<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[Música para Psicocamaleones]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Resumen de opiniones  y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[JOHN KENNEDY TOOLE]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200511]]></issued><modified><![CDATA[200511]]></modified><created><![CDATA[200511]]></created><summary><![CDATA[JOHN KENNEDY TOOLE]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[JOHN KENNEDY TOOLE]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_184.htm"><![CDATA[<b></b><br/><br/><b><i><tt>“¿HASTA CUÁNDO VENCERÁN LOS NECIOS?”</tt></i></b><br/><br/><br/><br/><i>La biografía de John Kennedy Toole, Nueva Orleans (1.937-1.969), quién ha demostrado ser uno de los escritores más ingeniosos y lúcidos del siglo XX, no es lo apasionante y sustanciosa que el autor merecía, todo ocurrió tras su muerte. Estudiante destacado, hijo único y tardío, se licenció en inglés por la Columbia university, siendo profesor de la University of Southwestern y el Dominican College de Nueva Orleans. Escribió “La Conjura de los Necios” en los primeros años sesenta, mientras hacía el servicio militar, no logrando verla publicada, ya que apareció por primera vez en 1.980, once años después de que el autor se suicidara, debido a los esfuerzos de Thelma, su madre, y al apoyo del profesor Walter Percy. Sin embargo, cuando ésta vio la luz, la respuesta entusiasta de la crítica fue unánime, recibiendo el premio Pulitzer en 1.981, y siendo galardonada, una vez publicada en Francia, como mejor novela en lengua extranjera del año. De manera póstuma también apareció en 1.987 su obra de adolescencia “La Biblia de Neón”.</i><br/><br/><br/><br/>Considero “La Conjura de los Necios” como un clásico del boca a oreja, paradigma de la complicidad y comunicación entre lectores, botón de muestra que permite albergar esperanzas sobre la transmisión cultural entre ciudadanos ajena a los muros dogmáticos que nos tienen sitiados. Siempre he sospechado que le concedieron el Pulitzer en gran medida por las circunstancias referidas en el encabezamiento, pero su valor real, el fresco social que compone, la exposición de personajes, su sentido del ritmo narrativo, el caudal de sus diálogos y el gran abanico de posibilidades de interpretación que aporta, son bazas que la mantienen permanentemente de actualidad; pudiéndose seguir su huella en autores como Barry Gifford y cineastas como los hermanos Cohen, sin ir más lejos. Como un John Fante que se desbordara, asaeteado por lo absurdo de la realidad circundante, Toole coloca ante el espejo de su burbujeante raciocinio el mundo que le ha tocado vivir, creando para la historia de la literatura esta “novela que no trata de nada en particular”, a decir de los editores que desecharon su publicación. <br/>Se trata de una obra desternillante y mordaz, que encierra su halo de amargura; condensada y vibrante, impulsada de forma directa por el vértigo de los acontecimientos. Una relación de las continuas peripecias que empujan al protagonista Ignatius en sus movimientos, inmersos en una cotidianidad caricaturizada hasta extremos delirantes. Conforme se avanza, el tono se va tornando de confidencia divertida, un guiño que utiliza el creciente histrionismo de los protagonistas como arma predilecta.<br/> Gracias a los diferentes enfoques que presentan los puntos de vista de Ignatius (particularísimo), los variopintos personajes (más reconocibles y tipificados) y el propio narrador, se refleja un concreto, ágil y satirizado retrato social. Así lo demuestra su constante semblanza de las condiciones de vida de los negros, de la que es su principal portavoz el hilarante y lúcido personaje Burma Jones. La presencia de otros como la tía de Mancuso (Santa Battaglia), la propia Sra. Reilly, madre de Ignatius o el Sr. Robichaux nos habla de las vicisitudes y la particular idiosincrasia de los inmigrantes; se describen, dentro de esa gran caricatura, las costumbres de las clases populares, la devoción religiosa frente a su simple y pragmática mentalidad; su obsesión por el qué dirán dentro de un submundo envenenado de cotilleos como picotazos de ave de carroña; sus modales, sus humildes condiciones, su implacable concepto de la educación escolar, sus formas de vestir... O el miedo al fantasma comunista, tan imbuido por el gobierno en la sociedad de la época. <br/>Historias que discurren paralelas al devenir de Ignatius, aunque íntimamente relacionadas con él, y que abren la perspectiva de la novela de Toole. De tal forma, personajes distantes y ajenos como el doctor Talc, antiguo profesor de Ignatius y Myrna, sirve para trazar algunas líneas sobre su pasado universitario, y, de paso, es utilizado, como no podría ser de otra forma, para lanzar vitriolo sobre la clase académica (no olvidemos que John Kennedy Toole era profesor universitario). <br/>Tanto en la peripecia vital, con todos sus disfraces, del Patrullero Mancuso (¿te suena?), como en las páginas que nos introducen en Lévy-Pants, a través de un empleado como el Sr. González, la voz del narrador nos habla de abnegación o resignación, de alienación; algo que tanto Toole como esa especie de alter-ego informe y esperpéntico que se buscó repudian. También es posible que compartan sus opiniones sobre Mark Twain y su Norteamérica idealizada a través del Mississippi; la actitud del arte norteamericano en general respecto de la realidad que lo circunda; la relación de los bares y los salarios; el trasfondo de sus comentarios sobre la clase media, los negros y la progresía hippie encarnada por Mirna Minkoff; o frases tipo “El optimismo me da náuseas, es perverso...”. Además, en un momento determinado alguien informa al Sr. Lévy de que “la media de vida en el barrio, o algo así, es demasiado baja para mantener un mercado grande...” ambigua expresión que encarna lo más despiadado del capitalismo imperante.<br/>&#9;Un incisivo e implacable espíritu mordaz inunda, en fin, todos los sectores de una Nueva Orleans, de la que también quiere transmitir su luz, la suavidad del clima, el colorido de sus fachadas, y su decadencia, sobre la que reflexiona; aunque aquí la descripción contemplativa (salvo la del protagonista), se vea constantemente empujada y superada  por los hechos. Los bajos fondos, el barrio francés, la pequeña delincuencia y la prostitución son descritos con sarcasmo no exento de amabilidad, de cierta indulgencia. En una ciudad en la que los policías se mueren por poner multas y el sargento se desespera por la falta de detenciones, hay locales como el “Noche de Alegría”, irónico nombre para un lugar con bebidas aguadas y suciedad; refugio de solitarios, fracasados y perdidos. Nido de una cutrez de personajes ambiciosos moviéndose a través de pequeños delitos dentro de su propia incapacidad, inmersos en la telaraña que los limita.   <br/>&#9;En el inicio de la novela no hay opción de aclimatación para el lector, ni explicaciones, ni excusas previas. Nuestra primera visión es él, Ignatius: la pormenorizada y deleitosa descripción de su excesivo aspecto, de su chocante mentalidad; su actitud despectiva y desafiante en los momentos más insospechados, su defensa obcecada ante “la conjura”. Y se nos ofrecen certeras claves sobre protagonistas centrales como la madre y el Patrullero Mancuso, y otros como los del “Noche de Alegría”, el viejo Sr. Robichaux o Burma Jones. Así como claras muestras del delirio que se avecina. El detallado trazado del universo de Ignatius, que comprende toda la novela, se apoya considerablemente en el personaje de Mirna Mynkoff, de presencia constante, bien por alusiones, o a través de su encarnizada relación epistolar con Ignatius. <br/>Unas circunstancias llevan a otras, cualquier acontecimiento es desencadenante de otro. Un carrusel que se mueve según los designios de la Diosa Fortuna, como el punto de inflexión de su estilo de vida que supone el aparatoso accidente de tráfico que obliga a Ignatius a trabajar para que su madre pueda afrontar la fuerte deuda que se le presenta. Debe salir a la calle, abandonar su mundo, pero no está dispuesto a hacerlo, sólo quiere datos a pie de calle para reforzar su monumental escrutinio del siglo de necios que le ha tocado vivir. De ese desgraciado impacto nace el crescendo de equívocos que vertebra esta novela.<br/>&#9;Ignatius entra a trabajar en Lévy-Pants, lugar hecho a su medida, decadente y olvidado, que significa una nueva veta para otra indagación, otro dibujo desaforado e impúdico de personajes. Mientras, el mundo a su alrededor no para, el “Noche de Alegría” continúa presente, y su madre acaba trabando amistad y encontrando consuelo en el patrullero y su tía. Historias paralelas que son embrión de otras, que hilvanan el enredo.<br/>&#9;Todo podía haber acabado perfectamente ahí, pero el ansia de Ignatius por epatar a la Minkoff, verdadero motor de sus actos, le lleva a idear un golpe de efecto que acarreará su despido automático. La incisión abierta por su presencia en la fábrica, nos abre la puerta de la mansión de los Lévy, donde, de manera enjundiosa, las clases pudientes, estancadas y rentistas reciben lo suyo.<br/>&#9;La deuda pesa demasiado, e Ignatius, violentamente impelido por una madre cada vez más desesperada, da con otro negocio necesitado, “Salchichas Paraíso”, ideal para que Toole nos lo coloque en la calle en las situaciones más disparatadas.