FIB 2.001, CRÓNICA DE UN TESTIGO AGOTADO
Cuando me disponía a partir para el FIB 2.001, supe que uno de mis acompañantes había recibido su entrada dentro de un sobre en el que destacaba la marca de un operador telefónico y, junto a ella, una foto del sonriente Alejandro Sanz. Así son las cosas, al menos en el Hipercor de Granada, el salvoconducto para ver a los Flaming Lips, venía patrocinado por Alejandrito. Surrealismos aparte, una vez allí la cosa anduvo al buen nivel de siempre, y mereció la pena estar (que es lo mejor que se puede decir de un festival de estas características). Buen cartel y buena organización. Los horarios se cumplían a rajatabla, y la información llegaba puntual a los teléfonos móviles que la solicitaron, ya fuesen prensa o público. Me hubiese gustado que bandas como Chucho o The Flaming Lips, tocasen más de media hora, como que otras que se eternizaron sobre el escenario, hubiesen tocado esa media hora a lo sumo. Retomando lo de los surrealismos, los festivales veraniegos y sus extremas y ardientes condiciones meteorológicas, nos colocan demasiadas veces a horas intempestivas frente a bandas a las que ansiamos ver, pero ante las que necesitamos realizar un esfuerzo ímprobo para mantener una mínima concentración. Tenemos que adaptar sobre la marcha nuestra predisposición para pasar de un estilo a otro con la misma intensidad, las mismas expectativas; amoldarnos a múltiples condicionantes que hacen difícil interiorizar convenientemente ese encuentro directo con la música que esperamos. Aunque por otra parte, sólo en eventos así se encuentra uno con tríadas de actuaciones tan dispares e inolvidables como las protagonizadas por Experience-Françoiz Breut-Belle & Sebastian, o Big Star-P.J. Harvey-Pulp. Sólo eso convierte a los festivales en momentos señalados cada año. Así pues, ésta es mi experiencia fragmentaria, parcial y fotográfica de todo lo que pude presenciar en el FIB 2001.
Algunas actuaciones me perdí, muchas vi bien, y a otras llegué en las postrimerías. Entre estas últimas me deben un concierto completo MUY POCA GENTE (día 2. Velódromo), escuché “No hay vacaciones” y su interesante deambular entre funk, psicodelia y pop: muchas puertas sonoras perfectamente abiertas. THE FREESTYLERS (día 3 Escenario Electrónico), irrefrenable y adictivo hip-hop, perfumado de reggae y expuesto en clave soul. ORLANDO (día 4, Verde) o el crujido más consistente del rock americano en plan arty. Y SATELLITES (día 5, Verde) estilo y recursos para sus interesantes manejos eléctricos.
El fulgor de la electricidad por sí misma recuperó su sitio, a veces puesto en entredicho, con el pulso tenso de EXPERIENCE (día 4, Fiberfib) la aportación de Michel Cloup a la herencia Diabologum y a aquel mítico concierto de 1.997 en el mismo escenario. La respuesta que esperábamos a Programme; la nueva usurpación del silencio.

Dos guitarras, bajo, batería y furibundo recitado de poemas nerviosos para presentar el reciente “Aujourd´hui, maintenant”, abriendo y colocando la tensión en su sitio con “Essayer”; dejando constancia de la importancia y rotundidad del tema que da nombre al disco, cantando a la vez con Laurence Morellini en “Deux”; cojeando con su guitarra y disculpándose por no poder bailar; y exacerbando su propuesta con la electricidad desatada de “Pour ceux qui aiment le jazz” (también el tema que cierra el cd). O MOGWAI, el mismo día en el escenario Verde. Marco de primer orden para una tormenta sónica meticulosa en interiorizada que pugna por salir al exterior y lo consigue, expandiéndose, ante el silencio del público, en un aire color azul metálico, transitado por un chelo y notas perdidas en un

teclado. Mogwai labran la grandiosidad de la delicadeza melódica amplificada y retorcida por guitarras eléctricas, más allá de los nombres de siempre. SR. CHINARRO (día 3, Fib Club), entronca con la propuesta anterior en el desarrollo eléctrico de paisajes ásperos que ha caracterizado su último trabajo, “La primera ópera envasada al vacío”. Lo tocaron entero, y se despidieron con “El collar”, perteneciente al primer elepé. La formación de guitarra, bajo y batería, más teclados y violín, buscó y halló por momentos el clímax eléctrico que los allí presentes deseábamos. Pero el empeño de Luque en convertir cada actuación en una constante prueba de sonido evitó el despegue. Parecía no querer dejarse llevar, transmitía de forma excelente la intensidad de su nuevo repertorio y frenaba en seco para, con sus chistes de siempre, devolvernos al calor reinante. La banda le seguía como podía, cosa que puede llegar a estar bien. Menos para el teclista, el hombre sufrió de lo lindo la falta de ensayos.
De falta de ensayos precisamente no adolecieron las muchas bandas que acompañaron su actuación con algún tipo de escenificación. El colorido asomo al FIB más de lo habitual, para solaz e irritación del público, según cada cual. Desde las caretas de CLINIC, (a los que no vi), al desbarramiento pretendidamente epatante de THE AVALANCHES (día 3, Escenario Electrónico), (que ya estuvieron pinchando en el velódromo) rompiendo cosas en escena (quedan mejor en su especialidad: enlatados); a la tendencia al desbarre de los barceloneses SIDONIE (día 4, Fiberfib), con sus disfraces de cabezudos y sus digresiones teatrales entre programaciones de ritmo. Una banda con las miras puestas en la psicodelia de los sesenta (sitar incluido), con detalles electrónicos y resultados tan esperanzadores como evocadores (“Venusian Dream”). Los FLAMING LIPS (día 3, Verde) rizaron el rizo, y se ganaron el apelativo de banda maravillosa del año: globos llenos de confeti, imágenes para cada canción, teniendo a la pantalla como un

