal estado de forma. Con mal estado de forma no se puede expresar nada, y no me daba cuenta de eso. Yo era una persona que huía constantemente de la realidad porque me aterrorizaba. Y creo que ser consciente de la realidad te hace valorar cosas de ella que no son tan terribles; las que nos hacen vivir, las que nos dan placer.

También esa es una constante de un grupo de creadores afines a ti como Tom Waits o Bukowski.

Bukowski lo mejor que tenía ha sido ser claro literariamente, directo y sin adornos. Eso es lo mejor como escritor de prosa, como poeta es un tipo que desvela su dolor, maldita sea, la poesía es para desvelar el dolor, pero llega un momento cuando llevas mucho tiempo haciéndolo que te hartas y lo que quieres es enseñar tu amor, pero no de una hippie o cursi, sino de una forma real.

REALIZADA POR JUANFRAN MOLINA, HORAS ANTES DE LA PRESENTACIÓN EN GRANADA DE “FOTOGRAFIANDO AL CORAZÓN”.

PUBLICADO EN “UNIVERSO POP” EN NOVIEMBRE DE 2.003.

 
“DYLAN: DE DULUTH A MOTRIL”
BOB DYLAN+AMARAL
DIRECTO, ESTADIO ESCRIBANO CASTILLA DE MOTRIL (GRANADA)
10 DE JULIO DE 2.004



Es extraño tener a Bob Dylan a diez minutos a pie desde casa, acostumbrado a todo tipo de vehículos para la inmensa mayoría de los conciertos a los que asisto. Durante el trayecto pensé en ese tipo extraño y enigmático del que se aseguraba que no llegaría casi a pisar suelo motrileño, pero al que no sería imposible encontrarse husmeando solitario por la calleja de al lado. Un nombre famoso, leyenda polvorienta para el común de los mortales; pero capaz de meter a casi ocho mil personas a 35 euros anticipada en una ciudad poco dada a conciertos de rock. Capaz de movilizar a políticos de toda ralea (a algunos sólo les faltaba la banda), intelectuales o así, provincianos influyentes; de empujar al alcalde a aparecer embutido en una apretada camiseta negra de manga corta. Nadie sabe cómo acercarse a Dylan, nadie sabe quién o qué es exactamente. Quizá su leyenda consista en la foto de un rostro afilado con un matorral de pelo, unido a una armónica con soporte y una guitarra acústica; y el sonido de fondo de unas cuantas canciones que pertenecen a la memoria colectiva de casi todos. Una celebridad huidiza que no aparece en las listas de éxitos, ni en la televisión, ni en causas humanitarias, ni en actos sociales. Un signo de interrogación a pesar de cuarenta y tres años de carrera, cientos de canciones y conciertos, millones de discos vendidos. Un tipo de otra época que sigue inquietantemente presente, como una última palabra por decir. Alguien que consigue que para medio pueblo sea obligado estar allí.
Al llegar, la cola de gente es abrumadora pero ordenada. Una vez dentro las cámaras requisadas ocupan un rincón importante (totalmente prohibido grabar, fotografiar o filmar en toda la gira). Ya estoy dentro del “Never Ending Tour”, ese pulso al tiempo que Dylan inició en 1.988. Aún es pleno día cuando aparece Eva Amaral, su compañero de banda se ha lesionado y ha decidido tocar sola con su guitarra acústica; su vestido rojo colisiona efusivamente con el verde del césped, y ella trata de amenizar la espera. Es de esas ocasiones en que la presencia de telonero se me antoja más absurda. No es su público, casi nadie observa, pero ella interpreta, con la presencia y sobriedad de la estimable cantante que es, algunos temas propios y una versión de “Universal” de Lagartija Nick, un tema en el que se cita a Dylan, y que la maña ya tocaba en sus inicios. Se va y la espera continúa.



