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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
BEEF “LA SONRISA DEL MUTANTE”
No sé si pegarían mucho en las fiestas de tu pueblo, la verdad. Ya te to puedes imaginar: una furgoneta llega al ferial veraniego de turno, se abren las puertas y comienzan a brotar mutantes, brincando por todas partes... Algo así me inspira a veces el sonido de Beef, un verdadero ente extraño, un virus eléctrico animoso y descacharrante, una fe ciega en las guitarras constreñidas; utilizando el noise como expresión turbulenta, nada apelmazada, siempre subvirtiendo el pop sin perderlo de vista; explorando el sonido porque sí, porque les gusta.
A principios de los noventa, David Rodríguez apareció con Bach is Dead, banda con nombre prestado por The Residents, que dejó un rastro breve pero intenso, con una memorable maqueta y un elepé (“Sonotone”( Marilyn,92)). Saqueos impúdicos de la imaginería de Juanito Valderrama inspiraban títulos como “Burra guitarra vieja”, “Vientos de Badajoz” o “República Dominicana”; dejaron pistas de su debilidad preferida, “Schizophrenia” de Sonic Youth y hasta un éxito en potencia injustamente olvidado (“El Buscador de Mugre”).
La prolífica producción de David Rodríguez con Beef, se inicia en 1.993 con “Beef songs”( La Fábrica Magnética), desarrollándose a partir de ahí una combinación siempre sorprendente: ese carismático conjunto de experimentación, improvisación, ruido y temas accesibles o redondos. Una dualidad natural y fantástica que los coloca perfectamente en el escenario grande de Benicàssin o en el madrileño Experimentaclub. Canciones con un mucho de ironía desde los títulos, más cercanos al absurdo que al surrealismo; algo de desencanto y ese realismo que se suele confundir con cinismo. Beef se mueven dentro de una inercia que dominan cada vez más, superponen capas de ruido en su intrincado deambular por esencias electrificadas, sin dejar de observar referentes como Sonic Youth, The Fall, Joy Division o Wire. Me es difícil destacar un trabajo concreto, ya sea el celebrado “Tongues” (Acuarela, 95), producido por Kramer; “Fi qars sheikh al-Dabant” (elefant, 97) o “España a las ocho” (Elefant, 98), cualquiera puede ser su mejor álbum, según los días, incluido el reciente “Misery & lies”.



En esta ocasión cuentan con la producción del reputado Wharton Tiers, colaborador habitual de Sonic Youth. Las constantes de la banda de Sant Feliu de Llobregat permanecen y se desarrollan, radicalizándose incluso en algunos momentos. Así la deuda con sus maestros neoyorquinos surge en el primer corte “My bitch friend” con su ritmo galopante y diverso, continuando con “Misery”; al tiempo que “Poetics” recuerda a The Fall. Temas como “Nose” los presentan lanzados a un ruidismo sin ambages, una interferencia continua; “El final de una carrera” genera un feedback que se vuelve arisco, experimentando consigo mismo sin compasión; mientras que el delirio jazzístico de “Soap”, “Backstreeta y los bakalaeros makis” o “Sex in mind” se decantan por la improvisación. Por otro lado cortes como “Cosmopolitan”, con una melodía más cercana al “My name is luka” de Suzanne Vega que a otra cosa y “Society sucks” con su fugacidad sónica integran el lado accesible de este disco junto a la expansión bucólica de “Highlights” o “Teen”. No se los presentes a tu alcalde. JUANFRAN MOLINA.

BEEF “Misery & lies”(Elefant, 2000).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.000
 
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