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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
P.J. HARVEY “EL CRUJIDO DE LA SEDUCCIÓN”
En el improbable caso de que alguien requiriera mi opinión al respecto, no dudaría en nombrar a P.J. Harvey como la artista más importante para el rock en la década de los noventa. La que más ha aportado desde que en 1.992 apareciera “Dry” (Too Pure). Esta chica de Yeovil (Inglaterra), de aspecto folkie y desaliñado, oponía a su aparentemente frágil presencia un impúdico latir, terriblemente propio. Instrumentación básica y primitiva; voz entregada y ansiosa para la precipitación de un irrefrenable vertido de sensaciones. Algo muy especial que la convirtió en una revelación para la mayoría de los medios. El efecto sorpresa continuó con “Ride of me” (Island, 93), un trabajo capital de aquel año producido por Steve Albini. Polly Jane se sintió, sin embargo, frustrada por su sonido, ofreciendo en “4-track demos”, su versión de los hechos en cuatro pistas, con los temas interpretados básicamente por ella. En plena emersión de la electrónica y con todos los puntales del rock puestos en tela de juicio, ella atravesaba los noventa con una personalidad pasmosa, oxigenando la música a base de excitación pura y urgente. Todo crujía, en continua fricción, en su guitarra y su voz de rasposa dulzura: blues primitivo, punk neoyorquino, Stooges, folk. Canciones airadas expulsadas con una crispación palpitante, caliente. Algo telúrico la empujaba haciéndola sublime, creando un efecto tan diáfano como inexplicable. Con “You bring to my love”(Island, 95), se mostró dueña de todas las esencias, de todas las claves, y sobre todo, capaz de crecer con sus propios argumentos. Contando con nuevos músicos, el sonido se volvió más denso y sustancioso, portador de una gravedad que acaso sea lo más influyente de su trabajo. En 1.998 “Is this desire?” abundó en el tratamiento de ambientes, mediante un intimismo electrizante y seductor, una suavidad y un refinamiento siempre turbadores e inéditos hasta la fecha.



Su nuevo elepé da la sensación de que la etapa de la sofisticación queda aparcada. Grabado, interpretado y producido junto a Rob Ellis (el baterista de siempre), y Mick Harvey, con la única presencia externa de Thom Yorke de Radiohead; rezuma por todas partes una inspirada relajación. La libertad creativa primigenia se funde con el aplomo posterior. El ambiente no abandona el intimismo, pero guitarras y bajo recuperan su palpitación, su condición percusiva. “Big exit”, es un inicio de vocación incendiaria, declaración de intenciones. “Good fortune” es una gran canción, vehemencia y estilo se unen, en este recordatorio de Patti Smith. Suena ligera, al igual que la calidez acariciadora de “A place called home” y “On line” que nunca pierde su base enervante. “Beautiful feeling”, interpretada sólo con voz y guitarra, y la presencia de Thom Yorke, emana una intensa luz en su entregada desnudez, igual que la amable y folk “You said something” o “Horses in my dreams”, lírica y onírica, pausada y nítida. El sonido candente y pesado surge en “The whores hustle and the hustlers whore”; “Kamikaze”, que nos muestra a la P.J. Harvey de siempre, briosa y cortante; o en la rotunda “This is love” la ofrenda a los Stooges de este trabajo, guiada por el órgano de fondo hacia un estribillo suave y atractivo. En un álbum ejemplo de concreción y con una inagotable expresividad, capaz de ofrecer canciones capitales como “This mess we´re in”, ésta con Thom como voz principal, y la final “We float”. JUANFRAN MOLINA.

P.J. HARVEY “Stories from the city, stories from the sea”(Island-Universal, 2.000)

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN ENERO DE 2.001.
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