logotipo

img_google
Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
THE JACQUELINES “ARTESANOS DE LA ESPONTANEIDAD”
The Jacquelines es el nuevo proyecto de Malcolm Scarpa, y con eso debería de estar todo dicho, pero me temo que no, nunca lo está cuando se trata de artistas que no salen en “Séptimo”. Habrá que volver a repetir que estamos hablando del último compositor sorprendente del pop español; alguien capaz de reunir los mejores y más peculiares iconos de los sesenta, desde Ray Davies a Brian Wilson o Syd Barret, para crear un lenguaje de canciones personalísimas con una facilidad pasmosa. Breves soplos de pop surgidos de una guitarra acústica o una mandolina, trasladándonos esa sensación que queda tras una gratísima primera impresión. Creaciones exultantes que circundan lo genial en muchas ocasiones y que siempre muestran la perfección de la sencillez y el preciosismo creativo de un tipo comunicativo y ensoñador, abierto a sonoridades de toda índole, siempre empeñado en un recorrido desbordante e ilimitado por melodías, estados de ánimo, ilusiones, anécdotas o nostalgias.



Malcolm tocaba en el metro de su ciudad, Madrid; en 1.992 graba junto a Ñaco Goñi el elepé “Doin´our kind” (Cambayá), recorriendo el país con sus irrefrenables directos y haciéndose un nombre dentro del circuito blues, al que vuelve de cuando en cuando. Un año después Malcolm el bluesman entrega 26 temas en su debut homónimo con Triquinoise records. Quizás por inesperado y fresco sigue siendo mi favorito y conserva en su interior el sonido low-fi con más sentido que yo haya escuchado. Prácticamente interpretado y producido por él, al igual que los 26 temas de “My devotion” (Triquinoise, 94) más plácido y psicodélico, jazzístico por momentos. En 1.995 aparece, ya en Hall of Fame, “The road of life alone” y, sí, también tiene 26 temas. Aquí destaca un sonido más contundente y compacto, desarrollado por un trío ya acostumbrado a tocar en directo; menos prolijidad arreglística para una nueva colección de temas irreprochables. Al año siguiente “33 1/3 Microsillons” (Hall of Fame), sólo trae 15 cortes que contribuyen a mantener su leyenda de artesano del pop. Tras algún escarceo bluesero, en 1.999 firma la banda sonora de la película “Mamá es boba”, del director Santiago Lorenzo. Y en 2.000 se presenta dentro de una banda, demostrando que lo más clásico puede ser novedoso y excitante si la intuición funciona y se opta por la brillantez y la imaginación como medio para esquivar la inercia que conduce a la linealidad más yerma y autocomplaciente.
The Jacquelines huele a Malcolm por todas partes; los temas, compuestos por él, rezuman su personalidad por doquier. El sonido es esmerado, mimado, contenido y suficiente; huyen de obviedades y arreglos superfluos. Hay oficio, pero también espontaneidad. “Never have to cry” es un corte enérgico y adictivo; como irresisitibles resultan esa aura lisérgica de “Anything that´s part of laulla” o “Phantabeirutonite”, que suena a unos Box Tops pasados por ska. Hay baladas envolventes para dejarse ir, como “Umbrellas”, o canciones que muestran al Malcolm más maduro, prácticamente crooner (“My love for you” o “I apologize”). También hay sitio para la calidez soul de “So many windows”, un tema amable como “Alison”, el siempre eficaz recuerdo de los Kinks en la explosión de “Jour de fête” o la belleza arisca y desapacible de la tensa “My decline & fall”. JUANFRAN MOLINA.

THE JACQUELINES “Jaimita, songs of tragedy and grotesque” (Velvet, 2.000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JULIO DE 2.000
No