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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
“APOSTOLADO PRECOZ” (recuerdos de los Surfin´Bichos)
“Su hermano Absalón le dijo: “¿De modo que tu hermano Amnón ha estado contigo?. Pues calla por ahora hermana; es tu hermano; no des demasiada importancia a la cosa”; y Tamar se quedó desconsolada en la casa de Absalón, su hermano..."


Hacia 1.989 una canción llamada “Gente abollada” empezó a surcar las ondas hertzianas con cierta asiduidad. Era la sorprendente maqueta de un nuevo grupo. Un año antes, esta banda de Albacete había trucado su procedencia para participar en el Rock
Revelación Madrid, sustituto del Villa, creo que quedaron terceros. La maqueta pudo ir firmada por Los Bichos o Los Surfin´Jesus, pero finalmente fue Surfin´Bichos el apelativo elegido; Servando Carvallar se fijó en ellos y a él estuvieron vinculados hasta el final. La primeriza y enmarañada grabación se llamaba “Primera Cebolla Sónica”, y recuerdo que me parecieron, apenas los escuché, un grupo nuevo de verdad, no un grupo más. La maqueta mostraba un animal larvado, oculto en inmediatez, ironía y rabia, pero anunciaba claves que en un futuro inminente comenzarían a desarrollarse, así como multitud de temas que inundarían su primera época: “Olvidé mi orgullo”, “Gente abollada” y “El fantasma en la botella”, conformarían junto a “Sólo por ti seré el mejor” su “Surfin´Bichos ep”(Rabia,89); y “¿Amas lo desconocido?”, “Gente abollada”(de nuevo), y “Nada puede calmar mi sed” se colarían en su primer elepé: “La luz en tus entrañas”(La Fábrica Magnética,89). Sin embargo, entre tanta repesca no contaron con “Los cuatro motocarros del Apocalipsis”, para mí, muestra relevante de sus aún confusas intenciones.
El trío inicial estaba compuesto por Fernando Alfaro (voz y guitarra), su primo José María Ponce (bajo) y Carlos Cuevas (batería). José María había estado tocando con los punks de Cortejo Fúnebre, y Carlos había sido vocalista de varias formaciones locales como La Rendición o Padres de Mayo, con los que llegó a grabar algo. Fernando, mientras, componía en la intimidad de su cuarto decenas de canciones imbuido del espíritu de la Velvet Underground. Creaba un animal interior experto en atrapar melodías dulcemente y en expresarlas abruptamente, como si en el proceso recorrieran un alambique oscuro, dolido, de mal agüero. Todo un mundo de turbiedades y dudas a flor de piel, de pasos en falso y pasión creativa que no haría más que crecer, estando a punto de diluir a la persona en el interior sombrío del personaje. Joaquín Pascual, miembro de casi todos los grupos de la ciudad, colaboraba con ellos, pero no apareció con su guitarra y sus teclados en los créditos hasta el elepé.



Tras el ep antes mencionado como aperitivo y continente de la gran carta de presentación de sus inicios (“Gente abollada”), vino el álbum. “La luz en tus entrañas” lucía unos intestinos sobre el fondo rojo de la portada, y ésta portaba a su vez una pegatina que los nombraba grupo revelación de diversos medios y nos recordaba su victoria en el concurso del programa de TVE “El Salero” (nada menos que cinco kilos). En el interior las letras venían expuestas como versículos bíblicos, todo un aviso. El disco fue demasiado producido por el ex –teclista de La Mode Mario Gil, a las canciones les falta la profundidad necesaria, las guitarras resultan inexplicablemente simples para tanta tensión contenida, y algunos arreglos de metal sobran o resultan demasiado forzados; parece ser que el proceso de prensaje tuvo mucho que ver en el resultado final. De todas formas fue uno de los trabajos más relevantes de su época. Junto a las ya mencionadas, conocimos canciones que nos ayudaron a entrever la figura del animal; la belleza tensa que surge de la confusión



