RADIOHEAD “Hail to the thief” (Parlophone-Emi, 2.003)
Tres años después de las sesiones de grabación de “Kid-a” y “Amnesiac”, la banda de Oxford vuelve con más de lo mismo, otra andanada de sensaciones a flor de piel. Desarrolla las múltiples peculiaridades de su pop de vocación y devoción clásicas, despojándolo de lastres, dejándolo suspendido en el aire y deconstruyéndolo para dejar maravillosas canciones por el camino. Su gran apuesta por la electrónica como método para alcanzar la abstracción sónica, la subversión de lo previsible y la renovación de estructuras, es compartido esta vez con un acercamiento más evidente al rock y al pop, fruto de un viaje de ida y vuelta no hecho de vacío. Las composiciones, cargadas de estímulos sensitivos, siempre ofrecen más de un punto de vista, una curva inesperada, una caída al vacío, un juego de manos. Van de lo esencial a lo majestuoso. De las guitarras furibundas a las programaciones de ritmo.

Así, temas como “2+2=5”, que partiendo de su esquematismo habitual deriva en rock de riff afilado o “There there“, el primer single del álbum, que observando algo de Neil Young, tras su inicial ritmo sincopado, logra un desarrollo a partir de las guitarras que lo convierten quizá en el tema más logrado del disco. “A punchup at a wedding”, recuerda de nuevo a Young, esta vez el de “Tonight´s the night” y su deambular espeso y taciturno; además, los coros finales parecen aportados por Crosby, Stills & Nash desde el “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. Y, en una línea cercana geográficamente, “Go to sleep” revive la intensidad acústica y progresión sonora del rock ácido californiano. Por su parte, “Myxomatosis” suena a unos Pearl Jam sintetizados. La vibrante “Where i end and you begin” responde también a una estructura compositiva clásica, basada en percusiones, y tanto “Scatterbrain”, tema que parece provenir de las sesiones de “O.K. Computer” (Parlophone, 1.997), como la final “A wolf at the door” optan por un clasicismo cristalino, lacerante en su brillo. “Sit down, stand up” recobra lo turbador del sereno dramatismo de su exploración espacial, terminando de forma trepidante. En “Sail to the moon” destaca el recogimiento sombrío del piano, esa sensación tan perturbadora como tenue y minimalista que se repite en la breve “I will”. “We suck young blood” presenta la estructura más curiosa y experimental, ritmo seco marcado por palmas y piano grave que por unos instantes sabe a blues, recordando esas pinceladas suyas de jazz y sonidos añejos, la importancia de los silencios. Y, por último “Backdrifts” y “The gloaming” se desenvuelven entre la dejadez y la exactitud mediante la excitación rítmica de las programaciones. JUANFRAN MOLINA.
PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN SEPTIEMBRE DE 2.003

Así, temas como “2+2=5”, que partiendo de su esquematismo habitual deriva en rock de riff afilado o “There there“, el primer single del álbum, que observando algo de Neil Young, tras su inicial ritmo sincopado, logra un desarrollo a partir de las guitarras que lo convierten quizá en el tema más logrado del disco. “A punchup at a wedding”, recuerda de nuevo a Young, esta vez el de “Tonight´s the night” y su deambular espeso y taciturno; además, los coros finales parecen aportados por Crosby, Stills & Nash desde el “Dark Side of The Moon” de Pink Floyd. Y, en una línea cercana geográficamente, “Go to sleep” revive la intensidad acústica y progresión sonora del rock ácido californiano. Por su parte, “Myxomatosis” suena a unos Pearl Jam sintetizados. La vibrante “Where i end and you begin” responde también a una estructura compositiva clásica, basada en percusiones, y tanto “Scatterbrain”, tema que parece provenir de las sesiones de “O.K. Computer” (Parlophone, 1.997), como la final “A wolf at the door” optan por un clasicismo cristalino, lacerante en su brillo. “Sit down, stand up” recobra lo turbador del sereno dramatismo de su exploración espacial, terminando de forma trepidante. En “Sail to the moon” destaca el recogimiento sombrío del piano, esa sensación tan perturbadora como tenue y minimalista que se repite en la breve “I will”. “We suck young blood” presenta la estructura más curiosa y experimental, ritmo seco marcado por palmas y piano grave que por unos instantes sabe a blues, recordando esas pinceladas suyas de jazz y sonidos añejos, la importancia de los silencios. Y, por último “Backdrifts” y “The gloaming” se desenvuelven entre la dejadez y la exactitud mediante la excitación rítmica de las programaciones. JUANFRAN MOLINA.
PUBLICADO EN LA REVISTA "EREBUS" EN SEPTIEMBRE DE 2.003