miembro más de la banda, no en vano en ella apareció el batería tocando las partes que ellos traían grabadas. Coyne celebraba la vida como un ilusionista, interpretando la inmensidad de “Soft Bulletin” con el rostro maquillado de sangre, golpeando artísticamente un gong, mostrando una paloma o lanzando los globos mientras emanaba un misteriosamente creíble deseo de felicidad. Todo ello flanqueado por sus dos compañeros que utilizaban piano eléctrico, bajo y guitarra, dentro de ese mare mágnum de pop orquestado; henchido de expresividad, desde “Race for the prize” hasta “Waiting for a superman” (para eso son los temas que se repiten en el disco). Una banda regenerativa. MASTRETTA (día 4, Fib Club) también dispuso su puesta en escena particular dentro de esa comunicación sin palabras que es su música, aderezada por la sencilla y simpática coreografía de los músicos, casi tan divertidos como el ballet Yo La Tengo. Mastretta mostró esas variedades sonoras suyas, libres de ataduras de repertorio discográfico. Asentado en los dúos de saxos y clarinetes con Miguel Malla, el moog, las programaciones de ritmo que apoyaban el despliegue percusivo del genial Ricardo Moreno, y la guitarra que dota de nuevo empaque de Pablo Novoa. Una orquestina que conectó con facilidad con el público, con sones que iban desde la tradición rusa, a las bandas sonoras de siempre y los ambientes fronterizos, tan del gusto de Nacho. La formación es todo un homenaje a los ochenta, y no fue el único. Lo referente a performers destacables lo cerramos con la banda de los hermanos Tormo, LOS MAGNÉTICOS (día 5, Fiberfib). Vestidos con monos (y con un cantante que demostró con creces saberse el Trujillo de tirarse para atrás guitarra en ristre), resultaron estimulantes, tiraron confeti y balones; y llenaron el escenario de sirenas y altavoces luminosos de cartón. Un mundo de cómic y serie b, saludable y divertido que enganchó al público. Más cercanos a Aviador Dro que a Devo pero tampoco equiparables en demasía, ofrecieron temas como el clásico de su discografía “Claro que sí” (otra ofrenda al altar Dinarama), y “Artistas” una de las sorpresas más emotivas que me deparó el festival: la recuperación de ese gran tema de Las Ruedas, perteneciente a su mejor trabajo “Viva Corrales”, editado en 1.988. Me alegra que lo hicieran porque reivindica un periodo del pop rock español que va desde 1.985 a 1.990, bastante olvidado y menospreciado por las generaciones venideras, aunque produjera algunos discos excepcionales. Esta recuperación continuó algunas horas más tarde en la actuación de COOPER (otro de los supervivientes de aquella época) en el Verde. Alejandro Diez Garín aprovechó ampliamente sus tablas y nos mostró con nitidez todo el poder de su nuevo sonido basado en las guitarras. Con formación de dos guitarras, bajo y batería, apuntaló un concierto rotundo y redondo, brillante por momentos. Y, como digo, recuperó el clásico sonido de 091 en temas como “Rascacielos” y “Buzo”. (Y Lapido mientras actuando en las fiestas de Molvízar: cosas de la vida).
Guitarras afiladas y americanas afloraron en la fiesta de presentación del día 2, en el velódromo. Por un lado FOR STARS, quienes me parecieron más plomizos de lo que demuestran en su estupendo y reciente “We are all beautiful people” , del que tocaron temas como “Wires”, además, cayó una versión del “Crying” de Roy Orbison. Comenzaba a oler a clásico. De todas formas resultaron entretenidos, además por partida doble para quien quisiera verlos al día siguiente sustituyendo a LOW, que se cayeron del cartel y hubiera estado muy bien verlos..., aunque con estrecheces de horario. Como decía, el mismo 2 de agosto, después del aliento clásico dejado en el ambiente por For Stars, llegaron THE POSIES, veteranos del power-pop americano más enraizado de los noventa. Entrega, ganas de agradar y comerse al público desde el primer tema. Utilizaron su repertorio más vibrante y eléctrico, sin parar y con los pipas animando con palmas al público. Cayeron habituales memorables como “Dream all day” o “Solar sister” y novedades como “Matinée”. El dúo protagonista armado de guitarras: Stringfellow, apoyado a veces por un pequeño teclado, exagerado en sus movimientos y escupidor con sus pelos colorados y Jon Auer, más contenido. Así, contenidos, ajustados y por tanto irreprochables, estuvieron ambos apoyando a BIG STAR en el escenario Verde, tres días después. Ken al bajo y Jon a la guitarra, jalonaron a un Alex Chilton con aspecto satisfecho, y a un Jody Stevens con muchas más cosas que decir que en la rueda de prensa. Desde el primer tema (“In the street”), la magia de ese repertorio mítico resaltó con esa luz que siempre le ha sido propia.