Luces fuera y una voz en off anuncia a Bob Dylan (me parecen una gilipollez ese tipo de presentaciones tan del show-bussiness americano, con B.B. King pasó igual semanas atrás, pero aún más exagerado). Sale la banda: chaquetas oscuras, presencia adusta; Bob, de negro y con sombrero vaquero, se coloca ante un teclado que ya no abandonará y que sólo compartirá con la armónica. Abren animosos con “Maggie´s Farm”. La banda suena ágil, sobria, potente pero contenida; sin individualismos que alteren la inmediatez ni el equilibrio del conjunto. Cero a la galería. Un sonido que desde el principio me pareció auténtico pero lejano, de músicos sobrados, de contrato cumplido. Efectivo country blues, electricidad crujiente de trazo firme que no invita a pensar en aquel Dylan imprevisible en escena. El contrabajo sustituye al bajo eléctrico en los momentos más vibrantes y jazzys, ondulando el sonido; las dos guitarras eléctricas se alternan con acústica y un Pedal Steel del que llegan pocas noticias. La voz de Bob Dylan ajada y aguardentosa por momentos, bien modulada y con resquicios agudos de la nasalidad de siempre; era como una combinación del Dylan joven y el maduro. En algún momento me dediqué a observar a aquel adolescente de Duluth (Minnesota) tan prolijamente retratado por Howard Sounes en su celebrada biografía del artista: sentado, inclinado sobre el teclado, ¿qué pensaría mientras lanzaba sus textos al micrófono sin casi mirar al público?. Un concierto más, otra noche, otro conjuro de electricidad y música cargada de significado. Nos llama a presenciar su enfrentamiento diario con las canciones, con esa historia que siempre tiende a apergaminarse pero que él refresca manteniendo su repertorio candente y cambiante. “Cry Awhile” llega a mis oídos cómplice y cercana, ese blues con el paso cambiado que me recuerda siempre a Beefheart. Un tema de “Love and Theft”, su último disco de estudio y base del repertorio en esta apacible noche, con otros cortes como la jazzy “Moonlight”; una enérgica “Honest With Me”, o los vibrantes rockabillys “Tweedle Dee & Tweedle Dum” y “Summer Day”, que sonaron irresistibles y un punto elegantes, permitiendo a Bob sentirse por unos minutos su admirado Little Richard. “Highway 61 Revisited” les salió igualmente redonda e incendiaria, cortante con un Dylan aullador. “Positively 4th Street” me pareció el más sugerente de los tiempos medios que interpretó, la voz acompañó y devino cálido y suave. Por su parte, tanto la apocalíptica “A Hard Rain´s A-Gonna Fall” como “Not Dark Yet” (esa gran canción de “Time out of mind”), resultaron más graves y sinuosas en su intensidad.
Tras hora y pico de concierto, los músicos se colocaron de pie al borde del escenario para recibir los aplausos con quedos gestos de agradecimiento.
El bis se abrió con “Mr. Tambourine Man”, creo que aquí empezaron los mecheros; siguiéndole un “Like a Rolling Stone” algo más juguetón que el de siempre. Y Bob se decidió a hablar: se acercó al centro del escenario y presentó a la banda con la cabeza gacha y media sonrisa, haciendo gala de su sempiterna timidez; como un tipo al que las zarpas del destino sacan irremediablemente a la luz cada noche. Cogió dos de las flores que le habían lanzado sin saber que hacer con ellas, se planteó decir algo, pero prefirió largarse al teclado. Eran las doce en punto. Desde allí tocó un último tema, ese que deja la falsa ilusión de la espontaneidad, del guiño agradecido del músico. “All Along the Watchtower” surgió convincente, como si la guitarra solista la poseyera Neil Young. Otra vuelta de todos al centro del escenario y adiós. Luces, eso fue todo, la guitarra acústica no llegó a moverse de su posición inicial, tras su dueño. Aplausos, tímidas y descreídas peticiones, y silencio.
Al salir una funcionaria lamentaba el gasto, “casi no nos ha mirado”, “¿qué canciones eran ésas?”; un político se lamentaba de que sólo hubiese tocado canciones modernas, ante lo que un acompañante argumentó que los repertorios de esta gente están totalmente planificados y tocan en todas partes las mismas canciones. Pues eso. Poco a poco la realidad, que en algún sitio yacía doblada, fue tornando a su forma habitual mientras el rumor de la multitud se dispersaba; los vendedores de todo tipo de recuerdos rugían en un postrero intento de llamar la atención; y en alguna televisión vociferaba “Salsa Rosa”. Y yo aún en el “Never Ending Tour”. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN “UNIVERSO POP” EN JULIO DE 2.004
 
