YO LA TENGO, TEATRO CERVANTES DE MALAGA 30 DE MARZO DE 2.001
Cuando ocupé mi localidad, el concierto ya había comenzado, llevaban un tema según el acomodador. Al sentarme surgió la sinuosa “Everyday” (obertura de ese genial ejercicio de ambientación y fragilidad que es “And then nothing turned itself-out” (2.000), última mutación de Yo La Tengo), aunque por ese escenario desfilaron todos los Yo La Tengo que han sido y son; canalizados por ese trío al que yo observaba a vista de pájaro ( 3º planta, fila 5 asiento 15), gravitando sobre sus instrumentos de forma metódica y sencilla. Una puesta en escena escueta, suficiente para desarrollar un sonido en perfectas condiciones, vaporoso a la vez que intenso; tan tendente a la improvisación y el desarrollo eléctrico como a la ternura acústica, sabiéndose dueños de una peculiaridad sónica cada vez más pulida. Ritmos llevados por las escobillas y baquetas de Georgia Hubley, programados, o apoyados por un James Mcnew colocado delante de ella golpeando caja y platillo con sus maracas; temas eléctricos guiados con virulencia por Ira Kaplan, acústicos o sin guitarra. Y la presencia melódica de ese órgano ya imprescindible que empezaron a incorporar antes de grabar “Painful” (1.993).

La actuación se basó principalmente en sus dos últimos trabajos, yendo del noise escuela Sonic Youth que siempre han gustado practicar (“Cherry chapsticks”, “Sugarcube” o “Deep into movies”), al pop más sugestivo y brillante (“Let´s save Tony Orlando´s house”). De la quietud y calidez de “Our way to fall”, haciendo surgir de un hilillo tenue toda una sinfonía de susurro y matiz que ocupó todo el teatro; a la simpática y sorprendente coreografía con que interpretaron “You can have it fall”. Prueba ésta de la complicidad que llegan a desarrollar con un público que los recibe con singular cariño en cualquier parte, y la distensión y simpatía que dispensan. Sin olvidar ese homenaje al Neil Young más lírico que canta James siempre de forma más pausada que en disco (“Stockholm Syndrome”).
Dueños de un sonido propio que saben trasladar al directo eficazmente, también tiraron de su envidiable repertorio, repasando temas claves de su discografía como “Upside Down” (“May i sing with me” (1.992)), “Big day coming” (“Painful” (1.993)), “Tom Courtenay” (“Electr- O- Pura” (1.995)); y, como no podía ser menos, una delicada y austera revisión acústica de “Andalucía” de John Cale, perteneciente a su disco de versiones “Fakebook”, de 1.990. Vibrantes y estremecedores, Yo La Tengo dieron una muestra más de lo esencial de su propuesta. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PORTAL DE INFORMACIÓN MUSICAL UNIVERSO POP, EN ABRIL DE 2.001

La actuación se basó principalmente en sus dos últimos trabajos, yendo del noise escuela Sonic Youth que siempre han gustado practicar (“Cherry chapsticks”, “Sugarcube” o “Deep into movies”), al pop más sugestivo y brillante (“Let´s save Tony Orlando´s house”). De la quietud y calidez de “Our way to fall”, haciendo surgir de un hilillo tenue toda una sinfonía de susurro y matiz que ocupó todo el teatro; a la simpática y sorprendente coreografía con que interpretaron “You can have it fall”. Prueba ésta de la complicidad que llegan a desarrollar con un público que los recibe con singular cariño en cualquier parte, y la distensión y simpatía que dispensan. Sin olvidar ese homenaje al Neil Young más lírico que canta James siempre de forma más pausada que en disco (“Stockholm Syndrome”).
Dueños de un sonido propio que saben trasladar al directo eficazmente, también tiraron de su envidiable repertorio, repasando temas claves de su discografía como “Upside Down” (“May i sing with me” (1.992)), “Big day coming” (“Painful” (1.993)), “Tom Courtenay” (“Electr- O- Pura” (1.995)); y, como no podía ser menos, una delicada y austera revisión acústica de “Andalucía” de John Cale, perteneciente a su disco de versiones “Fakebook”, de 1.990. Vibrantes y estremecedores, Yo La Tengo dieron una muestra más de lo esencial de su propuesta. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PORTAL DE INFORMACIÓN MUSICAL UNIVERSO POP, EN ABRIL DE 2.001