Un sonido luminoso y exquisitamente acendrado, centrado en temas de los dos primeros elepés de la estrella (no cayó “Holocaust”, como pedía Jesús Llorente desde el catálogo de mano). Escuchamos como a través del túnel del tiempo temas como “Thirteen”, “The Ballad of El Goodo” o “September Gurls”, reconocida y celebrada por el público; o “Feel”, cantada bastante mejor que en el original por Stringfellow. Se divirtieron haciendo “When my baby´s beside me” o “Don´t lie to me”; y nos dejaron la agradable sorpresa de incluir “I´am the cosmos” tema de Chris Bell en solitario, cantada por Jon Auer como en la versión que grabaron los Posies, y que significó un emotivo homenaje al Big Star desaparecido. Las guitarras persistieron con DEATH CAB FOR CUTIE (día 5, Fiberfib), el joven trío norteamericano mostró una encomiable entrega para su sonido contundente y anguloso, aunque algo plano. Menos inspirados que los últimos Sebadoh y con resabios de Pavement.
La sombra más desértica e intrincada de rock norteamericano apareció con variada intensidad. Por la actuación de los barceloneses ÉLENA (día 5, Fiberfib) también. A pesar de los problemas técnicos, y a una hora tan temprana, les dio tiempo a sonar con su trío de guitarras y trompeta ocasional (“Julio Alberto”, “Antes”), mejor que en el disco que presentaban. (“Porelamordedios”). Los sustitutos este año de Migala en eso de urdir profundidades, declararon “Male” su canción favorita y me dejaron en el recuerdo la finalmente luminosa “Km. 103”. RED HOUSE PAINTERS (día 5, Fiberfib), pararon el tiempo en la calurosa tarde dominical y congregaron bastante público para observar la comunión de dos guitarras apoyadas en el bombeo ralentizado de la batería, o en el ritmo ocasional planteado por una de ellas. Ambientación pura con panorámicas desechas por el calor, temas nuevos y “New Jersey”. FRANÇOIZ BREUT (día 4, Fiberfib), redefine a la chanson transportándola por hermosos y tensos vericuetos que a veces suenan como latidos de extraños desiertos o lugares soñados.

Dominique A., rapado y con cara de enfado inminente, capitaneó una prueba de sonido de emergencia. Más tarde salió seguido del resto de los músicos, preparando el recibimiento a Françoiz. La carpa ya estaba repleta de público que esperaba a Belle & Sebastian; y allí apretujados pudimos asistir a la maravillosa presentación de un disco extraordinario (“Vingt à trente mille jours”). Magnetismo, estilo y sobriedad por parte de todos, y temas como “Si tu disais” o la que da título al disco. Aquel mismo día los navarros SOVENIR inauguraron ese escenario. Pop irremisiblemente afrancesado pero con ganas de ensanchar costuras; presencia de trompeta, la guitarra de Jaime Cristóbal que viaja sin problemas por el espacio y el tiempo, y su comentada versión de The Go- Betweens (“Spring rain”).
Las raíces norteamericanas tienen un firme observador en NACHO VEGAS (día 3, Fib Club), oculto tras unas gafas de espejo, alternó acústica y eléctrica apoyado en una banda con segunda guitarra y la presencia del Migala Diego Yturriaga al acordeón. Con una voz limitada, expuso temas a los que me hubiera gustado enfrentarme ahora que conozco su disco debut: un trabajo de los que no paran de crecer en la memoria. BELLE & SEBASTIAN (día 4, Fiberfib), ahora que lo pienso, también se dejan imbuir de espíritu folk, y no sólo porque Isobel Campbell fuese vestida de Dylan. Su actuación, que duda cabe, era la más especial del festival, la expectación máxima;

pero ellos prefirieron realizarla en el escenario mediano. A pesar de que fue simultáneamente retransmitida por las pantallas del Escenario Verde, el público se concentró lo más cerca posible del escenario, haciendo irrespirable el ambiente. Stuart Murdoch, vestido de profesor, y toda una trompee de cuerdas, pianos, guitarras, sintetizadores analógicos, coros, palmas...; contando con la absoluta entrega del público, desgranaron un repertorio variado que recorrió toda su discografía (“The boy with the Arab Strap”, “The wrong girl”, “Don´t leave the light on baby”, entre otras), en una actuación tan cercana y comunicativa como sus canciones. Sonó un tema desconocido por mí, que respondía al estribillo de “señorina”, y recordaba al gran Jonathan Richman; y, como celebración de la diversión y la sintonía con su público, se despidieron con la irresistible “Legal man”, para cuya coreografía hicieron subir al escenario a algunas alucinadas espontáneas. Ese sentido de la diversión no lo volví a revivir en todo el festival, salvo quizás durante la actuación de TAHITI 80 (día 5, Fiberfib). La banda francesa fue una de las sorpresas del FIB de este año. Un grupo cargado tanto de sentido del humor como de argumentos sonoros; hilando con fluidez pop, música disco, o lounge. Derrochando energía y buen rollo en una inspirada y refrescante articulación de sus recursos. Quizás lo de refrescante sea lo que les faltó a ELEVATOR SUITE (día 2, velódromo), más encorsetados que los anteriores, combinan los mismos elementos con mayor dosis de jazz. Y resultan unos Happy Mondays internándose en el R&B y el soul con ínfulas jazzísticas. Tras unos inicios algo espesos, remontaron el vuelo con “The crown caper”, y la radiada “Man in a towel” (de nuevo los Happy Mondays como si versioneasen salvajemente “The Letter” de los Box Tops).
Ver a CHUCHO (día 3, Verde), inmediatamente después de Sr. Chinarro, luchando con la muchedumbre por llegar a tiempo, me pareció patético. El mejor artista español del festival, tocaba casi de día, pero recibió el premio de una inusual afluencia de público para esas horas. Cosa que él agradeció con una actuación brillante y sin fisuras, justamente el concierto que Fernando Alfaro necesitaba para terminar de reafirmar su peso específico en una escena tan distante