<br/>La fiesta celebrada en el capítulo VIII, en casa de Santa Battaglia y ambientada por Fats Domino, desplaza por única vez la omnipresencia de nuestro “chico trabajador”. Allí su madre empieza a atisbar acaso su última posibilidad de futuro; mientras, las historias colaterales siguen fermentando. Un personaje levemente reseñado en el primer capítulo (Dorian Green, un gay del barrio francés), entra en liza. Esa escena es atravesada por George y Mancuso, en una pirueta de encuentros y desencuentros casuales.<br/>&#9; Los diversos ramales de historias  empiezan a torcerse, por obra y gracia de Fortuna, en su dirección: su madre recibe un golpe fatídico al saber que sale a vender disfrazado de pirata; los Lévy se aterran al conocer ulteriores consecuencias de su paso por la empresa familiar; se encuentra con George y tratan de utilizarse mutuamente; y con Burma Jones, que sí lo utiliza. Para colmo Mancuso le sigue absolutamente febril y desorientado.<br/>&#9;El motor de su subconsciente sigue sobrevolándole epistolarmente, e impulsado por la colaboración de Dorian Green, pergeña un nuevo ataque sorpresa al Sistema. Esto nos lleva al corazón del barrio francés y al ambiente gay, pintado con ironía y humor. Es ahí donde recibe el único varapalo real de la historia, acabando ridiculizado totalmente y vapuleado por un trío de lesbianas. Aquí encontramos a un Ignatius cuyo particular raciocinio parece quebrarse en algún momento, un instante en que la maquinaria incesante de su pensamiento cae en punto muerto y Toole muestra su vulnerabilidad y terrible soledad. Lo muestra como un humano perplejo más.<br/>&#9;Su accidentada salida de la fiesta de Dorian, lo vuelve a poner en circulación, reactivándose en el vertiginoso capítulo XII, en el que su madre ya se ha atrevido a llamarle loco. La aparatosidad de su entrada en el “Noche de Alegría”, de nuevo espoleado por una postrera opción de sorprender a Mirna Mynkoff, y de mitigar su ya insoslayable soledad, ya había sido sabiamente calculada por la Diosa Fortuna, que giró esta vez un poco más abajo si cabe, apoyándose en Boecio, su guía espiritual, en otra pirueta rayana en el paroxismo de la casualidad y el enredo. La posibilidad tangible de cumplir sus deseos dota a Ignatius de la suficiente energía como para protagonizar la sublimación final del absurdo y propiciar la grotesca y genial escena coral que deviene en punto culminante. Todo se desmanda y el carrusel parece descarrilar.<br/>&#9;En el siguiente capítulo, la comedia de enredo se destensa y ofrece su cara amable, mostrándonos mediante primeros planos las reacciones de los personajes ante los últimos sucesos y apuntándonos su futuro. Aquí asistimos a un rasgo de bondad de Toole, provocando el triunfo de los buenos e inocentes, como Mancuso, Darlene o Jones (éste, tras los últimos estertores de Fortuna, rescatado en un último soplo de suerte), personajes con los que es condescendiente; y a la caída de los malos, al modo de cualquier comedia con moraleja. Toole reparte justicia hasta donde puede, pero a través de los designios del destino, negando la intervención de la  perspectiva del hombre. El “caso Abelman”, que acuciaba a los Lévy, también toma un giro inesperado, inducido involuntariamente  por un Ignatius que en su momento más bajo, en el que su suerte parece estar echada, saca arrestos de su poder de seducción, iluminando a un Lévy, siempre tratado con simpatía en la novela, que logra de una tacada la redención y la libertad; incorporando además a la srta. Trixie al apartado de pieza clave del relato. La afligida madre también obtiene una posición ventajosa.<br/>&#9;Podía haber terminado así, pero en el último capítulo Fortuna vuelve a ser caprichosa. En éste, al perplejo lector no le queda más que sacudirse el aturdimiento mientras espera que Ignatius huya y tenga suerte.    <br/><br/><b>“YO SOY IGNATIUS J. REILLY”.-</b><br/><br/>&#9;Caracterizado prolijamente y sin piedad, descrito con delectación, Ignatius Reilly, 30 años, medievalista en paro, recoge en su personalidad, su físico y sus actos un rosario de cualidades negativas sin parangón: cobarde, repugnante, caprichoso, reprimido, mentiroso patológico, egoísta hasta el extremo; infantiloide y aprensivo hasta la exacerbación. Obeso y bigotudo, encerrado en la inmundicia de su habitación, rellena decenas de cuadernos Gran Jefe, con su ideario político-religioso (“teología y geometría”). Entre continuas digresiones y extensas acotaciones, desmenuza un amplio muestrario de su imaginación desbordante, de su reaccionario catolicismo, su ambigua percepción sexual, su añoranza de una monarquía totalitaria, su desprecio por la ilustración, el progreso, el frenético desarrollo industrial y comercial; o su no asunción de la velocidad como ingrediente definitivo de la vida del hombre. Reivindica a su maestro Boecio, habla de la monja Rosvita, clama a la Diosa Fortuna, y desea que la constante inmoralidad de sus enemigos sea castigada azotándolos hasta perder el sentido. Todo acompañado de las agobiantes  reacciones ante los acontecimientos de su válvula pilórica, en forma de expulsiones gaseosas puntualmente señaladas por el autor. Incapaz de viajar y enemigo a ultranza de los medios de locomoción, autobuses en particular, gusta pasar su tiempo libre meditando sobre lo abominable de programas tipo Menudas estrellas, comiendo con ansia y bebiendo Dr. Nuts, en la botella o en su tazón “Shirley Temple”; o recreándose en el cine, persiguiendo con desaforadas críticas, desde su asiento y con la boca inundada de palomitas,  a sus actrices más odiadas. Desprecia el trato humano, con su gran gorra verde con orejeras, su sempiterna camisa de franela y su reloj “ratón Mickey”. Como vemos, despliega sus aires de grandeza y su procacidad ataviado grotescamente a lo americano. Admira a la aristocracia criolla y siempre amenaza con su equipo de abogados.<br/>&#9;Un personaje basado en el devastador choque que supondría extraer alguna mente pensante de otra época, colocarla en medio del crepitar social de los barrios modestos de cualquier ciudad y confrontarla con todo tipo de personajes contemporáneos a la novela. Algo aún más delirante si el personaje  no es de otra época: una ingeniosa muestra, llevada al extremo, del mito del hombre perplejo, desubicado e incómodo ante la sociedad en la que vive y a la que no quiere deberse. Algo que casi todos padecemos en algún momento (sin necesidad de ser un genio, como sugiere la cita de Jonathan Swift, el escritor irlandés autor de “Los Viajes de Gulliver”, que abre el libro y de la que surgió el título de la obra), y que ,estoy seguro, padeció el propio autor. Por eso cabe preguntarse hasta qué punto alguien tan en principio execrable, no lleva en su actitud una parte importante de todos aquellos que luchan en desventaja por gozar de una libertad real, no mediatizada; que pierden y huyen hacia adentro, o salen a regañadientes porque se tienen que buscar la vida o cumplir con un no escrito compendio de actitudes como premisa ineludible para llegar simplememente a vivir en paz. <br/>En el prólogo de la obra, en el que Walker Percy relata cómo cayó la novela en sus manos, se cita a Don Quijote de la Mancha. Con él comparte la radical interpretación del mundo desde una óptica absolutamente personal y delirante, su por momentos desarmante lucidez y fina ironía; y ambos pasan por la aberración y el ridículo en lo desventurado de sus empresas. Incluso las diferencias conservan determinados paralelismos: Quijote fue arrogante y valiente en un mundo pendenciero, Ignatius es miserable, egoísta y hasta calculador en un mundo tal; se autoexcluye con arrogancia y altanería y ataca por donde puede. Utiliza pues, como Alonso Quijano, las armas y los argumentos de la época para sobrellevar victorioso su reacción ante su tiempo, en defensa de valores ya desaparecidos o en franca decadencia.<br/>La responsabilidad enfermiza frente a la irresponsabilidad más alarmante; el análisis del medio y el análisis contra el medio; La acción idealista y el nihilismo furibundo, que oculta otro idealismo más utópico aún.  POR JUANFRAN MOLINA.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[TEENAGE FANCLUB + DEL AYO]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200511]]></issued><modified><![CDATA[200511]]></modified><created><![CDATA[200511]]></created><summary><![CDATA[TEENAGE FANCLUB + DEL AYO]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[TEENAGE FANCLUB + DEL AYO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_183.htm"><![CDATA[<b></b><br/><br/><i>INDUSTRIAL COPERA (GRANADA), 12-10-2.005</i><br/><br/>   Los Lojeños Del Ayo calentaron un ambiente ya predispuesto para el disfrute. La banda granadina fue sin duda una buena elección para ese papel. Sonaron potentes y entregados. Del desgarro de “Before I Die”, a momentos inspirados de su repertorio como “Infiltrate”, “This Is The End” o “The Sick Rose”. Despidiéndose con el “Surrender” de Cheap Trick vía Posies. Como siempre, mejor cuanto más directos.<br/>   Minutos después, tres pies de micro anunciaban a los escoceses. Al poco estaban Norman Blake en medio, Gerard Love a su izquierda, y Raymond McGinley con su afiladísima guitarra a la derecha, la inequívoca puesta en escena de estos hacedores de canciones eternas con pinta de profesores despistados. Para abrir boca cada uno presentó un tema propio del reciente “Man-Made”: Blake rompió el fuego con la vibrante “It´s All In My Mind”, siguiéndole Love con “Time Stops” y McGinley con “Nowhere”. Un reparto de poderes que en directo permite valorar más si cabe las características de cada cual. <br/>   A partir de ahí, como no podría ser de otra manera, sobrevino un amplio repaso de sus clásicos, con ausencia de temas de “Thirteen”. Revisiones de algunas de aquellas canciones de “Bandwagonesque” que cimentaron sus indelebles lazos con Big Star, la inmediatez de “What You To Do Me”, y “The Concept” y “Star Sign”, despojadas ambas de coyunturales toxicidades sónicas, preservando su fuerza natural.