LOU REED, JOHN CALE & NICO “Le Bataclan´72”(Alchemy-Resistencia, 2.004)
Después de haber circulado en edición pirata desde 1.980 bajo el título “París 29-1-72”, este histórico encuentro entre tres de los componentes de The Velvet Underground aparece ahora convenientemente editado. La mítica banda neoyorquina nunca llegó a actuar en Europa, así que ésta se antoja como la primera ocasión en que su repertorio sonó de mano de sus actores principales en el viejo continente. Son catorce temas interpretados en la parisina sala Le Bataclan en enero de 1.972, mientras Reed y Cale grababan en Londres; una primera cita tras la que vendría otra actuación en la capital británica. Con un estupendo sonido, se trata de un concierto acústico sin elementos percusivos; tan sólo los golpes de Cale a su piano o el brío ocasional de Lou Reed con la guitarra acústica; más la guitarra y viola de Cale y el armonio de Nico. Los tres miembros que acabaron abandonando el grupo (Nico en 1.967, Cale al año siguiente y Reed durante el verano de 1.970), repasan ampliamente el único elepé en el que trabajaron juntos, “The Velvet underground & Nico” grabado en 1.966, seis temas celebrados con aplausos por el público en cuanto los identificaba: suenan en la voz de Lou Reed “Waiting for the man” en la que el ritmo obsesivo se ve ralentizado, tocada con piano y guitarra; “Black angel death song”, con la acústica y ese magnetismo envolvente e inolvidable de la viola, aunque sin aquellos susurros de Cale en la versión original; y “Heroin”, una intensa revisión también con guitarra acústica y viola.



Pasado el ecuador de la velada aparece Nico e interpretan los temas que Lou Reed compuso para ella, “Femme Fatale”, “I´ll be your mirror” y una versión reducida final de “All tomorrow´s parties”, el tema favorito de siempre de Andy Warhol. Las tres interpretadas con sencillez: guitarras y coros. La gravedad la pone ella. Puestos a pedir se echa de menos una recreación de “Venus in furs”. El resto del repertorio pertenece a cada cual. De los tres en aquella noche mágica, Lou Reed es el único que no ha debutado en solitario, tras abandonar la Velvet, pasó parte de 1.970 y 1.971 retirado, componiendo en casa de sus padres en Freeport. Ese 1.972 le deparará el lanzamiento de “Lou Reed” (compuesto mayormente por material del denominado Álbum perdido del grupo) y el exitoso y verdadero punto de inflexión “Transformer”. Aquí presenta como novedades “Wild Child” y una gran interpretación de “Berlin” (presentada a su estilo como una canción de Barbara Streisand). John Cale había grabado en 1.970 “Vintage Violence” y al año siguiente “Church of Anthrax”, en colaboración con Terry Riley. En ese momento estaría grabando “The Academy in Peril”, compuesto por piezas para piano y orquesta. Además había producido ya dos discos de Nico y el debut de The Stooges. Esta noche interpretó, ayudado por Reed, a dos guitarras “Ghost story” de su primer trabajo, tocada con severidad acústica; “The Biggest, loudest, hairiest group of all”, cara b del single no editado de 1.971 “Dixieland and dixie”, aires folk acompañados de las palmas del público; y “Empty bottles” tema que ese año cederá a Jenifer Warnes para su elepé “Jenifer”, producido por él mismo. Nico, pelo negro y palidez, la imagino esperando su ocasión en el escenario como ese contrapunto de belleza inasible que suponía cuando aguardaba su turno en los espectáculos del Exploding Plastic Inevitable. A estas alturas casi había grabado lo más interesante de su carrera, debutó en 1.967 con “These Days”, y sus dos siguientes trabajos los produjo (y prácticamente tocó todos los instrumentos) John Cale: “Marble Index” de 1.969, y “Desert Shore” de 1.971. En su tramo, tres temas de composición propia, la solemnidad de “No one is there” y “Frozen warnings” (ambos pertenecientes a “Marble Index”), y la épica de “Janitor of lunacy” de “Desert Shore”. Acompañada de guitarra, la viola de Cale, y su inseparable armonio, supongo que el mismo que le hizo caer en estado depresivo cuando se lo hurtaron. Una noche muy especial que merece la pena revisar. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN “UNIVERSO POP” EN ABRIL DE 2.004
 