con las personalidades propias como la española. Aparecieron todos los chuchos que son (“ Un ángel turbio”, “Magic”, “Ricardo Ardiendo”...). Tras él vinieron ASH, trayendo la ración pop-punk al festival, con interrupción por fallo eléctrico incluida, hecho que no melló el animo de los de Tim Wheeler. Los temas clásicos (“Kung fu”, “Girl from Mars”) se mezclaron con los del reciente “Free all angels” (“Candy”, “Shining light”), y una versión del “Only in dreams” de Weezer (algo tenía que recordarme a Sonic Youth).
La condición inequívocamente anglófila del festival, todos los años se plasma en diferentes nombres que asolan el escenario principal. Este año pude ver a unos DIVINE COMEDY (día 3, Verde) menos inspirados que nunca, con un sonido elaboradísimo que apuesta por la contundencia pero que no llega a calar demasiado. El single “A perfect love song” me gustó. Después llegaron JAMES, la banda de un Tim Booth menos excesivo y cargante que antaño. Suenan más maduros por motivos obvios, pero igual de previsibles que siempre, funcionando como antesala de la épica del día siguiente. Aunque producidos por Brian Eno, y aunque éste diga que es lo mejor que ha hecho en su vida, los temas recordaban en los mejores momentos a Bowie, y en otros menos agraciados a los U2 de finales de los ochenta o a Simple Minds. Lo mejor fue “Getting away with it (all messed up)”, emblema de su último trabajo. MANIC STREET PREACHERS (día 4, verde), son la épica por la épica. Guitarras cuyo desgarro no logra ocultar su ampulosidad y voz doliente; demagogia por bandera y listas de éxitos desde donde observarnos con gesto taciturno. Una de las apuestas comerciales del festival, a la que no se le puede negar su efectividad y oficio en vivo.
Oficio es lo máximo que por ahora puede aportar el directo de LA HABITACIÓN ROJA (día 4, verde), da que pensar, y produce tristeza que ésta sea la “apuesta española”, de este año, ya en el siglo XXI. En las últimas ediciones, los años no planetarios han mostrado la pobreza de la oferta nacional en el escenario grande, y éste no podía ser menos, sobre todo si la organización se empeña en negar a CHUCHO el protagonismo real que merece. A pesar de contar con buenos temas, LHR sonaron faltos de brillantez y personalidad, su cantante exageró demasiado su tendencia al falsete, y sólo la contudencia desplegada les otorgó algo de empaque sonoro. Fallándoles en temas del carisma de “Crónico”. Oficio, pero sólo eso, es lo que horas después mostraron MERCURY REV. Presentaron algunos temas del recentísimo “All is dream” y cayeron otros del ya clásico “Deserter´s songs”, como “Opus 40” o “Holes”. Escuchamos el sonido más terrenal posible de la banda, sin cuerdas ni efectos los temas se sucedieron desprovistos de la magia que nos invadió dos años atrás.
Cuando vi a FANG (día 3, Fiberfib), no pude dejar de pensar en P.J. Harvey, Portishead o Siouxie (vamos, lo que me ocurre siempre que los escucho). Pero su directo, austero y efectivo, me enganchó desde el principio. El dúo habitual apareció acompañado de un músico de apoyo que tocaba timbal y bajo ocasional. Así repartieron su tensión y la oscura e irremediable belleza de sus canciones entre temas con programaciones, bajo y timbal; o guitarra y bajo. Cuando vi a GOLDFRAPP (día 4, Verde), también pensé en Siouxie y Portishead, aunque no relacioné directamente con ellos lo que escuché, quizás fuera algo que el ambiente creado desprendía. La voz y los gorgoritos de Alison Goldfrapp (descalza y sin dejarnos ver sus ojos) y el violinista iluminado en un extremo del escenario llevaron el protagonismo de un sonido inasible y acompasado de electrónica, que se volvió carne con la revisión del “Phisical” de Olivia Newton John. Al ver a P.J. HARVEY (día 5, Verde), sólo pude concentrarme en ella. Acompañada de una banda que contaba como Margaret Fiedler de Laika como guitarrista, Polly Jane presentó su furibundo último