<br/>   Francis McDonald se ocupa de la batería en esta gira, que cuenta además con un quinto miembro a cargo del apoyo ocasional de órgano (los repiqueteos en una celebrada “I Need Direction”, la intro de “I Don´t Want Control of You”, su sinuosa presencia en “Versimilitude” o “Born Under a Good Sign”), puntual pandereta e incluso tercera guitarra en liza (“Fallen Leaves”, “I Don´t Want Control of You”). <br/>   Como es costumbre, cada cual interpreta sus propios temas, siempre con la baza de las armonías vocales en estribillos y coros a dos voces, generalmente con Blake como comodín, el más desinhibido y mejor cantante, en contraposición a los otros dos, necesitados de mucha más concentración a la hora de cantar. Armonías que saben a gloria, como las de “Feel” (Blake-McGinley) o “I Need Direction” (Blake-Love),  por señalar un par de ellas. La voz solista toma mayor protagonismo en la delicada “Your Love Is The Place Where I Come From” de McGinley, más desnuda, a una sola guitarra, y destacando el acompañamiento de órgano y del pequeño xilófono de Blake. Le siguió su compañera entre las 31 preferidas de Nick Hornby, “Ain´t That Enough”, con Norman armado de una acústica que también usará en la serena “Did I Say”. Del nuevo elepé fueron cayendo temas como “Feel” con su guiño a “Jessica” de los Allman Brothers; la ácida “Born Under a Bad Sign”, esa colisión entre Stereolab y Jefferson Airplane, que se encargó de abrir el bis o “Slow Fade”, que sonó como cabía esperar, directa y contundente, en la línea de “Sparky´s Dream”, uno de los momentos más impactantes junto a “Neil Jung”, tan envolvente en su electricidad como quien inspira su título, la guitarra de Blake marcando riff en “Versimilitude” o la final “Everything Flows”, todo un espinoso ejercicio noise para nostálgicos.<br/><br/>JUANFRAN MOLINA.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[TEENAGE FANCLUB & JAD FAIR “Words of Wisdom and Hope” (Geographic-Everlasting, 2.002)]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200510]]></issued><modified><![CDATA[200510]]></modified><created><![CDATA[200510]]></created><summary><![CDATA[TEENAGE FANCLUB & JAD FAIR “Words of Wisdom and Hope” (Geographic-Everlasting, 2.002)]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[TEENAGE FANCLUB & JAD FAIR “Words of Wisdom and Hope” (Geographic-Everlasting, 2.002)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_182.htm"><![CDATA[La unión del mítico líder de Half Japanese (durante años una de las referencias ineludibles de la escena independiente norteamericana) y la banda escocesa, suena a sano divertimento, intranscendente y, puede que por eso, recomendable y entretenido. Huele a grabación rápida y relajada con todos tocando a la vez, y la clave del cancionero es que sabe a Nueva York por los cuatro costados, con un Jad Fair reconvertido para su solaz y el nuestro en Lou Reed. La inicial “Behold the miracle”, se abre con un órgano que recuerda al “Gloria” de Van Morrison, y evoluciona recogiendo esa tradicion neoyorquina desde <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/TFCJadCD.jpg" alt="" border="0" width="280" height="280"/><br/><br/>Reed a Richard Hell. En “Heard to you” se cuela J. Mascis. “Smile” y “Crush on you” rememoran la toxicidad de la Velvet Underground, ahondando en la excitante y crepitante monotonía de su sonido. Y “Secret Heart” es un inflamable pedazo de acid-jazz. Como contrapartida ante tanto olor a asfalto, los presentes se sueltan con impecables medios tiempos con la claridad y el dulzor acústico de “I feel nine” o la luminosa presencia de mandolinas en “Love will conquer” o “Power of your tenderness”. Creemos en la sabiduría. JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA “EL BATRACIO AMARILLO” EN JUNIO DE 2.002<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[JOSÉ IGNACIO LAPIDO  “LA CRUDA VERDAD”]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200510]]></issued><modified><![CDATA[200510]]></modified><created><![CDATA[200510]]></created><summary><![CDATA[JOSÉ IGNACIO LAPIDO  “LA CRUDA VERDAD”]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[JOSÉ IGNACIO LAPIDO  “LA CRUDA VERDAD”]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_181.htm"><![CDATA[“No sé por dónde empezar”, el tema que abre este trabajo, encierra muchas de sus constantes, el acento blues que nos recuerda una base sonora no demasiado evidente pero siempre presente, palpitante; la electricidad, necesaria para un tipo que se considera músico de rock; los ecos dylanianos que impregnan baladas y tiempos medios; y el sustrato pop que se vuelca en estribillos y coros, siempre inevitable y unos de los rasgos más acusados de la personalidad de las canciones. Momentos de urgencia cargada de pop y con recia presencia como “Nadie besa al perdedor” y su guiño de fondo al “Paint in black” stoniano. O la contundencia febril de “Noticias del infierno”, constreñido endurecimiento de los cincuenta dulcificado con los coros, representan su lado más directo. El pop salpica, vital y evocador en cortes con madera de clásicos como “Hasta desaparecer” con su esquemático riff de guitarra y redoble marcando el estribillo al modo de los clásicos, y sus resabios de Sugar en segundo plano; “Tiros”, el tema más corto, circulando además entre aromas sureños; o “Manzanas azules” concisión eléctrica entreverada de piano y órgano. Mientras, “Música celestial” combina a los Kinks con los Who, tanto como lo acústico y lo eléctrico. La psicodelia, que ya apareció en el tema “Pájaros” de su disco de debut, tiñe aquí la balada “Más de lo mismo”, tema elegido como primer single del elepé. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/11lapido.jpg" alt="" border="0" width="283" height="139"/><br/><br/>   Los momentos más reposados atesoran las instrumentaciones más ricas, dentro de un conjunto caracterizado por un sonido mucho más expresivo que historiado; escueto, preciso y sobrio, como es su costumbre. Cimentando su brillantez en el poder de las composiciones. “Humo” parte de acústica que encuentra el apoyo de eléctricas que aúllan, hasta que se tocan, arraciman, solapan e intercambian, ante un sutil acompañamiento de órgano; y “El carrusel abandonado” es pura evocación entre sonoridades temblorosas. Regusto dylaniano éste que se concentra también en los últimos tres cortes. Baladas intensas que encierran nostalgias imprecisas, desencanto y confusión; una lírica cruda y certera al acometer la metáfora del tiempo perdido y el destino inmutable. Aquí Dylan ya se ha encontrado con The band, y los Rolling Stones acomenten los setenta imbuidos del cariz agridulce del country-rock: órganos, slides, pianos y guitarras, acústicas sobre las que hierve la inquietud, eléctricas que gritan un desenlace.<br/>   Son canciones forjadas al calor de un estilo que se ha ido sedimentando sobre añejas pócimas. Temas con pasaporte a la perdurabilidad, libres y por eso olvidados del tiempo; aunque quizá por eso siempre presentes. Genuinos fraseos de guitarra, que con vehemencia acomodan palabras de duda, retratos urbanos u oníricos que enmarcan un sentimiento en una imagen, y esta imagen en una frase. Melodías que acompasan un carrusel de personajes que pasan dejando cada uno un pensamiento. Desarrollos contundentes que nos muestran airados pruebas de la soledad y el absurdo humanos, de la continua sensación de pérdida y abandono, que en tantas ocasiones no es sensación. La limpia mirada de amargura y anhelo de un hombre posicionado ante el mundo. Sí, es José Ignacio Lapido, el de 091, y este es su nuevo álbum. JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>JOSÉ IGNACIO LAPIDO “Música Celestial”(Pop Quark-Big Band, 2.002)<br/><br/>ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA “EL BATRACIO AMARILLO” EN JUNIO DE 2.002<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[“MIRA QUÉ CARAS: ES EL FIN DEL MUNDO”]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[“MIRA QUÉ CARAS: ES EL FIN DEL MUNDO”]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[“MIRA QUÉ CARAS: ES EL FIN DEL MUNDO”]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_180.htm"><![CDATA[EL FIN DEL MUNDO…, tema recurrente en la imaginación, las obsesiones y los miedos del ser humano, llega a la música, claro, tratado como metáfora recurrente, o de forma cursi, ecologista, desenfadada, dramática o apocalíptica, lógicamente.<br/>   En este último apartado destaca el aviso de Miguel Nostradamus Ríos en su elepé “La Huerta Atómica” de 1.976. Aún tiemblo con títulos como “Instrucciones a la Población Civil” o “El Carnaval de los Espectros”, ufff. Los uniformados suecos The Hives, van al grano garajero con “Declare Guerre Nucleaire”; y los wagnerianos Muse, después de desvalijar el legado de Radiohead, siguen la estela de un catastrofismo tan básico como pueda ser posible con “Apocalypse Please”. Marilyn Manson, el hombre que no tiene problemas de autoestima, le pega al mal agüero social (“Astonishing Panorama of the Endtimes”), tomándose, ay, demasiado en serio. Al igual que los tenebrosos Godkiller y su grimoso “The End of the World”. Las hordas metálicas también aportan a los sufridos K-Tulu (“Apocalipsis 25D”) y en el orbe metalo-rapero-hispano Def Con Dos (esa nuestra conciencia andante) dan un toque de humor y serie b a “El Día de la Bestia” (de cuando en el cine español se veía gente corriendo); y los mexicanos Molotov acumulan paridas sin descanso en “Apocalipshit” (qué título tan agudo).  