de “Aráñame con cariño”, la sombría dulzura velvetiana de “El rey del pegamento”. Temas de sublime pegada como “Crisis”, “Vive el peligro”, “Malaventuranzas” o “Un perro feliz”, que perfilaban el impacto, el rostro del animal, su mirada apretada, su gran clase para crear melodías inolvidables. Y la confirmación de esa voz vehemente, enfática, imperturbable y casi siempre portadora de una extraña e inocente dulzura; que atraviesa la música para contarte dolorosas o estrambóticas historias al oído. La temática religiosa, como se anunciaba en la maqueta, vuelve con fuerza, pero también se nos habla de vértigo, angustia, aturdimiento, riesgo, locura... Este tipo tenía algo que nos hacía creerle.
Su aparición coincidió con un momento pujante para la escena albaceteña: Franky Franky y El Ritmo Provisional, Los Buenos, Los Fabiolas, Trollstones (con los que colaboraban activamente), etc. Grupos que grabaron discos con desiguales resultados aunque no exentos de interés. El apartado nacional también se movía,
entretejiendo una escena novedosa con propuestas del calibre de Los Raros (después Cancer Moon), La Secta, Los Bichos, Pantano Boas, Sex Museum, Los Del tonos, el primer Corcobado en solitario o los nunca bien ponderados Enemigos. Parecía que el relevo generacional era un hecho constatable, pero la apuesta nunca se llevó a cabo del todo por la parte más influyente de los medios. Enquistados como estaban en el fulgor de un pasado reciente que se había esfumado y en la idílica idea de una escena pop –rock en castellano pródiga en ventas y repercusión, atascaban las ondas con grupos que, a esas alturas, se repetían o autoparodiaban. Los primeros ochenta aún pesaban, y los primeros en enfrentarse al dinosaurio siempre salen malparados, absorbidos en tierra de
nadie por el endémico conformismo del público y maniatados por la eterna desconfianza de unos medios de difusión y discográficas que por alguna razón habían dejado de considerar emocionante para su pueblo ser sorprendidos. Ley de vida.
Al año siguiente apareció en un maxi homónimo la última versión de “Gente abollada”, ese clásico de historias urbanas cargadas de dramatismo y ahogo. Ésta era la “versión radiografiada”, y, probablemente, la más interesante que grabaron. Pero esto es
lo más anecdótico, lo sorprendente es la calidad de los cuatro cortes que la acompañaban, sobrantes del lp. “Hay quien sueña con cuchillos”, firmada por J.M. Ponce, es un irresistible medio tiempo, “La marca de Caín” forma parte del pop
melódicamente perfecto y mágico en el que Fernando Alfaro cocina sus relatos de psicópatas. “El crujido del cangrejo” ( cara b del single “Vive el peligro”) es densidad retorcida en sí misma, una espesa alquimia que se asoma al mundo de Don Van Vliet. Y “El mundo por los pies” es almíbar pop cristalizado, tristeza e
indefensión. La portada es una foto en la que aparece el gran Harry Dean Staton en la película “Repo man” de Alex Cox.
A pesar de lo demostrado hasta la fecha, el calado de los Surfin´ necesita ahondar, y en 1.991 nos llega “Fotógrafo del cielo”, precioso título para un elepé esclarecedor. Ya etiquetados y embalados por Virus (experimento efímero bosquejado por RCA y La Fábrica Magnética), el disco se abre con la rotundidad que la banda precisaba, un as que era importante mostrar. “Escocido” y “Qué clase de animal”, unidas en el disco, forman un tobogán vibrante y enérgico, el animal nos mira con la mandíbula encajada, más seguro de sí mismo que nunca, exultantemente dolorido, frenético y con los ojos desorbitados. A continuación las muchas vertientes del mal, la
omnipresente religión, el dolor, el vacío y la locura se nos sirven en diferentes formatos.



En “Sonidos” (el psicópata se confiesa), o en los aires folk de “Mi refugio” cargadas de lirismo; en explosiones de pop urgente con sabor sesentero en la candidez de “Rifle de repetición” y “Algún día será”. La magia de R. Hichtcock palpita en “Fotógrafo del cielo”, “Dulce mal trago” o la increíble “Un alud de septiembre”. En “La
oración del desierto” vuelve a proyectarse la mirada oblícua del animal hacia Captain Beefheart. Además en “King Blood” (tema basado en la novela homónima de Jim Thompson), su pop se empapa de country & wenster y bourbon, y “Siete veces gato” se
mece en un blues alucinado.
Por aquellas fechas creo que ya se denominaba a su pop “bastardo”. Sea como fuere suspuso una elocuente transmisión de sensaciones continuas. Ni rastro ya de “Gente abollada”. La producción, mucho más coherente que la anterior, corrío a cargo
de José Luis Macías (Comité Cisne), y el título del elepé alude al fotógrafo norteamericano Joel Peter Witkin.
El prestigio de Surfin´Bichos crece, así como su calado entre el público más activo. En 1.992 aparece “Hermanos Carnales”, su mejor lp. Un trabajo en el que priman la emoción, profundidad y excelsitud de los temas. También cuenta con la mejor producción que han tenido, y con los textos definitivos para envolver la gran canción
pop. Letras cosidas a la música con la delicadeza sublime de un compositor único. Con este disco alcanzó Fernando Alfaro, sin duda, el punto de brillantez definitivo de su mundo de sonidos y textos. Fue grabado en Inglaterra, en los prestigiosos estudios Chapell, donde, por ejemplo, Robert Wyatt grabó “Dondestan”; el productor fue David
Gwynn, que ya había trabajado con otras bandas nacionales como Del Tonos o Cool Jerks. Durante 1.992 José María Ponce ha desaparecido de la formación, por lo que el “Fabiola” Miguel Guardia se encarga del bajo.