trabajo, convertido en conjura eléctrica, sonando de maravilla y epatando con su presencia escénica. Canción tras canción volvió a demostrarme que es la artista que más frescura ha aportado al rock de los últimos diez años. Recuperó temas anteriores como “Angelene”, un increíble “Down by the water” con su apasionante pulso percusivo y los coros de Margaret; y, solo con su guitarra distorsionada, golpeando una nota, reivindicó la potencia comunicativa del rock más básico con “Rid of me”. Inconmensurable. La de PULP, inmediatamente después, fue la última actuación que vi. Abrieron con “Common People” y se metieron a la gente en el bolsillo. Jarvis Cocker utilizó toda su colección de espasmos y movimientos sincopados y geométricos. Se arrastraba, gesticulaba, paseaba,

miraba y hablaba. Metido plenamente en su papel, no dudaba en parar entre tema y tema para introducir los nuevos, o simplemente por dejar pausas; ya que cada composición desarrollaba un mundo emocional propio, orquestal sin orquesta, genuino e intenso.
Hasta aquí llegó todo. Me imagino que, un año más, los fibers, se habrán ido satisfechos a casa, aunque a nosotros, al pasar por determinada zona al abandonar el festival, nos llamaron fiberos. Hasta el próximo año. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO APARECIDO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001
Algunas actuaciones me perdí, muchas vi bien, y a otras llegué en las postrimerías. Entre estas últimas me deben un concierto completo MUY POCA GENTE (día 2. Velódromo), escuché “No hay vacaciones” y su interesante deambular entre funk, psicodelia y pop: muchas puertas sonoras perfectamente abiertas. THE FREESTYLERS (día 3 Escenario Electrónico), irrefrenable y adictivo hip-hop, perfumado de reggae y expuesto en clave soul. ORLANDO (día 4, Verde) o el crujido más consistente del rock americano en plan arty. Y SATELLITES (día 5, Verde) estilo y recursos para sus interesantes manejos eléctricos.
El fulgor de la electricidad por sí misma recuperó su sitio, a veces puesto en entredicho, con el pulso tenso de EXPERIENCE (día 4, Fiberfib) la aportación de Michel Cloup a la herencia Diabologum y a aquel mítico concierto de 1.997 en el mismo escenario. La respuesta que esperábamos a Programme; la nueva usurpación del silencio.

Dos guitarras, bajo, batería y furibundo recitado de poemas nerviosos para presentar el reciente “Aujourd´hui, maintenant”, abriendo y colocando la tensión en su sitio con “Essayer”; dejando constancia de la importancia y rotundidad del tema que da nombre al disco, cantando a la vez con Laurence Morellini en “Deux”; cojeando con su guitarra y disculpándose por no poder bailar; y exacerbando su propuesta con la electricidad desatada de “Pour ceux qui aiment le jazz” (también el tema que cierra el cd). O MOGWAI, el mismo día en el escenario Verde. Marco de primer orden para una tormenta sónica meticulosa en interiorizada que pugna por salir al exterior y lo consigue, expandiéndose, ante el silencio del público, en un aire color azul metálico, transitado por un chelo y notas perdidas en un

teclado. Mogwai labran la grandiosidad de la delicadeza melódica amplificada y retorcida por guitarras eléctricas, más allá de los nombres de siempre. SR. CHINARRO (día 3, Fib Club), entronca con la propuesta anterior en el desarrollo eléctrico de paisajes ásperos que ha caracterizado su último trabajo, “La primera ópera envasada al vacío”. Lo tocaron entero, y se despidieron con “El collar”, perteneciente al primer elepé. La formación de guitarra, bajo y batería, más teclados y violín, buscó y halló por momentos el clímax eléctrico que los allí presentes deseábamos. Pero el empeño de Luque en convertir cada actuación en una constante prueba de sonido evitó el despegue. Parecía no querer dejarse llevar, transmitía de forma excelente la intensidad de su nuevo repertorio y frenaba en seco para, con sus chistes de siempre, devolvernos al calor reinante. La banda le seguía como podía, cosa que puede llegar a estar bien. Menos para el teclista, el hombre sufrió de lo lindo la falta de ensayos.
De falta de ensayos precisamente no adolecieron las muchas bandas que acompañaron su actuación con algún tipo de escenificación. El colorido asomo al FIB más de lo habitual, para solaz e irritación del público, según cada cual. Desde las caretas de CLINIC, (a los que no vi), al desbarramiento pretendidamente epatante de THE AVALANCHES (día 3, Escenario Electrónico), (que ya estuvieron pinchando en el velódromo) rompiendo cosas en escena (quedan mejor en su especialidad: enlatados); a la tendencia al desbarre de los barceloneses SIDONIE (día 4, Fiberfib), con sus disfraces de cabezudos y sus digresiones teatrales entre programaciones de ritmo. Una banda con las miras puestas en la psicodelia de los sesenta (sitar incluido), con detalles electrónicos y resultados tan esperanzadores como evocadores (“Venusian Dream”). Los FLAMING LIPS (día 3, Verde) rizaron el rizo, y se ganaron el apelativo de banda maravillosa del año: globos llenos de confeti, imágenes para cada canción, teniendo a la pantalla como un