Menos mal que nos quedan los Japoneses Pizzicato Five, que ponen al mal tiempo buena cara titulando un disco “Happy End of World”. <br/>   The Cure volvieron de sus propias catacumbas con un single que los presentaba en buena forma, “End of the world” (el vídeo está gracioso). Así titularon su primer elepé en 1.968 los progresivos griegos Aphrodites´s Child (la banda de Vangelis y Demis Russos). Dramática lluvia de teclados. Desde Liverpool, los supervivientes del tecno de los ochenta Aflock of Seagulls tuvieron la terrible idea del volver en 1.995, con el cd “Light At The End of The World”. El 17 de octubre de 1.970 se grabó casi todo el “It´s After The End of the World” de Sun Ra & His Intergalactic Research Arkestra. El Jazz se inflama trascendiendo este inmundo planeta. John Mellencamp, mientras, nos tranquiliza con “This May not be The End of The World”. Se agradece. Manolo García ya era un redomado existencialista de lo cotidiano en la época de Los Burros (la vibrante “El Faro del Fin del Mundo”); por su parte, el sentimentalismo de La Habitación Roja me pone la piel de gallina, ¿en?: “El Día del Fin del Mundo”, de su disco “Un Mundo Perdido”. Hace quince años Pet Shop Boys estaban anodinos en su “The end of…”, ya sabéis. Sus aplicados admiradores hispanos de Alaska y Dinarama se les anticiparon cuatro años al tratar tan espinoso tema, (“El Fin del…”). Se adivina la influencia de Berlanga en un  texto paupérrimo, al hacer rimar sin arrobo Ángel de Luz con autobús. Hablando de esquematismo lírico, o Apocalipsis pijo, qué mejor que “El Fin del…”, que Nacho Cano compuso para el exitoso debut de su grupo, Mecano. Más retadora y enjundiosa es la letra de “El Fin del…” de la portorriqueña Mimi Maura, construida con sus esencias jamaicanas habituales.<br/>   Entre las que más me gustan está la preciosa versión de Leigh Nash (cantante de Sixpence None The Richer) junto a la notable banda instrumental Los Straitjackets, del clásico de Skeeter Davis “The End of…” o la irresistible “Banned From the End of the World”, del prolífico trío femenino Sleater-Kinney. Elvis Costello prefería esperar en este r´n´b nuevaolero de su mítico debut (“My Aim Is True”, 1.977), “Waiting For the End of the World”. Los Planetas siguen la estela de 091 en “Canción del Fin del Mundo”, en su letra se insertan ciertas referencias efectistas de la actualidad (“vamos a manipular los resultados”...”y voy a reivindicar los atentados”) en un conseguido ambiente de inevitable decadencia. “El Fin del Mundo” de Los Desechables es un conjuro sónico inspirado por su desmesurada afición a la cultura trash y serie b, influida por los Cramps, una banda determinante para ellos. Grabado en directo, en ese golpe inicial de batería, el obsesivo y caótico feedback de la guitarra y la desgarrada voz de Tere se vislumbran a la vez su ingenuidad y su rabia.  “The End” de The Doors, es el final más final de todos los mundos: el “This is the End” de Morrison, resonando en “Apocalypse Now”, o la en gélida versión de Nico.  O el Fin tan profusamente narrado por Bob Dylan en “A Hard Rain´s A-Gonna Fall”, tema que aún figura en su repertorio. El “Verano Muerto” de mis añorados Los Bichos, pertenecía a su primer elepé, “Colour Hits”, toda una gozosa celebración de influencias. Enmarcada entre las notas iniciales y finales del “Sweet Jane” de Lou Reed, sonaba cual celebración infantil a cargo de los New York Dolls. No sé si habla del fin del mundo pero... “un millón de esqueletos caminan en silencio... maquillados como putas, en el verano muerto”. REM lograron con “It´s the End of The World…” uno de sus mejores estribillos, que ya es decir; y Stipe una letra curiosa. Por último, de 1.991 es la banda sonora del filme de Wim Wenders “Until The End of The World”, que será recordado precisamente por aquélla. Entre los temas más sobresalientes tanto en música como en letra están “(I´ll Love You) Hill The End of the World” de Nick Cave y “Until The End of The World” de U2. <br/><br/>JUANFRAN MOLINA.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[EL TIEMPO COMO ARTE]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[EL TIEMPO COMO ARTE]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[EL TIEMPO COMO ARTE]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_179.htm"><![CDATA[Estimados psicocamaleones, hoy nos centraremos en músicos de pop diferentes entre sí, españoles y superados los cuarenta, que han forjado una carrera solista de frutos relevantes y sin muestras de agotamiento. Su forma de ver la música ha crecido con ellos, siendo su repertorio un abanico de matices cada vez más rico. Sus recientes lanzamientos se han producido en los últimos meses, salvo el de uno de ellos, que esperamos con impaciencia. Ellos son Malcolm, Miguel Ángel, Antonio y José Ignacio.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/lapido.jpg" alt="" border="0" width="225" height="304"/><br/><br/>   En Malcolm (también guitarrista de blues), su concepto del pop, de la melodía, es un espolvoreo mágico, a la vez que algo sombrío y reflexivo. Es capaz de extraer una canción de cualquier cosa: chistes privados, anécdotas cotidianas..., y tienen la virtud de parecer hechas minutos antes de llegar a nuestros oídos: soplos instintivos, que circundan distintos estilos (pop, psicodelia, folk, swing...) hilados de forma completamente natural en el taller Scarpa. Él, como Dylan, sólo tiene que atrapar las canciones. Su repertorio respira el marchamo de los clásicos. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/Vega.jpg" alt="" border="0" width="314" height="244"/><br/><br/>   Miguel Ángel  hace el mismo pop maduro y acendrado desde el primer día, siempre mostrando un dominio, una fidelidad a las líneas maestras del género, y un equilibrio que alcanzan su punto culminante de expresividad en “Ningún Cielo”. Temas excelentes de calado y profundidad en su impecable y brillante lozanía. <br/>   Antonio es un compositor acostumbrado a atinar. Responsable de canciones inolvidables incluidas en discos irregulares aunque aprovechables, lastrados por producciones a veces en exceso sofisticadas o vacuas. Nos reencontramos con su esencia en su disco “Básico” de 2.002, y este “3.000 noches con Marga” (producido por el mismo), a pesar de todos sus vericuetos sinfónicos, nos muestra al Vega más inspirado y personal del último decenio; demostrándonos que él se conoce mejor que nadie, y que el tratamiento de las texturas de guitarras es la piedra de toque para resaltar todo el alcance de su lirismo. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/m290601mscarpa.jpg" alt="" border="0" width="200" height="261"/><br/><br/>   José Ignacio ha conseguido desarrollar un sonido propio hecho de materias nobles: Dylan, Kinks, Beatles, Stones, rock setentero, algo de punk y new wave. No estoy cayendo en tópico alguno: sus composiciones desde hace veinte años van mucho más allá de las enseñanzas de sus maestros; transmitiendo un discurso particular, recalando en un espacio único.<br/>   Al contrario de Malcolm, a Antonio le van los desarrollos instrumentales, fiel a su formación setentera tiende a alargar los temas. Sin embargo, ambos gustan de acercamientos jazzísiticos. El primero es prolífico frente a la discontinuidad del segundo.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/images.jpg" alt="" border="0" width="72" height="109"/><br/><br/>Los otros tres son más prolijos que Malcolm (sobre todo el último Vega), mientras él apuesta por una espontaneidad ya legendaria, lo que le diferencia de la cierta gravedad de sus compañeros de artículo. Menos Vega, el resto gusta de recreaciones de pop psicodélico y tributos a la armoniosidad de los sesenta. Aquél tiene una expresión sonora más accidentada e intrincada. Antonio y José Ignacio provienen de bandas históricas a las que siempre estarán unidos (Nacha Pop y 091). Ambos son excelentes letristas, a la cabeza del pop tomado como particular y remarcable expresión poética en castellano. Idioma que comparten todos, con la reciente incorporación de Malcolm. Los cuatro, a pesar de su desigual repercusión comercial, son caminos secretos algo extraviados; áreas de respiro y reflexión en la gran autopista del ruido y la actualidad, con sus cunetas hechas de olvido. JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>ESCRITO EN MAYO DE 2.005<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[DIRECTO DE MALCOLM SCARPA Y SU CONJUNTO]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[DIRECTO DE MALCOLM SCARPA Y SU CONJUNTO]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[DIRECTO DE MALCOLM SCARPA Y SU CONJUNTO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_178.htm"><![CDATA[<b></b><i></i><b>FERIA DEL LIBRO. GRANADA<br/>19 DE MAYO DE 2.005</b><br/><br/><br/><br/><br/>   Junto a la residencia veraniega de Lorca en la Huerta de San Vicente, ese lugar en el que tantas actuaciones exclusivitas se realizan, estaba el ocasional escenario al que subió, pañuelo en mano, un malhumorado y constipado Malcolm Scarpa; complementado (con la ausencia del Serpentina Paco Tamarit) por Luis Castro a la batería y ocasional piano, y el siempre animoso Luis “Reynaldo” González al bajo y coros. No se parecía esa noche Malcolm a la especie de duende marciano, mágico miniaturista de pop y psicodelia, que conocemos, o imaginamos;  pero las canciones estaban ahí, perfectamente vivas y dispuestas a llevarnos de viaje.