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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
PAUL WELLER EN EL TEATRO ISABEL LA CATÓLICA DE GRANADA 28 DE ABRIL DE 2.001
De nuevo desde las alturas (Anfiteatro 1º, fila 4, asiento 5) de ese marco siempre extraño y atrayente, lejano y cercano a la vez, que es un teatro para una actuación de pop. Paul Weller sentado en el centro del escenario, los focos lo colocan dentro de un rectángulo de luz que también acoge a las guitarras que le rodean (tres acústicas y una Fender). Algunos instantes antes (al verlo aparecer en escena, ante una estruendosa irrupción de aplausos, ágil, sentándose rápido, alcanzando una guitarra y empezando a tocar sin más preámbulos), me he sentido ante el chaval de The Jam, el tipo sensible y concienciado que se tomaba en serio todo lo que hacía, con su aire a Steve Marriott. Ese que a los 24 años decidió dar por terminada una etapa que lo ha marcado para siempre. Alguien distinto al Weller de los sofisticados Style Council de los ochenta y sin comparación con toda esa panda de petulantes encabezados por Oasis, que parecen ostentar su legado.



Su recomendable discografía en solitario de los noventa fue el centro del concierto, temas vitales y cargados de soul, melodías cuidadas dentro de canciones que transmiten personalidad, interpretadas por esa peculiar voz algo rasgada, y tocadas con virulencia y sobriedad. Temas impregnados de clasicismo, brillantes en su construcción diáfana y efectiva, como un Steve Windwood que va al grano. Sin atisbo de autocomplacencia, tirando de un repertorio a estas alturas amplio y rico. No cayó “He´s the Keeper”, el tema dedicado a Ronnie Lane de su último trabajo (“Heliocentric”), pero sí los aires country de “Sweet Pea, my sweet pea” y “There´s no drinking, after you´re dead”, esplendorosa aún sin los arreglos orquestales de Robert Kirby, y en la que Weller pareció añorar su marcado ritmo. Algo que ocurrió en más de una ocasión, Weller zapateaba e incluso miraba hacia atrás esperando ver a su fiel Steve White siguiéndole con su batería, o pedía las palmas del público. Una vez metido en faena daba la sensación de necesitar el calor de una banda, e incluso la cercanía de un público entregado. En una de esas comunicaciones dijo aceptar peticiones, quizás para dar un aspecto improvisado a la esperada aparición de “That´s entertainment” de los Jam, el tema que, como señaló J.J.G. en su artículo de El Ideal de Granada, une a todos sus públicos; y que, junto a un par de Style Council, supuso la breve mirada a su pasado. El músico aún supera al mito, afortunadamente. JUANFRAN MOLINA.

ARTÍCULO PUBLICADO EN "UNIVERSO POP" EN MAYO DE 2.001
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