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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
NICK CAVE & THE BAD SEEDS “EL HOMBRE Y SU PIANO”
Para todos los que escuchan a Nick Cave, lejos de tiempos concretos y actualidades, mezclando sus etapas y centrándose en su repertorio, continuará resplandeciendo su imagen retorcida y oscura, aunque cada vez más impregnada de romanticismo y, sobre todo, reflexión. Influyente en conceptos musicales a lo mejor diametralmente opuestos, algo a lo que sólo tienen acceso los grandes, Cave se ha instalado, pasada la cuarentena, en un espacio compositivo eminentemente preciosista, clásico y emocional. Cuatro años después de la aparición de “The Boatman´s Call” pocos dudaban que lo próximo del australiano sería frente a su piano. Las canciones se estructuran marcando claramente los tiempos de estrofa y estribillo, predecibles una vez comienza su desarrollo, aunque siempre inquietantes. La verbosidad de Nick Cave encuentra así perfecto acomodo en ese espacio cargado de sutilidades musicales. La voz nos introduce en la canción en bastantes ocasiones, llevándose la atención del oyente, y mostrando su vocación e intención comunicadora. Graves y solemnes recreaciones instrumentales, basadas en una interpretación pulcra e intensa cuyo eje principal es el piano, tocado íntegramente por Nick. Se puede señalar sin miedo al error que las aspiraciones musicales del autor han encontrado aquí terreno fértil y espacioso, sobre el que cimentar su búsqueda de una belleza tenue y agridulce que acompañe a sus textos. Una belleza aquí a menudo pendiente del devenir de las notas del piano (“As i sat sadly by her side”, “Fifteen feet of pure white snow” o “The sorrowful wife”) o de la presencia imponente del evocador violín de Warren Ellis (“Sweetheart come”, “Hallelujah” o “God is in the house”). Es un proceso lento y seguro al que todo el que ha querido ha asistido: Nick Cave se eleva por encima del bien y del mal, disco a disco, sin excusas retro, ni estéticas sobrevenidas. Es el intérprete de su propio mundo, el cual nos despieza de forma clara y rotunda. Porque a veces uno persigue esas sonoridades en las que cada nueva incorporación instrumental, se añade sin interrumpir nada aunque haciendo notar diáfanamente su llegada. Mantiene una desnuda intensidad instrumental, llevada cadenciosamente por una banda sabia en su segundo plano y unos arreglos orquestales colocados con justeza.



Así nos encontramos con el sentido clasicismo de “Love letter” o “Gates to the garden”. La agitación interna del sonido Bad Seeds, esa insinuación de dramatismo en el ritmo expectante de “As i sat sadly her side” o la cimbreante “Fifteen feet of pure white snow”. Ésta, a su vez, es buena muestra de la influencia de la intensidad de los espirituales negros, presente también en cortes como “Oh my Lord” y “Darker with the day”. “And no more shall we part” retoza en un caldo de blues, henchida de expresividad y tersura, mientras que “God is in the house” suena a lamento rural, reminiscente de Dylan y con sabor al primer Tom Waits. Y, una vez aparcado el pandemónium sónico, nos quedan el lacerante crescendo de “Oh my Lord” con el violín reencarnado en la guitarra de Neil Young, y el último par de minutos de “The sorrowful wife” donde el tema, cada vez más intenso, se fractura para dar la oportunidad a Blixa Bargeld y Mick Harvey de dejarse ver. JUANFRAN MOLINA.

NICK CAVE & THE BAD SEEDS “No more shall we part”(Mute-Everlasting, 2001).

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EL BATRACIO AMARILLO" EN JUNIO DE 2.001
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