El elepé comienza con el inolvidable síncope rítmico de “Mi hermano carnal”, y una voz semejante a la del recordado Eduardo Benavente, otro flipado del acoso y derribo de tabúes; después la canción se transforma en un himno pop de marca indeleble para enmarcar un caso de incesto. Algo así sucede con “Fuerte” que es como su
continuación. “Viaje de redención” nos reencuentra con la familia Lagarto que ya apareciera en el primer lp. Plegarias y peregrinaciones en hermosa tensión guitarrera.



“Humo azul” o “Ángel transparente” son canciones para dejarse llevar, de una belleza y un tratamiento que, aunque clásico, es también novedoso y refrescante para el panorama del rock nacional. El pop brioso que los une con su pasado inmediato tiene su
espacio en este trabajo, pero tocado por el ambiente mágico que recorre el elepé (“Efervescente”, “Hey Lázaro”, “No puedes imaginarte” y los vuelos de órgano para una evocación oculta de “San José Experience”).
Hay momentos donde la emoción llega a cotas pocas veces logradas por estos lares. Instintos melódicos capaces de convertirse en catalizadores de unas letras que alcanzan al oyente obligándole a disfrutar –padecer en su carne cada uno de los sentimientos desnudos que estas canciones destilan. Es el caso de “Mis huesos son para ti”, “En otoño” o “Harto de tu amor”. “Abrazo en un terremoto” es la perfecta canción de amor, acompañada por la suave cadencia de la Bossa. Y, por último, el pop optimista y naif de “Ella y yo” sorprende, aunque sólo hay que esperar a la siguiente canción para encontrar su reverso negativo en la dulcemente evocadora “La
estación de las lluvias”. El animal se sincera.
Así se pone fin a un trabajo que supone un estímulo constante para el oído, y para el resto de los sentidos, debido a toda la amalgama de sensaciones que se perciben a través de las letras. Aparecen los coros y el teclado de Isabel León para quedarse hasta el final; y para la presentación oficial del disco ya cuentan con nuevo bajista, José
Manuel Mora.
Como apoyo al elepé apareció “Mi hermano carnal ep”, tanto en glorioso 12” como en cd. Aparte del tema en cuestión y “Ella y yo” provenientes de “Hermanos carnales”, aparece un “Efervescente” grabado en directo en la sala Die Mauer de Madrid ese mismo año, acompañado de tres canciones de la maqueta previa al lp (“La
tarde es fría como tú” y “Canción mínima” dos breves joyas, sobre todo la segunda, que muestran una creatividad desbordante; y una primera toma del “San José Experience”). En la misma línea, pero sólo a efectos promocionales, surgió el cd-ep “Efervescente”, que contenía además, otra toma del directo de la sala Die Mauer, nada
menos que “Abrazo en un terremoto” y otros tres cortes de la maqueta previa de noviembre de 1.991 (“El monte de las cruces” y “Padre viento y padre mar” en las que supuran espiritualidad morbosa y blues, y “Capas de olvido” otra preciosa miniatura pop). Finalmente “Fuerte”, otro de los temas estrella del álbum, protagonizó
el tercer maxi-cdep del grupo en 1.992 (demostrando el interés puesto por la compañía en este trabajo), acompañado esta vez por una nueva versión de “Harto de tu amor” en la que las programaciones hacen acto de presencia, y por “Algo en mí ha hecho click” revisión acústica de sus paisanos Los Buenos, y que se convierte en la primera versión grabada por los Surfin´Bichos. Por cierto, el futuro “Chucho” Juan Carlos Rodríguez además de ser el autor de esta canción, aparece en las referidas programaciones.
“Hermanos Carnales” no dio los frutos esperados comercialmente, la desilusión y el cansancio se intuyen, agravados por la cancelación de su participación en la gira estatal de Teenage Fanclub y Nirvana. Esto hubiera sido la guinda, la última escala para un grupo que ya figuraba de sobra en la primera división del pop español. Actuar dentro de un cartel prestigioso ante multitudes aseguradas, era difícil para un grupo independiente en aquellos años pre-festivales. De haberlo hecho, a lo mejor las cosas no hubiesen cambiado demasiado, pero habrían estado en muchas bocas que jamás llegaron a pronunciar su nombre.
El año siguiente es el de “Family Album I”, donde, fieles a su costumbre de no dejar pasar un año en blanco, nos enseñan este album familiar en el que salen retratadas las influencias y debilidades de la banda. Primorosamente recreadas se suceden “Cielo” (“Heaven” de Robyn Hitchcock), “El paso de las lágrimas” (“As tears go by”de los Rolling Stones), “Cuánto más duro vengan” (la sorprendente adaptación del “The harder they come” de Jimmy Cliff), el “Aleluya” de Leonard Cohen, y el “Jesucristo” de Big Star, al que unen un “Viaja hacia el sol” que no es otro que “Ride into the sun” de la Velvet, único tema interpretado en ingles que sirve de glorioso cierre.