miembro más de la banda, no en vano en ella apareció el batería tocando las partes que ellos traían grabadas. Coyne celebraba la vida como un ilusionista, interpretando la inmensidad de “Soft Bulletin” con el rostro maquillado de sangre, golpeando artísticamente un gong, mostrando una paloma o lanzando los globos mientras emanaba un misteriosamente creíble deseo de felicidad. Todo ello flanqueado por sus dos compañeros que utilizaban piano eléctrico, bajo y guitarra, dentro de ese mare mágnum de pop orquestado; henchido de expresividad, desde “Race for the prize” hasta “Waiting for a superman” (para eso son los temas que se repiten en el disco). Una banda regenerativa. MASTRETTA (día 4, Fib Club) también dispuso su puesta en escena particular dentro de esa comunicación sin palabras que es su música, aderezada por la sencilla y simpática coreografía de los músicos, casi tan divertidos como el ballet Yo La Tengo. Mastretta mostró esas variedades sonoras suyas, libres de ataduras de repertorio discográfico. Asentado en los dúos de saxos y clarinetes con Miguel Malla, el moog, las programaciones de ritmo que apoyaban el despliegue percusivo del genial Ricardo Moreno, y la guitarra que dota de nuevo empaque de Pablo Novoa. Una orquestina que conectó con facilidad con el público, con sones que iban desde la tradición rusa, a las bandas sonoras de siempre y los ambientes fronterizos, tan del gusto de Nacho. La formación es todo un homenaje a los ochenta, y no fue el único. Lo referente a performers destacables lo cerramos con la banda de los hermanos Tormo, LOS MAGNÉTICOS (día 5, Fiberfib). Vestidos con monos (y con un cantante que demostró con creces saberse el Trujillo de tirarse para atrás guitarra en ristre), resultaron estimulantes, tiraron confeti y balones; y llenaron el escenario de sirenas y altavoces luminosos de cartón. Un mundo de cómic y serie b, saludable y divertido que enganchó al público. Más cercanos a Aviador Dro que a Devo pero tampoco equiparables en demasía, ofrecieron temas como el clásico de su discografía “Claro que sí” (otra ofrenda al altar Dinarama), y “Artistas” una de las sorpresas más emotivas que me deparó el festival: la recuperación de ese gran tema de Las Ruedas, perteneciente a su mejor trabajo “Viva Corrales”, editado en 1.988. Me alegra que lo hicieran porque reivindica un periodo del pop rock español que va desde 1.985 a 1.990, bastante olvidado y menospreciado por las generaciones venideras, aunque produjera algunos discos excepcionales. Esta recuperación continuó algunas horas más tarde en la actuación de COOPER (otro de los supervivientes de aquella época) en el Verde. Alejandro Diez Garín aprovechó ampliamente sus tablas y nos mostró con nitidez todo el poder de su nuevo sonido basado en las guitarras. Con formación de dos guitarras, bajo y batería, apuntaló un concierto rotundo y redondo, brillante por momentos. Y, como digo, recuperó el clásico sonido de 091 en temas como “Rascacielos” y “Buzo”. (Y Lapido mientras actuando en las fiestas de Molvízar: cosas de la vida).
Guitarras afiladas y americanas afloraron en la fiesta de presentación del día 2, en el velódromo. Por un lado FOR STARS, quienes me parecieron más plomizos de lo que demuestran en su estupendo y reciente “We are all beautiful people” , del que tocaron temas como “Wires”, además, cayó una versión del “Crying” de Roy Orbison. Comenzaba a oler a clásico. De todas formas resultaron entretenidos, además por partida doble para quien quisiera verlos al día siguiente sustituyendo a LOW, que se cayeron del cartel y hubiera estado muy bien verlos..., aunque con estrecheces de horario. Como decía, el mismo 2 de agosto, después del aliento clásico dejado en el ambiente por For Stars, llegaron THE POSIES, veteranos del power-pop americano más enraizado de los noventa. Entrega, ganas de agradar y comerse al público desde el primer tema. Utilizaron su repertorio más vibrante y eléctrico, sin parar y con los pipas animando con palmas al público. Cayeron habituales memorables como “Dream all day” o “Solar sister” y novedades como “Matinée”. El dúo protagonista armado de guitarras: Stringfellow, apoyado a veces por un pequeño teclado, exagerado en sus movimientos y escupidor con sus pelos colorados y Jon Auer, más contenido. Así, contenidos, ajustados y por tanto irreprochables, estuvieron ambos apoyando a BIG STAR en el escenario Verde, tres días después. Ken al bajo y Jon a la guitarra, jalonaron a un Alex Chilton con aspecto satisfecho, y a un Jody Stevens con muchas más cosas que decir que en la rueda de prensa. Desde el primer tema (“In the street”), la magia de ese repertorio mítico resaltó con esa luz que siempre le ha sido propia.