<br/>   Al aire libre, ante unas decenas de espectadores sentados aquí y allá, fueron desgranando un repertorio surgido más o menos sobre la marcha de entre ese medio centenar largo de canciones que llevan preparadas. Quizá se echase de menos una mayor continuidad entre los temas, en ocasiones precedidos de excesivas pausas. Abrieron con “La Farmacia Ambulante”, con teclados y sin batería; y tocar después la música de cabecera de aquel programa de Jesús Gil, no ayudó a meterse en el concierto precisamente, hecho que comenzó a fraguarse minutos después con la dylaniana “En los Bajos del Cine San Pol” o el clásico swing “Laughing Rhythm” de Slim Gaillard. Los temas de “Las Cosas Cambian” se alternaban con otras versiones como “I got the blues when it rain” de Buddy Guy y “Love of my Life” de Zappa; o rarezas de su repertorio como “Funkadella”. En directo, el guitarrista de blues se encarama a menudo sobre el creador pop, recorriendo diabólico el mástil, hiriendo las cuerdas con o sin púa, y convirtiendo a su conjunto por momentos en power-trío (la versión de Guy o la poderosa inyección blues que recibe “Formica 2.000”).  “Your Name Is…” fue el primer tema que tocaron de sus míticos trabajos de los noventa, otra vez con Wurtlizer y con Luis González marcando el ritmo a la batería. A partir de ahí el concierto se creció, con temas como “Turn Your Radio On” o “Cellophane House”. Finalizando con el estupendo tramo formado por “About Old Stockholm”,  “El Estanco de Paula”, “Sunday Afternoon” y el postrero regalo de “This Time”. <br/>   Al salir del concierto, junto a mi coche, un tipo le mostraba un móvil a otro diciéndole que pronto desaparecerán los teléfonos fijos, las agendas, las cámaras de fotos, los despertadores, los sobres, los sellos… <br/><br/>JUANFRAN MOLINA.<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[ENTREVISTA A DIEGO A. MANRIQUE]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[ENTREVISTA A DIEGO A. MANRIQUE]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[ENTREVISTA A DIEGO A. MANRIQUE]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_177.htm"><![CDATA[<i></i>“UNA VIDA MARCADA POR TODOS LOS RITMOS”<br/><br/><br/><br/><br/>   Profesional del periodismo musical desde 1.975, ha tenido el privilegio de vivir in situ los rotundos vaivenes musicales y sociales de un país tan apresurado y a la vez tan conformista como el nuestro. Todos sus oyentes le deben un disco que de otra forma jamás hubiesen conocido; todos, incautos, se han quedado alguna vez estupefactos al escuchar algún cambio de tercio en sus programas. Tan libre y heterodoxo como debería ser cualquier aficionado de aquí, mantiene vivo un mundo paralelo alimentado de discos y actitud; donde todas las geografías están a la misma distancia del oído y la actualidad es mucho más que el presente,como podemos comprobar cada dia en "El Ambigú" de Radio 3. Diego A. Manrique al teléfono.   <br/><br/><br/><br/><br/><i><b>- ¿Cuánta gente va quedando en los tiempos que corren que “no necesita que se le diga lo que tiene que escuchar”?</b></i><br/><br/>Yo creo que aún existen numerosas minorías de gente que busca  determinadas músicas y sabe localizarlas. Ahora es mucho más fácil que nunca conseguir todo tipo de música, gracias a Internet y gracias a las importadoras. Lo que pasa es que esas minorías siguen siendo un porcentaje pequeño con respecto a los que escuchan lo que los poderes fácticos dicen que hay que consumir. <br/><br/><i><b>- ¿Cómo recibiste la concesión del premio Ondas?</b></i><br/><br/>Con sorpresa,  porque el premio Ondas lo concede la Ser y siempre tienden más a premiar a radiofórmulas. Y bien, a caballo regalado no le mires el diente.<br/><br/><i><b>-El paso del tiempo tiende a relativizarlo todo, a estas alturas ¿qué marca indeleble crees que dejará el rock en la historia desde un punto de vista sociocultural?</b></i><br/><br/>(Risas).Yo creo que marca dejará, lo mismo que la han dejado otras músicas que han impactado o que han movido masas como el tango, el blues, el jazz o montones de otras músicas que tienen más de cien años. Lo que ocurre es que es un monstruo tan grande y tiene tantas cabezas que se necesitarán muchos años para tener una idea clara del impacto que ha tenido.<br/><br/><i><b>-A día de hoy ¿qué puede ofrecer el rock´n´roll creativamente hablando?</b></i><br/><br/>Debe utilizar formulaciones frescas con lo que ya hay, es decir, básicamente es muy difícil que algo te sorprenda. Todos los géneros que ha habido en el rock siguen en activo, pero siempre hay alguien que coge los cuatro elementos que sean los coloca de una forma diferente, les da otra perspectiva y de repente pues suenan frescos.  <br/><br/><i><b>-¿Cuándo dejó de ser un referente?</b></i><br/><br/>Quizá cuando empezaron a llegar todo tipo de ofertas de ocio que compiten con la música como son los videojuegos, las drogas obviamente (que consumen una gran cantidad de dinero), Internet, o la pasión por las discotecas y por la vida nocturna; todo esto hace que el rock ya no tenga esa preeminencia que tenía antes. Incluso el fútbol yo creo que cada vez crea más pasión o por lo menos nos lo meten con mayor intensidad. Esto hace que el rock se haya retirado y que sea una oferta más entre otras.<br/><br/><i><b>-¿En qué momento cesó de evolucionar a golpe de creatividad, cuándo se inicio la maquinaria del constante reciclaje, que creo que es el motor que lo sustenta actualmente?</b></i><br/><br/>Quizá los primeros revivals empiezan a aparecer en los años setenta, los del rock and roll básicamente. En los años ochenta se acortan los tiempos entre ellos,  aparece el ska que es una música de diez años antes y a partir de ahí es como si todas la músicas estuvieran en supermercados, en exposición; y cada vez es más fácil recurrir a esas fórmulas que están en la mayor parte de los casos muy desarrolladas porque han tenido su vida y están ya codificadas, y se sabe quiénes son sus pioneros y quiénes son los genios de cada género, y eso facilita mucho todo este proceso de reciclaje. Es algo que, por ejemplo, uno ve mucho en los grupos japoneses que tienen una pasmosa capacidad para apropiarse de todo tipo de músicas debido a que cuentan con tiendas de discos francamente fascinantes y bien repletas de todo tipo de material. Yo diría que el proceso al que te refieres viene desde los años ochenta hacia acá.  <br/><br/><br/><i><b>-Al hilo de lo anterior, ¿Cuándo dejó de parecerte la actualidad del rock excitante?</b></i><br/><br/>Desde que se extendió la idea que tienen muchos compañeros de profesión de aceptar que la realidad de rock la decide una revista que se llama New Musical Express, el hecho de que en España todo lo que diga esta revista se considere ley divina. Se trata de un semanario que sale en Londres, en un determinado país, para una determinada cultura, con una determinada industria discográfica; y encuentro absolutamente patético que todo lo que se dice en el New Musical Express se considere como que no tiene discusión. Yo en este extremo aprecio más la actitud que tienen los franceses en el sentido de que tienen las antenas más abiertas y no dejan que los ingleses les vendan burras cada semana sino que tienen sus propios criterios, filtran lo que les interesa y definen una estética propia. Aquí lo que acontece es un seguidismo de los gustos londinenses que es bastante pernicioso. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/diegomanrique.jpg" alt="" border="0" width="180" height="250"/><br/><br/><i><b>-Sabemos que eres coleccionista de discos, quisiera saber cuántos discos tienes y que porcentaje te suenan ya repetidos.</b></i><br/><br/>Si me pusiera a contar los discos que tengo me moriría de vergüenza y me dedicaría a venderlos, tengo demasiados discos. Lo que ocurre es que siempre los discos, con el tiempo te revelan sorpresas, discos que en su momento no te llamaron la atención pues veinte años después escuchas alguna canción de ese disco en una película o en una recopilación y te hace volver a ellos y redescubrirlos con gran placer. Pienso que  una colección debería ser un ser vivo al cual recurres de forma regular y esto es lo que hago en el programa de radio, que es eso, tener la capacidad de que si de repente te interesan determinadas cosas poder  buscar esos discos y asombrarte, en alguno casos positivamente y en otros, desgraciadamente, lo que te pareció soberbio con el paso de los años lo vas relativizando y tiene menos fuerza.<br/><br/><b>“El problema no es que la música tenga<br/>patrones anglosajones, lo que estoy buscando <br/>siempre es la personalidad, que el artista<br/>que esté detrás utilice esa materia y la<br/>convierta en algo propio, algo que te comunique”</b><br/><br/><i><b>-Hay características que creo seculares en los músicos españoles de rock, como la tendencia a despotricar o ningunear a generaciones anteriores de aquí sin atreverse a incluirlas en su bagaje públicamente. ¿Hasta qué punto ha cambiado esto, si es que lo ha hecho?</b></i><br/><br/>Hay gentes como Los Planetas que son conscientes de que vienen de una tradición, pero el modelo general es el de matar a los padres. Muchos aparecen despreciando todo lo anterior y yo creo que eso es una actitud suicida, una actitud que revela la superficialidad de muchos de estos músicos. Entiendo que si eres un grupo joven y surges en un determinado momento, tienes que mantener una cierta pose arrogante pero en muchos casos en la música española lo que ves es simplemente incultura. A veces escucho o leo entrevistas y digo cómo es posible, cómo tienen vergüenza para intentar desarrollar una música creativa cuando no saben nada de lo que ha habido antes, y claro, lo que ocurre es que en muchos casos lo que hacen es repetir los errores de sus predecesores porque no han sido capaces de asimilar esas enseñanzas. <br/><br/><b>-¿Cuál puede ser la explicación a todos esos prejuicios que hacen que muchas veces se abandone la memoria histórica de la música en España?