He aquí como una banda que nunca había echado mano de las versiones para dar credibilidad a su repertorio, se marca una distendida celebración de estilo en la que conviven todas las constantes de su sonido, pop eficaz y adictivo y baladas a las que
extraer hasta la última gota de emoción. Con unos textos que se adaptan como un guante a la personalidad de Fernando Alfaro, y si no él los modela, como en “Aleluya”. Este trabajo, que entusiasmó a la crítica, permite un viaje a su universo particular a lomos de clásicos seguramente comunes a grupo y oyente; clásicos perfectamente
incorporados a la particular visión de los Surfin´Bichos, formando un todo homogéneo e irreprochable. El título del CD, creó expectativas de una continuación que jamás se produciría. El desinterés de la compañía a estas alturas se hace patente.
Durante este 1.993 grabaron “El amigo de las tormentas”, su último álbum, el cual tardó en salir lo suficiente como para tensar la situación de cualquiera. También cabe reseñar su participación en el recopilatorio “Navidades Furiosas” de la Fábrica Magnética, junto a Cancer Moon, Inquilino Comunista y Planetas, entre otros. Su
aportación fue “J.C. Amnesia”, vibrante y nervioso pop cantado por Isabel León con el apoyo vocal de Fernando. Se grabó el 8 de Noviembre de 1.993 en los estudios D.C. Audio de Albacete, con lo que pudo ser el último tema que grabasen juntos.
Así las cosas, 1.994 fue el año de “El amigo de las tormentas”, con Fernando en labores de producción junto a Eugenio Muñoz. Se me antoja de tonos grises, quizás porque los que lo pillamos ya sabíamos que se trataba de su testamento. Fue, además, el
trabajo que pasó más desapercibido, no hubo gira, no hubo promoción, no hubo después.



Siempre me ha parecido un álbum austero, por supuesto carece de la brillantez de “Hermanos carnales”, pero recoge un buen número de temas excepcionales. Discurre en su mayor parte suavemente, relajado, dibujando melodías en muchos casos sublimes (“Luna polar”, “El astronauta bucea en ti”, “Atracción planetaria” o “El final de
una quimera”), que responden a un sonido propio plenamente madurado, a esa marca reconocible que pocos poseen. Melancólico, otoñal, nos habla genéricamente de amor, dejando a un lado otras obsesiones; un amor esperanzado, decepcionado, dubitativo, solo.
Hay momentos en los que el pop enérgico vuelve, a través de “Comida china y subfusiles” o “Venados de sol a sol”. Cabe recordar también el atractivo reprise de ésta última “De sol a sol (reprise)”, que transcurre a ritmo de bossa, y el reencuentro con su afición a las negruras del blues (“El amigo de las tormentas”).
A pesar de todo, sus guitarras me parecen las más tensas que nunca grabaron, una instrumentación a veces abigarrada y apretada, para un nuevo disco etiquetado y embalado por Virus, pero ahora también almacenado. Un elepé quizás continuista, aunque no autocomplaciente, que no nos muestra esa constante evolución que cada nueva entrega significaba. Al final, el animal se larga triste y sin despedirse, puede que harto de sincerarse, como ese alguien que nos mira desde la portada sentado en una silla eléctrica.
Es inevitable considerarlos como unos adelantados de su época, el consuelo baldío de siempre para los que no son encumbrados. Su culto por parte de un número importante de seguidores desperdigados por todo el país permanece, un número que siempre fue insuficiente para mantener en funcionamiento el interés editorial y dotarles de la seguridad necesaria para continuar un proyecto sin peligro de que arda por el mismo roce del infructuoso paso del tiempo.
De todas maneras el resurgimiento no se hizo esperar, demostrando que habían quedado demasiadas cosas por decir. Por un lado Mercromina (todos menos Fernando), y por otro Chucho, con Fernando resucitando al animal más furibundo que nunca.
En el apartado discográfico, el sello Limbo- Starr, a través del cual Chucho encauzan su carrera, puso en circulación en 1.996 “El infierno B. Rarezas”, que contiene buena parte de las curiosidades aquí referidas más seis temas inéditos.



“...Absalón había dado orden a sus criados, diciendo: “estad atentos, y cuando el corazón de Amnón se haya alegrado por el vino y os diga yo: “Herid a Amnón, matadle y no temáis, que yo os lo mando”. Esforzaos pues, y tened valor”.
“El amor y el odio de Amnón” (Libro II de Samuel, Antiguo Testamento).
JUANFRAN MOLINA

ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN MARZO DE 2.001
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