Un sonido luminoso y exquisitamente acendrado, centrado en temas de los dos primeros elepés de la estrella (no cayó “Holocaust”, como pedía Jesús Llorente desde el catálogo de mano). Escuchamos como a través del túnel del tiempo temas como “Thirteen”, “The Ballad of El Goodo” o “September Gurls”, reconocida y celebrada por el público; o “Feel”, cantada bastante mejor que en el original por Stringfellow. Se divirtieron haciendo “When my baby´s beside me” o “Don´t lie to me”; y nos dejaron la agradable sorpresa de incluir “I´am the cosmos” tema de Chris Bell en solitario, cantada por Jon Auer como en la versión que grabaron los Posies, y que significó un emotivo homenaje al Big Star desaparecido. Las guitarras persistieron con DEATH CAB FOR CUTIE (día 5, Fiberfib), el joven trío norteamericano mostró una encomiable entrega para su sonido contundente y anguloso, aunque algo plano. Menos inspirados que los últimos Sebadoh y con resabios de Pavement.
La sombra más desértica e intrincada de rock norteamericano apareció con variada intensidad. Por la actuación de los barceloneses ÉLENA (día 5, Fiberfib) también. A pesar de los problemas técnicos, y a una hora tan temprana, les dio tiempo a sonar con su trío de guitarras y trompeta ocasional (“Julio Alberto”, “Antes”), mejor que en el disco que presentaban. (“Porelamordedios”). Los sustitutos este año de Migala en eso de urdir profundidades, declararon “Male” su canción favorita y me dejaron en el recuerdo la finalmente luminosa “Km. 103”. RED HOUSE PAINTERS (día 5, Fiberfib), pararon el tiempo en la calurosa tarde dominical y congregaron bastante público para observar la comunión de dos guitarras apoyadas en el bombeo ralentizado de la batería, o en el ritmo ocasional planteado por una de ellas. Ambientación pura con panorámicas desechas por el calor, temas nuevos y “New Jersey”. FRANÇOIZ BREUT (día 4, Fiberfib), redefine a la chanson transportándola por hermosos y tensos vericuetos que a veces suenan como latidos de extraños desiertos o lugares soñados.

Dominique A., rapado y con cara de enfado inminente, capitaneó una prueba de sonido de emergencia. Más tarde salió seguido del resto de los músicos, preparando el recibimiento a Françoiz. La carpa ya estaba repleta de público que esperaba a Belle & Sebastian; y allí apretujados pudimos asistir a la maravillosa presentación de un disco extraordinario (“Vingt à trente mille jours”). Magnetismo, estilo y sobriedad por parte de todos, y temas como “Si tu disais” o la que da título al disco. Aquel mismo día los navarros SOVENIR inauguraron ese escenario. Pop irremisiblemente afrancesado pero con ganas de ensanchar costuras; presencia de trompeta, la guitarra de Jaime Cristóbal que viaja sin problemas por el espacio y el tiempo, y su comentada versión de The Go- Betweens (“Spring rain”).
Las raíces norteamericanas tienen un firme observador en NACHO VEGAS (día 3, Fib Club), oculto tras unas gafas de espejo, alternó acústica y eléctrica apoyado en una banda con segunda guitarra y la presencia del Migala Diego Yturriaga al acordeón. Con una voz limitada, expuso temas a los que me hubiera gustado enfrentarme ahora que conozco su disco debut: un trabajo de los que no paran de crecer en la memoria. BELLE & SEBASTIAN (día 4, Fiberfib), ahora que lo pienso, también se dejan imbuir de espíritu folk, y no sólo porque Isobel Campbell fuese vestida de Dylan. Su actuación, que duda cabe, era la más especial del festival, la expectación máxima;

pero ellos prefirieron realizarla en el escenario mediano. A pesar de que fue simultáneamente retransmitida por las pantallas del Escenario Verde, el público se concentró lo más cerca posible del escenario, haciendo irrespirable el ambiente. Stuart Murdoch, vestido de profesor, y toda una trompee de cuerdas, pianos, guitarras, sintetizadores analógicos, coros, palmas...; contando con la absoluta entrega del público, desgranaron un repertorio variado que recorrió toda su discografía (“The boy with the Arab Strap”, “The wrong girl”, “Don´t leave the light on baby”, entre otras), en una actuación tan cercana y comunicativa como sus canciones. Sonó un tema desconocido por mí, que respondía al estribillo de “señorina”, y recordaba al gran Jonathan Richman; y, como celebración de la diversión y la sintonía con su público, se despidieron con la irresistible “Legal man”, para cuya coreografía hicieron subir al escenario a algunas alucinadas espontáneas. Ese sentido de la diversión no lo volví a revivir en todo el festival, salvo quizás durante la actuación de TAHITI 80 (día 5, Fiberfib). La banda francesa fue una de las sorpresas del FIB de este año. Un grupo cargado tanto de sentido del humor como de argumentos sonoros; hilando con fluidez pop, música disco, o lounge. Derrochando energía y buen rollo en una inspirada y refrescante articulación de sus recursos. Quizás lo de refrescante sea lo que les faltó a ELEVATOR SUITE (día 2, velódromo), más encorsetados que los anteriores, combinan los mismos elementos con mayor dosis de jazz. Y resultan unos Happy Mondays internándose en el R&B y el soul con ínfulas jazzísticas. Tras unos inicios algo espesos, remontaron el vuelo con “The crown caper”, y la radiada “Man in a towel” (de nuevo los Happy Mondays como si versioneasen salvajemente “The Letter” de los Box Tops).
Ver a CHUCHO (día 3, Verde), inmediatamente después de Sr. Chinarro, luchando con la muchedumbre por llegar a tiempo, me pareció patético. El mejor artista español del festival, tocaba casi de día, pero recibió el premio de una inusual afluencia de público para esas horas. Cosa que él agradeció con una actuación brillante y sin fisuras, justamente el concierto que Fernando Alfaro necesitaba para terminar de reafirmar su peso específico en una escena tan distante