LOU REED “The Raven” (Reprise-Warner, 2.003)
Siempre he sentido una profunda desconfianza hacia los discos conceptuales, las más de las veces superfluas estratagemas para aliviar el trance de la pura creación, el inconmensurable vértigo de hacer surgir sonidos y palabras de la nada o de la casi nada. Opino que el tiempo, su efecto e influencia, o las cualidades de las composiciones y el sonido, deben dotar a una grabación de ese cariz especial, ese sello distintivo que dé a su contenido una dimensión y características únicas. En el caso que nos ocupa la cosa va por otros derroteros, Reed fue animado por su amigo el director teatral Bob Wilson a musicar una obra de éste sobre Poe, “Poe-try”. A partir de ahí surgió este proyecto y su gestación definitiva dio lugar a este cd de 21 cortes, más una edición especial donde se añaden el total de las tomas. Los recitados (cómo no) se mezclan con las canciones, y el ambiente general deja un fresco lo suficientemente revelador e inquietante como para pensar que ha cumplido su cometido. Reed se acerca a una personalidad en parte parecida a la suya: Edgar Allan Poe. Autodestructivo, mordaz, capaz de intuir vehementemente las vicisitudes del alma humana y de observar su propia caída sin mover un dedo, salvo para relatarla. Un tipo adicto al láudano y capaz de perder un empleo ventajoso en la Casa Blanca por aparecer borracho.



Además se fortalece el rescate del escritor de Boston del reducido espacio de la serie b y lo gótico, que también practicó de forma maestra. Hay muchos Poes, el interesado por los avances científicos y parapsicológicos de su tiempo, el poeta romántico, el narrador irónico y locuaz, el maestro del terror que relata cómo se desarrolla éste en la mente humana. Aquí están el mítico “The Raven” (“El Cuervo”) recitado por Willen Dafoe, las angustias de la Inquisición de “I wanna know (the pit and the pendulum)” con la colaboración de The Five Blind Boys Of Alabama. O la historia de “Hop Frog” el enamorado bufón cojitranco que vengó cruelmente la humillación sufrida por su amada ante el Rey y sus ministros. Este relato inspira varios cortes, entre ellos el tema homónimo, interpretado junto a David Bowie, y la maravillosa “Who I am” el nuevo gran clásico de emoción e intensidad que Lou Reed incorpora a su leyenda (tanto que abrirá la inminente edición de un recopilatorio de interpretaciones elegidas por él mismo). El mayor valor de la edición discográfica propiamente dicha es que los temas musicales destacan por sí mismos, se mantienen perfectamente en pie fuera de contexto. Así la inicial “Edgar Allan Poe”, con su introducción majestuosa y exaltada, convertida tras una señal de caja, en rock & roll rasposo y urgente, abrillantado por los metales. “Call on me” nos trae a Reed en su mejor línea de contención y austeridad sonora, apoyado por apuntes de piano, cuerdas y la aparición final de Laurie Anderson. Un caso parecido a “Vanishing Act” ésta con todo el aparataje de solemnidad de una orquesta o la brevedad de “Science of the mind” en contraposición a la larga y evocadora despedida de “Guardian Angel”. “A thousand departed friends” título extraído del relato “La Sombra”, es un instrumental de guitarras constreñidas, raíz blues y maneras lacerantes, angulosas. La misma mentalidad de banda de rock que aparece en la arrebatada “Change”, el ruidismo de “Blind rage”, ese pantanoso conjuro de Bo-Diddley y Tom Waits que es “Burning embers” y “Guilty”, base blues rock sobrevolada por el caprichoso e improvisatorio primer plano del saxo de Ornette Coleman. “Broadway song” cabaretera y nocturna es interpretada por el actor Steve Buscemi, y se incluyen, además, recreaciones de temas señeros de su repertorio, tales como “The bed” (“Berlin”(1.973)) y “Perfect Day” (“Transformer”(1.972)); éste interpretado por su protegido Anthony con una solemnidad y desnudez comparables a los momentos más sutiles de Massive Attack con Horace Andy. El mejor Lou Reed de los últimos diez años. JUANFRAN MOLINA.