</b><br/><br/>En principio es una característica del país, que está empeñado en vivir siempre en presente y que carece de curiosidad histórica y desde luego el ambiente no potencia esa curiosidad por lo que ha habido antes. Es algo que forma parte de un proceso general y, bueno, siempre se ha dicho eso de que la historia siempre se repite, la primera vez es una tragedia y la segunda es una comedia; en muchos casos está ocurriendo eso, que esa ignorancia, esa incultura, hacen que haya muchas músicas que nacen taradas porque no están pegadas a la tierra.  <br/><br/><i><b>-He leído que verías con buenos ojos ciertas medidas proteccionistas de los gobiernos hacia sus músicas propias, frente a los gigantes multinacionales, pero ¿cuál es el verdadero peligro, las imposiciones anglosajonas o la vacuidad sin fondo de la industria española?</b></i><br/><br/>Para los que hemos vivido la España de Franco, ese tipo de leyes que existieron y que posiblemente no hayan sido derogadas (como una ley que hizo el ministro Fraga, que lo era de Información y Turismo, que especificaba los porcentajes de música española que tenían que sonar), son leyes feas, incómodas pero no sé si llegado el momento pueden ser útiles. Lo que hay que hacer es estudios muy serios de qué es lo que realmente se escucha y qué es lo que se consume. Pero claro, tampoco sirve de nada que tenga que sonar un cincuenta por ciento de música hecha en España cuando esa música es tan basura como la mayor parte de la que  encuentras en la lista de ventas de AFYVE.   <br/><br/><i><b>- Como profesional del periodismo musical, ¿cómo recibiste el fenómeno de los primeros ochenta y cómo lo valoras desde la distancia?</b></i><br/><br/>Yo me vine a vivir a Madrid a finales del setenta y nueve, y lo tuve alrededor de mi casa porque todo ocurría aquí en el centro de Madrid. Lo viví con entusiasmo, y, con el paso del tiempo lo que sigo viendo es una cantidad de canciones y de oferta musical asombrosa; y de hecho, cuando salen estos recopilatorios de cinco cd´s de la época uno se queda boquiabierto, porque bueno, sabemos que estaban Radio Futura, Nacha Pop, Alaska, etc. pero lo que hay detrás son docenas y docenas de grupos que muchos de ellos tienen canciones muy llamativas, unas actitudes muy imaginativas. Y esas canciones siguen viviendo, ya que tanto en Madrid como supongo que en otras ciudades hay locales donde se nutren básicamente de esta música. Eso, a estas alturas quizá no sea muy sano, pero por otro lado ves que la riqueza y la abundancia de propuestas que había entonces es mucho mas grande que la que tenemos ahora. <br/><br/><i><b>-En tu intervención en Málaga, en las jornadas de la Música Contada, creo recordar que el único grupo español que pusiste cuyo trabajo partía de patrones anglosajones fueron Golpes Bajos, ¿qué otros grupos de rock de aquí consideras poseedores de marcada personalidad o de cierta originalidad?</b></i><br/><br/>He mencionado antes a Nacha Pop y a Radio Futura que desde luego tenían enorme personalidad, insisto, el problema no es que la música tenga patrones anglosajones o patrones cubanos o patrones argentinos, lo que estoy buscando siempre es la personalidad, que el artista que esté detrás utilice esa materia y la convierta en algo propio y en algo que te comunique. Esos dos casos me parecen que son evidentes de grupos que tienen un espacio musical propio aunque partan de determinadas influencias y un mundo de sugerencias y sentimientos que es absolutamente personal. Y en el caso de Golpes Bajos lo triste fue lo breve de su trayectoria y el hecho de que su propuesta no llegara a desarrollarse plenamente.<br/><br/><br/><i><b>-El Ambigú (Radio 3) inició su andadura en radio 3 en 1.992, ¿Cómo resumirías la década de los noventa en España?</b></i><br/><br/>A partir de 1992 se produce una bajada tremenda quizá porque los grupos que habían surgido durante los años ochenta estaban demasiado presentes y en muchos casos se habían desgastado y comercializado. Hubo una reacción que fue todo el movimiento indie que, desdichadamente, perdió la voluntad comunicativa que había en la década anterior. La perdió por cantar en inglés y por hacer música para pequeños clanes y no con una voluntad más amplia. Entonces lo que se ha visto ya al avanzar los noventa es una cierta recomposición de creatividad; pero aun así ves que hay músicas absolutamente maravillosas que se hacen en este país y pasan totalmente desapercibidas. Yo creo que durante los años ochenta (insisto, no hay que mitificarlos), había una mayor apertura de los medios y de la industria hacia cosas nuevas y así esas cosas nuevas tenían posibilidad de salir a la superficie; en este momento lo que hay es una degradación del gusto y del consumo alentada tanto por la industria como por los medios. No interesa la creatividad, la frescura, la grandeza de una música tanto como las ventas y esa es una tendencia penosa. Pero no únicamente en la música, uno ve la publicidad de best-sellers que te dice “tres millones de libros vendidos…” o de las películas: “una película que ha costado cien millones de dólares…”. Y te preguntas que tiene que ver eso con la calidad.     <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/diego_a_manrique.jpg" alt="" border="0" width="137" height="150"/><br/><br/><i><b>-¿Qué tienen de positivo y negativo las militancias estilísticas?</b></i><br/>El que existan clanes o sectas que tengan una militancia muy clara con una estética es inevitable. Posiblemente si uno investigara vería que estos músicos en su vida cotidiana consumen otras músicas, es decir no comen sólo un tipo de comida. Pero bueno el centrarse en  un estilo muy rígido ayuda a que en el arco iris de tendencias que hay exista una mayor riqueza. Tampoco vamos a querer que todos los grupos sean mestizos ya que muchas veces son discos en los que el primer tema es ska, el segundo reggae, el tercero es son, el cuarto rumba, el quinto soul, etc…   <br/><br/><b>“Centrarse en un estilo muy rígido ayuda<br/>a que en el arco iris de tendencias que hay<br/>exista una mayor riqueza”</b><br/><br/><i><b>-¿Qué opinas del devenir de la escena independiente española actual de pop y rock?, ¿qué falta?, ¿qué merece la pena destacar?</b></i><br/><br/>Lo que se ha visto es un bajón en las ventas tan impresionante y una disminución de su relevancia. Ahora es demasiado fácil sacar discos y muchas discográficas lo que hacían era prácticamente sacar todo dentro de lo que coincide con sus gustos. Por lo que yo sé las compañías independientes están en una situación francamente delicada y si hubiera estadísticas uno vería que cada vez sacan menos discos, que sus oficinas cada vez son más pequeñas. Están sintiendo la presión del mercado está claro, pero siguen siendo básicas para muchas cosas, por ejemplo toda la escena del rap prácticamente se hace en sellos independientes.<br/><br/><i><b>-Y, en general, ¿qué te ilusiona de lo que se hace actualmente en nuestro país?</b></i><br/><br/>Me sigue dejando boquiabierto la capacidad que tienen algunos artistas andaluces para crearse mundos totalmente personales y el desparpajo con el que se enfrentan, gente como Los Delincuentes o Mártires del Compás ante todo. Luego hay cosas que me llaman la atención que son más bien flores de determinadas zonas. Un artista gallego que se llama Juan Rivas, que antes estaba en Stereoceano, ha hecho un disco maravilloso y naturalmente ha pasado desapercibido; o la audacia de la propuesta de Enrique Bumbury, la capacidad que tiene para reinventarse y para meter todo en la batidora. Hay muchas cosas, lo que ocurre es que hay que buscarlas muy afanosamente porque se encuentran generalmente fuera del radar de los grandes medios.   <br/><br/><i><b>-¿Qué lección recibimos musicalmente de Latinoamérica en general y de México en particular?</b></i><br/><br/>Lo que uno ve cuando va a Méjico es el entusiasmo, la vida, la energía que le ponen a la música. Son artistas que cuando salen al escenario dan lo mejor de ellos,  es que se lo quieren comer todo. Son artistas que además se enfrentan con un fondo social bastante hostil. No parece que sean muy belicosos socialmente, no digo políticamente (no hablo únicamente del caso de las referencias al zapatismo); pero sí que es una música que se enfrenta a más dificultades y sale con más fuerza, con más ganas de comerse el mundo, con una intensidad y una necesidad muy fuerte de comunicar con la gente, porque allí quizá el fenómeno del rock sea más reciente. Hasta bien entrados los años ochenta aquello estaba verdaderamente reprimido y marginado. Además, ves que son artista que meten todo en la batidora, tienen un mundo interior muy grande y sobre todo son artistas con capacidad para comunicarse. También es cierto que saben que tienen un doble mercado porque no sólo tocan en México sino que recorren prácticamente todo EEUU y eso les hace más audaces y abiertos. Durante mucho tiempo los grupos españoles iban de forma regular a Sudamérica, ahora cada vez menos y yo creo que el no moverse les hace más reducidos en su visión.       <br/><br/><i><b>-¿Qué conclusiones has sacado de la relación de la gente con la música, desde tu experiencia de pinchadiscos?