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Música para Psicocamaleones
Resumen de opiniones y compendio de artículos musicales y literarios de JUANFRAN MOLINA
Sindicación
 
NACHO VEGAS “Cajas de música difíciles de parar”(Limbo Starr, 2.003)
“LA VUELTA AL ALMA EN VEINTE MUNDOS”

Desde el crescendo inicial de “Noches árticas” (con la colaboración de J de Los Planetas en la segunda voz), y la suave ondulación melódica que convive con su claustrofóbico ambiente y oscuras pretensiones, se penetra en un dulce espacio musical, atravesado de emociones y determinado por sensaciones de intensas vivencias.
Todo esto se sostiene sobre una instrumentación sólida, medida pero fluyendo naturalmente, conformando un fondo mate, articulado y rico, que secunda discreto las evoluciones de Vegas; cantante-narrador que aprovecha inteligentemente sus cualidades vocales, que narra porque tiene algo que contar, algo que merece la pena ser escuchado. Las composiciones, aunque variadas, resultan menos puntuales que en “Actos inexplicables” (Limbo Starr, 2.001), debut brillante, que ahora deviene en peldaño necesario para llegar hasta aquí: una obra magna compuesta por veinte mundos particulares que, sin embargo, conforme se suceden se van incorporando a un todo superior que se adivina pero que nunca acaba de crecer o ahondar.
Canciones frágiles sobre temas duros, reflexiones imbuidas de certeza de la mala, historias concretas, fieles retratos de sordidez; la epopeya del mal o la épica del destino y la pérdida. Simbologías cargadas de imágenes, potentes sensaciones descritas o enumeradas para relatar la vida en un ejercicio de desbordada confesión.



Un trabajo homogéneo, consistente y dotado de pleno sentido aun siendo doble. Nada sobra. Todo cabe en la sinuosidad de este discurso. Los temas desprenden, como en anteriores trabajos, un marcado carácter folk y reminiscencias fronterizas y country (“Monomanía”); tradicional y contenida combinación de órganos, piano, acústicas y eléctricas, glockenspiel, acordeón, pedal steel, o arpa de boca, realzados en ocasiones por cuerdas o trombón. Un cariz de gravedad y untuosidad además, que coincide, aparte de Dylan, con Nick Cave o Javier Corcobado en las tortuosas historias de “Maldición” o “Historia de un perdedor”, emparentadas con las visiones del Euchird Eucrow de “Y el asno vio al ángel” o “Ladrada del afilador”; aunque alejadas del efectismo de éstos: los temas impregnan de por sí con su fuerte olor a sentimientos y su, por momentos, apabullante tangibilidad.
Ecos fuertemente dylanianos enlazan “N.V. por la paz mundial”, donde poetas y cantantes tributan al amor en el cielo; la rogativa “En la sed mortal” cuya delicada instrumentación acompaña la intensidad que acumula segundo a segundo, o “Historia de un perdedor”. La riqueza de mecanismos musicales que encajan en el carrusel de “Todos ellos” o “Gang-bang” se complementa con la desnudez de “Por culpa de la humedad”, mientras que las leves laceraciones de “El mundo en calma” recuerdan la angulosa densidad de Come. “Sólo viento” alcanza las cotas más altas de belleza de este trabajo: texto y música hechos uno contando con un acompañamiento tenue y evocador estribillo, tal que “El Salitre”, “La Sed” o “Etcétera”; al tiempo que el pop aparece en la sencilla “Tu nuevo humidificador”. La música se vuelve turbulenta en la desbocada “Stanislavsky”, la dramática “Maldición” o, especialmente, en “En el jardín de la duermevela” guitarras resecas, incidentales como dientes incisivos, austeras en un pormenorizado canto a la soledad opiácea ya citada en diversos cortes, que culmina con la excepcional “La canción de la duermevela” guitarra-ruido y voz, recuperando parte del sofoco ambiental del primer tema para un final escarpado y cortante. JUANFRAN MOLINA

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN MAYO DE 2.003
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