PUBLICADO EN “UNIVERSO POP” EN ABRIL DE 2.003
 
THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES “VIDA EN LAS DIMENSIONES EXTRASENSORIALES”
Parece mentira que entre la avalancha de bandas suecas que ocupan la actualidad musical, aún no se haya colado la de Ebbot Lundberg. The Soundtrack Of Our Lives (TSOOL), surgieron en 1.994, de las cenizas de Union Carbide Production, mítico grupo sueco que supuso la expresión terminal del sonido Stooge, y que pasó desapercibido entre nosotros, dejando trabajos de la talla de “In the air Tonight” (Radium, 87) o “From influence to ignorance” (Radium, 91). Con tres elepés editados hasta la fecha, TSOOL viraron hacia el pop de raíz psicodélica (anunciando el camino tomado últimamente por compatriotas como Silverbullit). Prolijas obras de enjundiosa artesanía eléctrica y lisérgico devenir, confeccionando discos de generosa duración, y canciones con una presencia determinada por el libre desarrollo de su esencia, nunca por tendencias progresivas.
“Behind the Music”, acaso menos monumental que “Welcome to the infant freebase” (Telegram, 96), mantiene las constantes de éste: TSOOL vuelven a sonar a banda setentera, su sonido es corpulento, trascendente, aunque para nada blindado, más bien gozosamente maleable y sinuoso. También editado en formato doble, sigue sonando retro, aunque salvando toda rigidez revivalista. Su apuesta es reconocible y fiel a determinados marchamos sonoros, pero su ejecución es rica, colorista y generadora de secuencias melódicas de ensueño; siendo capaz de convencer tanto a los amantes del hard rock como a los del pop. Carismáticas composiciones de añejo rock de guitarras, siempre ágil y afilado conviven con delicados entramados armónicos. En “Behind the music” este equilibrio se inicia con la contundencia opiácea de “Infra riot”, guitarras robustas, ritmos tribales y sitar. Un abanico sónico que se extiende a “Sister Surround” o “Independent Luxury”, que suenan como si la psicodelia del “Their Satanic Majesties Request” de los Rolling Stones, se



hubiese extendido hasta “Beggars Banquet” o “Let it Bleed”. “Mind the gap” comienza con briosas maneras de folk rock, y en su constante elevación alcanza cotas culminantes disolviéndose entre arreglos de cuerda y slide. En “21st Century rip off” integran a Bad Company con los momentos más explosivos de los Who, quienes resucitan también en “Keep the line movin´” de la que parece que va a surgir de un momento a otro “The Seeker”.
Por otra parte, temas como “In someone elses mind”, remiten directamente a Syd Barret; mientras que “Tonight” conserva algo del ex –líder de Pink Floyd, pero los acendrados sonidos del piano y órgano de Martin Hederos, van estandarizando la canción conforme avanza. Estas cualidades cristalinas las poseen también las guitarras de “Ten Years ahead”( rememorando aquí a los Stones de 1.966), o “Broken imaginary time”, que entra con toda la gravedad posible en los Beatles de “Revolver”, en un corte que se desenvuelve como una auténtica sinfonía de delicadeza (la misma con la que saquearon el “Waterloo Sunset” de los Kinks en el tema “Bendover Babies” incluido en “Welcome...”). La psicodelia se expande con ligereza y colorido en ese ejercicio de pop de guitarras que es “Nevermore”, “Still Aging” y “The Flood” donde tienen su espacio los Love, que no podían faltar. Y nos dejan además, baladas suspendidas como “Into the next sun” o el paisaje lunar de “In your veins”.

THE SOUNDTRACK OF OUR LIVES “Behind the music”(Telegram,2001)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA “EL BATRACIO AMARILLO” EN DICIEMBRE DE 2.001