</b></i><br/><br/>Pues sigue siendo un misterio, ya que cada vez que pinchas hay músicas que pones en la radio y funcionan muy bien y en la pista de baile no funcionan tanto. Cada noche todas las ideas que tuvieras previstas pueden cambiar. A lo mejor pinchas en Sevilla o Málaga con gente entusiasmada y luego vas a otra ciudad como puede ser Huelva y prácticamente con la misma música encuentras mucha menos reacción. Es un misterio la forma en que la gente recibe la música y cada vez que pinchas es una experiencia fascinante porque dependiendo de lo que pongas, de cómo lo pongas, puedes conseguir distintas reacciones. Yo creo que lo bonito de pinchar es poder observar ese efecto de la música, a diferencia de estar en la radio que no sabes realmente como te está recibiendo la gente salvo mediante una llamada o un e-mail. <br/><br/><i><b>-Cómo experimentado entrevistador, a lo largo de estos años, ¿cómo ha cambiado en general la mentalidad de los músicos, o de las estrellas que has entrevistado?</b></i><br/><br/>No sé si se puede decir que ha cambiado mucho, pero lo que si ocurre es que el mundo de la música está imitando los peores sistemas de promoción del mundo del cine. Cada vez el tiempo está más controlado, tienes menos acceso a los artistas. Si pueden intentan evitar las cuestiones polémicas, pasan cosas que antes no ocurrían como que un manager o una discográfica intenten determinar quién es el periodista que entrevista a sus artistas o que intenten, y en algunos casos consigan, el derecho de revisar el texto. Un tipo de cosas que hace diez, quince, veinte años eran inaceptables ahora se nos están colando en parte debido, como digo, a esa imitación de las técnicas del mundo del cine, que son verdaderas dictaduras en su forma de tratar a los medios de comunicación.   <br/><br/><i><b>-¿De qué artista actual merece la pena quedarse con las toallas usadas en un concierto como recuerdo? (La pregunta surge porque Diego hizo esto mismo en una actuación madrileña del ex – Byrds Roger McGuinn). </b></i><br/><br/>(Risas). Yo eso de llevarme las toallas sólo lo hice una vez  y la verdad es que es una tontería. Más que el hecho de la toalla lo que te queda en momentos que tengas ese impulso de llevarte un recuerdo son esos instantes en que pareces estar levitando y piensas que por escuchar eso y por vivir ese momento valen la pena todas las pequeñas miserias y los condicionante que tienes que soportar en este mundo, en esta profesión.<br/><br/><i><b>- Por último, tú que has vivido significativos cambios sociales y estéticos, ¿qué reflexión te produce el panorama actual?, ¿dónde está la salida del túnel si ésta existe?</b></i><br/><br/>Me da casi reparo hablar de esto porque es que tendemos a ponerlo todo tan negro que puede resultar hasta contraproducente porque da la sensación de que no tiene salida. Cuando eres un periodista de base lo único que realmente puedes hacer es mantenerte fijo en tus ideas y en tus creencias y luchar por esas músicas y si no se tiene ni el poder económico ni el poder político para cambiar nada significativo, sí se puede tratar de mantener la idea de que merece la pena hacer las cosas de la mejor forma posible como periodista, como radiofonista como cualquier trabajo que tengas relacionado con el mundo de la música y yo creo que esa idea te da la propia satisfacción. El que los gustos musicales de la mayoría hayan degenerado y el que las discográficas claramente hayan dejado de respetar a los artistas, no puede ser la excusa para que los demás nos metamos en esta dinámica del todo vale. <br/><br/>JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>PUBLICADA EN “UNIVERSO POP” EN AGOSTO DE 2.002<br/><br/><br/><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[ENTREVISTA JOSELE SANTIAGO]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[ENTREVISTA JOSELE SANTIAGO]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[ENTREVISTA JOSELE SANTIAGO]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_176.htm"><![CDATA[<i></i><b>“EL ESPACIO INTERMEDIO”</b><br/><br/>   La música de Josele Santiago siempre ha desbordado sus cauces, por muy perfilados que estuvieran. Esa sensación de que había algo más allá de lo que ofrecían sus discos con Los Enemigos, se materializa claramente en su debut en solitario, “Las golondrinas etcétera” (Virgin, 2.004). Algunos lo llaman casticismo, y otros añadimos inspiración, capacidad de observación y conocimiento profundo del terreno que se pisa. Por eso puede sustituir el riff por el detalle, la perpendicularidad pétrea del sonido por la cremosidad de curvas que se entrecruzan antes de llegar al oyente. Las canciones gozan de un tratamiento que les permite respirar infinitamente, están vivas: las puedes notar cambiar, sentir palpitar, reír, lamentarse. Josele se sitúa en un personal punto intermedio y rinde tributo a Chavela Vargas, al sonido Motown, al swing, al country, a la psicodelia, a Waits, a Reed, a sí mismo y a todos los que amamos la amplitud del lenguaje del rock´n´roll.  Leamos pues.<br/><br/><br/><br/><br/><i><b>-¿ Hace veinte años te imaginabas haciendo trabajos en solitario en un futuro?</b></i><br/><br/>Con diecinueve años uno anda con las hormonas al baño maría y, puestos a imaginar, imagina mayormente cochinadas.<br/><br/><i><b>-¿Has sentido vértigo de lanzarte en solitario?, ¿cuáles eran tus principales dudas?</b></i><br/><br/>Vértigo es precisamente lo que quería volver a sentir. Afrontar las canciones con un espíritu más libre. Arriesgar. Hacía tiempo que no disfrutaba con ellas, que no conseguía insuflarles vida. Los Enemigos acabamos por dejarnos arrastrar por nuestra propia inercia y las primeras víctimas estaban siendo las canciones.<br/><br/><i><b>-Respecto de las presentaciones en directo que llevas, ¿te has sentido algo desprotegido sin un nombre como Los Enemigos detrás?</b></i><br/><br/>Es ahora cuando lo llevo detrás. Y estoy encantado, porque antes tenía la sensación de llevarlo encima.<br/><br/><i><b>-¿Cuál ha sido la respuesta del público hasta el momento?</b></i><br/>Esperaba más vestiduras rasgadas, la verdad, porque la controversia parecía servida, pero los nostálgicos recalcitrantes han brillado por su ausencia. Han sido las canciones las que han ido señalando este cambio de trayectoria. No ha venido dado por capricho. Y estas cosas, supongo, se notan.<br/><br/><i><b>-¿Has adaptado algún tema del repertorio Enemigo a tu sonido actual?, ¿a qué canciones de Enemigos te apetece más hincarles el diente con la nueva formación?</b></i><br/><br/>Hay canciones que parecen prestarse gustosas a las maneras que me interesan ahora, más juguetonas. Otras, sin embargo, se resisten. No me voy a pelear con ellas, a estas alturas.<br/><br/><i><b>-Quitando los temas más fuertes, “Las golondrinas…” me recuerda a algunos momentos del “Sursum Corda”, y también a su mayor variedad sonora respecto de trabajos posteriores. ¿Qué pueden tener en común el proceso de composición de ambos trabajos?.</b></i><br/><br/>No se me había pasado por la cabeza, pero es cierto, tiene sentido hablar de similitudes. Qué curioso, parecen tener algo en común. Puede que sea la escasa prudencia con la que se plantearon los dos. El “Sursum” siempre me pareció uno de nuestros mejores trabajos y, mira por dónde, es un disco en el que las prisas nos obligaron a ser bastante menos minuciosos que de costumbre.<br/><br/><i><b>-Supongo que en este tiempo habrás desechado bastantes temas y diferentes opciones para trabajar o grabar las canciones ¿puedes contarnos algunas ideas que hayas desechado en beneficio de éstas?</b></i><br/><br/>No soy tan prolífico como para permitirme desechar demasiados temas, ojalá lo fuera. Sin embargo las ideas (las musicales) suelo tenerlas muy claras. Procuro hacerles caso a las canciones, darles lo que creo que me van pidiendo. Éstas pedían a gritos ser grabadas en riguroso directo, voz incluida. Y para eso, no hay nadie mejor que Nacho Mastretta en la producción. La banda, inmejorable, estaba clara. Los arreglos también. Las ganas, el entusiasmo y la diversión, garantizados. Aceptar cualquiera de los otros procederes ( todos ellos basados en la pulcritud y la prudencia) que me ofrecieron por ahí hubiera sido hacer el canelo.<br/><br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/josele.jpg" alt="" border="0" width="300" height="299"/><br/><br/><br/><b>“Hacía tiempo que no disfrutaba con las canciones, que no conseguía insuflarles vida”</b><br/><br/><br/><i><b>-¿Existe alguna finalidad compensatoria para incorporar al disco los temas acústicos o simplemente estaban entre los mejores que compusiste?</b></i>“<br/><br/>Borrico” y “Soldado limpiando un fusil” ya venían así, desnudicas, de casa. Sin embargo, a “Sin perdón, dormid” le tuvimos que dar muchas vueltas para acabar dejándola también en bolas, que es como resultó estar más guapa.<br/><br/><i><b>-¿Cuál es la canción cuya evolución en estudio te ha sorprendido más?</b></i><br/><br/>“Con las manos vacías”, sin duda. La escuché por ahí, de casualidad, y me hizo llorar. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así. Se la enseñé a Nacho y al día siguiente apareció en el estudio con los arreglos. Repartió las partituras y...¡salió a la primera!<br/><br/><i><b>-¿ Y en cuál saltaron más chispas (positivamente hablando)?</b></i><br/>Creo que nunca he disfrutado tanto en un estudio como grabando “Rompes mi canción” con estos sacacuartos.<br/><br/><i><b>-¿El resultado se parece a lo que esperabas para tu debut en solitario?</b></i><br/><br/>Uno cree que lleva las cosas muy claras en la cabeza. Nacho y yo estuvimos trabajando duro en los arreglos ( los dos en gayumbos y echándonos jarras de agua por la espalda, porque fue durante la ola de calor del verano pasado) , pero lo bueno llegó después, en el local de ensayo. La banda respondió de tal manera que no dábamos crédito. Son ellos los que les dan la vida a las canciones. Ellos pusieron toda esa magia con la que, desde luego, yo no contaba.<br/><br/><i><b>-¿Le estás exigiendo más a la voz ahora?