LOS PLANETAS “LA PATRULLA VOLANTE”
De todas las mutaciones sufridas por el pop en los últimos veinte años, Los Planetas recogen el legado más infeccioso y sublime, descreído y creíble. Siempre serán un grupo pop, la búsqueda incesante de la melodía, de la canción redonda será su principal eje expresivo; pero todo acabará tomando un cariz sombrío, inabarcable e íntimo, cuando su percepción de las cosas impregne la música, o la patrulla inicie su inevitable vuelo espacial desde su propio estudio de grabación, o desde cualquier escenario. El efecto final es desasosegante y turbio, por momentos cercano al gran Fernando Alfaro, porque el mensaje modula el sonido, y la vocación expresiva directa y lo alucinógeno vuelan juntos. Y es que una banda tomada como proyecto de comunicación termina siendo algo angustioso pero único, un comando frágil expuesto a la intemperie de la fugacidad, luchando por no dejar nunca de reconocerse. No queda otra que tirar de transgresiones programadas, de poses prestadas o tomar partido por tal o cual estilo o movimiento, para sentirse camuflado y protegido, lo pretendidamente auténtico que guarece y separa de cualquier atisbo de realidad.

La evolución de Los Planetas, sin embargo, los ha ido confrontando cada vez más al mundo, y esto ha hecho crecer en ellos una actitud desafiante, subversiva y firme en la impermeabilidad de sus planteamientos básicos. Se desarrolla una proyección propia desde el dulzor melódico y la toxicidad eléctrica: un efecto narcótico particular, ajustado y conciso, por el que la energía se libera cada vez con más convicción, inspirada, conjuntada y cortante, estimulada de electrónica pero jamás manipulada; dispensadora generosa de sensaciones, creciendo desde dentro sin perder la sencillez. Las influencias se mezclan con su personalidad a partes iguales, y, si no hay invento, hay algo nuevo; como nuevo es todo aquello que embriaga y sorprende. Así, “Santos que yo te pinte”, rememora a los primeros Spacemen 3, pero con una melodía y un carácter configurados a los diez segundos de canción, elevándola hacia una emoción temblorosa que insufla vigencia a una etiqueta tan maleada y dudosa como noise-pop, que sólo en ellos veo realmente aceptable a estas alturas. Junto a ésta, otros dos son los pilares de este nuevo trabajo: “Vas a verme por la tele”, que incide en la rotundidad de un riff bien definido, como ya ocurrió con “Prueba esto”; y “Un buen día” que vuelve a tocar la esencia de la eterna canción pop. El efecto inmediato de estos temas dan el tiempo necesario para que los demás vayan creciendo, y se puedan descubrir plenamente nuevas incursiones en el sonido planetario como el pop nueva olero de “Maniobra de evasión”, la eficacia de las pausadas melodías de “Anuncio para coches”, “Tierras altas” y “Que no sea Kang, por favor” con sus arreglos de cuerda y su vocación de himno psicodélico. La inquieta “Plan de fuga”: repetitiva, incisiva y expansiva; una onda que avanza y se repliega guiada por la secuencia de bajo y profusamente salpicada de efectos. El suave baño de órganos añejos de cuando Dylan andaba con The Band en “La cara de Niki Lauda” o la desnudez acústica, introspectiva y unida por silencios de “Canción para ligar (o para que no me dejes)”, continuando la línea iniciada en el elepé anterior. Una patrulla que siempre nos sobrevuela con la sirena encendida, equidistante de la tierra y el cielo. JUANFRAN MOLINA.
LOS PLANETAS “Unidad de desplazamiento”(R.C.A., 2000)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN DICIEMBRE DE 2.000

La evolución de Los Planetas, sin embargo, los ha ido confrontando cada vez más al mundo, y esto ha hecho crecer en ellos una actitud desafiante, subversiva y firme en la impermeabilidad de sus planteamientos básicos. Se desarrolla una proyección propia desde el dulzor melódico y la toxicidad eléctrica: un efecto narcótico particular, ajustado y conciso, por el que la energía se libera cada vez con más convicción, inspirada, conjuntada y cortante, estimulada de electrónica pero jamás manipulada; dispensadora generosa de sensaciones, creciendo desde dentro sin perder la sencillez. Las influencias se mezclan con su personalidad a partes iguales, y, si no hay invento, hay algo nuevo; como nuevo es todo aquello que embriaga y sorprende. Así, “Santos que yo te pinte”, rememora a los primeros Spacemen 3, pero con una melodía y un carácter configurados a los diez segundos de canción, elevándola hacia una emoción temblorosa que insufla vigencia a una etiqueta tan maleada y dudosa como noise-pop, que sólo en ellos veo realmente aceptable a estas alturas. Junto a ésta, otros dos son los pilares de este nuevo trabajo: “Vas a verme por la tele”, que incide en la rotundidad de un riff bien definido, como ya ocurrió con “Prueba esto”; y “Un buen día” que vuelve a tocar la esencia de la eterna canción pop. El efecto inmediato de estos temas dan el tiempo necesario para que los demás vayan creciendo, y se puedan descubrir plenamente nuevas incursiones en el sonido planetario como el pop nueva olero de “Maniobra de evasión”, la eficacia de las pausadas melodías de “Anuncio para coches”, “Tierras altas” y “Que no sea Kang, por favor” con sus arreglos de cuerda y su vocación de himno psicodélico. La inquieta “Plan de fuga”: repetitiva, incisiva y expansiva; una onda que avanza y se repliega guiada por la secuencia de bajo y profusamente salpicada de efectos. El suave baño de órganos añejos de cuando Dylan andaba con The Band en “La cara de Niki Lauda” o la desnudez acústica, introspectiva y unida por silencios de “Canción para ligar (o para que no me dejes)”, continuando la línea iniciada en el elepé anterior. Una patrulla que siempre nos sobrevuela con la sirena encendida, equidistante de la tierra y el cielo. JUANFRAN MOLINA.
LOS PLANETAS “Unidad de desplazamiento”(R.C.A., 2000)
ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN DICIEMBRE DE 2.000