con las personalidades propias como la española. Aparecieron todos los chuchos que son (“ Un ángel turbio”, “Magic”, “Ricardo Ardiendo”...). Tras él vinieron ASH, trayendo la ración pop-punk al festival, con interrupción por fallo eléctrico incluida, hecho que no melló el animo de los de Tim Wheeler. Los temas clásicos (“Kung fu”, “Girl from Mars”) se mezclaron con los del reciente “Free all angels” (“Candy”, “Shining light”), y una versión del “Only in dreams” de Weezer (algo tenía que recordarme a Sonic Youth).
La condición inequívocamente anglófila del festival, todos los años se plasma en diferentes nombres que asolan el escenario principal. Este año pude ver a unos DIVINE COMEDY (día 3, Verde) menos inspirados que nunca, con un sonido elaboradísimo que apuesta por la contundencia pero que no llega a calar demasiado. El single “A perfect love song” me gustó. Después llegaron JAMES, la banda de un Tim Booth menos excesivo y cargante que antaño. Suenan más maduros por motivos obvios, pero igual de previsibles que siempre, funcionando como antesala de la épica del día siguiente. Aunque producidos por Brian Eno, y aunque éste diga que es lo mejor que ha hecho en su vida, los temas recordaban en los mejores momentos a Bowie, y en otros menos agraciados a los U2 de finales de los ochenta o a Simple Minds. Lo mejor fue “Getting away with it (all messed up)”, emblema de su último trabajo. MANIC STREET PREACHERS (día 4, verde), son la épica por la épica. Guitarras cuyo desgarro no logra ocultar su ampulosidad y voz doliente; demagogia por bandera y listas de éxitos desde donde observarnos con gesto taciturno. Una de las apuestas comerciales del festival, a la que no se le puede negar su efectividad y oficio en vivo.
Oficio es lo máximo que por ahora puede aportar el directo de LA HABITACIÓN ROJA (día 4, verde), da que pensar, y produce tristeza que ésta sea la “apuesta española”, de este año, ya en el siglo XXI. En las últimas ediciones, los años no planetarios han mostrado la pobreza de la oferta nacional en el escenario grande, y éste no podía ser menos, sobre todo si la organización se empeña en negar a CHUCHO el protagonismo real que merece. A pesar de contar con buenos temas, LHR sonaron faltos de brillantez y personalidad, su cantante exageró demasiado su tendencia al falsete, y sólo la contudencia desplegada les otorgó algo de empaque sonoro. Fallándoles en temas del carisma de “Crónico”. Oficio, pero sólo eso, es lo que horas después mostraron MERCURY REV. Presentaron algunos temas del recentísimo “All is dream” y cayeron otros del ya clásico “Deserter´s songs”, como “Opus 40” o “Holes”. Escuchamos el sonido más terrenal posible de la banda, sin cuerdas ni efectos los temas se sucedieron desprovistos de la magia que nos invadió dos años atrás.
Cuando vi a FANG (día 3, Fiberfib), no pude dejar de pensar en P.J. Harvey, Portishead o Siouxie (vamos, lo que me ocurre siempre que los escucho). Pero su directo, austero y efectivo, me enganchó desde el principio. El dúo habitual apareció acompañado de un músico de apoyo que tocaba timbal y bajo ocasional. Así repartieron su tensión y la oscura e irremediable belleza de sus canciones entre temas con programaciones, bajo y timbal; o guitarra y bajo. Cuando vi a GOLDFRAPP (día 4, Verde), también pensé en Siouxie y Portishead, aunque no relacioné directamente con ellos lo que escuché, quizás fuera algo que el ambiente creado desprendía. La voz y los gorgoritos de Alison Goldfrapp (descalza y sin dejarnos ver sus ojos) y el violinista iluminado en un extremo del escenario llevaron el protagonismo de un sonido inasible y acompasado de electrónica, que se volvió carne con la revisión del “Phisical” de Olivia Newton John. Al ver a P.J. HARVEY (día 5, Verde), sólo pude concentrarme en ella. Acompañada de una banda que contaba como Margaret Fiedler de Laika como guitarrista, Polly Jane presentó su furibundo último

trabajo, convertido en conjura eléctrica, sonando de maravilla y epatando con su presencia escénica. Canción tras canción volvió a demostrarme que es la artista que más frescura ha aportado al rock de los últimos diez años. Recuperó temas anteriores como “Angelene”, un increíble “Down by the water” con su apasionante pulso percusivo y los coros de Margaret; y, solo con su guitarra distorsionada, golpeando una nota, reivindicó la potencia comunicativa del rock más básico con “Rid of me”. Inconmensurable. La de PULP, inmediatamente después, fue la última actuación que vi. Abrieron con “Common People” y se metieron a la gente en el bolsillo. Jarvis Cocker utilizó toda su colección de espasmos y movimientos sincopados y geométricos. Se arrastraba, gesticulaba, paseaba,

miraba y hablaba. Metido plenamente en su papel, no dudaba en parar entre tema y tema para introducir los nuevos, o simplemente por dejar pausas; ya que cada composición desarrollaba un mundo emocional propio, orquestal sin orquesta, genuino e intenso.
Hasta aquí llegó todo. Me imagino que, un año más, los fibers, se habrán ido satisfechos a casa, aunque a nosotros, al pasar por determinada zona al abandonar el festival, nos llamaron fiberos. Hasta el próximo año. JUANFRAN MOLINA.
ARTÍCULO APARECIDO EN "UNIVERSO POP" EN OCTUBRE DE 2.001