</b></i><br/><br/>El hecho de sentir que las canciones me pidan cambios drásticos en cuanto a las prioridades, que ahora no me interese la contundencia y sí la interacción entre los músicos, que huya de las estridencias y busque sonidos limpios, que ponga especial cuidado en los silencios, que me empeñe en grabar cantando en riguroso directo... Todo eso sospecho que está encaminado principalmente a una necesidad muy concreta: encontrar espacio para cantar.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/3757916787.jpg" alt="" border="0" width="300" height="300"/><br/><br/><i><b>-¿Ha cambiado mucho tu forma de componer y trabajar las canciones estos dos últimos años?</b></i><br/><br/>La forma de componer sigue siendo la misma: guitarra acústica, un tecladito, papel y lápiz. Pero andar por la vida sin una banda fija te priva de muchas cosas. La que más echo en falta es la posibilidad de contar con una visión objetiva inmediata a placer, es decir, de llamar a los chicos para ir a ensayar en cuanto hay una canción en ciernes. Mi nueva situación me ha llevado, por falta de experiencia, a tener aparcadas las canciones durante meses hasta que pude reunir a la gente con la que quería trabajar. Lo que, por cierto, ha resultado ser bastante perjudicial para una salud mental digamos que de por sí quebradiza.<br/><br/><i><b>-Respecto de “Con las manos vacías”, quisiera que nos dijeses en primer lugar, si tenías un empeño especial en meter una versión en el disco y por qué y, siendo ésta, qué te hace iniciar los conciertos con ella, teniendo en cuenta que es la canción que resulta más chocante para el público.</b></i><br/><br/>Quería hacer una versión, lo que no sé es por qué. El caso es que apareció esta canción y la hice. Después, al plantearme el directo, me di cuenta de que es ideal para empezar. Por muchos motivos. Es importante captar la atención del público desde el primer momento, y para eso conviene sorprenderlo. Esta canción es tan brutal que deja al personal como petrificado y, por otro lado, es tan intensa que a nosotros nos calienta desde la primera nota. Empezar así también lleva implícito un mensaje subliminal, algo así como “Hola, he vuelto y a partir de ahora va a valer todo”.<br/><br/><i><b>-Tras mucho escucharla, el ambiente general de “Serrín” me lleva a relacionarla con el “Berlin” de Lou Reed. ¿Es demasiado imaginar?.</b></i><br/><br/>No sé. Desde luego el aire que respira no es sano. Es una canción tabernaria y bastante sórdida. Pero no es una canción triste, es sólo que está sin un duro.<br/><br/><br/><b>“Empezar así (los conciertos con “Con las manos vacías”) también lleva implícito un mensaje subliminal, algo así como “Hola, he vuelto y a partir de ahora va a valer todo”. ”</b><br/><br/><br/><i><b>-¿Cómo han evolucionado tus gustos musicales en los últimos años?, ¿qué nuevos sonidos has incorporado a tu colección de discos?</b></i><br/><br/>Escucho básicamente música negra del siglo pasado.<br/><br/><i><b>-¿Cómo ves el panorama nacional, y qué lanzamientos de grupos españoles recomendarías a alguien que quisiera iniciarse en el pop y el rock que se hacen en España?</b></i><br/><br/>Me gusta mucho el disco de Pablo Novoa, el de Los Coronas, el de Victor Coyote, el de Albert Plá, los Dr. Explosión, yo qué sé. Espero ansioso material nuevo de Kiko Veneno. Me gustaría que Rafael Amador volviera a hacer música. ¿Grupos nuevos?. Yo qué voy a recomendar a nadie, si no me entero de nada.<br/><br/><i><b>-¿Cuál consideras que es el lugar del artista en la sociedad actual?, ¿crees que la politización o la proyección pública a diferentes niveles les exige más de lo deben o pueden dar?</b></i><br/><br/>No creo en “el artista”, así en general. Cada enfermo es un mundo. Seas músico o seas carpintero, la única obligación que tienes es la de encontrar tu sitio. Y asumirlo, claro. Como músico o como carpintero. No el que se te supone sino el que tú reconoces como tuyo.<br/><br/><i><b>-Recordando la década pasada, ¿cómo afectó a Los Enemigos la oleada de música interpretada en inglés y el abrazo sin condiciones de las nuevas tendencias, en lo referente a ventas, público y crítica?</b></i><br/><br/>De repente a los grupos nuevos les dio por cantar en inglés, qué quieres que te diga. Personalmente supongo que en el plano teórico debería darme igual, pero en el práctico no puedo evitar que me suene un poco a nota falsa que un tío de Zamora componga canciones en inglés.  A nosotros nos afectó tanto como la moda aquella de los nuevos románticos, o sea, nada. Aunque a Fino y a Manolo parece que con el tiempo les sedujo la idea y en ello están.<br/><br/><i><b>-Pasado este tiempo desde la grabación del disco, ¿qué letra te parece más sustanciosa y posible estímulo de reflexión?.</b></i><br/><br/>Modestia aparte, creo que todas se merecen un vistazo, por lo menos. Aunque haya dos en particular que quizás merezcan más atención. “Sin perdón dormid” y “Feliz big bang” dicen más cosas de lo que parece.<br/><br/><i><b>-¿Crees que el rock, sus esquemas sonoros, ha constreñido en algún momento de tu carrera tu creatividad?</b></i><br/><br/>Cuando Los Enemigos intentábamos abrirnos a estilos más libres como el Blues, el Soul, o el Vodevil, se nos veía un poco el plumero, creo yo, porque no fuimos capaces de despreocuparnos. En lugar de tirarnos sin red a ver que pasaba seguíamos obsesionados con la precisión y la minuciosidad que caracterizan las maneras de una banda de rock “sin roll”. Cuando buscábamos swing parecíamos autómatas, no éramos capaces de olvidarnos de la contundencia. No sabíamos jugar.<br/><br/><i><b>-¿Qué sensaciones te produce el momento actual de tu carrera?</b></i><br/><br/>Si yo no estuviera contento ahora me deberían colgar de los huevecillos, hombre.<br/><br/><i><b>-Despídase de los lectores de UNIVERSO POP, por favor.</b></i><br/><br/>Pues adiós muy buenas, señoras y señores lectores, que les vaya todo bien.<br/><br/>JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>APARECIDA EN “UNIVERSO POP” EN JUNIO DE 2.004<br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[RADIOHEAD “Hail to the thief” (Parlophone-Emi, 2.003)]]></title><link rel="Música para Psicocamaleones" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/atom.xml" title="Música para Psicocamaleones"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200509]]></issued><modified><![CDATA[200509]]></modified><created><![CDATA[200509]]></created><summary><![CDATA[RADIOHEAD “Hail to the thief” (Parlophone-Emi, 2.003)]]></summary><author><name><![CDATA[Juanfran Molina]]></name></author><dc:subject><![CDATA[RADIOHEAD “Hail to the thief” (Parlophone-Emi, 2.003)]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/c_175.htm"><![CDATA[Tres años después de las sesiones de grabación de “Kid-a” y “Amnesiac”, la banda de Oxford vuelve con más de lo mismo, otra andanada de sensaciones a flor de piel. Desarrolla las múltiples peculiaridades de su pop de vocación y devoción clásicas, despojándolo de lastres, dejándolo suspendido en el aire y deconstruyéndolo para dejar maravillosas canciones por el camino. Su gran apuesta por la electrónica como método para alcanzar la abstracción sónica, la subversión de lo previsible y la renovación de estructuras, es compartido esta vez con un acercamiento más evidente al rock y al pop, fruto de un viaje de ida y vuelta no hecho de vacío. Las composiciones, cargadas de estímulos sensitivos, siempre ofrecen más de un punto de vista, una curva inesperada, una caída al vacío, un juego de manos. Van de lo esencial a lo majestuoso. De las guitarras furibundas a las programaciones de ritmo.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/psicocamaleones/files/Radiohead.jpg" alt="" border="0" width="304" height="304"/><br/> <br/>   Así, temas como “2+2=5”, que partiendo de su esquematismo habitual deriva en rock de riff afilado o “There there“, el primer single del álbum, que observando algo de Neil Young, tras su inicial ritmo sincopado, logra un desarrollo a partir de las guitarras que lo convierten quizá en el tema más logrado del disco. “A punchup at a wedding”, recuerda de nuevo a Young, esta vez el de “Tonight´s the night” y su deambular espeso y taciturno; además, los coros finales parecen aportados por Crosby, Stills & Nash desde el “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. Y, en una línea cercana geográficamente, “Go to sleep” revive la intensidad acústica y progresión sonora del rock ácido californiano. Por su parte, “Myxomatosis” suena a unos Pearl Jam sintetizados. La vibrante “Where i end and you begin” responde también a una estructura compositiva clásica, basada en percusiones, y tanto “Scatterbrain”, tema que parece provenir de las sesiones de “O.K. Computer” (Parlophone, 1.997), como la final “A wolf at the door” optan por un clasicismo cristalino, lacerante en su brillo. “Sit down, stand up” recobra lo turbador del sereno dramatismo de su exploración espacial, terminando de forma trepidante. En “Sail to the moon” destaca el recogimiento sombrío del piano, esa sensación tan perturbadora como tenue y minimalista que se repite en la breve “I will”. “We suck young blood” presenta la estructura más curiosa y experimental, ritmo seco marcado por palmas y piano grave que por unos instantes sabe a blues, recordando esas pinceladas suyas de jazz y sonidos añejos, la importancia de los silencios. Y,  por último “Backdrifts” y “The gloaming”  se desenvuelven entre la dejadez y la exactitud mediante la excitación rítmica de las programaciones. JUANFRAN MOLINA.<br/><br/>PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN SEPTIEMBRE DE 2.003<br/><br/>]]></content></entry></feed>
