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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
DESPUÉS DE NUNCA “LA EMOTIVIDAD, FRENTE POR FRENTE”
713avo Amor era una banda extrema, la perversa unión de unos tipos malagueños seguidores de Einstürzende Neubaten y amantes de tratar el ruido en primer plano. En 1.993 apareció, a través de Experience records, “A veces el dolor”, elepé debut y depositario de las fundadas esperanzas creadas por el grupo durante los cuatro años anteriores. Un trabajo crudo y exacerbado, restallante de ruido, y tóxico de melodías y textos urgentes e impredecibles; aún acotados dentro del concepto clásico de canción: dardos certeros, inigualados e inasequibles al paso del tiempo. Un año después, ya en Triquinoise Records, el trío de dos guitarras y batería encabezado por la personalidad desbordante de Carlos Desastre, publica “Horrores varios de la estupidez actual”, acopio de descripciones y sensaciones desarrolladas mediante genuinos y epatantes ejercicios de saturación sónica e intensidad ambiental. Y eso fue todo.



Un lustro tuvo que pasar para volver a saber de ellos, Desastre siguió colaborando aquí y allá, con grupos afines, como ya se señaló en su momento en estas páginas, y dedicado a actividades relacionadas con el teatro y la declamación pública. Salvatierra, el otro superviviente, ha colaborado con orquestas de toda condición y grupos instrumentales. Y de Antonio Acién, el otro guitarrista, coautor de muchas composiciones de la banda, nada se sabe.
Después de Nunca es un nombre extremo, el perverso reencuentro de dos tipos de málaga con pasado común, especialistas ya en la lucidez de la propia experiencia. Este nuevo debut se grabó entre los meses de diciembre de 1.998 y enero de 1.999, y fue editado por el sello madrileño Demonios que Disco records, éste no pudo hacerse el debido cargo de su promoción y ahora, el reciente y valiente sello malagueño Alone records, ha decidido reeditarlo y moverlo como se merece. El ruido sigue ahí, al igual que el desgarro, el bajo aparece invitado en escasas ocasiones, quedando todo pendiente del trabajo de guitarras y efectos varios de Desastre y de la imaginación percusiva del profesor Salvatierra. Cada pieza es un espacio, y cada espacio una puesta en escena, un retablo expresivo suspendido en el aire. Juegos de sinceridad abrupta, transparencias de sentimientos, meticulosas descripciones de mirada ágil entre nubarrones de ruido que vuelven a ser una experiencia necesaria y única.
Lo que menos me gusta es ese progresivo abandono de los rasgos sonoros, esa despreocupación del latir personal de las músicas, de su vivacidad. Se decantan por temas largos que son cauce del intransferible quejío de Carlos Desastre; su forma de cantar y recitar ya es su propia canción, y el resto es acompañamiento intuitivo y visceral. Salvo “Dondestaelcielo ” y su lirismo funambulista, sobreponiendo su equilibrio a estertores de electricidad y rumores de esa tensión percusiva tan presente; todo lo demás se muestra tan terminal y catártico como siempre pero más farragoso e intrincado. Canciones que andan entre barrizales de guitarras, riffs ásperos que, como en “Mi asesino”, el crecimiento progresivo de “Gimiendo Brasas” o la cambiante expresión de “El riff número cero”, resultan efectivos pero demasiado planos. De todas formas no faltan momentos memorables, como las pinceladas dramáticas de la guitarra en algún momento de “Serpiente”, el quebradizo y tambaleante avance de “Los que aún no han nacido”, el cortante acento blues de “Tu preciosa sangre”, o la sinuosa turbulencia de “Algún día, lo sabrás todo...”.

DESPUÉS DE NUNCA “Después de nunca”(Demonios Qué disco records, 1.999)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN NOVIEMBRE DE 2.000
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